Calderón y Sicilia: el católico y el cristiano
Miguel Ángel Granados Chapa
Revista Proceso, 26 de junio de 2011
Ya se habían encontrado antes, a comienzos de mayo, poco antes de que Javier Sicilia encabezara la marcha de Cuernavaca a la Ciudad de México. Pero fue distinta su cita del 23 de junio. No fue un diálogo a solas, y ni siquiera Sicilia fue el principal interlocutor, pero Calderón actuó frente a él como si lo fuera. Para evitarlo, el poeta en receso pidió que estuvieran presentes víctimas y deudos de los abusos del Estado, los que se generan al fragor de la guerra contra el narcotráfico y los producidos por la abulia de las autoridades, por su corrupción, por sus temores, por sus complicidades. Y allí estaban, interpelando al que juzgan, a tono con la tradición presidencialista de nuestro país, el principal responsable de sus males. Si conocen la existencia de las jurisdicciones y de los fueros, de los niveles de gobierno y de los ámbitos de competencia, no les importan. Hay en su mentalidad, como en la de millones de mexicanos, una sola presencia a la que se debe pedir cuentas o ayuda, o apoyo: el presidente de la República.