7 sept 2009

La frontera más peligrosa

La frontera más peligrosa del mundo/Ahmed Rashid, periodista y escritor paquistaní, autor de la obra Talibán.
Publicado en EL MUNDO, 04/09/09;
Una crisis sin precedentes ha paralizado Asia central y meridional como consecuencia del escandaloso amaño de las elecciones afganas, de la intensificación de la rebelión de los talibán en Afganistán y de la tozuda negativa del ejército de Pakistán a perseguir a los cabecillas taliban en el Waziristán del Norte y en el del Sur, a pesar de la avalancha de atentados con bombas de terroristas suicidas en territorio paquistaní.
El empeoramiento de la crisis en toda la zona va a tener consecuencias de largo alcance a escala internacional debido a las cada vez mayores inversiones en recursos financieros y en soldados de los Estados Unidos, y la OTAN otros países. El panorama que tienen por delante las potencias occidentales está adquiriendo unas características más bien lúgubres. Cuando el presidente Barack Obama tomó posesión de su cargo, Pakistán y Afganistán pasaron a ser, de manera inmediata, sus prioridades de política exterior ante la falta de interés y de recursos que les había dedicado la Administración Bush.
Desde entonces, Obama ha decidido el envío de otros 21.000 soldados más a Afganistán, ha comprometido miles de millones de dólares en la reconstrucción de las fuerzas afganas de seguridad y ha acelerado el desarrollo económico. Se trata de una estrategia diferente, productiva y constructiva, que los principales aliados de Estados Unidos han hecho suya, aunque el Gobierno norteamericano no ha dispuesto ni de tiempo ni de espacio para ponerla en práctica sobre el terreno. En su lugar, a las principales fuerzas en presencia (los Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea y las Naciones Unidas) se les ha ido la mayor parte del año en la preparación de las segundas elecciones presidenciales en Afganistán y en garantizar su seguridad. Todo lo demás ha tenido que quedarse a la espera. Entretanto, la estrategia de Obama hace frente a un creciente malestar de los ciudadanos estadounidenses porque la guerra de Afganistán se está prolongando durante más tiempo que el que suman la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.
Otro asunto complicado para Obama ha sido la tensa relación con el presidente Hamid Karzai, que en primavera estaba convencido de que Obama y el enviado especial de los Estados Unidos a Afganistán y Pakistán, Richard Holbrooke, querían sustituirlo y que las elecciones se celebrarían bajo un presidente provisional, aunque no fue el caso. La falta de confianza entre los Estados Unidos y el gobierno afgano ha alcanzado su punto culminante en el período electoral, en el que Karzai se ha tenido que enfrentar a 41 rivales, aunque la pugna más reñida la ha tenido con el doctor Abdullah Abdullah, el ex ministro de Asuntos Exteriores.
Por lo que parece, el gobierno de Karzai ha amañado descaradamente las elecciones, llenando las urnas con votos a su favor, destruyendo papeletas de sus rivales e intimidando a la población. Ante la Comisión de Quejas Electorales se han presentado más de 2.500 reclamaciones, de las que 570 son lo suficientemente graves como para alterar los resultados del escrutinio. La afluencia de votantes a las urnas fue la mitad de la registrada en las elecciones presidenciales del 2004, cuando acudió a votar más del 70 por ciento de la población. En algunas zonas del sur y del este del país, en las que los electores fueron amenazados por los talibán con cortarles los dedos, el número de votantes apenas si subió ligeramente por encima del uno al cinco por ciento, según funcionarios occidentales presentes en esas regiones.
Esta manipulación de las elecciones ha deteriorado tanto la credibilidad de Karzai como de los occidentales que lo apoyan, ha puesto en peligro la confianza de los afganos en una futura democracia y ha dado a los talibán más razones para dar la impresión de que están ganando. En la actualidad tienen bajo su control más de una tercera parte del país. Mientras se conocen los resultados (a uno de septiembre, Karzai se alzaba con un 46 por ciento de los votos y Abdullah, con un 33 por ciento, tras haberse escrutado el 48 por ciento de los sufragios emitidos), las tensiones entre Karzai y Abdullah no han dejado de aumentar. Si Karzai no obtiene el 51 por ciento de los votos, se celebrará entonces una segunda vuelta a primeros de octubre. Por otra parte, si la victoria de Karzai no ofreciera dudas, su legitimidad sería puesta en duda por muchos afganos, al tiempo que se deterioraría la credibilidad de la comunidad internacional.
Una vuelta de desempate en octubre entre Karzai y Abdullá devolvería posiblemente la credibilidad al proceso democrático si los comicios se desarrollaran con más seriedad, pero mantendría paralizado el país durante los dos meses siguientes. En ese período podrían surgir fuertes tensiones de carácter racial, rivalidades y violencia política, incluso asesinatos, mientras que los talibán encontrarán más justificaciones para su condena de la democracia como una conspiración de los infieles. En último término, no hay ninguna garantía de que unas elecciones en segunda vuelta vayan a celebrarse dentro de una mayor limpieza.
Por toda la región cunde el miedo de la población a que los Estados Unidos y la OTAN puedan empezar a pensar en salir de Afganistán en los próximos 12 meses aunque su misión no se pueda considerar completada. Algo así tendría como resultado, casi con total seguridad, que los talibán entrarían en Kabul, que Al Qaeda dispondría de mayor espacio para montar atentados terroristas a escala global y que los talibán paquistaníes liberarían áreas extensas de Pakistán. El plan de la insurgencia de esperar pacientemente a que los norteamericanos se vayan parece ahora más lógico de lo que ha parecido nunca. Para las fuerzas occidentales, Pakistán sigue siendo una clave fundamental en la recuperación de la iniciativa en Afganistán, lo que impone necesariamente la eliminación tanto de los talibán paquistaníes como de los afganos del territorio del país vecino.
Se habían depositado grandes esperanzas en que el ejército de Pakistán lanzara una ofensiva concertada contra todas las facciones talibán después de los dos grandes éxitos cosechados durante el verano. El primero de ellos fue la muerte de Baitullah Mehsud, el poderoso y despiadado comandante de los talibán paquistaníes, que el 5 de agosto resultó muerto en un ataque de los estadounidenses con misiles a Waziristán del Sur.
Su muerte supuso el primer gran golpe en la guerra contra los cabecillas extremistas que viven refugiados en Pakistán desde el año 2003, cuando varios miembros destacados de la cúpula de Al Qaeda cayeron por fin detenidos o muertos. Los 20.000 milicianos de Mehsud, según algunos cálculos, controlaban las siete agencias del gobierno que se ocupan de las tribus de la zona fronteriza con Afganistán, una región que en la actualidad se encuentra completamente en manos de los talibán paquistaníes.
El segundo éxito se produjo en julio, cuando el ejército desalojó al fin a los talibán que se habían apoderado del valle de Swat en abril. Más de 1.700 milicianos y 105 soldados regulares resultaron muertos en los intensos combates que acabaron con unos dos millones de personas que tuvieron que abandonar la región. De ellos, más de un millón ha regresado ya a su hogar.
Mehsud era un cabecilla que gozaba de la cercanía y la confianza de Osama Bin Laden, de Mullah Omar, el jefe de los talibán afganos, y de Jalaluddin Haqqani, un aliado clave de aquellos. Les facilitaba recursos, combatientes e instalaciones para las más variadas operaciones. Ante lo mucho que está en juego en esta frontera, ha habido una feroz competencia entre diversos rivales de tribus pastún para suceder a Mehsud. El 26 de agosto se alcanzó un acuerdo para compartir el poder entre los dos principales rivales. Hakimullah, de 28 años, un despiadado delfín de Mehsud se convirtió en el nuevo jefe de los talibán paquistaníes. Su principal oponente, Waliur Rehman, que era el segundo de Mehsud, se pondrá al frente de los milicianos de Waziristán del Sur.
Ambos hombres han anunciado una nueva campaña de atentados en Pakistán y un mayor apoyo a los talibán afganos. Estados Unidos y la OTAN aguardan con suma ansiedad que Pakistán ejerza una mayor presión mediante el lanzamiento de una ofensiva en Waziristán del Sur para eliminar a los talibán paquistaníes y, posteriormente, en una segunda fase, entrar en Waziristán del Norte, donde tienen sus bases dirigentes de Al Qaeda y de los terroristas afganos.
La pregunta clave es si el ejército y los servicios de espionaje de Pakistán, que han prestado apoyo desde 2001 a los talibán afganos y paquistaníes, van a aprovechar esta coyuntura histórica para dar un giro estratégico y se decidan de una vez a eliminar a los talibán paquistaníes y afganos, así como a Al Qaeda. Hasta ahora, el ejército de Pakistán ha considerado a los talibán afganos un recurso estratégico en su batalla por ganar influencia en Afganistán frente a la India. Los generales paquistaníes han dejado claro que no invadirán Waziristán del Sur de aquí a muchos meses, y quizás nunca. Lo que el ejército preferiría sería quedarse a la espera mientras se decide qué es lo que ocurre en Waziristán, y también en Afganistán.
También está sopesando sus posibilidades y titubeando sobre si invade el territorio de la frontera donde se asientan las tribus. Nada de eso va a contentar a las fuerzas occidentales presentes en Afganistán porque aumenta su vulnerabilidad a la afluencia de hombres, medios materiales y terroristas suicidas que los talibán envían desde las fronteras. Miembros destacados del Gobierno paquistaní advierten que ese giro estratégico sólo podrá tener lugar si la India cambia asimismo de postura. El 80% de los soldados de Pakistán se encuentran apostados en la frontera con la India. Los planes del ejército en relación con Afganistán están predeterminados por su estrategia hacia la India. Mientras los santuarios talibán se mantengan en el territorio fronterizo, no habrá forma de contener la insurgencia en Afganistán, no podrán celebrarse unas elecciones libres y limpias y no se podrán garantizar las vidas de los afganos.

Besos

El beso como símbolo/Javier Otaola, escritor y abogado
Publicado en EL CORREO DIGITAL, 05/09/09;
En esta época de tantas seguridades vivimos sin embargo rodeados por la conciencia cada vez más viva del riesgo. La inquietante amenaza del H1N1 que nos trae la gripe A parece que va a proscribir el uso social del beso entre nosotros. Lo cual, a mi juicio, es una pena.
El beso es un antiquísimo y extendido uso social, además de ser, cuando es intenso e íntimo, un juego sexual. Nuestro padre Freud dictaminó que el beso erótico es nada menos que un intento inconsciente de volver a la seguridad del pecho materno (elemental querido Sigmund).

El fuego del Bicentenario

Fernando Gómez Montt en la Ceremonia de El Fuego del Bicentenario
Domingo, 6 de Septiembre de 2009

Don Felipe Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; doña Margarita Zavala, su encantadora esposa.
Señores miembros del presídium, señoras y señores, jóvenes, niños, amigos:
Es un privilegio participar en esta ceremonia que marca formalmente el inicio del año del Bicentenario. Es un honor pertenecer a la generación que ha sido definida por éste; a la generación que tiene la oportunidad de contribuir en una fecha de tan importante simbolismo histórico, mediante acciones concretas, a la construcción de una Nación más próspera, más justa, más democrática, más equitativa.
El día de hoy marca el inicio de un proceso de introspección, de vinculación con etapas definitorias de nuestra historia nacional, no para encontrar en las victorias y derrotas la explicación de nuestra realidad, sino para reconocer en nuestra memoria el fundamento de lo que somos.
Sólo la historia nos vincula a todos los mexicanos por igual; es la única realidad que compartimos todos, que nos pertenece a todos, que nos define a todos.
Hoy tenemos la oportunidad, como Nación, de encontrar en esa historia el hilo conductor de un proyecto nacional y replantearlo o consolidarlo. De identificar en el pasado la urgencia de renovación, de cambio, de transformación de quienes sintieron reconstruir su realidad para rediseñar su futuro, y así lo hicieron.
La lucha por la Independencia, en 1810, y por la Revolución, en 1910, buscaron incorporar a la vida política, a la Agenda Nacional, a sectores de la sociedad que hasta entonces habían estado marginados del bienestar y de la toma de decisiones.
El 2010, puede y debe marcar la consolidación de este proceso de inclusión para todos los sectores que aún se sienten alejados del ejercicio del Gobierno.
La invitación que extendió el Presidente Calderón en días pasados es, precisamente, a tomar las acciones necesarias para construir un bienestar compartido del que participen todos los mexicanos.
Desde el Gobierno, con una profunda modernización en la concepción de su ejercicio, con la transversalización del poder hacia los ciudadanos, con un gasto más responsable, incorporando eficiencia y equidad como criterios rectores. Desde la ciudadanía, con la participación, con honestidad, con responsabilidad y con solidaridad.
La historia nos sirve como referente, pero también nos sirve como lección.
Sabemos hoy por la experiencia de la Nación, que toda inclusión debe llevarse a cabo por la vía de las instituciones y dejar huella en ellas; porque los cambios en el Gobierno no pueden depender de voluntades personales, ni intereses particulares ni de arbitrariedades del ánimo.
La democracia es la garantía de representación y de participación, desde la coincidencia y desde la disidencia; sólo los procesos institucionales ofrecen la estabilidad necesaria para prometerlo siempre.
Hoy tenemos la oportunidad de construir un ideal que nos corresponda, que nos incluya a todos, de consolidar un proyecto que nos pertenezca, que compartir la historia y el futuro a través de la participación en la transformación del presente.
Hoy tenemos el derecho como generación de hacer propias las ideas que son nuestra convicción y de ejercerlas como realidades.
Hoy tenemos la posibilidad de redefinir nuestra identidad, una identidad que no conozca de intolerancia, de violencia, de marginación, sino construya en la diversidad y se fortalezca con el acuerdo y triunfe con la compasión.
Hoy debemos repensar los logros y los rezagos pendientes, la diversidad y la comunión de la Nación, la inminente realidad
de un país que se construye a través de su propio reconocimiento; y a partir de éste debemos asirnos a la esperanza, sacudirnos la apatía y participar de una historia que se construye todos los días desde nuestros referentes más inmediatos y más personales.
La transformación profunda de nuestras instituciones, de nuestras prácticas y de nuestra realidad, no se sustenta únicamente que tengamos la capacidad de integrar nuestras esperanzas y proyectos como individuos, y así multiplicar las oportunidades dentro de la colectividad.
México tiene hoy la capacidad para hacerlo, México es un país joven, que debe aprovechar el vigor productivo y anímico que ello le ofrece, y que busca hacerlo.
Que el ciclo que hoy comienza sea de instituciones renovadas, de proyectos legislativos reformistas y comprometidos, de una sociedad unida y segura, de gobiernos sensibles y con responsabilidad.
Que la pobreza, la desigualdad, la inequidad, la intolerancia, la ignorancia y la marginación sean parte de la historia que nos fortaleció para transformarla.
Construyamos una Patria más justa, más libre, más ordenada, más democrática y más visionaria. Sustentemos nuestro orgullo como generación, en nuestra capacidad de transformarla.
Gracias.

La Iglesia no actúa para extender poder, dice el Papa

Mensaje del Papa para el Domingo Mundial de las Misiones 2009
E
dición número 83 del Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND) que este año tiene por tema: "Las naciones caminarán en su luz" (Apocalipsis 21, 24)
"Las naciones caminarán en su luz" (Apocalipsis 21, 24)
En este domingo, dedicado a las misiones, me dirijo ante todo a vosotros, Hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal, y también a vosotros, hermanos y hermanas de todo el Pueblo de Dios, para exhortar a cada uno a reavivar en sí mismo la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer "discípulos a todos los pueblos" (Mt 28,19), siguiendo los pasos de san Pablo, el Apóstol de las Gentes.
"Las naciones caminarán en su luz" (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.
Es en esta perspectiva que los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados Predecesores: la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que "el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad" (Evangelii nuntiandi, 1), la cual "está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia" (Redemptoris missio, 2).
1. Todos los Pueblos llamados a la salvación
La humanidad entera tiene la vocación radical de regresar a su fuente, que es Dios, el único en Quien encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad serán repacificadas y reconciliadas mediante la sangre de la Cruz, y reconducidas a la unidad.
El nuevo inicio ya comenzó con la resurrección y exaltación de Cristo, que atrae a sí todas las cosas, las renueva, las hace partícipes del eterno gozo de Dios. El futuro de la nueva creación brilla ya en nuestro mundo y enciende, aunque en medio de contradicciones y sufrimientos, la esperanza de una vida nueva. La misión de la Iglesia es la de "contagiar" de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios. Es sólo al interno de dicha misión que se comprende y autentifica el verdadero camino histórico de la humanidad. La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario.
2. Iglesia peregrina
La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio a pueblos enteros (cf. Evangelii nuntiandi, 53). Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo. Su misión y su servicio no son a la medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el marco de la existencia temporal, sino de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 27). Este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo (cf. Jn 18,36), es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre. La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, "que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar... y así llevar la luz de Dios al mundo" (Deus caritas est, 39). Es a esta misión y servicio que, con este Mensaje, llamo a participar a todos los miembros e instituciones de la Iglesia.
3. Missio ad gentes
De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo "confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia" (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto "la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor nuestro Dios, aunque estén lejos" (Hch 2,39).
La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo se realice plenamente: "Pero ahora no vemos todavía que todo le esté sometido" (Hb 2,8).
4. Llamados a evangelizar también mediante el martirio
En esta Jornada dedicada a las misiones, recuerdo en la oración a quienes han hecho de su vida una exclusiva consagración al trabajo de evangelización. Una mención particular es para aquellas Iglesias locales, y para aquellos misioneros y misioneras que se encuentran testimoniando y difundiendo el Reino de Dios en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte. No son pocos quienes actualmente son llevados a la muerte por causa de su "Nombre". Es aún de una actualidad tremenda lo que escribía mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II: "La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente, mostrándonos nuestro tiempo particularmente rico en testigos que, de una manera u otra, han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, a menudo hasta dar su propia sangre como prueba suprema" (Novo millennio ineunte, 41).
La participación en la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. "Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán" (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad.
A las Iglesias antiguas como a las de reciente fundación les recuerdo que han sido colocadas por el Señor como sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los extremos confines de la tierra. La missio ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales.
A las Obras Misionales Pontificias dirijo mi agradecimiento y mi aliento por el indispensable trabajo de animación, formación misionera y ayuda económica que aseguran a las jóvenes Iglesias. A través de estas Instituciones pontificias se realiza en modo admirable la comunión entre las Iglesias, con el intercambio de dones, en la solicitud mutua y en la común proyección misionera.
5. Conclusión
El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptionis missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que incluso antes de ser acción es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptionis missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución.
Al mismo tiempo invito a todos a dar un signo creíble de comunión entre las Iglesias, con una ayuda económica, especialmente en la fase de crisis que está atravesando la humanidad, para colocar a las Iglesias locales en condición de iluminar a las gentes con el Evangelio de la caridad.
Nos guíe en nuestra acción misionera la Virgen María, estrella de la Nueva Evangelización, que ha dado al mundo a Cristo, puesto como luz de las gentes, para que lleve la salvación "hasta el extremo de la tierra" (Hch 13,47).
A todos mi Bendición.
Vaticano, 29 de junio de 2009

BENEDICTUS PP. XVI

Colombia

El relevo ministerial en la política colombiana de seguridad y defensa: ¿nueva agenda?, ¿nuevas amenazas? /Vicente Torrijos R.
ARI 123/2009 - Instituto Real Elcano, 18/08/2009
Tema: El relevo de Juan Manuel Santos por Gabriel Silva Luján como ministro de Defensa en Colombia abre nuevos interrogantes y desafíos para una política de seguridad que ha sido considerada tan polémica como exitosa.
Resumen: La renuncia de Juan Manuel Santos a la cartera de Defensa en Colombia para lanzarse como precandidato presidencial y su relevo por Gabriel Silva Luján abren nuevos interrogantes y desafíos para la Política de Defensa y Seguridad Democrática implantada en Colombia desde la llegada del presidente Álvaro Uribe. El ministro saliente ha protagonizado éxitos indudables en la lucha contra los grupos terroristas y criminales pero ha dejado abiertos a su sucesor varios retos sobre cómo mantener los progresos realizados, sostener el esfuerzo y las capacidades actuales, cómo reparar los excesos realizados contra los derechos humanos, cómo enfrentarse a los nuevos grupos criminales y cómo mejorar simultáneamente sus relaciones con EEUU y con sus vecinos Ecuador y Venezuela.
Este ARI repasa las circunstancias del relevo ministerial en uno de los países donde el perfil del ministro y la política aplicada desde el Ministerio tienen una mayor repercusión sobre la política interna y regional y donde el conflicto interno experimenta un proceso de transición desde la emergencia hacia la estabilización.
Análisis: Faltando sólo un año para que termine el segundo gobierno del presidente Álvaro Uribe, la renuncia del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien se prepara para una eventual candidatura presidencial en Colombia, ha abierto el debate sobre la continuidad o cambio en la Política de Defensa y Seguridad Democrática (PDSD) que le toca decidir a su sucesor Gabriel Silva, justo cuando el país -y la región- viven un momento de alto contenido estratégico, especialmente en lo relacionado con la sostenibilidad de esa política, la consolidación de la ofensiva contra las organizaciones armadas ilegales tanto tradicionales como mutantes, la estabilidad transfronteriza y el clima intraorganizacional de las Fuerzas Armadas, afectado por una serie de investigaciones sobre conductas impropias.
Quizá como pocas veces antes durante los últimos siete años, el cargo de ministro de Defensa Nacional ha sido uno de los más emblemáticos e importantes. A fin de cuentas, a ese Ministerio le corresponde la gestión y orientación de la Política de Defensa y Seguridad Democrática (PDSD), una política que ha sido la bandera del programa del presidente Álvaro Uribe Vélez.
[1] El período del último ministro, Juan Manuel Santos, coincidió con el comienzo de la cosecha de los esfuerzos acumulados desde el acceso al poder del presidente Uribe en 2002, sobre todo en materia de contención y neutralización de la amenaza que encarnan las organizaciones armadas ilegales.
Una serie de golpes estratégicos fueron asestados a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), al Ejército de Liberación Nacional (ELN) e, incluso, a las bandas criminales emergentes, tanto las que nunca se acogieron al proceso de negociación y reinserción como aquellas que mutaron para ponerse al servicio del narcotráfico o a las que se reciclaron poniéndose al servicio de cualquiera de las anteriores. Entre tales golpes estratégicos destaca la Operación Fénix, en la que se eliminó a uno de los principales miembros del Secretariado de las FARC, Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano, y la memorable Operación Jaque que condujo al rescate de la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt y 14 secuestrados -entre ellos varios militares y tres contratistas norteamericanos- que llevaban años sometidos a cautiverio por las FARC.
Cabe decir, sin embargo, que a pesar de estos impactantes logros, la PDSD también ha incurrido en costos que deben tenerse en cuenta en la medida en que asuntos como los "falsos positivos" (ejecuciones extrajudiciales), han revelado un fallo en la aplicación de algunos medios para obtener los fines establecidos. Al balance anterior hay que sumar, además, algunos retos de seguridad pendientes o cuestiones que pasaron a segundo plano por la priorización tajante que identificó al saliente ministro y entre los cuales cabe destacar el aumento de la sensación de inseguridad en algunas grandes ciudades durante los últimos años como consecuencia -entre otras razones- de las fuertes oleadas de desplazados por la violencia.
Con la salida del ministro Santos, cuidadosamente sincronizada con las dinámicas políticas internas -tanto en un probable escenario de nueva reelección de Uribe, como en uno sin ella-, la vacante generada en el cargo planteaba ya desde mayo del 2009 una serie de interrogantes relacionados no sólo con el perfil político-administrativo de su sucesor, Gabriel Silva Luján, sino con la agenda que éste deberá desarrollar y que, en principio, debe tener como horizonte temporal el 7 de agosto de 2010 cuando termina formalmente el segundo período presidencial de Álvaro Uribe.
El perfil del nuevo ministroUna de las lecciones aprendidas con el paso del ministro Santos por el despacho de Defensa tiene que ver con el perfil que debe tener un cargo cardinal y por lo mismo controvertido, sobre todo en la actual etapa de evolución de la dinámica de seguridad y defensa nacionales, tanto en relación con las amenazas internas como externas.
Resulta importante señalar en ese sentido que, a pesar del corto horizonte temporal con el que cuenta inicialmente, el nuevo ministro, Gabriel Silva Luján, tendrá que dejar claro que goza de la mayor envergadura política posible. Tras haberse desempeñado como asesor presidencial con Cesar Gaviria, participado en la elaboración de políticas contra la violencia y el narcotráfico y representado a su país como embajador en EEUU se apartó de la vida pública para ejercer durante casi una década como presidente del influyente gremio cafetero. Sin embargo, una amplia corriente de opinión considera que en Colombia ya no se requiere un administrador o un gerente para el sector de Defensa, como en otros momentos, sino un verdadero equilibrista político, con suficiente liquidez personal y ascendiente sobre importantes sectores sociales y, sobre todo, con un capital político propio que le permita actuar como "fusible" en situaciones de crisis, sin desgastarse ni comprometer el capital político del Gobierno en su conjunto.
Al mismo tiempo, el nuevo ministro tendrá que exhibir una serie de herramientas personales, conceptuales y diplomáticas para la proyección internacional que hoy por hoy la gestión de ese despacho conlleva. La prioridad de los objetivos de la PDSD en la agenda colombiana ha llevado recurrentemente a tensiones diplomáticas con los países del entorno y a tensiones institucionales entre el ministerio de Defensa y la Cancillería debido a que en Colombia existe una Diplomacia de Defensa expansiva que tiende a abarcar todo y en función de la cual giran casi todos los aparatos del Estado. Una situación que reflejó esta tensión se presentó en marzo del 2009 cuando el saliente ministro Santos afirmó con respecto a la operación militar colombiana en territorio ecuatoriano desarrollada un año atrás, que "golpear a terroristas que sistemáticamente están atentando contra la población de un país, así estos no se encuentren dentro de su territorio, es un acto de legítima defensa y una doctrina cada vez más aceptada por el derecho internacional".
[2] De inmediato, el ministro de Exteriores mostró su malestar por considerar abusiva la declaración en la medida en que ignoraba las funciones de cada cartera ministerial y, además, se apelaba a principios universales de manera acomodaticia.
Así que el nuevo equipo ministerial, empezando por el propio jefe de la Cartera, tendrá que mostrar elevadas capacidades negociadoras a escala internacional, no sólo para no crear tensiones interministeriales en Colombia, sino para prevenir tensiones adicionales en un vecindario turbulento, muy marcado por los altibajos (crisis-normalización-crisis) con gobiernos afiliados a la Alianza Bolivariana para las Américas -como Venezuela, Ecuador y Nicaragua- con los que no resultará fácil mantener buenas relaciones al mismo tiempo que se formulan denuncias y fijan posiciones contundentes en relación con los intereses de la defensa nacional. La gira de agosto de 2009 del presidente Uribe acompañado del ministro de Exteriores Jaime Bermúdez por varios países de la región para explicar el uso estadounidense de bases militares en territorio colombiano es un ejercicio de diplomacia pública que tanto los anteriores como el nuevo ministro deberán repetir en el futuro.
La agenda ministerialEl nuevo ministro de Defensa tendrá que concentrar sus energías (con independencia de los vaivenes políticos electorales) en, por lo menos, tres aspectos fundamentales:
(1) La sostenibilidad financiera de la PDSD, lo cual tiene que ver tanto con la búsqueda de fuentes propias y permanentes de financiamiento (por vía tributaria, por ejemplo), como con la gestión de recursos externos a mediano plazo (con el fin de dejarlos de una vez comprometidos hacia el futuro, y con independencia de la administración siguiente). De hecho, en este campo se espera que el Congreso norteamericano avance en la aprobación de recursos para el mantenimiento de las acciones que fortalecen la Política de Defensa puesto que, para 2010, se ha propuesto en el Senado la entrega de 509 millones de dólares, al tiempo que en la Cámara se habla de 520 millones adicionales.
Y aunque ya el Gobierno colombiano ha convertido el impuesto transitorio al patrimonio para garantizar la seguridad y la defensa en permanente a mediados de julio de 2009, y aunque el Congreso de EEUU ha aprobado ya las partidas correspondientes al Plan Colombia para este último tramo, no hay duda de que la sistematización del gasto en defensa, la orientación del gasto militar y el ordenamiento de cuentas durante el período de transición hacia el nuevo Gobierno (2010-2014) serán definitivos a la hora de establecer cuán lejos puede llegar la PDSD. A diferencia del período anterior, cuando la prioridad de la seguridad en la agenda del gasto era indiscutible y no hubo oposición alguna al establecimiento del "impuesto de guerra" de manera permanente ahora los ciudadanos sólo respaldarán ("relegitimarán") las inversiones en la PDSD si perciben un compromiso real en materia de rendición de cuentas y focalización de los recursos.
(2) La validación de la PDSD por su eficacia, justo en un momento de crítica aguda por parte de la oposición. Eso significa que, cualquiera que sea el escenario que a la postre se configure, la PDSD del presidente Uribe ocupará un lugar protagónico en el debate electoral de 2010 y, por lo tanto, estará sometida a un bombardeo permanente de interrogantes y dudas orientado, principalmente, a cuestionar su pertinencia y la profundidad del impacto que, realmente, ha podido generar en las condiciones de seguridad del país. Tal impacto podría evaluarse en el debate electoral por medio del análisis de los logros por alcanzar expuestos en los dos planes de desarrollo del Gobierno Uribe: "Hacia un Estado comunitario" y "Estado comunitario: desarrollo para todos", referentes, principalmente, al fortalecimiento de los aparatos de seguridad estatales, la inclusión de minorías étnicas en los procesos democráticos y la implementación de un sistema judicial y penal que responda a las demandas de la población colombiana.
La campaña electoral convertirá a la PDSD en el instrumento para medir hasta dónde ha sido posible la depuración institucional en medio de enormes tensiones políticas generadas por los nexos de buena parte de la clase política con las organizaciones armadas ilegales (tanto de extrema derecha como de extrema izquierda) o por las elecciones que se avecinan para la renovación del Congreso colombiano. Por otra parte, y así como las precandidaturas oficialistas a la Presidencia basan su fortaleza en la continuidad de la PDSD, todas las fuerzas de oposición en Colombia basan su discurso, más que en la respuesta asumida por el Gobierno frente a la crisis económica global, en las disfunciones que la PDSD ha exhibido, sobre todo, en lo relacionado con la interceptación ilegal de conversaciones, los seguimientos ilegales a miembros de partidos políticos o las Altas Cortes, y las ejecuciones extrajudiciales promovidas por algunos oficiales de la Fuerza Pública para mejorar sus calificaciones personales en la lucha contra la subversión.
Con varios relatores de Naciones Unidas en territorio colombiano, y con evidentes condicionamientos en materia de derechos humanos para lograr la aprobación de los tratados de libre comercio (con los EEUU, la UE y Canadá), el Gobierno y su coalición hacen esfuerzos visibles por destacar la necesidad de convertir a la PDSD en una verdadera política de Estado que trascienda las tendencias partidistas, pero, al mismo tiempo, recibe un alud de presiones por reorientar sus procedimientos y mecanismos de acción.
(3) La liquidación definitiva de algunas fuentes de perturbación del clima de defensa, lo que se refiere, concretamente, a la superación de los escándalos desatados durante el último año por cuenta de asuntos como los llamados "falsos positivos" (las mencionadas ejecuciones extrajudiciales) y otras irregularidades, especialmente nocivas en materia de derechos humanos que se relacionan con demandas más amplias de la población. En efecto, el Gobierno ha tenido que sortear dificultades muy agudas con los pueblos indígenas, principalmente los ubicados al suroeste, que sometieron durante varios meses al propio presidente a un desgaste incesante y al sistema político a duras pruebas mediante el bloqueo de carreteras y poblaciones, o marchas sobre ciudades principales, incluyendo la propia capital de la República. Asimismo, en un clima social marcado por paros y protestas de diversos sectores clave en el funcionamiento del sistema social (desde transportadores a fiscales), la PDSD ha tenido que ir ajustándose a las necesidades propias de un país que se encuentra sometido a un complejo conflicto irregular e intraestatal que, por sus efectos, compromete en todo caso a varios países del hemisferio.
Los retos organizacionalesAdemás de los retos políticos señalados, el nuevo equipo ministerial encargado de gestionar el último año del programa vigente y de elaborar la transición a lo que será el nuevo esquema de Seguridad y Defensa en Colombia, tendrá que abordar una agenda intraorganizacional muy delicada, orientada a optimizar los recursos del sector de Defensa en diversos ámbitos altamente sensibles. En este sentido, cabe identificar al menos tres áreas en las que, durante esta fase de transición estratégica, resulta prioritaria la intervención del jefe de la cartera de Defensa, no sólo como orientador y responsable político, sino como administrador y gerente del sector (bajo la instrucción y orientación del presidente de la República, y con el apoyo y consejo del conjunto de altos oficiales de la Fuerza Pública).
En primer lugar, la consolidación del proceso de reforma a la educación y la formación de los miembros de la Fuerza Pública, con el fin de adecuarla a las nuevas condiciones políticas nacionales, regionales y globales, y especialmente para afrontar los desafíos inherentes al escenario "post victoria" y a las eventuales transformaciones y mutaciones de una amenaza que es al mismo tiempo interna y externa. En este sentido, se hace fundamental la cooperación con EEUU -que, si bien genera tensiones en el vecindario, resulta imprescindible para contener los nexos cada vez más evidentes entre la Alianza Bolivariana (ALBA) y las FARC-, se consolida efectivamente a través de acuerdos complementarios de cooperación para el uso de las bases militares colombianas de Malambo, Palanquero, Apiay, Tolemaida, Larandia y Bahía Málaga, con las que se cubre estratégicamente todo el arco orinoco-amazónico que se extiende desde las llanuras fronterizas con Venezuela hasta las montañas andinas de la frontera con Ecuador, pasando por las selvas que se comparten con Brasil y Perú.
Después, la profundización del proceso de mejoramiento técnico, tecnológico y logístico de la Fuerza Pública, mediante la continuación y escalamiento del proceso de modernización y adaptación de los recursos disponibles, teniendo presentes los nuevos desafíos que se derivan de las tendencias del entorno vecinal latinoamericano y de las adaptaciones y transformaciones que han experimentado las organizaciones armadas ilegales (FARC y ELN) y las bandas criminales emergentes (BACRIM) que, como las denominadas "Águilas Negras", son herederas de las antiguas autodefensas y, aunque de menor calado que las anteriores, gozan de un elevado potencial de crecimiento. En cualquier caso, el intercambio constante de información de inteligencia con EEUU, y el fortalecimiento de la inteligencia nacional por medio de la difusión de las estrategias utilizadas anteriormente para alcanzar éxitos como los obtenidos con la operación Jaque, permitirán un afianzamiento respecto de la habilidad para defender los intereses nacionales sin ceder a las amenazas provenientes del escenario hostil planteado por los países de la ya citada Alianza Bolivariana, es decir, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, y sus conexiones con las guerrillas de izquierda a las que ya se aludió anteriormente.
Así las cosas, el elevado gasto militar, los avances propios en tecnología para la lucha contrainsurgente, la reorganización de algunos frentes de trabajo en materia de inteligencia estratégica, la adquisición de nuevos equipos y materiales, y el nivel de cooperación con agencias extranjeras y con gobiernos que facilitan la tarea antiterrorista, copan la atención cotidiana de un equipo que en medio de tantas agitaciones debe planear cuidadosamente las líneas maestras de actuación en materia de secuestros de personal de las Fuerzas Armadas, elevado número de víctimas de minas antipersona y la protección de una de las infraestructuras críticas más vulnerables del hemisferio.
En tercer lugar, el reto probablemente más importante será adaptar la estrategia organizacional a una amenaza asimétrica en constante mutación y que encuentra apoyos externos, diseñando e implementando una estrategia integral de anticipación tanto del Estado como de los miembros de la Fuerza Pública. Al operar en red, articulando actores no gubernamentales, pero también de naturaleza gubernamental, las agrupaciones antisistémicas sobreviven gracias al apoyo que reciben desde el exterior y la oxigenación política que les ofrecen diferentes colectivos sociales ideológicamente afines, todo ello en el marco de una refinada coreografía tendiente a convertir a las FARC y al ELN, concretamente, en los factores determinantes de la política colombiana (en la medida en que de ellos dependería la paz en Colombia si se inclinan por una opción dialogante, negociadora y reconciliadora). Ejemplo de esto fue la denuncia realizada por la inteligencia colombiana al encontrar nexos entre el ex ministro de Defensa ecuatoriano, Marcelo Larrea, y el ex colaborador del Gobierno José Ignacio Chauvín con las FARC, o los videos en que la propia comandancia guerrillera informa del apoyo económico a la campaña electoral del presidente Correa del Ecuador, o, por otra parte, la incautación de misiles tierra-aire que, vendidos por Suecia al Gobierno venezolano, les fueron incautados a las FARC en territorio colombiano.
La respuesta organizacional debe tener en cuenta que, además del apoyo recibido desde el exterior, tanto la amenaza asimétrica en Colombia como todas las organizaciones criminales asociadas a ella son altamente creativas, ingeniosas y adaptativas, de tal modo que seguirán siendo una amenaza renovada para la estabilidad democrática en el área. En tal sentido, las amenazas múltiples en Colombia han pasado a ser también multidimensionales (político-militares, internas-externas, gubernamentales-no gubernamentales, tradicionales-mutantes) y, gozando como gozan de los vínculos con el crimen organizado (y el narcotráfico), exigirán a la PDSD ajustes que vayan más allá del concepto de "consolidación" en el que se venía moviendo para pasar al de "anticipación" o "evolución" estratégica.
Conclusiones: En la delicada coyuntura conflictiva que vive Colombia, el nuevo equipo ministerial de Gabriel Silva -que atenderá la fase de transición estratégica hacia el nuevo Gobierno de 2010- tendrá que ajustar la Política de Defensa y Seguridad Democrática de acuerdo con una serie de exigencias entre las que se destacan su sostenibilidad financiera, su validación política en medio del debate electoral que se avecina, el saneamiento en relación con algunos episodios complejos que han amenazado recientemente la legitimidad adquirida y acumulada por los operadores de seguridad y defensa del Estado y la alta capacidad adaptativa o la mutación de las amenazas asimétricas.
Dicho de otro modo, eso significa, por un lado, la terminación del proceso de reforma de la educación militar, con el fin de generar una masa crítica de oficiales no sólo preparados para asumir sus responsabilidades en el campo de batalla, sino para desempeñar un papel social y político más intenso, menos fracturado y más integrado con la sociedad en su conjunto.
En segundo lugar, la adecuación de los recursos disponibles para afrontar no tanto el idealizado escenario "post victoria", sino la mutación de las amenazas y la emergencia de un escenario de defensa no necesariamente ofensivo pero sí claramente hostil en que las características internas o externas de la amenaza se funden.
Y por último, la implementación de una estrategia que cree condiciones óptimas (desde la prevención y la anticipación, pero también en términos reactivos), para la seguridad no sólo del Estado sino de los miembros de la Fuerza Pública frente a una eventual avalancha de demandas y denuncias, especialmente ante instancias internacionales, mediante las cuales las organizaciones armadas ilegales pretenderán compensar, en la tribuna de los medios y los estrados judiciales, su innegable debilitamiento militar.
Vicente Torrijos R.Profesor titular de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia
[1] Para la PDSD, véase http://www.presidencia.gov.co/seguridad_democratica.pdf.
[2] http://www.hacer.org/report/2009/03/opinion-soberania-vs-legitima-defensa.html.

Pietro Parolin en México: ¿un anuncio de visita papal?

Pietro Parolin en México: ¿un anuncio de visita papal? El viaje papal bien podría esperar un poco y concretarse una vez que pasen las aguas ...