9 feb 2009

Salir de closet


La generación sin armario
LUZ SÁNCHEZ MELLADO
Publicado en El País Semanal, 08/02/2009;
Son los primeros que no se esconden. Han crecido con referentes y derechos. Salen del armario cada vez más, cada vez antes. Los nuevos gays y lesbianas viven como sienten. No es fácil. Sufren. Pero prefieren plantarle cara al mundo que perderse su juventud.
Es posible que los peces gordos de Telecinco no se hayan enterado. Pero Macarena, Maca, Fernández, pediatra de Hospital Central, la teleserie decana de la casa, es un icono para ciertas chicas españolas. Maca es guapa. Competente. Carismática. Y lesbiana. Rocío Fernández no se pierde un capítulo. No los mira en la tele de su casa, donde vive con sus padres. Prefiere verlos sola. Por eso se los baja de Internet. Fue en cualquier parte, con el portátil acunado en el regazo, donde la adolescente Rocío visualizó cómo quería ser de mayor.
"Gracias a la historia de amor entre Maca y Esther vi que es posible amar a otras mujeres, casarse, ser madre con otra, tener éxito y respeto social. Que esto es natural y bonito, que no eres un bicho raro ni tienes que sufrir por ello. Maca me ayudó a salir de mi propio armario, el de mi familia y el del mundo".
Rocío tiene 21 años, estudia Ingeniería de Obras Públicas y es lesbiana. No lo va pregonando. Tampoco lo oculta. Vive como siente, punto. Ellas han tenido a Maca. O a Diana, la devoramujeres de Siete vidas. O a Lindsay Lohan, ex novia adolescente de América, hoy pareja de la dj Samantha Ronson. Los chicos, a Fidel, el chaval hipersensible de Aída. Al comunicador estrella Jesús Vázquez. O al mismísimo Fernando Grande-Marlaska, juez de la Audiencia Nacional, aconsejando en las vallas el uso del preservativo a los hombres que, como él, tienen relaciones sexuales con otros hombres.
Todos, ellos y ellas, han visto el cielo abrirse ante sus ojos con sólo teclear la palabra gay o lesbiana seguida del nombre de su ciudad en Internet. La nueva generación de homosexuales españoles ha crecido con referentes. Espejos donde mirarse. Ejemplos en los que reconocerse. Y derechos adquiridos. Rocío estrenó su mayoría de edad en 2005, el año en que se aprobó la ley de matrimonio de personas del mismo sexo. El cuarentón Marlaska no tuvo esa suerte.
Su señoría lo confesaba ante los chavales de un instituto madrileño. "Tuve clara mi orientación sexual desde muy joven, pero perdí 25 años de mi vida afectiva por la ley del silencio. Hasta los 35 años no lo reconocí ante el mundo". Marlaska y muchos de sus coetáneos han pasado su juventud apolillándose en el ropero. Entre otras cosas porque hasta los ochenta no se derogó la Ley de Peligrosidad Social, que consideraba delincuentes a los homosexuales. Algunos, habituados a una confortable reclusión privada o reprimidos por la intolerancia social, han elegido quedarse a vivir dentro. La generación de Rocío no está dispuesta a perderse nada.
Criados en la cultura de la inmediatez, acostumbrados desde bebés a pedir y que se les conceda, los nuevos gays y lesbianas no conciben esperar para empezar a vivir como son. Sin alardes, sin complejos. Por eso cada vez son más los que deciden contarlo en casa en cuanto ellos mismos lo tienen claro. Cuando se produce su despertar sexual. Cuando se enamoran. Cuando se lo pide el cuerpo. Aunque sufran. Aunque duela. A ellos y a los suyos. Una vez que descerrajan el armario de casa, el resto es más sencillo de franquear. El problema pasa a ser de los demás. De quien no les acepta. Pagado el peaje de la confesión de su diferencia, suelen ponerse el mundo por montera.
Nadie dijo que fuera fácil. Ni gratis. No es casual que casi todos los que aquí dan la cara sean universitarios urbanos. El grado de visibilidad de los jóvenes gays es directamente proporcional a su extracción social, su nivel de estudios y el número de habitantes de su localidad. El 9,1% de los escolares de secundaria se declara homosexual. Pero la homosexualidad es la primera causa de acoso en los institutos, según los colectivos gays. Uno de cada tres chicos cambiaría de pupitre si supiera que su compañero es gay. Un 90% del alumnado cree que lesbianas y gays son peor tratados que los demás. Y lo más terrible: un tercio de los suicidios juveniles tiene su causa en la dificultad para asumir o ejercer en libertad la propia orientación sexual, si se extrapolan los datos de un estudio del Instituto de la Salud de Francia.
"Maricón' es la palabra más usada en el instituto, vale para todo", confirma Álex Quesada, de 21 años, estudiante de Comunicación. "Yo sufrí acoso. No concretamente por gay, sino por ser el pringao, el débil, y encima delicado. Me machacaban. A los 13 años me atraían los chicos, pero también algunas chicas. Estaba en pleno desarrollo de mi sexualidad. Lo que más teme un adolescente es el rechazo, quedarse aislado, y yo estaba cagado". Quesada pasó años "emparanoiado". Ya no tiene miedo.
"En casa me pillaron mirando páginas de tíos en Internet. La reacción de mis padres fue negarlo, aplazar el conflicto: 'Es una etapa, ya se te pasará', dijeron. Pero no se me pasó". Así que a los 16 años se plantó delante de sus progenitores -profesionales liberales- y les soltó: "Esto no es una etapa ni quiero que lo sea. Yo soy así, esto es lo que hay". Tras esa fachada de seguridad, Álex temblaba. "El miedo al rechazo depende de lo que te importe la persona. Y no lo hubo. Sospecho que mi madre lo sabía. Ellas lo saben. Y que a mi padre no le hizo ni puta gracia. Les costó asumirlo, supongo que es normal, son generaciones distintas. Nadie les preparó para tener un hijo homosexual".
Estamos en una cafetería de barrio. Las señoras de al lado están fascinadas. El local está casi vacío, pero Quesada ha escogido este velador codo con codo con ellas. No tiene nada que ocultar. "Tampoco creo que haya que ir diciendo: 'Hola, me llamo Álex y soy gay'. Para empezar, se me nota".
-¿En qué?
-¿No ves cómo cojo el cigarro? Además, tengo espejos en casa. De chaval no tenía tanta pluma. Pero cuando sales del armario te quitas la losa y actúas con naturalidad.
Quesada estudió en el instituto Duque de Rivas, de Rivas-Vaciamadrid. Fue allí donde el juez Marlaska confesó su pasado en el armario. Álex abrió el suyo con la llave de Internet. "Es el gran aliado", dice. "Ahí conocí a los primeros chicos. No puedo imaginar la vida de los que tenían que ir a un cine o bar de ambiente para ver gente como ellos. Esa sordidez me la he ahorrado".
El horizonte terminó de despejársele al acabar la ESO. "En el insti hay mucho cafre. Manda la masa, y la masa es heterosexual. Fuera también, pero incluso en los ambientes más retrógrados la homofobia es políticamente incorrecta. En otros, ser gay es hasta chic". La cultura, el arte y la moda son algunos de esos ámbitos. Las facultades de Audiovisuales, como la de Álex, también. "Claro que hay gente de mi generación dentro del armario. Me parece legítimo. A mí se me quedó pequeño: apestaba a naftalina".
Marta Gómez no ha estado un minuto dentro. Ni siquiera el mes que duró lo que esta estudiante de Comunicación de 22 años llama su "lucha interna". "En el instituto empecé a fijarme en chicas", relata. "Vi que las personas que me atraían eran de mi sexo. Para mí no fue una opción consciente. Soy así. Pero la sociedad te empuja a ser heterosexual. Tú eres la primera que lo consideras raro. Primero te planteas que cómo vas a ser lesbiana; como mucho, bisexual. Hasta que lo vas asumiendo, aceptando, y entonces viene otro problema: decírselo a los tuyos".
La madre de Marta no se desmayó cuando su hija de 14 años le confesó sus sentimientos. Carmen Garrido, de 56 años, lleva décadas oyendo cuitas de adolescentes en los colegios donde ha ejercido de psicóloga. Ahora tenía trabajo en casa. "Algo había notado. Tenía otro tipo de antenas además de las de madre", confirma. Marta ha invitado a sus padres a la entrevista. "Al principio creímos que podía ser la ambivalencia de la adolescencia. Le dijimos que no se pusiera etiquetas, que viviera abierta a evolucionar de una forma u otra. Nosotros estuvimos alerta, presentes sin presionar, hay que tener paciencia. Te preocupa que sufra, que la hieran. Pero a un hijo no se le ponen condiciones. No es tuyo, es una persona".
Marta tomó el consejo al pie de la letra. Siguió su vida. Libre. Sin miedo. Empezó a llevar amigas a casa. A invitar a sus novias -"soy de relaciones largas"- a los eventos familiares. La fuerza de los hechos y la costumbre hicieron el resto. Ahora las cosas están claras. Para todos. "La sorpresa de los allegados es gradual y se supera", dice Mariano, su padre, un consultor de 50 años. "Somos una familia unida que acepta a la gente como es".
-Disculpen que se lo diga, pero parecen ustedes unos padres de anuncio.
-Soy consciente de que nuestro caso puede no ser mayoritario. Tengo compañeros que me dicen marica porque me doy crema de manos. Mentiría si dijera que no tenemos cierta inquietud: esto no lo acepta todo el mundo. Somos católicos, y la manifestación de los obispos contra el matrimonio gay nos ofendió profundamente.
Marta conoce su suerte. "Mi pareja está aún en proceso de contárselo a sus padres". Ella no se esconde, pero tampoco se exhibe. En el instituto no lo contó a nadie. "Si te insultaban por sacar buenas notas, imagínate por lesbiana". Luego lo ha dicho a quien más le importa. "Al resto, ¿para qué?". Lo que sí ha hecho es colgar en YouTube la presentación de Vidas de cristal helado (Atlantis), la novela que escribió a los 18 años. La protagoniza una chica lesbiana que vive en Reata, "un sitio en el que no puedes ser tú mismo". Alguien que no tuvo su suerte.
La exposición en Internet es el activismo particular de Marta. "Sé que tenemos libertad gracias a la lucha de los mayores. Pero yo soy diferente. No he tenido esa amargura. Vivo con alegría. Eso también es activismo".
Ella es una 'nativa digital'. Forma parte de la generación que no recuerda el mundo sin Internet. Para la que la Red es el medio natural. La frontera se sitúa en torno a la treintena. Los mayores son ya inmigrantes digitales. El 83% de los jóvenes españoles son usuarios de redes sociales. Gays y lesbianas las usan el doble que los heterosexuales, según la firma MediaMetrix. Internet bulle de testimonios arcoiris. Lesbianas y gays que se confiesan a la ciudad y al mundo. "Viviendo a pleno, sintiendo por primera vez, experimentando, sexualidad, 17 años, gilipollez, adolescencia", declara un tal Mikami en su perfil personal (creciendodeprisa) en Blogspot. También los hay colectivos.
En cuanto acabe esta reunión, sus asistentes colgarán las fotos en YouTube, Tuenti, Facebook, MySpace y Fotolog. Así levantan acta los activistas digitales. Autoafirmándose. Dejándose ver. Poniéndose a un golpe de ratón de quien lo desee. Estamos en la Facultad de Arquitectura. Un grupo de chicos y chicas ocupan el aula. Son estudiantes de teleco, informática, aeronáutica, derecho. Y miembros de Arcópoli, la asociación LGTBH (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales y Heterosexuales) de las universidades Politécnica y Complutense de Madrid.
Creada en 2004, Arcópoli es una asociación innovadora. Gays y lesbianas; homos y heteros trabajando -"y divirtiéndose"- juntos. "No somos feministas, ni machistas, ni de un partido ni otro, sino un grupo de iguales luchando por la igualdad", dice Rubén López, ingeniero de telecomunicaciones. Ló­pez, de 29 años, se creía "el único maricón de ingeniería" cuando vio un cartel de Arcópoli. "Tenemos referentes, sí, pero nos faltan arquitectos/as, ingenieros/as, médicos/as, y no sólo actores o artistas", dice. "Aquí estamos, somos profesionales fuera del armario. Algo se mueve y no tiene vuelta atrás".
Araceli Cuevas y Esther Martínez conocen sus derechos y los ejercen. A sus 26 años, llevan tres casadas. No fue un impulso. Llevaban 10 años de noviazgo. Cuevas y Martínez practican "activismo de hecho". No creen que declararse lesbianas sea parte de su intimidad. "Decir en el trabajo que vas con tu mujer a una casa rural es activismo puro y duro. Intimidad sería contar qué hacemos en la cama". Esther y Araceli también pasaron su "calvario". Cuando supieron lo suyo, sus padres las llevaron al psicólogo "a ver quién estaba equivocado". "Yo te he parido y sé lo que sientes", le dijo a Esther su madre. "Se le pasó cuando me preguntó si yo lo sentía como una putada de la vida y le respondí que soy más feliz de lo que nunca imaginé. Ahí se acabó el drama".
"Hay que entenderlos. Para ellos es un marrón, es un trauma decir a todos que tu hijo es homosexual. Cuando tú sales del armario, les metes a ellos", confirma Rocío. "En sus expectativas no entra que su hijo sea gay. Creen que no tendrán nietos, que su árbol genealógico se seca, pero como te quieren, lo acaban aceptando", zanja Araceli.
Gritos, lágrimas y, al final, un abrazo. Muchos describen así el momento en que confiesan a sus padres su homosexualidad. Duele, pero compensa, dicen. A todos. "Esta generación es la más planificada de la historia", aporta Gerardo Meil, sociólogo y autor del ensayo Relaciones entre padres e hijos en la España actual (La Caixa, 2006). "Son los reyes de la casa. Las relaciones dentro de la familia han cambiado. Hay que negociar antes de llegar al conflicto porque los lazos ya no se suponen para
toda la vida, se pueden romper. Ese abrazo significa: 'Eres diferente, pero te integramos'. Los padres saben que o les aceptan o les pierden".
Omar Hossain no olvida el achuchón de su padre en la hora de la verdad. El señor Hossain fue el último en enterarse. A Omar le atraían los chicos desde el parvulario. "Tenía un instinto sexual fuerte, pero esperaba que se me fuera. Hasta que pensé: 'Joder, ¿qué va a ser de mí? Esto no se me quita".
Hossain, hijo de padres separados, siguió el itinerario habitual: Internet, primeras citas, primeros amores. Fue saliendo del armario de amigo en amigo. "Según lo iba diciendo, me sentía mejor". Hasta que, a los 19 años, estudiando fuera de casa, se confesó. Primero a su madre, por teléfono. Después a su padre, mientras iban en coche. "No dijo nada. Salió en una gasolinera y al volver me abrazó. Él es musulmán. Me dijo que mi vida era mía. Hasta hoy", dice Omar, de 23 años. Sólo lamenta el tiempo perdido. "Salí tarde y no pierdo un minuto. Tengo derecho a disfrutar de mi sexualidad".
Silvia y Neus Sanchis son artistas y tienen 23 años. Se apellidan igual, pero no son familia. Aún. Planean casarse. Tener hijos: "Uno cada una". Por ahora viven juntas en un piso que pagan con los 210 euros de la renta de emancipación del Gobierno. Todo esto en Ontinyent, un pueblo valenciano de 45.000 habitantes. Silvia y Neus son novias desde los 16. Sobrevivieron al aquí huele a tortilla del instituto. Confesaron su amor a sus padres: "En pareja es más fácil: una apoya a la otra". Recibieron el correspondiente abrazo. Y pusieron tierra de por medio.
En Barcelona, donde estudiaron, vieron el cielo abierto. "Vivíamos juntas. Había locales, librerías, gente como tú por la calle. Hizo falta irse para poder volver". Están de nuevo en casa. "Nos fuimos huyendo y volvimos para pagarles la huida a nuestros padres", dice Neus. "Se lo debíamos", confirma Silvia. "Si no, el muerto siempre estaría aquí. Ya lo hemos llorado juntos y estamos en paz".
Su cuarto está lleno de autorretratos. Una bella durmiente Silvia recibe el beso de la princesa Neus. Las dos en la cama, hechas un ovillo de piernas y brazos. Su obra completa está en Internet (silviayneus.com). No hay que salir para ver a esta pareja visible.
Carmen Hernández siente "alegría y envidia". Hernández, de 34 años, es la coordinadora de políticas lésbicas del histórico colectivo FELGTB. "Hay un cambio generacional brutal. Yo ya no pillé Internet de adolescente. Estas chicas se han ahorrado traumas, soledad y dolor".
Javier Díaz, de 37 años, concejal de Juventud en Arganda (Madrid), se congratula de la novedad. Díaz, del PP, conoce la homofobia de primera mano. En noviembre tuvo que soportar comentarios jocosos sobre su homosexualidad por parte de un colega socialista, también gay. No se arredró. "He seguido una política de hechos consumados. Llegué al PP con pareja. Ésa es la vía". El edil asiste con una mezcla de satisfacción y distancia a la eclosión de la nueva generación gay. "Traen de serie normalidad, visibilidad y libertad. Ser como son sin que les señalen. Estupendo. Pero les veo algo subiditos. Ser gay no es guay, sólo una condición sexual".
Marce Rodríguez, periodista de 44 años, salió del armario de su casa a los 40, en la portada de esta revista. "Queremos casarnos", decía el titular poco antes de la aprobación del matrimonio gay. Rodríguez, que se casó finalmente con su novio, publica Mis padres no lo saben (Plaza y Janés), un libro donde cuenta la vida de homosexuales de su generación. "La falta de referencias era absoluta. Demoledora. Jesús Encinar, el fundador de idealista.com, me confesó que de joven pensaba que los únicos gays del mundo eran los griegos, Federico García Lorca y él. Figúrate yo, hijo de una familia humilde de Móstoles sin clásicos en la biblioteca. El único gay del planeta era yo".
Acaba la reunión de Arcópoli. Alessandro Baldo, un erasmus italiano, toma notas. Flipa. Quiere montar algo así en su pueblo, Udine. Para él, España sí que es diferente.

8 feb 2009

Maciel, la opinión de Juan Ignacio Zavala

Maciel/Juan Ignacio Zavala
Publicado en Milenio Diario, 8 Febrero, 2009;
Hasta cuándo la vida del depravado padre Maciel dejará de despertar nuestra capacidad de indignación? ¿Aparecerán fotos o videos en abierta práctica de zoofilia? Es lo único que falta. Si bien para muchos la única sorpresa de la doble vida del padrecito radicó en su confirmación, no deja de impresionar el saber que una congregación como los Legionarios de Cristo ratifique la historia de la amante y el hijo del pederasta.
Al hablar del padre Maciel no hay que olvidar que estamos ante un tipo asqueroso. Un verdadero pervertido y pervertidor, un hipócrita degenerado. No hay otra manera de referirse a un tipo que jugó con desfachatez con la inocencia de quiénes creyeron en él. Jóvenes, niños, adultos y ancianos, nadie escapó a los engaños de ese hombre que fue una encarnación del mal incubada en Cotija. La indignación ante su conducta debe ser clara y manifiesta. Los Legionarios de Cristo se equivocan si piensan que con tenue y débil deslinde van a sacudirse la imagen de quien fuera su fundador.
Cierto es que la Iglesia católica tiene problemas de imagen y que no ha sabido adaptarse a la modernidad que incluye, por supuesto, el juicio abierto de los demás. Es difícil para muchos perdonar las desviaciones de los curas y prelados de la Iglesia por la sencilla razón de que su prédica consiste en las maneras rectas y honestas de vida. En eso mismo estriba la enorme dificultad del ejercicio del sacerdocio: llevar a plenitud el mensaje del Evangelio y vivir una vida de compromiso.
Pero es difícil
comprender esa vida cuando se sabe que el cardenal Rivera llega a una fiesta en un Mercedes Benz. Sólo queda preguntarse: si así está el voto de pobreza, ¿cómo estará el de castidad? Y ahí tenemos a Maciel con su congregación de más de 5 mil seminaristas y 800 sacerdotes, pederasta, con su amante, con su hijo, con su devoción por el dinero, con sus escuelas para millonarios, con sus empresarios protectores. ¿Cómo creerles? ¿Cómo quedarse en la Iglesia? ¿Cómo sentirse parte de ella? Hace apenas unas semanas en México, de boca de obispos salieron condenas a la homosexualidad, al divorcio, a los anticonceptivos ¿Dónde están esas voces? No se vale salir con que “el fundador tenía debilidades humanas”. No. La Iglesia debiera condenar con toda su fuerza la vida nauseabunda del sodomita Maciel; los Legionarios de Cristo debieran pedir perdón y resignarse a cargar con la infame memoria de su fundador. Esto no puede quedarse en tenues expresiones de una “doble vida”. La Iglesia católica en este caso debe dejar de señalar con el dedo a la sociedad y volverlo hacia sí misma, porque nos debe una disculpa a los católicos y a los que no lo son.
juanignacio.zavala@milenio.com

Reportaje del Houston Chronicle

El periodico Houston Chronicle publicó es domingo en un reportaje donde señala que desde 1994 a la fecha han fallecido más de 200 ciudadans norteamericanos por motivos violentos.
El Departamento de Estado investiga la mayor parte de los asesinatos de estadounidenses en el extranjero, pero da pocos detalles sobre sus muertes. La mayor parte de ellas, sin embargo, ocurrieron en ciudades de la frontera con Estados Unidos, entre ellas Tijuana, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo, donde en años recientes se ha incrementado la violencia del narcotráfico.
El análisis del Chronicle demostró que algunos de los estadounidenses víctimas de homicidios estaban vinculados con el crimen organizado. Al menos dos docenas de víctimas fueron señaladas como sicarios, narcotraficantes, contrabandistas o pandilleros. Otros eran drogadictos o eran buscados por delitos en Estados Unidos.
Pero en al menos otros 70 casos, los estadounidenses muertos en México realizaban al parecer actividades inocentes: visitar familiares, vacacionar o simplemente vivir y trabajar en el país.
El Departamento de Estado emitió el año pasado "alertas de viaje" para varias comunidades de la frontera, advirtiendo que decenas de ciudadanos estadounidenses han sido secuestrados o asesinados en Tijuana, sin dar detalles.
***
More than 200 U.S. citizens killed in Mexico since '04
By LISE OLSEN
Feb. 8, 2009,
A 22-year-old man from Houston and his 16-year-old friend are hauled out of a minivan in Mexico, shot execution style by thugs in a black Lincoln Continental, and left dead in the dirt.
The body of a 65-year-old nurse from Brownsville is found floating in the Rio Grande after a visit to a Mexican beauty salon.
An American retiree, an ex-Marine, is stabbed to death as he camps on a Baja beach with his dog.
More than 200 U.S. citizens have been slain in Mexico’s escalating wave of violence since 2004 — an average of nearly one killing a week, according to a Houston Chronicle investigation into the deaths.
Rarely are the killers captured.
The U.S. State Department tracks most American homicides abroad, but the department releases minimal statistics and doesn’t include victims’ names or details about the deaths. The Chronicle examined hundreds of records to document the personal tragedies behind them.
“I’m no longer the same person,” said Paula Valdez, a Houston mother whose son was slain near her childhood home in Mexico’s Guerrero state in 2004.
More U.S. citizens suffered unnatural deaths in Mexico than in any other foreign country — excluding military killed in combat zones — from 2004 to 2007, State Department statistics show.
Most died in the recent outbreaks of violence in border cities — Tijuana, Ciudad Juarez and Nuevo Laredo.
Although, historically, even Mexico’s most violent urban centers had homicide rates below those of major U.S. cities, recent attacks and border violence driven by drug demand have escalated well beyond limited narco-executions.
Juarez last year ranked among the world’s most murderous cities.
The Chronicle analysis showed some American homicide victims were involved in organized crime. The dead include at least two dozen victims labeled hitmen, drug dealers, human smugglers or gang members, based on published investigators’ accusations. Others were drug users or wanted for crimes in the United States.
But in at least 70 other cases, U.S. citizens appear to have been killed while in Mexico for innocent reasons: visiting family, taking a vacation, or simply living or working there.
Locations and intentions
In an interview with the Chronicle, Mexican Congressman Juan Francisco Rivera Bedoya of Nuevo Leon, a former prosecutor who heads the national Public Safety Commission, said he believes most American victims get killed after crossing the border to participate in illegal activities or venturing into unsafe areas.
“Tourists visiting cathedrals, museums and other cultural centers are not at risk,” he said.
Across Mexico, more than 5,000 lives were taken last year, including police, public officials, journalists and bystanders, with seemingly little regard for age, social status or nationality, Mexican authorities report.
Mutilated bodies have been draped on highway overpasses or posed in schoolyards and public squares. Authorities have uncovered mass graves known as narcofosas and body disposal sites, where killers dissolved corpses in barrels of chemicals.
At least 40 Americans were among those killed and dumped in gruesome methods favored by cartel killers, the Chronicle found. Two Texan teens were victims of an American serial killer in Nuevo Laredo, who bragged to a friend in a recorded cell phone call that he stewed their remains in vats.
Recent border victims include at least 15 U.S.-born children and teenagers.
In 2008, Austin Kane Danielsen, an 18-year-old Kansan visiting Mexico for the first time, was attacked, beaten and kicked after leaving a disco in Matamoros. His attackers used a pickup to drag his brutalized body 30 yards and dumped it next to a railroad track.
In 2005, Eddy Vargas, an El Paso teen, was beaten to death on his way to a Juarez ice cream store. In 2004, two California-born women, Sandra Luz Castro Pelayo and Vividiana Estrella Martinez, both 18, were raped, murdered and thrown into a canal in La Rosita by gang members.
A wave of killings in Juarez — a stunning 1,600 victims in 2008 and more than 210 so far this year — took the lives of three Americans in three weeks, including an El Paso nurse and her physician assistant friend who were showered with bullets on Nov. 22 as they drove in a funeral procession for her sister, who was a victim of an earlier slaying.
Yet the State Department has officially issued a statement of protest in only three homicide cases in the past five years, the Chronicle found. Those include the 2006 murder of independent journalist Brad Will, which remains unsolved though the killing was videotaped, and the in-custody 2005 death of Pauline Baeza, a California community college student, who died of head injuries suffered in an Ensenada jail. Originally classified as a homicide, the State Department now lists Baeza’s death as accidental.
International human rights groups and journalism associations joined the State Department in protesting the 2004 slaying in a Nuevo Laredo prison of Texas native Mario Medina. Medina, 23, was accused of knifing to death his neighbor, El Manana newspaper editor Roberto Mora.
Human rights groups alleged Medina had been framed with falsified evidence — including a fake murder weapon. Medina was killed after he claimed Mexican police tortured a confession from him.
Low arrest rate
Few killers get caught. Nationally, only 20 percent of homicide cases in Mexico result in arrests, according to a Chronicle analysis of data from the Citizens’ Safety Institute, a Mexico City-based nonprofit that surveys Mexican prosecutors nationwide.
In Tlaxcala, a mostly rural state described in the Mexican press as a base for some of Mexico’s notorious human trafficking gangs, the clearance rate was just 8 percent.
U.S. consular officials usually withhold names and details of American victims for privacy reasons, though the State Department did issue “travel alerts” last year for several border communities, warning that “dozens of U.S. citizens” had been kidnapped and/or killed in Tijuana. The warning gave no details.
“We’re not trying to scare anybody off, but we sure as heck want people to be aware of the dangerous conditions that they might encounter in certain parts of the country,” said former U.S. Ambassador to Mexico Tony Garza in an interview before he left his post. Under Garza, a Bush-appointee, the U.S. Embassy in Mexico issued no public statements in response to a single slaying since the Oct. 27, 2006, homicide of journalist Will.
Records from the prosecutor in Baja California Norte, where more than 90 Americans have been killed since 2003, mostly in the Tijuana area, showed none of the cases from 2004 to 2006 had been closed.
In nearly all cases involving U.S. citizens killed in Mexico, U.S. government response has been silent — affected at every level by the complex political and economic relationship between the two countries.
Embassy-based representatives of the U.S. government’s Citizen Services program are supposed to help American victims’ families monitor developments in homicide cases and keep them “informed” of police or judicial investigations, according to State Department regulations.
75 still missing
In addition to those killed, as many as 75 Americans, mainly from Texas and California, remain missing in Mexico, based on FBI data.
U.S. authorities who monitor border crime argue they are legally limited in helping families of Americans killed or kidnapped in Mexico, where they can investigate by invitation only.
Colombian officials, with decades of experience fighting drug-induced violence, have signed international treaties to tap U.S. crime-fighting databases used to track bullets, guns, fingerprints and DNA of criminals.
Historically, local and state investigators have not accessed the data, although guns used in many killings and suspects’ DNA often can be traced back to the United States.
These tools slowly are being used in federal anti-crime efforts launched by Mexican President Felipe Calderon, including an initiative to identify U.S. victims’ DNA in mass graves uncovered in border investigations.
In 2008, at least two men accused of killing Americans in Mexico were tracked back to the United States through binational initiatives. One was arrested in Houston.
Mexican Congressman Rivera Bedoya acknowledged that the increase in border homicides in Mexico, and the flow of guns from the United States that supplies most of the murder weapons, is a binational security problem that has cost many innocent lives.
“We have to collaborate — the security of Mexico is the security of the United States,” he said.
Chronicle staff writer Dudley Althaus, researcher Joyce Lee and Mexico-based freelance journalist Jaime Delgado contributed to this report.
lise.olsen@chron.com
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Houston mom waited 4 years for justice in son's death
By LISE OLSEN
Feb. 7, 2009,
Paula Valdez, a Houston mother of nine, woke to a late-night phone call on Oct. 23, 2004. Her 22-year-old son had been murdered in rural Mexico, an old friend said.
Mexican officials shipped back what little remained. A gold necklace. A wallet with no license. His bag. A single shirt and pair of pants. His cell phone. And, eventually, his body.
The U.S. Embassy called in 2004, too, offering funeral information and promises to keep her informed about the men suspected of killing her son Reynaldo Valdez and a 16-year-old who was with him.
For three years, she heard nothing more.
“They haven’t called me. We don’t know anything,” she told the Chronicle in 2007. “We don’t know if they are still investigating.”
After the Chronicle called the U.S. Embassy about her son’s case, Paula Valdez received a call. She said she believes the U.S. government’s new attention to the case put pressure on officials in her hometown in Guerrero, Mexico, to prosecute the murder suspects.
According to accounts, her son and two American companions had been visiting the ranch where Paula Valdez was born. As a boy, Reynaldo Valdez spent many summers roaming its subtropical woods and fishing its streams.
The group stayed two days and headed back. They had driven a little more than a mile when they were hijacked on a dirt road.
Reynaldo Valdez and Ashley Lynn Dininger, of Lantana, Fla, were shot in the head execution-style by armed men who took off with the minivan down a dirt road, according to reports. The gunman spared the life of Vanessa Burgos, a visibly pregnant 22-year-old, who told authorities the killers spared her because of her unborn child.
She led police to three men. The suspects, found with the minivan, confessed.
Last month, more than four years after the murders, Paula Valdez was notified that all three men had been sentenced. She said her son’s killer got 60 years.
lise.olsen@chron.com
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Murders in Mexico
Learn more about 230 people from the U.S. who have been killed in Mexico over the past five years.

100 días

Los ‘Cien Días’ de Obama/Carlos Fuentes
Publicado en EL PAÍS, 08/02/09;
Los Cien Días se refieren al regreso de Napoleón Bonaparte de su exilio en la isla de Elba en marzo de 1815, su campaña militar de Cannes a la Borgoña, coronada por el regreso a París, la fuga del rey Luis XVIII y, finalmente, la derrota en el campo de Waterloo en junio de ese año y el exilio final de Bonaparte a la isla de Elba, donde murió en 1821, prisionero de los ingleses.
Recuerdo el origen de los Cien Días porque el término se ha popularizado políticamente para indicar el periodo de gracia concedido a un nuevo gobernante, sobre todo en Estados Unidos de América.
La presidencia de Franklin D. Roosevelt -el Nuevo Trato- se inauguró, en 1932, en medio de la peor crisis económica anterior a la que hoy enfrenta Barack Obama. Franklin D. Roosevelt, como Obama, llegó al poder con una ola de optimismo que el presidente aprovechó para lanzar, en sus primeros Cien Días, una ola de iniciativas de ley destinadas a enfrentar a corto plazo, aunque no a resolver para siempre los desafíos del momento.
Durante los Cien Días, Roosevelt propuso leyes para los problemas de la agricultura, las hipotecas y el crédito, tratando de estimular la recuperación, además, con programas de préstamos, impulso al trabajo, ayuda a los más necesitados, combate al desempleo, reforma del sistema bancario y coordinación de los sistemas de transporte.
La Ley de Recuperación Industrial (NRA) estableció, a pesar de la oposición de la derecha, programas de empleo directo, construcción pública y reducción de la semana de trabajo con protección de salario.
Y por último (ojo, presidente Calderón), Roosevelt creó la CCC (Cuerpo de Conservación Civil) para dar empleo a un cuarto de millón de jóvenes en tareas de reforestación, construcción de presas, preservación de bosques, plantación de árboles e irrigación de tierras.
Las medidas de Roosevelt, con éxitos tanto como fracasos, cobraron sentido pleno cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial con una fuerza de trabajo optimista, una industria recuperada y unas finanzas saneadas.
Barack Obama se enfrenta, por clara admisión, a la peor crisis desde 1932. Su respuesta contiene dos vertientes: la exterior y la interior.
En política externa, Obama, desde su primer día en la Casa Blanca, ordenó el cierre del campo de tortura en Guantánamo, Cuba. Se ha dado a sí mismo un año para cerrar la prisión. Ha pedido a países amigos de la Unión Europea que reciban a un buen número de los prisioneros actuales. Los europeos, que con tanto vigor demandaron el cierre de Guantánamo, se muestran indecisos a la hora de recibir a los prisioneros. Austria y Holanda se niegan porque sus leyes lo prohíben. Acaso los demás Estados acaben por aceptar lo que Europa le pidió a Bush. Obama coloca a los europeos ante un nuevo dilema: cooperar con un Gobierno norteamericano que responde y co-responde al humanitarismo y a la legalidad.
El segundo acto internacional de Obama es aún más importante. Entrevistado por la cadena árabe Al-Arabiya, el nuevo presidente distingue claramente a la minoría terrorista de la mayoría islámica y a ésta, si ella abre el puño, Obama le tiende la mano. Obama se muestra dispuesto a negociar con Irán y tácitamente comprende que el poder en Teherán lo tienen los ayatolás, no el presidente Ahmadineyad, espantapájaros útil cuando Bush consigna a Irán al eje del mal, pero dispensable si Obama “tiende la mano” si Irán “abre el puño”.
Una enorme virtud de la política en Medio Oriente propuesta por Obama es que comprende la interrelación de las partes. La relación con Irán es inseparable del conflicto entre Israel y Palestina y éste de la política de y hacia Egipto, Siria, Líbano, Afganistán, Pakistán e Irak. Obama concibe un Estado palestino con continuidad e integridad territoriales, abierto al comercio exterior y a la creación de empresas e inversiones. Una Palestina mutilada, reducida a la Franja de Gaza y trozos de Cisjordania, no puede corresponder a estos objetivos. Sólo una Palestina restaurada (¿a las fronteras de 1967?) puede aislar a sus propios terroristas, reconocer al Estado judío y negociar con Tel Aviv.
Si éste es el mensaje explícito de Obama, implícitamente el presidente pide a Israel, Estado cliente de Estados Unidos, que se comporte, porque la Casa Blanca no le dará apoyo incondicional, sino sujeto a la voluntad de paz y convivencia con sus vecinos árabes.
La novedad es que Barack Obama es el primer presidente cosmopolita de Estados Unidos de América: nativo de Hawai, educado en Indonesia, con familia en Kenia, pero también graduado de la Universidad de Columbia con posgrado en Harvard y experiencia política y social en Chicago, Obama es un ave a la vez rara y representativa de un futuro mestizo (europeo, africano, latino y oriental) para la América del Norte.
La semejanza con el Nuevo Trato de Roosevelt la acentúa en el virtual Contrato Social que Obama le ofrece a Estados Unidos. Las iniciativas que ha enviado al Congreso caen bajo el rubro general de “paquete de estímulo”, con un costo previsto de 825.000 millones de dólares. Implican, entre otras cosas, un subsidio al desempleo para proteger a los casi nueve millones de trabajadores que han perdido ocupación. Obama propone aumentar los servicios de salud en 127.000 millones de dólares durante los próximos dos años.
Propone, asimismo, federalizar y universalizar el sistema de ayuda médica (Medicaid) y enfrentar el cambio climático y las emisiones de gas a partir de las leyes del Estado de California, donde se encuentran la mitad de los automóviles estadounidenses. ¿Será este un primer paso para que Estados Unidos se adhiera al protocolo de protección del medio ambiente (Kyoto), arrastrando de paso la adhesión de China y la India?
En todo caso, el paquete legislativo del presidente Obama equivale a un Nuevo Contrato Social para los pobres, los desempleados y los enfermos. Que contará con seria oposición lo indican las críticas que, de inmediato, ha recibido. Convencional, oficialista y oficioso: las críticas al programa acusan a Obama de preferir la reducción de impuestos al indispensable aumento del gasto público.
Las tasas de interés, alegan los críticos, no puede rebajarse más porque ya están en cero -y no son más (Paul Krugman) que la última bala de un arsenal vacío-. La crisis, alega Krugman, se debe a una industria financiera desenfrenada y podría conducir a la nacionalización de la banca.
Habrá oposición a Obama. Pero el presidente tiene una respuesta digna de un gallero de Tlaquepaque: “Yo gané”. Aún le quedan decenas de días de los cien iniciales para demostrarlo.

"Chuponeos!

Intercepciones teléfonicas
Secuelas de dictadura/Mario Vargas LLosa
Publicado en EL PAÍS, 08/02/09;
El feo peruanismo chuponear -feo por su viscosa fonética y por su significado- significa interceptar las comunicaciones entre las personas con un propósito delicuencial. Está ahora de moda en el Perú a raíz del descubrimiento de unos audios grabados ilegalmente de conversaciones telefónicas en que dos antiguos militantes del Partido Aprista, Rómulo León Alegría y Alberto Químper, uno de los cuales fue ministro en el primer gobierno del presidente Alan García, hacían tráfico de influencias a favor de empresas y personas interesadas en obtener licitaciones y contratos del Estado y se felicitaban de las comisiones que por ello recibían: “¡Hemos hecho un faenón, hermano!“. Ambos han sido expulsados del Apra, están presos y su conducta se ventila ante el Poder Judicial.
Aunque el presidente García no ha sido personalmente afectado por el escándalo -los audios prueban que hacía tiempo se negaba a recibir al ex ministro implicado, y en un discurso ha llamado “ratas” a los protagonistas- el episodio provocó la caída de todo el gabinete y, ahora, ha tenido un rebrote publicitario con la captura de los chuponeadores: una compañía llamada Bussiness Track, de la que forman parte varios oficiales de la Marina de Guerra, algunos en activo y otros en situación de retiro. Los registros policiales de los ordenadores y archivos de la empresa en cuestión, y la aparición de más de ochenta nuevos audios que llegaron misteriosamente a manos de un periodista, han provocado toda clase de conjeturas. Se habla de una vasta clientela de individuos y empresas particulares que encargaban las ilegales interceptaciones de Buissness Track y otras compañías de la misma índole -por lo visto hay varias en plena actividad- para servirse de ellas contra sus competidores o en problemas más íntimos, como los pleitos de divorcio. Decenas y acaso centenares de personas del mundo profesional, industrial y comercial operando en la más flagrante ilegalidad y sin el menor escrúpulo.
Hay razones para alarmarse, desde luego, pero sólo los cínicos y los tontos deberían sorprenderse. Porque el Perú es un país que, como la mayoría en América Latina, tiene una larga tradición de dictaduras y la herencia más profunda y duradera que éstas dejan siempre a las sociedades que las padecen es el eclipse de la moral pública, el envilecimiento cívico. Esta tara persiste una vez que la dictadura se desploma y es uno de los lastres por el que las democracias que suceden a los regímenes tiránicos fracasan y a veces terminan en nuevos golpes de Estado.
La interceptación de las comunicaciones se practica en todas partes, desde luego, pero en las democracias dignas de ese nombre ella se lleva a cabo, en cada caso específico, con autorización judicial, y esto ha permitido, por ejemplo, capturar a traficantes de drogas y grandes criminales. Los servicios de inteligencia se valen de ella, también, para combatir el terrorismo, dentro de limitaciones legales estrictas. Y hemos visto en los últimos años las protestas que han merecido en Estados Unidos y en Europa los casos en que los cuerpos de seguridad se extralimitaron, violentando la ley que garantiza la privacidad de los ciudadanos, en sus labores de espionaje.
La pareja criminal Fujimori-Montesinos que fue dueña y señora del Perú por diez años -1990 a 2000- hizo del horripilante chuponeo una práctica generalizada que le servía para conocer la vida íntima de sus críticos y adversarios y poder extorsionarlos, así como para ejercer chantajes y obtener beneficios en las grandes operaciones delictivas en que los forajidos del régimen se robaron cientos de millones de dólares, que comprendían desde negociados mafiosos con la compra y venta de armas hasta pactos y negocios de los carteles internacionales del narcotráfico. Como todas las instituciones del país fueron puestas al servicio de la dictadura, las Fuerzas Armadas, claro está, pasaron también a servir, antes que al Perú, a Fujimori y Montesinos, y por eso hay hoy todavía en la cárcel, cumpliendo condenas o a punto de recibirlas, un buen número de antiguos oficiales que, en esos años sombríos, ensuciaban su uniforme a la vez que se llenaban los bolsillos.
Buen número de ellos ejercitaban el chuponeo desde las modernas instalaciones importadas para el efecto por el Servicio de Inteligencia que presidía Montesinos, eminencia gris de la dictadura. Cuando ésta finalmente se desmoronó en un fin de fiesta tan calamitoso como payaso (Fujimori huyendo al Japón y renunciando a la Presidencia mediante un fax y Montesinos entregado por los servicios secretos venezolanos de Chávez que lo habían escondido), los expertos chuponeadores se quedaron sin trabajo y, ni cortos ni perezosos, formaron empresas privadas y ofrecieron sus servicios al público. Lo más notable y escandaloso no es que lo hicieran sino que, de inmediato, encontraran tantos clientes en el mundo empresarial. Lo que significa que a una cantidad indiscernible, pero ciertamente grande, de peruanos les parecía -les parece- perfectamente legítimo valerse de una actividad delictuosa e inmoral -la violación de la privacidad- para obtener contratos, influencia, poder o extorsionar a sus competidores y adversarios.
El Perú anda mucho mejor de lo que estaba en aquella década infame, por supuesto. Desde el año 2000, con los tres presidentes que ha tenido desde entonces, Valentín Paniagua, Alejandro Toledo y Alan García, la democracia ha funcionado pasablemente bien en lo esencial -elecciones libres, libertad de prensa, independencia de poderes- aunque sus imperfecciones sean todavía grandes en razón del subdesarrollo, y la buena política económica seguida por los tres ha traído al país un crecimiento y una buena imagen internacional para los inversores sin precedentes en nuestra historia. Acaso lo más sorprendente de estos años haya sido la evolución del presidente Alan García hacia una filosofía liberal y moderna que (en buena hora para el país) defiende y aplica contra viento y marea, incluso contra buen número de sus propios compañeros de partido que siguen anclados en el pasado, sin importarle la impopularidad. El resultado es que, a diferencia de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, el Perú, con su apertura al mundo, su apoyo a la empresa privada y su implantación en todos los grandes mercados internacionales, resiste bastante mejor que el resto el cataclismo financiero internacional.
Ahora bien, como lo muestra el escándalo del chuponeo, hay una podredumbre moral agazapada debajo de esa fachada estimulante, que conspira contra todo lo que anda bien y que, si no se corta por lo sano, podría, dadas ciertas circunstancias difíciles, retrocedernos otra vez hacia la barbarie autoritaria. Ésta no empieza cuando los tanques salen a las calles y los uniformados, siguiendo a un mequetrefe militar o civil, asaltan el Parlamento, Palacio de Gobierno y el caudillo toma el poder y comienza a gobernar a punta de úcases. Comienza con el criollo desprecio de las reglas y convenciones que son el sistema sanguíneo de la civilización, el poco respeto no sólo de las leyes sino del espíritu que las anima, y la aceptación de todo lo que las vulnera e instaura la arbitrariedad, la mentira y lo ilícito como norma aceptable de conducta.
El Perú, una democracia en cierto sentido pujante, es, al mismo tiempo, un paraíso de la ilegalidad. Es cierto que buen número de responsables de los crímenes y pillajes de la dictadura han ido a la cárcel, pero muchos más de los que la prohijaron, sirvieron y medraron con ella, andan ahí, reciclados, ahora demócratas de nuevo, con el whiskycito en la mano y la sonrisa del triunfador, adornando las páginas de sociales. Los discos, los libros y los vídeos piratas se venden por doquier y todo el mundo sabe y acepta que la coima sea la única llave maestra para aligerar cualquier trámite administrativo o librarse de las multas y que las multas y los trámites se conciban sólo para poder obtener coimas. ¿Cómo sorprenderse que, en semejante contexto, el traficante de influencias, emboscado bajo la anodina denominación de lobbysta o cabildero, sea un activo protagonista de la vida económica y de que haya empresarios que contratan a los chuponeadores con toda normalidad para descubrir el talón de Aquiles de sus competidores y ganarles los concursos y los pleitos? Son esas silenciosas y diligentes termitas las que, a lo largo de nuestra historia, han hecho que todos nuestros intentos democráticos se desintegren de pronto como momias expuesta al sol. No seamos tan insensatos otra vez más.

Para hacer funcionar a las estrellas es necesario apretar el botón azul..." — El sobrino de Chofi.

 Para hacer funcionar a las estrellas es necesario apretar el botón azul..." — El sobrino de Chofi. Por Fred Alvarez Palafox.. Es de no...