28 feb 2010

Boogie El Aceitoso

BOOGIE EN LA PANTALLA NACIDO PARA MATAR
Santiago Igartúa
Revista nexicana Proceso, edición #1739, 2010-02-28
Boogie El Aceitoso se publicó en Proceso, ininterrumpidamente, de junio de 1977 a octubre de 1996. De la edición 33 a la edición 1040, la historieta de Roberto Fontanarrosa se apoderó de la última página de la revista y se convirtió en hábito ineludible de nuestros lectores. Su autor no mató a su personaje; simplemente dejó de dibujarlo. Boogie reaparece en estos días, intacta su naturaleza. Y lo hace espectacularmente en la pantalla grande. Estrenada el año pasado en Argentina, Boogie, la película se exhibirá a partir del próximo viernes 5 en 80 salas cinematográficas del país. La cinta de animación dirigida por Gustavo Cova, con guión de Marcelo Páez –coproducida por Illusion Studios y Proceso–, honra a la historieta. En ella, Boogie hace lo que sabe hacer: humillar, despreciar, disparar. Boogie regresa para matar… y para provocar inevitables carcajadas con su ácido humor.
BUENOS AIRES.- Boogie no sentía nada al matar. Lo hacía con silenciador.
Nada ha cambiado. Salvo que el musculoso matón ha envejecido, se le ve panzón, cansado, y está desesperado por reivindicarse como el primero en el “arte de matar”, tras la aparición de su “archirrival” Jim Blackburn, un modernísimo sicario contratado por un capo de la mafia neoyorquina para silenciar a un testigo.
Es, sin duda, el pistolero más frío del mundo. Se entrenó en la Escuela de las Américas; fue agente de la CIA; participó en los conflictos bélicos de Vietnam, Nicaragua y del Golfo Pérsico. Tiene una particular animadversión por los negros y los homosexuales. Nunca se enamoró.
Sus hobbies son denigrar a las mujeres, comprar armas y disparar a transeúntes desde la ventana de su departamento. Admira a Jack el destripador y detesta a la humanidad. Si se le molesta, mata; si está de buen humor, o en servicio, también.
Le dicen El Aceitoso.
Inolvidable, vuelve como un fantasma para recorrer las salas de cine en México. Apareció con su enredada cabellera rubia, mandíbula de pitbull y un cigarro en la comisura de los labios que da sentido a su voz gruesa. Exhibe su Magnum 44 especial en la cintura. Es un hombre macizo, sin límites, sin conflictos de ética. Fuma en exceso, toma en exceso, mata en exceso.
Tiene un oficio muy peculiar: Es un asesino a sueldo. Un mercenario sin corazón que lo hace todo por dinero.
Según Gustavo Cova, director de la cinta, Boogie debe representar, como lo hizo en su tiempo, una crítica a un sistema donde prevalece la violencia, como en México… El largometraje se estrena aquí en medio de la “guerra” decretada por Felipe Calderón, que parece no tener fin y que, a la mitad de su administración, ha cobrado la vida a más de 9 mil 600 personas. Imposible ofrecer el dato más preciso; se modifica con las horas.
La sátira de Roberto Fontanarrosa nos alcanzó. Asociada con la atrocidad estadunidense durante la Guerra Fría, la represión en Sudamérica en los años de plomo y la guerrilla colombiana auspiciada por el narcotráfico, hoy retrata el estilo de vida que a sangre y fuego se ha impuesto en el país.
Lejos de la ingenuidad, Boogie cada vez se hace más fuerte. “Nos hemos acostumbrado a la violencia cotidiana. Ha ganado vigencia a través de la brutalidad de nuestras sociedades y lo poco que hacen nuestros gobiernos por detenerla. Es lamentable que aquello que criticaba Fontanarrosa en los años setenta y ochenta cada vez se va exacerbando más”, denuncia en una larga charla Gustavo Cova, quien también dirigió las cintas Rouge Amargo, Alguien te está mirando y el documental 100 años de Carlos Gardel.
Su historia
Boogie surge de las páginas de la revista Hortensia, editada en la ciudad de Córdoba, como una historieta basada en el violento personaje y la crítica política y social del autor. En los años setenta llegó a México a través de Revista de Revistas, dirigida por Vicente Leñero y, entre 1977 y 1996, para cerrar –o comenzar– la lectura de Proceso.
A principio de los ochenta, en la misma Argentina, Boogie fue publicada por la revista Humor, contestataria ante la última dictadura militar en ese país (1976-1983). “Era un lugar de rebeldía porque los militares no la entendían muy bien”, relató el cineasta.
Del maestro Fontanarrosa habla Cova, quien animó a su más célebre personaje: “Siempre fue muy inteligente en su crítica, que no es de izquierdas utópicas y contestataria porque sí”. Sin embargo, dice, en la película “no van a encontrar un panfleto”. La intención primordial de la obra parte del humor. “Por pretencioso, muchas veces el cine latinoamericano se olvida del público”. El mensaje de El Negro viene de una “segunda lectura”.
En un texto reproducido en la página web de Roberto Fontanarrosa, el semiólogo Óscar Steimberg desmarca a Boogie de una suerte de personajes sarcásticos, “desesperanzados”, amorales, que nacieron en los años setenta. “Si bien eran crueles, pesimistas, había algo que podía relacionarse con algún rastro del concepto clásico de piedad”. Para Boogie eso, por principio, no existe.
Boogie produce una atracción brutal. Explica Gustavo Cova: “Con Boogie pasan cosas muy raras. Es un personaje terrible, odiable por su machismo, por su violencia, por su amoralidad, y sin embargo es un personaje totalmente adorable”. Enamora como personaje, “sabiendo uno que se está enamorando de un reverendo hijo de puta”. Tiene ese “magnetismo animal, que es como que nos habla desde el inconsciente y desde lo peor de cada uno de nosotros”. Es como una catarsis, una posibilidad de liberarse, dice.
La “honestidad del perverso”
Según el guionista, Marcelo Páez, Boogie representa “la fantasía perversa que todos tenemos”. Recuerda un fragmento de la historieta donde El Aceitoso está comiendo y le quitan una papa frita de su plato, él toma el cuchillo y lo clava en la mano del osado… “Todos hemos querido hacer eso. Es el morbo que genera el querer hacer cosas que no podemos –como volar a un taxista que se nos cierra–; pero la fantasía ahí está”. Boogie, dice, está más allá de la conciencia y la moral. “Es lo que queremos ser y no nos atrevemos”.
El trabajo de Páez incluyó un análisis del estilo de escritura de Fontanarrosa. Describe a Boogie como un personaje encantador en sus “sombras”, de novela negra: un antihéroe. “Esos personajes, delincuentes, matones, apostadores, prostitutas, policías antinarcóticos, veteranos de guerra, me resultan mucho más humanos, a pesar de su brutalidad o su cinismo”. La maldad nace de la impunidad, piensa Páez. “Boogie es un psicópata. No le importa nada, nadie. No somos como él, en parte porque tenemos conciencia, porque tenemos moral, pero sobre todo porque tenemos miedo a ir presos”.
De hecho, Juan Carlos Volnovich, psiquiatra en la tira cómica, diagnostica a Boogie la “honestidad del perverso”. Tras la primera sesión, el matón lo acribilla por inmiscuirse en su vida.
“Fidelidad pura”
De la tinta a la pantalla, Boogie no se pierde en la ostentosidad de la tecnología, promete Páez. La esencia del personaje, para el guionista, refleja una “fidelidad pura” a lo que escribió Fontanarrosa. Incorporó al largometraje diálogos de una veintena de números de la historieta.
Inmersos en una actualidad donde la televisión muestra el correr de la sangre en tiempo real y los videojuegos explotan la industria de la violencia como entretenimiento, esta película “lucha” por posicionarse entre el público joven. Sin embargo –sostiene Cova–, el largometraje conlleva un dejo de nostalgia. “La gente que conocía al personaje va a encontrar muchos guiños de toda la obra de Fontanarrosa, varias de las historietas que más se arraigaron en la memoria”.
Boogie, recuerda el director, le servía a la gente como una válvula de escape “de todo lo que no asumimos que somos pero en el fondo tenemos: la intolerancia, el discriminar, el machismo… todo eso que forma parte de nuestra cultura. Somos nosotros los que tenemos que pelear por ser buenas personas todo el tiempo. En Boogie funciona al contrario. Él se libera de esa prisión en la que luchamos por no convertirnos en un ser terrible”.
Los responsables de la adaptación al cine hablan de la perversidad de El Aceitoso que, no obstante los años, aun en la pantalla, no intenta rescatarse. “El reto es cuidar a un protagonista con el que ideológicamente chocas. La ironía funciona desde ahí, desde la contradicción constante de su magnetismo animal que funciona como catarsis de todo lo que sabemos que está equivocado pero nos atrae. No es el héroe del cual uno quiere enamorarse”, afirma Gustavo Cova.
Hacer cine de animación en Latinoamérica es “casi” imposible, comenta el propio Cova, quien se ha entregado al género de fantasía. Realizar esta película significó una labor titánica –casi 16 mil horas de trabajo– por parte de un batallón de animadores, dibujantes, actores, sonidistas y personal de producción. Además, 60 temas musicalizan la historia.
Boogie, la película se presentó en los festivales de animación celebrados en Annecy, Francia, y en Zagreb, Croacia, donde fue muy bien recibida, según el relato de su director. En Argentina se estrenó el 22 de octubre del año pasado y se exhibió durante 10 semanas, posicionándose entre las cinco primeras.
No hay traición
Roberto Fontanarrosa, El Negro, se “sorprendió” cuando José Luis Massa, fundador de Illusion, le hizo la propuesta de materializar en una obra cinematográfica la vida de su personaje. Al principio le pareció una idea “descabellada”, contó a Proceso el productor. “El Negro decía: ‘¡No! Yo ya dejé de hacer Boogie. No sé si da para hacer una película. Es muy violento’”.
Gustavo Cova y Roberto Fontanarrosa pactaron un acuerdo en distintos planos y tiempos. El director tiene una fotografía de El Negro frente a su escritorio desde el día que inició el proyecto. “Pegué una foto suya que todo el tiempo me está mirando desde la pared. Siempre le digo: ‘Vos cuidame, yo no te voy a traicionar’”.
Y así, se cercioró, paso a paso durante la producción, de no insidiar el espíritu original de Boogie, de no “traicionar” a Fontanarrosa ideológicamente. “Boogie es un personaje muy fuerte y teníamos miedo de que eso no se trasladara a la pantalla, que se ablandara en ese traspaso por miedos, por autocensuras”.
Para el maestro Fontanarrosa, dueño del trazo que concibió al despiadado asesino, los villanos siempre fueron más que los héroes. Él mismo se encargó de dotar a El Aceitoso de un carisma “detestable”, lo que, paradójicamente, lo hacía adorable. Página 12 reprodujo una entrevista con el autor el 20 de julio de 2007: “Si no quisiera a Boogie, no podría haberlo hecho. Es la antítesis mía, o será que en un rincón del corazón yo querría tener esa impunidad, ese manejo de la violencia y esa capacidad física... La pureza de los superhéroes siempre me hinchó las pelotas”, decía el eterno apasionado del futbol.
Fontanarrosa alcanzó a aprobar el primer guión del largometraje, a la vez que hacía frente a la esclerosis que dañó la genialidad de su mano derecha y que, en julio de 2007, le robó la vida. “Si no, la película no habría podido hacerse”, aclara el productor, José Luis Massa.
Mueren las personas, pero los personajes trascienden. Se lo deben a su significado, asegura Gustavo Cova. Así que Boogie, la película no es una manera de ponerle fin a El Aceitoso, sino un intento por sintetizar su “ideología y espíritu, una forma de pensar que se conserva en el relato”.
De modo que Boogie sigue prófugo. Fontanarrosa escribió una carta que, cuenta el guionista Marcelo Páez, decía que el personaje “tendría siempre un lugar en algún punto conflictivo del mundo, ‘haciendo lo que más le gusta’”.
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Lo mecio el entorno dictatorial
Santiago Igartúa
Revista Proceso, edición #1739, 2010-02-28
Boogie es un desahogo, una inocente venganza de la que estaba ansiosa la Argentina de los setenta, década en que la violencia desangró al país al amparo de los militares y la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) de José López Rega, que promovió el secuestro, la tortura y la desaparición forzada como sistema de gobierno.
En la intimidad del país de su autor, Roberto Fontanarrosa, la historieta fue una crítica clandestina a la violencia institucionalizada, a la represión y a la brutalidad que sometía a esa república.
Dentro de la historia, explica Gustavo Cova, director de Boogie, la película ,“el humor es sólo la primera capa de la cebolla”. En tiempos de la última dictadura (1976-1983), cuando se publicaba en la revista Humor, Boogie significó un desafío a la censura, un desplante de libertad. No sólo se concebía desde lo superficial de un ex marine, asesino a sueldo, “sino que planteaba una crítica militarista, armamentista y –más a lo profundo– a la violencia del régimen, al gatillo fácil y a la violencia personal de cada uno de nosotros”.
“Los del proceso militar fueron tiempos difíciles”, platica ensimismado el joven guionista Marcelo Páez.
“Creo que haber escrito un personaje así, que en su momento era tan violento y tan contestatario, representaba una gran valentía del autor”, recuerda Cova.
La reflexión de Páez trasciende al Boogie identificado como un mero juicio al capitalismo y al sistema estadunidense: “Si tomamos en cuenta el momento en que nació Boogie, yo creo que, más que una crítica al capitalismo, era una crítica a lo que se estaba viviendo en Argentina”.
La pericia psicológica del personaje, realizada por el semiólogo Óscar Steimberg, publicada en la página web de El Negro Fontanarrosa, encuentra que los comentarios de Boogie son “similares” a los de algunos represores que “reconocen que han matado y lo cuentan con detalles”; su relato “se acerca más a la descripción de una hazaña que a la confesión de un delito o a una reflexión arrepentida”.
Con los agentes de la organización paramilitar Triple A, Boogie tenía todo en común, desde el atuendo hasta la impunidad. “Es más, platicando con él, yo supe que Fontanarrosa se inspiró para hacer Boogie en un tipo que vio en un bar, vestido con saco negro, anteojos negros, corbata oscura; que entró con una actitud muy suficiente, tomó un trago y después, al salir, se subió a un Falcon verde (como en los relatos de horror) para desaparecer en la nada. Daba la impresión de ser de la Triple A. Le quedó grabada esa imagen (a Fontanarrosa) y eso lo llevó a crear a Boogie como lo conocemos”, narra el guionista.
Fumador empedernido, republicano, egresado de la Escuela de las Américas (especializada en capacitar a represores), Boogie representa los aspectos más “perversos” de la política exterior estadunidense, dice Gustavo Cova.
La historia del antiimperialismo yanqui entre los latinoamericanos, continúa, es “entendible” por lo que han lastimado a sus países. Durante las dictaduras con el Plan Cóndor, por ejemplo, “reírse de ellos (los gringos) eran pequeñas victorias contra el monstruo”, sostiene el director.
Para Cova, lo que diferencia a El Aceitoso de Harry El Sucio, personaje que parodiaba, está en la ironía. “Las películas americanas de los 70 eran muy violentas, en el apogeo de la Guerra Fría y la guerra de Vietnam”. Herencia estadunidense, instituida en Latinoamérica a través de los regímenes militares, en Argentina “un sector de la ultraderecha intenta imponer el gatillo fácil como única forma de justicia y defiende el método de ese gobierno. Con Boogie, Fontanarrosa se burla de esto”, argumenta Cova.
Desbordado el narcotráfico en Colombia en los ochenta, Boogie fue tomado como estandarte por sicarios y censurado por el diario El Tiempo, donde se publicaba semanalmente, hasta ser desterrado por considerarlo una apología de la barbarie.
En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2006, Fontanarrosa evocó el episodio: “Boogie se publicaba en el cuerpo del diario, y hubo muchas presiones cuestionando al personaje en su violencia, que algunos creían que lo emparentaba con los narcos”.
Las quejas cobraron fuerza desde la ignorancia que las suscitó. Recordaba en la FIL el autor: “Era una cosa terrible. Tipos contentos porque por fin llegaba alguien que les pegara a los negros y a las mujeres”.
Entender al personaje más allá de la sátira, lamenta el director de la cinta, fue un mensaje que no siempre tuvo receptor. “Llegaban cartas y cartas al diario (El Tiempo) de personas que no entendían nada; no entendían la parodia”. Ahora, Cova tiene en la mira el estreno del largometraje del “aceitoso” en el país cafetalero como un ajuste de cuentas pendiente.
Burla al imperialismo
Boogie es el personaje genial que creó Fontanarrosa para mofarse del imperialismo yanqui y denunciarlo, lleva consigo un discurso “contestatario, anticorrupción, opuesto a la xenofobia y al terror que generó, y genera aún, el sistema norteamericano”, dice a Proceso Gustavo Cova.
“A Bush podría gustarle”, comenta divertido el director cuando imagina el recibimiento que en la Unión Americana podría generar el personaje: “Más que un antihéroe, podrían mirarlo como ejemplo, dada la descomposición de las sociedades a causa de la violencia que, como otros males, evoluciona con el tiempo”.
“Bush pensaría que habla bien de él”, suelta entre carcajadas.
Illusion Studios piensa llevar Boogie al cine estadunidense. Marcelo Páez tradujo el guión al inglés. Sin embargo, considera que la aceptación de El Aceitoso en Estados Unidos es casi impensable “porque en sus películas puedes matar a 200 personas, pero no puedes decir ‘negro’ a nadie. Es difícil que la sociedad norteamericana la acepte porque, en buena medida, se burla de su estilo de vida”.
Boogie, dice Páez, se hizo necesario durante la dictadura. Representó desahogo y festejo, una inocente escapada contra la opresión y el tormento que constituyen los Estados Unidos.
“En el colegio todos nos alegrábamos cuando alguien se reía del más grandote. Era como decir: ‘Mirá, alguien se le anima al gigante y le dice no sos tan perfecto. Es nuestra fantasía porque vivimos a su sombra. Con Boogie, nos sacamos algo de adentro”, afirma el guionista, con la autoridad de quien vivió 12 años en el país que alberga el sueño americano. “Yo creo que el estadunidense no está enterado del odio que se le tiene afuera de su burbuja, o no le importa”, remata.
Cova, el director, distingue: “Vuelvo a la genialidad de Fontanarrosa; es una película no antiyanqui, pero sí antiviolencia, antiimperialismo en cualquier forma posible, como lo fue el imperialismo soviético en su momento. Nosotros como latinoamericanos, como sudacas, como negros, seríamos los primeros que Boogie aplastaría”.
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El doblaje ochoa: “Me gustaria ser como el...”
Santiago Igartúa
Revista Proceso, edición #1739, 2010-02-28
Un caso típico: actores que sucumben ante sus personajes… Jesús Ochoa es Boogie; Susana Zabaleta es Marcia Frog. Sólo prestaron sus voces, pero, sin quererlo, ambos actores acabaron entregando, completita, su alma al diablo. “Me gustaría ser como él cuando veo a los políticos. Todos quisiéramos serlo cuando te encuentras en desventaja”, confiesa Ochoa. Y Zabaleta igual: “Por más que al principio quieras que se largue de tu vida, terminas por adorarlo”.
¡Háblame!”, se lanzó Julio Scherer García contra Jesús Ochoa. El actor balbuceó “cualquier cosa”, entre el nervio y la sorpresa. “¡Ésa es! ¡Ahí está la voz de Boogie!”, repetía efusivo Scherer, mientras se alejaba. “Me lo aventó de primera intención, sin anestesia. Fue el casting más curioso de mi vida”, cuenta Ochoa, que en más de 30 años de carrera no puede ocultar la emoción por interpretar a un personaje. Es la voz de Boogie El Aceitoso.
Hacerlo, confiesa, es un honor. “Me ametralla en cada palabra que dice. Si lo hice bien o mal, ojalá no me juzgue”.
Llevarlo a la pantalla fue una victoria. “Por fin le ganamos un duelo a Boogie. Lo agarramos y lo llevamos a la pantalla grande para exhibirlo, acusarlo y denunciarlo”, dice.
Ochoa ha visto la muerte de frente. Lo han matado de todas formas, muchas veces. “A los villanos así nos toca, cuando menos en la ficción”.
De Boogie, el actor envidia dos cosas: su gabardina y la posibilidad de saldar alguna cuenta. “Me gustaría ser como él cuando veo a los políticos. Todos quisiéramos serlo cuando te encuentras en desventaja. Pero nos gana la compasión, ¡maldita sea!”, afirma envuelto en carcajadas.
A los ocho años, Boogie le sacó la lengua a su abuela… con unas pinzas. “Yo una vez le cerré el ojo a una chava… ¡pero a golpes!”, cuenta en broma Ochoa, y estalla en risa.
No tiene ninguna historia personal con Boogie ni quiere tenerla. “Le tengo miedo. Afortunadamente sólo me lo he topado en la ficción, porque encontrárselo en la realidad debe ser muy cabrón”.
Supo por primera vez de Boogie en sus años como estudiante de actuación, a finales de los 70, leyendo Proceso. Entonces empezaba a ver la revista desde el final, como tantos, donde les esperaba El Aceitoso. “Uno quería endulzarse un poco la cara con una sonrisa para que luego el resto de la revista te la desfigurara otra vez con la realidad”.
Boogie se convirtió en una presencia cotidiana, un fantasma que nos persigue, sostiene Ochoa. “Ya hay Boogies donde quiera. En Proceso ya te lo encuentras en cualquier página”.
Con el personaje lo une el ser “culero”, platica regodeándose en su humor oscuro. “Pero sólo eso y sólo es desde el humor”. No sabe manejar una pistola, no le atraen las armas. “No he estado ni quiero estar en una guerra, aunque ahora esté en medio de una que no me corresponde”, dispara Ochoa, aniquilando de golpe la sonrisa en su quijada.
Boogie no puede estar en un solo lugar. Si existe, en cualquier guerra inútil va a estar. Incluso en la del narcotráfico. Ahora mismo podría estar caminado por las calles de cualquier ciudad en México, dice Ochoa. “Está instalado aquí. Nos secuestró. Uno ve la violencia exaltada en las calles. Lo puedes imaginar caminando cerca de ti”.
Siempre se puede estar en un fuego cruzado con Boogie. “Lo vemos todo el tiempo: decapitaciones, hombres masacrados sin importar absolutamente nada. Los narcos se dan un quién vive con la violencia que maneja El Aceitoso. Él revive en cada acto de violencia. Todo el tiempo va a estar para apuntarte”, dice el villano de Ciudades oscuras.
Boogie “es un madrazo”
Ochoa interpretó al sicario sin culpa alguna. “A Boogie no se le debe juzgar. Él se cree bueno. Piensa que está arreglando el mundo. Eso es lo cabrón, lo que avasalla. No existe el arrepentimiento en él. Ahí está lo maravilloso. Es la parodia del mercenario gringo. No sé por qué no lo han llevado a presidente”.
De origen, según el actor de La ley de Herodes, Boogie desborda la violencia al superlativo de lo absurdo. “Yo creo que era un escalón para reírse de los gringos, descubrir al vecino fuerte y quitarle la careta a un sistema de terror que prevaleció en el siglo XX”.
Según Ochoa, el “intervencionismo” estadunidense en las salas de cine en México debe combatirse con el principal potencial de la cinematografía nacional: la imaginación. “Lo importante primero es lograr una calidad para poder competir. ¡Ahora!, que dentro de un marco legal no lo podemos hacer, no podemos. Porque, efectivamente, todo está puesto para que la gran industria del cine norteamericano se sirva”.
Pero El Aceitoso no sigue los lineamientos de una empresa hollywoodense. “No tiene compasión. No está buscando un final feliz. Boogie va a las vísceras. Va directo a sacar nuestro ser violento y a arrancarnos una carcajada a quijada abierta. Yo no puedo comparar el personaje de Fontanarrosa con ningún otro, por más Llaneros Solitarios que nos encontremos en el cine gringo”.
Lo importante, afirma, es que cumple “absolutamente” con la carcajada que debe arrancar la farsa, exagerando la realidad de un drama. “Primero te lleva a la risa, luego te golpea, te destruye y te aniquila, como el mismo Boogie con su pistola. Y después te preguntas: ¿de qué me estoy riendo?”.
Roberto Fontanarrosa tenía mejor puntería que el mismo Boogie. “Fue un tipo muy inteligente, muy ácido. Boogie es un madrazo. Te lleva a la realidad a punta de balazos”. Siempre esconde una amenaza. “Te está advirtiendo que te pueden desaparecer, que te pueden arrancar la vida, incluso por equivocación, y después irse con un cigarrillo en la boca sin siquiera pedirte perdón”.
–¿Usted cree que Boogie podría atrapar a El Chapo?
–Más bien creo que El Chapo ya lo tiene por ahí, que está trabajando para él. No puede ser tan tonto como para echárselo de enemigo. No puedes echarte de enemigo ni a El Chapo ni a El Aceitoso –liquida la entrevista a risotadas.
Zabaleta y la Boogie que lleva dentro
Descubrir el poder de su voz fue para Susana Zabaleta como haber comprado una “uzi”; un arma de seducción. “Consigues lo que sea: con un simple tono puedes pasar del sarcasmo al amor; puedes mentir y hacer que te crean o decir la verdad absoluta”, cuenta a Proceso la concertista, quien estudió ópera en la ciudad italiana de Florencia, en una conversación que adornó con su sensualidad y su humor negro.
Dueña de una figura violenta y ojos de caoba, la protagonista de Sexo, pudor y lágrimas y Vivir mata se despojó de su cuerpo para dar vida a Marcia Frog, la femme fatale que pretende doblegar el corazón de El Aceitoso.
Boogie se fija en Marcia, su personaje, cuando la ve bañada en sangre… Es una atracción “destructiva, pasional”, dice Zabaleta, a quien le atrajo la idea de ser, desde la ficción, la amante de un asesino. “Es un machín. Llegaba un momento en que ya decía: ‘yo sí te voy a partir tu madre, Boogie’”.
De existir, la versión femenina de El Aceitoso sería más interesante y mucho más perversa, piensa la soprano y se postula: “A mí me gustaría ser la amante de Boogie y manipularlo a tal grado que yo no tuviera que matar a nadie. Lo utilizaría para decirle a quién eliminar. Esa es la Boogie que llevo dentro”.
Los antihéroes, comenta, son los personajes más disfrutables “porque se parecen a nosotros”. Religiosos, millonarios, estudiosos… “todos traen un asesino y un violento dentro de sí, esperando el punto que los detone. El hacer cosas malas provoca el mismo cosquilleo que estar enamorada”.
Emblema del feminismo, por la fortaleza que proyecta, no buscaría venganza contra Boogie, el misógino. “Sucede que es adorable. Por más que al principio quieras que se largue de tu vida, terminas por adorarlo. Él se reconoce violento y le vale madres. No hay nada que aprecie más que la autenticidad. Si eres asesino, sé asesino siempre. Me chocan todos esos personajes de la política que van por la vida con letrero de ser buenas personas. Esos son a los que hay que tenerles miedo”.
“… y entonces necesitamos sangre”
Hace unos días Zabaleta realizó una producción fotográfica con el torso desnudo y las leyendas “impunidad” y “violencia” pintadas en la piel. “No podemos negar lo que está pasando, encerrarnos en casa y dejar que el mundo ruede”. Habla de la falta de unidad en el país donde “sólo ante la tragedia somos solidarios. La esperamos como si nos gustara. Me hace pensar que Boogie forma parte de nuestra cotidianidad, que nos aburrimos de la vida y entonces necesitamos sangre”.
El mexicano se ríe de la tragedia, la contempla. “Yo creo que nos reímos para que no nos duela. Pienso que si no lo hiciéramos, nuestra alma no aguantaría. También nos reímos de nervios, de saber que cualquier día puede tocarnos”.
Según la actriz, incorporar el humor al drama que vive el país es necesario. “Va a llegar el momento en que también haya que reírse de la sangre y de la muerte. Y creo que la llegada de Boogie es un buen momento para hacerlo. Es una manera de prepararnos, de acostumbrarnos, de cubrirnos de esta vorágine, de tanta muerte”.
Los medios televisivos eligen las desgracias más mediáticas para enviar un batallón de reporteros que lleve a las víctimas como protagonistas estelares del prime time. “Se explotan porque tienen rating. Lo condeno, pero es así de fuerte. A la gente que no le guste, que lo apague, y los del conflicto van a ser los de las televisoras. La culpa es nuestra por morbosos”, opina la actriz.
Pero la realidad supera la ficción, sostiene. “Boogie no me da tanto miedo como el JJ (José Jorge Balderas Garza)”, presunto responsable del atentado contra el futbolista Salvador Cabañas y a quien se asocia con el crimen organizado y, a su vez, con mujeres del mundo de la farándula.
Zabaleta no es ajena a los cortejos de los mafiosos y sus excesos. Erizada su piel blanca, la actriz recuerda: “Estaba de gira en Culiacán. A mi suite llegó un ramo de flores espectacular, del tamaño de toda la habitación. Me fui a cantar y, en la noche, al regresar, encontré un paquete con una tarjeta que decía: ‘eres igualita a ella’. Abro la caja y era una Barbie de colección, de esas que cuestan miles de dólares, idéntica a mí. Tenía el pelo con mi mismo corte y un vestido largo muy elegante. Era como si me la hubieran mandado a hacer”.
Sintió pánico. Tomó el primer vuelo…
Meses más tarde, en Matamoros, durante un homenaje a Elena Poniatowska donde Zabaleta cantaba canciones de Liliana Felipe, le enviaron un enorme anillo de diamantes. Iba de parte de un “narquito”, según la mensajera. “Yo creo que en un país como éste todos hemos estado cerca de un Boogie”, remata.
Los dirigentes del país le dan risa. “Los políticos se sienten artistas con poder”. Los ha padecido. De Natividad González, exgobernador de Nuevo León, sufrió la censura: “La Naty dijo: ‘Susana no va a pisar Monterrey’. Me vetó porque alguna vez hice una crítica de él. ¡Como niña!”.
A su entender, son los políticos los primeros que agreden a la población… Como Felipe Calderón con respecto a los adolescentes acribillados en Juárez. “¡Ay, perdón! Es que ayer dije que eran unos traidores a la patria y ahora digo que son unos buenos muchachos. ¿Hoy te digo chinga tu madre y mañana te digo perdóname? ¡No! ¡Qué huevos de la señora que le dijo (a Calderón): ‘usted no es bienvenido’! ¡La adoré!”.
La historieta de Fontanarrosa cambió a Susana Zabaleta. Boogie es como los sueños, dice: “Una tira cómica te da ciertos permisos. Es una puerta para llegar a cualquier sitio sin culpa, sin remordimiento; sin pensar que lo que estás viendo te va a hacer más violento. Nos deja imaginar. No es que vayas a hacer las estupideces que hacen de repente los soldados americanos en sus películas –una gringada te lleva a pensar que si tienes un arma no pasa nada–, pero hay a quien bien podrías decir: ¡Vuelves a hablar, y te mato!”.
La soprano siente una cierta atracción por la sangre y el peligro. “Todos somos violentos por naturaleza”, asevera. Recuerda que a su padre, doctor de profesión, algunos pacientes de pocos recursos llegaban a pagarle con chivos. Ella, con sus hermanos, cuidaba de los animales hasta el día que les cortaban la cabeza para cocinarlos. “Se desangraba para hacer la moronga o algo así. Jamás nos dijo mi papá que no viéramos. En algún momento, los cuatro hijos estábamos felices de ver cómo al puto chivo le salía sangre de la yugular… Y nos lo acabábamos comiendo, después de que le habíamos puesto nombre. Ya sabíamos que tenían que morir. Somos violentos porque así lo vivimos. Al lado de la violencia hemos estado siempre”.

27 feb 2010

Reunión en Durango

Llevar la nueva justicia penal a todo el país, reto de CONATRIB
Coinciden en aprovechar los avances que registran estas entidades en su modernización judicial.
Con el reto de llevar la nueva justicia penal a todo el país, concluyó la 3ª Reunión de la CONATRIB.
En ese tenor, más de tres años de experiencia sobre el Nuevo En el panel de experiencias sobre la aplicación de las reformas constitucionales en materia judicial penal, seis estados -Durango, Chihuahua, Morelos, Oaxaca, México y Zacatecas- sirvieron de referente para los demás integrantes de la CONATRIB
En el intercambio de experiencias los panelistas fueron: Jorge Arturo Gutiérrez Muñoz, Juez de Garantías de Chihuahua; Miguel Ángel Arteaga Sandoval, Magistrado del Estado de México; Nadia Luz María Lara Chávez, Magistrada de Morelos; Víctor Alberto Quiroz, Director del Instituto de Capacitación Judicial de Oaxaca; Federico soto Acosta, Juez Oral de Zacatecas, y Francisco Luis Quiñones Ruiz, Magistrado de Durango.
Cada ponente habló de las dificultades legales, técnicas, presupuestales y prácticas que sufrieron desde la planeación del marco jurídico, en su inicial aplicación y el proceso de ajustes que han tenido que adoptar para mejorar gradualmente un esquema procesal penal donde los poderes judiciales locales están haciendo historia.

Alerta de Tsunami

EE UU confirma un tsunami en el Pacífico tras el terremoto de Chile
Evacuadas varias zonas bajas de distintas islas, entre ellas Hawai.- La alerta se extiende por todo el oceáno hasta Australia y, en menor medida, hasta Alaska
EL PAÍS / AGENCIAS - Washington - 27/02/2010
El sismo de más de 8 grados en la escala de Richter que ha sacudidp hoy a Chile ha provocado un tsunami en el Océano Pacífico que ha golpeado parte de la costa de ese país y avanza hacia Hawai, según ha confirmadp el servicio meteorológico de EEUU.
En la localidad chilena de Talcahuano se han registrado olas de 2,3 metros de altura por encima de lo normal y en Coquimbo y Valparaíso rondaban los 1,3 metros, según la Administración Nacional de Atmósfera y Océanos de Estados Unidos (NOAA, por su sigla en inglés).
La presidenta chilena, Michelle Bachelet, ha informado de la situación vivida en el Archipiélago de Juan Fernández, donde, según le explicó el gobernador, "una gran ola llegó hasta el centro del pueblo, obligando a la gente a huir" hacia zonas más altas. "La ola envolvió la isla por todos los lados", ha indicado la presidenta, que ha señalado lo peculiar de esta situación, ya que no se sintió ningún terremoto, por lo que no se emitió ninguna alerta. Las autoridades locales han confirmado la muerte de tres personas y otras trece personas permanecen desaparecidas en el archipiélago.
El oleaje a causa del terremoto también está afectando a algunas localidades costeras de Chile, como Coquimbo y Valparaíso, con olas de casi metro y medio de altura, mientras que en Talcahuano están superando los dos metros y medio, según ha informado el Centro de Alertas de Tsunami en el Pacífico. En la Isla de Pascua y las Islas Galápagos las olas superaron los 0,3 metros por encima de su altura normal, de acuerdo con las últimas mediciones.
La NOAA ha emitido una alerta de tsunami para una amplia área del Pacífico, incluido México, Perú, Ecuador, Nueva Zelanda, Australia, Rusia, Indonesia, Japón y Filipinas, además de Chile. La agencia también ha publicado un aviso de tsunami, una comunicación de menor nivel que la alerta, para toda la costa oeste de Estados Unidos, Alaska y British Columbia.
La NOAA ha asegurado que "se ha generado un tsunami que podría causar daño en la costa de todas las islas del estado de Hawai". "Se deben tomar medidas urgentes para proteger vidas y propiedades", añade el comunicado difundido por el organismo estadounidense que vigila los fenómenos atmosféricos y oceanográficos.
Tanto el Gobierno chileno como el de Ecuador habían ordenado la evacuación de las personas que residen en áreas bajas de esas islas.
El maremoto de 2004 en el Océano Indico , que causó más de 226.000 víctimas mortales y cuya enorme devastación no tiene precedentes, provocó olas de 10 metros de altura en Indonesia.
Evacuación en Hawai
En Hawai sonaron las sirenas a las 06.00 hora local (17.00 hora española) y se ha iniciado la evacuación de los residentes de las zonas costeras, ante la perspectiva de la llegada del maremoto, prevista para las 11.05, hora local (22.05 hora peninsular española). En Washington, el presidente de EE UU, Barack Obama, se ha reunido en la sala de crisis de la Casa Blanca para estar al tanto de todas las medidas tomadas ante el previsible tsunami.
El Aeropuerto Internacional de Hilo, situado cerca de la costa, ha sido cerrado, pero los otros aeropuertos de Hawai siguen abiertos. Además, las autoridades han instado a las compañías navieras y los particulares a sacar todos los barcos de los puertos.
El Centro de Alertas de Tsunami del Pacífico estima que las olas podrían llegar a dos metros en el archipiélago, aunque ha advertido de que se trata de un cálculo preliminar.
La NOAA ha indicado en un comunicado que el tsunami podría causar daños en la costa de todas las islas de Hawai y enfatizó que "se deben tomar medidas urgentes para proteger vidas y propiedades".
La agencia explica que el maremoto consistirá en una serie de olas individuales que se mantendrán entre 5 y 15 minutos antes de perder fuerza en tierra y que el peligro puede subsistir durante "muchas horas" con la llegada de olas sucesivas.
La NOAA ha afirmado que el agua podría retirarse hacia el interior del mar antes de la llegada de las olas y alertó de que la primera que alcance tierra podría no ser la mayor. La NOAA dijo que a esas áreas pueden llegar fuertes corrientes marinas y olas peligrosas para los barcos y los edificios y las personas en la costa, pero que no se prevén inundaciones generalizadas.

Diccionario de americanismos

REPORTAJE: CONGRESO DE LA LENGUA - Reportaje
Polola, menso, trucho, rumbear...
El español de América protagoniza el Congreso de la Lengua. Durante el encuentro, que reúne a 22 academias, se presentará el Diccionario de americanismos, un recorrido por la historia del castellano en Latinoamérica que muestra la diversidad del idioma
WINSTON MANRIQUE SABOGAL
Babelia, 27/02/2010;
Una F y una Y de color verde fueron las dos primeras letras del castellano que vieron los nativos de unas tierras de ultramar llamadas Indias.
Ondeaban en el palo con el que Cristóbal Colón desembarcó en la playa antillana, recién empezado el viernes 12 de octubre de 1492. Fue la primera vez. En Guanahani. Luego vendrían otras playas y otros hombres con la misma bandera donde las iniciales de los reyes Fernando e Ysabel escoltaban una cruz verde en el centro.
Ssssttt... ¡Escuchar! Imaginar el sonido de aquellas primeras palabras de Colón y de los nativos. Abismados ambos ante los sonidos ajenos y luego esos mismos sonidos estrenados en sus propias bocas. Porque el primer mestizaje de los dos mundos fue sonoro.
Quinientos diecisiete años después, 350 millones de americanos, más los 46 millones de españoles, han convertido ese idioma en la segunda lengua global más hablada del mundo, la tercera más usada en Internet, la cuarta del planeta y la de mayor difusión de las lenguas romances. El principal y más extraordinario petate que llegó a las llamadas Indias.

Desde entonces palabras nacidas en España y en el continente recién descubierto no han dejado de mezclarse. De reinventarse y de crearles nuevos significados. Una lengua que encontró en América un gran relicario porque buena parte del léxico suele tener allí una vida más activa y larga que en la España que lo creó, al tiempo que es un semillero de nuevas voces...
Chévere, trucho, sirifico, guagua, operia, chingada, yapa, ababachado, bivirí, menso, pibe, polola, acupear, catizumbada, puspu, escuincle, guaricha, chimichurri...
Y más de setenta mil voces, lexemas complejos, frases y alocuciones recogidas ahora en el Diccionario de americanismos elaborado por la Asociación de Academias de la Lengua Española, bajo la coordinación de su secretario general, Humberto López Morales, nacido en Cuba, académico de Puerto Rico y habitante de Madrid desde 1994. Y sus palabras sirven de guía para desandar la historia del español en América a través de cinco hechos clave. "Allá se tiene asumida y más interiorizada la diversidad de la lengua, que nunca se ve mal ni choca, como, a veces, ocurre en España".
Policéntrico y polifónico. Ésas son dos características de un idioma llamado castellano o español. Pero con una unidad envidiable porque sus hablantes comparten un 80% de su vocabulario. "Su diversidad es enorme, ya que 20 países lo tienen como lengua oficial", dice López Morales. "Todo el mundo te entiende y tú entiendes por el contexto, con lo cual no hay posibilidad de que una conversación quede interrumpida, como sucede con otras lenguas".
Pero no siempre fue así. Y hace dos siglos, lo que pudo ser una crisis derivó en una grandeza.
III NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA
A principios del siglo XIX el mundo estaba alebrestado y el imperio más grande que ha tenido la Tierra empezó a caer como fichas de dominó. Pero como no hay mal que por bien no venga ocurrió el tercer hecho clave en la historia del castellano que habría de asegurarle el futuro. Para entonces, la lengua ya era mestiza y había incorporado muchos americanismos, entre los que destacaban comestibles que revolucionaron la cocina, además de nombres de animales, prendas de vestir y mil cosas más:
Chocolate, patata, tomate, maíz, aguacate, tabaco, enagua, canoa, colibrí, huracán, caníbal, cóndor, sabana, hule, caribe...
Cuando en 1810 empezaron las independencias hispanoamericanas sólo una de cada ocho personas hablaba castellano, tres millones, aproximadamente. "¡Nada! Comparado con el resto de la población, que sobrepasaba los veinte millones", recuerda el secretario de las Academias. "Los sacerdotes y misioneros habían cristianizado muy bien, pero no necesariamente en español. Entonces, para ganarse la confianza de los nativos, aprendieron sus lenguas o dialectos, y así salieron ganando lenguas nativas como el quechua o el nahua".
Creadas las jóvenes repúblicas, apareció uno de los usos políticos del idioma más eficaces al buscar la consolidación y cohesión de sus países, Estados y gobiernos alrededor de la promoción y fomento del castellano. Una labor intensa, pues básicamente lo hablaban los españoles y algunos criollos.
Esa paradoja de que fueran las ex colonias, tras aquel revolú de entre 1810 y 1830 de las independencias, las que vivificaran el idioma y lo encarrilaran hacia el futuro es una de las principales fuerzas de la América hispana. De aquellos tiempos procede parte de los modales y formas de hablar de los hispanoamericanos. Despachada la Corona española a la Península, quienes se quedaron y lo hablaban pertenecían a familias que ostentaban buena parte del poder político, económico, social y cultural. Eso obligaba que la gente a su alrededor (sirvientes, obreros, campesinos o empleados) debía hablarles en un castellano respetuoso, amable, suave, correcto y, en muchos casos, pidiendo permiso. Mestizos, mulatos, indígenas o negros solían depender de ellos en muchos aspectos; mientras unos y otros dejaban sus lenguas maternas en la puerta de la iglesia para atender la misa en latín.
...Y después en el atrio todo eran intentos de corrección lingüística cuya fuerza y cohesión idiomática había empezado, en una especie de vaticinio, tres siglos atrás.
II NADIE SE MUERE LA VÍSPERA
Unos dos meses antes del Descubrimiento de América, el filólogo Elio Antonio de Nebrija presentó a la reina Ysabel la Católica la primera Gramática de la Lengua Castellana. El segundo hecho clave en el destino del castellano. Cuando todo era incertidumbre en Castilla y estaban a punto de comprobar que nadie se muere la víspera
...
Una chiripa cambió la historia de la humanidad gracias al extravío de las carabelas, la Niña, la Pinta y la Santa María, al mando del almirante Cristóbal Colón, patrocinado por la misma reina que acababa de tener en sus manos la Gramática. Al caer la noche del 11 de octubre de 1492, un marinero de la más velera de las carabelas, la Pinta, gritó las primeras palabras que llevó el viento caribeño hasta el nuevo mundo:
"¡Tierra! ¡Tierra!".
"Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yánez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras", según el Diario de Colón en transcripción de Fray Bartolomé de Las Casas.
Fue la primera vez que América se hizo palabra y voz. Luego se haría de crónicas, leyendas, utopías, mitos y versos.
"Salían a mirar nuestros navíos
Volvían a los bosques espantados,
Huían en canoas por los ríos,
No saben que hacerse de turbados".
Es la visión de Juan de Castellanos (1522-1607) en Las elegías de varones ilustres de Indias, el poema más largo del español donde en 113.609 versos repasa el descubrimiento y la conquista. El primer poema realmente americano en lengua castellana y escrito por un sevillano que vivía en América. Lengua de ida y vuelta y de regreso y vuelta. La primera gran muestra de la polinización del castellano.
"Él es el mejor ejemplo que España puede mostrar de que su labor en América no fue un mero saqueo, un exterminio y un acto de depredación", ha dicho el escritor colombiano William Ospina, autor de la biografía del poeta, Las auroras de sangre (Belacqua), a través del gran poema del sevillano. "España merecía saber todo eso: abandonar un poco la fascinación por el costado épico de su conquista y ver la magnitud de su diálogo con otro mundo, su capacidad de arraigar en él, la explicación de por qué un continente habla la lengua castellana. No fue por las espadas ahogadas en sangre, sino porque esta lengua fue capaz de amar a América y de cantarla".
"Pues porque nuestro mundo poseyese
Un mundo tan remoto y escondido,
Y el sumo Hacedor se conociese
En mundo donde no fue conocido,
Levantó Dios un hombre que lo diese
A rey que lo tenía merecido,
Y ansí los dos y sus distantes gentes
Vinieron a ser deudos y parientes".
I EL MAL PASO HAY QUE DARLO RÁPIDO
Dos años antes de morir Juan de Castellanos, en 1607 en Colombia, donde vivió sus últimos treinta años, apareció la primera parte de Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes. La historia del hidalgo que ha trascendido los siglos y hecho más universal una lengua nacida entre finales del siglo X y comienzos del XI. De esa época proceden los textos bautismales (Glosas Emilianenses) escritos en lengua romance y que están en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla en La Rioja (España).
Surge de la decantación de doce o trece siglos del latín vulgar del imperio romano, propagado por la Península desde el siglo III antes de Cristo, que se fue imponiendo en la región. La misma historia que repetiría el castellano en América. Recogida hacia el norte de la Península, tras la invasión musulmana, el español se afianzará durante el reinado de Alfonso X el Sabio (1252-1284) que acepta la escritura de obras importantes en esa lengua desdeñada hasta entonces.
IV MAMANDO GALLO
Mil años después de su origen, y de meandros miles, el español parecía sestear ante el mundo. Hasta que ha despertado como el Parangaricutirimicuaro de México que un día de 1943 liberó todo su fuego guardado durante milenios. Precisamente en un país, afirma el secretario general de las Academias, "cuya labor de difusión del castellano en el siglo XX ha sido destacable porque las campañas iban encaminadas a tenerla como segunda lengua, después de la indígena respectiva de cada región que también se reforzaba. La idea fue sumar y no restar".
Sólo que los otros 18 países no tuvieron la misma suerte. En esa expansión del castellano, propiciada por españoles y americanos, se ha eliminado o eclipsado la diversidad idiomática de un continente que pudo llegar a tener más de 120 familias de lenguas, varias de las cuales se derivan en otros tantos centenares de lenguas o dialectos.
Pero los americanos han hecho del castellano su El Dorado y pasaron de conquistados a conquistadores. Le ha tomado del pelo y mamado gallo a todo el mundo. Tras su irrupción a finales del siglo XX se ha embalado en el XXI aumentando su influencia internacional ya no sólo por el número de hispanohablantes sino también por las escuelas de español y el Instituto Cervantes en todos los continentes.
Es una alegre bullaranga donde nueve de cada diez personas que lo hablan proceden de América o son de origen hispanoamericano. Ésa es la cuarta clave que le garantiza su porvenir. Se calcula que en el año 2050 lo hablará una de cada diez personas en el mundo, y Estados Unidos pasaría a ser el primer país con más hispanohablantes desbancando a México.
Es un español frondoso que revive palabras y juega con ellas sin miedo. Hay dos tipos de fenómenos, aclara López Morales: "Las palabras que han desaparecido casi o totalmente en España y que siguen vivas en América con el mismo sentido de siempre y otras que se usan pero con un sentido diferente. Palabras como friolero que en regiones de América ha pasado a ser friolento. Las que han desaparecido mucho en España son las de origen marinero pero que en América siguen vivas. La diferencia es que en el uso del español hay diferencias de nivel. En Hispanoamérica no tienes que ser un profesor o estudiante universitario para hablar correcta y adecuadamente, e incluso con una cierta elegancia, lo que no siempre sucede en España".
V LA EDUCACIÓN NO PELEA CON NADIE
De aquellas F e Y reales que custodiaban una cruz verde sólo queda el ritmo ondeante que les daba la brisa caribeña. Son muchas circunstancias físicas, geográficas, psíquicas y creativas funcionando y que vivifican el idioma.
"En América la fantasía e imaginería popular y las metáforas son sorprendentes. Se producen sinónimos que a veces son difíciles de interpretar pero donde siempre hay un por qué", explica el académico. Como en todos los idiomas, lo escatológico y lo sexual reinan en la sinonimia para evitar, por ejemplo, llamar por su nombre a los genitales. Pero, claro, añade López, "llega un momento en que éstos también se tabuizan y no pueden ser utilizados. También hay casos de destabuización, sobre todo en los jóvenes.
Ese pudor y deshinibición a la hora de hablar es una de las diferencias a ambos lados del Atlántico. En América existe un mayor grado de pudor lingüístico debido a la tradición, a la educación y a la influencia religiosa. Si a alguien se le escapa en público un "coño" es una cosa escandalosa. Una ofensa. Por no hablar de si se dice en un periódico, en la televisión o en la radio. "Es muy mal visto, vulgar y una falta de respeto. Si se puede decir bien para que lo dices mal. No es mojigatería. Es respeto al otro y saber estar". O como dirían abuelas y profesores latinoamericanos: La educación no pelea con nadie.
Pero sí rumbea. Y su mejor pareja son las palabras. El español empezó a seducir al resto del mundo aliado con la música. Palabra, sentimientos e historias hechas música y baile. Un romance que empezó hace cien años con el llanto del bandeón acompañando letras de tango:
"Sus ojos se cerraron
Y el mundo sigue andando,
Su boca que era mía
Ya no me besa más.
Se apagaron los ecos
De su reír sonoro
Y es cruel este silencio
Que me hace tanto mal..."
Y al tango como carta de presentación universal le seguirían las ilusiones y desamores del bolero y la ranchera, el swing de las grandes orquestas tropicales, y a éstas el sabor de la salsa, y a ésta otros ritmos más jacarandosos. Y, en mitad de la rumba, el éxito planetario de su literatura con sus nuevos mundos nuevos, ya antes renovadas por Rubén Darío, y, claro, las telenovelas. Lo que convierte su cultura en el quinto hecho clave de la historia del español y esencial para su porvenir. Porque, dice Humberto López, "vale lo mismo el español de Honduras que el de España o el de Argentina".
Atrás, a 517 años, queda la América nacida como puerto de llegada para convertirse en un gran puerto de embarque hacia todos los destinos del mundo.
América descodificada
El Diccionario de americanismos es fundamentalmente un diccionario descodificador, explica el Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española, Humberto López. El objetivo es que la gente conozca una palabra o expresión de América y se sitúe. Así todos los textos escritos allá pueden ser entendidos en el mundo. Es un diccionario, según López, que "viene a llenar un vacío. Hasta ahora si alguien quería conocer algún americanismo tenía que comprar o leer el diccionario de Morinigo que lleva treinta y tantos años".
Se trata de una idea centenaria, y puesta en marcha en 1998 con el trabajo de las 22 academias. Cada una propuso, envió, revisó y aprobó las palabras y definiciones coordinadas en Madrid. El diccionario, el más completo del léxico americano, tiene 2.500 páginas, más de 70.000 entradas, unas 120.000 acepciones, sinónimos y variantes en la mayoría de las voces, etimología o procedencia de las palabras en la mayoría de casos. "Es un aire fresco que entra sobre todo para el público español. Un trabajo rompedor desde la lexicografía en general", y concluye López: "Se lo debíamos a los hispanoamericanos".
Diccionario de americanismos. Asociación de Academias de la Lengua. Santillana. Madrid, 2010. 2.500 páginas. 75 euros.

Congreso de la lengua en Chile

Con el sismo de hoy quizás se cancele
REPORTAJE: CONGRESO DE LA LENGUA - Ensayo
La libertad de hablar
"El lenguaje abre las puertas a la razón y la vida", afirma el autor de Filosofía y lenguaje, que inaugurará el 2 de marzo en Valparaíso (Chile), junto a Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, el V Congreso de la Lengua Española.
EMILIO LLEDÓ
Babelia, 27/02/2010;
Vivimos sobre la tierra aunque el cemento y el asfalto la estén recubriendo. Vivimos el aire que respiran nuestros pulmones, aunque el desenfreno o la inconsciencia lo estén corrompiendo. Vivimos del agua, ese líquido imprescindible -lo "mejor es el agua" dijo el poeta griego-. Apenas pensamos que por encima de todos los adelantos tecnológicos, son esos elementos, esos principios fundamentales de la existencia, lo único que no nos puede faltar. No somos capaces de imaginar el día en que se dijera: "Mañana no hay aire; desde mañana nunca más habrá agua, ni campo, ni surcos donde sembrar".
La naturaleza en la que estamos y que nos constituye es la única verdadera realidad. Epicuro había mostrado el carácter esencial de esa naturaleza que es también nuestro cuerpo: una maravillosa organización de la materia que nos conforma, nos realiza y que, como la "caída de las hojas en otoño", nos somete al paso del tiempo y, en él, nos deshace. La naturaleza humana se origina por el impulso de una fuerza vital que consiste, según el filósofo, en "sentir y pensar". La vida es, pues, una energía, un movimiento, que dinamiza todo el "ser" que podemos alcanzar. Porque en la existencia no tiene lugar sólo el proceso que la naturaleza nos señala, sino que, dentro de ese proceso, hay un destino, una forma de evolucionar, una forma de alzar un ser personal, una individualidad consciente, que fluye en cada historia, desde la luz que haya sabido proyectar sobre las palabras y los conceptos del lenguaje en que ha nacido.
El reconocimiento de la estructura de la corporeidad y de que la posible felicidad empieza por ese reconocimiento fue un paso decisivo para la libertad de la mente, que es la más importante de las libertades. Libertad no significa, únicamente, experimentar el mundo como posibilidad, como apertura del mero existir, aunque la idea de libertad surgiese en contraste con la experiencia real de la esclavitud. Ser libre fue un proceso de libertad interior, una liberación individual.
Un elemento imprescindible en el territorio de la libertad es el lenguaje. Pero esa inconsciencia que nos habita en nuestro "estar" en la naturaleza, la padecemos muchas veces ante nuestro ser en el lenguaje. Se ha hecho tan propio de cada individuo el universo conceptual de palabras entre las que vive, que apenas es consciente de que ese espacio hay que habitarlo, construirlo, cuidarlo, pensarlo. La habitación en esa "casa del ser" es una continuada tarea de aprendizaje y claridad.
Pero antes de cualquier proceso educativo, parece que la liberación mental surge de las condiciones de posibilidad para que esa libertad cristalice y se ejerza. Mal puede llevarse a cabo el idealismo o, tal vez, la ensoñación de esos sutiles procesos donde se hace fecundo y creador el uso del lenguaje y su comunicación, si esos sueños tienen inevitablemente que coexistir con la miseria, la violencia, la angustia social, la pobreza. Los sociólogos suelen diagnosticar que la mayor parte de las monstruosidades que llegan a encarnarse en individuos humanos se debe a esa estrechez vital, a ese encierro existencial, a ese magullamiento de la sensibilidad y la inteligencia que, como forma feroz de esclavitud, se empieza a padecer en la niñez y la adolescencia. Las formas de alienación social, la posible ruptura violenta con lo "establecido" son, en principio, degeneraciones de esa necesidad de ser libre, de una patológica y desolada búsqueda de emancipación.
A pesar de esas dificultades reales y para no claudicar necesariamente a su imperio, estamos obligados siempre a plantear los problemas que la esclavitud y el encierro, tan graves casi como los del cuerpo, sobrevienen en el descuido de las palabras con las que nos alimentamos y que constituyen el territorio verbal que ha ido abonándose en nuestra alma.
Tan destructora como la miseria real es la miseria ideal. Las preocupaciones ecológicas que, sin duda, apuntan a una clarividente actitud en la que presentimos nuestro cuerpo como parte integrante del asombroso mundo que nos rodea, del cielo estrellado y los ríos fluyentes, han de encontrar paralelismo en la "existencia interior" que decía Guillermo de Humboldt. Tal "existencia", que abre el horizonte de la humanización, es una existencia "lingüística", un universo de palabras, con soles y estrellas: Esos conceptos esenciales de la amistad o la verdad, por ejemplo, que empezaron a decir los seres humanos porque los necesitaban para vivir. Y hay que aprender a vislumbrar, entre las opacidades de la sociedad, las constelaciones de sensibilidad e inteligencia dormidas en el cerebro, y que alumbran si nos han enseñado a encenderlas.
El aprendizaje es delicado porque en esa sutil atmósfera de palabras, de ideas, de sentimientos y emociones, retumban las tormentas que desencadenan las presiones de grupos armados en la avaricia, el fanatismo y la fomentada ignorancia. Contra ese aprendizaje ilustrado combate también el ejército de las frases hechas, de los hábitos que, nutridos de la indigestión de "conceptos" que se asumen porque interesa y ciega "practicarlos", provocan criminalidad y agresividad. Pero también actúa contra la tensa armonía de la sociedad la falsa practiconería de los grupos de poder despreocupados de lo que verdaderamente dicen, de los conceptos que utilizan con total desconocimiento de la vida que palpita bajo ellos.
La existencia de estos fenómenos que aparecen en el universo de las palabras se debe tal vez a la inercia con que, en los cauces de la mente que pretende pensar, se han establecido unas órbitas más desordenadas y confusas que las celestes, y que delimitan, cierran y aniquilan los círculos de significaciones. Formas sutiles de los reflejos condicionados que el sectarismo educativo ha ido inyectando en el alma, donde provocan respuestas sin conocer qué son y a qué responden.
Esos usos de "energías sucias", de manoseos esterilizadores del lenguaje, necesitan, como los patéticos residuos radioactivos, sus cementerios nucleares. El enterramiento de las costras verbales que ha provocado, sobre la superficie de los conceptos, el escurridizo y desordenado patinaje político o mediático es, en el fondo, más fácil de aliviar que el de los otros residuos. Consiste sólo en eliminar la corteza por donde podemos insensatamente deslizarnos. El aligeramiento semántico, el diluir las ideas en el curso de la existencia que debe buscar objetivos y fines más allá de la atascada y ciega pragmacia tiene que empezar en la escuela que ha de trasmitir no sólo determinados saberes, sino hacer entender esos saberes desde las palabras que los dicen. En la práctica de esa libertad se fomenta la creatividad en el espejo donde el alumno aprende, con la lectura, a verse a sí mismo. Porque los libros no son sólo objetos donde se remansa el lenguaje de la oralidad. Los libros nos leen también porque sus palabras son miradas que se reflejan en el cristal, aún limpio, de nuestros primeros pasos en el conocimiento.
Todo ello ocurre en el suelo de la sociedad donde muchas veces no se dan únicamente las atracciones y reacciones "de quienes mandan" como decía Alicia "en el país de sus maravillas", sino que además la marca de esos reflejos condicionados nos atonta, ofuscándonos ya en la experiencia social y escolar. Ese vocabulario congelado e inerte que se ha metido en el alma, ni siquiera puede responder a la exigencia socrática de "diga lo que piensa", o incluso "piense de verdad lo que dice", porque la degeneración ha llegado al extremo de que no sabemos ya pensar. Los residuos de las palabras desactivadas dormitan siempre en el fondo de nuestro ser, y lo peor de ellos es que aparecen de pronto como formas incurables de irracionalidad.
El lenguaje, que se funda en la verdad, en la honradez personal y política, abre las puertas a la razón y la vida. Suena utópico que los seres humanos lleguen a liberarse del dominio que ejerzan, desde las peores formas de oligarquías, los perturbados de la corrupción mental; pero no hay que renunciar a esa supuesta utopía. La vida democrática jamás podrá realizarse mientras una ciudadanía, desconcertada y engañada con la codicia de los otros, se resigne, por la miserable ideología de la pragmacia, a soportar la dictadura de la indecencia.

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