15 jul 2026

"Fui ingenua, actué de buena fe", se justifica la Gobernadora.

Baja California: de la política al pleito de callejón

Lo que estamos presenciando en Baja California ha dejado de ser un debate político para convertirse en un auténtico pleito de callejón. Olvídense de los discursos institucionales y las formas republicanas; el choque frontal entre la actual gobernadora, Marina del Pilar, y su antecesor, Jaime Bonilla, es una guerra sucia, supuestamente grabada a escondidas, que huele a traición y a presuntos agentes extranjeros.

La emboscada de "buena fe"

Vámonos a los hechos. Diciembre de 2025, Tijuana. La Gobernadora acude a una encerrona impulsada, según su propia versión, por la "buena fe". Afirma que recibió un mensaje de WhatsApp de Bonilla —del cual no presenta pruebas— y que su intención era simplemente arreglar un tema de su visa con "autoridades estadounidenses". Pero el relato oficial da un giro oscuro: resulta que la emboscan, la acorralan con presuntos cargos judiciales y todo termina siendo, acusa ella, un montaje de su antecesor para consumar una venganza.

El polvorín nos estalla cuando el periodista Héctor de Mauleón filtra en El Universal los audios de esa plática privada.

Ante el golpe, Marina del Pilar sale a intentar apagar el fuego. Visiblemente afectada, en un primer momento acepta que la charla existió, aunque intenta restarle peso argumentando que los supuestos agentes jamás mostraron credenciales oficiales. Horas después, con el respaldo de Palacio Nacional bajo el brazo, su narrativa muta: ahora jura que los audios están manipulados y cortados con dolo. Jura que jamás traicionaría a la patria y, de paso, le recuerda a Bonilla el proceso penal que arrastra por el caso Next Energy.

"Fui ingenua, actué de buena fe", se justifica la Gobernadora.

Y justo ahí hay que detenernos. En las grandes ligas del poder, la ingenuidad no es una defensa válida; es una completa irresponsabilidad. ¿Qué no tiene asesores, un Secretario de Gobierno o un Jefe de Gabinete? Fingir demencia no borra el hecho de que sabe perfectamente dónde se metió y con quién habló.

La lógica demoledora del contragolpe

Bonilla, fiel a su estilo incendiario, no se quedó callado. Despedazó la narrativa de la "buena fe" con una lógica que resulta difícil de rebatir. A través de un comunicado y diversas entrevistas, su respuesta fue un gancho directo: Me has tratado como tu peor enemigo, me has perseguido política y penalmente... ¿y resulta que confías ciegamente en una reunión que yo te armo? No cuadra.

El exgobernador no solo niega la trampa, sino que arrincona a Marina del Pilar con preguntas que, hasta hoy, exigen respuesta:

Si fue un montaje, ¿quiénes y cómo la cruzaron a Estados Unidos sin visa?

¿Quiénes participaron realmente en esas reuniones con agencias estadounidenses?

¿Cuáles fueron las verdaderas circunstancias de los encuentros mencionados en la segunda grabación?

El manto protector de la 4T

En declaraciones recientes a MVS, Bonilla fue más allá y exhibió las entrañas del pacto político que sostiene a la actual mandataria, asegurando que la cúpula de la 4T la protege por mero cálculo electoral rumbo al 2027.

La revelación más cruda vino al recordar una charla de su época como senador con el entonces presidente López Obrador, a quien alertó sobre el control del crimen organizado en la entidad:

"El Presidente me dijo a mí: 'Mira amigo. Tú eres mi amigo y has sido mi amigo por muchos años, pero ella es mi Gobernadora y la tengo que proteger'".

El veredicto mediático y los rehenes

Para rematar, valdría la pena reflexionar sobre el durísimo eco mediático. El periódico La Jornada, a través de su sección La Rayuela, lanzó una pregunta directo a la yugular: "Si colabora como sapo, delata como sapo y trabaja a las órdenes de otra nación como sapo, ¿qué es?".

Y como bien apunta Raymundo Riva Palacio, si la figura en cuestión es la gobernadora, entonces estamos hablando de una traición a su jefe político, a la presidenta y al movimiento entero. Son las paradojas de un régimen sostenido por figuras con pies de barro, cuyas lealtades duran exactamente hasta que su libertad peligra.

El telón sigue arriba y las piezas se siguen moviendo, pero en Baja California la confianza institucional está muerta. Lo que nos queda es un estado rehén de sus propios gobernantes, atrapado en una guerra de lodo donde, seamos francos, nadie sale limpio.



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