Trump y Lula en la Casa Blanca: estén atentos y oren/Carlos Malamud, es investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de Historia de América en la UNED. Su último libro es Golpe militar y dictadura en Argentina (1976-1983) (Catarata, 2026)
El Mundo, Sábado, 23 mayo 2026 - 23:36
La cita bíblica «Estén atentos y oren», también conocida como «velad y orad» (Mateo 26:41), fue pronunciado por alguien próximo a Luiz Inácio Lula da Silva después de su larga entrevista (cerca de tres horas) con Donald Trump en la Casa Blanca. De allí salieron algunas fotos muy expresivas que muestran a dos venerables ancianos (Lula 80 años y Trump 79) sonrientes y con un buen lenguaje corporal. Como dijo Charles Dudley Warner, en una frase posteriormente popularizada por Winston Churchill, «la política hace extraños compañeros de cama», algo que dichas fotos parecerían corroborar plenamente.
El resultado de la cita, a tenor de las pobres expectativas de partida, permitió a la delegación brasileña concluir la reunión con una sensación que iba de la satisfacción a la euforia. Pese a ello se mantuvieron prudentes y no echaron las campanas al vuelo. La mención al Nuevo Testamento («estén atentos y oren») es consecuencia directa de la tensa relación de los últimos tiempos entre los presidentes de las dos mayores potencias económicas del Hemisferio Occidental, otrora aliados cercanos, como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial. Y si bien algo había comenzado a cambiar durante un encuentro fugaz en la última Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el carácter atrabiliario de Trump no permite ser demasiado asertivo sobre el futuro común.
Entonces Trump se refirió de forma elogiosa hacia Lula: «Yo estaba entrando [en el plenario] y [Lula] estaba saliendo. Parece un hombre muy agradable, yo le gusté, él me gustó y nos abrazamos. A mí me gusta hacer negocios con personas que me gustan. Tuvimos unos 39 segundos de excelente química». Estas palabras, unidas al encuentro en Washington, descolocaron bastante a la extrema derecha brasileña, algo especialmente relevante de cara a las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre y algo que Lula va a explotar hasta donde pueda.
De aspirar a una nueva reelección debería enfrentarse a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, en una contienda que las encuestas daban bastante igualada. Sin embargo, tras el apretón de manos en la Casa Blanca y la difusión de una grabación que revela una conversación comprometedora de Flávio Bolsonaro con el banquero Daniel Vorcaro, implicado en un delicado caso de corrupción que afecta a buena parte de la clase política, una última medición amplía la distancia a siete puntos en favor del presidente.
De acuerdo con la lógica trumpeana, la política internacional se centraría en hacer buenos negocios. De ahí que el acercamiento prosiguiera en octubre en una reunión bilateral en Malasia, uno de cuyos resultados fue retirar el arancel de 50% a algunos productos brasileños. Sin embargo, fue en Washington donde las cosas parecieron encarrilarse definitivamente, pese al muy complicado punto de inicio. Uno de los focos del conflicto durante su primer mandato giraba en torno a la relación de Trump con Jair Bolsonaro y al apoyo recibido durante la campaña electoral de 2022, en pos de la reelección. A esto se sumó la protesta airada de la Casa Blanca después de que el Supremo Tribunal Federal condenara al expresidente por su participación en el intento de golpe de Estado para evitar el regreso de Lula al poder.
Lula tiene todo esto muy claro. Por eso recordó que Trump «interfirió en las elecciones de 2022 y perdió porque yo gané», aunque ahora cree «que se comportará como el presidente de EEUU, dejando que el pueblo brasileño decida su propio destino», para concluir diciendo que entre los dos hubo «un amor a primera vista». Gracias a ello y a la ausencia en este encuentro del secretario de Estado Marco Rubio fue posible alcanzar acuerdos sustantivos que satisficieron a ambas partes, a tal punto que las dos se comprometieron a mantener reuniones técnicas en las próximas semanas.
En esta ocasión la agenda se centró en comercio y aranceles, acceso a las tierras raras (Brasil tiene los segundos mayores yacimientos mundiales solo por detrás de China), seguridad y narcotráfico y otros temas de la agenda internacional, como Cuba (Trump le aclaró que «no tiene intención de invadir»). Desde la perspectiva brasileña la aplicación del corolario Trump Monroe fue una pésima noticia, como se ve en la intención de la Casa Blanca de declarar a los dos grandes carteles de la droga brasileños, el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho, organizaciones terroristas extranjeras, lo que Lula rechaza. Y no porque no estuviera decidido a enfrentarlas abiertamente, como parece ser el caso, sino porque piensa en un elevado riesgo de injerencia y vulneración de soberanía si abre la puerta a un mayor protagonismo de la DEA y otras agencias estadounidenses en su territorio.
En lo que va de siglo China se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil. Si bien sus exportaciones de soja y otros productos primarios son el origen de un sólido superávit comercial, esto fue posible gracias a una intensa desindustrialización (o reprimarización), lo que puede comprometer su futuro desarrollo. Por eso, y aunque EEUU no reemplazará ni el en el medio ni el largo plazo al mercado chino, al ser los dos países americanos competidores en muchos rubros, Brasil necesita reforzar sus lazos con EEUU para no convertirse en excesivamente dependiente de China, si bien ambos son socios fundadores de los BRICS.
Las aspiraciones brasileñas de ser un actor internacional relevante hacen que más allá de su excelente relación con Pekín, su activa y eficiente diplomacia tenga que volver a mirar, con renovada atención, hacia Washington y Bruselas. Por su parte, EEUU, en su intento de reducir la presencia y el protagonismo chino en América Latina necesita un mayor acercamiento a Brasil y México, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas que mantiene con ambos gobiernos.
Lo que queda claro del encuentro mantenido por estos dos venerables líderes es que en el mundo actual, donde destacan las dos grandes súper potencias (China y EEUU), las cosas no son tan sencillas ni las alianzas tan duraderas. Ya no existe, como durante la Guerra Fría, un Telón de Acero que separaba claramente las áreas de influencia de la Unión Soviética y los EEUU. Por eso, en estos momentos, junto a las coincidencias político ideológicas o al despliegue de fuerza que hacen algunos, la diplomacia es más necesaria que nunca, como muestra la experiencia brasileña y su llamado a estar atentos y a orar si fuera necesario.
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