La Corte del Pueblo/Ana Laura Magaloni Kerpel
REFORMA, 19 septiembre 2026
El pasado 7 de septiembre, el ministro presidente, Hugo Aguilar, presentó el informe del primer año de labores de la nueva Suprema Corte. El acto se denominó "A un año de una justicia real y verdadera. Una nueva forma de entender y hacer justicia". En dicho informe el ministro presidente explica cómo se ve a sí misma la Corte y cómo se quiere diferenciar de su antecesora.
Aguilar comienza marcando la diferencia. La Corte anterior fue, según su relato, un tribunal para las élites, inaccesible para la mayoría y un obstáculo para el cambio. La nueva Corte se mueve al polo opuesto: es una "Corte del Pueblo". La vieja Corte representa el privilegio, el formalismo y la lejanía; la nueva Corte es la austeridad, la transformación, la justicia real y verdadera.
Es llamativo que la Corte del Pueblo y Morena hablen el mismo lenguaje. Ello refleja un cambio de paradigma. En el modelo de la Corte anterior, los jueces no expresaban sus preferencias políticas (aunque las tenían), pues el árbitro para ser creíble no es parte del equipo. La nueva Corte, en cambio, no hace ningún esfuerzo por ocultar su identidad política. Es más, la afirma casi como fuente de legitimidad.
Esta concepción lleva implícita una reconceptualización de la independencia judicial. El Poder Judicial, en palabras de Aguilar, "es independiente de los otros poderes sin que esto implique ser distante"; el Estado de derecho "debe significar justicia, dignidad y paz construido en una adecuada coordinación con los otros poderes"; la Corte sostiene diálogo con autoridades de todos los niveles "para escuchar sus argumentos", aunque "al momento de tomar las decisiones lo hacemos con plena libertad". Se trata de una concepción de la independencia judicial como no subordinación dentro de un proyecto compartido, no como contrapeso a ese proyecto. Es la independencia de quien forma parte de un equipo y reclama autonomía en su parcela, no la de quien tiene la función de sancionar al equipo cuando viola las reglas.
A diferencias de su antecesora, la nueva Corte surge en un contexto de enorme concentración del poder. Una sola fuerza política (con sus aliados) controla la Presidencia, las dos Cámaras con mayoría calificada, la mayoría de las gubernaturas y los Congresos locales. El poder se concentró tanto que hoy una sola coalición puede reformar la Constitución y domina los órganos que podrían impugnar sus decisiones. El espacio para arbitrar jurisdiccionalmente al poder se redujo drásticamente. El poder se disputa dentro de Morena y sus aliados, no con la oposición. Ya no se necesita un árbitro jurídico de pluralismo político. ¿Cómo compensa la nueva Corte esta disminución de su poder y de su relevancia política?
Parece que la nueva Corte, para compensar esta pérdida, está expandiéndose hacia la pedagogía social, la comunicación y la presencia territorial. Una de las cosas que más llamaron mi atención del informe fue cómo las cuestiones no jurisdiccionales ocuparon una parte muy amplia del mensaje del ministro. Se impartieron diplomados, se celebraron eventos, se fundaron escuelas, se llevó a cabo una sesión itinerante en Chiapas, se construyó un sistema de investigación comunitaria con personas indígenas y afromexicanas. La lista es muy extensa.
El elemento común de estas actividades es que reflejan un amplio ejercicio de pedagogía social, presencia territorial, comunicación, formación de cuadros por parte de la Corte. Un tribunal constitucional que no tiene conflictos de poder que arbitrar y que ha renunciado, por diseño y por convicción, a ser contrapeso, necesita de todos modos justificar su existencia. La Corte está ocupando un nuevo espacio social y político: el de ser un intermediario cultural entre el Estado y las personas y comunidades excluidas.
Estamos, por tanto, ante un tribunal constitucional sui generis, no hay otro igual en el mundo. No sabemos todavía cuál va a ser su poder jurídico y hasta qué punto va a ser su acompañamiento simbólico y cultural del nuevo régimen. Es momento de observar con cuidado qué tipo de Corte está emergiendo después de la elección judicial.
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