E l silencio que pesa en el malecón; hace falta Carlos Daniel..
Hay contrastes que duelen profundamente. Mientras la Zona Dorada de Mazatlán bulle con su turismo habitual, con el ir y venir de visitantes que compran recuerdos y artesanías, hay un hombre que falta en esa cadena de vida cotidiana. Se llama Carlos Daniel Librado Urbina, tiene 35 años, y desde el pasado domingo 2 de agosto, el eco de su ausencia retumba en el puerto.
Carlos Daniel no es una estadística más en la crisis de seguridad que padecemos; es un padre de familia, un esposo, un hombre de la Cd de Mx que hace cinco años echó raíces en Sinaloa para forjar un hogar. Salió de su casa en el fraccionamiento Hacienda del Seminario a realizar lo que hace cualquier trabajador: cobrar el fruto de su esfuerzo como proveedor de souvenirs. Sin embargo, a las 12:11 del mediodía de aquel domingo, el reloj se detuvo para su familia. Su teléfono se apagó. Su vehículo se esfumó. Y con ellos, la paz de su hogar..