17 may 2009

Manfiesto # 14

Manifiesto a la Nación Nº 14
A 42 años de la Masacre de Atoyac, sigue viva la lucha
del profesor Lucio Cabañas Barrientos
Ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo.
Comandante Lucio Cabañas Barrientos.
Al pueblo de México.
A los pueblos del mundo.
El 18 de mayo de 1967 fue perpetrada una cruenta represión por el gobierno y policía locales, en el Municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero, cuando profesores y padres de familia llevaban a cabo un acto de protesta social contra el autoritarismo de los directivos de la escuela Juan Álvarez y los caciques del lugar. Dicha represión cegó la vida de 5 pobladores, entre los que se encontraba una mujer embarazada, siendo heridos más de veinticinco campesinos.
La masacre y persecución llevaron al profesor Lucio Cabañas a buscar refugio en el monte. A partir de ese momento, protegido y apoyado en el campo y la ciudad por redes comunitarias, el Prof. Lucio inició en silencio la construcción del Partido de los Pobres (PDLP), y su Brigada Campesina de Ajusticiamiento (BCA), organizando al pueblo y desarrollando su conciencia política, realizando a la postre acciones de desgaste, hostigamiento, y requisa de armamento al ejército federal y a los cuerpos policiacos, así como el cobro del impuesto revolucionario a quienes se habían enriquecido a costa del despojo y la explotación.
Tras largos años de combate y resistencia, en los que causó decenas de bajas al ejército federal, el PDLP y su BCA se constituyó en uno de los símbolos revolucionarios armados más relevantes de la lucha contra la opresión, la explotación y la miseria, que, en la década de los setenta, fue desarrollada en México por ésta y otras organizaciones guerrilleras.
Esto hizo que el gobierno intentara aislar del pueblo al movimiento insurgente, para aniquilarlo; invirtiendo millones de pesos, y recursos político-militares, e implantando como política de Estado el terror y el asesinato, así como la desaparición forzada, para inhibir la protesta social y mantener su dominio; pero el PDLP no sólo logró sortear exitosamente las más de 17 campañas militares desplegadas en su contra, sino que fortaleció sus vínculos con el pueblo y su trabajo de organización.
Y como siempre, la reacción del gobierno fue cobarde y alevosa, pues al no conseguir aniquilar a la guerrilla reprimió al pueblo de manera despiadada. Por lo que hoy día siguen siendo reclamados más de 600 guerrerenses detenidos-desaparecidos –y más de mil en todo el país- por las fuerzas castrenses y cuerpos policiacos, como la Brigada Blanca y la Dirección Federal de Seguridad.
Estos crímenes de Estado, perpetrados bajo los gobiernos priistas, no sólo se han mantenido en la más completa impunidad, sino que se siguen repitiendo, ahora por los gobiernos panistas –y en algunos casos hasta perredistas-, como lo constatan las sucesivas masacres, persecuciones, asesinatos, torturas, desapariciones y encarcelamientos de luchadores sociales y revolucionarios, en el marco de la más profunda descomposición de la clase gobernante y del sistema político actual.
Por ello la lucha emprendida por el Prof. Lucio Cabañas Barrientos continúa vigente. Y por ello encontramos su efigie en manifestaciones del magisterio, de estudiantes, colonos, transportistas, amas de casa, profesionistas; en la resistencia cotidiana contra la explotación capitalista; en sindicatos, en huelgas, en plantones, en bloqueos carreteros. También encontramos al comandante Lucio en los nuevos movimientos armados inspirados en su ideario político, fortalecidos con su experiencia y potenciados con su ejemplo en la lucha por la transformación revolucionaria y la liberación nacional.
Al combatir en primera fila el Prof. Lucio fue ejemplo a seguir, encarnando en los hechos su propia consigna de: “¡Ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo!, por lo que vive eternamente en nuestros corazones. Vive en la montaña y en el quehacer cotidiano de las organizaciones democrático revolucionarias del país, así como en la construcción del poder popular y en la resistencia legítima de los de abajo contra el gobierno usurpador y el sistema de dominación.
Lucio Cabañas vive y no descansará hasta que el pueblo y sus organizaciones democráticas revolucionarias pongamos término a la impunidad y a la injusticia que caracteriza a los dueños del capital; hasta que liberemos a la patria y hagamos florecer una sociedad efectivamente humana, digna y justa.
¡POR LA UNIDAD DEL PUEBLO, LA COORDINACIÓN REVOLUCIONARIA!
Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos
MRLCB
Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo
TDR-EP
Organización Insurgente 1º de Mayo
OI-1M
Brigada de Ajusticiamiento 2 de Diciembre
BA-2D
Unidad Popular Revolucionaria Magonista
UPRM
República Mexicana
, a 17 de mayo de 2009
Fuente: Cedema.org

Fidel de nuevo

Fidel Castro Ruz consideró injustas las críticas emitidas por el gobierno mexicano ante la postura del gobierno de la Isla por la epidemia de influenza humana.
"Fue totalmente injusta la crítica que se hizo al gobierno de Cuba y la amenaza de represalia que contenía", señala Castro en un texto publicado en Cuba.
Reflexiones del compañero Fidel: LAS SEÑALES INEQUÍVOCAS
Tomado de http://www.cubadebate.cu, 16 de mayo de 2009;
No hay dos opiniones diferentes sobre el tema de la A H1N1.
Apoyé sin vacilación alguna la decisión adoptada por el Gobierno Revolucionario de Cuba tan pronto conoció la existencia de la epidemia.
Nuestro país acumula una larga experiencia en la protección del pueblo en caso de desastres, epidemias y plagas u otras situaciones similares de carácter natural, accidental o intencional.
Está igualmente probada nuestra invariable política de cooperación con otros pueblos.
Fue totalmente injusta la crítica que se hizo al Gobierno de Cuba y la amenaza de represalia que contenía. Se nos presentó además como una nación hostil al pueblo de México.
Lo que determinó la medida no se relacionaba con los viajes turísticos, sino con casi cuatrocientos jóvenes mexicanos que estudian Medicina en la escuela de Jagüey Grande, igual que lo hacen en otras facultades de docencia médica alrededor de 24 mil jóvenes de América Latina, el Caribe y otros pueblos del mundo, algunos procedentes de pequeños países distantes del área de Oceanía.
Cuba no roba cerebros ni sustrae médicos de otros pueblos en detrimento de los servicios de salud y la pérdida de incontables vidas, como hacen Estados Unidos, el Reino Unido y otros países desarrollados y ricos.
La medida adoptada por el Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba dice textualmente: “Suspender temporalmente los vuelos regulares y charters que operan entre Cuba y México a partir de las 24 horas del 29 de abril del 2009.”
“Una vez que cesen las causas que han motivado tales decisiones serán restablecidas las operaciones aéreas, informándose oportunamente a los interesados.”
La medida comenzó a ser aplicada seis días después de las drásticas decisiones tomadas por las autoridades mexicanas, que suspendieron las clases de 33 millones de estudiantes y aplicaron otras medidas similares, que no podemos juzgar porque solo las autoridades mexicanas que conocían la situación real podrían hacerlo.
Las medidas nuestras implicaban también sacrificios para Cuba. Pero lo que a nuestro Gobierno importaba era proteger la población dentro de las normas establecidas.
Ahora la epidemia se ha extendido ampliamente por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, España, Europa en general y otras decenas de países. Habrá que emplear ahora métodos de protección asociados a la nueva realidad.
La Secretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, realmente se había esforzado últimamente por mejorar las relaciones entre su país y Cuba, que dirigentes irresponsables ―por conocidas razones que prefiero ahora no mencionar― deterioraron seriamente cuando George W. Bush buscaba pretextos para atacar “preventiva y sorpresivamente” a nuestra Patria como uno de los “60 o más oscuros rincones del mundo”.
La cancillería mexicana publicó que a pesar de las críticas de Fidel Castro, en la reunión en Praga del Grupo de Río-Unión Europea, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, había suscrito una declaración que manifestaba su reconocimiento a las autoridades mexicanas.
Lo que hizo exactamente Bruno en Praga fue correcto. Se reunió todo el tiempo necesario para escuchar con atención a la Secretaria e intercambió con ella. Por su parte, le expresó lo relacionado con la conducta de Cuba. No entraré en detalles sobre esa conversación y la opinión que transmitió sobre la que sostuvo un importante funcionario de la cancillería mexicana con el embajador de Cuba en México, para evitar complicaciones.
Añado solo que el encuentro en Praga entre Bruno y Patricia fue respetuoso y franco. Nuestro Canciller le expresó a la Secretaria la solidaridad de Cuba con su país y la voluntad de cooperar con el pueblo mexicano para enfrentar la epidemia.
En la reunión ministerial del Grupo de Río y la Unión Europea, Bruno intervino para explicar con claridad la posición de Cuba, las medidas adoptadas por nuestro gobierno para proteger a su pueblo; las epidemias introducidas en nuestro país, incluida la del dengue hemorrágico, que ocasionó la muerte a 102 niños; las Reflexiones de Fidel; la unidad estrecha de los revolucionarios y la cooperación internacional de Cuba en materia de salud.
Acudir a la intriga, la mentira y la amenaza, es señal inequívoca de que el adversario ideológico está perdiendo la batalla.
Fidel Castro Ruz
Mayo 16 de 2009
7 y 45 p.m.

Te quiero de Benedetti

In memorian
TE QUIERO DE MARIO BENEDETTI
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero
porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
***
El día de hoy murió el escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, tenía 88 años de edad.
Sus poemas han sido cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como 'La tregua' (1974) o 'Gracias por el fuego' (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.
Benedetti es exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la 'generación crítica', nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo.
En 1928 comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contaba el propio Benedetti, gustaba de escribir en verso las lecciones e incluso sorprendió a sus maestros con un primer poema en ese idioma. Las dificultades económicas solo le permitieron cursar un año de educación secundaria en el Liceo Miranda y después tuvo que ser casi autodidacta, compaginando los estudios con el trabajo, que comenzó a los 14 años en un taller de repuestos de automóvil. Antes de dedicarse a la escritura, Benedett hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial. Todos estos oficios supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.
Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro, 'La víspera indeleble', de poesía.
En 1949 avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria 'Número', compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor. Así, en una década trepidante publicó obras como 'Esta mañana y otros cuentos' (1949), 'Poemas de oficina' (1956), 'Ida y vuelta' (1958) y 'La tregua' (1960). Ya desde 1952 comenzó a implicarse de forma destacada en las protestas contra el tratado militar de Uruguay con Estados Unidos. Su primer viaje a Europa lo hizo en 1957, como corresponsal de Marcha y El diario.
De 1961 data el libro 'Mejor es meneallo', que agrupa sus crónicas humorísticas, firmadas con el pseudónimo de 'Damocles'. Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO. En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973.
En los setenta desarrolló una intensa actividad política como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición izquierdista que alcanzó el poder en 2005.
Con el golpe militar de 1973 renunció a su cargo universitario y se exilió, primero en Argentina y después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado. Se instaló en Cuba en 1976 y un año más tarde se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta 1985, cuando, con el fin de la dictadura uruguaya, puso fin a doce años de exilio. Entre las obras de esta época aparecen 'Letras del continente mestizo' (1967), 'Inventario 70' (1970), 'El escritor latinoamericano y la revolución posible' (1974) y 'Con y sin nostalgia' (1977). Su obra teatral 'Pedro y el capitán' (1979) fue representada en Madrid en 1981 y un año después aparecieron sus 'Cuentos' y la novela 'Primavera con una esquina rota'.
En 1984 publicó 'Geografías' y 'El desexilio y otras conjeturas' y tres años después, tras volver a Uruguay, se convirtió en miembro del Consejo Editor de la revista de izquierdas Brecha.
De 1985 data su colaboración con Joan Manuel Serrat en el disco 'El sur también existe». A partir de entonces su producción es imparable, con títulos como 'Despiste y franquezas' (1991), 'La borra del café' (1993), 'Andamios' (1996) y los poemarios 'Mas acá del horizonte' (1997) y 'La vida, ese paréntesis' (1998). En la década siguiente aparecieron 'El porvenir de mi pasado' (2003), 'Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes' (2004) y los poemarios 'El mundo que respira' (2001), 'Existir todavía' (2004) y 'Vivir adrede' (2007), entre otros. Benedetti recibió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla Haydee Santamaría del 30 aniversario de la Casa de las Américas en La Habana (1989) y la Medalla Gabriela Mistral del Gobierno chileno (1996). Además, el premio León Felipe de España a los valores cívicos (1997), el Iberoamericano José Martí y el Internacional italiano de Literatura La Cultura del Mar, ambos en 2001, año en que también fue nombrado 'Ciudadano Ilustre de Montevideo'.
El escritor, doctor Honoris Causa por universidades de España, Uruguay y Argentina, enviudó en 2006 de Luz López Alegre, con quien se había casado en 1946.
En 2007 fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda en grado de 'generalísimo' por el Gobierno venezolano y en 2008 obtuvo el I Premio ALBA del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas en la categoría de Letras. Ese mismo año fue hospitalizado en tres ocasiones aquejado de deshidratación por una dolencia intestinal y un cuadro de infección urinaria, lo que no le impidió seguir escribiendo.
En agosto de 2008 presentó 'Testigo de uno mismo', su último poemario, un 'resumen' de su carrera que lo reafirmó como una de las piedras angulares de la poesía latinoamericana, según la escritora Sylvia Lago.

El sufrimiento

Si sabe sufrir, sufrirá menos
JENNY MOIX
Publicado en El País, Semanal, 17/05/2009;
Una desgracia imprevista, la enfermedad o la pérdida de un ser querido llena de dolor nuestra vida. El sufrimiento es algo consustancial con la vida. Existe, está ahí. Pero si lo aceptamos, saldremos adelante.
Como cualquier persona, a veces lloro. Y en más de una ocasión, amigos de verdad, con la confianza que la amistad permite, me han soltado: “En casa del herrero, cuchillo de palo”. Detrás de esa sentencia se esconde la premisa de que como soy psicóloga no debería sufrir. Esta idea me resulta tan inocente que me conmueve.
En nuestros días consideramos el sufrimiento como algo antinatural. Recuerdo una charla a la que asistí en el que se abordó el tema del sufrimiento. La conferenciante pidió al nutrido grupo de personas que se congregaban en la sala que levantaran la mano si alguna vez, cuando sufrían, alguien les había insinuado que no estaban bien psicológicamente o que deberían tomarse antidepresivos. Conclusión: fueron muchos los que la levantaron.
Está claro que vemos el sufrimiento como algo anormal, y no es de extrañar, es lo que nos venden. De la imagen que nos proyectan los anuncios publicitarios no hace falta ni hablar, pero incluso algunos libros de autoayuda intentan convencernos de que si seguimos sus pasos eliminaremos completamente nuestro sufrimiento. O sea, que nos inculcan que si sufrimos es porque queremos. Y andar a cuestas con la idea de que somos culpables de nuestro sufrimiento sí que nos lo agranda.
La imagen que proyectan los que nos rodean, con sus corazas, también nos lleva a creer que los únicos que sufrimos somos nosotros. “Esto sólo me pasa a mí” es una de las frases más repetidas que he oído a muchos pacientes. Visto desde fuera, casi parece un chiste; llega una persona, te explica un problema y añade “esto sólo me pasa a mí”. La siguiente expone otra situación del mismo calibre y también acaba con el mismo comentario. Y así sucesivamente. Por eso, las terapias de grupo añaden un elemento terapéutico que no poseen las individuales; en ellas, las personas se despojan de sus máscaras y se dan cuenta de que en el fondo nuestros sufrimientos son muy parecidos y el “sólo-me-pasa-a-mí” desaparece.
Cómo interpretamos nuestro sufrimiento “Si consideramos que el sufrimiento es algo antinatural, acabaremos queriendo buscar un culpable” (Dalai Lama)
La escritora y periodista Rosa Montero comentaba en estas páginas de El País Semanal: “No hay vida sin su cuota de sufrimiento”. Todos sufrimos, está claro; lo que nos diferencia es cómo interpretamos este sufrimiento y cómo lo gestionamos. El mismo sufrimiento se ensanchará o reducirá según lo que hagamos con él; por eso, si aprendemos a sufrir, sufriremos menos.
En mi memoria quedaron guardadas las palabras de una mujer que asistió a unas sesiones psicoeducativas de grupo que yo impartía. Ella era la más joven del grupo, tenía unos 30 años. Sufría una enfermedad por la que ya había conseguido la baja laboral definitiva, y su vida se encontraba muy limitada. Al acabar las sesiones dijo: “Antes cuando lloraba me sentía como una desgraciada, ahora cuando lloro sé que es normal”. A veces cuando sufrimos pensamos que somos unos incompetentes porque no sabemos afrontar adecuadamente los reveses de la vida. Entonces, nuestro sufrimiento aumenta. Interpretar el sufrimiento como algo natural puede proporcionar mucha serenidad.
En ocasiones, el sufrimiento de algunas personas, visto desde fuera, es totalmente incomprensible. En un mundo en el que desgraciadamente las guerras y el hambre son un escenario cotidiano, algunos seres humanos se deprimen profundamente porque se les ha muerto el canario. El ejemplo parece cómico, pero es real, las nimiedades que a veces nos desbordan son ridículas. También resulta impactante cuando alguien cuenta algún hecho grave, como por ejemplo la muerte de un ser querido, de una forma muy intensa con lágrimas en los ojos, con el alma desgarrada, y cuando preguntas cuándo sucedió, te contesta que 15 o 20 años atrás. Aunque el sufrimiento lo debemos contemplar como algo normal, su desproporción o cronicidad nos debe alertar. Obviamente detrás de la causa declarada del mismo (la muerte del canario o la pérdida de una persona querida hace décadas) se agolpan muchas inseguridades, miedos, ansiedades, dudas, que son lo que realmente provocan la pesadumbre. En estos casos es aconsejable acudir a un profesional para que nos ayude.
Cómo el sufrimiento afecta nuestras relaciones
“El corazón tiene sus dolores privados: ni siquiera todas las grandes causas de este mundo pueden impedir que llore por un amor perdido” (Arnold Wesker)
El sufrimiento puede acercarnos o alejarnos de los demás. Cuando nos pasa algo, para nosotros terrible, y empezamos a sufrir, a veces caemos en el error de pensar que si nosotros no conocíamos lo que era sufrir hasta ahora, los demás tampoco. Conclusión, somos los que más sufrimos en este mundo. Un fallo de humildad incluso en nuestro sufrimiento.
Este sufrimiento egocentrista nos vuelve hiperreflexivos; sólo pensamos en nuestro sufrimiento, en qué lo ha causado, y esta hiperreflexividad se puede volver en nuestra contra. Según Mario Pérez-Álvarez, profesor de psicología de la Universidad de Oviedo, puede ser una de las causas de muchos trastornos mentales.
Como nosotros somos el centro del universo por lo que llegamos a sufrir, creemos que son los demás los que deben girar alrededor nuestro preocupándose por nuestro estado de ánimo. Pensamos que los que orbitan a nuestro alrededor no sufren como nosotros, así que no merecen nuestra atención, que debe ir dirigida sólo a nuestro padecimiento. Y si los de nuestro alrededor no se desviven por nuestra situación como nosotros quisiéramos, no somos capaces de llegar a pensar que quizá los otros también están sufriendo y no tienen espacio para pensar en la que nos parece la situación más fuerte del mundo: la nuestra.
Afortunadamente, a algunas personas el sufrimiento no los aleja del resto, sino que los une. El sufrimiento puede dar unas grandes y utilísimas lecciones de humildad. El “esto-a-mí-no-me-pasará-nunca” se destierra automáticamente de nuestra boca. De repente, al sufrir entendemos mucho más a las personas. Las actuaciones de los demás las interpretamos desde su sufrimiento, ya no se ven tantas malas intenciones, sino que nos damos cuenta de que sus comportamientos pueden venir de sus miedos, sus inseguridades, su desesperación… En estos casos, el sufrimiento nos vuelve humanos y más lúcidos.
Cómo gestionamos nuestro sufrimiento
“Sólo podemos curarnos del sufrimiento experimentándolo completamente” (Marcel Proust)
Un tipo muy acotado de sufrimiento son las fobias. Podemos tener fobia a las arañas, a las alturas, a los espacios cerrados… Evitar a las arañas es algo relativamente fácil en nuestro mundo de asfalto y por tanto poco limitador. Evitar las alturas y los espacios cerrados ya es más complicado, pero muchos fóbicos se arreglan la vida evitando ascensores, aviones, y pueden convivir así más o menos bien con su fobia. De esta forma, ni siquiera se plantean un tratamiento, cuando existen terapias de conducta realmente eficaces para estos casos.
No todos los miedos que experimentamos son tan específicos como las fobias, sino que son mucho más difusos, muchas veces no los podemos ni verbalizar. Estamos constantemente temiendo algo. Ante una sensación de sufrimiento tan inconcreto, parece que lo que da miedo es la vida misma. Y acabamos evitando vivir. Algunos se dan a la bebida; otros, al trabajo o entregándose a los demás y olvidándose de sí mismos; algunos, instalándose en rutinas.
Cuando se habla de aceptar el sufrimiento, lo relacionamos con “resignación”. Y no, no tiene nada que ver “aceptación” con “resignación”. Solemos asociar la resignación con no hacer nada porque no se puede cambiar. En cambio, cuando aceptamos el sufrimiento, cuando somos capaces de mirarlo a la cara, en lugar de evitar lo que nos preocupa porque no queremos que nos haga sufrir, nos arremangamos y empezamos a actuar para solucionarlo. Cuando queremos evitar el sufrimiento, evitamos también la solución del problema; cuando lo aceptamos, tenemos más puntos para poder resolverlo.
Claro que hay situaciones que, de entrada, podríamos calificar de irresolubles, aunque incluso en situaciones tan extremas como las de los enfermos terminales, siempre hay algo que se puede hacer para mejorar su situación (disminuir su dolor físico, introducir pequeñas ilusiones diarias…), pero estas acciones sólo las podremos llevar a cabo si somos capaces de abordarlas y, paralelamente, sufrir. Si no somos capaces de sufrir, no podremos sobrellevar la situación, nos desbordaremos y no mejoraremos nada.
Se trata, pues, de aceptar el sufrimiento y dejarle un espacio. No dejar que se desborde y afecte a todas las áreas de nuestra vida, hemos de ponerle unos límites e intentar disfrutar del resto de cosas que nos ofrece la vida. Un conmovedor ejemplo es el de Morrie Schwartz, descrito en el libro Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom. Morrie era un catedrático que sufrió una patología despiadada que le iba limitando poco a poco. En las últimas fases de la enfermedad, Mitch le preguntó si sentía lástima de sí mismo, a lo que éste respondió: “A veces, por la mañana. Es entonces cuando me lamento. Me palpo el cuerpo. Muevo los dedos y las manos, en la medida en que todavía puedo moverlos, y deploro lo que he perdido. Pero a continuación dejo de lamentarme… Me concentro en todas las cosas buenas que me quedan en la vida. En las personas que vienen a verme. En las anécdotas que voy a oír”.
Unas palabras aleccionadoras que nos hablan de sufrimiento, pero de un sufrimiento encauzado. No olvidemos que lo que nos hunde más no es el sufrimiento en sí mismo, sino lo que nos perdemos por sufrir.
Todos sufrimos
1. “Casi toda la humanidad tiene tus mismas dificultades, ¿no te lo había contado? Si no tienes lo que quieres, sufres; si tienes lo que no quieres, también sufres; incluso si tienes exactamente lo que quieres, sigues sufriendo porque no lo puedes tener siempre”. Ésta es una cita de D. Millman que resume bien la situación.
2. Nos construimos una vida “segura” para evitar peligros y en realidad lo que evitamos es la vida.
3. Hay que actuar como en el caso de las fobias y afrontarlas. Lo que debemos hacer es no caer en la tentación de evitar, sino exponernos a lo que nos amenaza.
4. Tenemos miedo a sufrir y la clave para no hacerlo se encuentra en la aceptación de este sufrimiento.
Para saber sufrir
Películas
‘La vida es bella’, de Roberto Benigni.
‘Quédate a mi lado’, de Chris Columbus.
‘Nacido el cuatro de julio’, de Oliver Stone.
‘Mar adentro’, de Alejandro Amenábar.
Libros
‘Martes con mi viejo profesor’, de Mitch Albom (editorial Maeva, 2000).
‘El aprendizaje de la serenidad’, de Rafael Navarrete (San Pablo, 1993).
‘Psicología del sufrimiento y de
la muerte’, de Ramón Bayés
(Martínez Roca, 2001).
‘Terapia de aceptación y compromiso’, de Kelly G. Wilson y María Carmen Luciano (Pirámide, 2002).
Música
‘Sinfonías’ de Allan Pettersson.
‘Responsori de tenebres’ (1611). Carlo Gesualdo, The Hilliard Ensemble.
‘Tears in heaven’, de Eric Clapton.

Nuevas leyes para la violencia de Estado

Nuevas leyes para la violencia del Estado/CARLOS MONTEMAYOR (Ensayo)
Revista Proceso (
www.proceso.com.mx), 1698, 17 de mayo de 2009;
En este nuevo fragmento de su libro de próxima publicación, Antes y después del 68, Carlos Montemayor analiza los aspectos del entramado legal que justifican la violencia de Estado y criminalizan la inconformidad social en México. En un repaso crítico de los códigos penales en distintas épocas y circunstancias, el escritor e investigador detecta, entre otras aberraciones jurídicas, dos rasgos perniciosos: el uso político del Ministerio Público y la ambigüedad en la redacción de leyes…
La violencia de Estado en México ha asumido, a lo largo de su historia, variantes que han ido más allá de los grupos de choque y las masacres; también se ha impulsado como acción legal. No me refiero a la suspensión general de garantías previstas en numerosas constituciones políticas modernas para casos de guerra, desastres naturales o emergencias sociales.1 Me refiero a la formulación de leyes que conducen de manera expedita a la criminalización de la inconformidad social. Dos supuestos son esenciales en esta violencia: primero, el uso político del Ministerio Público; segundo, la ambigüedad en la redacción de las leyes que pudieran asentar como delitos autónomos con penalidad propia sólo tentativas o intenciones que por fuerza interpretarán políticamente los impartidores de justicia.
En el siglo XX, el ejemplo más destacado de esta violencia fueron los delitos llamados de disolución social. Se crearon con la reforma al Código Penal del 30 de octubre de 1941 y con la iniciativa promovida por el Ejecutivo federal el 15 de enero de 1951. Surgieron en el contexto de la Segunda Guerra Mundial para penalizar la infiltración de agentes no nacionales que pudieran difundir ideas, programas o planes de acción de “cualquier gobierno extranjero” que afectaran la estabilidad o soberanía del Estado mexicano. Sin embargo, nunca se acusó de este delito a extranjeros, sólo a mexicanos: fue útil para reprimir a numerosos líderes obreros, campesinos, magisteriales y estudiantiles. El delito se derogó en 1969, a partir de una de las peticiones del movimiento estudiantil del 68 y de la propuesta que el entonces presidente de la República planteó al Congreso de la Unión en su informe presidencial del 1 de septiembre de 1968. 2
Al terminar el siglo XX y al iniciarse el siglo XXI empezó a incluirse en varios códigos penales del país una variante peculiar del delito de privación ilegal de la libertad. Miguel Ángel Granados Chapa lo ha llamado, en las páginas de Proceso, secuestro equiparado.3 En las reformas al Código Penal Federal publicadas en 2009, el artículo 366 (I,b) alude a la modalidad del delito de privación ilegal de la libertad con el propósito de: “Detener en calidad de rehén a una persona y amenazar con privarla de la vida o con causarle daño, para que la autoridad o un particular realice o deje de realizar un acto cualquiera”.
En el crimen organizado, el delito de privación ilegal de la libertad se extiende por un tiempo indefinido, con riesgo de la pérdida de vida o inminente daño del secuestrado, y tiene como objetivo obtener una recompensa económica a cambio de la liberación de la víctima. Esta privación de la libertad se equipara tendenciosamente con la reacción de ciudadanos que exasperados ante la negativa o negligencia oficial retienen por algunas horas a funcionarios públicos en oficinas donde se planteaban los reclamos o peticiones reiteradamente desatendidas para obtener la atención de una autoridad superior que solucione el conflicto o la petición social. En el caso del crimen organizado, se tipifica y castiga un delito; en el otro, se criminaliza una exasperación ciudadana y se le hace equiparable al secuestro no por su naturaleza análoga, sino por las condenas con que se le castiga.
Tal delito de nuevo cuño ha llevado a sentencias aberrantes en casos tan notorios como el de la señora Jacinta Francisco Marcial, indígena ñahñu de la comunidad de Santiago Mexquititlán, en Querétaro, vendedora de aguas frescas, condenada a 23 años de prisión después de un proceso de tres años en el que no contó con la asistencia de un intérprete de su lengua, acusada de haber secuestrado a cinco agresivos y corpulentos agentes federales de investigación cuando destrozaban brutalmente el tianguis de su poblado.4
Otros casos aberrantes de este nuevo delito son las condenas de tres comuneros de San Salvador Atenco, Ignacio del Valle, Felipe Álvarez y Héctor Galindo, arrestados como consecuencia de la represión ya comentada en páginas anteriores a esa comunidad del Estado de México. A los tres se les condenó a 67 años y medio de prisión y al primero de ellos, el líder más señalado, se le acumuló otra condena de 45 años: en total, 112 años y medio. Considerados reos de alta peligrosidad, se encuentran recluidos en el penal del Altiplano.5
Decíamos que la redacción de tal fracción del artículo 366 es intencionalmente ambigua. Primero, el “rehén” de ciudadanos no escuchados no recibe amenazas de privación de la vida ni de daño; segundo, ese “rehén” es siempre un funcionario público que ha desatendido requerimientos ciudadanos durante largo tiempo; tercero, no se le retiene para que ningún particular “realice o deje de realizar un acto cualquiera”; cuarto, se le retiene para que una autoridad de jerarquía superior actúe de una precisa manera: resolver una problemática social que el funcionario se ha negado a atender y solucionar. La redacción de la ley oculta intencionalmente el contexto social de esos actos y los sitúa en otro distorsionado y ajeno.
El punto esencial de manipulación legal no está en la comprobación efectiva, como prueba procesal, de que se haya amenazado al rehén con privarlo de la vida o de causarle daño, lo que debería de modificar el razonamiento de los procuradores e impartidores de justicia, sino la intención de que “la autoridad realice o deje de realizar un acto cualquiera”. En otras palabras, las conductas de reclamo ciudadano a los funcionarios que no resuelven peticiones sociales son igualadas a los propósitos del crimen organizado. Se trata de una criminalización de la inconformidad social.
Otro delito de formulación reciente en la legislación mexicana se relaciona muy de cerca con el secuestro equiparado también por el punto de que “la autoridad realice o deje de realizar un acto cualquiera”. En abril de 2007, el Senado consideró como una forma de modernización de las leyes en México reconocer el delito de terrorismo. La ley estadunidense lo definió como la “violencia premeditada, políticamente motivada y llevada contra objetivos no combatientes por grupos subnacionales o agentes clandestinos” y el terrorismo internacional como el “que involucra a los ciudadanos o el territorio de más de un país”.6 En septiembre de 2001, el Departamento de Estado dio a conocer en Estados Unidos el Informe global sobre terrorismo, que identificaba a veintinueve organizaciones terroristas en todo el mundo. De ellas, catorce eran de tendencia extremista islámica y contaban con algún tipo de apoyo abierto o encubierto de gobiernos de países como Afganistán, Siria, Líbano, Irán o Libia. El informe del Departamento de Estado presentaba en las fichas de cada una de estas organizaciones su descripción, sus principales actividades, su fuerza estimada, su área de operaciones y sus apoyos externos. Según ese informe, las organizaciones fundamentalistas islámicas habían aumentado su actividad por el estallido de la violencia en el conflicto palestino-israelí en septiembre de 2000, dato relevante porque el informe apuntó que la mayoría de ellas tenían a Israel y a Estados Unidos como sus principales blancos.
Hasta aquí, desde la perspectiva estadunidense, la esfera del terrorismo está integrada por organizaciones concretas, ennumerables y provistas de ideologías específicas. Su desplazamiento y movilidad, no sólo su capacidad de fuego, forman parte del “peligro terrorista”. Por ello, en el informe de 2007 sobre Terrorismo en el hemisferio occidental que el Departamento de Estado dio a conocer el 30 de abril de 2008, se precisa la cooperación que esperaba Estados Unidos de México y Canadá: frenar la amenaza del tránsito terrorista; el informe refirió que México y Canadá fueron asociados claves en la guerra contra el terrorismo y en la seguridad nacional de Estados Unidos. La cooperación con estos países ha sido amplia y profunda, a todos los niveles de gobierno y prácticamente en todas las agencias, en iniciativas varias. Al reconocer la amenaza del tránsito terrorista, México ha trabajado con Estados Unidos para mejorar la seguridad en materia de aviación, de fronteras, marítima y de transporte, para asegurar infraestructura crítica y combatir la financiación del terrorismo.
Así las cosas, explicadas desde la experiencia estadunidense, veamos ahora la redacción que adoptó el capítulo VI de la última reforma del 26 de junio de 2008 al Código Penal Federal de nuestro país:
Artículo 139.- Se impondrá pena de prisión de seis a cuarenta años y hasta mil doscientos días de multa, sin perjuicio de las penas que correspondan por los delitos que resulten, al que utilizando sustancias tóxicas, armas químicas, biológicas o similares, material radioactivo o instrumentos que emitan radiaciones, explosivos o armas de fuego, o por incendio, inundación o por cualquier otro medio violento, realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinación.
La misma sanción se impondrá al que directa o indirectamente financie, aporte o recaude fondos económicos o recursos de cualquier naturaleza, con conocimiento de que serán utilizados, en todo o en parte, en apoyo de personas u organizaciones que operen o cometan actos terroristas en el territorio nacional.
Artículo 139 Bis.- Se aplicará pena de uno a nueve años de prisión y de cien a trescientos días multa, a quien encubra a un terrorista, teniendo conocimiento de sus actividades o de su identidad.
Artículo 139 Ter.- Se aplicará pena de cinco a quince años de prisión y de doscientos a seiscientos días multa al que amenace con cometer el delito de terrorismo a que se refiere el párrafo primero del artículo 139.
El texto de este articulado es defectuoso en varios aspectos. De entrada, no hay una atribución sustantiva que identifique el delito: se le define por el temor o terror que puede “producir en la sociedad o en un sector de ella”; en los artículos 139 bis y tercero, por el contrario, dan por sentado una definición sustantiva que no se especificó en los primeros párrafos del artículo y se refirieren ya a “terroristas” y a “actos terroristas”. En la definición estadunidense se destaca la caracterización de fuerzas combatientes clandestinas o no regulares, que atacan a contingentes no militares, sino civiles. En la reforma mexicana no hay una categorización así.
El empleo agresivo de algunas de las armas y sustancias químicas y tóxicas enlistadas en la primera parte del artículo 139 pueden tipificarse como delitos en sí mismos; no requieren el contexto del terrorismo ni la correlación, no establecida en esta ley, por supuesto, con organizaciones impugnadas por el gobierno estadunidense. Pero se trata de un retroceso legal, primero, por la ambigüedad de este texto: “que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella”. La alarma, el temor o el terror los producen la presencia del ejército o de los cuerpos policiacos en operativos de cateos ilegales y represivos; los produce, igualmente, la militarización de varios estados de la República por la lucha contra el narcotráfico; los producen el crimen organizado, los robos, secuestros y asesinatos seriales. El rasgo que tipifica a las organizaciones que Estados Unidos considera como terroristas no es el terror que producen, pues, sino la descalificación política con que se les proscribe. Por ello, el gobierno estadunidense puede enlistar como terroristas a organizaciones fundamentalistas islámicas o de extrema izquierda, muchas, hemos dicho, particularmente opuestas a intereses israelíes y estadunidenses.
El rasgo más objetivo para calificar de terrorista una acción armada, empero, decíamos, no se integra en la reforma del 25 de junio de 2008 del Código Penal mexicano, a saber: “la violencia premeditada, políticamente motivada y llevada contra objetivos no combatientes” por grupos subnacionales o clandestinos. La reforma mexicana es un retroceso legal por referirse al terrorismo como una fuerza que busca “presionar a la autoridad para que tome una determinación”. En México han venido presionando a todo tipo de autoridades, con magníficos resultados, “para que tomen una determinación”, las élites financieras e industriales del país, el sistema bancario que ha dejado de ser mexicano, los consorcios trasnacionales de alimentos y de hidrocarburos, los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Ante esta presión real para que las autoridades “tomen una determinación”, la presión de los terroristas parece una broma. Esto sería, al menos, la parte blanca del caso. La parte riesgosa es la tentación de confundir, como en el secuestro “equiparado”, el término “terrorismo” con la inconformidad ciudadana.
Para abundar en este asunto, retomo algunas viejas notas. Por ejemplo, pocos días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington la agencia noticiosa Reuters explicó su rechazo a aplicar la palabra “terrorista” a individuos, organizaciones o actos, ya que la definición de quién es o no un terrorista dependía de una interpretación subjetiva. “Lo que para alguien es un terrorista, para otro es un luchador por la libertad”, explicó Stephen Jukes, editor en Washington de esa agencia.
El 18 de septiembre de ese año de 2001, los corresponsales norteamericanos de La Jornada Jim Cason y David Brooks se preguntaban: “¿Quién es un ‘terrorista’?”. Recordaron que 16 años antes Nelson Mandela y su Congreso Nacional Africano eran considerados terroristas por el gobierno de Estados Unidos. En cambio, los guerrilleros mujaidines de Afganistán, entre cuyas filas estaba el entonces “héroe” Osama Bin Laden y, particularmente, Ahmed Ul Haqia, al que los talibán fusilaron a finales de octubre del 2001, fueron caracterizados como “luchadores por la libertad”. En 1985, el entonces presidente Ronald Reagan invitó a la Casa Blanca a los líderes mujaidines, a quienes patrocinaba la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para que lucharan en Afganistán contra la ocupación soviética. En ese momento, el presidente Reagan elogió esa lucha como una campaña contra el “imperio del mal” y declaró que los mujaidines afganos eran “el equivalente moral de los próceres de Estados Unidos”.
Poco después, cuando estos “próceres” dejaron de luchar contra los soviéticos, se convirtieron en el prototipo de los terroristas. ¿Por qué? Porque el término “terrorista” no explica, sólo identifica por descalificación a grupos proscritos utilitariamente. Así Estados Unidos distorsiona selectivamente las luchas de resistencia en el mundo; así los rusos distorsionan la lucha de resistencia en Chechenia y los israelíes distorsionan la lucha de resistencia de los palestinos.
El terrorismo no es una conducta ni un atributo específico de un individuo o grupo social, salvo en las grandes producciones cinematográficas de Hollywood. No existen terroristas, existen redes de crimen organizado a escala regional o internacional en contrabando de armas, narcotráfico, migrantes o prostitución,
por mencionar algunos ejemplos, y también organizaciones de resistencia política regional, campesina o urbana que se ven obligadas a adaptarse a diferentes condiciones de lucha local, regional o incluso internacional. El análisis de estas organizaciones armadas tendría que ser político, económico o social. O también militar, ya que el contrabando de armas puede alcanzar en breve nichos tan sofisticados como las armas químicas y las cabezas nucleares.
Tarde y mal, pues, el Senado quiso que México aceptara como algo comprobable y unívoco el término terrorismo para reducir y cegar la comprensión de procesos sociales que se viven con otra dinámica en nuestras regiones y en el extranjero. El “terrorismo”, como el viejo delito de “disolución social”, y ahora el del secuestro equiparado, diseñados para proteger a la autoridad que no atiende ni resuelve peticiones sociales reiteradamente denegadas, abren en México las puertas a una nueva oleada de represión selectiva en procesos sociales que nada tendrían que ver con el terrorismo, pero sí con la inconformidad ciudadana. Criminalizar la protesta social despeja el camino a más crímenes de Estado en el siglo XXI.
Notas
1. En 1974 Diego Valadés publicó un estudio muy ilustrativo de estos temas en gran parte del siglo XX: La dictadura constitucional en América Latina, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, México, 1974.
2. Sobre los argumentos y propuesta del presidente Gustavo Díaz Ordaz para la discusión y posible derogación de los artículos sobre Disolución Social a propósito del movimiento estudiantil de 1968, véase la transcripción de estos pasajes del informe presidencial del 1 de septiembre de 1968 en Alfonso Corona del Rosal, Mis memorias políticas, editorial Grijalbo, México, 1995, pp. 224-225. Pueden consultarse tres artículos sobre el tema, uno de ellos, el de Sergio García Ramírez, más doctrinal e histórico; los otros más relacionados con los riesgos actuales de resurgimiento de los delitos de disolución social: Sergio García Ramírez, reseña a Academia Mexicana de Ciencias Penales, Los delitos de disolución social, ediciones Botas, 1ª. edición, México, 1969, pp. 166, en
http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/boletin/cont/9/bib/bib6.pdf;
Diego Valadés, Estado de sitio permanente, en http://www.el-universal.com.mx/editoriales/39288.html/
y Octavio Rodríguez Araujo, ¿Regreso al pasado?, en http://www.jornada.unam.mx/2007/07/26/index.php?section=opinion&artide=016a1pol.
3. Véase el ilustrativo artículo de Miguel Ángel Granados Chapa, Secuestro equiparado, esa infamia, revista Proceso número 1688, marzo de 2009, pp. 22-23.
4. Véase el sitio http://centroprodh.org.mx/index1.htm. Y entrar al centro Pro.
5. Véase el sitio http://www.atencolibertadyjusticia.com/
6. Me he ocupado de este análisis en extenso en el ensayo El terrorismo y el 11 de septiembre de 2001, incluido en La guerrilla recurrente, op.cit., pp. 117-158, y en Chiapas, la rebelión indígena de México, op.cit., pp. 15-26. Más adelante retomo parte de estos planteamientos.

Cae la noche y el mundo, por fin, guarda silencio.

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