TRAGEDIA EN YAUTEPEC Y CDMX
El sueño mexicano: victoria bajo la tormenta/ Por Fred Alvarez Palafox
@fredalvarez
Mientras el país celebraba el triunfo de México sobre la selección de Ecuador, la tragedia manchó la cancha de Puentecillas, Yautepec, y en la CDMX cuatro personas perdieron la vida. | Fred Álvarez
Escrito en La Silla Rota, OPINIÓN el 1/7/2026 · 22:06 hs
El futbol posee esa extraña magia atávica de convocarnos. Tiene la virtud de pausar —aunque sea por noventa minutos— el reloj de nuestras angustias diarias, permitiéndonos congregarnos frente a una pantalla con la fe puesta en once jugadores. Así pintaba la noche del martes 30 de junio: una tregua donde el mundo se unió, por fin, alrededor de un balón.
En el césped del Estadio Azteca, la escuadra de Javier Aguirre no solo venció 2-0 a un duro Ecuador; ofreció una exhibición de carácter, agresividad y propuesta. Como bien apunta Abimael Chimal en Reforma, "el sueño está vivo porque el equipo dio su mejor exhibición del torneo". Ese conjunto, antes efectivo pero gris, se transformó tejiendo paredes que despertaron a la tribuna.
La ilusión tuvo nombres propios. Julián Quiñones, al minuto 22, reventó las redes —y las dudas— con un trallazo tras un amague soberbio. Minutos después, al 31', Raúl Jiménez selló su redención: con la parte externa del botín, se sacó la espina de un fallo previo y colocó el balón cerca del ángulo de la portería.
Pero el anhelo no se sostuvo solo por el gol. La solidez vino de una retaguardia inmaculada: un "Tala" Rangel oportuno, un Erik Lira asfixiante que anuló a Moisés Caicedo, y un Gilberto Mora que terminó por desquiciar a la defensa sudamericana. En la segunda mitad, el equipo demostró inteligencia: supo replegarse sin ceder un milímetro de esperanza a la reacción ecuatoriana, respaldado por la muralla de Montes y Vásquez.
Más allá de la estadística —cuatro victorias al hilo, ocho goles a favor y la portería invicta—, este triunfo se cimentó en un espíritu combativo que hoy ilumina la cancha. Como bien lo señala Juan Villoro en Reforma, este triunfo bajo la tormenta significa una redención histórica; el núcleo recae en la "pedagogía del error" de Aguirre, forjando un bloque solidario que, por una noche, nos dio motivos para celebrar.
Inglaterra se asoma ahora en el horizonte, una potencia que pondrá a prueba nuestros fantasmas del pasado. Pero hoy, el sueño mexicano late con más fuerza que nunca y se niega, rotundamente, a despertar.
Y aquí lo triste…
¿En qué momento nos resignamos a que la muerte sea la invitada de honor en nuestras celebraciones? ¡Chingada madre! Definitivamente, no se vale.
Mientras el país celebraba, la tragedia desmentía nuestra ilusión. En la cancha de Puentecillas, Yautepec, decenas de familias se reunieron para un Fan Fest convocado por Sandy Hernández, precandidata a la alcaldía. Pero en la política local no hay coincidencias: Hernández no es una aspirante independiente; es el relevo designado por la familia Alonso, el clan que ha mantenido el control de Yautepec y que, ante la reserva de género para 2027, busca conservar el poder a toda costa. Lo que nació como un acto de promoción electoral y supuesta cohesión comunitaria, terminó en una masacre.
La paz es un cristal quebradizo en estos días. Faltaban unos minutos para las nueve de la noche y el partido apenas cruzaba su mitad. Las miradas estaban puestas en el juego cuando la barbarie empujó las puertas sin pedir permiso. Los testigos relatan cómo un grupo armado irrumpió en el lugar, abriendo fuego sin distinguir rostros. Bajo aquel techo, el eco de los gritos de gol se ahogó de golpe, devorado por el estallido seco y traicionero de las balas. El ataque encontró de frente a Sandy, a su esposo Miguel Tijera, y a una multitud que solo buscaba una noche de esparcimiento: familias, mujeres, niños y ancianos, atrapados en una violencia que simplemente no les pertenecía.
Terrible e inenarrable
El saldo nos hiela la sangre. En el lugar cayeron sin vida Miguel y una mujer asistente. Pero la crueldad más absurda nos arrebató también a Fernanda, una adolescente de apenas 17 años; su vida se extinguió en el frío y desesperado trayecto a bordo de una ambulancia. ¿Qué consuelo es posible para una familia a la que le arrancan el futuro de esta manera? Ninguno.
Otros cinco heridos, entre ellos menores de edad, fueron repartidos de urgencia entre el Hospital General de Cuautla, el IMSS, el ISSSTE y el Henry Dunant. La propia Sandy Hernández hoy lucha por su vida.
El terror se transmitió en tiempo real. A través de redes sociales, los asistentes comenzaron a grabar en vivo pidiendo auxilio en medio de crisis nerviosas y confusión. En uno de esos videos quedó inmortalizado el reclamo de una mujer, un grito desesperado que resume el hartazgo nacional: "¿Hasta cuándo vamos a estar así? La inseguridad está de la chingada".
Y mientras la sangre aún manchaba la cancha, la maquinaria oficial se puso en marcha. La gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, recurrió al guion de siempre: tuiteó sus condolencias, instruyó a la Mesa de Coordinación Estatal y reiteró su "convicción de seguir trabajando por la paz, bla, bla , bla.... Palabras de molde. Por su parte, el diputado federal de Morena Agustín Alonso Gutiérrez lamentó el ataque, dándole rostro a la tragedia al llorar la partida de Fernanda y de quien llamó su "amigo del alma", Miguel Tijera, exigiendo justicia.
Sin embargo, en este país hemos aprendido, con una certeza que lastima, que las promesas suelen evaporarse mucho antes de que la sangre se seque en el asfalto. La Fiscalía General del Estado anunció la activación de protocolos de intervención —incluyendo el de perspectiva de género por feminicidio— y prometió agotar las líneas de investigación. ¿Dónde habré leído eso?
¿El resultado hasta ahora? Cero detenidos. Este ataque no es un simple escurrimiento de sangre para la nota roja; tiene el tufo innegable de la violencia política, esa sombra perversa que desde hoy comienza a oscurecer, a punta de metralla, el camino electoral.
Y en la Ciudad de México, cuatro muertos
La tragedia tiene el don de la ubicuidad. Mientras intentamos ser los anfitriones perfectos de una fiesta global, nuestra dolorosa realidad nos arrastra al abismo. Lloramos la masacre en Morelos y, simultáneamente, padecemos la absurda pérdida de cuatro vidas en la capital, donde el caos y la negligencia asfixiaron el júbilo mundialista.
El grito de victoria fue silenciado por ambulancias. Las inmediaciones de Reforma, abarrotadas y sin control policial, se volvieron una trampa mortal. La doctora Nadine Gasman confirmó las cuatro muertes por asfixia y congestión, un saldo fatal que se suma a más de 1,600 atenciones médicas en una tarde que se salió del guion.
Pese a este costo humano, la indolencia oficial asombra. Pablo Vázquez, titular de Seguridad, se atrevió a presumir una jornada "con tranquilidad". Una afirmación patética que choca con las muertes y con la ignominia vivida en la Calzada de Tlalpan, donde la policía encapsuló y agredió a madres buscadoras armadas solo con las fotos de sus hijos.
Un país que golpea a las madres que escarban la tierra mientras celebra un triunfo deportivo necesita mirarse al espejo. Como nos recordaría Rosario Castellanos, parece que nos obligan a vivir en una patria donde el duelo debe guardar silencio para no incomodar la fiesta de los demás.
Toda mi solidaridad a las familias rotas de Yautepec y la capital. Que este doble luto no termine en la fosa del olvido institucional. Acostumbrarnos a la tragedia en medio de la fiesta, sencillamente, no se vale.
Mi video comentario de tema
PD1.- El periodismo ante la mordaza: la verdad, más allá del estrado. La reciente confrontación en los micrófonos de Ciro Gómez Leyva, donde Israel Vallarta y Mary Sáinz lanzaron advertencias judiciales contra el comunicador, no es un incidente aislado, es el síntoma de una herida profunda en el tejido nacional. El "pecado" de Ciro ha sido, sencillamente, mantener la memoria viva y darle voz a quienes el sistema insiste en silenciar: las víctimas.
Si bien la prolongada estancia de Vallarta en prisión sin sentencia es una mancha de inoperancia que exhibe las fallas estructurales de nuestra justicia penal, su exigencia en el estudio fue más allá de la libertad: pretendía la claudicación de la memoria colectiva. Ante la amenaza de un proceso legal para forzar el silencio. Gómez Leyva reafirmó una lección dolorosa: en México, la "verdad jurídica" que emana de los escritorios judiciales suele transitar por senderos distintos a la "verdad histórica" vivida por el ciudadano de a pie.
Como señala el doctor Moisés Moreno, las víctimas permanecen como las "Cenicientas" del sistema penal: olvidadas, revictimizadas y obligadas a aceptar que su tragedia —por decreto legal— nunca ocurrió. La postura de Vallarta y su esposa, al intentar usar las demandas como un mecanismo de censura, cruza una línea peligrosa que atenta contra la obligación moral del periodismo.
La defensa de Ciro no es solo un acto de solidaridad gremial ante la intimidación, es la defensa del derecho de las víctimas a no ser borradas. Ante este panorama, el respaldo ha comenzado a articularse, destacando la disposición del despacho de Samuel González Ruiz para enfrentar en tribunales cualquier intento por amordazar la verdad. El periodismo tiene un compromiso innegociable: frente al horror, el primer paso es creerle a la víctima. (parte de este texto fue leído por Ciro en Radio Fórmula).
PD2. La respuesta está en el viento… Sobre el caso de Israel Vallarta me preguntaba hace meses en La Silla Rota: ¿y las víctimas? La respuesta, como diría Bob Dylan, parece estar en el viento… Puedes consultar mi análisis completo aquí: ¿Y las víctimas de Israel Vallarta?
Y aquí mi reflexión detallada en video: El cochinero no solo fue el montaje…
Fred Álvarez
@fredalvarez
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