Cazando
pájaros con misiles/Cristina Marcano es periodista y escritora. Ha publicado, junto a Alberto Barrera Tyszca, Hugo Chávez sin uniforme. Una historia personal (Debate), una biografía del expresidente de Venezuela.
Publicado en El
País |12 de marzo de 2014
“Las
armas deben reservarse para el último lugar, donde y cuando los otros medios no
basten”, sostenía Maquiavelo. Después de su strip-tease represivo de febrero,
pareciera que Nicolás Maduro ha leído mucho Che Guevara y muy poco al estratega
florentino. O tal vez piense que ha llegado ya al último lugar.
El
presidente venezolano no se ahorró ningún recurso para atemorizar a los jóvenes
manifestantes venezolanos y convencerlos, por la fuerza, de que abandonen la
calle. Incapaz de resolver sus demandas concretas, el mandatario optó por el
modus operandi de los dictadores para intentar garantizarse una paz a la
cubana, en medio de una debacle económica y una incontenible epidemia criminal
que auguran cada vez mayor descontento y protestas.
El
Gobierno desplegó todas las fuerzas policiales, la Guardia Nacional, la Guardia
del Pueblo y el Sebin (inteligencia). Además echó mano de los autodenominados
“colectivos”, grupos de choque que han actuado en cooperación con la Guardia,
especialmente después de que les ordenara salir a defender la revolución.
Se
han usado aviones Sukhoi para intimidar a los combativos muchachos de San
Cristóbal y tanques por docenas, como si la Guardia Nacional estuviera
combatiendo a terroristas de Al Qaeda y no a veinteañeros armados, como mucho,
con piedras y cócteles molotov. Día tras día, la policía y los militares han
prodigado una incesante lluvia de gases tóxicos, aunque su uso en el control de
disturbios está expresamente prohibido por la Constitución venezolana, igual
que el de armas de fuego como las que han segado la vida de varias personas.