1 nov 2010

¡Exorzizar el secuestro!

¡Exorcizar el secuestro ¡ya!/FA
Publicado en Código Topo, suplemento de Excélsior, 1 de noviembre de 2010;
Por fin, y después de varios meses de discusiones y consultas con especialistas de todo tipo, el Pleno de la Cámara de Diputados aprobó por mayoría -con 353 votos a favor, 4 en contra y 8 abstenciones, en lo general y con 295 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones en lo particular-, el dictamen a la minuta que expide la Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia de Secuestro, reglamentaria de la fracción XXI, del artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que señala que el Congreso tiene facultad para “Expedir una ley general en materia de secuestro que establezca como mínimo, los tipos penales, y sus sanciones, la distribución de competencias y las formas de coordinación entre la federación, el Distrito Federal, los Estados y los municipios..” (Diario Oficial de la Federación (DOF), el 4 de mayo de 2009); y reforma, adiciona y deroga diversas disposiciones del Código Federal de Procedimientos Penales, del Código Penal Federal, de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, de la Ley de la Policía Federal, de la Ley Federal de Telecomunicaciones y de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
En síntesis este nuevo ordenamiento fue producto de un largo proceso legislativo; además que se cumplió el compromiso contraído públicamente en el “Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad”, de agosto de 2008; y corrige la situación jurídica actual ante la inexistencia de un ordenamiento jurídico en la materia que se traduce en la ineficacia para combatir y erradicar este tipo de conductas.
 Durante varios meses los partidos políticos de las distintas fracciones parlamentarias representadas en el Congreso presentaron en ambas Cámaras un total de 26 iniciativas con proyecto de decreto; 15 fueron iniciativas presentadas en el Senado, 7 presentadas en la Cámara de Diputados. Es de considerarse las iniciativas presentadas por Humberto Benítez Treviño (PRI), Carlos Alberto Pérez Cuevas (PAN), Dolores de los Ángeles Nazares (PRD) y la de Rodrigo Pérez Alonso (PVEM); el presidente Felipe Calderón hizo lo propio envió dos iniciativas. Además fueron muchos los foros y reuniones de trabajo, en ambas cámara, hubo consultas tanto a expertos en la materia, autoridades policiales, ministeriales, judiciales y señaladamente a víctimas y miembros de la sociedad civil, como la Sra. Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí. De entrada hay enorme expectativa de éstas organizaciones sociales que la con la aplicación de dicha ley bajen considerablemente los delitos como ocurrió  en otros países como Colombia, por ejemplo.
En la sesión del 7 de octubre donde se aprobó el dictamen hicieron uso de la tribuna varios legisladores de todos los partidos políticos. Fundamentó el dictamen Josué Cirino Valdés Huezo (PRI), integrante de la Comisión de Justicia; Humberto Benítez Treviño, presidente de la Comisión de Justicia, destacó las bondades de la ley. Por el grupo parlamentario de Acción Nacional, habló el diputado José Luis Ovando Patrón, presidente de la Comisión de Seguridad Pública, quién manifestó que el secuestro exige a legisladores su empeño y acuerdo para brindar mejores opciones de vida, un mejor marco legal para combatir a los delincuentes y, sobre todo, sancionarlos de manera más severa. Por su parte, el diputado Camilo Ramírez Puente, dijo estar convencido de que ésta será la Legislatura del cambio, de entrada solicitó un minuto de silencio por todas las víctimas de secuestro que han perdido la vida, así como por aquellas que tratando de salvarlas también la perdieron.  Por el PRD, se manifestó a favor Dolores de los Ángeles Nazares Jerónimo quien dijo que fue la sociedad civil la que hizo posible que hoy se discuta la minuta que da pie a la Ley Antisecuestro; a su vez, la diputada Teresa del Carmen Incháustegui, consideró que no es la legislación que pudiéramos desear en todos los aspectos, pero desde la perspectiva que responde a un problema emergente que victimiza a grandes cantidades de la población, sí es un instrumento que se debe abocar y poner en práctica. En tanto, la diputada Adriana Sarur Torre, del PVEM tras congratularse por la creación de un Fondo de Ayuda a la Víctimas del Delito de Secuestro.
Los votos en contra fueron de Jaime Cárdenas Gracia y Gerardo Fernández Noroña quienes consideraron que se trata de una ley vengativa y que violenta los derechos fundamentales de los infractores.  Conviene hacer una reflexión sobre lo expresado por Cárdenas Gracia quien dijo que en efecto, con esta ley se garantizan plenamente derechos de los ofendidos, de las víctimas, pero no así de los infractores. En el voto particular, presentado señaló que la ley se inscribe en la lógica del derecho penal del enemigo, el cual dijo "es un derecho autoritario, no democrático, que no forma parte del estado de derecho liberal". En efecto, los sentenciados por el delito del secuestro una vez que la ley entré en vigor no tendrán en general derecho a la libertad preparatoria, a la sustitución, a la conmutación de la pena o a cualquier otro beneficio que implique reducción de la condena, salvo algunas cuantas excepciones; lo cual para el legislador Cárdenas las penas en algunos casos podría implicar cadena perpetua y subrayó que eso hace nugatorio totalmente el artículo 18 de la Constitución que prevé la reinserción social.
La respuesta a Cárdenas Gracia no se hizo esperar, fue cuestionada severamente por Oscar Martín Arce Paniagua (PRI) quien dijo que le parecía "mezquino" que un legislador defienda la los delincuentes: Señaló que los derechos de los delincuentes " están plenamente plasmados en la Constitución General de la República, en los Códigos Penales, en las Leyes de Readaptación. Si quieren modificar esas leyes para sus derechos, que las modifiquen.", aseveró. Subrayó que su bancada no sólo se manifestaba a favor de la imprescriptibilidad del secuestro sino que "estamos a favor de que el homicidio también sea imprescriptible".
Humberto Benítez Treviño (PRI) con más elegancia le respondió al diputado Cárdenas, dijo que el enemigo del derecho penal es el delincuente. No es la sociedad. "por eso se justifican las penas altas que establece la ley, estableciendo hasta 70 años cuando se priva de la vida a la persona secuestrada.". Mencionó que él presentó una iniciativa para establecer la cadena perpetua para tres delitos: "el homicidio calificado, la violación tumultuaria y el secuestro cuando se mutila o se priva de la vida al secuestrado. ¿Saben por qué? Porque el artículo 18 constitucional establece las bases en la reinserción social. Antes de la reforma del 18 de junio de 2008, yo afirmé que la readaptación social en México era un fracaso. Hoy con el cambio de reinserción social afirmo categóricamente que la reinserción social en México es un fracaso. Por eso se justifican las penas altas de prisión para gentes que dañan a la sociedad, que dañan a personas dignas de bien y que no merecen —como dijo mi compañero Camilo Ramírez Puente— salir de la cárcel."
El diputado Rodolfo Fernández Noroña (PT), les respondió que le parecía inadecuado que se les acusará de defender a secuestradores, cuando lo único que está planteando es que el Estado mexicano está obligado a tratar a los seres humanos como seres humanos. En tanto, Cárdenas Gracia reiteró estar a favor de penalizar el secuestro pero, “desde luego no con esta ley”, ya que -reiteró- es contraria a derechos fundamentales y no vela por la reinserción social de las personas.
Al final el dictamen fue aprobado y se envió al Ejecutivo para su publicación en el DOF; por cierto la ley contempla doce artículos transitorios; en el primero se precisa que el decreto entrará en vigor a los noventa días de su publicación, en varios caso se da tiempo. Por ejemplo en el Séptimo se obliga al Consejo Nacional de Seguridad Pública y la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia, a laborar un programa nacional para prevenir, perseguir y sancionar las conductas previstas en el presente ordenamiento, independientemente del programa de cada entidad en particular, teniendo un plazo de seis meses; y sólo en el caso a la reforma a la fracción XIV del artículo 44 de la Ley Federal de Telecomunicaciones entrará en vigor "al día siguiente de la publicación del decreto respecto de los usuarios de telefonía móvil en cualquiera de sus modalidades adquiridas con anterioridad a la entrada en vigor del presente decreto, y respecto de los nuevos usuarios de telefonía móvil, en términos del artículo transitorio cuarto del decreto de reformas a dicha ley, publicado en el DOF el 9 de febrero de 2009;"
 El secuestro en México
Es una de las conductas delictivas que más lastiman, toda vez que sus consecuencias dejan profunda huella en las víctimas y familiares que lo sufren, no solo por el detrimento económico, sino por las secuelas físicas y el terrible impacto psicológico que perduran en la mayoría de ocasiones para toda la vida. ¡Es un crimen que no tiene nombre! ¡Ningún delito deja secuelas tan graves para el agraviado y su familia! Por lo que constituye una violación a los derechos humanos, ya que atenta contra la tranquilidad, la seguridad y la paz de la sociedad, y sobretodo produce un daño irreparable. Por ese sólo hecho he comentado varias veces que debería ser tratado como un asunto de seguridad nacional.
Además, es un delito de no fácil investigación, que no reconoce fronteras y por eso su cooperación entre los tres órdenes de gobierno; además hoy día afecta no únicamente a las personas con gran capacidad económica – como si lo fue antes-, sino también a persona con escasos recursos.
Asimismo, el secuestro se comporta como una Sociedad Anónima donde existe una perfecta división del trabajo; hay personas que se encargan de estudiar los movimientos de la persona que va a ser secuestrada; otros de atraparla, otros mantenerla bajo custodia, otros de negociar con la familia, cobrar el rescate y liberarla. Y lo más gravé aún hay autoridades involucras, a saber; policías, ministerios públicos y hasta jueces.  Con ello se genera trabajo para bufetes de abogados, agentes privados, compañías de seguros, empresas de seguridad privada y la grandes empresa negociadoras de crisis. No es un secreto pero desde hace varios años operan en México Kroll Inc., Control Risk Group y Glarus. Estas  empresas negociadoras de crisis recomiendan a los familiares de las víctimas no hacer contacto con las autoridades, argumentando que sus oficios podrían fracasar y poner en riesgo el rescate con vida de los secuestrados.
Hay que subrayar que el secuestro se desarrolla en sociedades donde hay corrupción, narcotráfico y una enorme deficiencia en el sistema de procuración de justicia: México cumple con todas las expectativas, desafortunadamente.
A manera de conclusión
México vivió mucho tiempo libre del “fantasma” del secuestro. No fue sino hasta los años setenta cuando el delito de la privación de la libertad empezó a cobrar fuerza cuando entonces los secuestradores eran principalmente guerrilleros que recurrieron al rapto para financiar sus actividades clandestinas y sobretodo, como un método de presión política. Así, aquéllas personas secuestradas eran una minoría, empresarios, miembros del cuerpo diplomático y políticos de primer nivel por quienes se pedían fuertes sumas de dinero, y/o el intercambio por presos políticos, o bien, la publicación de desplegados en la prensa o la difusión de algún mensaje, ya fuese en la radio o en la TV. Fue el caso del Dr. Jaime Castejón Diez, por el que la guerrilla de Genaro Vázquez Rojas pidió una considerable suma de dinero y la excarcelación de varios presos políticos, los cuales fueron trasladados a la Habana en un avión especial. La novela Guerra en El paraíso, de Carlos Montemayor, inicia precisamente con el rescate del entonces rector de la Universidad de Guerrero. Años después, para la década de los ochenta, las denuncias por secuestro involucraron a delincuentes comunes y sólo en algunos casos aislados, se documentó una incipiente participación de grupos armados.
Y no fue sino hasta mediados de los años noventa, cuando la privación ilegal de la libertad (delito contemplado hoy dentro del artículo 366 del Código Penal Federal) tuvo otra explicación, ya que el móvil delictivo en la gran mayoría de los casos fue exclusivamente la obtención de grandes sumas de dinero; los caso son quizá hasta miles. Los más publicitados hoy son el secuestro de Diego Fernández de Ceballos, ocurrido el 15 de mayo de 2010 y por el que se ha solicitado una fuerte suma de dinero. (obviamente en dólares), por cierto un caso que merece la pena ser analizado en otro momento por las características propias e algunos caso se detecta una táctica utilizada por grupos terroristas; el método de extorsión lo convierten en un atractivo recurso para obtener tanto réditos económicos y publicidad mediatica. El asunto sigue en espera. Esperemos buenas noticas.
Antes del caso del exsenador Fernández podemos mencionar el suceso del banquero Alfredo Harp Helú, liberado tras el pago de una fuerte suma de dinero. Pero, sin duda, lo más dramático y que caló muy fuertemente han sido los casos y fatales desenlaces de los hijos de Fernando Martí, de Nelson Vargas Basáñez, y de la Sra. Isabel Miranda de Wallace. Esos secuestros llevaron a un ¡Ya basta! Por eso fue significativo ver en la sesión de la cámara de Diputados la presencia en todo momento de la Sra. Wallace y el Sr. quienes junto con otras personalidades y acompañadas de las organizaciones sociales han hecho posible unir a casi todos los legisladores y que vayamos a tener en México una ley general sobre secuestro.
La pregunta obligada ¿Es suficiente combatir el secuestro con una ley como la recientemente aprobada? ¡La respuesta es NO! Pero era una ley que esperábamos desde hace rato y es un instrumento valioso. Seguramente con el tiempo podremos exorcizar entre todos el delito del  secuestro.
 *Síntesis de la Ley
  •           La ley aprobada el 7 de octubre, es una ley que distribuye competencias entre los distintos órdenes de gobierno, que los obliga a coordinarse y cooperar entre los tres órdenes de gobierno, fija con precisión el ámbito de sus atribuciones, estableciéndose en términos prácticos la federalización del combate al secuestro; se asignan responsabilidades a las procuradurías estatales y a la Procuraduría General de la República, se establecen cuáles delitos deben ser conocidos por la federación y cuáles deben ser conocidos por las entidades federativas.
 ·         Para los casos de la coordinación entre los tres niveles de gobierno se establece que sea el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública el eje rector para llevar a cabo estudios de estadísticas delictivas, patrones de comportamiento, procesar la información geodelictiva para prevenir delitos y conocer las zonas de riesgo; intercambiar información; realizar campañas de prevención del delito; establecer relaciones de colaboración con las autoridades competentes y con las organizaciones sociales.
 ·         Se establece la imprescriptibilidad del delito y se obliga al Ministerio Público a actuar de oficio en todos los casos en que se cometa un secuestro;
 ·         Se tipifican diversas conductas, materia de secuestro, distinguiéndose cada una de ellas y graduándose su penalidad de acuerdo a la gravedad -tales como el secuestro exprés, el autosecuestro y la detención de personas en calidad de rehén-. Afortunadamente no se llega a la cadena perpetua o pena de muerte, como algunos legisladores querían (PVEM), pero permite acumular penas de más de 70 años, lo que en la práctica equivale a cadena perpetua;

·         Se establecen atenuantes que miran en todo momento a preservar la vida de la víctima y agravantes para casos delicados, así como casos en que se mutile o se prive de la vida a la víctima del secuestro;

·         Se obliga a los concesionarios de redes públicas de telecomunicaciones a colaborar de manera pronta y expedita con las autoridades persecutoras;

·         Se crea el Fondo de Apoyo para las Víctimas y Ofendidos del delito de Secuestro, que se integrará con una partida presupuestaria -de entrada se aprobaron 100 millones de pesos- y con recursos decomisados, abandonados o producto de procesos de extinción de dominio relacionados con averiguaciones en materia de secuestro; asimismo se delinean programas de protección de personas y de apoyo a víctimas.

·         Se obliga a las procuradurías de crear y operar unidades especializadas para la investigación de conductas de secuestro, con personal que deberá ser sujeto a rigurosos análisis de control de confianza;

·         Se precisa de manera muy contundente que la investigación de este delito no quede sujeta a ninguna negociación que desconozca la autoridad, obligando al ministerio público a realizar las investigaciones tendientes a lograr el esclarecimiento de los hechos sin que proceda la reserva del expediente, y se obliga a la autoridad judicial a que en todo caso la sentencia condenatoria contemple la reparación del daño a las víctimas, entre otras.

31 oct 2010

Mi pleito con la izquierda

Nexos; 1/10/2010
Mi pleito con la izquierda/Luis González de Alba
Un ensayo personal sobre las diferencias políticas, ideológicas y éticas
de un hombre de izquierdas con la izquierda de su país
Salí de la cárcel en 1971 y pasé un año en Chile. Me sostuve con las ventas de mi relato Los días y los años porque el gobierno de Allende nunca me pudo colocar de barrendero en una oficina pública. Volví cuando me negaron la renovación de la visa, y con mis amigos comencé, en el pequeño grupo que llamamos Consejo Sindical, las desveladas de donde saldrían los sindicatos universitarios y una corriente del PSUM, PMS y PRD. Vicente Leñero me invitó, a nombre de Julio Scherer, director de Excélsior, a escribir en Revista de Revistas, que había sido rediseñada.
1972: “La izquierda no duda en recurrir al patrioterismo más deleznable si lo considera necesario, pues parece pensar que el fin justifica los medios, como si los medios empleados no sirvieran, ellos mismos, para educar o deformar al nuevo militante […] ¿Qué sucede cuando [la izquierda] nos quiere mostrar la imagen de una juventud burguesa, pro imperialista y de derecha? ¡Nos pone un conjunto de rock! La cámara se detiene para que veamos con desprecio los pelos largos, las camisetas sin mangas, los pantalones con parches, y el locutor, transformado en guardián de nuestra idiosincrasia, en protector de las buenas costumbres latinoamericanas, del rompope Santa Clara y el chocolate Abuelita, nos endilga desde su púlpito que: ‘Esta es la juventud que apoyó a don Canuto de la Borbolla y Arróniz, ¡véanlos! Cantan música extranjera, visten como extranjeros… etcétera”.
Se trataba de un corto colombiano que denunciaba que las elecciones eran una farsa y cualquier candidato era lo mismo… ¿suena conocido 40 años después? Tenía yo la pésima costumbre, hoy abandonada, de no fechar mis notas ni poner el nombre de la publicación, así que mis amarillentos papeles, llenos de las mismas obsesiones, impresionantemente idénticas a las de hoy, sólo tienen seguros los años, escritos en cada carpeta. Bueno, hasta una primera denuncia de la Navidad como fiesta pagana del Sol ya aparece en 1972. Hoy la firmaría.
Mis amigos más cercanos en la cárcel, el pre-grupo nos llamaban los del PC (Partido Comunista), del que hablo en Los días y los años: Raúl Álvarez Garín, Gilberto Guevara Niebla, Félix Lucio Hernández Gamundi, el Búho Miguel Eduardo Valle y otros habían fundado la revista Punto Crítico: una forma de dar voz a las disidencias políticas y sindicales, y, en el fondo, una presencia en la futura revolución socialista. La dirigía Fito Sánchez Rebolledo, pero mandaba Raúl Álvarez. Llegaron Raúl Trejo, José Woldenberg y otros más jóvenes que los ex dirigentes del 68. Pronto surgieron las diferencias: que nos acercábamos demasiado a la Tendencia Democrática de los electricistas comandados por Rafael Galván. El “núcleo universitario” tenía posturas cercanas a una línea que no era revolucionaria. Su enorme peso en el nuevo sindicalismo universitario daba a los miembros del Consejo Sindical una autonomía mal vista en Punto Crítico.
La ruptura final vino cuando Rolando Cordera y José Blanco, del Consejo Sindical y de Punto Crítico, aceptaron la invitación de Carlos Tello para trabajar en la Secretaría de Programación y Presupuesto, recuerda Woldenberg (Memoria de la izquierda, Cal y Arena, 1998). Yo, la verdad, lo había olvidado porque el proyecto siempre me pareció parte de eso que José Revueltas llamaba la “soledad de perro”: una revista fea, pobre e ilegible, como tantas otras de circulación mano-en-mano. Pero sí recuerdo que fuimos 49 los que firmamos un documento “que intentaba un balance de la revista, recreaba el surgimiento de dos posiciones encontradas…”, op. cit. En fin, nos echaron, apodados como el equipo de americano de San Francisco: Los Forty Niners. Creo que firmé y si no fue por azar, y me fui con mis cuates.
La Jornada
En 1983 dejé de publicar en el unomásuno porque tuve mi primer año sabático en la UNAM (y no existía la internet) y lo pasé haciendo algunos estudios en París. A mi regreso encontré con que Carlos Payán, subdirector del unomásuno, había tenido alguna divergencia fuerte con Manuel Becerra Acosta, el director, y había dejado el diario. Con Payán se habían ido muchos de los colaboradores, entre ellos todos mis amigos: Rolando Cordera, José Woldenberg, Raúl Trejo Delarbre, parte de lo que Pablo Pascual definía así: “No somos un grupo político, no somos un partido, no somos un sindicato: somos una pandilla”. Con espíritu de pandilla, pues, ni siquiera pregunté motivos y me consideré fuera del diario. Supe que planeaban hacer otro y me presenté a las reuniones. Nunca entendí, y no he entendido, el motivo de aquella emigración en masa.
Cuando el proyecto de lo que sería La Jornada estuvo preparado, nos pidieron a los futuros colaboradores un artículo para un número cero, como se llama al ejemplar que todavía no saldrá al público, pero ya no está hecho de recortes, sino de materiales originales.
Como todos, entregué mi colaboración. Mal paso, dirección errónea, resbalón a la primera pues se tituló La izquierda terrorífica. Empecé mal y acabé peor, pero ya pintaba hacia dónde: “15 de septiembre de 1984. La edición mexicana de Playboy agotó en pocos días su primer número: 150 mil ejemplares, y su precio alcanzó en el mercado negro los dos mil pesos. La mochería, tanto la tradicional como la roja, está escandalizada e implora ¡también la roja! al gobierno renovación moral. Ver para creer…”.
Recordemos que los presidentes mexicanos acostumbraban vaciar en bronce algún apotegma e inscribirse en el altar de algún héroe patrio. Echeverría había acuñado “Arriba y adelante”; López Portillo “La corrupción somos todos” y su héroe Quetzalcóatl (quien, como él, era blanco y barbado); en 1982, el presidente Miguel de la Madrid puso veladora en el altar de Morelos y llamó a una “renovación moral” de la sociedad mexicana. Eran temas sagrados de los que nadie se permitía mofa alguna porque se podía pagar muy caro el chiste.
“Cuando las videocaseteras [máquina ahora extinta] nos permiten disfrutar de verdadera pornografía, bien hecha, con magníficos ejemplares humanos, con acción potentemente iluminada hasta sus más lúbricos detalles, ¿a alguien le importa una revista que ni siquiera publica actos sexuales? Parece que sí: un dirigente y tótem de mi partido, el PSUM, hace públicos llamados al presidente de la República para que la renovación moral pase a significar lo que algunos temíamos que significara: lavativas espirituales y no el combate contra la corrupción…”.
No logro recordar al tótem de marras que dejé anónimo, se lo ofrezco al memorioso amigo Pepe Woldenberg.
Luego, como ya desde el unomásuno había publicado temas de divulgación científica y cada día me interesaba más en la física, propuse a uno de los subdirectores, Héctor Aguilar Camín, una sección de ciencia. “Me gusta mucho la idea… Pero no tenemos quién la escriba…”. Dije que por supuesto la proponía para mí. Dudó, me revisó, hubo silencio de ambos y dije (eran tiempos preinternet): “Héctor, tengo kilómetros de notas sobre temas que pido investigar en la computadora del Conacyt, hay bancos de datos que se conectan entre sí [ohhh…] y, pues… ponme a prueba”. Aceptó y puso título a la columna semanal: La ciencia en la calle.
Primer artículo, el 29 de octubre de 1984: “Diferencias sexuales del cerebro”. Hoy es un lugar común, pero hace 25 años era un tema escandaloso, de machos, de misóginos depravados que veían diferencias en donde el Catecismo feminista decía: la mujer no nace, se hace. Alud de cartas de quienes no habían siquiera leído la nota y el solo título les resultaba abominable. Décadas de guardar notas me dieron dos libros: La orientación sexual (Paidós) y Niño o niña: las diferencias sexuales (Cal y Arena). El tema ya a nadie escandaliza y se da por hecho lo contrario de entonces: que la igualdad comienza por la aceptación de las diferencias.
Mantuve La ciencia en la calle 13 años, hasta noviembre de 1997, cuando la usé para pedir correcciones a un libro clásico sobre el 68 y produje la llamada de Carlos Monsiváis a la directora, para entonces y para siempre Carmen Lira: “¡O Luis o yo!”. El tema ya me satura. Se localiza con facilidad la polémica en archivos de nexos 97-98, La Crónica, YouTube, Letras Libres y más.
Pero no fue un rayo en cielo azul. De mi estreno con “La izquierda terrorífica” y el arranque de la nueva sección con las “Diferencias sexuales del cerebro”, tan impertinentes, había seguido empleando una columna de divulgación científica para, entre detalles de la materia oscura o el spin del electrón y la paradoja EPR, colar con disfraz de ciencia social un completo rechazo del movimiento estudiantil del CEU en 1986-1987, revisar los hechos del 68 en el vigésimo aniversario, 1988; rechazar sin más, en 1994, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y su venereado (sic) líder, el subcomandante Marcos, santón de La Jornada (a pesar de un primer editorial contrario).
El secuestro de Arnoldo
En 1985 un grupo guerrillero secuestró a Arnoldo Martínez Verdugo, ex candidato a la presidencia y último secretario general del Partido Comunista Mexicano (PCM), por entonces ya en el PSUM. Hubo una confusa discusión acerca de unos dineros que el PC le debía a la guerrilla. El asunto era cuando menos turbio e intentó precisarlo Valentín Campa, uno de los presos de la huelga ferrocarrilera de 1959, liberado para hacer exclamar a jóvenes del PC que nunca habían conocido a nadie más obtuso, esquemático, doctrinario, un comisario político del viejo cuño, intolerante… Alguno me dijo: ¿Sabes dónde queda la ventanilla de devoluciones?... Para entregar a Campa.
En suma: publiqué en La Jornada mi renuncia al PSUM: “No creo, como sostuvo este diario, que el comunicado [del PSUM] sea preciso en lo que respecta al secuestro de Arnoldo Martínez Verdugo, el dinero recibido por el Partido Comunista en su momento, ni tampoco sobre nuestra solicitud de apoyo financiero en vez de vender un edificio (Monterrey 50) que se compró —lo dijo Valentín Campa— precisamente para tener disponible lo que no era nuestro. No entiendo”.
Y ahora entiendo menos, porque mi nota da por sabidos los hechos y ya no los recuerdo. El memorioso Woldenberg dice que hablará del secuestro (op. cit., p. 271), pero no lo hace. Ya lo glooglié y tampoco. Pero en resumen era un feo asunto de que uno de los partidos fundadores del PSUM, el PCM, le debía una feria a cierta guerrilla y no le pagaba. Por lo cual habían secuestrado al una vez dirigente comunista. Nadie tomó en serio mi renuncia y, además, pronto el PSUM desapareció subsumido en el PMS… que se uniría a la Corriente Democrática, surgida en el PRI bajo el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas, y finalmente en el PRD.
Pero hay un párrafo que rescato: “Tenemos héroes en los que no creo, homenajeados que me parecen detestables; con toda la izquierda padecemos de una triste condición que ejemplifica mejor que nadie Rosario Ibarra de Piedra, diputada por el PRT, entregando cartas valerosas al presidente después del Informe Presidencial, como si fuera todavía la solitaria mujer que debe romper una valla, y no la diputada que desayunará con el presidente De la Madrid y podrá expresarle lo que desee”. Carlos El Tuti Pereira, enfurecido, me dijo que renunciaba por los peores motivos, habiendo otros muy buenos… No supe cuáles.
El CEU
En 1975, el presidente de la República era Luis Echeverría, con su gasto público a manos llenas y su multiplicación por tres, por cinco, por seis a los presupuestos destinados a educación: las zonas de desastre dejadas por el 68. Recogía frutos: Carlos Fuentes había declarado, en 1972: “No apoyar a Echeverría es un crimen histórico”. En 75, faltaban 11 años para que el CEU (Consejo Estudiantil Universitario) echara al suelo la reforma planteada por el rector de la UNAM, Jorge Carpizo, el dirigente principal de aquella huelga estudiantil, Carlos Ímaz, tenía en el 75 sólo 16 años.
Escribí en El Sol de México, dirigido todavía por un gran periodista, Benjamín Wong: “Para las familias acomodadas constituye un injusto subsidio la enseñanza universitaria gratuita […] Son los hijos de la clase media y alta quienes se benefician mayoritariamente de un servicio que paga toda la población económicamente activa y, dado nuestro injusto sistema fiscal, podemos afirmar que los pobres pagan la educación de los ricos…”.
Así pues, no había motivo de sorpresa para que “un ex líder estudiantil”, yo, 11 años después de escribir lo anterior, estuviera contra el movimiento estudiantil de 1986 y su huelga de 1987. Era ése un movimiento estudiantil de derecha, dije, por el que los estudiantes de clases media y alta se negaban a aportar un poco para becas de sostenimiento a estudiantes pobres.
En 1986, la propuesta del rector Jorge Carpizo era intachable porque planteaba una reforma en la que tres puntos podían ser de enorme importancia para la UNAM:
1. Reponer el valor de las cuotas a su valor hasta 1976, cuando empezaron las devaluaciones. En 1964, los estudiantes pagábamos 200 pesos al año, 16 dólares. Eran 50 entradas al cine, un tercio de la renta mensual de una buena casa. Con el endeudamiento del país a cargo de Echeverría y de quien lo sucedió, José López Portillo, el dólar se fue a cientos de pesos y a miles un sexenio después. Controlada la inflación en tiempos del presidente Salinas, una de sus primeras tareas fue eliminar tres ceros a los pesos: un salario regular era de 10 millones al mes. Así fue como los 200 pesos, que yo había pagado, se convirtieron en .20 (20 centavos). El rector no aumentaba las cuotas, sólo pedía la reposición del valor.
2. Los exámenes serían estandarizados, preparados por los departamentos y áreas. Yo daba clase en el 86 y explicaba a mis alumnos: “Ahora puedo elaborar un examen que no pase nadie, como se me dé la gana. ¿Por qué se oponen a que el Departamento de Psicología Social diseñe el examen y los ocho profesores de una materia pongamos el mismo examen?”.
3. Debía haber un tiempo límite para que el estudiante se recibiera. ¡Pero por supuesto! ¿No habíamos estado siempre contra los llamados “fósiles”?
Los temas que mayor clientela atraían eran el supuesto aumento de cuotas y la regulación del pase automático. La Jornada, 19 de enero de 1987. “Orígenes del pase automático en la UNAM”: “Hace 20 años, el presidente Díaz Ordaz decidió echar a patadas al rector de la UNAM, doctor Ignacio Chávez, y para ello movió a los líderes universitarios priistas. Para atraer a la Preparatoria, renuente a seguirlos, ofrecieron un atractivo regalo: ingreso a las carreras profesionales sin examen de admisión. En un instante la Preparatoria estuvo en huelga”. Eso ocurrió en 1966.
Las 26 iniciativas del rector Jorge Carpizo
La Jornada, 3 de noviembre de 1986. “…De ahí que la primera iniciativa proponga el pase automático de las preparatorias de la UNAM a las carreras profesionales únicamente para los estudiantes que no hayan repetido año y tengan un promedio mínimo de 8.
”La 2ª y 3ª restringen el número de exámenes ordinarios y extraordinarios. Es correcta en una institución pública y gratuita…
”La 4ª, que plantea el retorno a las calificación numérica [en vez de letras], es un retorno a la realidad, ya que los profesores hemos seguido calificando siempre con números, única forma posible, y luego traducimos con dificultades a tres letras (con A, B, C, ¿cómo distingo entre 8.2 y 8.9?).
”Las 5, 6 y 7. Nadie puede estar en contra de que se preparen materiales de ayuda para cursos difíciles, se impartan cursillos sobre hábitos de estudio o se determine bibliografía básica de cada materia.

”La 8. Un máximo de reprobación de materias. Las universidades privadas se podrían esperar a que un alumno tenga a bien aprobar alguno de estos años una materia, para eso paga. No lo hacen. En una pública, menos, porque hay alumnos mejores que se quedarán fuera.

”La 9. Exámenes departamentales. Cuando hay más de un profesor impartiendo un curso resulta obvia la necesidad de fijar un mínimo de conocimientos compartidos por los diversos grupos. Las 14 y 15. Revisión de las materias seriadas y de programas de estudio con frecuencia obsoletos, ¿no es correcta? La 16. Baja del personal académico que cobre sin trabajar. ¿Alguien se opone? La 17. Cumplimiento del número de horas de trabajo.

”La 19. Incremento en las cuotas de maestría y doctorado. La 20. Incrementos al costo de exámenes extraordinarios. Es una forma de devolverle a ese examen su carácter extraordinario. La 21. Que los investigadores también impartan clases. Las 22, 23 y 24. Revisión de los estudios de postgrado. Diálogo con el sector productivo. Pero, ¿no debió haber sido siempre así?

”La 25. Elección directa y secreta de los consejeros. La 26. Elección del Patronato por medio de ternas. Es mejor procedimiento que el actual dedazo.

”[…] Pero ninguna clase privilegiada ha cedido jamás sus ventajas sin pelear por ellas, y los estudiantes defienden sus privilegios como cualquiera. Incluido el privilegio de que los más pobres y alejados de la educación les paguen su formación profesional”.

En este 2010 lo volvería a firmar, con enorme gusto.

Los líderes del CEU habían heredado de sus padres sesentayocheros una demanda nunca cumplida en aquel año: diálogo público. La impusieron a la Rectoría de la UNAM y así quedó demostrado, con hechos, que fue ése nuestro más grande error en 68. Los delegados estudiantiles, ante un auditorio repleto, estuvieron sentados frente a las autoridades universitarias, sobre el escenario y con reflectores, radio y TV, pero diálogo no hubo. Ni podía haberlo: cada uno se limitó a urdir sus más hirientes sarcasmos y mejores gracejadas para arrancar los aplausos “del respetable”. Nadie se planteó la menor concesión al enemigo porque la rechifla y los gritos de ¡traidor! habrían sido abrumadores.

Diálogo público es una contradicción en los términos: si es público no es diálogo, y si es diálogo no es público. Sólo en privado estamos dispuestos a conceder alguna razón a la parte contraria. Y así es como se hacen las negociaciones, concediendo. Lo cual está clasificado, en el imaginario popular mexicano, como traición.


Heberto y Cuauhtémoc
Con la fusión del PSUM (Partido Socialista Unificado de México) y el PMT (Partido Mexicano de los Trabajadores) en el PMS (Partido Mexicano Socialista) tuvimos al fundador del PMT, Heberto Castillo, como figura casi indiscutible para la elección presidencial de 1988. Cuauhtémoc Cárdenas encabezaba una corriente del PRI que exigía nominación del candidato presidencial a cargo de los afiliados al PRI, contra la tradición que hacia al presidente en turno un gran elector tras de quien el partido súbitamente descubría al mejor, al único, al indiscutible, y llegaban delegados a la asamblea ya con mantas y declaraciones públicas a favor de un elegido. Se le decía “la cargada”: todos con el señalado. La señal usualmente venía de la CTM. Pero todo México sabía que era una decisión del presidente.


El ingeniero Heberto Castillo era mucho mejor candidato de lo que habían sido Valentín Campa o Arnoldo Martínez Verdugo: candidatos que salían a enfrentar el desierto sin fondos de campaña, sin leyes que obligaran a conceder tiempos en los medios masivos, sin posibilidad alguna de obtener ni un mísero cinco por ciento de votos: años de tristeza y soledad de perro. Pero Heberto tenía más nombre y la unión de partidos y grupos de izquierda en el PMS permitía avistar una campaña que al menos se conociera entre los electores. Que ganara resultaba, por suerte, imposible, pues la sola idea nos resultaba aterradora a algunos. Eran bien conocidas las renuncias de militantes al PMT, cansados de las decisiones autoritarias del ingeniero Castillo y de las atrabiliarias imposiciones de su segundo, el Búho, Eduardo Valle. También era pública la incapacidad de Heberto para reconocer errores.

En 1979, luego de sobrellevar el mote de Heberturo por sus elogios a la “apertura democrática” del presidente Echeverría, sostuvo en el semanario Proceso que la matanza del 10 de junio de 1971 había sido responsabilidad exclusiva del presidente Echeverría, con lo que exculpó a Alfonso Martínez Domínguez (AMD), regente del DF en ese año, y a quien se acusaba de haber preparado al grupo de esbirros conocido como Halcones (por su grito al atacar), por lo que era llamado Alconso. Martínez Domínguez había sido “elegido” gobernador de Nuevo León. (La crónica se puede encontrar ahora en http://www.highbeam.com/doc/1G1-90102070.html)

Dice Heberto en Proceso núm. 136: “Me informaron que AMD me invitaba a desayunar en su casa de Inglaterra 14, en Coyoacán, cerca de la terminal Tasqueña del Metro; a las 9 de la mañana”. Habían pasado ocho años de aquella matanza de jóvenes el Jueves de Corpus. La primera pregunta es: ¿usted habría podido desayunar con Martínez Domínguez en su casa? Ir a oírlo, sí. Pero, ¿desayunar sin atragantarse con el acusado de preparar los Halcones?

Heberto le da voz y así AMD “relata cómo el presidente Echeverría lo usó, lo engañó, lo expuso al más duro juicio histórico al hacerlo responsable de la matanza del 10 de junio, para luego ponerlo en la calle…”. Escribí y produje los rayos de Heberto: “Ahora resulta que hasta el cándido y buenazo de don Alconso Martínez Domínguez cayó en la trampa de ese huracán del infierno que tuvimos por presidente…”. Sin que eso le impidiera llegar a gobernador de Nuevo León. A tres semanas de que asumiera la gubernatura, apareció el artículo de Heberto. Hum…

“Como se desprende de sus artículos”, sigo, “la imagen que Heberto tiene de sí mismo es, cuando menos, grandilocuente: Echeverría quiere hacerle saber… Moya Palencia (Gobernación) le telefonea, lo busca, envía por él… Martínez Domínguez lo elige como depositario histórico de una verdad tan terrible que podría costarle la vida (a AMD)… Algunos compañeros de Proceso, dice Heberto, piensan que si el peligro ya no es mortal para un gobernador-de-hecho, sí lo es para el ingeniero (Castillo)…”. Me parecía ridículo ese temor porque Echeverría estaba refundido en Nueva Zelanda y las islas Fidji, como supuesto embajador.

Así que, en 1987, era una inmensa fortuna que nuestro candidato, el ingeniero Castillo, no tuviera ninguna posibilidad de ganar la Presidencia. Pero sí la tenía Cuauhtémoc Cárdenas.

Cuando renunció al PRI Cuauhtémoc Cárdenas, publiqué sin consulta y con entusiasmo que Heberto debía declinar su candidatura a favor de Cuauhtémoc. Fui increpado por camaradas. Pero el PMS lo hizo su candidato una vez que Heberto cedió. Vino la elección del 88 y perdió Cárdenas, o eso dijo Manuel Bartlett porque las elecciones las organizaba la Secretaría de Gobernación, con él al frente. Al poco tiempo, tras el encarcelamiento del jeque petrolero apodado La Quina, vi con asombro a Cárdenas marchando por las calles para exigir la liberación del criminal.


Análisis fragmentario de
una histeria (caso La Jornada)
Si desde el número cero de La Jornada mi artículo fue mal recibido, la situación no hizo sino empeorar con los años. Una crisis mayor vino con “La urgencia de martirio”, mi nota del 23 de abril de 1990. “El asesinato de dos vigilantes de este diario a manos de un supuesto Partido de los Pobres (Procup) que los redime matándolos, ha sido analizado abundantemente en estas páginas y deplorado en la sección de cartas. Pero la nota permanente, la consideración de que se trata de un nuevo atentado contra la libertad de expresión, cauce interpretativo elegido por la dirección de La Jornada y aceptado sin réplica por buena parte de los comentaristas de dentro y de los solidarios de fuera, es errónea: no hubo atentado alguno contra la libertad de expresión, sino un crimen sin relación con la línea ideológica de este diario. ¿Por qué entonces nos hemos ido por el lado de los mítines frente (al monumento) a Francisco Zarco? Porque:

”a) Ser perseguidos políticos eleva nuestra autoestima; ser víctimas de un crimen, no (…sigue psicología para pasar la nota como ciencia: disonancia, Gestalt…).

”Los criminales se alejaban cuando nuestros vigilantes les dieron alcance en la calle con la torpe encomienda de regresarles el paquete de propaganda recién entregado […]

”Hay sentimiento de culpa de todos los que aquí trabajamos. ¿No era menor de edad uno de nuestros vigilantes asesinados? […]

”Dentro de todo, hemos estado mejor en La Jornada que Cuauhtémoc Cárdenas y su desafortunadísima y por suerte pronto olvidada declaración sobre los problemas sociales no resueltos que agobian a quienes mataron a Enrique García y a Jesús Samperio”.

Ardió La Jornada: “Aunque carezcamos de elementos, hoy mismo, para asegurar que sea un acto destinado a acallar la voz de este periódico…”. “Ante la irracionalidad del fanatismo es preferible el escándalo a la indolencia…”. “La acción del Procup deja una secuela de violencia hacia los medios de difusión…” (secuela no hubo ninguna). “Espeso clima político. Clausura de opciones. Ha sido inevitable recordar el golpe a Excélsior…”.

En suma, por primera vez apareció la expresión sombra ominosa que se cernía sobre la voz de la democracia. Dije que habrían matado también a vigilantes de Novedades si los hubieran visto acercarse a ellos.

Entre el alud de cartas, dos eran de colegas y amigos: Guadalupe Loaeza y Humberto Mussachio me llamaban “tipejo” y más. Mi intención, aseguraba éste, era convertir en victimarios o corresponsables de un crimen a los periodistas amenazados. Tuvieron razón porque hoy nadan en celebridad y ella, enamorada del Peje, en una buena fortuna con sus libros y artículos.

Intervinieron los trabajadores: Yo mentía en cinco aspectos, uno de ellos al afirmar que “hay sentimientos de culpa en todos los que aquí trabajamos”. Les di razón: los tengo yo porque soy copropietario del negocio, La Jornada, donde tuve trabajando a un menor en tareas que no iban con su edad. Los asistentes al mitin por la libertad de expresión no la deseaban para mí.

Luego vino lo peor: mi artículo tenía cola. Dice Pedro Miguel: “Me niego a considerar la posibilidad de que Luis esté actuando de mala fe o por consigna”. No lo creo, pero plantó la duda. Y Javier Flores pide que aclare “una supuesta relación entre La Jornada y el PRD”, hecha por otra persona en otro diario… No entendí y sigo sin entender. Lo único claro es el método: me niego a creer que el periodista X cobre en Gobernación…

La manifestación para recordar el 2 de octubre de 1992 dio lugar a un reportaje tramposo y a mi respuesta:

“Querido Carlos [Payán]: Entre gitanos no se leen la mano y todos los periodistas sabemos que eso de ‘yo no hago más que describir lo que vi’ nos sirve para engañar ingenuos. Yo no lo soy y conozco el método empleado. Ni tu reportera Georgina Saldierna ni nadie describe lo que vio, pues el color de cada pantalón, los dibujos de cada vestido, las alas de cada mosca llenarían […] Todos seleccionamos y Georgina también cuando describe la manifestación del 2 de octubre último, sólo que ella lo hace teniendo en mente al público de ideología elemental que hemos colaborado a deformar. Conozco las trampas, por lo mismo sé que mencionar los nombres de tres dirigentes del 68 como los grandes ausentes es colocarlos bajo las toneladas de mierda que la izquierda, no la derecha, ha lanzado durante los pasados 25 años contra ese movimiento hasta convertirlo en lo que hoy es para muchos jóvenes: el ejemplo de la transa vil. Ya encarrerada, hace una mezcolanza donde lo mismo cabe un delator que hombres rectos como Raúl Álvarez, Valle o Guevara, cuya obra creando sindicatos, partidos y publicaciones, ha transformado a México sin que ella se entere, aunque no vayan a manifestaciones donde Georgina pasa lista”.


Retrato de Pepe Woldenberg
La ciencia en la calle, 22 de marzo de 1993. “Hace casi 20 años, algunos profesores de la UNAM decidimos crear un sindicato que nos representara. En las noches de largos debates cargados de lugares comunes, apareció un jovencito, parecía casi adolescente aunque no lo era, lleno de espinillas y silencioso. Escuchaba con atención a los mayores, a los famosos, a los de la cárcel y el exilio. Una noche tomó la palabra, con timidez pero sin temor. En aquella voz pausada, que cuidaba las distancias todavía, que no buscaba enfrentamientos, brilló una visión del mundo nueva, sin la plaga del catecismo y la ideología […] Exponía aquel muchacho ideas que no surgían de supuestos comunes, de verdades compartidas. Era un aire respirable, joven. La frase: ‘Tiene la palabra José Woldenberg’ llamaba a poner atención, a dejarse llevar por la duda. Ninguna afirmación era evidente […] Un ejercicio constante de lucidez y de reflexión. A sus 30 primeros camaradas de aquellas pesadas sesiones nos deslumbró; a los siguientes 300 en un sindicato ya dividido por corrientes les causó irritación.

”Hoy su señalamiento del uso merolico y abusivo que hacemos al atribuirnos la representación de ‘los ciudadanos’, ‘el pueblo’ y otras generalizaciones, produjo el más desafortunado traspiés de Elena Poniatowska en terrenos que no conoce […] Por mi parte seguiré leyendo despacio a Woldenberg (cada 15 días en La Jornada), rápido a Poniatowska (primera vez que no la llamé Elena). Lo de ella me lo sé, lo de él, no”.

¿Qué había ocurrido? Para comenzar la campaña que devolvería a los habitantes del DF el derecho a elegir sus autoridades (que eran nombradas por el presidente), se dio la banderola de salida a Elena. Su discurso lo dedicó, en forma de letanía, no contra el PRI, que décadas atrás había arrebatado el voto a los capitalinos, sino contra un joven desconocido, José Woldenberg, de quien muchos no habían oído hablar: “¡Y le vamos a demostrar a José Woldenberg que los ciudadanos sí pensamos! ¡Y le vamos a demostrar a José…!”. Luego publicó su texto en La Jornada. Una verdadera infamia.

Yo había ido pasando del amistoso: Ah, qué Elena…, cuando la leía, al ¡Pinche Elena, cómo trivializa y abarata cuanto toca! Ese discurso me enfureció. Y más todavía cuando, a raíz de mi inamistosa respuesta, me llamó. Dijo que no había leído la nota de Pepe, que Pablo Gómez se la había citado de memoria cuando ella, aterrada por el gran papel que se le había encomendado, no sabía qué decir. “¿Crees que debo llamarlo y disculparme?”. Respondí que las ofensas públicas exigen disculpas públicas. Pero que podía comenzar por llamarlo. Jamás lo hizo, tampoco publicó que había metido la pata. Pule bien el brillo de su aureola.

Cuatro años después, estos hechos serían definitivos para exigirle a Elena, desde un largo artículo en nexos, que revisara más de 50 errores en su reportaje La noche de Tlatelolco. Ella no había participado ni siquiera en la Coalición de Intelectuales y Artistas (con José Agustín, Revueltas, Cuevas y tantos), no había visto una manifestación ni desde la acera. Pero su reportaje era magnífico… si corregía lo que un dirigente le estaba señalando como errores. Lo hizo bajo demanda legal. Su libro mejoró mucho.

En septiembre de 1993, y por los 25 años del 68, publiqué en nexos un ensayo largo: “1968: La fiesta y la tragedia”. Reviso “las tesis de Lecumberri”, señalo que no hemos explicado las causas de aquella tormenta: ¿Por qué “los tradicionales estudiantes de Ingeniería, Química y otras escuelas, incluida Filosofía, que no habían oído jamás los nombres de los presos políticos de entonces (ni les habrían importado), se lanzaron a huelgas y manifestaciones callejeras donde se jugaban la libertad y hasta, lo supimos después, la vida?”.

Es un texto muy largo. Sólo diré que molestó mucho a Carlos Monsiváis. Peor lo puso el de La Jornada del 4 de octubre: “68: La merienda con las tías”. Comenzó a lanzar ataques sin dar mi nombre ni citas textuales. En noviembre mi entrega semanal fue “La construcción social del nosotros”, inicio de una serie. “Mientras Tomás Borge era comandante sandinista en el poder era igual de cursi, pretencioso, confuso, meloso, ditirámbico y pedante. Pero nadie lo decía o al menos no en público…”.

Lo censuró la subdirectora, Carmen Lira. Mi carta: “…al parecer te disgustó mi referencia a la triste repetición con que la izquierda no descubre a Stalin sino después de muerto o la cursilería de Tomás Borge hasta que ensalza al presidente Salinas”. Carlos Monsiváis había desatado la merecida paliza contra Borge. “Es típico del cronista pisar siempre sobre seguro y regar el pasto llovido…”. Y le presento mi renuncia. Es 1993 y el director, Carlos Payán, está fuera de México. La subdirectora me pide esperar el regreso del director. Volví sobre el tema en nexos y etcétera: “…la presión del tótem de la ‘izquierda’ (sea eso lo que sea) alcanzó dentro de La Jornada tal nivel que la subdirectora, Carmen Lira, creyó atisbar con suspicacia una críptica referencia al ocurrente y aplaudido cronista en el texto y decidió censurarlo…”.

Carta. 5 de noviembre. “Carmen: Es canallesco de tu parte publicarle hoy al poco brillante Pino ataques en mi contra con idénticas palabras a las de su maestro, el insidioso Monsiváis. El Pino, más hombre, al menos hace su crítica con nombre y apellidos […] Buscaré responder en otros medios ya que me cierras éste”.

(Referencia a que Lira no me publicaba ni cartas en respuesta a cartas en mi contra.)

Volvió de viaje el director y tuvo carta. “Querido Carlos: … En semanas pasadas se me aplicó en casa la censura que combatimos en otros: la subdirectora Carmen Lira decidió, sin proponer alternativas, sin siquiera informarme directamente ni menos darme explicación alguna, aplicar censura total sobre dos textos completos de La ciencia en la calle previamente leídos, aprobados y preparados para su impresión por el jefe de sección…”.

En la queja señalo que, mientras me tenía con mordaza, no dejó de publicar ataques en mi contra, que no me permitía responder, “…Anne Huffschmid extrae lo que desea de mi artículo sobre la última moda estadunidense, la ‘memoria recobrada’, sin responder a mi principal argumento: que ninguna terapia puede hacer recordar la violación por el padre a las tres semanas de edad porque la memoria misma tardará todavía años en ser duradera, por lo tanto dicho ‘recuerdo’ o es inducido por la terapeuta o es expresión de un deseo […] Pero dejemos lo anecdótico. ¿Cuál es la relación entre los fundadores y propietarios del diario con los funcionarios que, temporalmente, colocamos para fabricar un producto diseñado entre todos?...”.
El final lo he relatado decenas de veces. Ocurrió en noviembre de 1997.

1994: Marcos
El 1 de enero no se publican diarios. Pero el 2, horas después del levantamiento guerrillero del EZLN en Chiapas, La Jornada sostuvo en su editorial que se trataba de “aventureros y profesionales de la muerte” con propósitos irracionales que “ya no saben dónde empieza el mito milenarista, dónde el delirio y dónde la provocación política calculada y deliberada”. Al día siguiente, La Jornada hace notar a sus lectores “La contención mostrada por el Ejército al abstenerse de tomar por asalto la plaza…”. El día 5 el titular es: “Repele el Ejército Mexicano ataques de guerrilleros”. Y una nota: “Líder tzotzil: Investiguen… y en Carranza no van a encontrar a nadie que apoye al EZLN”. Pero, en unos días, La Jornada ya había recapacitado. Otros no lo hicimos nunca: Marcos era un farsante, patán e imbécil. Oh, Dios: ¡GdeA contra los indios! No, aclaré, sino contra la ruptura de un acuerdo nacional: No a las armas. Hoy Marcos es una celebridad literaria desde la selva.

“En respuesta a la pregunta sobre los indios de Chiapas enviados por los mandos guerrilleros a combatir con palos en forma de rifle los tanques y helicópteros del Ejército Mexicano, dijo ese héroe de la izquierda universitaria, el subcomandante Marcos: ‘Cuando el combatiente no tiene aún un arma, debe aprender a moverse como si la tuviera, es parte de la formación de un combatiente’. El silencio en torno a esta escalofriante confesión ha sido abyecto…”.


Carta a Hermann Bellinghausen. “Hermann: Tus crónicas son tan buenas que me basta con leerlas separando los datos de tus muy personales explicaciones. También creo que hay en Chiapas lo que has visto: ‘miedo, odio, linchamiento, racismo invertido’ de los indios contra los blancos, sobre todo contra uno tan rubio como tú.

Diferimos en la explicación del odio. Para ti sólo puede ser producto de la ‘manipulación’ y los ‘instigadores’ que ‘azuzan’ al ‘motín’ […] Yo saco otra conclusión de los muy buenos relatos de ustedes, y es que muchos indios odian la guerrilla al grado de casi linchar a sus defensores. Veo la posibilidad de otra guerra civil, ésta entre población defensora del EZLN y población enemiga. Creo que comienzas a vislumbrarla. Tú dices: los manipulan. Yo digo: no, te odian de verdad, y no sólo por rubio y desconocido, sino porque te asocian a un medio, La Jornada, al que sienten aliado de sus enemigos […] Estás descubriendo a los indios de verdad, no los inditos del INI. Hacen bonitos bordados, pero también y sin manipulación odian, linchan, matan, se van a la guerrilla unos, están hasta la desesperación contra ella otros. Hay de todo. O sea: fíjate que son humanos…”. (No se publicó.)

La otra guerra civil. “Antes del ya histórico primero de enero de 1994 y la toma de ciudades por el EZLN, los indios católicos arrojaron fuera de sus comunidades, con frecuencia a palos, a más de 20 mil indios protestantes. Como se ve, no se nace conociendo el respeto a los derechos de los demás…”.


Cuauhtémoc Cárdenas
Se juntaron los diversos malestares en La Jornada y fui echado en 1997 cuando Payán dejó de ser director. No se publicaron las cartas de lectores extrañados por la desaparición de la sección de ciencia completa. Tuve invitaciones de otros medios, pero acepté la de Pablo Hiriart a La Crónica porque, si bien no lo conocía, me llegó por medio de Francisco Báez, miembro de aquel Consejo Sindical y asiduo a tanta fiesta sabatina. Somos una pandilla, y Paco era de la pandilla.

Cuando finalmente ganamos el derecho a elegir gobierno en el DF (yo vivía allá), luego del traspiés de Elena Poniatowska con Pepe Woldenberg, la nueva jefatura de gobierno la ganó Cuauhtémoc Cárdenas, quien derrotó a Carlos Castillo Peraza, del PAN y uno de los artífices de las reformas que Salinas había logrado cuando el presidente decía hágase y se hacía. Reformas sin las cuales México no habría sobrevivido a las siguientes crisis. Nada más piense en que no tuviéramos la balanza comercial favorable que nos da el TLC. Me unió una gran simpatía con Castillo y comenzamos una amistad que cortó mi regreso a Guadalajara y su muerte prematura.

Aparecieron nubarrones con Cárdenas. Me llamó Castillo: ¡Tengo las pruebas de que Cuauhtémoc le regaló a su madre un terreno con playa en Michoacán mientras era todavía gobernador! Le respondí: Pues ya te lo acabaste. No contábamos, ni él ni yo, con los mexicanos. Cárdenas publicó un largo manifiesto explicando el caso. No lo entendí entonces y sigo sin entenderlo ahora. Desde La Crónica dije esto mismo. Ganó Cárdenas porque el asunto no le hizo mella alguna: los mexicanos están convencidos de que gobernador que no ofrece grandes regalos a su madre es porque no tiene madre, y quien lo ataca por esos regalos, menos la tiene. La candidatura de Castillo se derrumbó en semanas luego de estar en la punta.

Un reportero de La Crónica descubrió que un jefe de policía del nuevo gobierno de Cárdenas en el DF había sido miembro del Batallón Olimpia: aquel grupo de militares en ropa civil y con un guante blanco para identificarse entre sí, que habían comenzado los disparos el 2 de octubre en Tlatelolco. Lo señalamos muchos. Cárdenas lo destituyó. Después reapareció en la policía aquella criminal “Hermandad” cuya corrupción y exigencia de pago por cuota a cada policía había sido demasiado hasta para el PRI. Los destituyó. En fin, Cuauhtémoc se equivocaba, al fin producto del PRI, pero ponía inmediato remedio. Lo cual no es posible decir de quienes lo sucedieron.

Pero no hizo igual en el caso Paco Stanley, animador de TV Azteca asesinado en una taquería. El procurador Samuel del Villar se empecinó en acusar a una joven edecán, Paola Durante, de complicidad con los criminales. Única prueba: el dicho de un preso cargado de sentencias que por una reducción de su condena aseguraba haber visto y oído a Paola Durante planear el homicidio con otros. Ella presentó decenas de testimonios en contra, para empezar los de edecanes y sus jefes que la habían visto trabajar en el Auditorio Nacional a la hora en que el criminal juraba haberla visto en la cárcel complotando. Los registros de visitantes que lleva todo presidio tampoco la tenían anotada.

Paola salió gracias al empeño del ombudsman capitalino, Luis de la Barreda, quien no cejó en acumular pruebas de inocencia hasta que la vio libre. Un gran defensor de Derechos Humanos, Luis. El PRD no lo perdona. Pero, en fin, fue un encontronazo más con el PRD, ahora desde otro diario. Y, sobre todo, Cárdenas fue una gran desilusión. Perdió la elección presidencial del 2000 en buen medida por su desempeño (por error escribí “despeño” y creo que es más exacta la expresión), su despeño como primer jefe de gobierno elegido en el DF después de 70 años.

El PRD me cargó una porción a mi ya abultada cuenta.

Tras la crisis del 95, mi Taberna Griega quebró. Dijeron fans del Sub: “No iremos a comer allí mientras Luis mantenga esas posiciones contra el EZ”. Así me ocurrió que no pude pagar la renta de mi depa. Enrollé mis bellos tapetes persas y afganos, y salí a ofrecerlos entre mis amigas de buena posición. No me compraron ni uno.

Cuando López Obrador dio a construir obras por miles de millones, los segundos pisos, sin concurso, y las entregó a la esposa de Carlos Ímaz (aquel del CEU), que es bióloga o astrónoma, dije que la dama no distinguía entre cemento y yeso. De nuevo, fui aplastado por la Historia: lograron hacer secreto por 12 años el precio de los megaarcos triunfales para la marcha de AMLO a la Presidencia. Hoy gastan a manos llenas en sostener varios cientos de casas de pre-pre-campaña por todo el país, en llenar el Zócalo con gente traída de los cuatro puntos cardinales en autobuses, gente que deben alimentar y regresar a sus lugares de origen. Todos sabemos quén pompó, como decía AMLO cuando se hacía el simpatías.

El PRI, con todos sus detestables defectos, tenía una ventaja: no negaba su corrupción. La inspección de un negocio detectaba sin falta algunos incumplimientos. Se arreglaba con 500 pesos. Con el PRD, el propietario se enfrenta al Hombre Nuevo, al Proyecto Histórico… y también se vende, pero cuesta 50 mil pesos. Mi bar El Taller, en la Delegación Cuauhtémoc del DF, tuvo muchas inspecciones en la era del PRI. Ninguna encontró motivos para clausura.

Pero nomás llegaron los Faros Rojos y vino una clausura por no tener estufa de gas. “En un sótano”, alegué, “me deberían clausurar por sí tenerla”. La estufa eléctrica no fue válida. No puse estufa de gas. La segunda fue porque no teníamos la lista de precios en Braille… Sí, para que el marica ciego no deba preguntar a su mesero el precio del vodka-tonic. La clausura duró un año y un mes.


Atenco
¿Un preso político, yo, que está contra la salida de presos políticos?, se interrogan quienes creen que secuestrar, atar y bañar en gasolina a policías y funcionarios en Atenco es una objeción de conciencia. El fondo de lo que fue el lago de Texcoco, de agua salada, sirve para dos cosas: volver a llenarlo y ver que las aves acuáticas regresan, como se ha hecho en una parte, o cubrirlo de concreto para hacer un gran aeropuerto moderno y entregar locales para comercio a quienes vendan sus tierras. Y faltaba lo peor: he dejado escrito que nuestra leyes consagran el derecho de manifestación, pero ninguna el de bloqueo.

Oaxaca
Otro crimen. La libertad propia acaba donde impido la libertad del otro, pero eso no aplica para los “movimientos sociales” que cercaron su hermosa ciudad, incendiaron edificios históricos, asesinaron maestros que daban clases y jóvenes que movieron una piedra para meter su auto a la cochera. Fue danza y frenesí salvaje entre humo, llamas, pillaje y terror, la ruina de la ciudad. Un estado que recibe el 97 por ciento de su presupuesto de la Federación perdió sus pocos ingresos propios a cuenta de artesanía pobre y de turismo. Los criminales hoy tienen fuero porque son diputados no elegidos, de los pluris que los partidos nombran a dedazo: lo que tanto criticamos al PRI. Un panorama deprimente.


Retrato de Rosario Ibarra
de Piedra
nexos, junio de 1993. “Hace ya más de diez años, una mujer lanzaba insultos contra el ‘teatro burgués’ desde el foro abierto de la Casa del Lago: proponía en cambio el modelo de los que cada domingo, y desde el mismo foro abierto ocupado a la fuerza, gritaban sus baratijas ideológicas, hacían pasar por teatro sus esketches ante un público entre distraído en cambiar pañales a los niños y medio risueño por las ocurrencias de los muchachos.

”En esa ocasión el ‘teatro burgués’ que se representaba en el interior de la Casa del Lago, gratuitamente, era una obra escrita por el propio director y sus dos únicos actores, la escenografía eran tubos formando un gran cubo, el vestuario era de calle. El director vivía en una casa modesta, la actriz en un cuarto con un tapanco y el actor, Ernesto Bañuelos, vivía conmigo, por lo cual me constaba que llevaba puesto uno de sus dos únicos pantalones y traía un peso para el camión en el bolsillo. La Parca, vestida de negro, con los pelos sueltos y agitados como una loca, con la fotografía de un hijo desaparecido prendida al pecho como el gran medallón de sor Juana, señalaba con dedo huesudo el ‘lugar infame al que no puede entrar el pueblo’: una dependencia de la UNAM de acceso gratuito o muy barato (en el bosque de Chapultepec); salpicaba su discurso con palabras que había aprendido el día anterior: burguesía, proletariado y pueblo, pueblo, pueblo, que le llenaba la boca bien cuidada por su dentista; esto hacía la señora, cuya servidumbre en su nada modesta casa de Monterrey vivía mejor que los actores y el director de teatro fulminados por ella a golpes de unos Marx y Lenin jamás leídos. Por supuesto se trataba de Rosario Ibarra de Piedra.

”Los actores entraron silenciosos a la Casa del Lago, humillados por la fama de la predicadora, quizá hasta temerosos de ser reconocidos y señalados por ella con su índice huesudo y su larga y bien cuidada uña. No había peligro de que lanzara a la gente contra los actores porque, no habiendo visto jamás la obra burguesa que presentaban, era imposible que los reconociera. Con cualquier pretexto abracé a Ernesto mientras se cambiaba en el sótano que servía de camerino, y quizá le habré dicho que su pantalón ya estaba muy sucio y acaba de caérsele un peso al suelo. Quizá le extrañaron, por tan escasos motivos, la voz cortada y las lágrimas que vio en los ojos de su amigo”.

Bien, pues Ibarra de Piedra llegó a senadora por el PRD, igual que la Tigresa, quien hizo su fortuna como amante del presidente Díaz Ordaz. Cuando López Obrador ordenó a Ibarra irse al PT, partido creado por el presidente Salinas en su afán por destruir al PRD, se fue y hoy es senadora por ese membrete. Es parte de la bazofia que tanta gente nos presenta como “izquierda”: Ricardo Monreal, José Guadarrama, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, López Obrador, todos formados y deformados en el PRI, son hoy la izquierda. Quien les señala crímenes, como el de no salvar a los policías quemados vivos en Tláhuac, o menciona el echeverrismo del “Nuevo” Proyecto de Nación es porque se pasó a la derecha. Lo asumo: dondequiera que ellos estén, yo estoy a 180 grados.

Luis González de Alba. Escritor. Su libro más reciente es Olga. Es colaborador de Milenio Diario. www.luisgonzalezdealba.com

Mariguana; huele a legalización

¿Marihuana legal?
Despenalizar sin legalizar es como estar un poquito preñado. Y eso es muy difícil.
El referendo de California abrió el debate. Pase o no pase, la despenalización en el mundo es una realidad y la legalización está cada vez más cerca.
Semana, Sábado 30 Octubre 2010
El referendo del próximo 2 de noviembre en California para legalizar el consumo de la marihuana puede que no pase, según el veredicto de las últimas encuestas. Sin embargo, ya cumplió con parte de su cometido: que se volviera a hablar de un tema tabú en Estados Unidos y que saliera a flote el sentimiento colectivo de que se ha fracasado en el intento mundial de controlar las drogas con la represión.
Nunca antes, como en los últimos años, la derrota de la 'Guerra contra las drogas' había sido tan clara. El 76 por ciento de los norteamericanos considera que fracasó. La crisis de México, que al finalizar este año sumará 30.000 muertos, es la prueba de que la violencia que produce el narcotráfico es una epidemia para la cual aún no se ha descubierto la cura. Y la ONU hace cuatro meses lanzó un SOS advirtiéndole al mundo que las mafias están poniendo en serio peligro a los Estados.

Es cierto que otras veces en la historia se ha ondeado la bandera de la legalización. La diferencia ahora es que ya no son unos extremistas libertarios, casi hippies, o unos visionarios incomprendidos, como Milton Friedman y Álvaro Gómez, los que la llevan al hombro. Se ha comenzado a masificar de tal manera esa convicción que no es nada estrambótico pronosticar que en unos años el mundo estará siendo testigo de esta revolución.

En las ciudades de todo el mundo se está dando una dinámica contundente para legalizar la marihuana. Sin embargo, por ahora, y por prudencia, los líderes políticos solo hablan a favor de despenalizar su consumo. Lo que piensan en privado, sin embargo, no corresponde necesariamente a lo que dicen en público, por temor a un suicidio político. De ahí que la mayoría de los jefes de Estado que comienzan con intenciones de legalizar recurren siempre al libreto de que esta solo será posible cuando sea decisión global y no unilateral de uno o varios países. Pero lo cierto es que la despenalización es prácticamente ya una realidad. Y despenalizar sin legalizar es como estar un poquito preñado. Y eso es muy difícil. Por eso, más temprano que tarde se llegará a la legalización.

Uno de los argumentos más fuertes a favor de esta iniciativa es que ya está probado que la cárcel le hace más daño a un consumidor de marihuana que fumar la yerba misma. Pero el problema para pasar de la despenalización a la legalización es que así como es posible equiparar el fenómeno de la marihuana con el del alcohol, no ocurre lo mismo con la cocaína. Y legalizar la producción y el consumo de cocaína es visto como una aventura más riesgosa que la de la marihuana. De no ser porque el libre mercado de la una pareciera abrir la puerta a la otra, ya hace rato se habría legalizado la primera.

Ya ni siquiera sorprende o escandaliza que un personaje salga del clóset en contra de la prohibición. El pronunciamiento más reciente fue de George Soros, el multimillonario que además sacó de su bolsillo un millón de dólares para la campaña en favor de la legalización. En una columna publicada el jueves pasado en The Wall Street Journal, habla bellezas de lo útiles que serían los 1,4 billones que California recibiría en materia de impuestos si se legalizara la marihuana.

La paradoja de lo que se dice en público y lo que se hace en privado ha quedado reflejada en las últimas encuestas en California. A pesar de que hay unos 400.000 consumidores de marihuana medicinal y 700 dispensarios legales en donde se consigue la yerba, las encuestas dicen que el 51 por ciento está en contra de legalizarla. Sin embargo, al principio del mes los sondeos decían lo contrario. En todo caso, si el referendo llegara a pasar en California se abrirían inmediatamente las compuertas para que los países productores, comenzando por los de América Latina, le exijan a los Estados Unidos una política coherente. Como el propio presidente Juan Manuel Santos manifestó, es muy difícil explicarle a un campesino colombiano que puede ir a la cárcel por sembrar marihuana, cuando en el estado más rico de los Estados Unidos se puede producir, vender y consumir libremente.

Ese riesgo de abrir la compuerta de la rebelión de los países productores ha hecho que los cruzados de la prohibición blandan sus espadas para ponerles coto a las tendencias liberacionistas. Hasta centros de pensamiento, como la Rand Corporation, patrocinada por el Pentágono, publicaron informes para disuadir a los latinos de votar por el 'Sí'. La tesis central del estudio es que la legalización en California no tiene ningún efecto sobre la violencia en México. Eso puede ser así, pero lo que es indiscutible es que la legalización a nivel mundial erradicaría la violencia que han generado las mafias que surgen por la ilegalidad.

Para los abanderados de la legalización, perder el referendo no significa perder la guerra. Ya se están preparando para la próxima batalla, que tendrá lugar en Davos, el foro de la élite económica del mundo, en enero. Para entonces, la comisión que lideran los ex presidentes César Gaviria, Fernando Henrique Cardoso y Ernesto Zedillo, y que está a favor de eliminar la prohibición de la marihuana, se va a ampliar con otras figuras de talla mundial como el ex secretario de Defensa de Estados Unidos William Perry y el ex secretario del Consejo de la Unión Europea Javier Solana. Que el futuro de la política sobre las drogas llegue al corazón de un foro de esa importancia y deje de ser dominio exclusivo de los agentes de las tres letras (el FBI, la CIA y la DEA) puede cambiar por completo el manejo que se le da a ese problema.

La crónica del fracaso

No se necesita ser muy inteligente para concluir que 40 años después de que Richard Nixon declaró de manera oficial la "Guerra contra las drogas", esta ha fracasado. Las cifras son elocuentes. La coca se extendió a más países -de 44 en 1980 a 130 hoy- y el consumo en el mundo es impresionante -cerca de 250 millones de personas usan drogas ilícitas al menos una vez al año-. La traba azota por igual a ricos y a pobres. En Estados Unidos, hace 30 años los detenidos por delitos relacionados con la droga no llegaban a 50.000. Hoy, al año, arrestan cerca de 1,6 millones de personas, de las cuales 700.000 resultan condenadas. En Europa, los números también son escandalosos: el gobierno británico informó que la abundancia de cocaína es tal en su país que es tan fácil de obtener como una cerveza o una copa de vino.

Lo peor es que no son solo ciudadanos de a pie los que han terminado involucrados en este mundo de la ilegalidad. Es de conocimiento público que los últimos tres presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, Bill Clinton y George Bush, consumieron drogas. Clinton, para protegerse, aclaró que fumó marihuana pero que no la inhaló, con lo cual hizo un oso mundial. Barack Obama, según sus propias palabras, no solamente la probó sino que la inhaló "frecuentemente, porque de eso se trataba". Bush se negó a contestar preguntas sobre el tema pero todos sus compañeros de clase dicen que consumían con él. ¿Por qué no fueron encarcelados estos tres presidentes? (por no hablar de los candidatos de la reciente contienda presidencial en Colombia, cuatro de los cuales admitieron haber fumado marihuana, incluyendo al hoy presidente, Juan Manuel Santos).

En el mundo pobre o en desarrollo la guerra ha sido aún más devastadora. Ese próspero mercado ilegal les da sentido a las mafias, que no solo producen aterradoras estadísticas de sangre, sino que carcomen las instituciones de un país. Se ha demostrado que en mayor o menor grado corrompen a la justicia, a los partidos políticos, al Congreso, a los organismos de seguridad, a los gobiernos y hasta a las guerrillas, como ocurrió en Colombia.

The Economist plantea que "la guerra contra las drogas ha sido un desastre pues ha producido estados fallidos en el mundo en desarrollo". Y los ejemplos pululan. Al presidente de Guinea Bisseau lo mataron por un lío que tenía con uno de los carteles. Y en Afganistán, el mercado de la amapola es una tercera parte del producto interno bruto. El general James Jones, ex comandante de la Otan, antes de ser asesor de seguridad de Obama dijo que la situación en Afganistán se deterioró "por el tráfico de drogas, que es sin duda alguna la fuerza económica que nutre el resurgimiento de los talibanes".

En América Latina la situación no es mejor. El tráfico en Guatemala, Honduras y El Salvador está aumentando vertiginosamente. El primo del Presidente panameño ha sido detenido por lavado de dólares. Y México está aún peor que Colombia. Se han visto los peores horrores de esta guerra, masacres de 72 personas y cuerpos sin cabeza colgando de puentes. La semana pasada fue calificada como una de las más violentas, con seis matanzas, la mayoría de ellas contra mujeres y jóvenes, y la última de ellas, una emboscada el viernes en la que murieron nueve policías en Jalisco. El miedo es tal que en Tamaulipas les pidieron a los adultos que no se disfrazaran en la Noche de las Brujas. Así como alguna vez le tocó a un antiguo paraíso como Medellín verse convertido en un infierno como el Chicago en los tiempos de Al Capone, ahora el turno es para las ciudades mexicanas.

La situación es tan grave en el país azteca que el ex zar antidrogas de los Estados Unidos Barry McCaffrey dijo que México estaba en riesgo de convertirse en un Estado fallido y lo tildó de "narcoestado". La lección es muy clara: el negocio no se acaba sino que se trasforma. En Colombia se ha presentado una transformación del mismo por cuenta del bloqueo al tráfico por el Caribe, el cual hizo que el principal destino de las drogas colombianas no sea ya Estados Unidos sino México. De ahí, los mexicanos inundan a los gringos.

Pero ese cambio geográfico no ha disminuido los costos para el país. Colombia tuvo que triplicar su fuerza pública hasta convertirla en una de las más grandes de la región por número de habitantes, y por ende su mantenimiento amarra las finanzas del Estado. Los resultados, aunque buenos apenas en los dos últimos años, están lejos de ser óptimos. Cuando empezó el Plan Colombia había coca en ocho departamentos, hoy hay en 24. La producción sigue siendo la más alta del mundo y el narcohuracán dejó a su paso una dañina estela de corrupción.

Los generales más consagrados de la guerra contra las drogas tienen su propio arsenal de argumentos para mantener el statu quo. Esgrimen los datos más recientes que muestran una caída mundial en el cultivo de coca -13 por ciento de 2007 a 2009- y en el consumo en Estados Unidos -de 10,5 millones de consumidores en los 80 a 5,3 en 2008-. El problema es que esas mejoras que se han visto sobre todo en los dos últimos años no garantizan que sean definitivas, pues también se ha visto en otros periodos una caída de los indicadores seguida de un alza.

Lo único que de verdad ha sido constante es la teoría de que el mercado de la droga es como un globo al que si se le aprieta por un lado se expande por el otro. Así como baja el consumo en Estados, Unidos crece en Europa. Así como baja el cultivo en Colombia 58 por ciento, crece de nuevo en Bolivia 110 por ciento, y en Perú, 38 por ciento. Las anfetaminas, con 30 millones de consumidores, tienden a superar a los usuarios de la coca. Y, según los expertos, solo falta que se logre diseñar una droga de laboratorio que sea compatible con el alcohol para que la coca pase a la historia.

Tras estos 40 años de sangre, sudor y lágrimas no solo está claro que la guerra se ha perdido, sino también que leyes severas en materia de drogas no producen automáticamente una reducción de su uso. Para la muestra están países como Estados Unidos y Gran Bretaña, que siendo los más estrictos en la prohibición, son también los que padecen más el consumo.

Huele a legalización

A pesar de todas esas evidencias, a la hora de tomar las decisiones políticas se produce un extraño efecto y a todos los presidentes en ejercicio les da miedo reconocer que el paradigma de la prohibición fracasó. El caso más dramático es el del propio Barack Obama, quien cuando hacía campaña para el Senado, en 2004, dijo que "la guerra contra las drogas es un fracaso completo", y ahora como Presidente ha tenido que mantener la caña de la prohibición. Sin embargo, con tacto, ha dado pasos. Primero, en mayo del año pasado, su zar antidrogas, Gil Kerlikowske, advirtió que el gobierno no iba a utilizar la expresión "Guerra contra las drogas" porque era "contraproducente". Y en octubre, el fiscal general, Eric Holder, anunció que no perseguirán la venta de marihuana en los estados donde esté permitido su uso medicinal.

Muchos, en ese momento, se preguntaron si eso significaba que la marihuana había sido legalizada por la puerta de atrás. Pero lo cierto es que se trata de un fenómeno que sin mayor escándalo está recorriendo el mundo. En Suramérica y Europa -con excepción de Suecia-, en la década que terminó, prácticamente todos los países despenalizaron, en mayor o menor grado el consumo. Ecuador, incluso, decidió indultar por Constitución a las llamadas 'mulas'. Y en Estados Unidos, a los 13 estados en los que se puede comprar legalmente la yerba se les van a sumar probablemente unos 15 más en el futuro cercano. Eso quiere decir que, en pocos años, más de la mitad de los estados de la Unión habrían legalizado la marihuana.

A esa corriente libertaria la ayuda el hecho de que en países como Holanda, donde la venta de cannabis es abierta, el consumo no es mayor que en países vecinos como Alemania y Bélgica, y es más bajo que en Inglaterra, Francia o España.

Pero hoy existe un elemento nuevo a favor del cambio, que la revista Fortune definió así: "Estamos sumidos en la peor situación económica desde la Gran Depresión, lo que hace que la perspectiva de recaudar impuestos por la venta de marihuana sea tan atractivo para los políticos contemporáneos como lo fueron los impuestos de la cerveza, el vino y el licor para el presidente Roosevelt cuando asumió el cargo en 1933, año en que la prohibición fue derogada". Que el tema se vaya a discutir en el foro de Davos no es solo una mera coincidencia. Ni tampoco es coincidencia que George Soros diga en su columna lo productivo que sería para su país legalizar la marihuana no solo por la cantidad de dinero que se ahorraría -13.500 millones de dólares que se gasta en reprimir el consumo, según un estudio de Harvard-, sino también por los impuestos que esta industria generaría -en el mundo mueve 106.000 millones de dólares según el último informe de la ONU-. En países como México podría convertirse en una multinacional que generaría cientos de miles de empleos y 20.000 millones de dólares en ventas.

Es decir, los gánsteres quedarían a un lado para darles paso a los empresarios legítimos y a las arcas del Estado. Sin duda, la legalización puede llevar a un aumento en el mercado de las drogas. Pero el problema dejaría de ser de mafias que amenazan a los gobiernos, para pasar a ser un asunto de educación y salud pública. En cambio, sobre lo que sí existe un amplio consenso es en que estar atrapado en el sistema de justicia penal hace más daño a los jóvenes que la marihuana en sí misma.
En la historia se ha cometido el error de insistir en guerras perdidas. Ese fue el caso de Vietnam, hace 30 años, o el de Afganistán e Irak en la actualidad. Ojalá no se prolongue indefinidamente ese error en la guerra contra las drogas.

Las columnas políticas hoy, viernes 14 de agosto de 2026

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