2 jul 2026

“¡Nadaremos!”, el grito que causó una tragedia mortal en el Ángel de la Independencia

“¡Nadaremos!”, el grito que causó una tragedia mortal en el Ángel de la Independencia

Durante el festejo masivo por la victoria de México en el Mundial, con más de un millón de personas, testigos relatan que el caos inició cuando la multitud comenzó a empujar por una broma viral

Carlos Carabaña

El País, México - 01 JUL 2026 

Son las 11 de la mañana y la esquina de Lancaster con Paseo de la Reforma, a 50 metros del Ángel de la Independencia, está acordonada. Un hombre de unos 30 años habla con varios policías y personal de la ciudad. Pone una mano plana y, sobre ella, apoya el índice y anular de la otra, emulando un movimiento bípedo. A los segundos, colapsa su imitación de un ser humano y señala al lugar donde murieron asfixiados un hombre de 44 años y una mujer de 19. De acuerdo a lo que han contado varios testigos presenciales, en esta intersección, frisando las 11 de la noche del martes, la turba gritó “¡nadaremos, nadaremos!“, y hubo una avalancha humana. A unos pocos cientos de metros, otra mujer, ésta de 48 años, fue encontrada inconsciente y a las horas murió también por asfixia. Según ha trascendido, se llamaban Leonardo Ruiz, Iraís Robles y Emily. De una cuarta víctima, un hombre que fue ingresado en el hospital con una crisis epiléptica, no se sabe el nombre. Son el saldo rojo de una celebración que agrupó más de un millón de personas en Reforma y alrededores tras el pase de México a octavos del Mundial 2026.

Dos comerciantes que se encontraban ahí cuando ocurrió la estampida han narrado en televisión lo que vinieron. “La gente se aglomeró y al momento en que dijeron la palabra de ‘nadaremos’, empezó a empujarse muy feo, sin motivo alguno”, dice Gabriela, que habla de un efecto dominó, de madres luchando por sacar a sus hijos del caos. Algo similar describe Jesús Góngora, que gestiona unos baños portátiles. “Fue muy horrible, la gente es muy necia, gritaron todos ‘¡Nadaremos!’ y fue cuando se dejaron ir”. De acuerdo a su testimonio, los golpes y el aplastamiento duraron más de media hora.

“¡Nadaremos, nadaremos!” es una cita de la película Buscando a Nemo, que se oye en vídeos virales de aglomeraciones en Ciudad de México, ya sea en el metro o un concierto, como una suerte de chiste para espolear el avance. En este caso, parece que la broma dio paso a la anarquía. La Silla Rota ha publicado un audio de una de las personas atrapadas, que mandó a su familia para despedirse. “Los amo, papá, esto está muy feo, los amo, papá”, se escucha. Finalmente salió ileso. Según comunicó la Cruz Roja, en la zona del Ángel de la Independencia hubo cuatro traslados a hospitales y más de 600 atenciones prehospitalarias.

Desde temprano, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, y el jefe de la policía, Pablo Vásquez, han lamentado las muertes y anunciado el inicio de una carpeta de investigación, con la idea es averiguar qué falló en sus previsiones de contención, unos planes que se han visto sobrepasados por el entusiasmo de la hinchada mexicana y el sueño del “¿y si sí?”.

Tras la primera victoria ante Sudáfrica el 11 de junio, se calculó que unos 150.000 aficionados se reunieron en el Ángel, sin que las autoridades lo hubieran previsto ni planeado. Para el partido contra Corea del Sur, una semana después, se habló de más de 400.000 personas, de nuevo sin una supervisión gubernamental. Ya entrada esa noche, hubo riñas entre aficionados y destrozos en las jardineras y el mobiliario urbano.

Esto llevó a que el gobierno de la capital, previendo una celebración similar para el tercer encuentro, instalase 18 pantallas gigantes en el primer cuadro de la ciudad, combinadas con un decreto infructuoso de prohibición del consumo de alcohol en la enorme zona de celebración. Ese día acudieron 800.000 entusiastas, acompañados de una lluvia torrencial. Este martes, según cifras oficiales, se superó el millón, y aunque se pusieron las mismas medidas de seguridad, estas se vieron terriblemente rebasadas por una marea pertrechada con una mezcla de banderas tricolor, trompetas, latas de cerveza y demasiada actitud.

En paralelo al aumento de los aficionados en cada celebración, también es mayor la alfombra de suciedad y los olores a orín entre los que amanece el Paseo de Reforma. Luis Cortés, jardinero que le ha tocado este martes hacer de limpiador, llegó a las 7 de la madrugada. Lleva trabajando ya más ocho horas y no sabe cuándo se irá a casa. “A mi me han tocado limpiar las jardineras, y hemos levantado latas y envases, e incluso toallas sanitarias y hasta heces de humano”, cuenta.

Es el primer día que tiene que venir a recoger el desmadre. “La neta, no me gustaría que me volviera a tocar trabajar aquí, la gente es muy sucia”, dice mientras se toma un descansito. Las órdenes que tienen ahora es no sustituir las plantas destrozadas durante la celebración. Tiene sentido. El domingo la selección de México tiene otra cita en el Estadio Azteca, y si el “¿y si sí?” se cumple, quién sabe cuánta gente puede intentar caber en el Ángel.


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