17 sept 2026

¡No al antisemitismo en México!/ Fred Alvarez Palafox

 ¡No al antisemitismo en México!/ Fred Alvarez Palafox

La Silla Rota, 16/9/2026 · 21:00 hs

La marcha frente a una sinagoga en Polanco durante Rosh Hashaná indigna y debemos alzar la voz para que esto no vuelva a suceder. | Fred Álvarez.

"In memoriam de mi querido amigo, el Ing. Luis Himelfard Offman (1933-2022): auténtico puente entre judíos y cristianos, y artífice de que una copia del ayate de la Guadalupana —bendecida en Roma por Juan Pablo II— cruzara hasta Israel guiada por el cardenal Ernesto Corripio Ahumada."

La mañana del 11 de septiembre de 2026, mientras numerosas familias se sentaban a la mesa para celebrar el inicio de un nuevo ciclo con el Rosh Hashaná —una de las fechas más sagradas del calendario judío, un tiempo de recogimiento, oración y esperanza—, una sombra que creíamos desterrada oscureció la avenida Presidente Masaryk. Ahí, frente a una sinagoga en Polanco, un espacio consagrado a la fe y la paz, resonaron gritos que nos helaron la sangre a quienes creemos en la democracia: “¡Fuera judíos! ¡Fuera judíos de México!”.

El asombro inicial, ese frío que recorre la espalda ante lo impensable, pronto dio paso a una profunda indignación. Quien primero registró este doloroso quiebre y tuvo la entereza de alzar la voz fue la escritora Silvia Cherem S. A través de un mensaje en la red social, plasmó una realidad que sacude conciencias: "No gritaban contra el gobierno de Israel. No protestaban contra una operación militar ni exigían un alto al fuego. Las consignas estaban dirigidas contra los judíos, contra ciudadanos mexicanos por el simple hecho de ser judíos. Eso tiene un nombre inequívoco: antisemitismo".

El testimonio de Silvia da su justo lugar a Mónica Salmón. Esta escritora —quien no pertenece a la comunidad judía— se convirtió en testigo de primera mano casi por azar: desayunaba en un restaurante sobre la avenida Masaryk cuando los gritos irrumpieron de golpe. Indignada y aún estremecida por la crudeza de la escena, fue ella quien le hizo llegar los primeros mensajes de alerta; había que alzar la voz frente a lo que estaba ocurriendo.

La evidencia que se recogió es reveladora. En los videos que Mónica logró grabar, sumados a otros que ya circulan en la red, la anatomía de la marcha queda al descubierto. Se observa a los manifestantes ondeando banderas palestinas y escudándose detrás de mantas que llevan los nombres de diversos sindicatos y agrupaciones políticas de la Ciudad de México. Sin embargo, como bien señala Silvia, hay detalles visuales que delatan la maquinaria detrás del contingente: las imágenes muestran claramente cómo estas personas fueron trasladadas a Polanco en camiones verdes de pasajeros, bajo custodia policial, mientras un hombre vestido de saco parecía actuar como director de orquesta, dictándoles las consignas que debían repetir.

"¿Quién identificará a las organizaciones cuyos nombres aparecen en las mantas? ¿Quién averiguará quién trasladó a esas personas, quién redactó las consignas y quién pagó la movilización? ¿Habrá una condena pública, clara e inmediata, o se intentará presentar lo sucedido como una protesta política más?", se preguntaba Silvia con justa razón.

Frente al odio, afortunadamente, el tejido social no enmudeció. Hubo múltiples manifestaciones de solidaridad. Actores políticos, la comunidad jesuita, los obispos católicos de México y ciudadanos de a pie cerraron la puerta a la hostilidad con un abrazo solidario, dejando claro un principio elemental: en este país no hay lugar para intimidar o pretender expulsar a nadie por sus creencias.

Esta pequeña movilización, impulsada por un colectivo denominado Red Latinoamericana por Palestina, cruzó una línea roja que no admite matices. El derecho a la protesta internacional es un pilar democrático, pero usar las calles como vehículo para escupir odio frente a un centro de culto es otra historia muy distinta. Al lanzar consignas antisemitas, la manifestación se convirtió en una agresión penalizada por la ley. El artículo 1 de la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación es claro al tipificar como tal a "la homofobia, misoginia, cualquier manifestación de xenofobia, segregación racial, antisemitismo, así como la discriminación racial y otras formas conexas de intolerancia".

¡Pero la autoridad enmudeció!

Ante la urgencia del momento, compartí en mis redes sociales algunas reflexiones que hoy sostengo con firmeza. De todas ellas, rescato una pregunta fundamental: ¿quién financió esta agresión perpetrada en un día tan sagrado y justo frente a un lugar de culto? Para profundizar en ello, grabé un video comentario que aquí les comparto.

https://www.youtube.com/watch?v=v9jIRbNMl0A

Un día después, el eco de la indignación tomó forma oficial. Tribuna Israelita y la Comunidad Judía trazaron una línea inquebrantable para llamar a las cosas por su nombre: lo visto no fue crítica política, fue antisemitismo absoluto. "Es inaceptable que en nuestro país se realicen manifestaciones con expresiones de odio y rechazo hacia los judíos de México por identidad y religión", advirtió el documento firmado por la directiva que hoy encabezan Alberto Romano y Mauricio Lulka, acompañados por Mauricio Kershenovich y Renée Dayan, reafirmando que el tejido social del país no puede ceder ante la discriminación.

Hubo muchas muestras de solidaridad, es cierto, pero la historia nos ha enseñado —con demasiada sangre— a no desdeñar ninguna intolerancia. Sé de lo que hablo. A lo largo del tiempo he tratado de registrar, hasta donde me ha sido posible y para la memoria inmediata, todas las expresiones de antisemitismo y odio en México, por más pequeñas que parezcan. El odio raras veces se combate con la razón; a menudo parece que solo queda esperar a que sus pasiones se diluyan.

Hace años leí un artículo del profesor  de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad del País Vasco, Jesús Casquete titulado «Más que antisemitismo» (El País, 2014), donde el investigador recordaba una dolorosa lección histórica. En la Alemania del siglo XIX —justo cuando Wilhelm Marr acuñaba el término "antisemitismo"—, se le pidió al eminente historiador Theodor Mommsen combatir estos prejuicios apelando a la razón. Mommsen se negó, argumentando que el odio es sordo: "Se equivocan si creen que se puede lograr algo mediante la razón... Los antisemitas sólo prestan oídos a su odio y a su envidia. Es una epidemia terrible, como la del cólera: no es posible explicarla ni curarla. Hay que esperar pacientemente hasta que su veneno se consuma".

Comprendí la verdadera dimensión de aquella advertencia en los años noventa. Durante mi paso por la Oficina de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, recibí una encomienda fundamental: atender de cerca las expresiones antisemitas en el país. Esa tarea me permitió coordinar esfuerzos con la comunidad judía y, de manera muy particular, con Mauricio Lulka, se debe acordar. Fue una labor que, más que un encargo oficial, terminó por convertirse en un registro de vida.

Desde entonces, he documentado meticulosamente las manifestaciones de intolerancia, negándome a subestimar ninguna. Primero fueron las proclamas de 1993 y 1994, protagonizadas por el denominado Partido de las Águilas Mexicanas frente a Palacio Nacional. Años después, en 2005, atestiguamos los infames discursos contra Santiago Levy, entonces director del IMSS, donde aparecieron esvásticas junto a consignas intolerables sobre la banqueta de Paseo de la Reforma. En aquel tiempo charlé de inmediato con Gilberto Rincón Gallardo, quien presidía el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). Fiel a su convicción, abrió una investigación y el entonces presidente Vicente Fox se sumó a la condena, dejando claro que tales actos no tenían cabida en la democracia mexicana.

Años atrás —a principios de esa misma época—, el destino ya me había llevado a colaborar en las mesas de trabajo para forjar la ley antidiscriminatoria junto a Rincón Gallardo, el primer ombudsman contra la discriminación. En esos espacios participaron académicos notables como Judit Bokser, con quien nuestros caminos se cruzaron previamente en un seminario que organizamos con el investigador Roberto Blancarte en el Centro de Estudios de las Religiones. De ese encuentro conservo con aprecio el libro obsequiado por Judit “Imágenes de un encuentro. La presencia judía en México durante la primera mitad del siglo XX”, coordinado por ella y coeditado en 1991. Tiempo después, como un eco de aquel esfuerzo institucional, el Conapred publicó una obra de la académica Liz Hamui Sutton que rescató mis comentarios: “El caso de la comunidad judía mexicana. El diseño estructural del Estado durante el siglo XX y su interrelación con las minorías”.

Lamentablemente, el eco de la intolerancia se niega a desaparecer de nuestras calles. A lo largo de los años, he sido testigo de cómo el odio deja su rastro: desde grafitis y mensajes anónimos, hasta aquel perturbador concierto clandestino celebrado hace cuatro años en la colonia Santa María la Ribera. Bautizado como "El imperio contraataca", el evento congregó en la penumbra a unas 300 personas en torno a cinco bandas de extrema derecha, alzando los brazos en saludos hitlerianos entre muros tapizados de esvásticas. Afortunadamente, al alzar la voz de alerta logramos que el gobierno capitalino clausurara aquel recinto.

Ese episodio nos dejó una advertencia ineludible: el antisemitismo sigue acechando en las sombras y no podemos bajar la guardia. Es por ello que resulta imperdonable ignorar episodios tan dolorosos y recientes como la marcha que acaba de irrumpir en Polanco.

Frente a esta flagrante expresión de odio, preocupa profundamente el silencio prolongado de la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum. 

Enrique Krauze fue muy puntual en su crítica y emitió un post:

@EnriqueKrauze

En los años 30 los grupos hitlerianos gritaban en México “fuera judíos”. Hoy lo gritan los “progresistas de izquierda,”. La presidenta  @Claudiashein  cuya familia judía sufrió la persecución nazi, debe condenar esas manifestaciones de odio y fanatismo.

3:19 p. m. · 12 sept. 2026

·Resulta igual de doloroso y desconcertante el mutismo del Conapred, una institución que hoy lamentablemente parece existir más en el papel que en la práctica, ausente justo cuando más se le necesita.

Sin embargo, si el Estado decide callar —allá él—, la sociedad civil no puede darse ese lujo. Los judíos son una pequeña minoría (apenas 40 mil almas, como apunta Krauze), pero son mexicanos, y punto. Es una lástima que la memoria institucional sea a veces tan frágil, pero desde la trinchera ciudadana nos toca ser el muro que detenga la intolerancia.

Como bien recordaba Theodor Mommsen ante el avance del odio, frente a los antisemitas hay que esperar pacientemente hasta que su propio veneno se consuma, pero lo que jamás debemos dejar de hacer es alzar la voz. A mis vecinos y amigos de la comunidad judía, se los digo de corazón: no están solos.

¡Para la historia inmediata!

@fredalvarez 

No hay comentarios.:

¡No al antisemitismo en México!/ Fred Alvarez Palafox

  ¡No al antisemitismo en México!/ Fred Alvarez Palafox La Silla Rota,  16/9/2026 · 21:00 hs La marcha frente a una sinagoga en Polanco dura...