31 may 2009

¿Cuál es su Síndrome?

¿Cuál es su Síndrome?/FRANCESC MIRALLES
Publicado en El País, Semanal (www.elpais.com), 31/05/2009;
Los síndromes de nuevo cuño son una radiografía de la sociedad en la que vivimos y de nuestras relaciones con los demás. La mejor vacuna es la amplitud de horizontes y admitir que la verdad es un territorio fronterizo.
Aunque los sociólogos hablen de la supremacía de la imagen en la era actual, la cultura humana va tan ligada al lenguaje que para nosotros sólo existe aquello a lo que podemos poner nombre. Nuestro afán por etiquetarlo todo responde a la necesidad de hallar un orden en un mundo caótico y diverso.
Lo que no se etiqueta no existe, aunque las víctimas se enamoraran de sus captores muchos siglos antes de que el síndrome de Estocolmo ingresara en los diccionarios. Este síndrome -la complicidad del secuestrado hacia su secuestrador- debe su nombre a lo acontecido en 1973 en un banco de la capital sueca. Tras un robo que se complicó en el Kreditbanken, los delincuentes tomaron un grupo de rehenes durante seis días. Cuando finalmente tuvieron que entregarse, las cámaras captaron cómo una víctima besaba a uno de sus captores. La sorpresa de la opinión pública aumentó cuando los secuestrados defendieron a sus captores durante el juicio, además de negarse a colaborar con las autoridades. Desde entonces, el término se ha popularizado, hasta el punto de que cualquier persona que acepta una situación de violencia o sumisión puede ser tachada de sufrir el síndrome de Estocolmo.
Sería necesaria toda una enciclopedia para recoger los miles de síndromes que se han catalogado en los últimos años. En estas páginas recogemos sólo los más comunes en el seno de la familia, para terminar con unos cuantos trastornos excepcionales que nos señalan los límites de la percepción humana.
SÍNDROME DE LA ABEJA REINA
"La expresión 'madre trabajadora' es del todo redundante"
(Jane Sellman)

Tras un siglo XX en el que las mujeres -y algunos hombres- occidentales han batallado por la igualdad de sexos en todos los ámbitos, en los últimos años están resurgiendo los viejos valores de la maternidad.
La abeja reina rechaza la lucha feminista, ya que no cree que los problemas de la mujer sean culpa de los hombres. Puesto que quien padece este síndrome suele haber alcanzado una buena situación económica y social, adopta el papel de supermadre y acepta el rol tradicional femenino. La entrega a la familia puede llevarle a pensar que el trabajo de su marido es más importante que el suyo. Adiós a la conciliación laboral.
Un rasgo distintivo de la abeja reina es la crítica a cómo las mujeres trabajadoras crían a sus hijos, a los que auguran un futuro de inseguridad e inadaptación. Las nuevas corrientes que abogan por una crianza más cercana a los mamíferos -lactancia natural a demanda, lecho compartido por padres y niños- comparten esta perspectiva.
Las causas del síndrome hay que buscarlas en la decepción de muchas mujeres por unas conquistas sociales que sólo han logrado doblar su trabajo, ya que el hombre no ha compensado en el hogar la incorporación de ella al mercado laboral. Ante esa insatisfacción, la maternidad de toda la vida ha resurgido como alternativa vital.
SÍNDROME DEL EMPERADOR
"En todo ser humano subyace una corriente de violencia: si no se comprende y canaliza a tiempo, puede desatar la guerra o la locura" (Sam Peckinpah)
Cada vez son más frecuentes las denuncias de padres contra hijos que sufren el síndrome del emperador. El término hace referencia a la conducta de los niños o adolescentes que se comportan como pequeños tiranos y no dudan en maltratar verbal y físicamente a sus progenitores para lograr sus caprichos.
El emperador se relaciona con los padres como si fueran sus súbditos, y si no le complacen, reacciona de manera violenta. Las estadísticas arrojan que las denuncias por agresiones de los hijos se han multiplicado por ocho en los últimos años. ¿A qué se debe este fenómeno?
Según la psicóloga Montserrat Domènech, "detrás de estos episodios de violencia hay unos padres que no han sabido fijar límites". Coincide en este diagnóstico Javier Urra, autor de El pequeño dictador, que denuncia que algunos pedagogos "transmiten el criterio de que no se le puede decir no a un niño, cuando lo que le neurotiza es no saber lo que está bien y está mal. Ésa es la razón de que tengamos niños caprichosos y consentidos, con una filosofía muy hedonista y nihilista".
En los estudios realizados sobre este síndrome, el 55% de las agresiones se producen como reacción a la autoridad de los padres, mientras que un 17% está relacionado con la exigencia de dinero por parte de los hijos.
SÍNDROME DEL NIDO VACÍO
"La soledad la sufren los que construyen muros en lugar de puentes" ( Joseph F. Newton)
Se denomina así a la sensación de soledad que embarga a los padres cuando sus hijos abandonan el hogar, lo que en ocasiones puede desatar una depresión.
Muy común en las mujeres que se han implicado más que su compañero en la educación de los niños, el síndrome del nido vacío causa en quien lo padece un sentimiento de inutilidad. Detrás de esta crisis hay un cambio de hábitos que aún está en proceso. Los padres que han dedicado los mejores años de su vida a luchar por el bienestar de la familia se encuentran de repente desprovistos de su misión primordial. Esto se ve agravado por la distancia física y mental que empieza a crearse entre hijos y progenitores cuando no comparten el hogar.
La conciencia del nido vacío se hace más patente en los padres que se han consagrado a los hijos sin desarrollar otros intereses personales en su tiempo libre. El remedio está, por tanto, en recuperar el tiempo perdido descubriendo aficiones a las que no habían podido aplicar su talento por falta de tiempo y energía.
En el caso de las parejas que a la marcha de los hijos se suma el fin de la vida laboral, la opción más saludable es abrir compuertas al exterior. El placer de viajar, por ejemplo, puede ser una fuente de energía e inspiración cuando las obligaciones familiares y profesionales quedan atrás.
TRASTORNOS DELIRANTES
"La verdad siempre es más extravagante que la ficción" (Lord Byron)
Además de los síndromes que hablan de nuestras relaciones familiares, los hay mucho menos comunes, pero están debidamente catalogados en los manuales de psiquiatría:
Síndrome de Capgras. Quien lo padece se aferra a la creencia de que sus familiares y amigos más cercanos han sido reemplazados por impostores de idéntica apariencia. Se han recogido casos de personas que no quieren compartir lecho con su cónyuge debido a esta paranoia. Bastante recurrente en casos de esquizofrenia grave, este síndrome ha inspirado películas como La invasión de los ultracuerpos.
Síndrome de Fregoli. Variante del anterior -pero aún más raro-, la persona cree que quienes la rodean son en realidad un mismo individuo que se disfraza para ocultar su apariencia. Recibe su nombre por el actor Leopoldo Fregoli, cuyas actuaciones en vivo se caracterizaban por la rapidez con la que cambiaba de vestimenta y de registro para encarnar los distintos personajes.
Síndrome de Cotard. Se trata de uno de los trastornos psiquiátricos más insólitos, ya que la persona cree que está muerta o bien que es inmortal. Quien sufre el síndrome llega a pensar que sus órganos vitales han dejado de funcionar e incluso que se encuentran en proceso de putrefacción, con alucinaciones olfativas incluidas. Esta clase de delirios ha experimentado un revival con la recuperación de las historias de vampiros a través de la serie Crepúsculo o de la película Déjame entrar.
Más allá de los brotes psicóticos o delirantes, detrás de todos estos trastornos de identidad hay una huida. La persona se aparta de una realidad que no puede manejar y reconstruye su mundo para compensar las propias carencias emocionales.
CREENCIAS Y HORIZONTES
"Vigila lo que pretendes ser, porque acabarás siendo lo que pretendes" (Kurt Vonnegut)
En 1985, el neurólogo Oliver Sacks sorprendió al mundo con su antología de casos clínicos El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Entre los ensayos que componen el libro se cita el drama de Jimmie G., que padecía el síndrome de Korsakoff, una extraña forma de amnesia. Este paciente se comportaba de forma totalmente normal, excepto por el hecho de que no podía recordar nada
de su vida desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Incapaz de retener lo que acababa de suceder sólo unos minutos antes, vivía congelado en 1945, ajeno a lo que había vivido en las cuatro décadas posteriores.
Sacks recoge otros casos llamativos, muchos de ellos causados por lesiones cerebrales; sin embargo, el mensaje de todos estos síndromes -sean comunes o extraordinarios- es que cada ser humano vive en un mundo hecho a la medida de sus creencias. Así como la persona presa del síndrome de Estocolmo vive confinada en el universo mental del agresor, cada síndrome expresa una visión restringida del mundo.
Cada abeja reina cree que sólo su visión de la maternidad puede generar personas felices, y el emperador no concibe una realidad en la que él -o ella- no reciba todas las atenciones. No son tan distintos, en cierto modo, del hombre aferrado a 1945, ya que lo característico del síndrome es la porción de realidad que quien lo padece deja fuera.
La mejor vacuna contra los síndromes es aceptar que vivimos en un mundo que contiene muchos otros mundos posibles. Nuestro pasaporte a todos ellos es la amplitud de horizontes y admitir que la verdad es un territorio fronterizo cuyos límites cambian según la posición del observador.
Casos clínicos y algo más
1. Libros
�El hombre que confundió a su mujer con un sombrero�, de Oliver Sacks (Anagrama).
Síndromes raros en psicopatología, de M. D. Enoch & H. N. Ball (Triacastela).
2. Películas
�Mejor imposible�, de James L. Brooks (Sony).
�El síndrome de Stendhal, (El arte de matar), de Darío Argento (Medusa).
3. Discos
�Unknown pleasures�, de Joy Division (London).
�Welcome to my world�, de Daniel Johnston (High Wire).
Sobredosis de belleza o religión
Entre los viajeros, uno de los síndromes más evocadores es el que recibe su nombre por Stendhal. El escritor francés describió detalladamente los síntomas tras exponerse a una sobredosis de belleza en su visita a la basílica de Santa Croce de Florencia, en 1817: �Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme�.
Otra ciudad con síndrome propio es Jerusalén, donde cada año un centenar de personas son internadas al experimentar alucinaciones de carácter religioso. Los afectados llegan a asumir la identidad de personajes bíblicos.

Ciudadanía

Ciudadanos/Luis Rubio
Publicado en Reforma. (
www.reforma.com) 31 mayo 2009
¿Qué tanto se puede doblar una regla o un lápiz antes de que se rompa? El diseño de las instituciones en el país está comenzando a llegar a un momento definitorio. Las instituciones, al menos la mayoría de las que hoy existen, fueron concebidas para una era y bajo circunstancias que en nada se asemejan a las actuales. Antes se empleaban términos como "Estado rector", "democracia dirigida" y "gobierno fuerte" para describir un sistema que respondió a una realidad postrevolucionaria en la que el desorden, la delincuencia y la violencia impedían plantear un camino hacia el desarrollo. El gobierno estaba ahí para suplir la ausencia de una sociedad organizada capaz de convertirse en el corazón del futuro. La paradoja del momento actual es que el futuro es inviable sin una ciudadanía fuerte.
Hay muchas hipótesis de por qué la ciudadanía no ha surgido de manera contundente a reclamar sus derechos e imponer su voluntad como ha ocurrido en otras latitudes. Algunos han empleado el término de "democracia sin demócratas" para describir la anomalía que caracteriza a nuestro incipiente régimen electoral, con lo que intentan explicar la pasividad de la población y la propensión a dirimir conflictos no a través de los procesos judiciales o con su voto, sino a través de manifestaciones, bloqueos, plantones y otros medios no institucionales. El problema para la población es que los instrumentos a su disposición son extraordinariamente limitados: la realidad les impide hacer valer sus intereses.
Conscientemente o no, las instituciones existentes fueron diseñadas para obviar la participación ciudadana y, de hecho, constreñir sus derechos. Por ejemplo, independientemente de su origen histórico (que no disputo ni menosprecio), instituciones como la no reelección han tenido consecuencias por demás perniciosas para el desarrollo del país. Una sociedad que no puede premiar o castigar a sus representantes o gobernantes es una sociedad carente de instrumentos para tener presencia, participación o capacidad de exigir rendición de cuentas. No se le puede pedir a la población que se constituya en una ciudadanía eficaz (en demócrata para seguir la metáfora citada en el párrafo anterior) cuando no existen los incentivos dentro de las instituciones para que eso ocurra.
El problema del diseño institucional es más complejo de lo aparente. Por un lado, a pesar de que el país tiene casi doscientos años de independencia y al menos treinta en proceso de experimentar importantes cambios político-institucionales, no hemos sido capaces de crear un sistema efectivo de pesos y contrapesos entre los tres poderes claves de la estructura política (ejecutivo, legislativo y judicial). Hay decenas de iniciativas y proyectos de reforma para ajustar la interacción entre los poderes públicos sin que se haya logrado articular algo que funcione y tenga visos de viabilidad. Detrás de esos proyectos yace un sinnúmero de visiones contrastantes y contradictorias, la mayoría de las cuales no tiene por propósito la construcción de un sistema efectivo de gobierno, sino que parten de un cálculo de probabilidades basado en quién podrá ganar la presidencia en el futuro mediato. Es decir, seguimos viviendo de remiendos a modo más que de grandes visiones de desarrollo con perspectiva de futuro.
Por otro lado, la realidad no espera y ha exigido que se resuelvan problemas cotidianos que se van creando con el funcionar normal de la sociedad y la economía. De esta forma, por ejemplo, se constituyó el IFE y el Trife como medios para resolver los conflictos que, durante los noventa, paralizaban al país. Lo mismo fue cierto de las comisiones de derechos humanos, el IFAI y otras similares. En lugar de construir un régimen político funcional a partir de la interacción entre los tres poderes públicos, se han ido creando mecanismos para tapar agujeros y responder ante problemas particulares: es decir, parches. El problema es que muchos de esos parches no fueron bien pensados y han traído consigo consecuencias no anticipadas: concentración de poder, abusos, distorsiones y ausencia de recursos de apelación efectiva. Mucha de la resaca que hemos observado en la forma en que los partidos han intentado restablecer control del IFE es consecuencia de un mal diseño institucional.
Con todo, los conflictos, distorsiones y desavenencias, resultados de instituciones pobremente diseñadas con las que tiene que lidiar y sobrevivir la ciudadanía y con las que se pretende gobernar al país, palidecen en comparación con los que produce, y presumiblemente va a producir, la delincuencia y la criminalidad. En última instancia, la criminalidad es producto de un diseño institucional que impidió la construcción de un ministerio público fuerte y con amplia capacidad de investigación, que privilegió la inexistencia de una policía funcional y moderna y mantuvo sometido al poder
judicial. Es decir, no es casualidad que la delincuencia se haya multiplicado en paralelo con el declive del presidencialismo: mientras esa institución mantuvo la capacidad de control, la delincuencia estuvo limitada, todo ello a cambio de un régimen de justicia que favorecía la impunidad. El control se lograba no por la existencia de instituciones fuertes sino por lo contrario: porque la presidencia era tan poderosa que imponía límites a toda la sociedad, incluida la delincuencia. En la medida en que se debilitó la presidencia, la criminalidad se apropió de las instituciones y de las calles.
La pregunta es qué sigue. Como se puede apreciar fehacientemente estos días, el embate gubernamental contra la criminalidad parece avanzar en la dirección que se proponía: que deje de ser un problema de seguridad nacional para convertirse en uno de naturaleza policiaca. El problema es que con las policías que tenemos hoy en día esa transición, ese puerto de llegada, no es creíble ni razonable. Y la creación de una policía moderna va a exigir del desarrollo de una ciudadanía moderna y participativa, precisamente aquella que todo el marco institucional se empeña en negar e impedir.
Todo esto nos retrotrae al asunto central: el futuro exige, requiere, una ciudadanía fuerte y vital, capaz de hacer suyo el devenir del país y, con ello, compensar las carencias e impedimentos que hoy caracterizan tanto al mundo de la política como al de la economía. Por años se ha hecho lo posible por hacer pequeños ajustes para evitar tocar la estructura esencial del poder. Hoy en día el problema se acerca más a lo que ha de haber sentido Luis XVI cuando veía caer la guillotina sobre su cabeza: mientras más se pospone la reforma del poder, más violento y caótico será el futuro.

Justicia a la medida

Justicia a la medida/ Claudia Ruiz Arriola
Es el municipal el ámbito de gobierno más propenso a la acción corruptora del crimen. Lo es porque constituye la base para hacer carrera política y porque en este nivel la supervisión de los medios no es tan amplia
Publicado en Reforma. (
www.reforma.com) 31 mayo 2009
Cual molesto insecto de verano traigo a lord Dryden haciéndome un elegante marcaje personal que no puedo sacudirme por más que intento (tipo el lactante astro del Manchester United Cristiano Ronaldo con el melenudo capitán catalán Carles Puyol). El molesto dramaturgo y poeta inglés se me aparece desde el café y hasta que me voy a dormir no deja de susurrarme al oído esa frase certera y lúcida que tanto le gustaba al gordo Churchill: "La traición nunca prospera, ¿cuál es la razón? Que si prospera nadie se atreve a llamarla traición".
Digo esto porque 'ora que entambaron a 10 presidentes municipales y a varios funcionarios michoacanos los partidos ya traen el jueguito de que si es "un golpe electorero", que si los tuyos son narcos y los míos son santos sin aureola, y ese largo etcétera de dimes y diretes que a lo largo de dos sexenios ha maniatado al Poder Judicial y ha colocado a los políticos por encima de la ley que rige a los demás mortales.
Al parecer, y de nueva cuenta, a los partidos se les olvida lo esencial: que lo importante no son ellos y su mezquino "prestigio" electoral (si es que a la famita de cloacas engalanadas que tienen se le puede llamar prestigio), sino el país, sus ciudadanos, sus leyes e instituciones que están muy cerca de quedar rebasadas por el poder violento y corruptor del narcotráfico.
De hecho de los tres niveles de gobierno ninguno es tan susceptible a la acción corruptora del narco como el municipio, no sólo porque sus funcionarios gozan de menor supervisión mediática que sus contrapartes estatal y federal, sino porque además de ser el encargado inmediato del bienestar y seguridad de los ciudadanos, el ámbito municipal es la puerta de entrada para hacer "carrera" política (De Tocqueville dixit). De ahí que comprar a una autoridad municipal no sólo permite a los narcos ejercer su oficio en el presente con tranquilidad, sino que es una inversión con buenos dividendos a futuro.
Por eso, y amén del reporte de la ONU en el que según el panista Ramón Galindo Noriega se afirma que mil 465 municipios de México (el 60 por ciento) reciben lana del narco, hay buenas razones para pensar que el operativo de la PGR en Michoacán no tiene (con perdón de Chucho Ortega) nada de ridículo. Antes bien, ya lo quisiéramos en los demás estados para finiquitar la colusión de alcaldes y funcionarios de poca monta con todo tipo de malandrines que gozan de absoluta impunidad gracias al pago de un "moche" en cómodos abonitos.
Claro que la comprensible molestia del líder del PRD y de algunos priistas es el timing de la Secretaría de Gobernación pues, por su proximidad al 5 de julio, el operativo parece diseñado para beneficiar la imagen del partido en el gobierno (¡cómo si no supiéramos que no hay partido que se salve de tener fichitas en sus filas!).
Nada más que lo que los quejosos opositores no toman en cuenta es que dado que el país vive permanentemente en precampaña, campaña, controversia electoral, crisis política o algún otro tipo de calentura partidista exigir que la aplicación de la ley se rija por el calendario electorero y/o el horóscopo de sus candidatos es equivalente a exigir que nunca se haga justicia.
Es en esta coyuntura donde el espectro de lord Dryden me viene a susurrar al oído su pegajosa rima, pues en el fondo, la petición de Ortega y de los priistas de "posponer la justicia para que no coincida con una elección" es una traición que -dado que ha prosperado muchísimo tiempo- ha perdido su nombre.
Y es que, lejos de permitir al Poder Judicial (que se supone es independiente de los otros dos) perseguir de oficio y de forma consuetudinaria los delitos de los políticos y funcionarios, nuestros próceres tienen la desvergüenza de renegar porque los operativos no se hacen bajo pedido ni se entregan a su conveniencia como si fueran pizzas.
Es decir, nuestros próceres de la oposición democrática se quejan -correctamente a mi entender- de que la justicia por "operativo" (o turno de salchichonería) obedece a una voluntad partidista y arbitraria (en este caso, la del PAN). Sin embargo, lejos de abogar por un Estado de derecho democrático donde la aplicación de la ley sea constante, sin excepciones ni temporadas de veda, los "opositores" exigen a la Segob lo mismo que critican: una justicia a modo (-disculpe usted, señor político rata, ¿le queda bien que lo arrestemos hoy o hacemos cita con su secretaria para venir mañana?).
De hecho esta petición esconde un escandaloso acto de traición que de prosperar nadie se atreverá a llamar traición (aunque eso, precisamente, es lo que será), pues, bajo la apariencia de defender la democracia, al exigir subordinar la justicia y la aplicación de la ley a los momios de sus partidos y pretender poner en pausa la procuración de justicia en tiempos electorales, los priistas y perredistas están socavando uno de los indispensables pilares del Estado democrático: la aplicación de la ley a todos los ciudadanos, las 24 horas del día y los 365 días del año (366 si resulta bisiesto).

Celibato, sexualidad y amor

Celibato, sexualidad y amor/Juan Masiá
Publicado en El País, 31/05/2009;
¿Origina abusos el celibato del cura? ¿Son compatibles matrimonio y ministerio? ¿Es inhumano renunciar al sexo? Preguntas retadoras piden respuestas audaces. Arriesguémonos a plasmar en aforismos el tema vidrioso.
1. Celibato no se opone a matrimonio. Ambos contrastan con solteronías o emparejamientos insignificantes. La opción religiosa célibe será minoritaria; no por eso elitista, ni mejor que el matrimonio, no monopoliza la dedicación apostólica o el seguimiento radical de Jesús.
2. Sexualidad es más que genitalidad y amor es más que sexualidad. La especie humana, al amar, se diferencia por elegir en la encrucijada: ayudarse a crecer personalmente, o destruirse mutuamente.
3. Necesitamos redescubrir la ternura, más allá de la permisividad y el moralismo. Un beso amoroso puede fundir a dos personas más íntimamente que un coito sin ternura. La psicología social critica la obsesión an-orgasmo-fóbica, es decir, el miedo a no alcanzar el orgasmo utópico prometido por la literatura excitante.
4. El acoso sexual del clero es abuso de poder e injusticia, no mero incumplimiento de voto o lastre de formación de invernadero: crisis de pubertad reprimidas explotan con retraso en forma de abusos y desviaciones en la integración sexual. Reconocidas sin ocultamiento, habrá que cortarlas y repararlas.
5. En vez de ética sexual prohibitiva, una ética constructiva de las relaciones, centrada en el respeto y ayuda al crecimiento mutuo, valdrá para parejas heterosexuales u homosexuales; para relaciones interpersonales en comunidades célibes; o para relaciones de amistad entre personas con diversas opciones de vida.
6. Compatible la vida en pareja con el ministerio, podría conferirse la ordenación a personas casadas, solteras o viudas de ambos sexos, con aptitud para animar, servir y unir a las comunidades. Tampoco sería obstáculo la orientación sexual para el celibato opcional. Homosexual, heterosexual o asexual, lo decisivo es la aptitud de la persona.
7. Varios desenlaces son posibles, si incide un enamoramiento en la opción celibataria: a) cambio de rumbo en la vida; b) represión, pero con siembra de expectativas dañosas; c) funambulismo por la cuerda floja de la doble vida; c) a la defensiva, la persona se incapacita para amar y, por tanto, para el ministerio; e) re-eligir la opción, con gratitud y dolor, asumiendo los límites y proseguir el aprendizaje de amar más y mejor. El celibato opcional no niega el amor, pero conlleva tres renuncias: A la exclusividad de una relación íntima; al ejercicio de la sexualidad; y a la procreación y formación de una familia. No es fácil, sin represiones ni ambigüedades, integrarlas con el aprendizaje del amor. Vivir sin relación sexual puede tener sentido, pero vivir sin amar deshumaniza.
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"Si no poedemos ser castos, al menos seamos cautos"

El sexo pierde al Vaticano
Las violaciones y sevicias descubiertas en Irlanda se han producido en otros muchos países - La jerarquía católica practica una política de secretismo y ocultación
JUAN G. BEDOYA
El País, 31/05/2009;
"Si no podemos ser castos, al menos seamos cautos". Esta ironía, que el pensador George Bernanos pone en boca de su simpático cura rural, define el espíritu con que la Iglesia romana se enfrenta a los comportamientos sexuales de sus clérigos. Lo malo es cuando la hipocresía o el ocultamiento alcanzan a actividades delictivas, como la pederastia y otros abusos de poder. Es esa política de secretismo, avalada por el Vaticano, la que ahora tiene sumida a la jerarquía católica en un escándalo de colosales proporciones. Afecta a la muy católica Irlanda. Los hechos son devastadores, con testimonios de 1.000 alumnos en 216 escuelas, reformatorios u orfanatos, y relatos estremecedores de violaciones, abusos y sevicias a niños y niñas, habitualmente de hogares humildes.
Lo sucedido en Irlanda se ha producido en otros muchos países. En España hay numerosas denuncias, con media docena de condenas judiciales contra sacerdotes pederastas. Pero es difícil conocer la magnitud del problema, dada la tendencia de la jerarquía a ignorar, e incluso tapar, los escándalos. Las instrucciones del Vaticano son sintomáticas. Ante cualquier denuncia, hay que asegurar la reserva total, dice una instrucción de 1962.
Cuando Dante Alighieri describió en la Divina Comedia el sufrimiento, en lo más hondo del Infierno, de numerosos sodomitas, se detuvo sobre todo en un grupo de sacerdotes libertinos. También encuentra allí a un obispo de Florencia. El poeta se cansa pronto de ajustar cuentas "ante pecado tan notorio". "Saber de alguno es bueno / de los demás será mejor que calle / que a tantos como son el tiempo es corto", se disculpa (Canto XV).
Por entonces, se castigaba severamente a los eclesiásticos de vida depravada. Un decreto papal de 1568, titulado Horrendum, ordenó que "los sacerdotes que abusen serán privados de todos los oficios y beneficios, y entregados a los tribunales seculares para su castigo". Se ha incumplido con escandalosa frecuencia.
El caso más notorio es la protección de Juan Pablo II al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Durante décadas, Maciel y algunos de sus lugartenientes sometieron a abominables abusos a cientos de muchachos, especialmente en el seminario de Ontaneda (Cantabria). Sólo tras la muerte del Papa polaco, en 2005, el famoso pederasta fue apeado de su enorme poder, con la orden tajante de alejarse de Roma. Se recluyó en México. Fue su único castigo en vida. Falleció ahora hace un año.
El primer escándalo por ese comportamiento encubridor se produjo en Italia en una de las escuelas pías del aragonés José de Calasanz. Fundador de la Orden de Clérigos Regulares Pobres, conocidos ahora como escolapios, Calasanz reprimió la divulgación del abuso sexual de niños por sus sacerdotes. Pagó por ello. Uno de los pedófilos, el padre Stefano Cherubini, tuvo tanto éxito en el encubrimiento de sus delitos que incluso llegó a ser superior de la orden, arrinconando al fundador. La orden fue clausurada por Inocencio X. Calasanz murió a los 91 años en Roma, todavía en desgracia. Ocho años después, Alejandro VII lo rehabilitó. Fue hecho santo en 1767.
El sexo fue un asunto desprovisto de importancia para los primeros cristianos y es prácticamente ignorado por san Pablo (el temperamental apóstol llegó a decir que "es mejor casarse que abrasarse"). Pero pronto se impuso la idea de que el celibato era superior, el matrimonio inferior, y el sexo, en consecuencia, un acto perverso. Fue el obispo Ambrosio de Milán (373-397) quien desbrozó el camino. Hombre "imponente", según san Agustín (por su sabiduría y porque "leía sin hablar", un hábito desconocido en el mundo clásico), Ambrosio impuso el criterio de que la vida conyugal era incompatible con una carrera en la Iglesia. "Incluso un buen matrimonio es la esclavitud", dijo. De ahí al celibato obligatorio de los eclesiásticos quedaba un paso, entre agrias disputas.
La pertinaz decisión de ocultar o proteger las desviaciones sexuales de los clérigos disolutos, incluso cuando son delictivas, tiene que ver con el concepto heroico que los eclesiásticos tienen de sí mismos. "La Iglesia es una preciosa élite de superhombres porque el espíritu actúa en ellos. Hay que defenderla de la contaminación, venga de donde venga", predica Tertuliano.
Julio Pérez Pinillos, ex presidente de la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados (FISCC), cree que el escándalo de los abusos sexuales por sacerdotes "remite a la inconveniencia de mantener esa ley eclesiástica medieval y no evangélica". "El celibato obligatorio favorece relaciones clandestinas, y da pie a abusos que sufren sobre todo los menores, las mujeres y la descendencia cuando se da. Qué buen servicio haría a la claridad evangélica y al merecido buen nombre de muchos sacerdotes y religiosos y religiosas entregados a las comunidades cristianas la revisión de esa ley del celibato, formulada a mediados del siglo XII".
Emilia Robles Bohórquez, de la organización Proconcil, subraya, por su parte, que "no es toda la Iglesia quien delinque", pero que compete a toda la Iglesia, "con valor, transparencia y energía, afrontar el hecho". Añade: "Dada la gravedad de las situaciones, hay que revisar la manera de afrontar la sexualidad, pero antes urge limpiar y desinfectar los sótanos de algunas instituciones que, lejos de lo que dicen ser, son, con demasiada frecuencia, nidos de bichos". Robles cree que en ese empeño de limpieza, la jerarquía necesita "colaborar con las instituciones civiles y alejarse de complicidades y victimismos".
Pese a que fue entre los esclavos, los humildes y las mujeres entre quienes primero se propagó el cristianismo, la agresiva tradición antifeminista avanza pronto en la nueva organización eclesiástica. Es ese desprecio a la mujer, incluso el aborrecimiento, por donde se ha colado el afán de dominación y todo tipo de abusos, sobre todo sexuales. No es posible comprender esos comportamientos prepotentes sin escuchar a los padres de la Iglesia proclamando la abyección de la mujer y el sexo. Así se explica, también, que las principales víctimas, por millares, de la Santa Inquisición fuesen mujeres, arrastradas a la hoguera por brujas o portadoras de pecado.
Había dicho, por ejemplo, san Juan Damasceno: "La mujer es una burra tozuda, un gusano terrible en el corazón del hombre, hija de la mentira, centinela del infierno". Y santo Tomás de Aquino: "La mujer es un hombre malogrado. Un ser ocasional: sólo el hombre ha sido creado a imagen de Dios". O Alberto Magno: "La mujer es un hombre ilegítimo y tiene la naturaleza incorrecta y defectuosa". Incluso el gran Agustín, obispo de Hipona, sostuvo que "el marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer", y que "nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer". ¿Hablaba por experiencia? Padre de un chico al que llamó Deodato (dado por Dios), repudió a la madre sin contemplaciones para hacer carrera eclesiástica.
Otro cantar es la homosexualidad entre el clero cuando se convierte en signo de poder o antesala de abusos pedófilos. Sostiene Ramón Teja, presidente de la Sociedad de Ciencias de las Religiones y catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria: "Era lugar común en la literatura ascética de la antigüedad que la decadencia del monacato se produjo por la presencia de jóvenes en los cenobios. Lo advertían los padres del desierto con dichos como éstos: 'Un diablo fue a golpear
a la puerta de un cenobio y vino un joven a abrirle. El demonio, al verle, dijo: Si estás tú aquí no hay necesidad de mí'. Para los monjes, los jóvenes, más que las mujeres, son un lazo del diablo". Otro dicho de época: "Donde hay vino y jóvenes no se necesita a Satanás".
Teja ve en los casos de abuso un hilo conductor común: la idea de que el sexo no cuadra bien con lo sagrado. "No he encontrado textos que reflejen mayor tolerancia hacia la fornicación homosexual que hacia la heterosexual, pero es reveladora esta sentencia que parece reflejar una cierta graduación de pecados: 'El monje no debe cultivar la amistad con un joven, ni el trato con una mujer, ni tener amistad con un hereje".
Las cosas no han mejorado en la actualidad. Todavía en 2001 el teólogo redentorista Marciano Vidal fue castigado por la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición) por considerar la sexualidad humana como "un lujo de la naturaleza" (la persona, un ser sexuado, un modo de percibir al otro, etcétera), y por entender las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad o la masturbación. La severa notificación inquisitorial contra el gran moralista español lleva la firma del cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.
El libro de Marciano Vidal Moral de actitudes es una referencia imprescindible para comprender las agitadas relaciones del cristianismo con el sexo y la mujer. Vidal recuerda en Moral del amor y de la sexualidad que "castidad" procede de "castigo" ("que la razón impone a la concupiscencia domándole como a un niño", escribe santo Tomás de Aquino).
Marciano Vidal, por cierto, subraya la indulgencia con que el buen san Alfonso contempla un escote (ubera) de mujer. "Pectus non est pars vehementer provocans ad lasciviam" ("El pecho no es parte que provoque vehementemente la lascivia"), escribe el fundador de los redentoristas. Hay una simpática anécdota del papa Juan XXIII ante la exuberante Sofía Loren. Cuando era nuncio en París, el carismático Papa del Concilio Vaticano II se encontró en un acto oficial con la actriz italiana, que lucía generoso escote. "¡Benedetto, quel Calvario!", suspiró con sonrisa desarmante, para regocijo de los presentes. Fue beatificado por Juan Pablo II en el año 2000.
El argumento libidinoso se sostiene muchas veces para expulsar del sacerdocio a la mujer. Se lo recuerda Umberto Eco al cardenal Carlo Maria Martini en el diálogo publicado con el título ¿En qué creen los que no creen? Eco dice al cardenal que Tomás de Aquino usa el argumento propter libidinem (a causa de la lujuria) porque si el sacerdote fuese mujer, los fieles (varones) se excitarían al verla. Rebate Eco: "Dado que los fieles son también mujeres, ¿qué ocurre entonces con las muchachitas que podrían excitarse ante un cura guapo?". El autor de El nombre de la rosa recuerda al prelado las páginas de Stendhal en La Cartuja de Parma sobre los fenómenos de incontinencia pasional suscitados por los sermones de Fabrizio del Dongo.

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