16 jul 2026

Mario Bojórquez: El oficio de tejer puentes y ser profeta en su tierra

 Mario Bojórquez: El oficio de tejer puentes y ser profeta en su tierra

Por Fred Alvarez Palafox

«Y fue a esa edad... Llegó la poesía

a buscarme. No sé, no sé de dónde

salió, de invierno o río.

No sé cómo ni cuándo…» — Pablo Neruda

El trabajo de la traducción suele ocurrir en el silencio. Es un oficio íntimo, casi solitario, donde un escritor presta su voz y su respiración para que las palabras de otro puedan cruzar fronteras. Esta semana, ese trabajo meticuloso salió a la luz pública cuando el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) anunció a los ganadores del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena 2026.

Ahí, en la categoría de poesía, el galardón recayó en un viejo conocido de las letras mexicanas: el poeta mochitense Mario Bojórquez, reconocido por su magistral traslado al español de Oratorio, obra del catalán Jordi Valls Pozo.

Para entender la magnitud del reconocimiento, hay que mirar la trayectoria de quien traduce. Nacido en Los Mochis, Sinaloa (1968), Mario no es un traductor que aborda la poesía desde la academia fría, sino desde la trinchera del creador. A lo largo de las décadas, se ha consolidado como una de las voces más potentes y vitales de la poesía mexicana contemporánea. Su pluma tiene la cadencia del noroeste y la erudición del investigador que hurga en los clásicos. Pero más allá de su propia obra, ha dedicado años de su vida a ser un embajador literario, explorando y traduciendo con devoción la poesía portuguesa y, muy marcadamente, la poesía catalana contemporánea.

El galardón, otorgado en conjunto por la Secretaría de Cultura federal y el gobierno de Hidalgo, celebra precisamente esa capacidad de Bojórquez para dialogar con otras tradiciones. El autor que eligió traducir, Jordi Valls Pozo, no es una figura menor; es un ganador de los históricos Juegos Florales de Barcelona, un certamen con raíces en la Edad Media.

Durante el anuncio, Bojórquez dejó una reflexión que retrata de cuerpo entero su filosofía literaria. Para él, este premio corona un esfuerzo de años que pocas veces se ve. Definió la traducción literaria no como un ejercicio técnico, sino como «una de las formas de la literatura más hermosas, una manera de servir a los otros». A través de su pluma, Valls Pozo caminará ahora por las librerías mexicanas. Como bien apuntó Mario, es gracias a este esfuerzo casi íntimo que los pueblos se acercan.

Pero los triunfos de Mario no se detienen ahí, pues posee varios galardones de enorme relevancia: el reconocimiento internacional de la Fundación Iberoamericana de las Artes, que le otorgó la Medalla Vicente Huidobro 2025. Un laurel más a una vitrina en la que ya reposan el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (2007), el Premio de Ensayo José Revueltas (2010), el Premio Alhambra de Poesía Americana y el Premio Nacional de Poesía Amado Nervo (ambos en 2012).

Actualmente, además, dirige el Círculo de Poesía. He leído algunos de sus poemas, y recuerdo especialmente uno dedicado a Whitman:

Algún día te crecieron las barbas

como un río congelado

y te volviste hielo

viejo poeta cabeza de nube.

Por todo eso gritabas que México debía desaparecer

que el destino de tu nación era grande

tan grande que debía exterminar al mundo entero.

Algunos compatriotas tuyos

creyeron en tus palabras e intentaron tu sueño.

Aún hoy, a ciento cincuenta años de tu cólera

el rayo de mi lengua te canta en libertad.

Viejo, oh viejo, viejo, viejo Walt Whitman.  

Pese a su vasto bagaje internacional, Mario sigue siendo profeta en su tierra. Tuve la oportunidad de saludarlo y felicitarlo por su obra en febrero de 2024, cobijados por los arcos de la Feria Internacional del Libro de Minería. Sin embargo, nuestra historia tiene raíces más antiguas: se remonta a los años setenta. Mario es más chavalo que yo, así que seguramente lo llegué a ver de niño, pues su hermana Raquel compartió conmigo los tres años de aulas en la secundaria IMA de Los Mochis (1971-1974).

Durante nuestra charla en Minería, él mismo me confesó que me tenía perfectamente ubicado por esa amistad con su hermana Raquel; un guiño de la memoria que me sorprendió con gran agrado. Esa revelación me hizo buscar enseguida a su hermana en la vieja fotografía de la secundaria, y fue Víctor Kelly quien, con buen ojo, dio con ella de inmediato.

Nuestros caminos volvieron a cruzarse en octubre de 2025, entre los pasillos de la Feria Internacional del Libro de Culiacán. Fue una gran coincidencia de letras: él venía arropado por sus libros de poesía, mientras que yo hacía lo propio, llevando el legado de Leduc...

Apenas antier le marqué a Mario por teléfono para felicitarlo. La noticia de sus recientes galardones la compartí también en el chat que tenemos los compas de la secundaria IMA. Al principio hubo una divertida confusión: muchos creyeron que Mario era hijo de Raquel y se volcaron a felicitarla, pero al aclararles que es su hermano menor, la alegría fue general.

Fue en esa misma plática donde Raquel nos regaló una estampa familiar entrañable, de esas que explican el destino de un hombre. Nos confesó que Mario no se hizo poeta en las academias, sino que lo es de nacimiento, por herencia de sangre y de voz. Recordó cómo, cuando Mario era apenas un niño de cuatro años, su padre, don Alejandro Bojórquez Fabela, se sentaba a leerle poemas. Don Alejandro no solo lo acercaba a los clásicos, sino que lo invitaba a sentir la palabra, poniéndolo a declamar en la sala de la casa, convirtiendo el hogar en su primer gran escenario.

Ahí, cobijado por la voz de su padre, se sembró la semilla. Desde muy pequeño, con la convicción inquebrantable de quien ya conoce su camino, Mario lo sentenció desde niño: «Yo seré poeta». Y vaya que cumplió su palabra. Hoy, al ver los premios y las traducciones que cruzan océanos, resulta profundamente conmovedor pensar que todo empezó en Los Mochis, en los ecos de aquellas lecturas infantiles. Mario se hizo poeta, en gran medida, gracias a don Alejandro.

Para la historia inmediata.

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