7 feb 2009

Javier Sicilia

Felicidades a Javier Sicilia por el premio poesía Aguscalientes 2009!
El Premio se le ha entregado a scritores como Juan Bañuelos, José Emilio Pacheco, Eduardo Lizalde, Coral Bracho, Francisco Hernández, Antonio Deltoro, Ernesto Lumbreras, Hugo Gutiérrez Vega y Héctor Carreto, entre muchos otros.
Javier Sicilia (DF, 1956) es además de poeta y escritor un hombre católico muy particular. Tuvo influencia por supuesto de su señor padre, de los Misioneros del Espíritu Santo, de los jesuitas, y hasta de algunos diocesanos, como Samuel Ruiz.
Pero mejor recomiendo la bitácora de María Antonieta Mendivil. Ella expresa muy bien quien es el premiado en htttp://palabrerio.blogspot.com
Aprovecho para compartir este texto de Sicilia escrito justo hace siete años.
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López Dóriga, Norberto Rivera Y El Caso Schulenburg /Javier Sicilia
Publicado en la revista Proceso (
www.proceso.com.mx) #1319, 11 de febrero de 2002;
Recientemente, a raíz de una carta privada que Guillermo Schulenburg y otros prelados enviaron al Papa para pedir que no canonizaran a Juan Diego y que, contra todo sentido de la ética, Andrea Tornelli publicó en el periódico italiano Il Giornale, una terrible campaña de linchamiento —más terrible aún que la de 1996— volvió a desatarse sobre el que fue el último abad de la Basílica de Guadalupe.
En 1996, guardé silencio. La imbecilidad, el amarillismo periodístico y la política antievangélica de algunos sectores de la Iglesia me provocan asco. Hoy habría querido hacer lo mismo, si recientemente el noticiario de Joaquín López Dóriga, al rememorar la entrevista que en 1995 el pintor Ricardo Newman y yo hicimos a monseñor Schulenburg (Ixtus No. 15, invierno, 1995) —entrevista que, retomada por Andrea Tornelli en 30 Giorni ocasionó el primer linchamiento al entonces abad de la Basílica—, no hubiera pasado al aire ciertas declaraciones en voz de Schulenburg que López Dóriga dice ser las mismas de la entrevista que Newman y yo le hicimos.
Porque las cintas de esa entrevista están en mi poder y sólo existe de ellas una copia que tiene el cardenal Norberto Rivera, quien me dio su palabra de que no saldrían del arzobispado y de la Santa Sede, voy a contar aquí la historia de ese asunto y a exigirle a Joaquín López Dóriga y a Norberto Rivera que aclaren la cuestión de esas cintas que comprometen no sólo la honestidad y la credibilidad de ambos, sino la integridad de las políticas editoriales de Ixtus que son ajenas al escándalo, al amarillismo y a la imbecilidad de nuestra época.
En 1995, el pintor Ricardo Newman —entonces subdirector de la revista Ixtus— y yo entrevistamos a Guillermo Schulenburg. Su entrevista, junto con otras seis que hicimos a otros especialistas para conmemorar el misterio de Guadalupe (Alberto Athie, Mario Rojas, Donjad Hssler, Rafael Landerreche, Rodrigo Franyutti e Ignacio Solares), apareció, como he dicho, en el número 15 de la mencionada revista bajo el título de El Milagro Guadalupano. La revista tiraba entonces 300 ejemplares que circulaban entre sus suscriptores. Las declaraciones de Schulenburg pasaron entonces desapercibidas.
Casi un año después (1996), utilizando los fragmentos más polémicos de aquella entrevista, Andrea Tornelli (el mismo que divulgó la carta privada que ocasionó el escándalo) publicó un reportaje que desató una terrible indignación en Roma y una campaña de linchamiento en México que concluyó con la renuncia de Schulenburg a la Abadía de Guadalupe y con el nombramiento de un rector. La época de los abades del Tepeyac había terminado.
¿Quién hizo llegar a Tornelli esa entrevista que nadie había atendido un año antes? ¿Cuál era el objeto si Juan Diego estaba ya beatificado? ¿Por qué buscar escandalizar la fe del pueblo?
Alguien —no diré su nombre, un muy alto funcionario de la Iglesia, involucrado en el problema— me dijo: fue Norberto y algunos sectores interesados en apropiarse no sólo de la economía de la abadía —por cierto, horriblemente utilizada por el propio Schulenburg—, sino del control de la abadía y del propio capital simbólico de Juan Diego.
En ese momento, cuando la tormenta estaba en su punto más álgido, otro alto funcionario, esta vez de Televisa, por el lado de la revista Época —tampoco diré su nombre—, me pidió que le vendiera las cintas. Le dije que no, que Schulenburg nos había dado esa entrevista para un medio impreso y que no utilizaríamos su voz ni mucho menos la entregaríamos a los medios, a menos que Schulenburg —cosa que nunca hizo— dijera que nuestra transcripción estaba falseada.
Vamos a hacer esto —me respondió—: te mando un cheque en blanco y le pones los ceros que quieras. Le respondí: Ni Televisa ni todas sus empresas juntas tienen el suficiente dinero para comprarlas. Simplemente te digo que no se venden.
Por ese entonces, López Dóriga —que tenía entonces un noticiario en la radio— comenzó a sacar ciertas declaraciones que Schulenburg hizo a los medios, haciéndolas pasar como las declaraciones de la entrevista que Newman y yo habíamos hecho. Llamé a un asistente de López Dóriga y le dije: Dígale al licenciado que deje de decir que las declaraciones que está pasando al aire con la voz de Schulenburg son las declaraciones que el propio Schulenburg hizo a la revista Ixtus. Las cintas están en nuestros archivos. Si continúa mintiendo vamos a demandarlo. Dejó de hacerlo.
El asunto no paró ahí. El 1 de junio de 1996 —con carta solicitud del 31 de mayo de 1996—, el cardenal Rivera nos citó a Ricardo Newman, a Tomás Reynoso (entonces director de la editorial JUS, que nos apoyaba en la publicación de Ixtus, y miembro de nuestro Consejo Administrativo) y a mí en la casa del arzobispado. El objetivo era que firmáramos una carta en la que declararíamos que la entrevista al Señor Abad de Guadalupe Mons. Guillermo Schulenburg Prado, se realizó con motivo de un número especial de la revista Ixtus (...) Que la entrevista fue grabada y fielmente reproducida en el No. 15 de la revista Ixtus y que dicha información no está manipulada. Que lo único que les mueve a dar este testimonio es su preocupación porque este asunto quede plenamente documentado y ayude a evitar confusiones y daños a nuestra Santa Madre Iglesia.
Después de una ríspida charla en la que Newman y yo le reprochamos la política antievangélica con la que se habían conducido en este asunto, firmamos. El cardenal Rivera, como lo había pedido en su carta de solicitud del 31 de mayo, insistió en que le entregara copia de las cintas. ¿Para qué las quiere?, le pregunté. Para tener una documentación en el Arzobispado y en la Santa Sede de la verdad, respondió. Dudé. Sin embargo, y en contra de Newman —que sabiamente no quería que la entregáramos—, lo hice (mi razón fue mi adhesión como católico a la investidura, no a la persona, de uno de mis altos prelados). Voy a dársela —le respondí— porque no quiero ser un mal hijo de la Iglesia, pero con una condición: Deme aquí, delante de testigos, su palabra de que esas cintas no saldrán ni del Arzobispado ni de la Santa Sede y que no se hará de ella un mal uso en los medios. Me lo prometió.
Con la salida de Schulenburg de la Abadía, el asunto volvió al silencio. Sin embargo, en vísperas de la próxima canonización de Juan Diego, resurgió con mayor virulencia. La manera en que se ha desarrollado tiene la misma mecánica. De la misma forma que en 1996 alguien hizo llegar a Tornelli la entrevista de la revista Ixtus para que publicitara las declaraciones de Schulenburg, hoy le hicieron llegar la carta privada que el mismo Schulenburg y otros prelados dirigieron al Papa pidiéndole no canonizar a Juan Diego. Los fragmentos que reprodujo Tornelli en 1996 fueron usados a destiempo, cuando el Papa lo había beatificado; la carta privada que Tornelli hizo pública en 2002 fue publicada también a destiempo, cuando el Papa ya había dado su anuencia para la canonización.
¿Por qué entonces volver al escándalo? ¿Cuál es el nuevo motivo del segundo linchamiento a Schulenburg? ¿Por qué López Dóriga rememora la entrevista de Ixtus y pasa al aire las supuestas declaraciones que el exabad nos hizo a Newman y a mí? ¿Volvió a mentir o realmente tiene esas cintas en su poder?
Si mintió, como la primera vez lo hizo en la radio, engañando al público y utilizando falazmente un material que sólo pertenece a Ixtus, López Dóriga no sólo sería un pésimo periodista, indigno de ser informante del acontecer político de este país, sino un hombre despreciable.
Si, por el contrario, las declaraciones que de Schulenburg pasó al aire pertenecen a la entrevista que Ricardo Newman y yo le hicimos a Schulenburg en 1995, entonces el responsable es Norberto Rivera que, traicionando su palabra y nuestra fe en ella, se las entregó. Si es así, Norberto Rivera no sólo sería indigno de la investidura que porta, y su palabra y su condición de hombre no valdrían ya nada, sino que, además, tendríamos delante de nosotros la sospecha de una repugnante red mafiosa en la que Tornelli, Norberto Rivera, Sandoval Íñiguez (recordemos que Tornelli reprodujo en el mismo Il Giornale documentos internos de la Iglesia en torno al asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, documentos supuestamente recabados por el propio Sandoval Íñiguez), López Dóriga, Televisa y sectores de la Iglesia mexicana vinculados con los Legionarios de Cristo —quienes promueven la supuesta papalidad del Cardenal Rivera— estarían involucrados.
¿Para qué? Primero, tal vez para destruir la credibilidad de Schulenburg —que con toda seguridad, después de lo de 1996, estaría golpeando fuertemente a Norberto Rivera en los altos círculos del Vaticano—: si no es posible rebatir los argumentos de Schulenburg sobre la existencia de Juan Diego (la Iglesia debió de haber utilizado únicamente el argumento de la fe: creemos en la palabra de los indios, porque son, como lo fueron la prostituta Magdalena y los pescadores discípulos de Jesús en relación con la resurreción, susceptibles de credibilidad y no argumentos científicos y racionistas que no posee), entonces destruyamos la credibilidad de la persona Schulenburg.
Después, quizás, porque lo que para estos grupos está en juego no es la existencia de Juan Diego, sino la apropiación de lo que el indio representa para la Iglesia como para la sociedad, como lo dijo Bernardo Barranco, en un artículo recientemente publicado por El Financiero. Hay intereses comerciales y políticos en los medios por la representación simbólica de Juan Diego (recordemos el uso comercial que se hizo de la Virgen en la última visita de Juan Pablo a México y que pareció casi una simonía moderna): para unos continúa siendo el indio postergado, el pasivo y taciturno indígena de algún programa asistencial o gubernamental; aquel que nace excluido y que nunca dice no y siempre hablará en diminutivo. En esta perspectiva paternalista, el indígena siempre es manipulable (sea por Samuel Ruiz o por Marcos) y testimonia que el país necesita, más que un cambio de estructura, cambios en el corazón de cada mexicano al estilo Teletón... es decir, al estilo de la peor degradación de lo cristiano.
Sea lo que sea, Joaquín López Dóriga y Norberto Rivera están en entredicho y desde aquí les exijo que deslinden sus responsabilidades en relación con esas cintas para que eviten mayores confusiones y daños a la Iglesia y al país. De lo contrario, habrán perdido para siempre no sólo la credibilidad, sino la verdad y la paz de su conciencia.
Además, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos y evitar que Costco se instale en el Casino de la Selva.

A veces es mejor no hablar: Lombardi


Tras las polémicas surgidas con el levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos lefebvristas, en particular, por la negación de uno de ellos del Holocausto, el portavoz vaticano reconoce que se dan problemas de comunicación en la Santa Sede.
Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha concedido una entrevista al diario francés La Croix, publicada este viernes, en la que ofrece elementos que ayudan para comprender lo sucedido.
Allí aclara que el decreto vaticano, con el que Benedicto XVI levantó las excomuniones de los obispos "fue negociado a última hora" y "algunos puntos no quedaban claros".
"No significaba el final de un proceso, sino una etapa, por tanto, no daba un resultado claro. Sin embargo, el comunicado que acompañó su publicación dejaba demasiados aspectos en la duda, dando pie a diferentes interpretaciones".
"Además, como se trata de una negociación con otra parte, el documento ya se encontraba en algunas páginas web y periódicos. De nosotros nos dependía el control de esta comunicación", aclara.
De todas maneras, el portavoz reconoce que "para la Iglesia, el problema de la comunicación no es fácil".
"¿Hay que decirlo todo e inmediatamente? -se pregunta-.
-A veces es mejor no hablar. Una comunicación muy abierta, sobre todo sobre un proceso de negociación tan complejo, puede en ocasiones bloquear o desacreditar", reconoce.
"Pero en este caso preciso, lo que ha causado más daño es la concomitancia entre la cuestión de la excomunión y la difusión de las posiciones negacionistas -e injustificables- de monseñor Williamson".
"Honestamente -aclara Lombardi-, el punto delicado está en saber quién conocía las opiniones de este hombre. Cuando se le propone al Papa levantar la excomunión de cuatro obispos, no se trata de un gran número, como si fueran 150".
"Sin duda las personas que han gestionado esta cuestión no tenían conciencia de la gravedad de las posiciones de monseñor Williamson. Y es verdad que las negociaciones fueron llevadas con monseñor [Bernard] Fellay", superior general de la Fraternidad de San Pío X.
"Pero las posiciones de otros obispos no fueron tomadas suficientemente en cuenta. Lo que es seguro es que el Papa lo ignoraba".
Por lo que se refiere al trabajo que han hecho los medios de comunicación al informar sobre este caso el portavoz considera "que no han sido ni más buenos ni más malos que en otras ocasiones. Reflejan nuestro mundo".
"Seamos lúcidos -exhorta-: hay corrientes que se oponen a la Iglesia, que la consideran como 'liberticida', etc. El mensaje de la Iglesia con frecuencia va contra la corriente del pensamiento de la mayoría, del que los medios son por naturaleza portavoces. Pero las reacciones también pueden ser positivas".
"Lo pudimos ver con la muerte de Juan Pablo II. Basta recordar los viajes de Benedicto XVI a Estados Unidos, Australia, y Francia, donde, sin embargo, al inicio, no se había ganado ni mucho menos a la opinión pública, y que han mostrado cómo el mensaje también podía se retransmitido a través de los medios de comunicación".
Por lo que se refiere a la dificultad que se da entre los católicos para comprender algunas decisiones del Vaticano, el padre Lombardi explica que esto se debe a la naturaleza misma de algunos documentos.
"Algunos documentos están destinados a los especialistas en derecho canónico, otros a los teólogos, otros al conjunto de los católicos, otros a todos los hombres -explica-. Pero hoy día, independientemente de cual sea la naturaleza del documento, se encuentra en la plaza pública. Y esto llega a ser algo difícil de gestionar".
En el caso de la revocación de las excomuniones, el padre Lombardi reconoce que ha faltado tiempo tras las negociaciones para poder prevenir y explicar a los obispos en el mundo, pero aclara que esto normalmente no es así.
"En ocasiones, el documento ya se encuentra en las manos de los obispos locales incluso antes de que nosotros lo tengamos", revela.
"Creo que todavía falta crear una cultura de la comunicación en el seno de la Curia, en la que cada dicasterio comunica de manera autónoma, no piensa necesariamente a pasar por la Sala de Prensa, ni a ofrecer una nota explicativa cuando la información es compleja".
"Si las explicaciones de la nota de la Secretaría de Estado del 4 de febrero se hubieran dado en el momento de la publicación del decreto, nos habríamos ahorrado varios días de pasión".
"Cuando se trata de temas 'calientes' es mejor preparar bien las explicaciones. Pero es imposible evitar todas las dificultades. Debemos estar dispuestos también a correr riesgos. Y no podemos pensar que es posible avanzar en un camino de reconciliación sin despejar las ambigüedades", concluye.
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P. Lombardi : « Nous n’avions pas en main la maîtrise de cette communication »Le porte-parole du pape, directeur de la salle de presse du Saint-Siège, revient sur la crise intégriste de ces derniers jours
Le P. Federico Lombardi, directeur de la salle de presse du Vatican, en octobre dernier, à Rome (De Meo/Ciric).
La Croix : Le décret levant l’excommunication des évêques intégristes a provoqué une grande émotion. Qu’est-ce qui vous a manqué pour mieux l’expliquer ?P. Lombardi : Le problème de ce décret, c’est qu’il a été négocié jusqu’au dernier moment et que certains points restaient confus. Il ne marquait pas l’aboutissement d’un processus, mais une étape, donc sans donner un résultat clair. Cependant, le communiqué l’accompagnant laissait trop d’aspects dans le doute, donnant lieu à diverses interprétations. De plus, comme il s’agit d’une négociation avec une autre partie, le document se trouvait déjà sur certains sites et journaux. Nous n’avions pas en main la maîtrise de cette communication.
N’y a-t-il pas eu insuffisance de communication ?Pour l’Église, le problème de la communication n’est pas simple. Faut-il dire tout et tout de suite ? Parfois, il vaut mieux ne pas parler. Une communication très ouverte, surtout concernant un processus de négociation aussi complexe, peut parfois le bloquer, ou le discréditer. Mais dans ce cas précis, ce qui a été le plus dommageable, c’est la concomitance entre la question de l’excommunication et la diffusion des positions négationnistes – et injustifiables – de Mgr Williamson.
Aurait-on pu l’éviter ?Honnêtement, le point délicat est de savoir qui connaissait les opinions de cet homme. Lorsqu’on propose au pape de lever l’excommunication de quatre évêques, il ne s’agit pas d’un nombre important, comme s’ils étaient 150. On les connaît, ces quatre évêques. Sans doute les personnes qui ont géré cette affaire n’avaient-elles pas conscience de la gravité des propos de Mgr Williamson. Il est vrai que les négociations ont été menées avec Mgr Fellay. Mais les positions des autres évêques n’ont pas été suffisamment prises en compte. Ce qui est sûr, c’est que le pape l’ignorait. S’il y en a un qui devait le savoir, c’est le cardinal Castrillon Hoyos.
Voyez-vous une évolution des médias, plus hostiles envers l’Église ?Les médias ne sont pas plus ou moins mauvais qu’autrefois. Ils reflètent notre monde. Soyons lucides : il existe des courants opposés à l’Église, qui la considèrent comme liberticide, etc. Le message de l’Église est aujourd’hui souvent à contre-courant de la pensée majoritaire, dont les médias sont naturellement les porte-parole. Mais les réactions peuvent aussi être positives. On l’a bien vu lors de la mort de Jean-Paul II. Et il faut se souvenir que les voyages de Benoît XVI aux États-Unis, en Australie et en France, où pourtant, au départ, l’opinion publique était loin d’être acquise, ont montré que son message pouvait aussi être bien retransmis par les médias.
Les catholiques eux-mêmes ont du mal à comprendre les décisions du Vatican. Pourquoi ?Certains documents sont destinés aux spécialistes du droit canonique, d’autres aux théologiens, d’autres à l’ensemble des catholiques et d’autres à tous les hommes. Mais aujourd’hui, quelle que soit la nature du document, il se retrouve directement sur la place publique. Cela devient difficile à gérer.
Dans cette crise, votre communication ne s’est-elle pas faite en lien avec les épiscopats locaux ?Lorsque l’on est prévenu à temps, on essaie de prendre des contacts. Parfois, le document est déjà entre les mains des évêques locaux, avant même que nous l’ayons. Je crois qu’une culture de la communication reste encore à créer au sein de la Curie, où chaque dicastère communique de manière autonome, ne pense pas forcément à passer par la Salle de presse, ni, lorsque l’information est complexe, à rédiger une note explicative.
Quelles leçons tirer de cette crise ?Si les explications de la note de la Secrétairerie d’État du 4 février avaient été données dès la publication du décret, nous nous serions épargné plusieurs journées de passion. Surtout lorsqu’il s’agit de sujets « brûlants », il est préférable de bien préparer ses explications. Mais il est impossible d’éviter toute difficulté. Nous devons aussi être prêts à courir des risques. Et on ne peut certainement pas penser progresser dans une voie de réconciliation sans lever les ambiguïtés.

Susan Sontag

"No hace falta que piense en la muerte de mi madre para pensar en la mía. Ya tengo mi propia experiencia (...) soy un superviviente, un veterano de las guerras del cáncer. Y algún día será mi turno...
Nací en Boston, fui a universidades de élite como la de Princeton, y no porque fuera brillante, sino por un privilegio de nacimiento. Ella (Susan Sontag), en cambio, venía de Tucson, Arizona, de una familia que vivía de su pequeño negocio, muy tradicional, con algún dinero, pero en absoluto cultivada. Tuvo que batallar mucho para poder salir de allí y por todo lo que después logró en la vida. Se lo merecía, se lo había ganado a pulso (...) Yo, en cambio, no tengo motivos para desafiar mi destino. No tuve que hacer nada para merecer lo que la vida me dio: David Rieff Sontag.
-¿Cómo ha influido su madre en su carrera como periodista y escritor?
-Ésa es una pregunta que tanto mis amigos como mis enemigos podrán contestar mejor. Pero le diré dos cosas: por un lado, ella fue para mí un modelo intelectual a seguir. Incluso cuando discrepaba de ella, y lo hacía muy a menudo porque era mucho más de izquierdas que yo, y también más optimista (probablemente ambas cosas van juntas), incluso con esas diferencias, era el ejemplo de lo que un intelectual debe ser. Por otra parte, desde que empecé a escribir, siempre he tenido muy claro que no debía hacer lo mismo que ella, que debía intentar mi propia vía..
Luces y sombras de Susan Sontag/Por Tomás Eloy Martínez, escritor y periodista argentino
Publicado en EL PAÍS (www.elpais.com), 6/02/09;
Susan Sontag dejó, al morir hace cuatro años, un caudal incontable de notas dispersas, ensayos inconclusos, anotaciones para un diario.
Su hijo, el periodista y editor David Rieff, dice que jamás recibió instrucciones sobre lo que debía hacer con esos textos. Aunque Sontag sufría un cáncer de la sangre que en general resiste a los tratamientos más avanzados, “siguió creyendo, hasta pocas semanas antes de su muerte, que iba a sobrevivir”.
Dos veces antes había afrontado otras formas de cáncer y había ganado la pelea. De la primera experiencia, a los 42 años, surgieron las ideas de La enfermedad y sus metáforas (1977), uno de sus grandes ensayos.
“Amaba vivir, y tanto su sed de experiencias como sus expectativas de escritora habían aumentado con el paso del tiempo”, escribió Rieff en un libro desolado, Un mar de muerte: recuerdos de un hijo. Allí cita un pasaje de los diarios juveniles de Sontag, que acaba de publicar en los Estados Unidos: “No puedo siquiera imaginar que un día dejaré de vivir”.
Esos diarios y una crónica de Rieff describen el comienzo y el final del personaje de Sontag, esa aristócrata de la contracultura, crítica y protagonista del star-system intelectual. Si en el ocaso se relatan los sufrimientos físicos a los que se sometió para seguir viviendo (un trasplante de médula sin esperanza, entre ellos), en el origen se cuenta el sufrimiento mental por el que pasó hasta descubrir que su vida estaba regida por el afán de conocer más, por saberlo todo.
“Quiero escribir, quiero vivir en una atmósfera intelectual”, anotó a comienzos de 1949, cuando tenía 15 años y estudiaba en Berkeley, poco antes de aceptar una beca en la Universidad de Chicago. “En cuanto llegue a Chicago voy a buscar la experiencia y no esperar que la experiencia venga a mí”.
En París, a fines de 1957, vislumbró lo que de veras quería y, como siempre, se trazó planes y mandatos que cumplía sin vacilar: “Uno debe ir a varios cafés: en promedio, cuatro por noche”. Esas andanzas le permitieron decidir que quería ser una escritora, no una académica.
El registro de los años de bohemia, desde sus 15 a sus 30, cubre la transformación de una adolescente apasionada por La montaña mágica y por Shakespeare en una intelectual compleja. Ante los ojos del lector renace, va inventándose a sí misma, tal como ella misma escribe y como el hijo eligió titular el primero de tres volúmenes de los diarios de Sontag: Reborn.
“Todo comienza ahora”, escribió a mediados de 1949. “He vuelto a nacer”. Se refería a la revelación de su identidad homosexual y a la fe en su pasión intelectual.
La última página de Reborn llega hasta el momento en que está por publicar su primer libro, la novela El benefactor (1963), tres años antes del ensayo que inauguró su fama, Contra la interpretación (1966).
En el medio se abre la cita del escritor francés François de La Rochefoucauld que acompañó muchas de sus reflexiones e inspiró el título de su último libro, Ante el dolor de los demás (2003): “Todos tenemos la fuerza suficiente para soportar el dolor de los demás”.
Su apetito por la vida desbordaba las exigencias cotidianas. Se desvelaba anotando listas de las cosas que necesitaba vivir o conocer. Palabras que alguna vez usaría, como el argot gay, o “noctámbulo”, “prolepsis”, “demótico”. Observaciones sobre sí misma: las cosas en las que creía (”Creo en la vida privada, en la música, en Shakespeare, en los edificios antiguos”), las que le disgustaban (las tareas como madre sola) y las que prefería evitar (”Hablar de dinero”). Una de sus listas enumera los seres que deben coexistir dentro de un escritor: “1) El loco, el obsesivo, 2) el idiota, 3) el estilista, 4) el crítico”.
“Libros por leer” y “Libros para comprar” son entradas que se repiten y van dando cuenta del paso del tiempo en la formación de Sontag: desde Henry James y Joseph Conrad a Saul Bellow y Philip Roth, del filósofo estadounidense John Dewey al filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein.
Sontag lanza afirmaciones con peligrosa seguridad: “La poesía debe ser exacta, intensa, concreta, significante, rítmica, formal, compleja”. A veces incurre en pobres lugares comunes: “Los amores perfectos son los ilícitos”.
Cada una de sus intervenciones, aun las menos lúcidas, confirman la imagen de intelectual irreverente que la marcó hasta el final y que le valió el escarnio de la opinión pública en su país cuando, al hablar de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, dijo que eran “una consecuencia natural de las alianzas y las acciones de los Estados Unidos”, y que de los atacantes se podía decir todo menos que fueran cobardes.
El matrimonio irrumpe por sorpresa en su vida. En los diarios menciona por primera vez al sociólogo Philip Rieff el 21 de noviembre de 1949. El 2 de diciembre registra su compromiso y el 3 de enero de 1950 anota: “Me caso con Philip con plena conciencia y con miedo a mi vocación por la autodestrucción”.
Estaba por cumplir 17 años. El
resto de sus notas sobre el matrimonio serían diatribas contra la institución y detalles sórdidos de peleas.
La edición del diario desborda de anécdotas sobre la homosexualidad de Sontag, quien compartió los últimos años de su vida con la fotógrafa Annie Leibovitz. Aunque la escritora habló pródigamente de su intimidad, eludió el punto con extremo cuidado.
Desde la primera mención a sus “tendencias lésbicas” en 1948 hasta sus dolorosas relaciones con una mujer identificada como H. y con la dramaturga cubana Maria Irene Fornes, Reborn muestra la lucha de Sontag por aceptar su identidad sexual.
En abril de 1949 se esfuerza por acercarse a un hombre: “¡Lo intenté! ¡Yo quería reaccionar! Quería sentirme físicamente atraída por él y probar que, al menos, soy bisexual”. Un mes después anota, junto a esa frase: “¡Qué pensamiento estúpido, ‘al menos bisexual’!”.
H. la llevó por los bares de gays en San Francisco, de los que también hay una lista, y le reveló una noción que gana peso mientras avanzan las páginas: “Nada, nada me impide hacer cualquier cosa. Sólo yo me lo impido”.
En la selección de textos, Rieff se revela como un hijo indigno del talento enorme de su madre. Deja en pie los fragmentos que podrían saciar la curiosidad morbosa de los lectores y escamotea otros que supone aburridos pero que servirían para entender cómo se fueron conformando las visiones del mundo de Sontag.
Ella, sin embargo, veía el diario como un instrumento para entender cómo iba haciéndose a sí misma, cómo su yo se iba creando día tras día. Esa creación se extinguió el 28 de diciembre de 2004 en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York. Murió defendiéndose contra la muerte, tras un tenaz combate cuyo final inevitable no quería aceptar.
“Mi ambición o mi consuelo”, se lee en el diario, “ha sido entender la vida”.
La entendió con una lucidez de la que carece la mayoría de los seres humanos. Sólo ante el último paso de la vida se volvió ciega y se privó de una experiencia irrepetible, la más misteriosa de todas.

Nueva Consejería Jurídica

“Blindarán” contratos del Cisen
Nota de Jorge Ramos Pérez
Publicado en El Universal Sábado 07 de febrero de 2009
Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, busca blindar jurídicamente al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) en materia de contrataciones, licitaciones y adquisiciones, con la creación de una consejería jurídica que velará por estos asuntos
jorge.ramos@eluniversal.com.mx
Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, busca blindar jurídicamente al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) en materia de contrataciones, licitaciones y adquisiciones, con la creación de una consejería jurídica que velará por estos asuntos. La nueva oficina también podrá fungir como representante de la Secretaría de Gobernación y como coadyuvante de los ministerios públicos federales o locales, en lo relacionado a la integración de averiguaciones previas o procesos penales en los que haya interés jurídico del Cisen.

El libro de relatos

Malos tiempos para Borges/José Manuel Fajardo
Publicado en Babelia de El País, 7/02/2009;
Nadie duda de que Jorge Luis Borges es uno de los grandes referentes de la literatura contemporánea. Su obra goza de un extraordinario prestigio mundial, particularmente en Francia donde suele ser motivo de encuentros y exposiciones. Este año, en que se conmemora el bicentenario del maestro del cuento de misterio Edgar Allan Poe, se cumplirán también los sesenta de la publicación de uno de los libros mayores de Borges, El Aleph, y no deja de ser paradójico que el reconocimiento universal de su literatura coincida con una época de menosprecio del género en el que desplegó su talento: el libro de relatos.
Desde que Guy de Maupassant consagrara el cuento como género literario de la modernidad, los relatos han jugado un papel fundamental en la literatura de los dos últimos siglos. Libros como Las armas secretas, de Julio Cortázar; El llano en llamas, de Juan Rulfo, o La guerra del tiempo, de Alejo Carpentier, son referencias fundamentales de la literatura latinoamericana. Un papel similar han jugado en las literaturas de Estados Unidos, Rusia o Italia autores de relatos como Carver, Chéjov o Italo Calvino.
En la España predemocrática, destacaron autores como Cunqueiro o García Hortelano pero, a partir de los setenta y no sólo en España, el género entró en un declive al que ha contribuido la reconversión del sector editorial a una lógica casi exclusivamente mercantilista. La estrella del mundo editorial hoy es la novela, que se promociona y elogia en términos cada vez más comerciales y menos literarios, como puede constatarse al comparar el espacio que se da a ciertos libros, en las páginas culturales de la prensa, con sus cifras de ventas. Las grandes víctimas de esa situación han sido los libros de relatos, que en España aún se publican, aunque sólo muy recientemente hayan empezado a recuperar cierto protagonismo literario, pero que en otros países, como Francia, pueden considerarse una especie en vías de extinción.
Quizá el fenómeno sea sobre todo europeo, pues el relato sigue disfrutando de buena salud en Estados Unidos
y en América Latina. Basta leer 'Hoy temprano', del argentino Pedro Mairal, uno de los relatos recogidos en la Antología de Cuento Latinoamericano (Ediciones B, 2007), para comprobar que el género continúa produciendo obras maestras. Quizá a los factores económicos haya que añadir la escasez europea (en número y repercusión) de revistas que, como sucede en tierras americanas, sirvan de plataforma al género. Pero lo que no faltan son autores. En España, Quim Monzó, Manuel Rivas, Bernardo Atxaga o Cristina Fernández Cubas han escrito extraordinarios libros de relatos en las últimas décadas.
El año pasado abría sus puertas, en Madrid, la librería Tres Rosas Amarillas, dedicada al libro de relatos, heroica reivindicación de un género al que se acusa de falta de lectores (léase, compradores), pecado mayor en nuestro mundo. Pero, en plena sociedad de la información, ya debería estar claro que la demanda se crea y que la mejor manera de que el libro de relatos carezca de lectores es precisamente no publicarlo ni publicitarlo. Si Borges tuviera hoy treinta años y paseara los manuscritos de sus cuentos por las principales editoriales de España o de Francia, lo más probable es que le dijeran que no estaban mal, pero que no eran rentables. Más le valdría ponerse a escribir una novela.

Pietro Parolin en México: ¿un anuncio de visita papal?

Pietro Parolin en México: ¿un anuncio de visita papal? El viaje papal bien podría esperar un poco y concretarse una vez que pasen las aguas ...