8 ago 2026

Inmigrantes, no invasores

Inmigrantes, no invasores/Jorge Ramos Ávalos 

REFORMA, 08 agosto 2026;

MADRID.- Cierro los ojos y, de pronto, me olvido de que estoy en España y oigo los mismos insultos y argumentos contra los inmigrantes que he escuchado en los Estados Unidos de Trump. Que son unos invasores, que son unos criminales salidos de las cárceles, que son enviados por el gobierno vecino, que son unos ilegales que no se merecen estar aquí, que ponen en peligro nuestra forma de vida... Pero lo único que yo veo en las pantallas de televisión y de mi celular son unos muchachitos que se han jugado la vida nadando de Marruecos a Ceuta, uno de los dos territorios españoles en el norte de África.

Son inmigrantes, no invasores.

Pero los políticos de ultraderecha han aprovechado la crisis para promover su agenda antiinmigrante. "Hay que echarlos ya. A todos", dijo Santiago Abascal, el líder de Vox. "Con los medios que sean. Y si el gobierno no lo hace, tendrán que ser los españoles solos". Su portavoz -según reportó El País- fue aún más lejos, diciendo que los habitantes de Ceuta "tienen mucho miedo... ante las hordas de inmigrantes ilegales, hombres en edad militar, que están deambulando y delinquiendo por la ciudad". Es el típico y simplista argumento de que los inmigrantes son malos y vienen a atacarnos.

Siempre ha habido inmigrantes que se saltan la frontera para llegar a Ceuta. Pero lo distinto esta vez fueron los números. Y es que no fueron diez o doce migrantes, sino más de 60 mil, casi equiparando la población de esta ciudad autónoma. En dos o tres días la frontera que separa a Marruecos de España quedó totalmente desbordada. Eran multitudes cruzando por mar y tierra sin que la Guardia Nacional española pudiera hacer nada para detenerlos.

Imposible saber qué motivó esta gigantesca ola migratoria. Están lo absurdo de los mapas y el pleito de décadas entre España y Marruecos. Pero, quizás, lo que tiene más sentido es la decisión hace un mes del Tribunal Supremo de España de que no se podía devolver en caliente a los inmigrantes que cruzaran a nado de Marruecos a Ceuta.

Los inmigrantes se convierten en abogados y en expertos en geopolítica cuando se trata de analizar la oportunidad de emigrar. Son unos maestros en el manejo de los tiempos. Igual en la frontera entre México y Estados Unidos que en Ceuta. Así, miles se lanzaron a nadar los 200 o 300 metros que los separaban de España con llantas o cualquier objeto que flotara. La mayoría llegó. Pero al menos 80 murieron en el trayecto, incluyendo varios ahogados.

No es difícil entender por qué tantos hombres jóvenes quieren huir de Marruecos. "Intenté trabajar y tener un empleo para poder vivir, pero no hay nada para mí aquí", le dijo Mohammed Kinani, de 21 años, al diario The New York Times, luego de que lo regresaran de Ceuta. "Si no dejo este país, nada me va a salvar". Las historias se repiten. "¿Tú crees que si yo tuviera un trabajo (en Marruecos) me hubiera ido?", le dijo a un reportero Ahlam, de 22 años, quien nadó a Ceuta con sus cuatro hermanos, el más pequeño de ocho años.

La gran mayoría de los inmigrantes que cruzaron ilegalmente a España han sido ya regresados a Marruecos. Pero, conociendo el espíritu de los inmigrantes, a la siguiente oportunidad lo van a volver a intentar. Ellos están buscando el sueño europeo y decenas de miles lo tocaron... antes de volver a perderlo. Hay algo deshumanizante cuando vemos esa marea de cabecitas nadando de un país a otro. Si le pusiéramos nombre y cara e historia a cada uno, estoy seguro de que sería más fácil conectar y entender por qué están huyendo del país donde nacieron.

Comprendo que ningún país puede defender una política de fronteras abiertas y que lo ocurrido en Ceuta va mucho más allá de lo aceptable para cualquier gobierno. En España se sintieron vulnerados y algunos reaccionaron de manera muy visceral. Pero migrar, huir de la violencia y la pobreza, no es un delito.

No son criminales ni violadores. Son, simplemente, inmigrantes.

Abro los ojos y me encuentro con una fotografía de miles de chancletas de plástico, boyas y llantas inflables flotando al ritmo de las olas que chocan contra las costas de Ceuta. Cada uno de esos objetos tiene una historia que contar. Son historias de esperanza, de los que llegaron y de los que ahora no sabemos dónde están.


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