14 sept 2026

No al antisemitismo y a la discriminación en México.

 No al antisemitismo y a la discriminación en México.

Por Fred Álvarez Palafox

La tarde del 11 de septiembre de 2026, mientras numerosas familias se sentaban a la mesa para celebrar el inicio de un nuevo ciclo con el Rosh Hashaná, una sombra que creíamos desterrada oscureció la avenida Presidente Masaryk. Ahí, frente a una sinagoga en Polanco —un espacio consagrado a la fe y la paz—, resonaron gritos que nos helaron la sangre a quienes creemos en la democracia: "¡Fuera judíos de México!".

El asombro dio paso a la indignación. Tribuna Israelita y la Comunidad Judía trazaron una línea inquebrantable: lo visto no fue crítica política, fue antisemitismo absoluto. Como recordó la escritora Silvia Cherem, los judíos en México no son forasteros. Son una parte vital de nuestra sociedad, mexicanos desde hace múltiples generaciones que jamás deben ser blanco de agresiones xenófobas.

Frente al odio, el tejido social no enmudeció. Actores políticos, la comunidad jesuita, los obispos de México y ciudadanos de a pie cerraron la puerta a la hostilidad con un abrazo solidario. Dejamos claro un principio elemental: en este país no hay lugar para intimidar o pretender expulsar a nadie por sus creencias.

Esta movilización, impulsada por un colectivo denominado Red Latinoamericana por Palestina, cruzó una línea roja que no admite matices. El derecho a la protesta internacional es un pilar democrático, pero usar las calles como vehículo para escupir odio frente a un centro de culto es otra historia muy distinta.

Al lanzar consignas antisemitas, la manifestación se convirtió en una agresión penalizada por la ley.

La historia nos ha enseñado, con demasiada sangre, a no desdeñar ninguna intolerancia. Por ello, preocupa profundamente el silencio prolongado de la Presidenta de la República. Ante esta expresión de odio, la autoridad vuelve a arrastrar los pies.

Resulta igual de doloroso el mutismo del Conapred. Aquella institución creada por Gilberto Rincón Gallardo para prevenir y erradicar la discriminación, hoy, ante lo evidente, parece no existir.

Pero la sociedad civil no puede permitirse ese lujo. Los judíos son mexicanos, y punto. Lástima que, a veces, la memoria institucional sea tan frágil


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