La salida de Andy vista por Héctor de Mauléon..
En la política, el poder embriaga, pero el miedo siempre aterriza de golpe. La intempestiva renuncia de Andy López Beltrán a la Secretaría de Organización de Morena nos la quieren vender como un acto de humildad republicana. Pero no nos engañemos: es, a todas luces, una maniobra de supervivencia.
Durante meses, el heredero operó bajo la ilusión de ser intocable. Como bien relata en El Universal mi colega Héctor de Mauleón, se convirtió en la "piedra en el zapato" de los gobernadores, acumulando fracasos territoriales y abucheos (el caso de Chihuahua fue la gota que derramo el caso) . Pero para entender por qué lo esconden precisamente ahora, hay que mirar el tablero completo.
Y es que el blindaje de Palacio Nacional se está agrietando. Justo hoy, una encuesta de Enkoll publicada por el madrileño El País revela un dato que enciende las alarmas: la presidenta Sheinbaum acaba de sufrir la caída más pronunciada en su año y medio de mandato.
Ha perdido siete puntos de aprobación, cayendo al 68%. ¿El motivo? El inmenso desgaste por la crisis en Chihuahua, la inquietante debilidad económica y, sobre todo, el golpe demoledor en Sinaloa, con la imputación del gobernador Rubén Rocha Moya por parte de un fiscal en Nueva York. En este escenario de altísima vulnerabilidad, sostener los excesos del hijo del expresidente era ya un lujo incosteable.
Porque la verdadera tormenta de Andy no nace en las bases del partido; viene del norte.
¿Es casualidad que decida buscar una modesta diputación en Tabasco apenas días después de que el enviado de Seguridad de Donald Trump, Markwayne Mullin, visitara Palacio Nacional? Sabemos bien que, en este oficio, las casualidades no existen. Las investigaciones en Estados Unidos sobre una gigantesca red de huachicol apuntan a sobornos millonarios, y los señalamientos rozan peligrosamente a dos pesos pesados: Adán Augusto y el propio Andy.
Ante la presión asfixiante de Washington, y con una popularidad presidencial a la baja, Andy ha sido utilizado como moneda de cambio para calmar las aguas del rio Potomac.
Sin embargo, ayer en la conferencia matutina, atestiguamos una realidad paralela. Al plantearle a la presidenta este incómodo tema, la respuesta fue un ejercicio ciego de control de daños. Calificó la gestión de Andy como "buenisísima", atribuyéndole 12 millones de afiliados, y empaquetó esta huida como un simple trámite democrático. De las fricciones internas y el desplome en las encuestas, ni una palabra; solo repartió medallas institucionales.
El contraste es abismal. Mientras el micrófono presidencial construye la estampa de un estratega impecable, la realidad nos muestra a un operador insostenible que huye. Hoy, Andy busca desesperadamente la protección del fuero, pero el 2027 aún luce dolorosamente lejano. El apellido paterno dejó de ser un escudo impenetrable; hoy, bajo la lupa internacional y el desgaste interno, es su mayor debilidad.
Pero mejor lean a Héctor…
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Las extrañas prisas de Andy/Héctor De Mauleón
El Universal, | 27/05/2026 |
No eran muchos los que lo querían. Los gobernadores de Morena se quejaban constantemente porque muchas veces se enteraban de su visita cuando Andy se encontraba ya realizando reuniones en sus estados. Su manera de actuar, haciendo ver en el bolsillo una charola a nombre de su padre, generaba malestares y molestias.
En el partido se hacía comidilla de su ineptitud, su falta de sentido común.
Las historias de sus excesos causaban desgaste, incluso, en la imagen de la presidenta. A través de su camarilla, tenía metidas las manos en todos los grandes negocios que se realizaron en el sexenio de su padre.
Las quejas llegaban también desde la presidencia de Morena, en tiempos de Luisa María Alcalde. Se le llegó a definir como “una piedra en el zapato” de Claudia Sheinbaum.
Como gran operador electoral de Morena sufrió descalabros en Durango y Veracruz. Durante las elecciones de la llamada reforma judicial prometió entre 25 y 30 millones de votos: solo entregó siete.
Relatan fuentes de Palacio que tras su viaje millonario a Japón después “de jornadas extenuantes”, la presidenta dijo que estaba cansada “de cambiar pañales”.
Su salida de la dirigencia del partido estaba anunciada desde marzo. La negaron. Él sufrió otro bochornoso descalabro en la marcha que encabezó en Chihuahua en contra de la gobernadora Maru Campos, en donde fue recibido con abucheos y tuvo que ser sacado del aeropuerto por sus guardaespaldas. Se le venía encima un nuevo fracaso en las elecciones de Coahuila.
De pronto, anunció su renuncia. Confirmó que sus sueños de grandeza quedaban reducidos a la posibilidad de alcanzar una modesta diputación federal en Tabasco, de nueva cuenta bajo el amparo del apellido paterno.
Se dijo que buscaba la protección del fuero. Pero en todo caso, ese fuero se encuentra aún muy lejos, el otro año, a varios meses de distancia.
¿Existe relación entre esa intempestiva renuncia y la visita a Palacio Nacional, el jueves pasado, de Markwyne Mullin, el secretario de Seguridad Interior del gobierno de Donald Trump? Mullin y el embajador de Estados Unidos Ronald Johnson sostuvieron una larga reunión con la presidenta Sheinbaum y los integrantes del gabinete de seguridad. Según el comunicado de Relaciones Exteriores, dieron “seguimiento a los principales temas de la agenda bilateral”.
El gobierno mexicano reportó la reunión como si hubiera estado desmarcada del contexto efervescente de los últimos meses, en los que Estados Unidos ha anunciado la inminencia de nuevas acusaciones contra políticos y funcionarios mexicanos involucrados con el crimen organizado --tráfico de drogas y huachicol--, y en el que se halla al rojo vivo la solicitud de detención del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios y exfuncionarios.
Se trataron, informó escuetamente la SRE, “temas de la agenda bilateral en materia de seguridad, frontera y migración”.
En Estados Unidos se lleva el juicio contra James y Maxwell Jensen, puntas del iceberg de una red que entre 2018 y 2025 introdujo en México millones de litros de combustible ilícito, el 85 por ciento de los cuales entraron por la aduana de Reynosa, controlada por los hermanos Sergio y Julio César Carmona.
El contacto con esa red de tráfico, según la investigación internacional, fue el empresario mexicano Luis Rivera, operador del senador de Morena en el estado de Tamaulipas (impulsado por López Obrador y por el entonces presidente nacional del partido Mario Delgado), José Ramón Gómez Leal, El JR, quien había sido superdelegado de los programas sociales, dirigente de Morena en Tamaulipas, y aspiraba incluso a convertirse en gobernador del Según las investigaciones iniciadas en 2021, Rivera estuvo a cargo de la tarea de recaudar los sobornos. El senador de Morena Gómez Leal fue el vínculo con los políticos. Como dos de los vínculos más importantes fueron señalados Adán Augusto López, uno de los hombres más poderosos en el sexenio de López Obrador, y Andy López Beltrán, el hijo de AMLO.
En el sexenio de López Obrador, el 20 por ciento de la gasolina vendida en el país era en realidad huachicol.
Las repetidas presiones de Estados Unidos provocaron que Adán Augusto, exgobernador de Tabasco, exsecretario de Gobernación y precandidato a la Presidencia de la República, perdiera la coordinación de los senadores de Morena. El forcejeo duró varios meses hasta que la protección de su “hermano”, el expresidente, dejó de alcanzarle. Adán Augusto camina desde entonces de puntitas.
Como muchos otros, Andy López Beltrán también decidió replegarse y bajar su perfil en cuanto comenzaron los rumores sobre la existencia de una lista de políticos mexicanos vinculados o financiados por el crimen organizado: la famosa lista de Marco Rubio, tantas veces negada hasta que reventó el escándalo en Sinaloa.
Diversas fuentes han confirmado que se hicieron solicitudes a la embajada, y en reuniones con altos funcionarios, a fin de confirmar, primero, y de conocer, después, el contenido de esa lista.
Llaman la atención los tiempos. A solo unos días de la visita de Markwayne Mullin a Palacio Nacional, al poderoso secretario de Organización de Morena le entraron las prisas.
Nos han repetido hasta el cansancio que en política no hay casualidades. ¿Fue López Beltrán moneda de cambio?
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