28 jul 2007

Los obispos y las elecciones en Veracruz

Mensaje de los obispos de Veracruz ante las próximas elecciones del 2 de septiembre de 2007 para renovar el Congreso local y los ayuntamientos municipales.
1. Ante la inminente jornada electoral del próximo mes de septiembre, los Obispos de la Provincia de Xalapa, saludamos a todos los fieles católicos y a todos los actores de la sociedad. Queremos exhortarlos a preparar un proceso democrático, limpio y equitativo, del que todos los veracruzanos podamos sentirnos orgullosos, una jornada cívica ejemplar que deje en todos los municipios de nuestro Estado un clima de respeto, colaboración, armonía y paz social, que seguramente redundarán en bien para toda la población.
2. Quienes compartimos la fe católica sabemos que no se puede ser un buen cristiano, si no se es un buen ciudadano. Conviene recordar en esta coyuntura la enseñanza del querido Siervo de Dios S.S. Juan Pablo II:
« Los fieles laicos "de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política, es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común" (Christifideles laici, 42). Eso mismo lo subrayaba ya un texto de la Iglesia primitiva refiriéndose a los cristianos: "El lugar que Dios les ha asignado es tan noble, que no les está permitido abandonarlo" (Carta a Diogneto, n. 6). Ante Dios, en la oración, el cristiano toma conciencia de su misión, discierne las acciones que conviene llevar a cabo y encuentra la fuerza para realizarlas.»
3. En los comicios estamos implicados muy diversos actores y todos debemos participar activamente según nuestra situación. De los candidatos necesitamos plataformas claras y coherentes, así como un sincero respeto a los contrincantes. De los partidos políticos, la sociedad espera que presenten sus mejores candidatos y eviten campañas dispendiosas. De los órganos electorales, se exige transparencia e imparcialidad. De los medios de comunicación, verdad y equidad. De todos, respeto y colaboración con quienes salgan electos, asumiendo lo positivo que se haya propuesto en la campaña, sin que importe su procedencia.
4. La sociedad veracruzana merece vivir una democracia más auténtica y participativa. Anhela tener autoridades que garanticen el respeto irrestricto a los derechos humanos y tengan como prioridad el ejercicio de la justicia social; autoridades que hagan valer el estado de derecho y que se conduzcan siempre en la justicia, superando cualquier intento de corrupción; autoridades que sometan la delincuencia dentro de los cauces de la legalidad; políticos que se respeten a sí mismos y ganen la autoridad moral ante el pueblo, no sólo por haber salido vencedores en el escrutinio final de los votos, sino por ejercer sus funciones buscando primero y, ante todo, el bien común.
5. En el caso de la elección de presidentes municipales es importante cuidar que los candidatos y los partidos eviten el juego sucio de los ataques o descalificaciones sin fundamento, que no corresponden a una democracia seria y madura, y que deja además heridas profundas que pasada la contienda dificultan la convivencia social. Más bien, los candidatos deben distinguirse por propuestas claras, plataformas objetivas y realistas, cuyos compromisos estén en posibilidad de cumplir. Al final del proceso electoral, todos, candidatos y electores, debemos dejar atrás los apasionamientos y rivalidades de las campañas, sumándonos constructivamente para conseguir una sociedad más justa y solidaria.
6. El voto personal, libre, razonado y secreto es insustituible y es un deber moral de todo ciudadano. Tocará a los electores discernir entre los candidatos, cuál reúne el mejor perfil para el cargo al que es postulado, por ejemplo: su conocimiento de la historia y las reales necesidades del pueblo; la coherencia y honestidad en su trayectoria familiar y política; su capacidad de diálogo incluyente y capacidad de escuchar a todas las personas sin importar su extracción social o partidista; la honestidad y transparencia en el manejo de recursos económicos; que sea hombre o mujer promotora de solidaridad y participación; el amor y defensa de los derechos humanos fundamentales, la vida, la libertad de expresión y de creencia; la capacidad de involucrar a la sociedad civil, etc.
7. En el caso de los candidatos a las diputaciones del Congreso Local, a quienes tocará la delicada labor de elaborar leyes más justas y actualizadas, éstos deben dar a conocer con claridad sus convicciones y criterios personales o de partido, en torno a las posibles propuestas legislativas que esperan emprender. En una auténtica democracia los legisladores son los representantes de los anhelos, convicciones y valores del pueblo que los elige y a quien deben representar. Sería un gran agravio a la democracia representativa, si los ciudadanos fuesen sorprendidos o traicionados por la actuación de sus representantes con leyes contrarias al sentir y a los valores del pueblo. Por ejemplo sobre el derecho fundamental a la vida – desde su inicio hasta su término natural -, sobre la familia y el matrimonio, sobre la salud integral de la población, especialmente la de los jóvenes y niños; sobre la impartición de la justicia y la protección al estado de derecho, sobre la dignidad de los migrantes…: Todos estos temas y otros más son preocupación de los ciudadanos quienes tienen derecho a que se les informe claramente de las convicciones y proyectos de los diferentes candidatos, antes de decidir por quién habrán de votar.
8. Invitamos a los medios de comunicación a dar la información cierta y oportuna, en torno al proceso y a las diversas opciones de los electores. Invitamos también a los candidatos de los diversos partidos, a dar a conocer sus propias plataformas a la ciudadanía y aceptar con generosidad las propuestas de tener diálogos abiertos o debates públicos que puedan desarrollarse en un ambiente cordial y respetuoso, con reglas equitativas que ustedes mismos decidan acordar.
9. A nuestros hermanos sacerdotes les recordamos que nuestra mejor aportación a la democracia es haciendo conciencia en nuestros fieles de sus derechos y deberes ciudadanos. Pero, como pastores, estamos llamados a ser factores de unidad y de comunión, de reconciliación y de paz, por lo que no es nuestro papel hablar en favor o en contra de ningún candidato o partido político en particular; hemos de respetar la libertad de los fieles laicos en sus opciones políticas, dentro de un pluralismo de partidos. De hecho, ningún partido representa a la Iglesia y los católicos pueden militar o dar su voto libremente al partido o al candidato que mejor responda a sus convicciones personales, con tal de que sean compatibles con la ley moral natural y que sirvan sinceramente al bien común de la sociedad.
10. Por esta razón, como ya lo hemos pedido en otras ocasiones, en las misas y actos propiamente religiosos, así como en los templos y anexos, se evitará todo aquello que pudiera ser o aparecer como apoyo a un determinado candidato o partido. Están prohibidas, por tanto, celebraciones para pedir el éxito de una campaña o dar gracias por el triunfo de un candidato particular. Sin embargo, una vez que las elecciones concluyan y las autoridades queden legítimamente constituidas, merecen todo nuestro respeto y sabrán que los católicos oraremos por todos ellos en su conjunto, independientemente del partido de origen, para que sean fieles a su compromiso con el pueblo.
11. Por otra parte, debemos fortalecer el voto o sufragio personal, que no se compra ni se vende. El voto no debe ser obtenido mediante sobornos o amenaza de represalias. Todo lo que constituya una forma fraudulenta de obtener el voto, es deshonesto y constituye una falta moral grave, pues se manipula a la persona, hiriendo su dignidad, tanto más cuando se especula con la pobreza o la ignorancia de la gente sencilla.
12. Es importante también respetar y acatar las decisiones del Instituto Electoral de Veracruz (IEV) en su tarea de vigilar para que los procesos electorales sean limpios, transparentes y apegados a la ley, garantizando así la certeza y credibilidad del resultado de las elecciones. Una vez calificadas las elecciones, esperamos que se sepan superar los sentimientos y pasiones partidistas explicables en el clima de las campañas, y que se comprenda con madurez que las elecciones son un proceso natural de competencia y selección, donde al final se reconozcan a los ganadores, y nos dispongamos todos a colaborar con las nuevas autoridades para beneficio de la sociedad.
13. Si todos buscamos el bien común y cumplimos con nuestro deber personal, todo el pueblo veracruzano habrá resultado ganador.
14. Hermanos y hermanas, los invitamos a orar a Dios, para que nos conceda vivir un proceso transparente y ordenado, con una votación copiosa y madura: que tengamos así las mejores autoridades para beneficio de nuestra entidad. Que María de Guadalupe nuestra Madre, y San Rafael Guizar intercedan por nosotros.
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1 Siervo de Dios, S.S. Juan Pablo II, Mensaje a la LXXIV Semana Social de Francia, 17 de Nov. de 1999, n° 4.

+ Hipólito Reyes Larios
Arzobispo de Xalapa
+ Lorenzo Cárdenas Aregullín
Obispo de Papantla
+ Sergio Obeso Rivera
Arzobispo Emérito de Xalapa
+ José Guadalupe Padilla Lozano
Obispo Emérito de Veracruz
+ Guillermo Ranzáhuer González
Obispo Emérito de San Andrés Tuxtla
+ Luis Felipe Gallardo Martín del Campo
Obispo de Veracruz
+ Domingo Díaz Martínez
Obispo de Tuxpan
+ Rutilo Muñoz Zamora
Obispo de Coatzacoalcos
+ Eduardo Porfirio Patiño Leal
Obispo de Córdoba
+ José Trinidad Zapata Ortiz
Obispo de San Andrés Tuxtla
Oración.

OREMOS A DIOS NUESTRO PADRE, DADOR DE TODO BIEN:
Para que la jornada cívica del 2 de Septiembre transcurra en un clima de participación, respeto y paz social.

Te rogamos, Señor.
• Para que los ciudadanos cumplamos con nuestra obligación moral de votar.
• Para que en todo Veracruz haya respeto por todos los contendientes y partidos.
• Para que realicemos unas elecciones limpias y apegadas al derecho de todos.•
Para que Dios nos ilumine a los electores y sepamos escoger a los candidatos que mejor garanticen el bien, la justicia y el desarrollo de todos, especialmente de los más pobres.
• Para que quienes no salgan favorecidos con el voto mayoritario tengan la madurez de reconocer la victoria de los ganadores y se reintegren constructivamente a las causas del bien común.
• Para que todos salgamos ganando, en un mejor desarrollo, unidad y paz.
Te rogamos, Señor.
SEÑOR, tú que guías al universo con sabiduría y amor, escucha las oraciones que te dirigimos por nuestro Estado de Veracruz, a fin de que elijamos gobernantes prudentes y honestos, que nos impulsen a la concordia y la justicia, al verdadero progreso y paz para todos.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Lo laical

Lo laical/Héctor González Martínez, arzobispo de Durango, difundido por la CEM.
* * *
La semana pasada, dos personajes hicieron declaraciones a la Prensa sobre el Estado laico y sobre la educación laica. A esas declaraciones añado estos comentarios.
Consultando el Diccionario Enciclopédico Ilustrado, el verbo laicizar es hacer algo independiente de toda influencia religiosa; así, laicismo es propugnar la independencia del hombre, la sociedad y el Estado de toda influencia religiosa. Laico como adjetivo se aplica también a la escuela o enseñanza en que se prescinde de la instrucción religiosa; aplicaciones aceptables si no se toman como adversas o hasta persecutorias de la religión.
Porque, por largo tiempo, en México vivimos un marcado laicismo que quería reducir las prácticas religiosas al interior de las conciencias o de las sacristías. La exclusión de las Iglesias del escenario público era una constante; ahora, la participación de los agentes religiosos en la vida pública del país resulta congruente con la laicidad y con la democracia. La libertad religiosa es uno de los derechos inalienables e implica necesariamente que los habitantes del país puedan ejercerlo en sus actividades privadas y públicas.
El Estado laico moderno valora la religión; reconoce y garantiza plenamente el derecho a la libertad religiosa. Aunque, aún hay jacobinos que opinan que la libertad de expresión es válida mientras no la ejerza un ministro de culto, “el verdadero Estado laico no establece una dictadura antirreligiosa; respeta las distintas y plurales convicciones de los ciudadanos” (CEM).
Por ello también, según el mismo Diccionario, laico como sustantivo y como adjetivo equivale a lego, seglar o que no tiene ordenes clericales; así, el laicado en la Iglesia Católica, es la condición y el conjunto de los fieles simplemente bautizados no clérigos.
Después de un largo y difícil itinerario en el Concilio Vaticano II, el 18 de noviembre de 1965 el Santo Padre Pablo VI promulgó el Decreto sobre el Apostolado de los seglares. Lástima que a distancia de cuarenta y dos años de clausurado el Concilio, las grandes mayorías de católicos no lo hayan leído; de donde resulta la gran confusión sobre lo laical y los laicos.
De los 33 números del Decreto transcribo unos párrafos del número siete. Comienza así: “el Plan de Dios sobre el mundo es que los hombres instauren con espíritu de concordia el orden temporal y lo perfeccionen sin cesar” (7.1).
Y se refiere a: “bienes de la vida y de la familia, la cultura, la economía, las artes y las profesiones, las instituciones de la comunidad política, las relaciones internacionales y otras realidades semejantes, así como su evolución y progreso” (7.2).
Sin embargo, “en el decurso de la historia, el uso de los bienes temporales se ha visto desfigurado por graves aberraciones, porque los hombres, tarados por el pecado original, cayeron en muchísimos errores acerca del verdadero Dios, de la naturaleza del hombre y de los principios de la ley moral, de todo lo cual se siguió la corrupción de las Costumbres y de las instituciones humanas y la no rara conculcación de la persona del hombre” (7.3).
Corresponde pues a todos los bautizados pertenecientes a la Iglesia la obligación de “trabajar para que los hombres se capaciten a fin de establecer rectamente todo el orden temporal y ordenarlo hacia Dios por Jesucristo” (7. 4).
Por su parte es preciso que los laicos “acepten como obligación propia el instaurar el orden temporal y el actuar directamente y de forma concreta en dicho orden temporal, dirigidos por la luz del Evangelio y la mente de la Iglesia y movidos por la caridad cristiana; el cooperar, como conciudadanos de los demás, con su pericia y propia responsabilidad, y el buscar en todas partes y en todo la justicia del Reino de Dios” (7.5).
Frente al laicismo del Estado mexicano y del sistema educativo imperantes: sin conocer la enseñanza de la Iglesia, ¿cuándo y cómo los católicos querrán aceptar el compromiso derivado del Bautismo y de estos criterios conciliares, cuando más bien aparece resistencia en contrario?
Durango, 22 de julio del 2007
Héctor González Martínez, arzobispo de Durango

27 jul 2007

La base de Manta

La decisión del gobierno de no renovar el convenio por el que EU opera militarmente desde una base aérea en Ecuador sólo podría modificarse si en un referendo la población se pronuncia por extender el acuerdo, dijo el viernes la canciller María Fernanda Espinosa."Sólo que masivamente los ecuatorianos se pronuncien a favor de la ratificación del convenio (se lo haría), sino, de otra manera me parece que sería imposible y no lo haremos y lo hemos dicho", señaló la ministra en radio Quito.

El caso de Al Gonzales

Varios senadores demócratas pidieron esta semana se investigue si el secretario de Justicia de EU Alberto Gonzales - Al, para los amigos-, cometió perjurio ante el Congreso.En tanto, el director del FBI contradijo este jueves 26 de julio, el testimonio de Gonzales ante el Senado. Mueller no se hallaba en el cuarto de hospital durante la dramática confrontación el 10 de marzo del 2004 entre el entonces secretario de Justicia John Ashcroft y los asesores presidenciales Andy Card y Gonzales, quien entonces asesoraba a la Casa Blanca.
Mueller declaró a la Comisión Judicial del Senado que llegó poco después de que aquellos se fueran y habló con el convaleciente Ashcroft.
-''¿Entendió usted que la conversación era sobre el programa de vigilancia del terrorismo [conocido en inglés como TSP]?'', preguntó la representante demócrata Sheila Jackson Lee.

Hannah Arendt


Hannah Arendt, una referencia inevitable/Juan José Solozabal, catedrático de Derecho Constitucional (Linden, Hanóver, Alemania, 14/10/1906 - Nueva York/'4/12/1975)
Tomado de EL CORREO DIGITAL, 26/07/2007;
En el Evangelio se dice qué hay que hacer para ser discípulo, a saber, seguir al maestro, imitarle, pero ¿qué hay que hacer para llegar a ser maestro?, entendiendo por tal alguien cuyo pensamiento se reconoce de modo incuestionable y que es tenido como una referencia moral. A mi juicio Hannah Arendt, el centenario de cuyo nacimiento acabamos de traspasar, es un prototipo de esta figura tan difícil, especialmente en los tiempos de oscuridad que vivimos. Fijaría su atractivo en tres o cuatro rasgos de su biografía personal e intelectual.
En primer lugar, su coraje para vivir de acuerdo con sus ideas como intelectual y militante política esforzada incansablemente en la defensa de valores universales y racionales frente al totalitarismo y la injusticia. No es muy difícil imaginarse el atractivo de esta profesora alemana comprometida en la lucha contra el nazismo, con una actividad arriesgada y constante a favor de los refugiados, internada ella misma en un campo al efecto en Francia, manteniéndose en la supervivencia en Estados Unidos que no obstante no ceja en su labor intelectual comenzada con sus maestros Heidegger y Jaspers. Ciertamente es inevitable comparar su dura biografía con la de algún otro intelectual del mismo origen judío, pero que, sin negarle a la vez su valía y su valor, no puede dejar de mostrar un aspecto de instalado (me refiero a Berlin) frente a la condición de ‘paria’ de Arendt. En esta clave de firmeza debe sin duda entenderse su fidelidad intelectual y sentimental a Heidegger, y que desde la perspectiva de la coherencia no es una debilidad de Arendt, sino una prueba de la solidez de sus afectos y lealtades.
Tampoco es de desdeñar la simpatía que en el lector despierta la independencia de nuestra autora, de la que no era infrecuente que ella misma alardease. «La izquierda piensa que soy conservadora y los conservadores a veces me consideran de izquierdas, disidente o Dios sabe qué No pertenezco a ningún grupo. Como saben, el único grupo al que he pertenecido es el sionismo. Y naturalmente, se debió a Hitler. Duró de 1933 al 1943, luego rompí con él». Desde luego hay diferentes factores que permitirían inscribir en una línea de izquierdas a Arendt, así su alto aprecio de Marx o el reconocimiento de algunos logros institucionales de las revoluciones socialistas, como los soviets o los consejos, que ofrecerían en la práctica -según creo, equivocadamente- mayores oportunidades de participación que los tradicionales órganos representativos. Pero la izquierda de su tiempo no le perdonaría con facilidad la equiparación del totalitarismo de Hitler y el de Stalin.
Arendt, en segundo lugar, es una pensadora cuyas reflexiones interesan, pues no aspira a la construcción de un gran sistema, sino a facilitarnos la comprensión de nuestro mundo y nuestros problemas. El conocimiento político tiene por objeto siempre la experiencia política, bien es cierto que dentro de un esquema o marco conceptual determinado, ya se trate de un tema concreto de nuestro tiempo o se plantee un objeto de mayor entidad. «¿Cuál es el objeto de nuestro pensar? ¿La experiencia! Y si perdemos el suelo de la experiencia entonces nos encontramos con todo tipo de teorías. Cuando el teórico de la política empieza a construir sus sistemas, normalmente también se enfrenta a abstracciones». Ceñirse a la experiencia lleva a proposiciones de prudencia, a un conocimiento ponderativo, alejado del dogmatismo o la petulancia.
Este propósito de utilidad de la reflexión que le hizo escribir páginas memorables sobre el totalitarismo, la revolución o la responsabilidad ante el nazismo, condujo a Arendt a comprender perfectamente el papel del Estado para asegurar una vida activa plena, que sólo se nos alcanza como ciudadanos. Cuando repaso la idea de Arendt sobre el Estado, como tercer punto de mi reflexión arendtiana, no puedo menos de recordar una lección magnífica de teoría y ciudadanía democrática que Joseba Arregi nos ofreció un día y que sorprendió profundamente a quienes no tenían la suerte de conocerle como yo. Se trataba de una reunión en Sevilla acerca del Estado autonómico, que había convocado una conocida fundación, en cuya dirección participa un bilbaíno ilustre, Juanma Eguiagaray. Tras una ronda de intervenciones en las que se celebraba el adelgazamiento del Estado (quizás alguien, alguno de los progres-viejos como los llama Francesc de Carreras, allá presentes, estuviera todavía pensando en la desaparición o ‘aufhebung’ de la organización política de que hablase Marx y sobre todo Engels), Arregi hizo una defensa encendida del Estado constitucional español como verdadero valedor de los derechos de los vascos, comenzando por el de la propia vida. Una idea muy próxima a la de Arendt.
Arendt ofrece, en efecto, dos justificaciones del Estado. Primeramente es la participación en sus instituciones lo que permite la verdadera actividad política, como ocasión de convencer a los demás y decidir sobre lo que conviene a la comunidad. No hay, entonces, vida política al margen de las instituciones, diríamos, sin el Estado. La libertad en que está pensando Arendt es la libertad de los antiguos, la libertad que no reclama un espacio de autodeterminación, en la que se mueve la persona sin injerencias públicas, sino la libertad de participación, para intervenir en la actuación concreta de los poderes públicos, cuya organización, primero, y funcionamiento después, es imposible sin la presencia de los ciudadanos.
Pero el Estado no sólo ofrece el ámbito de nuestra actividad política, sino la misma posibilidad de nuestros derechos. Arendt fue durante parte de su vida una refugiada y no le fue desconocida la suerte de los apátridas, esto es, respectivamente, alguien cuyos derechos no fueron ni jurídicamente ni efectivamente respaldados por ningún Estado. Aunque Hannah Arendt no era jurista sabía perfectamente que los derechos fundamentales sin un Estado que los reconozca o declare, y los proteja en su ordenamiento, no son más que simples nombres o vagos postulados filosóficos. Lo que le queda a uno cuando no tiene un Estado que se los reconozca o que garantice su observancia internacional son esas cláusulas generalistas de las declaraciones, que se han limitado a trasponer tales postulados desde el cielo de los valores, sin utilidad alguna. La experiencia nazi y la idea anglosajona de los derechos, le habían enseñado a Arendt que unos derechos no reclamables, sin protección judicial, esto es, sin Estado, no son nada.

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