¿Adiós al Paso de Cortés? ¿Estamos vueltos locos?
La presidenta Claudia Sheinbaum propuso que el llamado “Paso de Cortés” sea rebautizado como "Paso de los Pueblos Indígenas". | Fred Álvarez
La Silla Rota, opinión, 12/8/2026 · 21:43 hs
Desde hace tiempo, la política nacional parece moverse por el puro afán de dar la nota o, para ser más exactos, a golpe de ocurrencias. El mítico Paso de Cortés —allá en las alturas de Amecameca donde se miran el Popo y el Iztaccíhuatl, justo en la frontera del Estado de México y Puebla— dejará de llamarse así por decisión presidencial...
El domingo 9 de agosto, durante la Jornada Nacional de Reforestación en San Nicolás de los Ranchos, Puebla, la presidenta Claudia Sheinbaum propuso que el histórico espacio sea rebautizado como "Paso de los Pueblos Indígenas". Durante su intervención, la mandataria reflexionó sobre el peso del nombre actual:
“Resulta que estamos en el llamado ‘Paso de Cortés’. Fue por aquí que Hernán Cortés, después de la masacre de Cholula, pasó hacia Tenochtitlán. Y este día —les propongo— que dejemos de llamar ‘Paso de Cortés’ a este territorio, porque por aquí pasaron los pueblos mucho antes. Así que el día de hoy, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, llamemos a este paso ‘El Paso de los Pueblos Indígenas’”.
Por decreto, Cortés jamás pasó por ahí
https://www.youtube.com/watch?v=lATKxScm71U&t=14s
El tema, por supuesto, llegó a la mañanera. ¿Y cuál fue el gran argumento detrás del borrón? El mismo que había manifestado un día antes: que los pobladores originarios caminaron por esos rumbos muchísimo antes de que siquiera se asomaran los españoles.
La mañanera y sus giros de tuerca
Durante varios minutos de su conferencia, la Presidenta desmenuzó el asunto al ser cuestionada sobre cómo le había ido en la Jornada Forestal:
— “Estuvo muy bonito. Nos quedamos como a kilómetro y medio porque ya había muchísimos autos estacionados; nos la aventamos caminando para llegar al lugar donde fue la reforestación, allá en el Izta-Popo”.
— “¿El PAN se molestó?” —le preguntó un reportero, ante las reacciones que la idea desató.
— “No, algunos comentócratas también —respondió, esbozando el trasfondo de su propuesta—. Pero el nombre de las calles, los monumentos y las referencias que tenemos hablan de la sociedad que somos”.
— “¿Cuál es nuestra verdadera referencia?”, pregunta y responde. “Mucho antes de Cortés —a quien ni Carlos V reconoció, o más bien, lo catalogó como un salvaje por propiciar las matanzas que provocó y por marcar a los niños— está nuestra historia profunda. A ver si tienes ahí el de Carlos V, de nuevo, Carlos I de España” —pidió de pronto, y ordenó leer un documento de 1548—. ¿Por qué el pueblo de México va a tener esa como referencia?, —pregunta y responde—.porque, además, antes de Cortés por ahí pasaban los indígenas”.
Y agregó que ellos están en un momento distinto en la historia de México de reconocer a los pueblos indígenas, que ya se reconocieron en la Constitución como sujeto de derecho pleno y ahora hay que reconocerlo en la historia., etcétera.
Las críticas no se hicieron esperar
El detalle es que la historia suele ser más terca que las narrativas oficiales. Historiadores como Alejandro Rosas, así como de diversos analistas y medios señalaron que modificar nombres geográficos tradicionales arraigados no altera los hechos del pasado ni constituye un acto efectivo de desarrollo social para las comunidades originarias actuales.
Héctor Aguilar Camín en un post, comentó primero que los "pueblos indígenas" simplemente no existían como tal en esa época. Esa etiqueta es una categoría abstracta; un falso intento de agrupar en un solo saco a señoríos que no solo eran radicalmente distintos entre sí, sino adversarios mortales de la dominación mexica.
Después plantea en Milenio una precisión histórica que la retórica oficial suele pasar por alto: en 1521 México simplemente no existía, por lo que resulta absurdo hablar de su "conquista". Aquella gesta trágica no fue más que el sitio y caída de la Gran Tenochtitlán -un día como el de hoy, 13 de agosto pero de 1521-, un desenlace que Hernán Cortés jamás habría alcanzado sin la alianza y la furia de los propios señoríos indígenas —los altépetl—, unidos contra el yugo y la dominación implacable de los mexicas.
¿Qué nos dice la C. Presidenta?
De entrada, nos recetó la ineludible falacia del falso dilema. "Y quien se molesta, pues venera a Hernán Cortés, ¿no? Esa es su referencia", declaró. Sí, en serio lo dijo.
Bajo su lógica, atreverte a cuestionar el borrado de un hito geográfico te convierte, en automático, en presidente del club de fans de Hernán Cortés. O estás incondicionalmente con ellos, o eres un reaccionario colonialista. No hay espacio para los matices.
Y para justificar este repudio a la Conquista, la Presidenta recurre a la máxima autoridad… ¡del Imperio Español! Leyó, muy solemne, un texto de Carlos I de España de 1548. Resulta que la corona que orquestó el sometimiento de Mesoamérica es ahora la fuente moral de la Cuarta Transformación. Un salto triple mortal en la gimnasia histórica.
Y llegamos al bello arte de gobernar por ocurrencia. En pleno acto, en vivo y a todo color, la Presidenta confesó cómo funciona la maquinaria: “Le pedí a Luisa María (Alcalde, su consejera jurídica) que viera cómo… dónde tiene que escribirse eso, si es una propuesta, en qué ley tendría que aprobarse”.
O sea, primero lanza la propuesta desde el atril, y ya luego le pasamos la bolita para que le busque acomodo legal al capricho. Pero la Presidenta no tiene esa facultad, la Constitución es clara, no es la jefa de Gobierno que puede cambiar el nombre de las calles como lo hizo.
Remató la C. Presidenta con un descubrimiento geográfico sin precedentes: "antes por ahí pasaban los indígenas".
¡Pues claro, Presidenta! Caminaban por sus tierras.
¿Estamos vueltos locos?
Un día después, el tema volvió a la mesa ante una pregunta expresa sobre las advertencias desde la oposición de que "ya vamos camino al autoritarismo". La respuesta no se hizo esperar:
— “¡Cómo se enojaron que dijera lo de Cortés! ¿Verdad?” —comentó, con el ánimo encendido al recodar las reacciones—. “Se encendieron las reminiscencias coloniales de muchos, que decían: “¡¿cómo era posible?!”. Incluso yo dije que lo iba a proponer, que estamos viendo qué instituciones son las que tendrían que, en todo caso, revisar este nombre y cambiarlo. Parece que son de carácter estatal; entonces, tendrían que asumirlo los estados de Puebla, de México y una parte de Morelos para poder sustituir el nombre de Cortés”.
“Pero, en efecto —concluyó—, están vueltos locos —unos cuantos, no todos— con la idea de que “¡cómo es posible que le queramos renombrar ‘El Paso de Cortés’ como ‘El Paso de los Pueblos Indígenas’!”. Es increíble, de verdad, es increíble, increíble…", dijo y cerró el tema.
En efecto, es increíble.
Afortunadamente la presidenta se dio cuenta un día después que ella no puede realizar un cambio de nomenclatura oficial de manera unilateral, se debe analizar el trámite y las instancias competentes de los niveles federal o local involucrados para formalizar la propuesta; entre los gobiernos de Puebla, México y Morelos, como lo reconoció el martes.
Al parecer, poco importa que, en estricto rigor histórico, haya sido precisamente por esa garganta geográfica por donde cruzó el conquistador y sus huestes el 1 de noviembre de 1519. En efecto, aquel día, Cortés salió de Cholula acompañado por más de cuatro mil hombres con el firme propósito de llegar a Tenochtitlán. Y fue a raíz de aquel tránsito, que el paraje dejó de llamarse Cuauhíchcac -que significa “tajón del águila”- para adoptar el nombre con el que hoy lo conocemos.
Por más que se pinte una nueva nomenclatura y se cambien los letreros de las calles, la historia permanece inalterable. Cortés seguirá siendo una figura ineludible en el relato de su marcha hacia Tenochtitlán; pretender lo contrario es un ejercicio de amnesia.
Resulta tan absurdo como querer rebautizar el Estrecho de Bering como el "Estrecho de Dos Mundos", olvidando que ese paso marítimo lleva su nombre en honor a Vitus Bering, el intrépido explorador danés al servicio del Imperio ruso. Borrar ese legado es caer en el mismo disparate histórico que cometió Donald Trump al intentar llamar "Golfo de América" al Golfo de México, terminando, de manera inevitable, en el más absoluto ridículo.
Al final, presumen con orgullo cómo rebautizaron el Árbol de la Noche Triste como la "Noche de la Victoria", la calle Puente de Alvarado como calzada "México-Tenochtitlan", y al mismísimo Zócalo le colgaron el apellido "Tenochtitlan"; todo esto, afirman, en "reconocimiento de la historia".
Borrar al Paso de Cortés o cambiar placas de lámina en las esquinas no altera el pasado. Esconden bajo la alfombra de la demagogia los nombres que incomodan, para entregarnos una historia oficial apta para todo público, simplificada, pasteurizada y lista para consumirse en cápsulas mañaneras.
Comenté que nos hacían falta las plumas de Leduc y de Monsiváis para retratar todo esto, pero afortunadamente tenemos a Rafael Cardona y su Cristalazo en Radio Fórmula.
Para la historia inmediata.
PD: Hoy la poesía mexicana guarda luto, pero celebra una vida entregada al fuego de la palabra. El maestro Vicente Quirarte nos dejó este 11 de agosto, tras una batalla que dio de pie, como el marino que no suelta el arpón.
Quirarte entendió la escritura como una apuesta a favor de la vida. Sabía nombrar las sombras de la melancolía y abrazar la existencia con la misma pasión. Fue el gran lector de Luis Cernuda y un entrañable amigo de Renato Leduc. Lo recuerdo con profunda nitidez en la Rotonda de las Personas Ilustres, durante el centenario luctuoso de Amado Nervo. Nos tocó recitar juntos. Hoy atesoro ese momento mientras resuenan sus propias palabras: "Si me toca marcharme antes de tiempo, no se duelan... alégrense y celebren mi estar con nueva luz entre los vivos".
Gracias, maestro, por construir refugios verbales inmunes al tiempo. Buen viaje hacia la página infinita. Descansa en paz.
https://www.youtube.com/watch?v=vyyyh_OFPFM
Fred Álvarez
@fredalvarez
No hay comentarios.:
Publicar un comentario