1 ago 2026

Nuestro amigo Faustino López Osuna.

 Nuestro amigo Faustino López Osuna.

Por Fred Alvarez Palafox...

Siempre que visito Mazatlán, la vida me da la oportunidad de charlar con mi amigo Faustino López Osuna. Últimamente nos hemos visto en un lugar muy agradable, ahí por la Zona Dorada, donde se puede platicar despacio, sin ruido. Este sábado, junto a Lily, sostuve una charla entrañable y profunda con el insigne poeta popular de Aguacaliente de Gárate. Siempre me comenta cosas nuevas; hablamos de música y poesía. Esta vez conversamos sobre aquel tributo musical que le hizo al inolvidable «Trovador del Campo», Luis Pérez Meza, en un disco titulado En el corazón del pueblo.

Faustino convenció al Trovador del Campo de que le cantara unas canciones de su autoría dedicadas a la región de los altos. Lo hizo, pero solo fueron seis, pues a don Luis ya no le alcanzó la voz. Incluso, en una de ellas en el estudio, le pidió a Faustino que la cantaran juntos; Faustino se negaba hasta que lo convenció, y la canción quedó perfecta.

Juan Lizarraga Tisnado comenta en Ríodoce que, al año del fallecimiento de don Luis Pérez Meza, Faustino —con la ayuda de un grupo de amigos y pasando la charola— pudo producir el acetato, acompañado por la banda Los Tierra Blanca, de Culiacán. El disco circuló sólo entre un círculo cercano.

Agrega Juan que «el 7 de febrero de 1981 empezó la grabación. A la primera, Pérez Meza se sintió mal, pero quiso seguir cantando. Grabó las últimas cinco ante el estupor de quienes lo presenciaban, pues se veía grave. El 8 de junio del mismo año, mientras cantaba en Guasave, sufrió un infarto y al día siguiente falleció».

En efecto, así fue; ese día se apagó la voz del Trovador del Campo, originario de Cosalá, cuando apenas tenía 65 años —alguien lo hizo enojar y no recibió la atención médica adecuada—. El proyecto del disco quedó trunco, y a Faustino se le ocurrió editarlo a manera de homenaje, incluyendo un texto que grabó con su propia voz. Tuve entonces una copia de ese disco; hoy ni siquiera Faustino tiene una copia, y aprovecho este espacio de la red para saber si alguien lo tiene; sé que circula en la red social de YouTube, pero no es de buena calidad.

El homenaje fue doble: a Luis Pérez Meza y a don Alfonso G. Calderón.

¿Por qué?

El vals San José de Gracia, incluido en el disco, es una pieza musical que López Osuna dedicó a don Alfonso G. Calderón (1913-1990) e inmortalizó con los arreglos y el sentimiento de la banda Los Tierra Blanca de Culiacán. Faustino compuso este vals a don Alfonso porque, en cierta ocasión en que lo acompañó a una gira por ese lugar —él trabajaba como director de una oficina que apoyaba a las comunidades rurales, el DICRES—, vio cómo al gobernador sinaloense se le salieron las lágrimas al visitar las ruinas del lugar donde vivió de niño. Sí, aunque el futuro gobernador obrero nació en Calabacillas, Chihuahua, siendo un niño su familia se fue a vivir al mineral de San José de Gracia, Sinaloa. De ahí partió —a los 7 años rumbo a Los Mochis—, frase que se convirtió en el lema de su campaña: «llegué a Los Mochis a batir el lodo con los pies descalzos». Allí se hizo obrero, ayudante de electricista en la United Sugar Company (la fábrica conocida antaño como la Compañía Azucarera de Los Mochis, S. A.), donde comenzó su carrera como líder obrero.

«Yo me prometí que volvería,

a mi San José de Gracia un día,

nuestras vidas como los ríos,

bajan deseando poder retornar…»

Entonces, el homenaje tuvo un profundo sentido: a don Alfonso con esa canción, y a Luis Pérez Meza con El Cosalteco, cuya pieza musical es una profunda declaración de orgullo regional y arraigo por Cosalá. Inicia con una mezcla de respeto y audacia, pidiendo anticipadamente la comprensión del público antes de entonar su canto. A través de sus versos, enaltece la historia de su tierra natal aludiendo a su pasado colonial y rindiendo homenaje a figuras emblemáticas como Heraclio Bernal y Guadalupe de los Reyes (hoy pueblo casi fantasma). La composición concluye con una emotiva y firme despedida, sellando su identidad como un auténtico cosalteco que regresa cantando a su pueblo:

Ya me voy a retirar

señores aquí los dejo

ya me voy a retirar

me voy cantando a mi pueblo

no se les vaya olvidar

que aquí cantó un cosalteco

Pero ojo, ocurrió algo muy especial con San José de Gracia.

Cuenta Faustino que, al concluir la grabación, el ingeniero de sonido reprodujo el tema y presenció un momento inolvidable: al llamado «Trovador del Campo», al hijo de Cosalá, se le llenaron los ojos de lágrimas. Conmovido, Luis Pérez Meza le agradeció a Faustino la creación de aquel vals y de El Cosalteco, pero sobre todo por San José de Gracia.

Faustino quedó profundamente conmovido, aunque no supo el motivo exacto sino hasta meses después, cuando la viuda le comentó que don Luis quería mucho a San José de Gracia porque ella era originaria de aquel hermoso lugar de la sierra. Se trata de un rincón que, por cierto, Calderón mandó remodelar, tal como aparece en la portada del disco.

El homenaje a los que nos dejaron

Hay canciones, pues, que no solo se escuchan; se sienten en la piel, duelen en el pecho y nos devuelven la infancia y los caminos recorridos. Ese disco homenaje es el testamento vivo de dos grandes almas que le cantaron a la tierra con devoción.

Escuchar a Faustino conmoverse con su propia música es entender que el arte verdadero nace de las entrañas y se queda a vivir para siempre en la memoria colectiva de nuestra gente.

Gracias, Faustino, por dejarnos asomarnos a su sensibilidad, por hacer que un vals nos sacuda el alma y por recordarnos que, mientras la música suene, los que se han ido siguen caminando a nuestro lado por las calles de Cosalá y de todo Sinaloa.

Hoy esta música corre el riesgo de quedar en el olvido... Es urgente rescatarla.

¿Quién se anima a sumarse a este rescate?

PD:: "Por los Caminos de Sinaloa con Don Faustino López Osuna”

En febrero de 2026 el Teatro Universitario de la UAS en Mazatlán dejó de ser por una noche un simple recinto de madera y luces para transformarse en un santuario. El pretexto eran los 19 años de la agrupación Folklo-UAS, casi dos décadas rescatando pasos del olvido. Sin embargo, el pulso real —ese latido que espesaba el aire y erizaba la piel— no emanaba del escenario. Venía de una butaca en la primera fila donde aguardaba, sereno y expectante, mi amigo Faustino...

El hijo predilecto de Aguacaliente de Gárate presidió la gala como se presiden los actos sagrados: con humildad. Al inicio y al final, el recinto vibró con las notas del Himno a Sinaloa; escucharlo ahí, frente à su autor —ese ilustre politécnico de mente universal—, le dio al momento una solemnidad que calaba hondo.

Bajo el título “Por los Caminos de Sinaloa con Don Faustino López Osuna”, el maestro Jesús Manuel López Cruz obró el milagro de la transmutación. Logró que la poesía abandonara la quietud del papel para convertirse en el viento que agita las faldas y en el polvo que levantan los sombreros.

El programa fue un río de tradiciones fluyendo por nuestra geografía sentimental:

Culiacán: Al ritmo de «El Negrumo» —aquel entrañable cómplice de Faustino—, la capital se volvió movimiento puro bajo la coreografía de Miguel Ángel López.

San José de Gracia: Un vals de elegancia antigua que recuperó su distinción en los trazos de Diana Patricia Osuna, recordándonos que nuestra identidad también tiene matices de seda y galanura.

La fuerza de la tierra: Con «El Cosalteco», «El Escuinapense» y el «San Ignacense», el escenario estalló en esa energía ruda y festiva que nos define

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