5 feb 2008

A la izquierda de las FARC

A la izquierda de las FARC/M. Á. BASTENIER
Publicado en EL PAIS, 06/02/2008;
El lunes pasado y ayer en 170 ciudades del mundo entero, Bogotá, Madrid, París, Buenos Aires, Nueva York, y docenas de localidades colombianas, millones de personas marcharon o se concentraron para clamar contra las FARC, el grupo guerrillero y terrorista que retiene a cientos de secuestrados en la jungla, y es uno de los grandes carteles mundiales de la droga.
El llamamiento era deliberadamente desnudo, ni apelaba a los insurrectos a que negociaran la paz, ni que se avinieran al canje humanitario, ni que dejaran de ser quien eran, a pesar de que en enero el presidente venezolano, Hugo Chávez, había logrado que soltasen a dos mujeres, profesionales de la política, que llevaban seis años de cautiverio, sin otra contrapartida que la propaganda que les hizo el propio líder bolivariano, tratándoles de beligerantes. El clamor estaba sólo dirigido contra la existencia misma de esa guerrilla del terror.
Vistas las cosas con un Atlántico por medio, cabría suponer que todas las fuerzas democráticas deberían haber estado de acuerdo en el encuadramiento de ese clamor. Pero no así en Colombia. Y donde ha detonado con mayor fuerza esa bomba de paz ha sido en el seno de la neoizquierda colombiana, el Polo Democrático Alternativo, que, en permanente búsqueda de la cuadratura del círculo, matizaba su apoyo a la protesta, sin que le importara cuanto pudiese ello dañar sus expectativas en las próximas elecciones presidenciales de 2010. Sí, ya sé que falta mucho para eso, pero en Colombia siempre se está en campaña electoral.
Un escrutinio pormenorizado del partido descubriría en él numerosas corrientes: socialdemócratas de derecha e izquierda, comunistas maquillados y al raso, ex guerrilleros posibilistas, radicales de centro intransigentes, populistas varios, pero todos ellos animados de la ambición democrática de ofrecerle a Colombia un nuevo comienzo a partir de algo que se parezca bastante a cero.
Y en ese pandemónium antes bogotano que colombiano, las FARC son mucho más que la manzana de la discordia. Para algunos dirigentes del Polo aún constituyen una fuerza de izquierda a tener en cuenta, aunque nadie defienda ya formalmente la vía de la insurrección armada para llegar al poder; para la gran mayoría, sin embargo, la guerrilla sigue siendo su pecado original. Y mientras el partido no entienda que constituye la única izquierda colombiana posible, estará pidiendo perdón por el solo hecho de existir.
El recién elegido alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, y estrella ascendente del partido, que gusta de repetir que él es centro del centro, y el senador Gustavo Petro, una de las mejores cabezas del Polo, han defendido la participación en la marcha. Ambos saben que cualquier concupiscencia con las FARC es como cicuta para su partido. Pero la formación política, movida por su ala izquierda que dirige el también senador Carlos Gaviria, ha rechazado estar en el clamor, para conformarse con un estrépito más moderado en forma de concentración ciudadana. En Bizancio no lo hacían mejor.
El razonamiento de la izquierda de la izquierda suena conocido: no es el momento; una demostración así no favorece el canje humanitario; sólo una negociación política puede poner fin al conflicto. Y todo ello es perfectamente defendible, sumamente razonable, y probablemente verdad, pero ocurre que cuando tocan a rebato, hay que mirar muy bien al lado de quién va uno. Y los instintos del ex guerrillero Petro, y del nieto Moreno de un general con inquietudes sociales, parecen mucho más atinados que los del veterano Gaviria, que concibe la izquierda casi como un auto sacramental.
¿Que Uribe sacará beneficio de las marchas? Por supuesto; como haría cualquier Gobierno en su posición, por otra parte, bastante delicada por el goteo de liberaciones que las FARC están regalando a su compadre Hugo Chávez; como está igual de claro que el clamor, lo que pide, apenas subliminalmente, es la derrota de las FARC a sangre y fuego; ¿pero no es eso, acaso, lo que desea la inmensa mayoría del pueblo colombiano?
Lo mejor suele ser enemigo de lo bueno, y, con marcha o con concentración, igual que ningún Gobierno español va a renunciar de manera vitalicia a negociar para obtener la disolución de ETA, Uribe o alguno de sus sucesores tendrá que tratar un día con las FARC, aunque al presidente lo que le vaya sea la victoria en la trocha y la vereda.
La guerrilla es el mayor enemigo del Polo. A ver si de una vez se entera.

Colombia

REPORTAJE
Colombia planta cara al terrorismo
La protesta ciudadana contra las FARC marca un hito y refuerza al Estado
MAITE RICO, reportera, El País, - Madrid - 06/02/2008;
Las previsiones saltaron por los aires y "el millón de voces" que buscaba la convocatoria se quintuplicó: 4,8 millones de colombianos se volcaron el lunes en las calles para protestar contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Por primera vez en la historia del país, la ciudadanía expresaba su repudio a una guerrilla anacrónica que la castiga con sus atrocidades desde hace cuatro décadas. Los colombianos han exigido la libertad de 700 rehenes y han dejado claro que no quieren que nadie secuestre su futuro.
"Ha sido un respaldo unánime a la institucionalidad democrática y a la lucha del Estado por recuperar la seguridad y neutralizar el terrorismo", dice desde Bogotá el analista Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia. "Esta movilización marca un antes y un después en Colombia".
Frente a otras marchas contra la violencia, la del lunes llegó a los rincones más apartados del país, congregó a todas las clases sociales y apuntó claramente al enemigo. "Nunca había pasado nada igual", ratifica Alfonso Cuéllar, editor de la revista Semana. "Hay un elemento que congrega a los colombianos: nadie quiere saber nada de las FARC".
Si la guerrilla, acusada de crímenes de lesa humanidad y considerada grupo terrorista por la Unión Europea, creía que con las "pruebas de vida" de algunos de sus secuestrados iba a ganarse el respaldo popular para forzar al Gobierno a aceptar sus exigencias, erró el tiro. Los vídeos y los mensajes de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y de varios rehenes canjeables (políticos y militares) dejaron en evidencia el trato degradante a los cautivos y horrorizaron a la opinión pública. Las mentiras de las FARC en el caso Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, y la injerencia del presidente venezolano, Hugo Chávez, espolearon la indignación.
"Este cambio de actitud se venía cocinando y no puede desligarse de los efectos de la política de seguridad del Gobierno de Álvaro Uribe, que le ha quitado el miedo a la gente", señala Román Ortiz, politólogo español y experto en seguridad de la Fundación Ideas para la Paz, en Colombia. "El grado de repulsión hacia las FARC es el mismo que en 2000. Pero entonces las FARC estaban rodeadas del mito de la imbatibilidad. Hoy las principales vías de comunicación y las ciudades son seguras. Los frentes que cercaban Bogotá fueron barridos en 2003. El conflicto está en las zonas más remotas".
El proceso, según Ortiz, es similar al experimentado por la opinión pública española respecto a ETA. "Hubo que liberar a la gente del miedo y luego empezó a manifestar su repulsa". Algunos medios han recordado la reacción al asesinato de Miguel Ángel Blanco, en 1997. "España se movilizó contra un grupo terrorista con nombre propio, sin ambages ni rodeos", decía el diario El Tiempo. Y la hora, añade, ha llegado para Colombia.
"Durante años hubo una confusión del lenguaje que nos convertía en un Estado paria", señala un asesor presidencial que pide el anonimato. "Se hablaba de 'guerra civil' y no de terrorismo por parte de unos tipos financiados por el narcotráfico; de 'prisioneros de guerra' en lugar de secuestrados; de 'solución negociada'..." Ahora, señala este asesor, las cosas están claras.
Y ésa es una de las consecuencias políticas de la movilización del lunes. "Las instituciones salen reforzadas y también la imagen internacional del Gobierno", señala Alfredo Rangel. Hoy más que nunca queda en evidencia la brecha entre un grupo armado de inspiración marxista que vive enquistado en el pasado y un país de 45 millones de habitantes que mira hacia otro lado. El 74% de la población es urbana, el crecimiento económico supera el 7% anual, la inversión extranjera fluye como nunca antes. La historia ha sobrepasado a las FARC, pero ¿cuál puede ser el efecto de la movilización? Algunos analistas no creen que una guerrilla que maneja unos 340 millones de euros anuales atienda al clamor popular. "A las FARC no les interesa liberar a los rehenes porque son su mejor baza para mantener la atención. Sin ellos, dejarían de existir", dice el periodista Alfonso Cuéllar.
"Yo sí pienso que tendrá un efecto desmoralizador", contrapone Alfredo Rangel. "A los dirigentes les deja claro que su proyecto político armado no tiene posibilidad de éxito". Otros expertos consultados no descartan que haya rupturas en la guerrilla, y que algunos sectores abandonen un barco averiado para incorporarse a la política legal. En la selva, dicen, se quedarán los duros y los narcotraficantes.

El fenómeno facebook


Un millón de voces
La protesta contra las FARC refuerza a Uribe, pero Colombia también le pide flexibilidad negociadora
El País, 06/02/2008; EDITORIAL
Unas 200 ciudades en todo el mundo, con cerca de 50 en Colombia, se unieron el lunes en un clamor contra las FARC, la guerrilla terrorista que retiene a cientos de secuestrados, entre ellos la ex candidata presidencial, Ingrid Betancourt, en su guerra contra el Estado colombiano.
Las marchas, que se dice que congregaron a un millón de manifestantes en Bogotá y cientos de miles en Medellín, habían sido convocadas por un grupo de usuarios de la web Facebook con el lema: "Un millón de voces contra las FARC", y es seguramente la primera en su género y, sin duda, la más numerosa. Madrid, con varios miles de personas reunidas durante dos horas en la plaza Mayor, fue la capital europea que aunó más voces.
La acción no logró, con todo, hacer la unanimidad en la propia Colombia. La izquierda, representada por el Polo Democrático Alternativo, no se sumó a la protesta, porque no se dirigía contra otros grupos armados, como los paras, aunque organizó una concentración, y algunos de sus líderes, como el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, la secundaron.
La comunicación entre el Gobierno del presidente Uribe y las FARC, que discurre por intermedio de la Iglesia, se halla en punto muerto. La guerrilla quiere celebrar conversaciones sin límite de tiempo para acordar el canje de rehenes en una zona de miles de kilómetros cuadrados, que sería despojada de toda representación del Estado, y Bogotá sólo ofrece unos cientos de kilómetros bajo supervisión internacional, por 60 días. Pero se tiene por cierto que para liberar a los rehenes principales, como la señora Betancourt, las FARC exigirían que se les reconociera el estatuto de beligerante, lo que es inaceptable para el Gobierno.
Y para hacerlo todo aún más inmanejable, el presidente venezolano Hugo Chávez se ha convertido en el único canal por el que las FARC van liberando rehenes con cuentagotas. Caracas espera estos días la entrega de tres ex legisladores enfermos, y aunque Uribe tiene que dar por buena su liberación, las FARC se permiten ignorarle como interlocutor.
El presidente no puede ceder ante las ínfulas de los pistoleros, y las marchas le refuerzan a corto plazo, pero no deja de crecer en el país un sentimiento que le exige mayor flexibilidad negociadora. Ésa es una vía que habría que explorar.

Marcha contra las Farc, mayor movilización en la historia del país

Editorial, periódico El Tiempo, 5/01/2008;

Sería fácil exagerar lo que pasó ayer, pues la asistencia a la convocatoria del 4 de febrero contra las Farc y el secuestro superó todas las expectativas. Y todos los precedentes. Nunca antes en la historia tantos colombianos habían salido a la calle -aquí y en el exterior- para protestar por algo.
En Bogotá se habla de millones: un mar humano invadió literalmente la Plaza de Bolívar y sus alrededores, lo mismo que en la carrera séptima hasta mucho más allá de la calle 26. Algo parecido sucedió en la 72, donde una inmensa muchedumbre coreaba la consigna 'No a las Farc', mientras una masa incontable de personas que acudieron al llamado invadían los dos carriles de la séptima, anegados en camisetas blancas hasta donde se perdía la vista.
Idénticas imágenes se vieron en Cali, en Medellín, Cartagena, Barranquilla y docenas de pueblos y ciudades. Y en sitios tan distantes y distintos, como Tokio y Moscú, Nueva York y La Haya, Madrid y Berlín, bajo la lluvia o la nieve, miles de colombianos hicieron sentir su voz y su presencia. La noticia recorrió el mundo como contundente recordatorio de la vitalidad democrática y la conciencia cívica de un país que marcha hacia adelante.
El número de manifestantes es incalculable, pero lo verdaderamente nuevo, lo que no había sucedido antes, es que se pasó de manifestaciones generales contra la violencia o el secuestro, a señalar a uno de los principales perpetradores. Los centenares de miles de colombianos que se volcaron a las calles lo hicieron portando de todas las formas imaginables, en camisetas, banderas, pancartas, letreros, banderines, las consignas con las que fue convocada esta protesta inédita: "No más secuestros. No más mentiras. No más muerte. No más Farc".
En la década del 90 hubo enormes manifestaciones contra el narcotráfico tras el asesinato de Luis Carlos Galán y contra el secuestro en las marchas del "No Más". Pero por primera vez uno de los perpetradores de las atroces formas de violencia del conflicto armado es señalado claramente y condenado de manera multitudinaria. De nada sirve que las Farc intenten envolverse en su discurso fantasioso de que se trató de una manifestación manipulada por los medios, la derecha o el uribismo. La jornada de ayer dejó claro que millones de colombianos condenan a una mal llamada guerrilla que comete los peores crímenes contra la dignidad humana en nombre de una dialéctica hueca que a nadie convoca.
Ese fue el mensaje que transmitió el 4 de Febrero y que recibió el mundo: Colombia es un país con una ciudadanía dinámica y madura. Capaz de salir masivamente a la calle a repudiar con nombre propio a una vieja y poderosa organización armada que mata mientras habla y cree que la respetabilidad política se gana convirtiendo a seres humanos en mercancía de trueque.
¿Habrán entendido algo? En este marco, quizá, (¿ingenuamente?) habría que entender el anuncio de la liberación de otros tres secuestrados en manos de las Farc -Luis Eladio Pérez, Gloria Polanco y Orlando Beltrán-, si es que no se trata de una nueva maniobra propagandística para contrarrestar su abrumadora impopularidad.
Tomen nota, señores del secretariado. Ayer un país entero los condenó en las calles, pacífica y enérgicamente. Esas masas que reivindican en sus comunicados dijeron de manera incontestable que el secuestro y los secuestradores son aborrecibles.
Las Farc han probado hasta ahora ser insensibles a la opinión.
Si esta manifestación no las hace, como mínimo, ver el despeñadero político en el cual se han precipitado, es que son ciegas sin remedio.
editorial@eltiempo.com.co
Foto de la agencia AFP

Movilización contra las FARC



Marcha contra las Farc, mayor movilización en la historia del país
Reportaje publicado por El Tiempo, 5/02/2008;
Los colombianos inauguraron ayer una nueva era de la protesta social en el mundo.
La globalización del repudio.
La historia dirá que la primera gran marcha realizada en distintas partes del planeta, de manera simultánea y convocada por una red social (Facebook), se hizo contra las Farc, un grupo "terrorista" acusado de secuestrar y asesinar en Colombia, y que millones de personas reaccionaron en su contra marchando de manera pacífica en todos los continentes.
El éxito de la jornada se debe, principalmente, a la 'magia'de Internet. Al llamado marketing viral, capaz de hacer que un mensaje se despliegue a gran velocidad, en cuestión minutos, en grandes masas o audiencias, sin importar fronteras, idiomas o culturas. En este caso el puente fue Facebook, que en la actualidad tiene 64 millones de personas activas, cifra que crece a una tasa diaria de 250,000 nuevos inscritos.
"Ni siquiera las convocatorias de Barack Obama o Hillary Clinton en Facebook han tenido una respuesta como esta contra las Farc", dijo Alberto Pardo, experto de Internet.
El llamado contra las Farc llegó a 193 ciudades de Colombia y del mundo. Y fueron millones de colombianos los que salieron a marchar.
Desde pequeños grupos como el de Irak (3 personas), con un cartel artesanal en español que decía: "Soy Julio, vivo en el Kurdistan irakí. Desde aquí, paz para Colombia, fin para las Farc"; el del desierto del Sahara (en Argelia, de 5 personas), con una pequeña pancarta que reza: "No más Farc, rompamos esas cadenas"; o los millones que desbordaron las vías y las plazas de la capital colombiana (la más grande de todos los tiempos), con todo tipo de condenas a esta organización alzada en armas desde hace casi 50 años.
Tampoco se había visto, jamás, así como ayer, la capacidad de convocatoria y de respuesta ciudadana, alejada de intereses partidistas. Fue un solo hombre, Oscar Morales, un ingeniero civil, quien desde la soledad de su casa, en Barranquilla, originó la convocatoria. Y tampoco se había visto que millones de colombianos respondieran de manera tan espontánea.En Colombia hubo un desbordamiento humano en veredas, barrios, pueblos y ciudades, hastiado de la violencia.

Los políticos y sociólogos, acostumbrados los primeros a generar movimientos de masas y los segundos a estudiar estos fenómenos, apenas empiezan a digerir lo de ayer.
El ex presidente César Gaviria, jefe del liberalismo, dijo que "fue una expresión de la sociedad civil que el país no conocía en toda su historia. Una expresión que desbordó los partidos políticos, los sindicatos y las instituciones".
Ahogados por los millones de voces en coro, quedaron quienes pretendieron ir en contra de del dolor.Abelardo Carrillo, director del programa de sociología de la U. el Rosario, concluyó: "Por primera vez la sociedad colombiana en general, siente que puede ser víctima de este tipo de actos. El colombiano piensa en sus hijos, en sus padres, en sus familiares. Es como un despertar". Así marcharon en el mundo
La cancillería colombiana en distintos países entregó un reporte de la movilización.
En Londres,
alrededor de 3.000 colombianos residentes se reunieron para marchar alrededor del lema "No más FARC en Colombia", a partir de las 12:30 del medio día.
En Savoy Street se inició el recorrido por Strand hacia Trafalgar Square, continuando por Whitehall en dirección a Parliament Street y concluyendo en Richmond Terrace. Marcharon con banderas y pancartas con los eslogans de "No más FARC", "Libertad sin condiciones", "No más secuestrados".
En La Haya, a las 11 y 30 de la mañana, 450 personas marcharon en protesta contra las Farc.La marcha comenzó en el Plein, al lado del Parlamento holandés y, posteriormente, recorrió las vías principales de esta ciudad. Los manifestantes llevaron banderas y lucieron camisetas blancas, con inscripciones de rechazo a esa guerrilla.
En Varsovia, a pesar del reducido tamaño de la colonia colombiana, de aproximadamente 40 personas, todos acudieron a manifestarse en contra del terrorismo de las Farc. Además, un grupo de extranjeros se solidarizó con la protesta.
La sede de la Embajada de Colombia fue prestada para este importante evento, ante la iniciativa de algunos jóvenes colombianos. Los asistentes entonaron el Himno Nacional y pronunciaron mensajes de paz, con la esperanza de un futuro de libertad para los cientos de compatriotas injustamente privados de ella.
La manifestación inició a las 6 de la tarde y se extendió durante hora y media.
En Ciudad de Panamá, el sitio de encuentro fue la iglesia del Santuario Nacional de Panamá. Allí se congregaron los colombianos residentes para dejar claro que el país no quiere más violencia, que está cansado del terrorismo y la barbarie de las Farc. Entonando el Himno Nacional y elevando una plegaria por la libertad de los secuestrados se dio inicio a esta manifestación que concluyó con una marcha por el área bancaria de esta ciudad. Los manifestantes clamaron por la liberación de los secuestrados y firmaron un acta que será entregada a la Cruz Roja Internacional, en la cual los participantes rechazan el secuestro y les envían un mensaje de solidaridad y una voz de aliento a los secuestrados en poder de esa guerrilla.
En Moscú, a la marcha liderada por un grupo de estudiantes colombianos residentes allí, asistieron empresarios, periodistas, y ciudadanos colombianos y rusos. Se llevó a cabo en las instalaciones del Instituto de América Latina de Rusia.
Los representantes de la comunidad colombiana pronunciaron discursos frente al auditorio, en los que manifestaron su inconformidad contra el secuestro y las acciones violentas de los grupos al margen de la Ley.La Embajada de Colombia en Rusia estuvo presente apoyando al grupo de colombianos.
Tokio se vistió de blanco para acompañar a las más de 100 personas que se unieron a la marcha para decir "NO a las Farc" y "Colombia, queremos a tus hijos vivos, libres y en paz".Desafiando la nevada más severa de los últimos años, colombianos y amigos del país se dieron cita en el Parque Togo Gensui Kinen, para recorrer dos kilómetros hasta la Iglesia de San Ignacio, en el barrio de Yotsuya, y asistir a la eucaristía ofrecida por la paz del país.
Los colombianos que se vieron atrapados en los servicios de transporte, debido a los retrasos causados por la nevada, mantuvieron contacto vía telefónica con los asistentes para expresar su apoyo.La embajadora, Patricia Cárdenas, participó activamente, junto con los representantes de importantes firmas colombianas en Japón, que se unieron a la manifestación liderada localmente por Juan Pablo Campos.
En Tel Aviv, hasta la Embajada de Colombia en Israel llegó el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien les dio una voz de aliento a los manifestantes en nombre del Gobierno del Presidente Álvaro Uribe y afirmó que "los colombianos marcharon este día en el mundo manifestándose contra el terrorismo de las Farc".
Agregó que "estamos mejor que antes y vamos por buen camino. Manifestaciones como esta por parte de la gente buena nos estimulan para continuar".
En Asunción, en la plaza de la Democracia, se congregaron más de 250 personas de la colonia colombiana y ciudadanos paraguayos, entre ellos, influyentes figuras del Gobierno y la política.
Los participantes hicieron un minuto de silencio por los secuestrados y marcharon en silencio dentro de la Plaza.
En Managua, los colombianos residentes en Nicaragua se reunieron para protestar contra las Farc vestidos de blanco y con pancartas que decían: "No más Farc", "No más mentiras", "No más secuestros", "No más muertes".
En Atlanta, la comunidad colombiana se reunió el lunes en el parqueadero del Consulado General de Colombia, en rechazo a las Farc. Portaron pancartas y vistieron camisetas blancas con leyendas por la paz y contra el secuestro y el terrorismo de los grupos al margen de la ley.
También, el pasado sábado 2 de febrero, más de mil colombianos se concentraron en el Santafe Mall, para después caminar por las calles aledañas y portar pancartas y gritar consignas contra el secuestro y el terror de las Farc.
Otras marchas con movilización social
Aunque la marcha contra las Farc es reconocida como la más grande en la historia del país, analistas e investigadores rescatan otras movilizaciones y concentraciones.
1. Marcha del silencio. Fue liderada por Jorge Eliécer Gaitán el 7 de febrero de 1948. Cien mil bogotanos se congregaron en silencio en la Plaza de Bolívar. Pedían la intervención gubernamental en la violencia contra los liberales.
2. Marcha contra Rojas. El 10 de mayo de 1957 miles de estudiantes universitarios de Bogotá marcharon para protestar contra la dureza de la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Ese día el dictador renunció a su cargo.
3. Creación de la Anapo. El 13 de junio de 1971 la plaza y las calles de Villa de Leyva se colmaron. Seguidores de Rojas Pinilla crearon la Anapo en rechazo al fraude en las elecciones presidenciales de 1970 que ganó el conservador Misael Pastrana Borrero.
4. No al secuestro. Entre 1995 y 1996 se realizaron numerosas protestas contra el flagelo del secuestro. En las principales ciudades del país colombianos de todos los rincones marcharon liderados por País Libre, a cuya cabeza estaba Francisco Santos.
5. Séptima papeleta. Tras la muerte de Luis Carlos Galán en 1989, un movimiento estudiantil impulsó la séptima papeleta en las elecciones de 1990. La masiva votación condujo a la creación de la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución del 91.
REDACCIÓN POLÍTICA

China

La China se avecina/Juan Goytisolo, escritor
Publicado en EL PAÍS, 03/02/2008;
En 1971, con motivo del viaje del presidente Nixon a la República Popular China, uno de los canales de mayor audiencia de la televisión estadounidense proyectó un montaje de filmes antiguos sobre la imagen del chino en el cine popular norteamericano a lo largo del siglo XX. Recuerdo que se abría con una secuencia muda en la que unos chiquillos, para divertirse, prendían fuego a una casa habitada por chinos: los planos de los jovencitos riéndose de su propia gracia alternaban con las gesticulaciones impotentes de los atrapados en la habitación incendiada. Matar a un chino hace cien años podía ser objeto de hilaridad. La percepción de Hollywood cambió radicalmente después de Pearl Harbour (1941) y la entrada en guerra de Chang Kai-Chek contra el agresor japonés. Los chinos eran presentados como abnegados, laboriosos y fieles amigos del pueblo estadounidense. La victoria de Mao Tse-Tung en 1949 dio un nuevo vuelco al tema. Los comunistas de ojos rasgados aparecían pintados con los colores más negros: desleales, malvados, como los malos de las películas de Fu Man Chú. Los descendientes de los culíes esclavizados a lo largo del siglo XIX volvían a encarnar el papel del enemigo cruel, de intenciones pérfidas y traidora sonrisa.
Los culíes, ¿quién se acuerda hoy de ellos? La opinión pública de Occidente ignora que a partir de la llamada Guerra del Opio y de las abusivas concesiones europeas en la costa oriental asiática, los hijos del Celeste Imperio fueron objeto de una muy lucrativa trata de esclavos en el continente americano, especialmente en el Caribe. La sacarocracia cubana se sirvió de ellos para multiplicar sus beneficios y, como documenta Martín Rodrigo y Alharilla en su obra Indians a Catalunya, mis buenos antepasados esclavistas, compradores de lotes de negros, andaban también en tratos con “la compañía importadora de chinos”. Esta página oscura de la historia colonial española no ha sido estudiada aún con toda la atención que merece.
Paralelamente a la importación de culíes en unas condiciones que podemos imaginar, se desenvolvía en Europa el fantasma del “peligro amarillo”. No sé si Napoleón y Julio Verne contribuyeron a ello. Lo cierto es que los escritos sobre el mismo se multiplicaron y disfrutaron de un gran éxito de público. Marcel Proust pone irónicamente en boca de la duquesa de Guermantes un “la Chine me préoccupe” que resume magistralmente las charlas de los círculos aristocráticos que frecuentó y retrató. Una abundante bibliografía se extiende en el tema con numerosas variantes y, pasada la Segunda Guerra Mundial, la victoria del comunismo agravó estos temores. Recuerdo que, tras la ruptura de Mao con el “revisionista” Jruschev, el entonces famoso bardo soviético Yevtushenko perpetró unos versos en los que, refiriéndose a sus ex camaradas asiáticos, les increpaba: “Nos odiáis porque tenemos la piel blanca y los ojos azules” o algo por el estilo. Por esas mismas fechas dos parientas lejanas mías, ricas y piadosas, contactaron a través de sus sobrinos con el célebre Padre Pío para preguntarle si, en caso de invasión china, estarían más seguras en su domicilio de París o en España. La respuesta fue contundente: en la Península. Y allí se trasladaron para fallecer poco después a causa de su avanzada edad.
Ahora el imparable desarrollo económico de la República Popular -con su peculiar asociación de autoritarismo político y de economía de mercado- ha vuelto a encender todas las alarmas. ¡Lo están invadiendo todo!, escucho a mi alrededor. Y, hasta cierto punto, los hechos dan la razón a los agoreros del nuevo “peligro asiático”. El mercado mundial, para poner un ejemplo, rebosa de productos fabricados en China. Los “manteros” de las ciudades europeas y zocos árabes (hablo tan sólo de lo que he visto) brindan a los peatones camisetas de Lacoste y Dolce & Gabbana, relojes de presunta marca suiza, bolsos Vuitton, perfumes de Dior, etcétera, mientras acechan con el rabillo del ojo una posible incursión de la policía. Para mayor inri de la marca usurpada, es fácil tropezar con chicos y chicas que lucen un “authentic Armani”, cuya burda falsificación salta a la vista. El conocimiento por los chinos de las culturas religiosas, costumbres y modas de las distintas sociedades del planeta se traduce en una oferta adaptada a los gustos y usos del consumidor. Lo que vale para un continente o una determinada civilización no sirve para otra, y esa especialización, a partir de la bien estudiada diversidad de la clientela, obra prodigios.
Hace un par de años fui a felicitar, como es costumbre en los países árabes, a un amable y cariñoso vecino de edad muy superior a la mía que acababa de cumplir con el precepto religioso de la peregrinación. El anciano me mostró muy emocionado el mejor recuerdo que había traído de su viaje: una alfombrilla para orar con una brújula indicativa de la alquibla o dirección a La Meca. La acariciaba con amoroso respeto y, al darle yo la vuelta a fin de que la examinara, descubrí la pequeña etiqueta del made in China. ¡En vez de discutir sobre los valores y amenazas del islam, como en Occidente, los pragmáticos chinos aprovechan sus mandamientos religiosos para hacer negocios!
El número elevado de la población (¡1.300 millones!) es objeto asimismo de aprehensiones y de predicciones terroríficas. Los cálculos a medio plazo prevén el desplazamiento anual de treinta y pico millones de nuevos ricos (un 3% de la población) a Nueva York, París, Venecia, Mallorca, u otros lugares precedidos por el turismo. Una serie de hechos aislados, pero significativos, avalan los pronósticos de una imparable expansión comercial. Barrios enteros de ciudades europeas o norteamericanas se parecen cada vez más a Cantón o Shanghai. Sus marchantes, camareros y peatones muestran un alto grado de civilidad: eficaces, atentos, discretos, son la antítesis de los moradores que les precedieron y que, por una razón u otra, alzaron velas y se fueron a otra parte.
Del empeño, disciplina y laboriosidad de los chinos tuve una elocuente muestra en Yemen. A la salida de Saná, a la derecha de la carretera que conduce a Monte Haraz, divisé de pronto una colina rematada por una insólita pagoda y otros elementos dignos de un decorado de Madame Butterfly. Según explicaron mis acompañantes, es el cementerio de los obreros chinos muertos durante la construcción de la carretera que enlaza la capital yemení con las escarpadas cordilleras del noroeste: una vía abierta a más de 3.000 metros de altura gracias a un régimen de servidumbre y falta de protección laboral evidentes. Esta ayuda de la República Popular a sus “hermanos” marxistas de Yemen se extiende ahora a la mayor parte del continente africano, en contrapartida por los jugosos contratos de explotación de petróleo, gas, uranio y de otros minerales de importancia estratégica. La gigantesca presa de Sudán es obra de millares de operarios chinos que trabajan del alba al crepúsculo y se hacinan en barriadas dormitorio totalmente aislados del resto de la población. Como señala una corresponsal que las visitó, son verdaderos cuarteles en razón de su desnudez, disciplina y rigidez de horarios. La lista de ejemplos es larga y me detengo aquí. Sin cargar en sus hombros un pasado esclavista ni colonial, y sin escrúpulos de conciencia sobre la índole de los regímenes políticos con los que comercia, China resulta más atractiva para los Estados africanos que la de sus antiguos amos.
El espíritu de iniciativa, la aplicación y el esmero reinantes en la futura superpotencia mundial, en vez de suscitar admiración, inquietan. Los chinos son acusados de acelerar el calentamiento global (lo cual es cierto, aunque no alcance ni mucho menos el nivel de las emisiones de dióxido de carbono estadounidenses); de acrecentar su competitividad merced a unos salarios ínfimos y a la falta de organizaciones sindicales (lo mismo acaece en India y la mayoría de países de Asia, África e Iberoamérica); de exportar mercancías de baja calidad y potencialmente nocivas para la salud del cliente (esto último en beneficio de las empresas europeas y norteamericanas que ofrecen productos no contaminantes a un precio sustancialmente más alto). Pero en los países de renta per cápita baja, el consumidor no puede elegir. Acude al reclamo de lo más barato, y lo más barato es chino.
La retahíla de lamentos que escucho se resumen en uno: por su número, habilidad y paciencia, los chinos acabarán por dominar el planeta, no ya por su fuerza militar, sino por su potencial económico. Resucitar el fantasma del “peligro amarillo” es fácil y no faltan estadísticas, pronósticos ni anécdotas que contribuyen a convocarlo. Mas yo prefiero el humor de José Bergamín cuando en un poema que publiqué a fines de 1967 en Cuadernos de Ruedo Ibérico profetizaba: “De aquí a cien años todos calvos / solían decir los padres capuchinos. / Ahora, cuando se quitan la capucha, / dicen, de aquí a cien años todos chinos”.

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