29 jun 2026

Javier Aguirre

Javier Aguirre

TOLVANERA / Roberto Zamarripa 

REFORMA, 29 junio 2026;

"La frialdad del experimentado técnico es el entendimiento y la sabiduría a la que todos pretendemos o aspiramos algún día llegar a tener", escribió en "Un libro para competidores", Alberto Guerra, ex entrenador del Guadalajara al que hizo campeón en 1987.

Javier Aguirre (CDMX, 1958) ya es el técnico de la frialdad. Guerra fue su entrenador. Algo le abrevó.

Aguirre ha sido para el país, en tres tiempos, animador y provocador, inspirador y fracasado, cielo y tierra.

En 2002, en su primera dirección mundialista animó tanto como frustró. El país estaba en la flor de la transición. Vicente Fox era el primer Presidente de la alternancia y aunque para 2002 ya dejaba ver muchas de sus deficiencias, el bono no se le había agotado. Tras la eliminación en Corea, derrotado por EU, Aguirre se marchó a España a entrenar al Osasuna. Y fue desechable para el gobierno.

En 2010, ya con experiencia internacional, Aguirre compitió en el Mundial de Sudáfrica con un sonado triunfo ante Francia y una dolorosa derrota ante Argentina que echó a México del Mundial. Lo consintió el presidente Calderón. Después Javier Aguirre volvió a marchar.

Aguirre como jugador fue aguerrido y cuestionador. Campeón con el América (1984) salió de ahí en parte por su filón cuestionador en el vestidor. Pasó al Atlante y empezó a escribir artículos en el semanario Punto, dirigido por Benjamín Wong.

Se retira en 1993 siendo jugador de las Chivas. Lideraba la asociación de futbolistas para defender sus derechos laborales. Era, desde entonces, un líder nato.

Por esa característica Miguel Mejía Barón lo nombró auxiliar técnico de la selección en el Mundial de 1994 en EU. Luego, tras entrenar al Atlante, se fue a España, retornó a México e hizo campeón al Pachuca y en 2002 guió a la selección en el Mundial de Corea-Japón.

El 17 de marzo de 1999, siendo técnico del Pachuca, organizó un partido en las canchas de la Magdalena Mixhuca en la CDMX, de ex futbolistas profesionales contra militantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que rompía la habitual distancia de los futbolistas de temas políticos, sobre todo de la oposición al régimen.

Aguirre era un hombre de izquierda. Lo pregonaba. Hijo de exiliados de la guerra civil española, antifranquistas, no ocultaba una actitud disidente.

Ha vivido fuera de México más de 20 años, salvo una estancia corta y malograda en Monterrey (2021-2022) donde fue agraviado. Tras la eliminación en una copa mundial de clubes de los Rayados de Monterrey, equipo que dirigía, aficionados del equipo colocaron hieleras con figuras del rostro de Aguirre ensangrentadas, al estilo de las advertencias del narco, en abierto desprecio.

Entre 2002 y 2021 estuvo en cuatro países con tres selecciones nacionales y cinco equipos españoles de primera división. Ningún mexicano lo ha hecho. Ahora en 2026 ha logrado el mejor rendimiento en un Mundial con tres victorias y cero goles recibidos generando un fenómeno impresionante de alegría popular y consenso nacional. Y se comporta con mesura, no visceral ni atrabancado.

Probablemente en décadas, él le ha dado más a México de lo que ha recibido. Ahora cambió sus formas. Incluso se dedicó a lo que nunca hacía: la comercialización. Ofrece colchones y vende pastelitos sin recato alguno.

Dirige rodeado de un grupo de especialistas como los españoles Toni Amor, Xavi Calvo, el preparador físico Pol Llorente, y los bilbaínos Joseba Ituarte, entrenador de porteros, y Jon Moreno, personaje estratégico que se encarga de la estadística y la inteligencia deportiva. También está Rafael Márquez, estrella del Barcelona.

Tras la partida de Aguirre -la pantalla-, al concluir el Mundial, reaparecerán los conflictos que como él dice, no son su responsabilidad. Lo suyo es el futbol, no salvar al país.

Javier Aguirre merece un mínimo reconocimiento en el fin de su periplo. Aunque él tenga claro que en este país, lo ha usado y desechado el poder político, y lo han maltratado socialmente hasta la ignominia.

robertozamarripa2017@gmail.com

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