En el complejo tablero donde se cruzan la crueldad de la guerra y los tentáculos del crimen transnacional, la inteligencia rusa lanzó recientemente un dardo: acusó a Ucrania de tejer alianzas con los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación para inundar Europa de drogas y reclutar mercenarios. Sin embargo, al rasgar el velo de esta narrativa, la acusación se desmorona por completo.
Hoy, en las páginas de Milenio, una nota enviada desde Roma por el periodista Diego Enrique Osorno - con apoyo de Angel Hernández-, arroja luz sobre este laberinto. Osorno documenta cómo voces que conocen de cerca las entrañas de las mafias —como el fiscal antimafia italiano Nicola Gratteri y el investigador Antonio Nicaso—, junto con agencias europeas y plataformas de verificación, coinciden en una realidad innegable: no existe ni una sola prueba judicial o investigativa que sostenga esta conexión. En paralelo, la embajada ucraniana en México desmintió el relato, calificándolo de mera propaganda bélica; una cortina de humo diseñada para ocultar cómo las redes transnacionales rusas sí proveen armamento de alto poder a los cárteles mexicanos.
Es cierto que el dolor y el caos de la guerra abren zonas grises. Los expertos reconocen que los grupos criminales, siempre al acecho, observan el conflicto en Ucrania para aprender nuevas tácticas bélicas. Ahí está el ejemplo del uso de aparatos voladores con explosivos, táctica perfeccionada por los llamados "droneros". Pero este macabro aprendizaje a distancia nace del oportunismo de los cárteles, no de un pacto de Estado con Kiev. Al final del día, la droga sigue fluyendo hacia Europa por las rutas habituales, movida por la codicia de siempre y muy lejos de la conspiración que Moscú intenta dibujar..
##
Nada prueba la acusación rusa del nexo narco mexicano-Kiev
Nota de Diego Enrique Osorno en Milenio.. Roma / 02.07.2026
Como protagonistas de primer plano en la producción y distribución internacional de drogas, las organizaciones criminales mexicanas, en particular los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, son desde hace tiempo actores dominantes en el narcotráfico en Europa a través de alianzas estratégicas con mafias locales, como la Ndrangheta italiana o grupos del Este.
Sin embargo, aunque el Servicio de inteligencia Exterior ruso acusó a Ucrania de mantener vínculos con los cárteles mexicanos para facilitar el tráfico de sustancias estupefacientes en el Viejo Continente, no existen evidencias que avalen esa denuncia, según expertos y organizaciones especializadas en el fact-checking o verificación de hechos.
“En este momento no hay evidencias investigativas consolidadas, ni de parte de las principales agencias europeas, ni de organismos internacionales como Europol (Oficina Europea de Policía) o Unodc (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), que confirmen la existencia de una colaboración estructurada entre las autoridades o aparatos ucranianos y los cárteles mexicanos”, dijo a MILENIO el experto Antonio Nicaso.
Profesor de Historia Social de la Criminalidad Organizada en la Universidad de Queen (Canadá) y uno de los principales expertos sobre la Ndrangheta, Nicaso resaltó que las acusaciones rusas deben ser evaluadas con “mucha prudencia”, pues “en contextos de guerra la información es a menudo parte integrante del conflicto y puede ser utilizada también como instrumento de propaganda”.
También el fiscal de Nápoles, Nicola Gratteri, quien ha encabezado operativos que han desmantelado redes de colaboración entre mafias italianas y cárteles mexicanos (como la operación Solare, que en 2008 desbarató una alianza entre el cártel del Golfo y la Ndrangheta), confirmó a MILENIO no tener ninguna información que avale la denuncia del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia.
En un comunicado del pasado 29 de junio ese organismo acusó a Ucrania de mantener vínculos con cárteles mexicanos y otros grupos criminales latinoamericanos para favorecer tanto el ingreso de droga en Europa, como la llegada de mercenarios que combaten en sus filas en el conflicto contra Moscú.
Organizaciones especializadas en el fact-checking o verificación de hechos, como EUvsDisinfo (integrada por expertos que forman parte del servicio diplomático de la Unión Europea) o Snopes (un sitio web dedicado en combatir la desinformación), dijeron en sus respectivas páginas digitales que no ha sido presentada ninguna prueba creíble a favor de las afirmaciones rusas, ni han sido encontrados indicios de operaciones a larga escala de esas denuncias.
También la embajada de Ucrania en México desmintió en un comunicado al Servicio de Inteligencia ruso y condenó lo que calificó como “la más reciente campaña de desinformación propagada por el gobierno de la Federación Rusa”.
“Incapaces de responder con argumentos sólidos y verdades verificables ante las investigaciones periodísticas imparciales, como la reciente y rigurosa cobertura de la prensa mexicana que expone cómo la propia red transnacional rusa opera para proveer de armas de alto poder a organizaciones criminales en Jalisco y Sinaloa, las autoridades del Kremlin optan por fabricar cualquier narrativa fantástica, divorciada por completo de la realidad”, señala la representación diplomática de Ucrania.
Zonas de entrenamiento
“Ello no significa que el conflicto no haya creado nuevas vulnerabilidades. Toda guerra produce zonas grises, debilita los controles y genera oportunidades que pueden ser explotadas por grupos criminales transnacionales”, explicó Nicaso.
Dijo que es posible que individuos, redes oportunistas o intermediarios hayan buscado aprovechar la inestabilidad creada por el conflicto en Ucrania. “Sin embargo, entre episodios aislados y la existencia de una cooperación sistemática existe una diferencia sustancial y hasta el momento no hay pruebas judiciales que avalen la denuncia rusa”.
El especialista recordó que el conflicto ucraniano ha atraído combatientes, voluntarios e individuos provenientes de contextos muy diversos y que algunas fuentes investigativas han confirmado que personas cercanas a ambientes criminales han buscado adquirir experiencia operativa en ese teatro de guerra, en particular en el uso de drones en escenarios bélicos.
“También en este caso, no se trata de elementos que demuestren una colaboración entre el Estado ucraniano y los cárteles de la droga, sino la confirmación de que las organizaciones criminales transnacionales observan con mucha atención las innovaciones tecnológicas desarrolladas en los conflictos contemporáneos”, añadió.
En América Latina, recordó el experto, numerosos cárteles disponen ya de unidades especializadas, los llamados droneros, encargados de utilizar esos aparatos voladores para el transporte de estupefacientes, el monitoreo de las actividades de las fuerzas del orden, la vigilancia de territorios en disputa y, cada vez más a menudo, con finalidades ofensivas.
Subrayó que en México algunos grupos criminales han transformado los drones en verdaderas plataformas de ataque, equipándolos con explosivos de construcción artesanal.
Nicaso y Gratteri son coautores de diversos libros sobre el fenómeno de la criminalidad organizada transnacional. En uno de sus últimos títulos, Cartelli di sangue (Cárteles de sangre), señalan que la droga producida en América Latina inunda las principales plazas de venta en Europa y entra principalmente por los puertos de Amberes (Bélgica), Rotterdam (Países bajos), Gioia Tauro (Italia) y Algeciras (España).
Según los expertos, los cárteles mexicanos miran con atención a Europa ya no solo para la exportación de estupefacientes, sino también con el objetivo de construir en su suelo laboratorios de drogas sintéticas, aunque se mueven con cautela para “no pisar los pies” de organizaciones criminales locales.
Con información de: Ángel Hernández
No hay comentarios.:
Publicar un comentario