16 sept 2026

No se vale... ahora fue Claudia. ¿Y después?

 No se vale... ahora fue Claudia. ¿Y después?

Por Fred Alvarez Palafox

Cruzó un océano desde la Universidad de Granada con la mirada puesta en ensanchar su mundo. Claudia Tacoronte Aguilera, de apenas 21 años, llegó a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) para nutrir su vocación y construir su futuro. Ese proyecto de vida, cargado de vitalidad, fue brutalmente cercenado la noche del sábado en las calles de Cuautla, donde hoy respira la impunidad.

El terror la alcanzó cerca de la Casa de Cultura de la colonia Emiliano Zapata. En un instinto desesperado por sobrevivir a lo que comenzó como un asalto, Claudia buscó refugio en el recinto cultural. No fue suficiente. La violencia la persiguió hasta arrebatarle el aliento con un arma blanca, dejando a los paramédicos sin la oportunidad del milagro.

El guion de la indolencia

Las respuestas oficiales llegaron tarde, calcadas del mismo guion burocrático de siempre. El fiscal estatal, Fernando Blumenkron, se apresuró a confirmar la investigación bajo el protocolo de feminicidio; un intento estéril de ordenar jurídicamente una barbarie que el Estado fue incapaz de prevenir.

La muerte de Claudia desnuda la inoperancia institucional. No es un hecho aislado, sino el síntoma de un estado donde asesinan a una mujer cada cuatro días. Los números documentados por el reportero Benito Jiménez para Reforma son escalofriantes: entre enero y septiembre de este año, al menos 70 mujeres han sido asesinadas en Morelos. De ellas, solo 22 figuran en las carpetas como feminicidios.

Para dimensionar este fracaso, basta mirar hacia el norte: Sinaloa, con un millón de habitantes más y sumida en una guerra abierta, registró 64 homicidios dolosos de mujeres en el mismo periodo. Morelos superó esa cifra letal.

Aulas vacías y futuros robados

Esta tragedia cae sobre cicatrices que la comunidad universitaria aún no termina de llorar. En apenas siete meses, la violencia machista ha vaciado las aulas de la máxima casa de estudios, dejando cuatro futuros truncados:

i) Kimberly Joselín Ramos Beltrán (18 años): Localizada sin vida el 2 de marzo.

ii) Karol Toledo Gómez (18 años): Encontrada tres días después.

iii) Michelle Itzayana Fuentes Calderón (15 años): Hallada el 2 de junio tras nueve días de agonía y búsqueda.

iv) Claudia Tacoronte Aguilera (21 años): Asesinada este fin de semana.

Es la indolencia de un gobierno que presume reducciones estadísticas generales, pero voltea la cara ante el aumento del 24.4% en violencia familiar, la duplicación del hostigamiento sexual y una tasa de violación que supera en un 50% la media nacional.

El verdadero grito

Frente a esta desolación, el silencio es complicidad. Por eso las estudiantes de la UAEM marcharon. Salieron a la calle para imprimir el pase de lista de sus compañeras en las fachadas de la Fiscalía y el Palacio de Gobierno, bajo el reclamo: "Que estudiar no te cueste la vida".

Como relata el periodista Pablo Ferri en su crónica, la manifestación paralizó Cuernavaca, pero en lugar de rechazo, despertó empatía en la calle. Trabajadores observando en respetuoso silencio, vecinos ofreciendo agua bajo el sol y comerciantes regalando cinta para pegar las fichas de búsqueda a lo largo del camino.

Al llegar al centro, el dolor se hizo acción directa. Levantaron un memorial con fotografías de Claudia, veladoras y flores moradas. Movidos por la rabia, los estudiantes derribaron las vallas metálicas que protegían la inminente ceremonia oficial del Grito de Independencia. Fue el choque frontal de dos realidades: el grito institucional, acartonado y festivo, frente al alarido crudo y desesperado de una generación que se niega a seguir contando a sus muertas.

Hoy extendemos un abrazo de consuelo que cruza el mismo océano que Claudia atravesó llena de vida. A su familia y a sus amigos en Canarias y Granada, nuestra más profunda solidaridad.

Pero el consuelo nunca es suficiente. Exigimos justicia.

¡No se vale! 

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