¿Quién los grabó y qué sigue ahora?
La noche del 24 de agosto, las copas de Sassicaia de veinticuatro mil pesos servidas en el restaurante Magazzino hicieron añicos, trago a trago, el desgastado mito de la austeridad republicana. Afuera, sobre la calle Pachuca, una fortaleza de camionetas y escoltas custodiaba el perímetro; adentro, el humo de los puros envolvía a los nuevos príncipes del sistema. Ahí estaban Andy y Gonzalo López Beltrán, flanqueados por su sombra operativa, Daniel Asaf, aquel exjefe de Ayudantía que facturaba lujo en Tokio bajo la máscara de la pobreza franciscana.
Completando el cónclave, el gran capital: Juan Domingo Beckmann, magnate tequilero y asesor económico, junto al estratega Mauricio Garduño. La estampa es un eco ineludible de Emilio Lozoya en el Hunan. Los manteles cambian, los apellidos rotan, pero la arrogancia de la impunidad sigue intacta.