22 sept 2007

Delito de terrorismo: Medina Mora


Parte del discurso del Procurador Medina Mora al clausurar los trabajos de la XIX Conferencia Nacional de Procuración de Justicia,
Cuernavaca, Mor., a 21 de septiembre de 2007
"Esta decimonovena edición de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia nos ha permitido darle continuidad a nuestros esfuerzos de coordinación; reafirmar una visión compartida, valorar los avances de nuestra agenda en el combate a la delincuencia, y estar mejor preparados para procurar la mejor justicia que, con toda razón, nos demandan los mexicanos."

"Esta XIX Conferencia ha sido particularmente rica en temas de gran interés para nosotros, sin embargo, yo estoy seguro de que la mayor riqueza de la misma radica en que hemos sido capaces de construir nuevamente un espacio de reflexión, de franqueza, de intercambio de ideas y de cooperación entre todas las Procuradurías del país que, yo creo, es inédito en nuestra historia reciente.
Éste es un grupo de pares, en el que con toda dedicación enfocamos los problemas comunes y encontramos también soluciones compartidas."

"El mejor ejemplo son las acciones combinadas en el combate a la delincuencia organizada: la exigencia más inmediata para garantizar mejores condiciones de seguridad y justicia en el país es una tarea que debemos profundizar y perfeccionar en los mecanismos de colaboración y en el desarrollo de operativos conjuntos, pero aquí ha quedado evidenciado que cuando sumamos nuestras capacidades, nuestra información, nuestras competencias y nuestros despliegues, somos capaces, juntos, de dar cortes significativos a la estructura del crimen organizado en el país.
"De ahí la importancia del acuerdo que hemos adoptado para reactivar, también, un grupo de planeación y análisis estratégico para el combate al delito de secuestro, modalidad delictiva que ahora es bastante común en las organizaciones que en otro tiempo se dedicaban exclusivamente al tráfico de narcóticos.
La relevancia por establecer una relación de cooperación permanente con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, en el combate a los ilícitos relacionados con el lavado de dinero también es de la mayor importancia. Se generaron visiones compartidas y mecanismos para intercambiar la información de manera oportuna.
La importancia de utilizar los servicios de información y apoyo tecnológico del Sistema Nacional de Seguridad Pública, así como la oferta de capacitación de la Academia Nacional de Seguridad Pública también han sido logros muy significativos.
"También la necesidad de seguir impulsando la instauración de los mecanismos alternativos de solución de controversias, la conciliación, los mecanismos restaurativos y la mediación como formas alternativas, que en la experiencia de los estados que tienen mayor avance, como Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, el Estado de México han sido, sin duda, muy significativas, muy elocuentes en la manera de acercar la justicia, sobre todo a las víctimas, con un enfoque primigenio en la reparación del daño.
"La delincuencia también se ha globalizado, desarrollando procesos de adaptación a este entorno cambiante, para mantener ganancias de sus actividades ilícitas trasnacionales.
En la actualidad, las organizaciones delictivas y también los grupos terroristas, plantean un grave problema para la comunidad internacional.
Globalizar la persecución del delito es una medida necesaria para frenar la proliferación de estas mafias transfronterizas, por lo que debemos avanzar en la construcción de un orden internacional de colaboración basado también en el multilateralismo.
El establecimiento de mejores instrumentos de cooperación internacional y nacional contra la delincuencia organizada y el terrorismo, dentro de un marco jurídico de respeto a las libertades civiles y los derechos humanos, es un componente esencial de toda respuesta amplia y contundente a estas amenazas.
En nuestro país, en nuestro México, no somos, desde luego, ajenos a estas realidades. El narcotráfico, el secuestro, el lavado de dinero, la piratería, la trata de personas, manifestaciones todas ellas de la actividad de bandas delincuenciales, ocurren dolorosamente en todas las entidades de nuestra República.
A estos problemas se agregan los actos de terrorismo y sabotaje recientemente perpetrados contra el pueblo de México, actos que hieren profundamente a los mexicanos que ven azorados los daños que causan a la industria y al ánimo nacional, a las empresas, a sus trabajadores, a las familias que viven en las comunidades cercanas a los lugares donde se desarrollaron estas actividades criminales, representan una forma, no compartida, superada y no legítima de expresar puntos de vista en un Estado democrático de derecho, como es el nuestro.
No hay argumento alguno, no hay reivindicación política o social que justifiquen los daños a los mexicanos, a la nación; son actos que van en detrimento de las actividades productivas y perjudican el empleo de miles de familias de regiones importantes del país.
Frente a estos actos criminales, frente a estos actos que tipifican el delito de terrorismo, que pretenden crear incertidumbre entre la población, no basta la condena enérgica.
Por eso, en la responsabilidad de cumplir a cabalidad nuestra obligación de tutelar los intereses del pueblo de México, estamos aplicando las herramientas legales y operacionales del Estado Mexicano para combatir y terminar con esta acción delincuencial.
En ese marco, nos corresponde, como responsables de la procuración de justicia, trabajar de manera coordinada para investigar y perseguir a los delincuentes que violan el orden legal y han propiciado una llamada de alerta al Sistema de Seguridad Nacional.
Lo haremos sin distraer los recursos destinados para enfrentar a la tarea cotidiana de procurar justicia y de la que somos corresponsables...."
Fuente: PGR

21 sept 2007

Nuevamente Fidel

El comandante Fidel Castro concedió su primera entrevista en la televisión estatal cubana tras más de cien días sin imágenes públicas suyas, concretamente desde el 5 de junio.
El programa, Mesa Redonda Informativa, de este viernes 21 de septiembre el líder cubano conversó sobre asuntos internacionales, se refirió a los rumores que circulan en torno a su salud y evitó, de nuevo, hablar sobre el futuro de Cuba.

Marxismo y liberalismo

  • Nostalgia del marxismo/Gabriel Tortella, catedrático de Historia económica en la Universidad de Alcalá
Publicado en EL PAÍS, 21/09/2007;
¿Recuerdan ustedes la guerra fría? Yo, sí, y pienso en ella con nostalgia. Otra vez contracorriente, pensarán los lectores. Es posible, y por ello, como el alcalde Pepe Isbert en Bienvenido, Mr. Marshall, os debo una explicación y os la voy a dar. La guerra fría enfrentaba a dos sistemas sociales que encarnaban dos ideologías, dos concepciones de la sociedad y de la historia: la marxista y la liberal. Esta confrontación causó grandes problemas y peligros, pero, con todo, competían dos intentos racionales de comprender al ser humano en sociedad. El que uno de los dos sistemas haya prevalecido y haya derrotado al otro, arrojándolo a la papelera de la Historia (cosa que el perdedor había anunciado repetidamente que haría con el ganador), no dice nada, necesariamente, acerca de la irracionalidad del perdedor. Puede indicar que estaba equivocado, pero no que fuera irracional.
Marxismo y liberalismo son sistemas de pensamiento racionales que incluso se basan en supuestos no tan diferentes: los dos parten de la economía de mercado y se inspiran en el pensamiento de Adam Smith y David Ricardo, los dos padres de la economía clásica. La diferencia estriba en que Marx era pesimista en cuanto a la capacidad del ser humano para adaptarse a las situaciones cambiantes. En especial, sus empresarios eran unos seres no ya sin entrañas, sino con la falta del raciocinio necesario para comprender que, compartiendo una parte de los beneficios con sus trabajadores, sus probabilidades de garantizar la duración del sistema eran mucho mayores. En realidad, los empresarios resultaron ser mucho más racionales de lo que Marx pensaba, fueron capaces de transigir, pactar y compartir, y el capitalismo, humanizado por el sistema de seguridad social que hemos dado en llamar Estado de bienestar, ha terminado por imponerse: sus detractores hablan desabridamente del “pensamiento único”.
Con todos los horrores del comunismo soviético, la guerra fría enfrentaba a dos sistemas que se pretendían racionales. Se hablaba entonces repetidamente del peligro de la guerra caliente entre las dos grandes potencias nucleares, de la posibilidad de la DTM (destrucción total mutua); pero eso nunca ocurrió, y creo que las probabilidades de que ocurriera eran mucho menores de lo que los interesados querían hacernos creer, porque en eso también eran racionales y se comportaban como dos luchadores encarados o como dos jugadores de póquer, lanzando faroles o bravatas para amedrentar al otro, para evitar esa espantosa confrontación que tanto se temía. Lo peor de la guerra fría, a mi modo de ver, eran las alianzas que traía consigo, las malas compañías que fomentaba, el apoyo a las dictaduras de uno y otro signos (por ejemplo, Franco, Trujillo, Pinochet, Chiang-kai-chek, de un lado; Ulbricht, Castro, Gaddafi, Mengistu, Kim-il Sung, Mao-tse-tung, de otro). Junto a esto, también dentro de las propias metrópolis la guerra fría tenía su coste: mucho mayor del lado comunista, porque peor que el estalinismo es difícil encontrar un sistema político; pero el maccarthismo y las red-scares (las histerias anticomunistas) tampoco fueron episodios amables en la historia de la gran potencia liberal. En este sentido, el fin de la guerra fría sí ha representado una clara mejora. Muchas dictaduras cayeron al perder el apoyo con que contaban por mor de la tensión internacional; en Rusia, si Putin es un personaje bastante siniestro y la democracia rusa tiene una legitimidad muy discutible, la comparación con Stalin lo salva casi todo. En Europa occidental, la desaparición de los partidos comunistas ha introducido una mayor flexibilidad en el juego político. En Estados Unidos, se me dirá, la situación, en cambio, ha empeorado: Guantánamo, Patriot Act, etcétera. A eso precisamente quiero yo ir.
Fracasado el ensayo comunista, desprestigiado el marxismo, el pensamiento “anti-sistema” se ha entregado con fruición al irracionalismo. Los que antes hablaban de “plusvalía”, de “acumulación”, de “internacionalismo” o de “centralismo democrático”, hoy hablan de “sensibilidades”, de “realidades nacionales”, de “hechos diferenciales” o de “derechos de los pueblos”; los que ayer se conmovían por la suerte del trabajador alienado y explotado, hoy vibran por el folklore y la tradición; los que eran agnósticos o ateos, ahora respetan tremendamente todas las religiones (menos la católica); los que soñaban con el progreso y proyectaban el futuro, hoy quieren volver al pasado preindustrial y, si es medieval, mejor; los que pensaban que la historia era la lucha de clases, hoy profesan que es la lucha de tribus. En otras palabras, lo que antes era pensamiento crítico se ha convertido en sentimiento crítico. Como la racionalidad está del lado del liberalismo, al diablo la racionalidad, viva el sentimiento, la identidad, el irracionalismo.
Esta nueva izquierda antirracional nació en Estados Unidos en los años sesenta del siglo pasado, defendiendo causas tan nobles como la igualdad racial y el fin de la guerra de Vietnam; eran los hippies, los flower people, muchos de los cuales se afiliaron a religiones asiáticas y místicas. Aquella Nueva Izquierda de los años sesenta desconfiaba de la razón, porque el sistema que odiaban era racional. Pero aquello no tenía gran porvenir ni como política ni como filosofía, y los hippies acabaron siendo sustituidos por los yuppies; Bill Gates reemplazó a Maharishi Yoghi como ídolo de la juventud. Sin embargo, en las décadas siguientes aparecieron en el mundo nuevas reservas de irracionalismo mucho más potentes. De un lado, en el Tercer Mundo, el deseo de alcanzar el nivel de vida occidental se ha trocado en desesperanza, rechazo y recurso a la religión en su versión más retrógrada y violenta. El enemigo es el mundo occidental y el refugio es el fanatismo religioso. En Europa y en América Latina, el tribalismo también ha sustituido al marxismo: en los Balcanes, en Bélgica, en España, en Bolivia, en Ecuador, en Chiapas. El terrorismo impredecible ha sustituido a la guerra fría. Y ante el terror omnipresente e indiscriminado, también Estados Unidos fue presa del pánico irracional que dio lugar a la absurda “guerra al terror” y a la inexplicable invasión de Irak. Hemos entrado en un círculo vicioso alarmante: el odio y el miedo fomentan la conducta irracional; ésta da lugar a violencia, a miedo y a odio, y a la reacción irracional. En este sentido, el mundo se ha vuelto infinitamente más peligroso que cuando competían dos intentos racionales de comprender la sociedad y la historia. Marx era un adversario mucho más noble que Putin, Ahmadineyad, Otegi o Bin Laden: de ahí la nostalgia

Six years after 11-S

Democracy, not terror, is the engine of political Islam/ William Dalrymple, the author of The Last Mughal: The Fall of a Dynasty, Delhi 1857
THE GUARDIAN, 21/09/2007;
Six years after 9/11, throughout the Muslim world political Islam is on the march; the surprise is that its rise is happening democratically - not through the bomb, but the ballot box. Democracy is not the antidote to the Islamists the neocons once fondly believed it would be. Since the US invaded Afghanistan and Iraq, there has been a consistent response from voters wherever Muslims have had the right to vote. In Lebanon, Iran, Iraq, Palestine, Pakistan, Egypt, Turkey and Algeria they have voted en masse for religious parties in a way they have never done before. Where governments have been most closely linked to the US, political Islam’s rise has been most marked.
Much western journalism in the six years since 9/11 has concentrated on terrorist groups, jihadis and suicide bombers. But while the threat of violence remains very real, those commentators who have compared what they ignorantly call “Islamofascism” to the Nazis are guilty of hysteria: the differences in relative power and military capability are too great for the comparison to be valid, and the analogies that the neocons draw with the second world war are demonstrably false. As long as the west interferes in the Muslim world, bombs will go off; and as long as Britain lines up behind George Bush’s illegal wars, British innocents will die in jihadi atrocities. But that does not mean we are about to be invaded, nor is Europe about to be demographically swamped, as North American commentators such as Mark Steyn claim: Muslims will make up no more than 10% of the European population by 2020.
Yet in concentrating on the violent jihadi fringe, we may have missed the main story. For if the imminent Islamist takeover of western Europe is a myth, the same cannot be said for the Islamic world. Clumsy and brutal US policies in the Middle East have generated revolutionary changes, radicalising even the most moderate opinion, with the result that the status quo in place since the 1950s has been broken.
Egypt is typical: at the last election in 2005 members of the nominally banned Muslim Brotherhood, standing as independents, saw their representation rise from 17 seats to 88 in the 444-seat people’s assembly - a five-fold increase, despite reports of vote-rigging by President Mubarak’s ruling National Democratic Alliance. The Brothers, who have long abjured violence, are now the main opposition.
The figures in Pakistan are strikingly similar. Traditionally, the religious parties there have won only a fraction of the vote. That began to change after the US invasion of Afghanistan. In October 2002 a rightwing alliance of religious parties - the Muttahida Majlis Amal or MMA - won 11.6% of the vote, more than doubling its share, and sweeping the polls in the two provinces bordering Afghanistan - Baluchistan and the North West Frontier Province - where it formed ultra-conservative and pro-Islamist provincial governments. If the last election turned the MMA into a serious electoral force, there are now fears that it could yet be the principle beneficiary of the current standoff in Pakistan.
The Bush administration proclaimed in 2004 that the promotion of democracy in the Middle East would be a major foreign policy theme in its second term. It has been widely perceived, not least in Washington, that this policy has failed. Yet in many ways US foreign policy has succeeded in turning Muslim opinion against the corrupt monarchies and decaying nationalist parties who have ruled the region for 50 years. The irony is that rather than turning to liberal secular parties, as the neocons assumed, Muslims have lined up behind parties most clearly seen to stand up against aggressive US intervention.
Religious parties, in other words, have come to power for reasons largely unconnected to religion. As clear and unambiguous opponents of US policy in the Middle East - in a way that, say, Musharraf, Mubarak and Mahmoud Abbas are not - religious parties have benefited from legitimate Muslim anger: anger at the thousands of lives lost in Afghanistan and Iraq; at the blind eye the US turns to Israel’s nuclear arsenal and colonisation of the West Bank; at the horrors of Abu Ghraib and the incarceration of thousands of Muslims without trial in the licensed network of torture centres that the US operates across the globe; and at the Islamophobic rhetoric that still flows from Bush and his circle in Washington.
Moreover, the religious parties tend to be seen by the poor, rightly or wrongly, as representing justice, integrity and equitable distribution of resources. Hence the strong showing, for example, of Hamas against the blatantly corrupt Fatah in the 2006 elections in Palestine. Equally, the dramatic rise of Hizbullah in Lebanon has not been because of a sudden fondness for sharia law, but because of the status of Hassan Nasrallah, Hizbullah’s leader, as the man who gave the Israelis a bloody nose, and who provides medical and social services for the people of South Lebanon, just as Hamas does in Gaza.
The usual US response has been to retreat from its push for democracy when the “wrong” parties win. This was the case not just with the electoral victory of Hamas, but also in Egypt: since the Brothers’ strong showing in the elections, the US has stopped pressing Mubarak to make democratic reforms, and many of the Brothers’ leading activists and business backers, as well as Mubarak’s opponent in the presidential election, are in prison, all without a word of censure from Washington.
Yet on a recent visit to Egypt I found everywhere a strong feeling that political Islam was there to stay, and that this was something everyone was going to have to learn to live with; the US response had become almost irrelevant. Even the Copts were making overtures to the Brothers. As Youssef Sidhom, who edits the leading Coptic newspaper, put it: “They are not going away. We need to enter into dialogue, to clarify their policies, and end mutual mistrust.”
The reality is that, like the Copts, we are going to have to find some modus vivendi with political Islam. Pretending that the Islamists do not exist, and that we will not talk to them, is no answer. Only by opening dialogue are we likely to find those with whom we can work, and to begin to repair the damage that self-defeating Anglo-American policies have done to the region, and to western influence there, since 9/11

Entrevista a Bravo Mena

Héctor Figueroa entrevista a Luis Felipe Bravo Mena
Excélsior, 21/09/2007
El embajador de México en el Vaticano, Luis Felipe Bravo Mena, sostuvo que la Santa Sede no ejerce hoy ninguna "presión diplomática" para que se amplíen los derechos políticos de los sacerdotes en nuestro país, aunque reconoce que la ampliación de garantías a los ministros de culto sí forman parte de la agenda de la Santa Sede.
A 15 años del restablecimiento de relaciones con el Estado Vaticano, el diplomático expuso que el diálogo con dicha entidad, que dirige el papa Benedicto XVI, ha alcanzado "plena madurez" y no existe entre ambas partes ningún tema que no se pueda tratar.
Respecto a las reformas al artículo 130 constitucional y a la promulgación de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que también cumplen tres lustros este año, Bravo Mena reconoce que éstas dejaron "temas pendientes" que son "evidentes".
—En esta relación ¿no pesa que el jefe de Estado del Vaticano sea además el líder religioso de los católicos de México? ¿Es realmente una relación diplomática de dos Estados?
—Bueno, la relación diplomática contempla fundamentalmente una relación entre dos entes de carácter jurídico internacional y en esos términos es que se lleva la relación diplomática. La relación Iglesia-Estado la lleva la Secretaría de Gobernación en los términos que marca la ley y la Constitución. Por supuesto, no podemos dejar de ver que la Santa Sede tiene una doble condición y los temas de asuntos religiosos son de política interna en los términos que establece la Constitución de la separación Iglesia-Estado.
—¿Qué evaluación hace de los cambios legales que se hicieron hace 15 años en momentos en que el nuevo nuncio apostólico en México, Christophe Pierre, ha pedido que se "profundicen" los derechos políticos de los sacerdotes católicos?
—Hay temas pendientes que, desde que se hizo la reforma, quedaron establecidos en el debate parlamentario, y que recientemente han sido puestos en evidencia y han sido recordados por los obispos de México y por la Santa Sede. Tienen que ver con la libertad religiosa en términos de medios de comunicación y otros rubros. Es una posición de la Santa Sede de la cual nosotros tomamos nota de ella y que seguramente son motivo de las pláticas que tienen en forma permanente los obispos de México con las autoridades del país.
—¿Usted considera que deben ampliarse los derechos de los ministros de culto?
—Como embajador yo tomo nota de las expresiones, de las posiciones que ellos expresan y como embajador no debo expresar ninguna posición personal, porque mi papel es ser un canal de comunicación de las posiciones de cada uno.
—¿Consideraría que la relación es mejor que hace 15 años?
—Hoy la relación es madura porque se tiene la forma de comunicarse, los canales abiertos, se habla con franqueza, se habla con realismo y no existe ningún tema que no se pueda tratar.
—¿Cree que el presidente Calderón tiene más clara la separación Iglesia-Estado que Fox, quien realizó acciones más como creyente que como jefe de Estado?
—Creo que todos los presidentes a partir de que se establecieron las relaciones diplomáticas han tenido relaciones muy correctas y se han conducido con seriedad y con cuidado; todos los presidentes han hecho visitas y ahora recién el presidente Calderón y no veo porque hay que hacer comparaciones, todas contribuyen a la buena marcha de la relación diplomática. Le diré que la visita de Calderón en su primer año de gobierno fue muy bien valorada aquí y fue importante que el nuevo Papa y la Curia Romana conocieran a nuestro nuevo Presidente, así como tener temas coincidentes a favor de la paz, de la migración, de la justicia internacional.
—¿Existen presiones por parte del Vaticano para que haya mayores derechos políticos para los ministros de culto católicos en México?
—Por la vía diplomática no, le puedo asegurar con toda certeza y con toda sinceridad que por la vía diplomática no conocemos de ninguna presión, en todo caso son posiciones que permanentemente se expresan: que la libertad religiosa se respete a plenitud y son expresiones que se establecen no sólo para México sino para todos los países donde está la Iglesia católica.
—¿Cuándo vendrá el Papa a México?
—En 2008 no, nunca se ha contemplado ese año. Lo que le puedo comentar es que en la Jornada Mundial de la Familia que se realizó recientemente en Valencia, España, y a la cual asistió el Papa, él decidió que la siguiente sede fuera la Ciudad de México en el año 2009; por tanto, se esperará que el Papa asista a México en esa fecha, pero oficialmente no hay ninguna confirmación en este sentido, porque el Vaticano no confirma los viajes del Papa con tanta anticipación. La confirmación de esto se podría tener hasta dentro de unos meses.
—Por último ¿cuál ha sido su papel como embajador? Usted está en el cargo desde finales del sexenio de Fox.
—Yo presenté cartas credenciales el 23 de septiembre de 2005, estoy cumpliendo justamente dos años al frente de la misión. Han sido muy intensos, me tocó la etapa inicial del nuevo pontificado de Benedicto XVI, los cambios que se han producido en la Curia Romana. Nos tocó avanzar en temas de estudio común como la migración. Estamos reflexionando con actos académicos sobre los 15 años de relaciones y en diciembre tendremos presencia en las actividades navideñas del Vaticano, porque el pueblo mexicano tendrá participación con artesanía y arte barroco en la Plaza de San Pedro, en el Nacimiento que se pone y en el aula de audiencias del Papa.

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