25 jun 2026

Venezuela ante la adversidad: El eco del dolor y la luz de la esperanza

Venezuela ante la adversidad: El eco del dolor y la luz de la esperanza

Al mirar las imágenes, el tiempo parece colapsar. Mi memoria viaja irremediablemente a aquel 19 de septiembre de 1985, cuando la tierra también rugió con una furia que dejó cicatrices imborrables. Hoy, el escenario es otro, pero el sentimiento de vulnerabilidad es el mismo.

Ayer, 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por un evento telúrico que desafió cualquier precedente del último siglo. Lo que los expertos han denominado un "doblete sísmico" —dos embates consecutivos de 7.2 y 7.5 grados— golpeó con saña el norte del país, dejando una estela de desolación que nos estremece el alma.

Las cifras oficiales hablan hasta las primeras de hoy, de 167 vidas perdidas y 971 personas heridas; seguramente son miles de muertos…;, ojala y no..

Pero, ¿cómo cuantificar el vacío de una familia que ha quedado en el desamparo? ¿Cómo medir la angustia de quien sigue buscando una señal de vida entre los escombros de La Guaira y Caracas?

Detrás de los números, late un drama profundo: comunidades enteras que intentan sobrevivir en medio de la penumbra, sin servicios básicos, en zonas que han sido declaradas escenario de una tragedia mayor.

La solidaridad como único refugio

En medio de este colapso, la mirada del mundo ha girado hacia Venezuela.... Es un instante donde la historia nos exige deponer cualquier diferencia para priorizar la dignidad humana. La llegada de brigadas de rescate internacionales, certificadas por las Naciones Unidas, y el apoyo tendido por gobiernos como el de México, son pequeñas luces de esperanza que emergen entre las ruinas.

El silencio es, quizás, la herida más difícil de cerrar. La interrupción de las telecomunicaciones ha levantado un muro de incertidumbre; miles de familias aguardan una palabra, mientras la diáspora, desde la distancia, vive la desesperación de no poder estrechar la mano de los suyos en la hora más oscura.

Hoy, la resiliencia del pueblo venezolano es puesta a prueba de la forma más cruel. Sin embargo, en esta fragilidad compartida, descubrimos una fuerza antigua.

Es imperativo que la mirada del mundo no se desvíe; que la atención siga centrada en la búsqueda, en el rescate y en garantizar que la ayuda humanitaria no encuentre obstáculos para llegar a quienes más lo necesitan.

Más allá de fronteras, ideologías o distancias, hoy la causa es una sola: la vida. Nos toca acompañar, con empatía y acciones concretas (apoyar con recursos ), a quienes enfrentan este momento. Porque cuando la tierra tiembla y el mundo parece desmoronarse, la única estructura capaz de sostenernos es nuestra capacidad de estar juntos.

Para la historia inmediata. 

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