El reloj de la supervivencia y un fuero desesperado
El intento de Rubén Rocha Moya por recuperar su silla en el tercer piso del Palacio de Gobierno, tras más de cien largos días de ausencia, no fue un arrebato nostálgico, sino un blindaje fríamente calculado. | Fred Álvarez.
Opinión, La Silla Rota, 26/8/2026 · 22:05 hs
Le salió el tiro por la culata, Rubén lo perdió casi todo… En la política mexicana, los relojes no marcan horas; marcan tiempos exactos de supervivencia. El intento de Rubén Rocha Moya por recuperar su silla en el tercer piso del Palacio de Gobierno, tras más de cien largos días de ausencia, no fue un arrebato nostálgico, sino un blindaje fríamente calculado.
A las 9:46 de la mañana del viernes 21 de agosto, una publicación intentó romper la calma sinaloense. El retorno ocurrió con precisión suiza: justo después de que las puertas del Altiplano se abrieran por la detención de Fausto Corrales, y aprovechando un día en que la presidenta, enferma, decidió no salir a la mañanera. Llegó caminando, arropado por su gabinete y el pleno del Poder Judicial. El teatro de palacio cumplió su propósito: ese día, Rocha recuperaba el fuero constitucional. Lo necesitaba urgente, como un chaleco antibalas invisible, por si acaso decidían ir por él.
https://www.youtube.com/watch?v=oPj8VXYFbP8
Las versiones en los pasillos políticos no se hicieron esperar. Una de las más reveladoras fue la que expuso el periodista Salvador García Soto, quien apuntó en El Universal que el retorno había sido una operación orquestada directamente desde Palenque, utilizando como intermediaria a la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle. (Una trama de intrigas que, por cierto, ya desmenucé a fondo en mi artículo “Crónica de una fractura: el manotazo, la mensajera y el miedo”).
https://indicepolitico.com/cronica-de-una-fractura-el-manotazo-la-mensajera-y-el-miedo/
El muro de hielo y la guillotina
Tras 26 horas de un espeso hermetismo tuvieron que pasar para que Claudia Sheinbaum rompiera el silencio. Cuando lo hizo, aquel sábado sobre la Avenida Juárez, su respuesta fue cándida: afirmó haberse enterado del retorno a través del propio mensaje del mandatario sinaloense. “Por su tuit, por su publicación”, sentenció.
https://www.youtube.com/watch?v=lCqaGgGt8uI&t=81s
Cuesta trabajo creer que la mujer más informada del país se entere de una crisis política por una red social, pero esa fue la narrativa oficial elegida. Si esta postura refleja una autocensura para blindar su alianza política, el síntoma es grave. Sin embargo, si su primer círculo de asesores y el aparato de inteligencia civil —el CNI— verdaderamente navegan a ciegas, entonces el Estado mexicano ha dejado olvidada la brújula en el atril de la mañanera.
Para la mañanera del lunes, la mandataria endureció la estocada: "Me pareció, por decir lo menos, imprudente". Desnudó la maniobra del gobernador con licencia como una agenda estrictamente individual, dejando una sentencia lapidaria: nada personal puede estar por encima del pueblo.
¿Qué necesidad había de aferrarse a la silla de Palacio cuando pesa una indagatoria solicitada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por presuntos nexos con el narcotráfico? En el instante en que Palacio Nacional bajó el pulgar, la maquinaria se encendió con precisión letal.
Desde la Ciudad de México, la respuesta institucional fue fría. La Secretaria de Gobernación optó por lavarse las manos y despachó el asunto como una estricta "decisión personal", asumiendo la misma distancia profiláctica que había marcado la presidenta días atrás. El mensaje fue replicado de inmediato por la dirección de Morena. Y por si faltaba claridad, Gobernación dejó caer una advertencia nada sutil en su comunicado: la Fiscalía mantiene carpetas de investigación abiertas que involucran a personas señaladas por la justicia estadounidense.
En el Congreso, la estocada final llegó en forma de videomensaje. Ricardo Monreal instó a Rocha a dar marcha atrás, perfilando sin decirlo abiertamente la amenaza del juicio político, mientras la oposición ya exigía la desaparición de poderes. Aplastado por esta aplanadora, el gobernador se vio forzado a ceder, solicitando de nuevo licencia indefinida.
"Cambia, todo cambia", dice la canción del chileno Julio Numhauser. En los pasillos del poder, las lealtades mutan con la misma velocidad que el humor presidencial. El aliado intocable de ayer amanece convertido en el paria de hoy; bueno hasta lo quieren echar del partido cuando ayer era el hermano consentido.
¿Estuvo realmente sobre la mesa la amenaza del juicio político o la desaparición de poderes?
Me inclino a pensar que lo primero sí, en caso de que Rocha no entrara en razón. Sin embargo, respecto a lo segundo, la presidenta invocó un fantasma al sugerir que la desaparición de poderes es una figura inactiva desde el siglo XIX. Valdría la pena recordarle a la mandataria que no estamos ante una reliquia juarista, sino frente a un mecanismo jurídico extremo que ha sacudido nuestra historia contemporánea. El Senado ha accionado esta palanca en 22 estados: Guerrero en seis episodios; Tamaulipas en cinco; Guanajuato en cuatro; mientras que Chiapas, Puebla y Nayarit han sufrido tres sacudidas cada uno.
Incluso el último telón no cayó en el siglo XIX, sino el 29 de abril de 1975, en Hidalgo. El detonante fue un choque de trenes entre el presidente Luis Echeverría y el exgobernador Manuel Sánchez Vite, una pugna política que terminó cobrándose la cabeza del gobernador Otoniel Miranda. A escasos días de haber asumido el poder, el Senado dictó la intervención definitiva y designó a un mandatario provisional.
Ese nunca fue el verdadero escenario en Sinaloa, por más que la oposición lo exigiera a gritos. A pesar de la profunda crisis, la maquinaria estatal sigue su marcha. Tenemos un Congreso operando —arrastrando sus deficiencias y lamentablemente disciplinado a Palacio— y un Poder Judicial que intenta hacer su trabajo, pero está subordinado al senador Inzunza. La realidad es que no existía un vacío constitucional; el verdadero problema fue que las cúpulas simplemente tardaron en tejer los acuerdos para nombrar el relevo de Rocha.
La inminente limpia anti-rochista y el nuevo tablero
Las primeras planas de la prensa nacional de este miércoles ofrecen una radiografía nítida —y casi unánime— de la transición política. Reforma encabeza la nota con una sentencia demoledora: "Inicia limpia anti-rochista"; El Universal secunda advirtiendo que el nuevo gobierno "da la espalda a Rocha". Y aunque el titular de Milenio sugiere un espejismo al asegurar que "se impone el rochismo", basta rasgar la superficie de su propia nota para confirmar la misma historia.
En medio de esta asfixia ciudadana y tras horas de pasillos murmurantes, el Congreso de Sinaloa movió sus piezas. Con 31 votos a favor, Graciela Domínguez Nava rindió protesta como gobernadora interina. La proyección es que concluya el sexenio el 31 de octubre de 2027. Aunque el dictamen mantiene la puerta entreabierta de esperarla "hasta en tanto el titular se incorpore", la lectura es inobjetable: estamos ante una ruptura definitiva y un deslinde institucional auspiciado desde Palacio Nacional. Seamos claros, esto es mera cortesía política. Rocha ya no regresará a Palacio de Gobierno.
Desde las curules de oposición, la exigencia fue ineludible: Domínguez debe priorizar la pacificación de la entidad, y la licencia del exmandatario no debe significar un pacto de impunidad ni el archivo de los señalamientos de Estados Unidos.
¿Quién es la nueva gobernadora?
A sus 50 años, esta socióloga y veterana militante asume el poder caminando sobre el filo de la navaja. Representa a una izquierda curtida en la calle, esa que gastó suela marchando junto a los desplazados de la presa Picachos y que se sentó a escuchar los reclamos de los pescadores. Su llegada no solo sugiere una necesaria tregua para los acuerdos, sino que construye un puente de urgencia hacia el inminente proyecto de la senadora Imelda Castro para 2027. El mensaje es claro, sobre todo al contrastar con su antecesora. Atrapada irremediablemente en la sombra del exgobernador, Yeraldine Bonilla dejó ir la oportunidad histórica de trascender, reduciendo su paso por el poder al de una operadora de Rocha Moya. Una verdadera lástima.
Pero más allá de la frialdad de los cálculos políticos, hay una dimensión que no podemos soslayar: la profundamente humana. Sinaloa es hoy un estado herido, polarizado y exhausto. Por ello, la primera decisión de Graciela Domínguez —anunciar una revisión profunda y la depuración del gabinete— no solo busca marcar una frontera política, sino enviarle un tanque de oxígeno a una sociedad asfixiada que exige certidumbre.
En su primer mensaje desde el Congreso, la nueva mandataria hizo un diagnóstico crudo. Habló de lograr una paz "que se sienta en las calles", en los campos, en las costas. Para sanar este tejido social roto, ha extendido la mano a Claudia Sheinbaum, reconociendo con humildad política que la voluntad local no alcanza: se requiere de toda la fuerza del Estado mexicano.
El veredicto de las calles
El reto que tiene enfrente es colosal. La oposición advierte que no tolerará un "borrón y cuenta nueva"; mientras tanto, el sector empresarial le otorga un voto de confianza con la esperanza de reactivar la economía.
Hice este primer comentario sobre la gobernadora rosarense, y recibí muchas reacciones, una de ellas es que fuí generoso e hice a un lado la crítica de que era el rochismo tras el trono.
https://www.youtube.com/watch?v=J32iUslHZL4
Pero ¿estamos verdaderamente ante "más de lo mismo", como sentencian los críticos más severos? Me resisto a creerlo. Aunque, siendo honestos, no puedo echar en saco roto la advertencia de un amigo sociólogo al leer mi análisis: “Eres demasiado optimista. Solo te faltó echarle porras a la dupla de Graciela e Imelda Castro”.
Quizá tenga razón. Sin embargo, frente a un Sinaloa tan profundamente lastimado, elijo el optimismo como trinchera. La verdadera prueba de fuego para la nueva administración no pasará por la reingeniería burocrática ni por ser árbitro de las próximas elecciones. Aquí, el éxito o el fracaso no se dictan en los pasillos alfombrados de Palacio; se miden en el asfalto de la calle, en la gente que sufre, en los desplazados, los desaparecidos en las víctimas de la violencia.
Graciela Domínguez tiene una obligación ineludible: gobernar de tiempo completo, y aplicar la ley. Debe priorizar la pacificación urgente de la entidad y soltar la tentación de operar maquinarias políticas rumbo al 2027. De no entenderlo, terminará como tantos otros, relegada al basurero de la historia.
Por el bien de una tierra que ya no soporta más dolor, que le vaya bien a la rosarense. Su éxito representaría, ni más ni menos, ese respiro que la gente exige a gritos. Trece meses y días pueden parecer una eternidad cuando se navega en medio de la tormenta. Ojalá trascienda y demuestre estar a la altura del momento que le tocó heredar.
¡Para la historia inmediata!
Fred Álvarez
@fredalvarez
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