Socialismo del siglo XXI/Mario Vargas Llosa
Tomado de EL PAÍS, 17/06/2007;
A diferencia de lo que ocurre en otros países, donde la prensa escrita pierde lectores y publicidad, y por lo mismo se empobrece, en Brasil parece gozar de muy buena salud. Es la impresión que saco de una intensa semana pasada en ese país, en Río de Janeiro y São Paulo (con una rápida escapada al pequeño paraíso de Buzios), en la que, fiel a mi vocación inveterada de lector de periódicos, me he desayunado cada día sumergido en las abundantes páginas de O Globo, O Estado de São Paulo y A Folha de São Paulo, los tres principales diarios del país.
Excelentes, los tres. Bien escritos y mejor diagramados, con una rica información local e internacional, buenos columnistas, escaso amarillismo y mínima chismografía. Lo único lamentable es el poco espacio dedicado a la cultura de que adolecen los tres, pero ya sabemos que eso es, hoy, una enfermedad planetaria.
La prensa brasileña, escrita y audiovisual, ha reaccionado con gran energía, condenando de manera severísima el cierre de Radio Caracas Televisión por el aprendiz de dictador venezolano, comandante Hugo Chávez. Hasta el Senado brasileño hizo lo mismo en un gesto que lo enaltece, sobre todo considerando los remilgos y silencios cobardes de los otros parlamentos latinoamericanos frente al atropello cometido por Chávez en su designio de acabar con el pluralismo informativo y la libertad de expresión en Venezuela. Penoso, eso sí, el apoyo que recibió Chávez del Presidente Lula, quien justificó la clausura de RCTV, para no desencadenar las iras del caudillo venezolano, por lo que, afortunadamente, ha recibido de la prensa brasileña muchas y muy justas recriminaciones. Por lo demás, no existe el menor peligro de que Lula imite a Hugo Chávez: aunque le mande besos volados y simule a veces apoyarlo, su política está en las antípodas del estatismo y el colectivismo económico que el destemplado comandante aplica en su país, decidido por lo visto a producir en Venezuela una catástrofe económica e institucional semejante a la que causó en el Perú el general Juan Velasco Alvarado, otro de los mentores y modelos de Hugo Chávez, además de Fidel Castro.
Lula ha optado por un socialismo moderno, a la europea, es decir por un socialismo que de tal sólo tiene el nombre, pues apoya la inversión extranjera y el mercado, la apertura económica y la empresa privada y por eso los empresarios brasileños están felices con él: saben que sus declaraciones esporádicas de simpatía hacia Chávez son meras concesiones retóricas a la izquierda radical para tratar de aplacarla, sin el menor éxito por lo demás, pues ésta lo ataca ya como un traidor a la revolución. Vaya paradojas del tiempo en que vivimos: Lula, campeón del capitalismo para una derecha económica brasileña que ve en el antiguo sindicalista la mejor defensa contra el “socialismo del siglo XXI” que propone Hugo Chávez.
El último número del semanario Veja -que tira un millón doscientos mil ejemplares de cada número- contiene una excelente investigación realizada por la revista sobre este “socialismo del siglo XXI” que se ha inventado el comandante Hugo Chávez y que, a golpe de petrodólares, se empeña en diseminar por toda la región. El reportaje, que firma el periodista Duda Teixeira quien ha verificado sus datos sobre el terreno, no tiene desperdicio. Algunos ejemplos muestran la velocidad y obscenidad con que los más estrechos colaboradores políticos del caudillo-paracaidista se han enriquecido en el poder. El psiquiatra Jorge Rodríguez, vicepresidente nombrado por Chávez, es dueño de un lujoso hotel, en la isla Margarita, el principal balneario del país. Adán Chávez, hermano del presidente y ministro de Educación, es dueño de una empresa propietaria de 1.600 camiones y barcos de pesca, y don Eudomario Carrujo, director financiero de la poderosa PDVSA, la compañía petrolera estatal, posee una flota privada de quince automóviles de lujo, entre ellos un Hummer H2, que vale cien mil dólares. Este último vehículo es el preferido de los funcionarioschavistas, según confesaron a Veja los distribuidores de automóviles en Caracas. Y uno de los principales corifeos del “socialismo del siglo XXI”, el gobernador chavista de Carabobo, Luis Acosta Carlez, lo proclamó en la televisión sin el menor rubor: “¿Por qué nosotros, los revolucionarios, no tendríamos el derecho de tener una camioneta Hummer H2″ En efecto ¿por qué no? ¿Acaso el Presidente Brejnev, de la URSS, no tenía el hobby de coleccionar Mercedes Benz?
No sólo los coches de lujo son una de las debilidades de la actual nomenclatura venezolana. Otra es Miami y sus shopping centers, cabarets y hoteles de lujo. En esto, dice el periodista de Veja, con mucha gracia, Hugo Chávez ha conseguido igualar ya a su héroe epónimo Fidel Castro: como los cubanos, todos los venezolanos sueñan ahora con escapar a los Estados Unidos. La diferencia está en que los altos funcionaros chavistas sí pueden hacerlo. Como no está bien visto que vayan a gastarse sus petrodólares en el imperio contra el que su jefe y caudillo despotrica día y noche, se valen de picardías y pillerías que el informe de Veja refiere con lujo de detalles. Como tener dos pasaportes -uno sólo para los viajes a Estados Unidos- o arrancar las páginas con los sellos de entrada al infierno imperialista.
El “socialismo del siglo XXI” consiste también en un desaforado mercantilismo. En la Venezuela de hoy se puede ser -todavía- un exitoso capitalista, a condición de ser un chavista servil. Como la transparencia se evaporó con la instalación del régimen, las concesiones, licitaciones y contratos estatales se otorgan a dedo, y, algunas veces, mediante subastas o concursos amañados. El criterio político prevalece siempre, de acuerdo a la antigua ley de hierro de las dictaduras tercermundistas: “Para los amigos, todos los favores; para los enemigos, la ley”.
Como, gracias a la política chavista, la producción industrial se desplomó, la importación de artículos de primera necesidad es hoy un excelente negocio. Pero, para conseguir los dólares necesarios, el importador debe estar en muy buenas relaciones con el Gobierno, pues para eso mismo se estableció el control de cambios, instrumento de coerción y de soborno tradicional de los gobiernos “nacionalistas” latinoamericanos.
El reportaje de Veja, pese a la pavorosa realidad de corrupción, amiguismo, demagogia y autoritarismo que describe, no es totalmente pesimista. Por una parte, confirma algo que yo sospechaba, al ver la valerosa manera como la oposición venezolana se movilizó contra el cierre de Radio Caracas Televisión. Que, esta vez, el caudillo venezolano ha dado un paso en falso y el pueblo venezolano ha comenzado a abrir los ojos frente al monstruo que ha creado, dando su confianza y sus votos a un demagogo que puede llevar el país a la ruina y a una dictadura totalitaria. Las encuestas que transcribe Veja del Instituto Hinterlaces, de Caracas, son elocuentes: 78% de los venezolanos reprueban el anti-norteamericanismo de Chávez; 85% condenan el financiamiento político a otros países; 86% no quieren un socialismo a la cubana y el 86% están contra la confiscación de propiedades privadas. Más aún: el cuarenta por ciento de los venezolanos que votaron por Chávez en las elecciones de diciembre pasado declaran que hoy votarían contra él.
Todavía hay, pues, esperanzas para Venezuela. Y podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que el “socialismo del siglo XXI”, hechura del espadón matonesco pasará pronto, como una patraña más, de esas dictaduras esperpénticas de que está constelada la historia latinoamericana.
¿Qué llevó a millones de venezolanos a votar tantas veces en los últimos años a favor de Hugo Chávez? La corrupción que corroía a la democracia y la incapacidad de ésta para reducir la pobreza y las inicuas desigualdades sociales. Pero, en vez de optar por una alternativa libertadora, se pusieron la soga al cuello apoyando una política que ha triplicado en cinco años la criminalidad en el país, disparado la inflación, derrocha los recursos públicos financiando el extremismo marxista en todo el continente y manteniendo vivo al semi cadáver cubano. Pero, sobre todo, a un régimen que ha añadido nuevas y más perniciosas formas de corrupción a las varias que el país arrastraba. Ahora, el comandante Chávez sabe que su impopularidad crece cada día y por eso se apresura a cerrar los escasos espacios que quedan en Venezuela para denunciar sus atropellos. Lo ocurrido con RCTV es sólo el comienzo de un proceso que, como en Cuba, acabará por poner todos los medios de comunicación venezolanos bajo el control del Estado, salvo, tal vez, dos o tres excepciones, empresas supuestamente independientes -parece ser el caso de Venevisión a juzgar por su ominoso silencio frente a la clausura de RTCV- para mantener la farsa del pluralismo informativo. Pero, a juzgar por la gallarda reacción que esta medida ha provocado en el medio estudiantil y popular que antes apoyaba al régimen, este episodio podría ser también el principio del fin de la revolución chavista.
Ego sum qui sum; analista político, un soñador enamorado de la vida y aficionado a la poesía.
18 jun 2007
En España
¿Debería tener letra el himno nacional?/Henry Kamen, historiador. Acaba de publicar Los desheredados. España y la huella del Exilio, Ed. Aguilar
Tomado de EL MUNDO, 18/06/2007;
La pregunta es por supuesto absurda. Todos los países civilizados tienen letra en sus himnos nacionales. Las únicas excepciones en Europa son Bosnia, Herzegovina, San Marino… y España. La urgencia de poner letra ha surgido a causa del bien conocido problema de los atletas españoles, que, a diferencia de los de otras naciones, han de permanecer en silencio mientras suena la música del himno de su país. Esto ha promovido reacciones políticas. El líder del PP, Mariano Rajoy, ha declarado que su grupo parlamentario presentará una iniciativa en el Congreso de los Diputados para que se cree una comisión que ponga letra al himno nacional de España. Los miembros del Foro Ermua también han propuesto componer un nuevo himno nacional. Da la sensación, de que todos ellos admiten que es un deshonor que España sea uno de los pocos países del mundo que tiene un himno nacional mudo.
Es difícil, sino imposible, mantener que el himno español es una bella pieza de música. Es una muy mediocre marcha militar, compuesta hace más de un siglo con pretensiones artísticas. Sin embargo, cuando menos hay un español que al oírlo se emociona con lagrimas en los ojos. El ministro de Exteriores, el Sr. Moratinos, declara que le embarga una profunda emoción cada vez que oye la música. «Siempre emociona», se le cita diciendo, «siempre le pone a uno la carne de gallina». Afirma que el himno es «muy íntimo, muy emotivo, muy significativo para mí». Se tocaba regularmente en actos oficiales durante la dictadura de Franco, cuando probablemente también era muy emotivo y muy significativo. Para la mayoría de los españoles, no obstante, no parece comunicarles ninguna emoción, y en según qué partes de España -en especial en Cataluña- nunca se toca en actos formales. La pobre calidad de la música no es excepcional: muchos himnos son musicalmente mediocres y nadie sostendría, por ejemplo, que el himno del Reino Unido es una gran música.
¿Entonces por que tener un himno nacional? El himno oficial más antiguo es el Dios Salve a la Reina del Reino Unido, que data del año 1745 y fue adoptado oficialmente en 1825, aunque muy a menudo se cantaba como una canción patriótica. Durante el siglo XIX, la mayoría de los países europeos consiguieron el estatus de nación y decidieron seguir el ejemplo británico, con el único propósito de avivar el patriotismo y crear una solidaridad nacional. Alemania, que no consiguió ser nación hasta bastante tarde, estableció sólo en 1922 la letra de Deutschland über Alles (Alemania por encima de todo). La Unión Soviética no tuvo un himno hasta el año 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Stalin adoptó un impresionante himno que posee una música profundamente emotiva. Se prohibió cuando llegó la democracia pero fue restaurado de nuevo en el año 2000, con una nueva letra para que no se confundiera con el himno soviético. Se comprende fácilmente el poder de la música para estimular las emociones de millones de personas. Es por ello que los gobiernos están particularmente interesados en favorecer los himnos nacionales.
Sin embargo, un himno con letra presenta un problema que el PP y el Foro Ermua parecen no haber considerado. La ventaja de no tener letra es que no puede existir desacuerdo sobre ella. ¿Quién aceptaría hoy la letra que José Maria Pemán escribió en la época de Franco? Recordemos lo que decía:
«¡Viva España, alzad los brazos
hijos del pueblo español!»
De la misma manera, ¿quién aceptaría la sugerencia del Foro Ermua de que las palabras deberían «reflejar los valores constitucionales y democráticos», cuando todo el mundo sabe que no hay consenso entre los españoles sobre esos valores? La razón por la que se acepta la letra de los viejos himnos, aún cuando (como La Marsellesa de Francia) es una llamada al derramamiento de sangre, es que forma parte de una tradición que después de mucho tiempo ya no se cuestiona.
La existencia de un himno nacional, de una música que los ciudadanos entonan en público como una declaración de lealtad y participación en una empresa de la que se sienten orgullosos, es uno de los símbolos más claros de ser una nación. Cantar el himno en reuniones públicas, en funciones oficiales, y en los Juegos Olímpicos, identifica de inmediato a una nación. Incluso es posible decir que un país sin un himno con letra no es una nación, lo mismo que un país sin una bandera no puede pretender públicamente ser una nación. Y, de hecho, el gran problema de los españoles, es que no piensan o se comportan como una nación, y a efectos prácticos no son una nación. Estas palabras no son mías. Representan la opinión de muchos españoles que viven tanto dentro como fuera del país. Ya en 1887, Juan Valera escribía que «si por nación hemos de entender un solo Estado con un solo organismo político, aún no hemos llegado a ser nación y tal vez nunca lo seamos». Desde esa fecha, es incalculable el número de españoles que han expresado aquellos sentimientos.
Sin un himno que los ciudadanos pudiesen cantar, el público de Inglaterra, Alemania, Francia y Rusia sentiría la falta de cohesión pública. En otras palabras, la gran contribución del himno es consolidar los sentimientos de comunidad de los ciudadanos. Esta es sin duda la razón por la cual muchos lideres políticos piensan que seria un buen momento acordar el texto de una canción que españoles de todas condiciones y creencias pudieran cantar juntos, para crear un sentimiento de solidaridad. Sin embargo, están tristemente muy equivocados. Para que una canción tenga éxito, ante todo se necesita la solidaridad. La solidaridad no nace como una consecuencia de cantar juntos.
Si examinamos las letras de los himnos del Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, y los Estados Unidos, veremos que todas ellas se dirigen específicamente contra un enemigo. Todas ellas son gritos de guerra. El Himno de Batalla de la República, uno de los himnos nacionales de Estados Unidos, es una llamada profundamente emotiva a la lucha contra el enemigo. Pero ¿a qué enemigos identificaría un himno español? Durante los últimos cien años, aunque ha habido muchos intentos de identificar enemigos (liberales, masones, judíos, estadounidenses -a causa de la derrota de 1898-, comunistas…) los principales enemigos de los españoles han sido ellos mismos. Aún hoy, un miembro del Foro Ermua sugiere que el himno nacional debería hacer alguna referencia a «los terroristas de ETA». Esto sería el principio de la locura, ya que los terroristas son españoles. ¿Por qué no añadir a otros enemigos, tales como los separatistas, nacionalistas, fascistas, maltratadores de esposas, y una interminable lista de otros españoles que no nos gustan? Lo que queda claro es que la letra de un himno debe reflejar un acuerdo sobre los valores que amamos y odiamos. Para los españoles, que nunca han creído en el patriotismo y que prefieren luchar entre ellos mismos antes que con otros, no existen tales valores asentidos.
En resumen, hay poco sentimiento de ser una nación unida, y en consecuencia es imposible estar de acuerdo sobre un himno. En muchos aspectos, los españoles como nación no existen porque no tienen sentimientos compartidos. Quizá eso explique por qué en muchas universidades y colegios no es posible insistir en enseñar la Historia de España, ya que (opinan) España no existe. Quizá el asunto debería primero ser propuesto en un referéndum. Habría que preguntar a los españoles si creen que son una nación, y por tanto si les corresponde tener un himno con letra, como ocurre con otras naciones. Si la respuesta que ofrecen es que no se sienten una nación, entonces el tema, tal vez, puede ser descartado, porque significaría que no desean cantar sobre una identidad que no existe.
Por consiguiente, sería totalmente absurdo que el Gobierno central dictara un texto oficial con el que estaría en desacuerdo una gran proporción de las personas y que las comunidades constituyentes de España (sobre todo Cataluña) con toda seguridad se negarían a cantar. Tal vez el comentario mas inteligente es el del piloto de F1 Fernando Alonso: «Para los deportistas el himno significa la victoria y que estás representando a tu país. Y a tu país lo representas con o sin letra».
Es difícil, sino imposible, mantener que el himno español es una bella pieza de música. Es una muy mediocre marcha militar, compuesta hace más de un siglo con pretensiones artísticas. Sin embargo, cuando menos hay un español que al oírlo se emociona con lagrimas en los ojos. El ministro de Exteriores, el Sr. Moratinos, declara que le embarga una profunda emoción cada vez que oye la música. «Siempre emociona», se le cita diciendo, «siempre le pone a uno la carne de gallina». Afirma que el himno es «muy íntimo, muy emotivo, muy significativo para mí». Se tocaba regularmente en actos oficiales durante la dictadura de Franco, cuando probablemente también era muy emotivo y muy significativo. Para la mayoría de los españoles, no obstante, no parece comunicarles ninguna emoción, y en según qué partes de España -en especial en Cataluña- nunca se toca en actos formales. La pobre calidad de la música no es excepcional: muchos himnos son musicalmente mediocres y nadie sostendría, por ejemplo, que el himno del Reino Unido es una gran música.
¿Entonces por que tener un himno nacional? El himno oficial más antiguo es el Dios Salve a la Reina del Reino Unido, que data del año 1745 y fue adoptado oficialmente en 1825, aunque muy a menudo se cantaba como una canción patriótica. Durante el siglo XIX, la mayoría de los países europeos consiguieron el estatus de nación y decidieron seguir el ejemplo británico, con el único propósito de avivar el patriotismo y crear una solidaridad nacional. Alemania, que no consiguió ser nación hasta bastante tarde, estableció sólo en 1922 la letra de Deutschland über Alles (Alemania por encima de todo). La Unión Soviética no tuvo un himno hasta el año 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Stalin adoptó un impresionante himno que posee una música profundamente emotiva. Se prohibió cuando llegó la democracia pero fue restaurado de nuevo en el año 2000, con una nueva letra para que no se confundiera con el himno soviético. Se comprende fácilmente el poder de la música para estimular las emociones de millones de personas. Es por ello que los gobiernos están particularmente interesados en favorecer los himnos nacionales.
Sin embargo, un himno con letra presenta un problema que el PP y el Foro Ermua parecen no haber considerado. La ventaja de no tener letra es que no puede existir desacuerdo sobre ella. ¿Quién aceptaría hoy la letra que José Maria Pemán escribió en la época de Franco? Recordemos lo que decía:
«¡Viva España, alzad los brazos
hijos del pueblo español!»
De la misma manera, ¿quién aceptaría la sugerencia del Foro Ermua de que las palabras deberían «reflejar los valores constitucionales y democráticos», cuando todo el mundo sabe que no hay consenso entre los españoles sobre esos valores? La razón por la que se acepta la letra de los viejos himnos, aún cuando (como La Marsellesa de Francia) es una llamada al derramamiento de sangre, es que forma parte de una tradición que después de mucho tiempo ya no se cuestiona.
La existencia de un himno nacional, de una música que los ciudadanos entonan en público como una declaración de lealtad y participación en una empresa de la que se sienten orgullosos, es uno de los símbolos más claros de ser una nación. Cantar el himno en reuniones públicas, en funciones oficiales, y en los Juegos Olímpicos, identifica de inmediato a una nación. Incluso es posible decir que un país sin un himno con letra no es una nación, lo mismo que un país sin una bandera no puede pretender públicamente ser una nación. Y, de hecho, el gran problema de los españoles, es que no piensan o se comportan como una nación, y a efectos prácticos no son una nación. Estas palabras no son mías. Representan la opinión de muchos españoles que viven tanto dentro como fuera del país. Ya en 1887, Juan Valera escribía que «si por nación hemos de entender un solo Estado con un solo organismo político, aún no hemos llegado a ser nación y tal vez nunca lo seamos». Desde esa fecha, es incalculable el número de españoles que han expresado aquellos sentimientos.
Sin un himno que los ciudadanos pudiesen cantar, el público de Inglaterra, Alemania, Francia y Rusia sentiría la falta de cohesión pública. En otras palabras, la gran contribución del himno es consolidar los sentimientos de comunidad de los ciudadanos. Esta es sin duda la razón por la cual muchos lideres políticos piensan que seria un buen momento acordar el texto de una canción que españoles de todas condiciones y creencias pudieran cantar juntos, para crear un sentimiento de solidaridad. Sin embargo, están tristemente muy equivocados. Para que una canción tenga éxito, ante todo se necesita la solidaridad. La solidaridad no nace como una consecuencia de cantar juntos.
Si examinamos las letras de los himnos del Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, y los Estados Unidos, veremos que todas ellas se dirigen específicamente contra un enemigo. Todas ellas son gritos de guerra. El Himno de Batalla de la República, uno de los himnos nacionales de Estados Unidos, es una llamada profundamente emotiva a la lucha contra el enemigo. Pero ¿a qué enemigos identificaría un himno español? Durante los últimos cien años, aunque ha habido muchos intentos de identificar enemigos (liberales, masones, judíos, estadounidenses -a causa de la derrota de 1898-, comunistas…) los principales enemigos de los españoles han sido ellos mismos. Aún hoy, un miembro del Foro Ermua sugiere que el himno nacional debería hacer alguna referencia a «los terroristas de ETA». Esto sería el principio de la locura, ya que los terroristas son españoles. ¿Por qué no añadir a otros enemigos, tales como los separatistas, nacionalistas, fascistas, maltratadores de esposas, y una interminable lista de otros españoles que no nos gustan? Lo que queda claro es que la letra de un himno debe reflejar un acuerdo sobre los valores que amamos y odiamos. Para los españoles, que nunca han creído en el patriotismo y que prefieren luchar entre ellos mismos antes que con otros, no existen tales valores asentidos.
En resumen, hay poco sentimiento de ser una nación unida, y en consecuencia es imposible estar de acuerdo sobre un himno. En muchos aspectos, los españoles como nación no existen porque no tienen sentimientos compartidos. Quizá eso explique por qué en muchas universidades y colegios no es posible insistir en enseñar la Historia de España, ya que (opinan) España no existe. Quizá el asunto debería primero ser propuesto en un referéndum. Habría que preguntar a los españoles si creen que son una nación, y por tanto si les corresponde tener un himno con letra, como ocurre con otras naciones. Si la respuesta que ofrecen es que no se sienten una nación, entonces el tema, tal vez, puede ser descartado, porque significaría que no desean cantar sobre una identidad que no existe.
Por consiguiente, sería totalmente absurdo que el Gobierno central dictara un texto oficial con el que estaría en desacuerdo una gran proporción de las personas y que las comunidades constituyentes de España (sobre todo Cataluña) con toda seguridad se negarían a cantar. Tal vez el comentario mas inteligente es el del piloto de F1 Fernando Alonso: «Para los deportistas el himno significa la victoria y que estás representando a tu país. Y a tu país lo representas con o sin letra».
Reforma migratoria y terrorismo
El senador Edward Kennedy advirtió este lunes que si no se aprueba la reforma migratoria, ello aislaría a los indocumentados y crearía en el país un campo de cultivo de terroristas.
Kennedy puso el ejemplo de varios países europeos, donde la marginación y los problemas de inmigración han derivado en actos terroristas.
"Basta ver lo que ha ocurrido en Gran Bretaña con las comunidades aisladas", señaló el senador durante un encuentro de la Cámara de Comercio de Boston. "Miren lo que ha ocurrido en Francia y en Alemania. Miren dónde están las células de al-Qaeda. Están en diversas comunidades que no han logrado asimilar a los individuos".
El senador Kennedy -demócrata por Massachusetts-, es junto con el presidente George W. Bush, uno de los principales promotores de una ley que daría una vía para que millones de indocumentados se legalizaran. La iniciativa reforzaría también la seguridad fronteriza y aplicaría nuevas medidas para detectar a los inmigrantes ilegales en los centros de trabajo.
Empero, el proyecto se ecuentra estancado en el Congreso, en medio de numerosas críticas, principalmente de algunos conservadores, por considerar que concede una amnistía a quienes han infringido la ley.
Pero Kennedy dijo que la aprobación de la ley resulta crucial para la seguridad nacional.
Se pregunta Kennedy: ¿Por qué prácticamente ningún musulmán en la India es miembro de al-Qaeda? A lo que el mismo responde: "Es porque ellos sienten que están incluidos (en su sociedad). Muchos son pobres. Tienen un sistema de castas y hay discriminación, pero todos sienten que son parte del mismo sistema".
Kennedy puso el ejemplo de varios países europeos, donde la marginación y los problemas de inmigración han derivado en actos terroristas.
"Basta ver lo que ha ocurrido en Gran Bretaña con las comunidades aisladas", señaló el senador durante un encuentro de la Cámara de Comercio de Boston. "Miren lo que ha ocurrido en Francia y en Alemania. Miren dónde están las células de al-Qaeda. Están en diversas comunidades que no han logrado asimilar a los individuos".
El senador Kennedy -demócrata por Massachusetts-, es junto con el presidente George W. Bush, uno de los principales promotores de una ley que daría una vía para que millones de indocumentados se legalizaran. La iniciativa reforzaría también la seguridad fronteriza y aplicaría nuevas medidas para detectar a los inmigrantes ilegales en los centros de trabajo.
Empero, el proyecto se ecuentra estancado en el Congreso, en medio de numerosas críticas, principalmente de algunos conservadores, por considerar que concede una amnistía a quienes han infringido la ley.
Pero Kennedy dijo que la aprobación de la ley resulta crucial para la seguridad nacional.
Se pregunta Kennedy: ¿Por qué prácticamente ningún musulmán en la India es miembro de al-Qaeda? A lo que el mismo responde: "Es porque ellos sienten que están incluidos (en su sociedad). Muchos son pobres. Tienen un sistema de castas y hay discriminación, pero todos sienten que son parte del mismo sistema".
El proyecto ha generado controversia, particularmente por las provisiones que permitirían a la postre que muchos de los aproximadamente 12 millones de indocumentados en el país obtuvieran la ciudadanía.
Este domingo, el líder de los republicanos en el Senado dijo que no podía pronosticar si la propuesta sería aprobada. El senador Mitch McConnell consideró que la votación es demasiado estrecha para hacer vaticinios. McConnell y el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, dijeron la semana pasada que planeaban revivir la legislación, después de que sus críticos lograron frenarla. La decisión se tomó después de que Bush hizo una inusitada visita a la sede del legislativo, para reunirse con legisladores republicanos, a quienes instó a dar una segunda oportunidad a la iniciativa.
Este domingo, el líder de los republicanos en el Senado dijo que no podía pronosticar si la propuesta sería aprobada. El senador Mitch McConnell consideró que la votación es demasiado estrecha para hacer vaticinios. McConnell y el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, dijeron la semana pasada que planeaban revivir la legislación, después de que sus críticos lograron frenarla. La decisión se tomó después de que Bush hizo una inusitada visita a la sede del legislativo, para reunirse con legisladores republicanos, a quienes instó a dar una segunda oportunidad a la iniciativa.
17 jun 2007
Jon Sobrino
Radicalmente cristiano
Jesús Ruiz Mantilla, entrevista a Jon Sobrino
Jesús Ruiz Mantilla, entrevista a Jon Sobrino
Tomado de El País, 14/06/2007;
Se libró de milagro de una muerte segura junto a Ignacio Ellacuría en El Salvador sangriento de los ochenta. Ahora, su visión de un Cristo demasiado humano no ha superado las 'hogueras' vaticanas. Este jesuita, sin embargo, sigue fiel a sus compromisos con los más oprimidos.
Como no hay mal que por bien no venga, la última bronca que le montó la curia vaticana a Jon Sobrino, que no fue ninguna tontería, con notificación incluida, ha servido para que este jesuita empecinado en la defensa radical de los más oprimidos sepa lo que son los blogs. Aquellos días de marzo de este mismo año, cuando resurgió de las más abruptas entrañas de la Tierra el Tribunal para la Doctrina de la Fe -léase la Inquisición de nuestros días- para tirarle de las orejas y echarle en cara, una vez más en los últimos 30 años, sus desviaciones sobre la línea oficial, este cura amigo y compañero en El Salvador de Ignacio Ellacuría y monseñor Romero, este pastor que admite sin remilgos su vocación revolucionaria, pudo leer una avalancha inaudita de reacciones a favor y en contra en los foros libérrimos de Internet. Pese a lo encendido de algunos comentarios, Sobrino, por el contrario, guardó silencio. Se apartó del mundanal ruido quizá un tanto asustado por el ambiente, aunque no por encararse a la autoridad, cosa que ha hecho toda su existencia aun a riesgo de que le mataran.
De hecho, esta nueva llamada de atención no va a hacerle bajar las orejas, al menos por lo que uno puede deducir después de dos horas de conversación con él sobre lo divino y lo humano. Si no lo consiguieron en los años setenta y ochenta los paramilitares salvadoreños que instauraron un más que grotesco lema, "Haga patria, mate un cura", ni tampoco los grandes patriarcones centroamericanos, ni los mismísimos politicastros que ahogaban en esos días con una bota militar el futuro de lo que consideraban el patio trasero de su casa con jardín del Norte, es difícil que se asuste de los que han sido recién investidos con nuevas púrpuras. Si se salvó, aquel funesto y negro 16 de noviembre de 1989, de aquella matanza que después muchos han convertido en martirio, cuando unos salvajes entraron en la Universidad Centroamericana (UCA) y asesinaron sin miramientos a ocho de los suyos -seis compañeros jesuitas y dos empleadas de la casa-, no debió de ser en vano.
Le gusta rememorar uno a uno sus nombres, justo como cuando le dieron la noticia; primero le hablaron de Ignacio Ellacuría, después le enumeraron al resto de la lista: Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, el salvadoreño Joaquín López-López y, sobre todo, a quienes más le indignó que pagaran aquella caza macabra: la empleada de la UCA Elba Julia Ramos, cocinera, y su hija Celina, de 15 años, testigos de una barbaridad que tuvieron la mala fortuna de encontrarse frente a frente.
Hoy, de paso por Madrid, lo recuerda todavía con la justa emoción, pero con la evidente cicatriz del paso del tiempo en su mirada limpia. Sobrino parece de esas personas sabias que han sabido extraer, sobre las tragedias más injustas de la vida, conclusiones positivas. Por eso se muestra obsesionado por hablar; no de la inquina y el odio que arrebató a los suyos y a quienes él consideraba su familia de la faz de la Tierra, sino de la bondad que quedó. De la semilla que sembraron, del fin positivo de todas las cosas, aunque muchas veces sea necesario hacer verdaderos esfuerzos para llegar a él.
El propio e íntimo sufrimiento ha sido su mayor fuerza. La conciencia de fragilidad que le da cada día estar a expensas de los bajones de una diabetes muy aguda, y el hecho de haberse salvado por casualidad, gracias a encontrarse en Tailandia dando un curso, de su muerte segura, han forjado en él una proverbial valentía. Una desafiante serenidad construida a base de esa autoridad que no pueden retar moralmente quienes se sientan en los sillones confortables de los despachos; esa altura que da estar en primera línea del frente, expuesto a los más feroces ataques, a morir incluso por un gramo extra de justicia.
Dice que pobres son quienes no tienen asegurado comer tres veces al día; que él, al fin y al cabo, es un privilegiado por disponer garantizada hasta la insulina. Pero pobres son también para él, mente privilegiada con cuatro carreras -teología e ingeniería entre ellas- que a los 18 años abandonó su Bilbao natal y a su familia para dejarse la piel en ese lejano El Salvador que le ha dado nacionalidad y sentido a su vida, quienes son pisoteados, humillados, arrastrados, heridos, injuriados... Todos aquellos sujetos siempre anónimos que merecen reparo; esos desheredados para los que en su día Leonardo Boff, el propio Ignacio Ellacuría, él mismo y tantos otros comenzaron a predicar la Teología de la Liberación, esa doctrina revolucionaria que asusta tanto a los próceres en los pasillos del Vaticano y que Juan Pablo II y ahora el papa Ratzinger se han empeñado, con una fijación obtusa, en enterrar. Pero Sobrino y los suyos parece que no van a dejar que se saque de ese hoyo ni una sola palada.
-Con la Iglesia sigue usted topando. ¿Cuándo fue la primera vez?
-Toparse en castellano significa algún tipo de encuentro inesperado o encontronazo. Y la Iglesia es una realidad de muchísimos seres humanos. Con 68 años, en la Iglesia me he topado ante todo con Jesús de Nazaret y después con otras cosas. Una, la primera, cuando yo tenía veintitantos años, con Juan XXIII, que hablaba de un Jesús que bien puede hacer presente la Iglesia o que lo puede ocultar. Los jesuitas estamos en la Iglesia, y en ese sentido me he topado con el padre Arrupe, y en El Salvador me topé con algo que creo que en conjunto es lo mejor: campesinos, oprimidos, pobres, gente sencilla, con gran amor a los demás y con mucha fe en Dios. Al español de hoy, esto le puede sonar a religiosidad fácil o superstición. Pero no tiene por qué ser así. Gente que estaba decidida a arriesgar todo no por una causa, ni por pertenecer a tal o cual partido, sino por amor a los demás. Así surgieron entonces en El Salvador lo que yo llamo mártires.
-¿Por qué mártires?
Son aquellos que en vida y en muerte se parecen a Cristo. En vida porque han tratado de defender al pobre, denunciar al opresor, y en muerte porque acaban crucificados en esa cruz que es terrible y expresión de un gran amor. El símbolo de ese tipo de mártir, con el que yo me topé -y cuando lo escribas pon que cuando pronuncio topar cambio el tono de voz, para aclarar, ¿verdad?-, para mí fue monseñor Romero. Pero es evidente que yo he tenido con otros sectores relaciones más tensas, y estos días se ha hecho público que a varios de nosotros, entre ellos también el padre Ellacuría, las congregaciones nos han cuestionado. A mí, varias veces me han pedido dar cuenta de mis escritos porque creen que mi teología no es adecuada, que contiene errores, que es peligrosa. Estos días se ha hecho público en varios medios de comunicación, tanto lo que ha dicho el Vaticano como lo que han expresado otros teólogos, muy respetables, que no comparten las amonestaciones. Y, por cierto, aprovecho para hacer una aclaración: la carta estrictamente confidencial que escribí al padre Kolvenbach apareció en la prensa sin mi conocimiento ni autorización. Volviendo al asunto. La tensión con esa porción de Iglesia, con algunos jerarcas, ha sido para mí habitual durante 30 años. Ellos también son Iglesia. Pero para mí, ante todo, lo son quienes nos hacen presente a Jesús. Yo me topé con esas gentes. Me enseñaron a vivir con esperanza, con menos egoísmo, con alegría.
¿También le ha marcado una cierta conciencia de superviviente, después de haberse salvado de una matanza o ver como caían otros, como monseñor Romero?
Aquello fue un shock. Estaba en Tailandia precisamente dando un curso de cristología, hablando de pueblos enteros crucificados.
Ochenta mil en El Salvador...
Así es. Pero le cuento cómo recibí aquella noticia. En Tailandia eran las doce de la noche y un amigo me llamó de Londres. Tuve la sensación, por la hora, de que algo serio había pasado, y pensé: Ellacuría. Mi amigo me preguntó: "¿Tienes papel y lápiz? Han matado a Ellacuría, y a Nacho, y a Santiago Montes, y al padre López-López, y a Juan Ramón Norea, y a Amando...", y así siguió. Y ahora ya no siento ni el dolor, ni el shock, ni la indignación de entonces, pero en el fondo me pasa lo mismo, como si me fueran quitando uno a uno jirones de piel. Pero mi máxima indignación fue cuando me dijeron lo de la cocinera y una hijita suya, y si lo cuento no es para que suene lírico, es porque lo siento. Porque que mataran a Ellacuría era una barbaridad, pero ¿cómo no le iban a matar? Predicaba contra los sumos sacerdotes, los fariseos, el opresor..., no era sorpresa. Ahora, que mataran a una cocinera que pasaba escondida la noche en nuestra casa porque la guerra había llegado a la ciudad y no era seguro salir, eso superaba las reglas del mal. Quedé en silencio y paseé por una playa que estaba cerca con un compañero que venía conmigo. En un momento me dijo: "¿Has pensado por qué no te han matado a ti?". Y me salió una respuesta tomada casi de antiguas vidas de santos: "Pues se ve que no soy digno". No sabía qué decir. Al día siguiente hicieron allí una misa, con un altar de flores precioso, y yo comenté: "Tengo una mala noticia que daros: han matado a toda mi familia. Pero tengo una buena noticia también: he vivido con gente buena". Así pienso hoy día.
¿Cómo estas personas tan próximas al martirio, que se han jugado el pellejo, no se las reconoce como a auténticos Cristos en su Iglesia?
Yo tampoco lo entiendo. Me preocupa y a veces me indigna. Mi esperanza es que pronto, oficialmente o con algún signo eclesial que todo el mundo entienda, canonicen a monseñor Romero y a todos los mártires latinoamericanos y del Tercer Mundo. Ya he dicho que me entristece que no ocurra. Pero también he dicho que no me gusta ser profeta de calamidades. A veces pienso que los medios encubren muy interesadamente la maldad y las aberraciones, pero que encubren todavía más la bondad. El amor de aquellas personas está vivo en muchos. En sus aniversarios se juntan multitudes. ¿Qué hacen allí? Recordar que han visto y oído cosas buenas, y cuando digo buenas me refiero a enseñanzas que les han dado dignidad. Recuerdan, con lágrimas, a hijos muertos, inocentes a los que han denigrado; que los han llamado comunistas, algo que allí es equivalente a calificar a alguien de terrorista aquí.
Eran los tiempos de "Hagan patria, maten un cura"...
Exactamente. Y en esas procesiones, las madres les dicen a sus hijos que su padre no fue un criminal, sino un buen hombre, generoso, que se organizó en movimientos políticos y lo mataron. Luego, claro, allí, Dios suena a algo real. Pero ¿cómo es Dios para ellos? Esa fuerza, ese misterio que ni vemos ni tocamos, de alguna manera nos conoce, nos quiere, nos da dignidad. Que luego le pidan milagros, a mí me parece muy bien, porque si no tienen seguro social, ni dinero, ni nada, si Estados Unidos ni la Unión Europea les arreglan la vida, ¿qué van a hacer? Es cierto que ese misterio también puede ser alienación. Psicólogos, psiquiatras, economistas habrá que lo analicen, a mí no me acaban de convencer del todo. Los que nada tienen, de Dios sacan fuerza para vivir, y en esto no veo alienación.
No le convencen porque ustedes han visto en Dios una materia revolucionaria, más que de resignación.
Entiendo, entiendo. Estoy de acuerdo. Si no hay más que ver. Jesús de Nazaret, ¿qué dijo? Ay de ustedes los ricos, que han comido y han gozado, sufrirán. Los que pasan hambre, los que lloran, comerán y reirán. Esas palabras hay que hacerlas históricamente eficaces, hay que buscarles modos concretos. Pensar en Jesús, en Dios, así, entonces era y es revolucionario.
¿Entonces? ¿Cuándo es entonces?
Los años setenta, ochenta. Todavía ahora queda algo. Revolucionario quiere decir eso: darle vuelta a las cosas. La revolución no se da sólo en el ámbito político, sino en el humano; pensar distinto, tener esperanza, que no vivamos en un mundo sumamente injusto como el actual, con las democracias más importantes a la cabeza. Una revolución en la esperanza, en la caridad..., una famosa palabrita que ya no creo que se use...
Pues porque a la caridad, el sentido que le ha otorgado la Iglesia es el de esa propina para los pobres. ¿Ustedes le han dado valor revolucionario?
De nuevo hay que distinguir cosas al hablar de la palabra Iglesia. Cierto es que hay una tradición y una doctrina de la Iglesia en que la caridad se entendió más como acaba de decir. Pero con Juan XXIII, incluso con Juan Pablo II, tiene más que ver con el amor, con el sentido de la justicia. Con proclamar una verdad que defiende al pobre frente a quien le oprime. Pero yo también creo en el equivalente a cariño, ternura, delicadeza. Un ámbito del amor distinto al de justicia que humanizan personal y socialmente. Lo que no se puede admitir es el sentido que le daban algunas novelas del siglo pasado, en las que salían marquesas que hablaban de "mis pobres", ¿verdad? Y ojalá tampoco lo digan hoy, entre otros lenguajes, Iglesias, Estados, ONG.
Aun así, como concepto, sigue en crisis.
La justicia está en crisis en la Iglesia. No creo que se vuelque hacia ella con todo el peso social que tiene. Y no digamos en la sociedad. Al viajar a Europa o a Estados Unidos no veo que los pueblos y sus Gobiernos vivan y se desvivan para que 2.000 o 3.000 millones de seres humanos puedan simplemente vivir...
Puede que la gente que tiene las necesidades cubiertas crea que ya ha pasado la revolución, que no la necesita.
Sí, y se ríen un poquito de todo esto. Pero es que la esencia que mueve el amor y los cambios está en no empezar por uno mismo. Hemos ido aprendiendo cosas. Es normal que uno se fije en sus hijos; pero mientras no se salga de ese yo familiar, no hacemos nada y somos ignorantes.
En cuanto a señalar a los pobres, a veces es la jerarquía la que nos hace caer en la cuenta de que existen condenando determinadas prácticas, como ha ocurrido en Madrid en la parroquia de San Carlos Borromeo que quieren cerrar.
Evidente. Me da tristeza que no haya creatividad cristiana para que la Iglesia institucional no resuelva estos problemas y no dialogue. Que los medios lo saquen a relucir puede ayudar. Pero debemos ir a lo profundo. Hay mucha gente..., religiosos silenciados que hacen una gran labor, pero no se sabe, no se difunde porque hoy existe un cierto miedo al bien. La bondad se silencia. ¿Por qué? Porque nos viene a decir que es posible, que es asequible a todo el mundo, y que no se ejercita porque nos exige algo. No sólo la heroica, la del día a día.
Quienes primero tienen miedo de hacer explícita esa bondad parecen estar en la Iglesia, porque no es normal que a ustedes o a quienes andan por el Congo o comprometidos aquí con marginados se les azuce. Mucha gente se pregunta por qué no se han salido ustedes. Qué les hace seguir dentro de una organización que les maltrata.
Yo le contaré mi caso. No me he salido porque nunca se me ha ocurrido. He visto un "invierno eclesial", que decía Karl Raher. Un retroceso en la entrega sincera a los pobres de este mundo. Pero sigo en la Iglesia. Porque veo un sentido en esta tradición de Jesús que, al pasar por la Iglesia, por un lado se ha deteriorado muchísimo. Eso, sin duda. En ella me entrego a Jesús de Nazaret, con problemas fuera e inmensas incoherencias de la Iglesia con ese Jesús, y con problemas dentro, mis limitaciones, épocas de gran oscuridad; pero me encuentro en mi casa, con innumerables compañeros con los que caminar. En esa casa siento una gran luz y ánimo en medio de las decepciones. También vengo de una tradición democrática, cuyos Estados han asesinado a millones de seres humanos inocentes, violentamente, con bombas atómicas y convencionales, con torturas y guerras injustas, con políticas comerciales que pueden aumentar la muerte por hambre. Y, sin embargo, hay seres humanos que honradamente pueden seguir esperando el advenimiento de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Cuando preguntas a alguien por qué no se sale de su visión democrática, puede responder: porque están representados todos los partidos y yo me apunto al que más me convence. En la Iglesia, lo mismo. Hay varias tendencias.
Pero el Espíritu Santo siempre tiende a elegir a los mismos.
Bueno, el Espíritu Santo, así nombrado, con perdón, es poco riguroso. No es el ministro de Asuntos Exteriores que designa embajadores. Es ese misterio que llamamos Dios, y que tiene fuerza; no poder, fuerza. A Dios lo empequeñecemos seriamente cuando empezamos a hablar de él en términos de poder. ¿Para qué le sirve la fuerza? Ah, para que los seres humanos hagamos el bien. El Espíritu no es eso que está sobrevolando en un cónclave...
Son metáforas, padre, metáforas.
Sí, pero metáforas que desvían. Espíritu significa viento, fuerza. Yo, ¿dónde lo he encontrado? En Juan XXIII, en Arrupe, en un compañero jesuita, Javier Ibisate, que acaba de fallecer; lo veía en Gorbachov, se ve en los campos de refugiados de Bukavu... Cuando he estado con gente que ha dicho: aquí nos quedamos. Ya está.
Aun así, y aunque crea usted que la Iglesia no es poder, que resulta evidente que lo es, siempre se fija en los mismos.
La Iglesia debe ser ante todo fuerza, pero, en la realidad, también es poder. Lo sé muy bien. El espíritu a veces no está en la Iglesia cuando no se hace el bien, sino el mal. Pero está cuando somos fieles a Jesús. Dice él en el Evangelio de Lucas: "El espíritu está sobre mí, me ha configurado. ¿Para qué? Para dar vista a los ciegos, para hacer caminar a los cojos, para anunciar una buena noticia y para liberar a los pobres. Él comprende así al Espíritu. Entonces, ¿dónde lo veo yo? ¿Donde está el poder? No. Ahí es donde aprecio lo que constituye a los seres humanos, que lleva también al egoísmo, al sometimiento, a la falta de entendimiento. Esta sociedad necesita espíritu, y no sólo espíritu crítico, sino otras cosas; espíritu que nos dé fuerza para la reconciliación.
¿Dónde?
Aquí, en África, en Naciones Unidas...
Ya, porque eso le iba a preguntar. Pese a lo lejos que le queda España, ¿cómo ve el conflicto en el País Vasco, que es su tierra natal? Ya notará cómo andan por aquí los cuchillos. ¿Tendrá su opinión?
No soy muy amigo de tener sólo opiniones. Leo ahora los blogs, que están llenos de eso, de opiniones. Y se pueden decir cosas verdaderamente disparatadas. Ante asuntos serios no me gusta expresar sólo opiniones. Yo, ¿qué observo? Se ha llegado aquí a un buen vivir que es en la práctica un absoluto, un ídolo, y eso dificulta muchas cosas. Esto lo tengo meditado, no es sólo una opinión para un blog...
Le tienen obsesionado los 'blogs'. No los lea, hombre. No conducen a la felicidad.
Bueno, pero son una realidad, como los partidos de fútbol. Hay partidos en los que 44 piernas corriendo equivalen casi al presupuesto de un país africano como Chad. Que eso ocurra...
Es pornográfico.
Obsceno, yo lo he escrito. Eso me impacta. Lo de ETA, por otra parte, es serio, evidentemente. Yo soy de allí, pero no tengo fórmulas. Mi esperanza es, a medio plazo, humanizar aquello..., gentes, ideas, esperanzas. No sé cuánto llevará.
Al menos una generación. Pero veo que a usted no le preocupa el hecho de que tenga que haber una negociación tarde o temprano, que es evidente, sino cómo curará esa herida después de años de violencia.
Supongo que acabará con algún tipo de negociación. Pero eso lo hacen seres humanos. Se debe hacer con perspectiva política para que salga bien; pero todo eso, además, debe tener en cuenta el factor humano. No me es fácil hablar de esto. Tengo esperanza en que podamos vivir humanamente unos con otros. Y eso significa no tener miedo a no poner el problema en términos de vencedores y vencidos. Algo de eso he aprendido en El Salvador. La esperanza de reconciliación es posible, los seres humanos pueden perdonar.
¿Qué le ha molestado a la Iglesia de su idea de Cristo? ¿Por qué llevan 30 años mareándole?
Bueno, se ha hecho público. En el Vaticano dicen que yo presento a un Cristo muy humano, cercano a los pobres, y que eso les parece bien, pero que no expreso con suficiente claridad su divinidad. Hay teólogos capaces y responsables que piensan que mis escritos no incurren en esos peligros.
A lo mejor es que esa divinidad es radicalmente humana.
Sí, sí, sí, es que está en la doctrina más tradicional de la Iglesia. La clave está en cómo esa divinidad se ha hecho visible. En la fe cristiana, a diferencia de otras, se da un paso crucial, y no así en otras: que ese misterio se hizo presente. Que Jesús es el sacramento. Fue Jesús de Nazaret el que dice tener una idea de humanidad. Los bienaventurados, los sencillos, los limpios de corazón, quienes luchan y trabajan por la paz y la justicia. Es el de la palabra del Buen Samaritano.
Es el mismo Jesucristo, entonces, quien pone en evidencia esa doctrina. Su mensaje radical es humanismo. ¿Cómo la jerarquía no lo entiende, o ese tribunal...? Por cierto, ¿cómo es ese tribunal?
Pues un tribunal que se reúne en Roma, que analiza los aspectos teológicos y juzga si están o no de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.
¿Pero usted ha estado?
Se libró de milagro de una muerte segura junto a Ignacio Ellacuría en El Salvador sangriento de los ochenta. Ahora, su visión de un Cristo demasiado humano no ha superado las 'hogueras' vaticanas. Este jesuita, sin embargo, sigue fiel a sus compromisos con los más oprimidos.
Como no hay mal que por bien no venga, la última bronca que le montó la curia vaticana a Jon Sobrino, que no fue ninguna tontería, con notificación incluida, ha servido para que este jesuita empecinado en la defensa radical de los más oprimidos sepa lo que son los blogs. Aquellos días de marzo de este mismo año, cuando resurgió de las más abruptas entrañas de la Tierra el Tribunal para la Doctrina de la Fe -léase la Inquisición de nuestros días- para tirarle de las orejas y echarle en cara, una vez más en los últimos 30 años, sus desviaciones sobre la línea oficial, este cura amigo y compañero en El Salvador de Ignacio Ellacuría y monseñor Romero, este pastor que admite sin remilgos su vocación revolucionaria, pudo leer una avalancha inaudita de reacciones a favor y en contra en los foros libérrimos de Internet. Pese a lo encendido de algunos comentarios, Sobrino, por el contrario, guardó silencio. Se apartó del mundanal ruido quizá un tanto asustado por el ambiente, aunque no por encararse a la autoridad, cosa que ha hecho toda su existencia aun a riesgo de que le mataran.
De hecho, esta nueva llamada de atención no va a hacerle bajar las orejas, al menos por lo que uno puede deducir después de dos horas de conversación con él sobre lo divino y lo humano. Si no lo consiguieron en los años setenta y ochenta los paramilitares salvadoreños que instauraron un más que grotesco lema, "Haga patria, mate un cura", ni tampoco los grandes patriarcones centroamericanos, ni los mismísimos politicastros que ahogaban en esos días con una bota militar el futuro de lo que consideraban el patio trasero de su casa con jardín del Norte, es difícil que se asuste de los que han sido recién investidos con nuevas púrpuras. Si se salvó, aquel funesto y negro 16 de noviembre de 1989, de aquella matanza que después muchos han convertido en martirio, cuando unos salvajes entraron en la Universidad Centroamericana (UCA) y asesinaron sin miramientos a ocho de los suyos -seis compañeros jesuitas y dos empleadas de la casa-, no debió de ser en vano.
Le gusta rememorar uno a uno sus nombres, justo como cuando le dieron la noticia; primero le hablaron de Ignacio Ellacuría, después le enumeraron al resto de la lista: Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, el salvadoreño Joaquín López-López y, sobre todo, a quienes más le indignó que pagaran aquella caza macabra: la empleada de la UCA Elba Julia Ramos, cocinera, y su hija Celina, de 15 años, testigos de una barbaridad que tuvieron la mala fortuna de encontrarse frente a frente.
Hoy, de paso por Madrid, lo recuerda todavía con la justa emoción, pero con la evidente cicatriz del paso del tiempo en su mirada limpia. Sobrino parece de esas personas sabias que han sabido extraer, sobre las tragedias más injustas de la vida, conclusiones positivas. Por eso se muestra obsesionado por hablar; no de la inquina y el odio que arrebató a los suyos y a quienes él consideraba su familia de la faz de la Tierra, sino de la bondad que quedó. De la semilla que sembraron, del fin positivo de todas las cosas, aunque muchas veces sea necesario hacer verdaderos esfuerzos para llegar a él.
El propio e íntimo sufrimiento ha sido su mayor fuerza. La conciencia de fragilidad que le da cada día estar a expensas de los bajones de una diabetes muy aguda, y el hecho de haberse salvado por casualidad, gracias a encontrarse en Tailandia dando un curso, de su muerte segura, han forjado en él una proverbial valentía. Una desafiante serenidad construida a base de esa autoridad que no pueden retar moralmente quienes se sientan en los sillones confortables de los despachos; esa altura que da estar en primera línea del frente, expuesto a los más feroces ataques, a morir incluso por un gramo extra de justicia.
Dice que pobres son quienes no tienen asegurado comer tres veces al día; que él, al fin y al cabo, es un privilegiado por disponer garantizada hasta la insulina. Pero pobres son también para él, mente privilegiada con cuatro carreras -teología e ingeniería entre ellas- que a los 18 años abandonó su Bilbao natal y a su familia para dejarse la piel en ese lejano El Salvador que le ha dado nacionalidad y sentido a su vida, quienes son pisoteados, humillados, arrastrados, heridos, injuriados... Todos aquellos sujetos siempre anónimos que merecen reparo; esos desheredados para los que en su día Leonardo Boff, el propio Ignacio Ellacuría, él mismo y tantos otros comenzaron a predicar la Teología de la Liberación, esa doctrina revolucionaria que asusta tanto a los próceres en los pasillos del Vaticano y que Juan Pablo II y ahora el papa Ratzinger se han empeñado, con una fijación obtusa, en enterrar. Pero Sobrino y los suyos parece que no van a dejar que se saque de ese hoyo ni una sola palada.
-Con la Iglesia sigue usted topando. ¿Cuándo fue la primera vez?
-Toparse en castellano significa algún tipo de encuentro inesperado o encontronazo. Y la Iglesia es una realidad de muchísimos seres humanos. Con 68 años, en la Iglesia me he topado ante todo con Jesús de Nazaret y después con otras cosas. Una, la primera, cuando yo tenía veintitantos años, con Juan XXIII, que hablaba de un Jesús que bien puede hacer presente la Iglesia o que lo puede ocultar. Los jesuitas estamos en la Iglesia, y en ese sentido me he topado con el padre Arrupe, y en El Salvador me topé con algo que creo que en conjunto es lo mejor: campesinos, oprimidos, pobres, gente sencilla, con gran amor a los demás y con mucha fe en Dios. Al español de hoy, esto le puede sonar a religiosidad fácil o superstición. Pero no tiene por qué ser así. Gente que estaba decidida a arriesgar todo no por una causa, ni por pertenecer a tal o cual partido, sino por amor a los demás. Así surgieron entonces en El Salvador lo que yo llamo mártires.
-¿Por qué mártires?
Son aquellos que en vida y en muerte se parecen a Cristo. En vida porque han tratado de defender al pobre, denunciar al opresor, y en muerte porque acaban crucificados en esa cruz que es terrible y expresión de un gran amor. El símbolo de ese tipo de mártir, con el que yo me topé -y cuando lo escribas pon que cuando pronuncio topar cambio el tono de voz, para aclarar, ¿verdad?-, para mí fue monseñor Romero. Pero es evidente que yo he tenido con otros sectores relaciones más tensas, y estos días se ha hecho público que a varios de nosotros, entre ellos también el padre Ellacuría, las congregaciones nos han cuestionado. A mí, varias veces me han pedido dar cuenta de mis escritos porque creen que mi teología no es adecuada, que contiene errores, que es peligrosa. Estos días se ha hecho público en varios medios de comunicación, tanto lo que ha dicho el Vaticano como lo que han expresado otros teólogos, muy respetables, que no comparten las amonestaciones. Y, por cierto, aprovecho para hacer una aclaración: la carta estrictamente confidencial que escribí al padre Kolvenbach apareció en la prensa sin mi conocimiento ni autorización. Volviendo al asunto. La tensión con esa porción de Iglesia, con algunos jerarcas, ha sido para mí habitual durante 30 años. Ellos también son Iglesia. Pero para mí, ante todo, lo son quienes nos hacen presente a Jesús. Yo me topé con esas gentes. Me enseñaron a vivir con esperanza, con menos egoísmo, con alegría.
¿También le ha marcado una cierta conciencia de superviviente, después de haberse salvado de una matanza o ver como caían otros, como monseñor Romero?
Aquello fue un shock. Estaba en Tailandia precisamente dando un curso de cristología, hablando de pueblos enteros crucificados.
Ochenta mil en El Salvador...
Así es. Pero le cuento cómo recibí aquella noticia. En Tailandia eran las doce de la noche y un amigo me llamó de Londres. Tuve la sensación, por la hora, de que algo serio había pasado, y pensé: Ellacuría. Mi amigo me preguntó: "¿Tienes papel y lápiz? Han matado a Ellacuría, y a Nacho, y a Santiago Montes, y al padre López-López, y a Juan Ramón Norea, y a Amando...", y así siguió. Y ahora ya no siento ni el dolor, ni el shock, ni la indignación de entonces, pero en el fondo me pasa lo mismo, como si me fueran quitando uno a uno jirones de piel. Pero mi máxima indignación fue cuando me dijeron lo de la cocinera y una hijita suya, y si lo cuento no es para que suene lírico, es porque lo siento. Porque que mataran a Ellacuría era una barbaridad, pero ¿cómo no le iban a matar? Predicaba contra los sumos sacerdotes, los fariseos, el opresor..., no era sorpresa. Ahora, que mataran a una cocinera que pasaba escondida la noche en nuestra casa porque la guerra había llegado a la ciudad y no era seguro salir, eso superaba las reglas del mal. Quedé en silencio y paseé por una playa que estaba cerca con un compañero que venía conmigo. En un momento me dijo: "¿Has pensado por qué no te han matado a ti?". Y me salió una respuesta tomada casi de antiguas vidas de santos: "Pues se ve que no soy digno". No sabía qué decir. Al día siguiente hicieron allí una misa, con un altar de flores precioso, y yo comenté: "Tengo una mala noticia que daros: han matado a toda mi familia. Pero tengo una buena noticia también: he vivido con gente buena". Así pienso hoy día.
¿Cómo estas personas tan próximas al martirio, que se han jugado el pellejo, no se las reconoce como a auténticos Cristos en su Iglesia?
Yo tampoco lo entiendo. Me preocupa y a veces me indigna. Mi esperanza es que pronto, oficialmente o con algún signo eclesial que todo el mundo entienda, canonicen a monseñor Romero y a todos los mártires latinoamericanos y del Tercer Mundo. Ya he dicho que me entristece que no ocurra. Pero también he dicho que no me gusta ser profeta de calamidades. A veces pienso que los medios encubren muy interesadamente la maldad y las aberraciones, pero que encubren todavía más la bondad. El amor de aquellas personas está vivo en muchos. En sus aniversarios se juntan multitudes. ¿Qué hacen allí? Recordar que han visto y oído cosas buenas, y cuando digo buenas me refiero a enseñanzas que les han dado dignidad. Recuerdan, con lágrimas, a hijos muertos, inocentes a los que han denigrado; que los han llamado comunistas, algo que allí es equivalente a calificar a alguien de terrorista aquí.
Eran los tiempos de "Hagan patria, maten un cura"...
Exactamente. Y en esas procesiones, las madres les dicen a sus hijos que su padre no fue un criminal, sino un buen hombre, generoso, que se organizó en movimientos políticos y lo mataron. Luego, claro, allí, Dios suena a algo real. Pero ¿cómo es Dios para ellos? Esa fuerza, ese misterio que ni vemos ni tocamos, de alguna manera nos conoce, nos quiere, nos da dignidad. Que luego le pidan milagros, a mí me parece muy bien, porque si no tienen seguro social, ni dinero, ni nada, si Estados Unidos ni la Unión Europea les arreglan la vida, ¿qué van a hacer? Es cierto que ese misterio también puede ser alienación. Psicólogos, psiquiatras, economistas habrá que lo analicen, a mí no me acaban de convencer del todo. Los que nada tienen, de Dios sacan fuerza para vivir, y en esto no veo alienación.
No le convencen porque ustedes han visto en Dios una materia revolucionaria, más que de resignación.
Entiendo, entiendo. Estoy de acuerdo. Si no hay más que ver. Jesús de Nazaret, ¿qué dijo? Ay de ustedes los ricos, que han comido y han gozado, sufrirán. Los que pasan hambre, los que lloran, comerán y reirán. Esas palabras hay que hacerlas históricamente eficaces, hay que buscarles modos concretos. Pensar en Jesús, en Dios, así, entonces era y es revolucionario.
¿Entonces? ¿Cuándo es entonces?
Los años setenta, ochenta. Todavía ahora queda algo. Revolucionario quiere decir eso: darle vuelta a las cosas. La revolución no se da sólo en el ámbito político, sino en el humano; pensar distinto, tener esperanza, que no vivamos en un mundo sumamente injusto como el actual, con las democracias más importantes a la cabeza. Una revolución en la esperanza, en la caridad..., una famosa palabrita que ya no creo que se use...
Pues porque a la caridad, el sentido que le ha otorgado la Iglesia es el de esa propina para los pobres. ¿Ustedes le han dado valor revolucionario?
De nuevo hay que distinguir cosas al hablar de la palabra Iglesia. Cierto es que hay una tradición y una doctrina de la Iglesia en que la caridad se entendió más como acaba de decir. Pero con Juan XXIII, incluso con Juan Pablo II, tiene más que ver con el amor, con el sentido de la justicia. Con proclamar una verdad que defiende al pobre frente a quien le oprime. Pero yo también creo en el equivalente a cariño, ternura, delicadeza. Un ámbito del amor distinto al de justicia que humanizan personal y socialmente. Lo que no se puede admitir es el sentido que le daban algunas novelas del siglo pasado, en las que salían marquesas que hablaban de "mis pobres", ¿verdad? Y ojalá tampoco lo digan hoy, entre otros lenguajes, Iglesias, Estados, ONG.
Aun así, como concepto, sigue en crisis.
La justicia está en crisis en la Iglesia. No creo que se vuelque hacia ella con todo el peso social que tiene. Y no digamos en la sociedad. Al viajar a Europa o a Estados Unidos no veo que los pueblos y sus Gobiernos vivan y se desvivan para que 2.000 o 3.000 millones de seres humanos puedan simplemente vivir...
Puede que la gente que tiene las necesidades cubiertas crea que ya ha pasado la revolución, que no la necesita.
Sí, y se ríen un poquito de todo esto. Pero es que la esencia que mueve el amor y los cambios está en no empezar por uno mismo. Hemos ido aprendiendo cosas. Es normal que uno se fije en sus hijos; pero mientras no se salga de ese yo familiar, no hacemos nada y somos ignorantes.
En cuanto a señalar a los pobres, a veces es la jerarquía la que nos hace caer en la cuenta de que existen condenando determinadas prácticas, como ha ocurrido en Madrid en la parroquia de San Carlos Borromeo que quieren cerrar.
Evidente. Me da tristeza que no haya creatividad cristiana para que la Iglesia institucional no resuelva estos problemas y no dialogue. Que los medios lo saquen a relucir puede ayudar. Pero debemos ir a lo profundo. Hay mucha gente..., religiosos silenciados que hacen una gran labor, pero no se sabe, no se difunde porque hoy existe un cierto miedo al bien. La bondad se silencia. ¿Por qué? Porque nos viene a decir que es posible, que es asequible a todo el mundo, y que no se ejercita porque nos exige algo. No sólo la heroica, la del día a día.
Quienes primero tienen miedo de hacer explícita esa bondad parecen estar en la Iglesia, porque no es normal que a ustedes o a quienes andan por el Congo o comprometidos aquí con marginados se les azuce. Mucha gente se pregunta por qué no se han salido ustedes. Qué les hace seguir dentro de una organización que les maltrata.
Yo le contaré mi caso. No me he salido porque nunca se me ha ocurrido. He visto un "invierno eclesial", que decía Karl Raher. Un retroceso en la entrega sincera a los pobres de este mundo. Pero sigo en la Iglesia. Porque veo un sentido en esta tradición de Jesús que, al pasar por la Iglesia, por un lado se ha deteriorado muchísimo. Eso, sin duda. En ella me entrego a Jesús de Nazaret, con problemas fuera e inmensas incoherencias de la Iglesia con ese Jesús, y con problemas dentro, mis limitaciones, épocas de gran oscuridad; pero me encuentro en mi casa, con innumerables compañeros con los que caminar. En esa casa siento una gran luz y ánimo en medio de las decepciones. También vengo de una tradición democrática, cuyos Estados han asesinado a millones de seres humanos inocentes, violentamente, con bombas atómicas y convencionales, con torturas y guerras injustas, con políticas comerciales que pueden aumentar la muerte por hambre. Y, sin embargo, hay seres humanos que honradamente pueden seguir esperando el advenimiento de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Cuando preguntas a alguien por qué no se sale de su visión democrática, puede responder: porque están representados todos los partidos y yo me apunto al que más me convence. En la Iglesia, lo mismo. Hay varias tendencias.
Pero el Espíritu Santo siempre tiende a elegir a los mismos.
Bueno, el Espíritu Santo, así nombrado, con perdón, es poco riguroso. No es el ministro de Asuntos Exteriores que designa embajadores. Es ese misterio que llamamos Dios, y que tiene fuerza; no poder, fuerza. A Dios lo empequeñecemos seriamente cuando empezamos a hablar de él en términos de poder. ¿Para qué le sirve la fuerza? Ah, para que los seres humanos hagamos el bien. El Espíritu no es eso que está sobrevolando en un cónclave...
Son metáforas, padre, metáforas.
Sí, pero metáforas que desvían. Espíritu significa viento, fuerza. Yo, ¿dónde lo he encontrado? En Juan XXIII, en Arrupe, en un compañero jesuita, Javier Ibisate, que acaba de fallecer; lo veía en Gorbachov, se ve en los campos de refugiados de Bukavu... Cuando he estado con gente que ha dicho: aquí nos quedamos. Ya está.
Aun así, y aunque crea usted que la Iglesia no es poder, que resulta evidente que lo es, siempre se fija en los mismos.
La Iglesia debe ser ante todo fuerza, pero, en la realidad, también es poder. Lo sé muy bien. El espíritu a veces no está en la Iglesia cuando no se hace el bien, sino el mal. Pero está cuando somos fieles a Jesús. Dice él en el Evangelio de Lucas: "El espíritu está sobre mí, me ha configurado. ¿Para qué? Para dar vista a los ciegos, para hacer caminar a los cojos, para anunciar una buena noticia y para liberar a los pobres. Él comprende así al Espíritu. Entonces, ¿dónde lo veo yo? ¿Donde está el poder? No. Ahí es donde aprecio lo que constituye a los seres humanos, que lleva también al egoísmo, al sometimiento, a la falta de entendimiento. Esta sociedad necesita espíritu, y no sólo espíritu crítico, sino otras cosas; espíritu que nos dé fuerza para la reconciliación.
¿Dónde?
Aquí, en África, en Naciones Unidas...
Ya, porque eso le iba a preguntar. Pese a lo lejos que le queda España, ¿cómo ve el conflicto en el País Vasco, que es su tierra natal? Ya notará cómo andan por aquí los cuchillos. ¿Tendrá su opinión?
No soy muy amigo de tener sólo opiniones. Leo ahora los blogs, que están llenos de eso, de opiniones. Y se pueden decir cosas verdaderamente disparatadas. Ante asuntos serios no me gusta expresar sólo opiniones. Yo, ¿qué observo? Se ha llegado aquí a un buen vivir que es en la práctica un absoluto, un ídolo, y eso dificulta muchas cosas. Esto lo tengo meditado, no es sólo una opinión para un blog...
Le tienen obsesionado los 'blogs'. No los lea, hombre. No conducen a la felicidad.
Bueno, pero son una realidad, como los partidos de fútbol. Hay partidos en los que 44 piernas corriendo equivalen casi al presupuesto de un país africano como Chad. Que eso ocurra...
Es pornográfico.
Obsceno, yo lo he escrito. Eso me impacta. Lo de ETA, por otra parte, es serio, evidentemente. Yo soy de allí, pero no tengo fórmulas. Mi esperanza es, a medio plazo, humanizar aquello..., gentes, ideas, esperanzas. No sé cuánto llevará.
Al menos una generación. Pero veo que a usted no le preocupa el hecho de que tenga que haber una negociación tarde o temprano, que es evidente, sino cómo curará esa herida después de años de violencia.
Supongo que acabará con algún tipo de negociación. Pero eso lo hacen seres humanos. Se debe hacer con perspectiva política para que salga bien; pero todo eso, además, debe tener en cuenta el factor humano. No me es fácil hablar de esto. Tengo esperanza en que podamos vivir humanamente unos con otros. Y eso significa no tener miedo a no poner el problema en términos de vencedores y vencidos. Algo de eso he aprendido en El Salvador. La esperanza de reconciliación es posible, los seres humanos pueden perdonar.
¿Qué le ha molestado a la Iglesia de su idea de Cristo? ¿Por qué llevan 30 años mareándole?
Bueno, se ha hecho público. En el Vaticano dicen que yo presento a un Cristo muy humano, cercano a los pobres, y que eso les parece bien, pero que no expreso con suficiente claridad su divinidad. Hay teólogos capaces y responsables que piensan que mis escritos no incurren en esos peligros.
A lo mejor es que esa divinidad es radicalmente humana.
Sí, sí, sí, es que está en la doctrina más tradicional de la Iglesia. La clave está en cómo esa divinidad se ha hecho visible. En la fe cristiana, a diferencia de otras, se da un paso crucial, y no así en otras: que ese misterio se hizo presente. Que Jesús es el sacramento. Fue Jesús de Nazaret el que dice tener una idea de humanidad. Los bienaventurados, los sencillos, los limpios de corazón, quienes luchan y trabajan por la paz y la justicia. Es el de la palabra del Buen Samaritano.
Es el mismo Jesucristo, entonces, quien pone en evidencia esa doctrina. Su mensaje radical es humanismo. ¿Cómo la jerarquía no lo entiende, o ese tribunal...? Por cierto, ¿cómo es ese tribunal?
Pues un tribunal que se reúne en Roma, que analiza los aspectos teológicos y juzga si están o no de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.
¿Pero usted ha estado?
No, mi contacto ha sido por escrito.
¿Qué les ha dicho?
Pues lo que se ha hecho público. Que el misterio de Dios se hizo presente en Jesús. Que es la encarnación del hijo eterno del padre que es divino, pero que lo que nosotros vemos es el producto de esa encarnación. Que el misterio de Dios pasa por este mundo en él y que estuvo a merced de los poderes de este mundo; por eso no me gusta llamarlo omnipotente, porque lo insultan, y él no tiene más que dejarse insultar y acabar en la cruz. Lo que podemos saber de él es lo que se ha hecho presente aquí. Hay teólogos que hablan de un Dios crucificado. Jesús es esa realidad humana, transparente, que también se ha visto en otros.
Y esa divinidad que ha apreciado usted en otros estaba en los mártires de El Salvador. ¿Se siente usted una especie de apóstol de ellos al haber sobrevivido?
Jesús se ha hecho presente de una manera especial, pero, indudablemente, ese Dios se ha hecho presente además en muchos otros. En Ellacuría, en monseñor Romero..., en muchos. En cuanto a lo de sentirme apóstol de ellos, pues sí, pero sin dramatizarlo. No tengo conciencia en absoluto de haber llevado la antorcha de Ellacuría, pero sí siento una fuerza que me empuja a seguir por ese camino, con la idea de pertenecer a una tradición, a un grupo.
¿Cómo les recuerda?
Cada uno tenía su forma de ser. Ellacuría era ocho años mayor que yo y era el discípulo predilecto de Zubiri, y éste lo llamaba a él; era un filósofo impresionante que usó su conocimiento para bajar de la cruz a los crucificados. Tenía las limitaciones de todo ser humano, pero esa idea de que en El Salvador se encontró con un cuerpo crucificado...
Que debía liberar...
Así es. Eso era lo positivo. Y, simultáneamente, enfrentarse a todos aquellos que han crucificado a los pueblos.
Era todo un radical, ¿no?
Sí, pero radical con amor radical al pueblo víctima. También fue un filósofo crítico. No aceptaba cualquier enfoque de Dios crédulamente. Se movía como filósofo en un mundo donde Dios no era lo evidente.
¿Usted también?
Sí, claro, los filósofos de ahora son agnósticos.
Pero eso les habrá ocasionado enormes y permanentes crisis de fe.
Algunas. De Ellacuría, que no era nada crédulo, he escrito que luchó con Dios, como Jacob. Y pienso que Dios le venció. Aquello no fue para él una cosa sencilla. Uno lee a Nietzsche y ve que es un ateo como Dios manda... Ateo, eh, en serio, no un ateíllo. Pero Ellacuría, por otra parte, vio en otros, como en monseñor Romero, a alguien que tenía presencia de Dios. Y lo dijo. Tres días después de que lo mataran: "Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador". Y eso dominó en él más que otras cosas.
O sea, que ustedes vieron en Romero a un santo.
Más. Esa palabra no describe la calidad de mi experiencia.
¿Más que a un santo?
No encuentro términos apropiados. Su palabra, su compasión no sólo nos remitía a Dios, sino que hacía a Dios presente.
Esto, algunos lo podrían ver como una blasfemia.
Espero que no. Romero no era un intelectual, como Ellacuría. Incluso fue moderado y cambió a raíz del asesinato de Rutilio Grande. Entonces se convirtió en un decidor de la verdad. Claro, la verdad en El Salvador era denunciar una opresión espantosa. Sus homilías eran terriblemente duras, pero consoladoras. Su última homilía fue durísima contra la Guardia Nacional. Se dirigió a ellos diciendo: "Nadie está obligado a obedecer una orden de matar. En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo, les ruego, les pido, les ordeno cesen la represión".
Eran ustedes duros. Porque llegaron a justificar la violencia en algunos casos.
Es una verdad mucho más compleja. La violencia había comenzado mucho antes de que ellos hablaran. Provenía del lado de la opresión criminal de la derecha que mataba a la gente, algunos se organizaron para combatirla a diversos niveles, uno de ellos armado. Ellacuría habló de la redención de la violencia, y una de las condiciones para eso es, primero, cargar con ella. Yo sé que es terrible, pero es eso, estar dispuesto. Aunque antes hay que erradicar también las causas que le dieron origen. Lo que tenía de carga nuestra posición era eso, erradicar la pobreza; acabar con las estructuras económicas, sociales, políticas..., transformarlas. Pero cargar con la violencia quiere decir que te den, así, como suena. Habló de poner fin de manera negociada a la situación salvadoreña. De humanizar la violencia. Pero eso es algo muy creativo. ¿Cómo se hace? Aportando verdad, comprensión, perdón; ofreciendo perdón; aceptando perdón. A Ellacuría, qué curioso, lo mataron cuando él estaba negociando la paz. Era consciente. Me lo dijo: "Ahora que estoy trabajando por la paz es cuando me pueden matar". Y no cuando defendía la resistencia a la violencia. Pero lo decía con serenidad.
Esa diabetes le hace a usted más fuerte, si cabe.
Nunca he hecho drama de ella. Desde hace más de treinta años soy diabético. Me quita energías. Hay momentos peores, una vez tuve un coma, pero la diabetes ya es compañera; si fuera san Francisco de Asís diría: "La hermana diabetes". Pero yo vivo porque puedo comprar insulina, que es cara, y tiritas para medir el azúcar. Puedo vivir, mientras que quienes yo defino como pobres, es decir, aquellos que no dan la vida por supuesta, espero que me comprendan.
¿Qué les ha dicho?
Pues lo que se ha hecho público. Que el misterio de Dios se hizo presente en Jesús. Que es la encarnación del hijo eterno del padre que es divino, pero que lo que nosotros vemos es el producto de esa encarnación. Que el misterio de Dios pasa por este mundo en él y que estuvo a merced de los poderes de este mundo; por eso no me gusta llamarlo omnipotente, porque lo insultan, y él no tiene más que dejarse insultar y acabar en la cruz. Lo que podemos saber de él es lo que se ha hecho presente aquí. Hay teólogos que hablan de un Dios crucificado. Jesús es esa realidad humana, transparente, que también se ha visto en otros.
Y esa divinidad que ha apreciado usted en otros estaba en los mártires de El Salvador. ¿Se siente usted una especie de apóstol de ellos al haber sobrevivido?
Jesús se ha hecho presente de una manera especial, pero, indudablemente, ese Dios se ha hecho presente además en muchos otros. En Ellacuría, en monseñor Romero..., en muchos. En cuanto a lo de sentirme apóstol de ellos, pues sí, pero sin dramatizarlo. No tengo conciencia en absoluto de haber llevado la antorcha de Ellacuría, pero sí siento una fuerza que me empuja a seguir por ese camino, con la idea de pertenecer a una tradición, a un grupo.
¿Cómo les recuerda?
Cada uno tenía su forma de ser. Ellacuría era ocho años mayor que yo y era el discípulo predilecto de Zubiri, y éste lo llamaba a él; era un filósofo impresionante que usó su conocimiento para bajar de la cruz a los crucificados. Tenía las limitaciones de todo ser humano, pero esa idea de que en El Salvador se encontró con un cuerpo crucificado...
Que debía liberar...
Así es. Eso era lo positivo. Y, simultáneamente, enfrentarse a todos aquellos que han crucificado a los pueblos.
Era todo un radical, ¿no?
Sí, pero radical con amor radical al pueblo víctima. También fue un filósofo crítico. No aceptaba cualquier enfoque de Dios crédulamente. Se movía como filósofo en un mundo donde Dios no era lo evidente.
¿Usted también?
Sí, claro, los filósofos de ahora son agnósticos.
Pero eso les habrá ocasionado enormes y permanentes crisis de fe.
Algunas. De Ellacuría, que no era nada crédulo, he escrito que luchó con Dios, como Jacob. Y pienso que Dios le venció. Aquello no fue para él una cosa sencilla. Uno lee a Nietzsche y ve que es un ateo como Dios manda... Ateo, eh, en serio, no un ateíllo. Pero Ellacuría, por otra parte, vio en otros, como en monseñor Romero, a alguien que tenía presencia de Dios. Y lo dijo. Tres días después de que lo mataran: "Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador". Y eso dominó en él más que otras cosas.
O sea, que ustedes vieron en Romero a un santo.
Más. Esa palabra no describe la calidad de mi experiencia.
¿Más que a un santo?
No encuentro términos apropiados. Su palabra, su compasión no sólo nos remitía a Dios, sino que hacía a Dios presente.
Esto, algunos lo podrían ver como una blasfemia.
Espero que no. Romero no era un intelectual, como Ellacuría. Incluso fue moderado y cambió a raíz del asesinato de Rutilio Grande. Entonces se convirtió en un decidor de la verdad. Claro, la verdad en El Salvador era denunciar una opresión espantosa. Sus homilías eran terriblemente duras, pero consoladoras. Su última homilía fue durísima contra la Guardia Nacional. Se dirigió a ellos diciendo: "Nadie está obligado a obedecer una orden de matar. En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo, les ruego, les pido, les ordeno cesen la represión".
Eran ustedes duros. Porque llegaron a justificar la violencia en algunos casos.
Es una verdad mucho más compleja. La violencia había comenzado mucho antes de que ellos hablaran. Provenía del lado de la opresión criminal de la derecha que mataba a la gente, algunos se organizaron para combatirla a diversos niveles, uno de ellos armado. Ellacuría habló de la redención de la violencia, y una de las condiciones para eso es, primero, cargar con ella. Yo sé que es terrible, pero es eso, estar dispuesto. Aunque antes hay que erradicar también las causas que le dieron origen. Lo que tenía de carga nuestra posición era eso, erradicar la pobreza; acabar con las estructuras económicas, sociales, políticas..., transformarlas. Pero cargar con la violencia quiere decir que te den, así, como suena. Habló de poner fin de manera negociada a la situación salvadoreña. De humanizar la violencia. Pero eso es algo muy creativo. ¿Cómo se hace? Aportando verdad, comprensión, perdón; ofreciendo perdón; aceptando perdón. A Ellacuría, qué curioso, lo mataron cuando él estaba negociando la paz. Era consciente. Me lo dijo: "Ahora que estoy trabajando por la paz es cuando me pueden matar". Y no cuando defendía la resistencia a la violencia. Pero lo decía con serenidad.
Esa diabetes le hace a usted más fuerte, si cabe.
Nunca he hecho drama de ella. Desde hace más de treinta años soy diabético. Me quita energías. Hay momentos peores, una vez tuve un coma, pero la diabetes ya es compañera; si fuera san Francisco de Asís diría: "La hermana diabetes". Pero yo vivo porque puedo comprar insulina, que es cara, y tiritas para medir el azúcar. Puedo vivir, mientras que quienes yo defino como pobres, es decir, aquellos que no dan la vida por supuesta, espero que me comprendan.
Justicia militar
Justicia militar: de la Inmunidad a la impunidad/Jorge Carrasco Araizaga, reportero.
Publicado en Proceso No. 1598, 17/06/2007
En la “guerra” emprendida por Felipe Calderón, el Ejército Mexicano no sólo viola la Constitución y desatiende las recomendaciones de la ONU, sino que al tomar en sus manos el proceso de los 19 militares que mataron a cinco miembros de una familia en La Joya, Sinaloa, beneficiará a los homicidas con penas mínimas. Tal es la conclusión de varios expertos consultados por Proceso que, sin embargo, advierten que esas anomalías y los vicios de origen del Código de Justicia Militar pudieran motivar un recurso de los civiles afectados que obligara al Poder Judicial de la Federación a revisar el caso e inclusive llegar hasta el propio secretario de la Defensa...
De la mano de Felipe Calderón, el Ejército Mexicano ha incurrido en violaciones a la Constitución, a los derechos humanos y a las recomendaciones de la ONU en el sentido de que el Estado debe hacer prevalecer la justicia ordinaria sobre la castrense, sobre todo cuando las víctimas de los militares son civiles.
Lo anterior se desprende de declaraciones hechas a este semanario por especialistas en garantías constitucionales y derechos humanos, así como en justicia penal militar, consultados en torno a la matanza de una familia en el poblado La Joya, Sinaloa, y al proceso que se sigue a los tres oficiales y 16 elementos de tropa detenidos.
Los expertos advierten que la justicia militar por los hechos de violencia del pasado 1 de junio en el municipio de Sinaloa de Leyva –donde murieron cinco personas, tres de ellas menores de edad, en tanto que otras tres resultaron heridas– no alcanzará a los mandos que ordenaron el desplazamiento de los militares porque es justamente el secretario de la Defensa, general Guillermo Galván Galván, quien administra la justicia en el Ejército y nombra a toda la estructura de ese aparato.
Dicen, no obstante, que esa matanza pudiera derivar en que el Poder Judicial de la Federación revise la constitucionalidad del Código Militar que, al ser emitido en 1934, no pasó por el Congreso y que, al colocarse por encima de la justicia ordinaria, es muy benigno con los militares cuando afectan a civiles.
“Lo ocurrido en Sinaloa es un caso doloroso, pero también una oportunidad para que el Poder Judicial tome posición si la familia se ampara en contra de la decisión del Ejército y de las autoridades civiles de que sea la Procuraduría de Justicia Militar la que investigue los hechos”, expresa Miguel Sarre, quien en 2003 fue consultor de la ONU para elaborar un diagnóstico sobre los derechos humanos en el país donde se criticó el alcance que tiene el fuero militar en México.
Además, el de la familia acribillada no es el único caso en que el Ejército ha sido recientemente cuestionado, sino también en el relativo a las violaciones de mujeres en Michoacán, donde la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha documentado por lo menos dos casos, luego de que el mismo organismo exoneró a las fuerzas castrenses de la muerte de la anciana Ernestina Ascencio en Zongolica, Veracruz, víctima de una presunta violación cometida por militares.
Sin embargo, el abogado litigante en la justicia penal militar Félix Garza advierte que el caso de Sinaloa se podría cerrar en los próximos meses con una pena mínima para los responsables, conforme al Código de Justicia Militar (CJM).
Defensor en acusaciones de las que han quedado absueltos los generales Francisco Gallardo, Francisco Quirós Hermosillo (ya fallecido) y Jesús Gutiérrez Rebollo, Garza explica que los militares implicados en la matanza de Sinaloa se benefician no sólo por quedar a cargo de la justicia militar, sino también por la forma en que fue tipificado el delito: “violencia contra las personas” causante de homicidio y lesiones calificadas.
A su juicio, todo debió quedar en manos de las autoridades de Sinaloa, porque los militares estaban realizando una labor de policía no permitida por la Constitución. En todo caso, matiza, por el tipo de arma utilizada, la Procuraduría General de la República pudiera haberse encargado de la investigación.
“Pero, en definitiva, no tenía que ser la justicia penal militar la que llevara el proceso” contra los soldados que dispararon hacia la camioneta donde viajaba la familia, a la que distintas instancias militares obstruyeron luego el paso en su trayecto para atender a los heridos (Proceso 1597).
Y aunque “se presume que estamos ante instituciones de buena fe –continúa–, las penalidades son muy benignas para el personal castrense, pues de acuerdo con el CJM la máxima penalidad para el homicidio pudiera ser de 15 años”, en comparación con los 30 establecidos en el Código Penal Civil.
Debido a que el auto de formal prisión que dictó el juez adscrito a la III Región Militar, con sede en Mazatlán, se refiere al delito de violencia, el abogado estima que la penalidad podría ser menor, de acuerdo con el castigo previsto en el artículo 330 del CJM.
Esa disposición establece que quien “hiciere innecesariamente uso de las armas contra cualquier persona, o que sin autorización ejerciere cualquier otro acto injustificado de violencia contra algún individuo, será castigado con la pena de un año de prisión”, aunque las circunstancias abren la posibilidad de una pena de 15 años, “tal vez conmutable a 20”, acota el litigante.
Garza advierte también que, para reducir la sentencia, los implicados pueden alegar una excluyente de responsabilidad: que actuaron bajo órdenes del servicio. El CJM considera la violencia a los civiles como una falta a la disciplina militar. Según el artículo 57, fracción II, inciso a, son delitos contra la disciplina militar aquellos del orden común o federal cuando “fueren cometidos en los momentos de estar en servicio o con motivo de actos del mismo”.
Lo que pueden alegar entonces es que lo ocurrido “se hizo en cumplimiento de una orden desde el punto de vista militar”. Es decir, el principio de la “obediencia debida”.
Pero nadie está autorizado para cometer un delito, aunque sea bajo una orden, puntualiza el abogado, y ejemplifica con lo que podría decir ante esto un miembro de la tropa: “Por más que me digan ‘aquí no pasa nadie’, a pesar de exponerme a sufrir una infracción por parte de mis superiores, yo razono y no voy a poner en peligro a nadie, contra esas órdenes”.
Calcula que si se decide castigar por un año a los responsables, el proceso no puede durar más de cuatro meses, pues no se abriría Consejo de Guerra. Si la pena es mayor a dos años, se abre esa instancia, pero si es inferior, la determinación es judicial, explica.
“Esto va a ocultarse bajo el fuero de guerra, como muchas otras cosas. El panorama no es nada halagüeño, menos para las familias de las víctimas. Los ciudadanos quedan indefensos ante la militarización de la procuración de la justicia”, afirma desde su experiencia de litigio contra el Ejército.
Código inconstitucional
Lo ocurrido en el retén del municipio Sinaloa de Leyva no es un hecho aislado en las violaciones a la Constitución identificadas por los expertos. Félix Garza menciona que las faltas se dieron desde el momento en que se decidió que las Fuerzas Armadas establecieran puestos especiales de vigilancia.
El artículo 129 de la Constitución proscribe las labores policiacas del Ejército en tiempos de paz. En ese período, dice el texto constitucional, “ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar”. Ello significa que todos los retenes son ilegales, pues la ley no se puede aplicar por excepción.
El abogado insiste en que el Ejército no puede hacer labores de policía. “Lo hace a conveniencia del Ejecutivo, pero no está facultado para eso”, a pesar de la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, en 1996, autorizó la participación de las Fuerzas Armadas en acciones civiles en favor de la seguridad pública, pero a condición de ser respetuosas del derecho y de las garantías individuales.
Garza menciona otra violación a la Constitución: El Código de Justicia Militar, publicado en el Diario Oficial de la Federación en agosto de 1933 y vigente a partir de 1934, fue emitido por el entonces presidente Abelardo L. Rodríguez, pero nunca pasó por el Congreso. Sólo fue refrendado por los entonces secretarios del Despacho de Guerra y Marina y de Gobernación.
“El Congreso le ha hecho algunas reformas que en cierta forma lo han validado, pero está viciado de origen. Se ha corregido algo que no es jurídicamente válido”, afirma.
El profesor e investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México Miguel Sarre encuentra otros actos de inconstitucionalidad, tanto en la actuación de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en el caso de Sinaloa, como en el propio CJM:
“Dejar el asunto en la justicia militar es contrario a la Constitución. En el 2000 se hizo una adición al apartado B del artículo 20 de la Constitución para establecer un sistema de protección a las víctimas. Eso tuvo repercusión en el artículo 13 constitucional, según el cual en ningún caso los tribunales militares pueden extender su jurisdicción sobre civiles”.
Exsecretario técnico del Consejo de la CNDH y extitular de la tercera visitaduría del organismo, Sarre sostiene que la reforma fue importante porque tuvo que ver no sólo con los inculpados, sino con los derechos de las víctimas. Pero en este caso “los juzgados militares se están extralimitando porque están aplicando a los civiles el fuero militar”, que es sólo para la disciplina interna de las Fuerzas Armadas.
Además, “se está aplicando un Código que de por sí es inconstitucional”, pues ni el Ejecutivo ni el Legislativo han corregido la primacía en que ese instrumento coloca a la justicia militar sobre la civil.
De acuerdo con el abogado especializado en justicia y derechos humanos, procede interponer un amparo en contra de la inconstitucionalidad del artículo 57 fracción II, inciso a del Código de Justicia Militar: “Lo ocurrido en Sinaloa es un asunto de tal envergadura que se debe plantear de esa manera. De otro modo, será un tema más que quede impune”.
Aunque es un caso doloroso, prosigue, “también es una oportunidad para que el Poder Judicial de la Federación tome posición”, ya sea en los tribunales o en la propia Suprema Corte.
Rechaza, así mismo, el argumento de la obediencia como atenuante de los hechos: “La obediencia debida no procede cuando se trata de un asunto suficientemente delictivo”. Y más aún, plantea que debiera determinarse la responsabilidad superior, es decir, identificar a quienes dieron la orden para usar la fuerza. “Lo primero a tomar en cuenta es que se trata de cuerpos jerarquizados, por lo que se puede llegar hasta el secretario de la Defensa Nacional”.
Sin embargo, descarta que la responsabilidad alcance al presidente de la República, como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
“Técnicamente, el presidente no está vinculado con la forma específica en que se deben realizar los operativos” contra el narcotráfico, si bien la decisión política es de él. Cómo máximo, apunta, “la responsabilidad jurídica puede llegar al secretario” de la Defensa.
La Sedena presenta sus operativos y el establecimiento de retenes como resultado de “la campaña permanente contra el narcotráfico y la aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos”, pero para el investigador Miguel Sarre es un vano intento de darle legalidad a sus acciones.
“Es una mentira que los operativos sólo se estén haciendo en aplicación de esa ley. El problema es que no se ha legislado de frente. Hace falta legislar sobre las garantías individuales en una materia que se conoce como el debido proceso y que es compatible con los derechos humanos.”
Esa legislación, relativa a actos de investigación restrictivos de derechos y medidas cautelares y de apremio, se puede hacer con arreglo a lo establecido por Naciones Unidas sobre la potestad legítima del Estado y podría ser parte de la reforma judicial que se pretende, precisa.
Inmunidad militar
En 2003, Sarre participó en la elaboración del Diagnóstico sobre los Derechos Humanos en México que estuvo a cargo de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
En el reporte se asentó: “La aplicación del CJM a miembros de las Fuerzas Armadas inculpados de ilícitos que estrictamente no constituyen una trasgresión a la disciplina militar y, por otra parte, el alcance que en esos casos tienen las resoluciones de la justicia militar en perjuicio de víctimas y ofendidos particulares, principalmente tratándose de violaciones a los derechos humanos, afectan los derechos de las víctimas reconocidos en el ámbito nacional e internacional”.
En el caso del artículo 57 del CJM, observa que la disposición de incluir en el fuero militar los delitos del fuero común o federal que fueran cometidos en los momentos de estar en servicio o con motivo de actos del mismo, “permiten extender aún más la jurisdicción militar”.
También recuerda que, desde 1997, la Relatoría Especial de la ONU sobre la Tortura advirtió que en México “el personal militar parece ser inmune a la justicia civil y generalmente protegido por la justicia civil”.
Desde entonces, Naciones Unidas le recomendó al Estado mexicano que “los casos de delitos graves cometidos por el personal militar contra ciudadanos civiles, en particular tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, deberían, independientemente de que tuvieran lugar en acto de servicio, ser conocidos por la justicia civil”.
Como resultado de ese diagnóstico del Alto Comisionado de la ONU, el gobierno del expresidente Vicente Fox prometió una serie de reformas constitucionales, entre ellas al artículo 13 de la Carta Magna, con el propósito de que los órganos de justicia militar no extiendan su jurisdicción ni en la investigación ni en la sanción de los delitos del orden común o que impliquen violaciones a los derechos humanos. El compromiso se quedó en un buen propósito, ya que el tema nunca se discutió en el Congreso.
El representante de ese Alto Comisionado de la ONU en México, Amerigo Incalcaterra, enfatizó la semana pasada que el caso de Sinaloa corresponde a los tribunales civiles y no al Ejército, conforme a los postulados de la ONU y de la jurisprudencia internacional.
El general Francisco Gallardo, quien durante ocho años estuvo encarcelado mediante argucias de la justicia militar ante su propuesta de crear un defensor de los derechos humanos dentro del Ejército, opina que aun cuando el Ministerio Público Militar quisiera hacer una investigación independiente, el artículo 81, fracción IV del CJM, lo somete a cumplir las órdenes del titular de la Sedena.
También llama la atención sobre los derechos humanos de los detenidos, pues considera difícil que los 19 hayan participado en la matanza. “Se trata de una acusación masiva que hace la justicia militar sólo como un ejemplo para las demás unidades. En el Ejército los castigos masivos son comunes”.
En el Ejército existe “la fatiga”, que es una relación que incluye el nombre del batallón, de la unidad, del comandante, el tipo de armas que se lleva, el lugar donde se instala y los turnos. Por tanto, es fácil saber quiénes estuvieron involucrados en los homicidios. Por eso, concluye, sorprende que hayan detenido a tantos elementos de tropa.
Publicado en Proceso No. 1598, 17/06/2007
En la “guerra” emprendida por Felipe Calderón, el Ejército Mexicano no sólo viola la Constitución y desatiende las recomendaciones de la ONU, sino que al tomar en sus manos el proceso de los 19 militares que mataron a cinco miembros de una familia en La Joya, Sinaloa, beneficiará a los homicidas con penas mínimas. Tal es la conclusión de varios expertos consultados por Proceso que, sin embargo, advierten que esas anomalías y los vicios de origen del Código de Justicia Militar pudieran motivar un recurso de los civiles afectados que obligara al Poder Judicial de la Federación a revisar el caso e inclusive llegar hasta el propio secretario de la Defensa...
De la mano de Felipe Calderón, el Ejército Mexicano ha incurrido en violaciones a la Constitución, a los derechos humanos y a las recomendaciones de la ONU en el sentido de que el Estado debe hacer prevalecer la justicia ordinaria sobre la castrense, sobre todo cuando las víctimas de los militares son civiles.
Lo anterior se desprende de declaraciones hechas a este semanario por especialistas en garantías constitucionales y derechos humanos, así como en justicia penal militar, consultados en torno a la matanza de una familia en el poblado La Joya, Sinaloa, y al proceso que se sigue a los tres oficiales y 16 elementos de tropa detenidos.
Los expertos advierten que la justicia militar por los hechos de violencia del pasado 1 de junio en el municipio de Sinaloa de Leyva –donde murieron cinco personas, tres de ellas menores de edad, en tanto que otras tres resultaron heridas– no alcanzará a los mandos que ordenaron el desplazamiento de los militares porque es justamente el secretario de la Defensa, general Guillermo Galván Galván, quien administra la justicia en el Ejército y nombra a toda la estructura de ese aparato.
Dicen, no obstante, que esa matanza pudiera derivar en que el Poder Judicial de la Federación revise la constitucionalidad del Código Militar que, al ser emitido en 1934, no pasó por el Congreso y que, al colocarse por encima de la justicia ordinaria, es muy benigno con los militares cuando afectan a civiles.
“Lo ocurrido en Sinaloa es un caso doloroso, pero también una oportunidad para que el Poder Judicial tome posición si la familia se ampara en contra de la decisión del Ejército y de las autoridades civiles de que sea la Procuraduría de Justicia Militar la que investigue los hechos”, expresa Miguel Sarre, quien en 2003 fue consultor de la ONU para elaborar un diagnóstico sobre los derechos humanos en el país donde se criticó el alcance que tiene el fuero militar en México.
Además, el de la familia acribillada no es el único caso en que el Ejército ha sido recientemente cuestionado, sino también en el relativo a las violaciones de mujeres en Michoacán, donde la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha documentado por lo menos dos casos, luego de que el mismo organismo exoneró a las fuerzas castrenses de la muerte de la anciana Ernestina Ascencio en Zongolica, Veracruz, víctima de una presunta violación cometida por militares.
Sin embargo, el abogado litigante en la justicia penal militar Félix Garza advierte que el caso de Sinaloa se podría cerrar en los próximos meses con una pena mínima para los responsables, conforme al Código de Justicia Militar (CJM).
Defensor en acusaciones de las que han quedado absueltos los generales Francisco Gallardo, Francisco Quirós Hermosillo (ya fallecido) y Jesús Gutiérrez Rebollo, Garza explica que los militares implicados en la matanza de Sinaloa se benefician no sólo por quedar a cargo de la justicia militar, sino también por la forma en que fue tipificado el delito: “violencia contra las personas” causante de homicidio y lesiones calificadas.
A su juicio, todo debió quedar en manos de las autoridades de Sinaloa, porque los militares estaban realizando una labor de policía no permitida por la Constitución. En todo caso, matiza, por el tipo de arma utilizada, la Procuraduría General de la República pudiera haberse encargado de la investigación.
“Pero, en definitiva, no tenía que ser la justicia penal militar la que llevara el proceso” contra los soldados que dispararon hacia la camioneta donde viajaba la familia, a la que distintas instancias militares obstruyeron luego el paso en su trayecto para atender a los heridos (Proceso 1597).
Y aunque “se presume que estamos ante instituciones de buena fe –continúa–, las penalidades son muy benignas para el personal castrense, pues de acuerdo con el CJM la máxima penalidad para el homicidio pudiera ser de 15 años”, en comparación con los 30 establecidos en el Código Penal Civil.
Debido a que el auto de formal prisión que dictó el juez adscrito a la III Región Militar, con sede en Mazatlán, se refiere al delito de violencia, el abogado estima que la penalidad podría ser menor, de acuerdo con el castigo previsto en el artículo 330 del CJM.
Esa disposición establece que quien “hiciere innecesariamente uso de las armas contra cualquier persona, o que sin autorización ejerciere cualquier otro acto injustificado de violencia contra algún individuo, será castigado con la pena de un año de prisión”, aunque las circunstancias abren la posibilidad de una pena de 15 años, “tal vez conmutable a 20”, acota el litigante.
Garza advierte también que, para reducir la sentencia, los implicados pueden alegar una excluyente de responsabilidad: que actuaron bajo órdenes del servicio. El CJM considera la violencia a los civiles como una falta a la disciplina militar. Según el artículo 57, fracción II, inciso a, son delitos contra la disciplina militar aquellos del orden común o federal cuando “fueren cometidos en los momentos de estar en servicio o con motivo de actos del mismo”.
Lo que pueden alegar entonces es que lo ocurrido “se hizo en cumplimiento de una orden desde el punto de vista militar”. Es decir, el principio de la “obediencia debida”.
Pero nadie está autorizado para cometer un delito, aunque sea bajo una orden, puntualiza el abogado, y ejemplifica con lo que podría decir ante esto un miembro de la tropa: “Por más que me digan ‘aquí no pasa nadie’, a pesar de exponerme a sufrir una infracción por parte de mis superiores, yo razono y no voy a poner en peligro a nadie, contra esas órdenes”.
Calcula que si se decide castigar por un año a los responsables, el proceso no puede durar más de cuatro meses, pues no se abriría Consejo de Guerra. Si la pena es mayor a dos años, se abre esa instancia, pero si es inferior, la determinación es judicial, explica.
“Esto va a ocultarse bajo el fuero de guerra, como muchas otras cosas. El panorama no es nada halagüeño, menos para las familias de las víctimas. Los ciudadanos quedan indefensos ante la militarización de la procuración de la justicia”, afirma desde su experiencia de litigio contra el Ejército.
Código inconstitucional
Lo ocurrido en el retén del municipio Sinaloa de Leyva no es un hecho aislado en las violaciones a la Constitución identificadas por los expertos. Félix Garza menciona que las faltas se dieron desde el momento en que se decidió que las Fuerzas Armadas establecieran puestos especiales de vigilancia.
El artículo 129 de la Constitución proscribe las labores policiacas del Ejército en tiempos de paz. En ese período, dice el texto constitucional, “ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar”. Ello significa que todos los retenes son ilegales, pues la ley no se puede aplicar por excepción.
El abogado insiste en que el Ejército no puede hacer labores de policía. “Lo hace a conveniencia del Ejecutivo, pero no está facultado para eso”, a pesar de la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, en 1996, autorizó la participación de las Fuerzas Armadas en acciones civiles en favor de la seguridad pública, pero a condición de ser respetuosas del derecho y de las garantías individuales.
Garza menciona otra violación a la Constitución: El Código de Justicia Militar, publicado en el Diario Oficial de la Federación en agosto de 1933 y vigente a partir de 1934, fue emitido por el entonces presidente Abelardo L. Rodríguez, pero nunca pasó por el Congreso. Sólo fue refrendado por los entonces secretarios del Despacho de Guerra y Marina y de Gobernación.
“El Congreso le ha hecho algunas reformas que en cierta forma lo han validado, pero está viciado de origen. Se ha corregido algo que no es jurídicamente válido”, afirma.
El profesor e investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México Miguel Sarre encuentra otros actos de inconstitucionalidad, tanto en la actuación de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en el caso de Sinaloa, como en el propio CJM:
“Dejar el asunto en la justicia militar es contrario a la Constitución. En el 2000 se hizo una adición al apartado B del artículo 20 de la Constitución para establecer un sistema de protección a las víctimas. Eso tuvo repercusión en el artículo 13 constitucional, según el cual en ningún caso los tribunales militares pueden extender su jurisdicción sobre civiles”.
Exsecretario técnico del Consejo de la CNDH y extitular de la tercera visitaduría del organismo, Sarre sostiene que la reforma fue importante porque tuvo que ver no sólo con los inculpados, sino con los derechos de las víctimas. Pero en este caso “los juzgados militares se están extralimitando porque están aplicando a los civiles el fuero militar”, que es sólo para la disciplina interna de las Fuerzas Armadas.
Además, “se está aplicando un Código que de por sí es inconstitucional”, pues ni el Ejecutivo ni el Legislativo han corregido la primacía en que ese instrumento coloca a la justicia militar sobre la civil.
De acuerdo con el abogado especializado en justicia y derechos humanos, procede interponer un amparo en contra de la inconstitucionalidad del artículo 57 fracción II, inciso a del Código de Justicia Militar: “Lo ocurrido en Sinaloa es un asunto de tal envergadura que se debe plantear de esa manera. De otro modo, será un tema más que quede impune”.
Aunque es un caso doloroso, prosigue, “también es una oportunidad para que el Poder Judicial de la Federación tome posición”, ya sea en los tribunales o en la propia Suprema Corte.
Rechaza, así mismo, el argumento de la obediencia como atenuante de los hechos: “La obediencia debida no procede cuando se trata de un asunto suficientemente delictivo”. Y más aún, plantea que debiera determinarse la responsabilidad superior, es decir, identificar a quienes dieron la orden para usar la fuerza. “Lo primero a tomar en cuenta es que se trata de cuerpos jerarquizados, por lo que se puede llegar hasta el secretario de la Defensa Nacional”.
Sin embargo, descarta que la responsabilidad alcance al presidente de la República, como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
“Técnicamente, el presidente no está vinculado con la forma específica en que se deben realizar los operativos” contra el narcotráfico, si bien la decisión política es de él. Cómo máximo, apunta, “la responsabilidad jurídica puede llegar al secretario” de la Defensa.
La Sedena presenta sus operativos y el establecimiento de retenes como resultado de “la campaña permanente contra el narcotráfico y la aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos”, pero para el investigador Miguel Sarre es un vano intento de darle legalidad a sus acciones.
“Es una mentira que los operativos sólo se estén haciendo en aplicación de esa ley. El problema es que no se ha legislado de frente. Hace falta legislar sobre las garantías individuales en una materia que se conoce como el debido proceso y que es compatible con los derechos humanos.”
Esa legislación, relativa a actos de investigación restrictivos de derechos y medidas cautelares y de apremio, se puede hacer con arreglo a lo establecido por Naciones Unidas sobre la potestad legítima del Estado y podría ser parte de la reforma judicial que se pretende, precisa.
Inmunidad militar
En 2003, Sarre participó en la elaboración del Diagnóstico sobre los Derechos Humanos en México que estuvo a cargo de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
En el reporte se asentó: “La aplicación del CJM a miembros de las Fuerzas Armadas inculpados de ilícitos que estrictamente no constituyen una trasgresión a la disciplina militar y, por otra parte, el alcance que en esos casos tienen las resoluciones de la justicia militar en perjuicio de víctimas y ofendidos particulares, principalmente tratándose de violaciones a los derechos humanos, afectan los derechos de las víctimas reconocidos en el ámbito nacional e internacional”.
En el caso del artículo 57 del CJM, observa que la disposición de incluir en el fuero militar los delitos del fuero común o federal que fueran cometidos en los momentos de estar en servicio o con motivo de actos del mismo, “permiten extender aún más la jurisdicción militar”.
También recuerda que, desde 1997, la Relatoría Especial de la ONU sobre la Tortura advirtió que en México “el personal militar parece ser inmune a la justicia civil y generalmente protegido por la justicia civil”.
Desde entonces, Naciones Unidas le recomendó al Estado mexicano que “los casos de delitos graves cometidos por el personal militar contra ciudadanos civiles, en particular tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, deberían, independientemente de que tuvieran lugar en acto de servicio, ser conocidos por la justicia civil”.
Como resultado de ese diagnóstico del Alto Comisionado de la ONU, el gobierno del expresidente Vicente Fox prometió una serie de reformas constitucionales, entre ellas al artículo 13 de la Carta Magna, con el propósito de que los órganos de justicia militar no extiendan su jurisdicción ni en la investigación ni en la sanción de los delitos del orden común o que impliquen violaciones a los derechos humanos. El compromiso se quedó en un buen propósito, ya que el tema nunca se discutió en el Congreso.
El representante de ese Alto Comisionado de la ONU en México, Amerigo Incalcaterra, enfatizó la semana pasada que el caso de Sinaloa corresponde a los tribunales civiles y no al Ejército, conforme a los postulados de la ONU y de la jurisprudencia internacional.
El general Francisco Gallardo, quien durante ocho años estuvo encarcelado mediante argucias de la justicia militar ante su propuesta de crear un defensor de los derechos humanos dentro del Ejército, opina que aun cuando el Ministerio Público Militar quisiera hacer una investigación independiente, el artículo 81, fracción IV del CJM, lo somete a cumplir las órdenes del titular de la Sedena.
También llama la atención sobre los derechos humanos de los detenidos, pues considera difícil que los 19 hayan participado en la matanza. “Se trata de una acusación masiva que hace la justicia militar sólo como un ejemplo para las demás unidades. En el Ejército los castigos masivos son comunes”.
En el Ejército existe “la fatiga”, que es una relación que incluye el nombre del batallón, de la unidad, del comandante, el tipo de armas que se lleva, el lugar donde se instala y los turnos. Por tanto, es fácil saber quiénes estuvieron involucrados en los homicidios. Por eso, concluye, sorprende que hayan detenido a tantos elementos de tropa.
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