17 jun 2008

Monitor en el gobierno de Calderón

Columna Itinerario Político/Ricard Alemán
Publicado en El Universal 17 de junio de 2008;
Monitor: ¿arropado por Calderón?
La familia Aguirre no está dispuesta a darse por vencidaEl Presidente se comprometió a seguir
atento a ese juicio
Si el presidente Felipe Calderón se ha encargado de “pintar su raya” respecto de filias y fobias de su antecesor —y por ejemplo mostró estilos distintos a los de Fox en la lucha contra el narcotráfico y la relación del gobierno con la ultraderecha—, parece que algo similar estaría ocurriendo en la disputa entre los grupos radiales Monitor y Radio Centro.
Y es que apenas en días pasados pareció quedar resuelto el diferendo judicial entre Grupo Monitor de José Gutiérrez Vivó y Grupo Radio Centro de la familia Aguirre, que se enfrentaron en tribunales por el pago de 21 millones de dólares, luego que los primeros demandaron a los segundos por el incumplimiento de un contrato llevado a la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara Internacional de Comercio.
Y decimos que “pareció quedar resuelto” porque si bien los abogados de Gutiérrez Vivó lograron un importante triunfo —un amparo indirecto en el que la justicia mexicana valida las aptitudes de los árbitros acreditados por las partes ante la Corte Internacional y con ello el arbitraje contenido en el laudo que favorece a Monitor—, también es cierto que esa es apenas una de las causales de un amparo que promovió Radio Centro contra Monitor.
Es decir que, en efecto, Gutiérrez Vivó ganó una batalla fundamental en la lucha contra la familia Aguirre —reconocimiento definitivo por la justicia mexicana del arbitraje de la Corte Internacional—, lo que en una lectura precipitada obligaría a Grupo Radio Centro a pagar 21 millones de dólares motivo del diferendo.
Sin embargo, la batalla legal parece que va para largo ya que los abogados de los Aguirre no están dispuestos a darse por vencidos. Y si los abogados de Radio Centro ya colocaron en tela de juicio la eficacia de los laudos de la Corte Internacional —en la disputa Monitor-Radio Centro—, ahora parecen dispuestos a demostrar la inconstitucionalidad del resolutivo que beneficia a Gutiérrez Vivó. Así que aún veremos una pelea legal larga.
Pero lo más curioso es que en círculos judiciales —incluso entre especialistas en ese tipo de laudos— hay quienes sostienen que en el juicio se puede ver con toda claridad un “antes” y un “después”, que según muchos supone la presencia del peso político en cada momento del largo juicio; en realidad, juicio transexenal, que por lo pronto se ha llevado a cabo bajo la presión de dos sexenios, casualmente ninguno del viejo PRI. ¿A qué nos referimos?
Primero, a que en el ámbito nacional e internacional el juicio entre Monitor y Radio Centro se ha convertido en un símbolo respecto de la fragilidad del arbitraje de la Corte Internacional. Y segundo, que el “antes” de la pelea entre Monitor y Radio Centro se dio cuando el gobierno de Fox se convirtió en grosero aval, nada ético y menos democrático de sus socios, la familia Aguirre —que en todo el sexenio se plegaron al foxismo—, a los que habría estimulado para destruir Monitor.
Y es claro que el “después” se habría dado cuando llegó al poder Felipe Calderón. Todos saben que desde los tiempos de candidato, luego presidente electo, y al final como presidente constitucional, Calderón se comprometió a estar atento de lo que pasaba con ese juicio. El mandatario, por cierto, cerró la etapa mediática de su campaña con una entrevista en Monitor, informativo del que fue colaborador.
Pues a partir de diciembre de 2006, los abogados de Grupo Radio Centro no vieron la suya. No prosperó ninguna de sus gestiones judiciales y no ganaron ninguno de los recursos interpuestos en diversas instancias en la disputa entre Monitor y Radio Centro. En sentido contrario, los abogados de Monitor fueron echando abajo, uno a uno, los avances judiciales que a favor de su causa había logrado la familia Aguirre, hasta que en días pasados un tribunal civil del Distrito Federal validó el laudo de la Corte Internacional a favor de Monitor.
Aún nadie sabe cuándo y cómo terminará esa disputa, lo cierto es que la familia Aguirre destruyó Monitor, en tanto que el propio José Gutiérrez Vivó enseñó a todos que si bien fue creador de la radio informativa de hoy, también es mal empresario, peor administrador y cuestionable defensor de las libertades básicas. Y es que cuando un periodista se sumaba a su causa, Gutiérrez lo llenaba de elogios, pero cuando el periodista criticaba delirios y dislates de Gutiérrez, era satanizado con 20 minutos de insultos en la radio. Y claro, Gutiérrez se acogió durante años al martirologio, e igual que el “legítimo” se dijo perseguido por el poder. Nunca reconoció sus errores.

¿"Es un pendejo"?

Más sobre Creel y Germán.
Columna Historias de reportero/Carlos Loret de Mola
Publicado en El Universal, 17 de junio de 2008
“¡Es un pendejo!”
En una gira, colaboradores de Calderón bromearon: “A Santiago y a Andrés Manuel no nos los hemos podido quitar de encima”. Ya se quitaron a uno
Se lo escuché decir a Felipe Calderón y a los integrantes de su equipo más cercano desde la precampaña, lo susurraban coordinadores parlamentarios y dirigentes de partidos, era la queja entre secretarios de Estado, gobernadores de las eras Fox y Calderón, líderes religiosos, sociales y analistas políticos.
“¡Es un pendejo!” no con el tono de quien se siente agraviado por un manotazo del poder y recurre al insulto como venganza, sino de quien pone cara de “Este no tiene remedio” frente a la ruta de torpezas políticas de un hombre que parece haber abandonado la brillantez en su escritorio de respetado impulsor de la transición democrática desde la sociedad civil cuando se volvió el funcionario incapaz de conseguir una victoria en el juego de la política.
¿Qué ha hecho bien Santiago Creel desde que ganó la candidatura del PAN a la Jefatura de Gobierno en 1999? Perdió esa elección ante López Obrador, con todo y “fenómeno Fox” a su favor. Fue el errático secretario de Gobernación de Atenco, las no reformas foxistas, el desafuero, el rompimiento con Cuba, Oaxaca, el desorden en el gabinete, de los pleitos con los medios, los partidos, el Congreso. Le ganaron la candidatura del PAN a la Presidencia de la República, a pesar del flagrante apoyo de Los Pinos, y en el camino hizo de su vida personal un escándalo de revistas del corazón.
Con este currículum, suena tenue que el motivo para correrlo de la coordinación en el Senado haya sido su falta de operación política en la reforma energética: el Presidente quería votar la privatización parcial que planteó para Pemex en 15 días, y Creel, en una de las suyas, amarró rápido… una consulta y su “tercera vía” que garantizó la prolongación, al menos dos meses, de lo que para su jefe era prioridad inmediata. Suena más bien a gota que derramó el vaso.
En una gira de Calderón a Quintana Roo, dos de los cinco colaboradores íntimos del Presidente bromearon entre sí: “A Santiago y a Andrés Manuel no nos los hemos podido quitar de encima desde la precampaña”.
Ya se quitaron a uno, pero deberán tener cuidado, porque Creel guarda bien ordenado el archivo de los rencores y ha demostrado tener vidas políticas: perdió la jefatura de Gobierno y cayó en Gobernación, perdió la candidatura a la Presidencia y cayó en la presidencia del Senado, perdió la coordinación, pero está hasta arriba en las encuestas rumbo al 2012.
Cuando lo eligieron los senadores panistas como su líder, en contra del favorito de Calderón, el Presidente citó a Creel y le regaló un ejemplar de su libro El hijo desobediente con una larga dedicatoria en donde le extendía la mano, ponía el pasado atrás y le pedía trabajar juntos… ¿Dónde habrá guardado Creel ese libro?
SACIAMORBOS
Al terminar aquella entrevista, López Obrador se levantó y mientras daba medio abrazo al conductor, le dijo en tono amable: “Estuvo muy buena”.
Dos mensajes y un creelazo/Javier Corral J., profesor de la FCPyS de la UNAM.
El Universal, 17 de junio de 2008;
En la ruta de rectificar sobre los mayores yerros para su carrera política, Santiago Creel declaraba en mayo de 2007, a unas semanas de la que la SCJN declarara inconstitucional la ley Televisa: “Una ley que se aprueba en medio de una elección, prácticamente sometiendo a candidatos y partidos a su aprobación, en medio de una negociación de espacios publicitarios, no es la manera para aprobar una ley. Una ley que afianza los privilegios a quienes actualmente detentan un oligopolio, eso no es correcto”.
Luego le dio un canillazo a la acción de los impugnadores acicateando a los ministros: “Si la Corte no hace los cambios, los haremos nosotros”.
Desde entonces, ni a Televisa ni al grupo de Los Pinos que mantiene aislado y mal informado al presidente Calderón se les han olvidado tales afirmaciones. Fueron consideradas un agravio porque fueron importantes en el ánimo de los ministros y exhibieron las componendas de la campaña. Por eso desde el gobierno se contempló sin remordimiento, ¡durante un año!, la expulsión de Creel de la pantalla de la tv concesionada por el Estado. No hubo acción de gobierno o exigencia partidista que reclamara, no para uno de los suyos, sino para el presidente del Senado, su derecho a la libertad de expresión. Varios se solazaban en el veto impuesto al coordinador de los senadores del PAN. Empezó a decirse, como dijeron de mí en su momento: “Es su asunto, él se lo buscó, se peleó con las televisoras, que se aguante como hombrecito”. Se decidió coexistir con la censura antes que arriesgar la gracia de los barones de la tv. Mensaje brutal.
Ya lo saben: todo legislador que busque reformar con sentido democrático y antimonopólico la ley de radio y tv terminará como un pleitista, incómodo para el partido y el gobierno. Se cumplirá así la sentencia que el duopolio lleva como amenaza a quien ose proponer que se sometan a la competencia y asuman la responsabilidad en su tarea: el que se pelea con los concesionarios no aparece en la tele, y el que no aparece en la tele no existe en política.
Todo marchaba conforme tal sentencia en el caso de Creel. Pero resulta que sí hay vida después de la censura en tv, y que el censurado puede colocarse como puntero de su partido en las encuestas en una eventual candidatura a la Presidencia. Otro gran mensaje para los mismos a los que se les envió el primero. Actuar con valor en política, reconocer errores, dar la cara, empeñarse en rectificar, reconocer a una hija fuera de matrimonio, asumir una actitud positiva después de la derrota y ponerse a disposición del Presidente que lo derrotó en la interna también cuenta. Es la escasísima oportunidad que da la vida para rectificar en política. Creel sabe si la continúa o la vuelve a echar a la basura.
Profesor de la FCPyS de la UNAM
Columna Bajo Reserva
El Universal, 17 de junio de 2008
Germán Martínez, actúa como hombre de las cavernas
Germán Martínez es un político joven que actúa como hombre de las cavernas. Es la imagen que dejó entre sus compañeros del PAN con el cese del coordinador de la bancada en el Senado. En una supuesta negociación para legitimar el descabezamiento de Santiago Creel propuso una votación de los 52 senadores para demostrar que había una rebelión azul en contra del líder, nos relatan.
Don Santiago hizo sumas y restas y le tomó la palabra con una condición: voto por voto abierto. Don Germán reviró con un clásico: Tengo facultades para convocar a una votación secreta. Ahí se cerró todo y se selló el destino de Creel, quien por la tarde del 9 de junio acudió a su oficina de la Torre Azul a sacar sus pertenencias, nos explican.
Columna Serpientes y Escaleras de Salvador García Soto
En El Universal,
NOTAS INDISCRETAS… “Sobre aviso no hay engaño”, dicen en el CEN panista para explicar el cese de Santiago Creel. Dos semanas antes, afirman, Germán Martínez le pidió a Creel que él mismo se hiciera a un lado, porque la decisión estaba tomada y le argumentó las quejas de la bancada sobre su actuación. Santiago, señalan las fuentes, ofreció pensarlo y hacerse a un lado. Pasaron más de dos semanas y el ex coordinador comenzó a dar largas al asunto y a rehuir la decisión. Fue entonces, dicen, que el presidente Calderón dio la orden fulminante y pidió hacerlo cuando él saliera del país rumbo a España. “No me importa si no me acompaña al viaje”, dijo el mandatario antes de irse… Paran los dados. Escalera para Carlos Loret de Mola que hoy se integra a las páginas de EL UNIVERSAL, enhorabuena por el periodista y por el diario.

Carta de Marie-José Paz

De Marie-José Paz sobre su esposo y la matanza del 71
Publicado en la revista Proceso no 1650, 15/06/2008;
Acabo de leer, en el número 1649 de Proceso, la reproducción de un artículo que Octavio Paz publicó en Excélsior el 17 de junio de 1971, a raíz de la matanza que ocurrió el 10 de junio de ese año.
Me indigna que en la nota que lo precede se insinúe que Octavio Paz tuvo ante ese crimen una conducta moral dudosa, cuando, como es público, lo condenó desde el primer momento.
No es la primera vez que se publican cosas sacadas de su amplio contexto histórico con la intención de distorsionar sus ideas. Lástima que esta vez él no pueda defenderse. Pero hay palabras suyas que lo defienden: palabras escritas por las mismas fechas en que redactó el artículo para Excélsior (que por cierto no es una confesión vergonzante, sino la opinión que tenía en aquellos días, en que había grandes expectativas sobre la actuación de Echeverría). Me parece que la siguiente cita, tomada de una carta escrita al poeta español Pere Gimferrer el 14 de junio de 1971, e incluida en el libro Memorias y palabras, ayuda a entender mejor lo que Octavio Paz pensaba entonces:
“Te imagino enterado de la situación mexicana: después de seis meses de reformas tendentes a la ‘liberalización’ del régimen, el actual gobierno se enfrenta a una decisión mayor y que afectará la vida de la nación por muchos años: o la reforma prosigue (es decir: triunfa el ala democrática y el régimen corta con su horrible pasado inmediato) o damos un paso atrás y volvemos a 1968. Muchos de mis amigos –de Carlos Fuentes a José Emilio Pacheco– son optimistas. Yo también lo era pero, desde esta mañana, siento que paraliza al régimen una red no por invisible menos poderosa de intereses nacionales y extranjeros. Temo lo peor. Todo se aclarará dentro de unos días. Estamos en plena crisis.”
Que el pueblo se entere.
Marie-José Paz

Pablo Escobar y Tirofijo


¿Cuál le hizo más daño a Colombia?
Tomado de la revista SEMANA No. 1363; 14/06/2008;
Antonio Caballero traza las vidas poco paralelas de 'Tirofijo' y Pablo Escobar; y las tragedias que sembraron en el país.
Se ha querido equiparar a Manuel Marulanda, 'Tirofijo' y a Pablo Escobar, el 'Patrón'; comparándolos con las dos pinzas de una misma tenaza del Mal; los dos mayores enemigos del Estado colombiano, a la vez que dos de los colombianos más influyentes del último medio siglo. Otros podrían ser, aunque del lado del Bien, claro, un magnate de la industria y los negocios como Julio Mario Santo Domingo o un dirigente político como Alfonso López Michelsen; y, al paso que van las cosas, un presidente vitalicio como Álvaro Uribe. En cambio, y dado que se trata de influencia y no de fama o de talento, quedarían por fuera personajes como el pintor Fernando Botero o el escritor Gabriel García Márquez, la cantante Shakira o el futbolista Pibe Valderrama.
Y sí, no cabe duda de que tanto Escobar como Marulanda han dejado una muy honda huella en la historia de Colombia, y lo hicieron ambos desde la trasgresión violenta de las leyes y el enfrentamiento con las autoridades constituidas; uno y otro son responsables de mucha sangre derramada dentro del ancho abanico de las violencias colombianas. Pero se trata de dos casos muy distintos.
Pablo Escobar, el inmensamente rico (séptimo millonario del mundo, lo llamó la revista especializada Forbes en los años 80) e implacablemente poderoso narcotraficante fundador del cartel de Medellín, llegó a poner de rodillas al gobierno, al aparato de la justicia y al parlamento colombianos; hasta el punto de que, mediante el soborno y el asesinato ("la plata y el plomo", como se decía en esos años) cambió leyes, se inmiscuyó en la redacción de la nueva Constitución (del 91), financió campañas electorales, (desde el 82) creó el primer grupo narcoparamilitar (el MAS, en asociación con los hermanos Ochoa, en el 81), y puso a su servicio por temor o por agradecimiento a magistrados, dirigentes políticos, periodistas, reinas de belleza, deportistas, oficiales de la Policía y del Ejército, jerarcas de la Iglesia católica. Lo hizo matando a cientos, tal vez miles de personas. Jueces, policías, políticos, periodistas, sin contar a muchos de sus rivales en el negocio del narcotráfico y a muchísimos simples transeúntes en los numerosos atentados con carros-bomba del narcoterrorismo: el del edificio del DAS, el del avión de Avianca. Entre sus víctimas más notables figuran el candidato presidencial, y si hubiera vivido presidente en el período 90-94, Luis Carlos Galán; el director del diario El Espectador Guillermo Cano, el ministro de Justicia Rodrigo Lara, el procurador general Carlos Mauro Hoyos, el comandante de la Policía Valdemar Franklin Quintero. Lo hizo, también, secuestrando a varios: la hija del ex presidente Turbay, Diana, muerta en la tentativa de rescate; el hijo del ex presidente Pastrana, Andrés, futuro presidente él mismo; el hijo del dueño de El Tiempo Hernando Santos, Francisco, futuro vicepresidente, por citar sólo a tres.
En poco más de 15 años -murió a los 44, víctima de una alianza heterogénea de sus muchos enemigos y ex amigos: narcos, policías, paramilitares, la DEA norteamericana- la frenética actividad delincuencial de Pablo Escobar produjo resultados catastróficos para Colombia que a 15 años de su muerte todavía perduran: la narcopara-política, el narcoterrorismo, el narcosicariato. Todavía hoy Escobar genera noticias y es tema para libros, más numerosos que los que se haya escrito sobre cualquier otro colombiano del siglo XX. Y en términos internacionales sigue siendo la más conocida imagen representativa de Colombia, por delante del personaje publicitario cafetero Juan Valdez y de algunos de los de carne y hueso que mencioné más arriba: García Márquez (que escribió un libro sobre sus andanzas, Noticia de un secuestro), o Fernando Botero (que le hizo un retrato póstumo representando su muerte a balazos en los tejados de Medellín).Escobar fue un hombre odiado y temido, respetado y admirado: El 'Patrón'. Pero desde que se conoció el origen de su enorme fortuna perdió su aureola de héroe popular, de 'Robin Hood paisa', y fue tenido siempre por un criminal común y un vulgar asesino, un delincuente que empezó robando lápidas mortuorias en el cementerio de Envigado y a fuerza de astucia y de desaforada violencia se convirtió en el más grande narcotraficante del siglo XX (ya iremos viendo qué pasa en el XXI). Su relación con la política, en términos estrictos, fue marginal: representante suplente y fugaz a la Cámara, financiador interesado de campañas políticas, negociador fallido de pactos entre los narcotraficantes y el Estado colombiano a cambio de la garantía de no extradición. Sus únicos contactos directos con altos representantes del establecimiento fueron los de esa fallida negociación (con el ex presidente López Michelsen y el entonces procurador Carlos Jiménez Gómez, enviados del gobierno de Belisario Betancur) en el 84; y luego, en el 91, con el famoso telepredicador Rafael García Herreros para la ceremonia (pues fue una ceremonia) de su fingido "sometimiento a la justicia". Y finalmente con un viceministro de Justicia, al cual secuestró en su cárcel privada de La Catedral cuando decidió salir de allí, temeroso de verse traicionado por las autoridades hasta entonces cómplices o amedrentadas. No le faltaba razón. Hasta el gobierno norteamericano, que nunca había privado de la preciada "visa USA" ni a él ni a sus allegados, participó en la alianza de policías y delincuentes que le dio muerte, enviando a colaborar con los 'Pepes' del cartel de Cali, los paramilitares de Carlos Castaño y el Bloque de Búsqueda de la Policía colombiana, a sus comandos especiales los Navy Seals y la Delta Force.
La biografía de Manuel Marulanda, 'Tirofijo', fundador de las Farc, es mucho más larga y matizada. Si Escobar fue un criminal común que, por lo descomunal de su negocio, llegó a tener influencia sobre los políticos y la política, Marulanda fue de principio a fin un delincuente político: un alzado en armas cuya organización político-militar, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), acabó cometiendo lo que en términos jurídicos se llaman "delitos conexos": narcotráfico, extorsión y secuestro. Delitos que, por "conexos" que sean, las han corrompido moralmente y desprestigiado políticamente; pero no les han quitado su carácter de fuerza política, que sólo el actual gobierno de Álvaro Uribe se ha negado (a ratos) a reconocer. Así, el de Belisario Betancur firmó con ellas un pacto de cese al fuego en 1984. Bajo el de Virgilio Barco se desarrolló, y a continuación fue exterminada, la Unión Patriótica, el partido político sin armas creado por las Farc, que había llegado a tener una docena de congresistas y cientos de concejales en el país. El de César Gaviria las invitó a formar parte de la Asamblea Constituyente en el 91, aunque el día mismo de las elecciones bombardeó el campamento de sus jefes (Marulanda y Jacobo Arenas): la famosa Casa Verde del cañón del río Duda que el propio Gaviria había conocido de visita, como docenas de otros dirigentes políticos, durante la tregua de Betancur. El de Ernesto Samper abrió conversaciones con ellas en Caracas y en Tlaxcala y llegó a acuerdos de canje entre presos de la guerrilla y soldados y policías capturados por ellas. El de Andrés Pastrana, en fin, les entregó en prenda de confianza la inmensa "zona de despeje" del Caguán para adelantar negociaciones durante más de tres años y las presentó oficialmente ante el mundo como organización política legítima, aunque después Pastrana haya pretendido haber hecho exactamente lo contrario: conseguir que se la considerara una organización meramente criminal, al amparo de la nueva cruzada desatada por los ataques terroristas islámicos contra los Estados Unidos, según la cual todos los terrorismos son iguales entre sí y el terrorismo universal es uno solo. Únicamente Uribe ha querido privar a las Farc de su dimensión política alegando el pretexto extravagante de que, como en Colombia no existe ningún conflicto, quien se levante en armas contra el Estado es un simple bandolero.
Ya en su primera juventud, cuando todavía militaba en el partido liberal dentro de la tradición colombiana de las adhesiones hereditarias, era Manuel Marulanda un alzado en armas de naturaleza política: miembro de las guerrillas liberales que organizaron autodefensas campesinas contra la persecución de los 'pájaros' y los 'chulavitas' de los gobiernos conservadores. Cuando otros grupos entregaron las armas tras el golpe militar de Rojas Pinilla, el de los hombres de 'Tirofijo' no lo hizo. Pero no para volverse bandidos, como otros: sino porque se habían vuelto comunistas (y fue entonces cuando Pedro Antonio Marín cambió su nombre por el alias de 'Manuel Marulanda', un dirigente obrero comunista asesinado en la cárcel). Precisamente a su condición de comunistas, sospechosos de estar organizando una "república independiente" en la región de Marquetalia, se dio contra ellos la primera gran batida militar en 1964, durante el gobierno de Guillermo León Valencia, el "Presidente de la paz". Un bombardeo del cual salieron 'Tirofijo' y unas pocas docenas de combatientes a fundar en las selvas del Caguán las Farc, ya bajo ese nombre y con el respaldo ideológico y económico del Partido Comunista, por entonces ilegal pero no por eso menos político, apoyado a su vez en el plano internacional por la Unión Soviética dentro del contexto de la Guerra Fría.Ese carácter político no impidió, por supuesto, que fueran debidamente judicializadas, es decir, criminalizadas, las acciones armadas de las Farc. Tal vez la primera por la que su jefe Marulanda fuera juzgado y condenado (en ausencia) fue el asalto a un bus en el cual murieron dos monjas, en los años 60. Y tampoco implica tal carácter que no fueran auténticamente criminales (aunque con la intención política de sostener un aparato armado) delitos "conexos" como el boleteo, la vacuna, el secuestro extorsivo, y a partir de los años 80, el narcotráfico. Pero eso no ha sido obstáculo a su vez para que la naturaleza política de las Farc haya seguido siendo reconocida por gobiernos tan distintos como el de izquierda de Hugo Chávez en Venezuela y el derechista de Nicolás Sarkozy en Francia, pasando por los de los "países amigos" (España o Suiza) que ofrecen sus buenos oficios para abrir conversaciones entre ellas y el gobierno de Colombia. Es reciente, y provocada no sólo por la doctrina reiterada (aunque cambiante) del gobierno de Uribe, sino sobre todo por la creciente fatiga de la población civil entre los excesos de los guerrilleros de las Farc, la tendencia a considerarlos sólo bajo su aspecto de malhechores y bandidos.
Por otra parte, y volviendo a la comparación del principio, ni Manuel Marulanda ni Pablo Escobar son ejemplares únicos sui generis, y tampoco lo son sus respectivas guerras contra el Estado colombiano. Son ambos solamente empresarios en el sentido más directo de la palabra, particularmente exitosos, cada cual en su empresa. En el último medio siglo se han armado en Colombia más guerrillas que las Farc de Marulanda. La del ELN, por ejemplo, es tan antigua como ellas, y continúa en activo, tanto en el combate como en el secuestro -y también en las negociaciones políticas. Y han existido el EPL, el M-19, el Quintín Lame... En el narcotráfico han actuado carteles distintos del de Medellín encabezado por Escobar: el de Cali fue igualmente poderoso, y tras el desmantelamiento de los dos ha surgido una docena más que han heredado el negocio. Porque, aunque sea una obviedad y los colombianos estemos cansados de oírla, el hecho es que tanto Escobar como Marulanda, al margen de sus talentos y de sus defectos individuales, son hijos de la sociedad y de las circunstancias. Ninguno de los dos creó su empresa de la nada, ex nihilo, como dicen que Dios hizo la suya. Vienen de lo que había.
Las guerrillas vienen de la inequidad económica y social, de la persecución de los gobiernos conservadores en los años 50, y luego de la política excluyente del Frente Nacional, que pretendió resolver burocráticamente (mediante la alternación y la paridad entre liberales y conservadores) los problemas políticos, sin tocar los sociales: e inclusive agravándolos, particularmente el de la distribución de la tierra, causa muy importante de la violencia rural. El narcotráfico viene del consumo masivo de las drogas prohibidas, y de su prohibición, que hace rentable el negocio y en consecuencia poderosas a las mafias que, por ser ilegal, lo manejan.Y es por eso que las muertes de Escobar y de Marulanda no alteran las cosas: porque el fondo de las cosas no ha cambiado, y la desaparición física de dos de los protagonistas no pasa de ser anecdótica. La muerte violenta de Pablo Escobar recién cumplidos los 44 años en 1993, la muerte natural de Manuel Marulanda a punto de cumplir los 80 en 2008, lo dejan todo igual. Con la de Escobar ya se ha visto de sobra: cada seis meses se especula sobre quién es el nuevo heredero del difunto capo (¿los Rodríguez? ¿'Chupeta'? ¿'Jabón'? ¿'Don Berna' ), y cada año se anuncia que la producción, el tráfico y el consumo han crecido en un 15 o en un 20 por ciento. Porque Escobar no creó el negocio, aunque llegara a dominarlo por un tiempo. Con la de Marulanda sucederá lo mismo. La guerrilla sólo desaparecerá, o cambiará, si cambian las condiciones objetivas del país. Tanto las que la generaron (inequidad, etcétera), como las que han hecho que resulte imposible eliminarla: entre ellas la existencia del narcotráfico, que hoy contribuye a alimentarla, y la inoperancia del Ejército. La cual está cambiando, en parte por el inmenso crecimiento del gasto militar (el gobierno actual dedica a la seguridad casi el 6 por ciento del producto interno bruto del país), y en parte por contribución de los Estados Unidos, representada en el Plan Colombia de los tiempos de Pastrana y su sucesor el Plan Patriota de la época de Uribe. Pues resulta por lo menos paradójico que ahora vengan los Estados Unidos a ayudar a resolver los problemas que ayudaron a provocar: el del narcotráfico con la prohibición, y el de la guerrilla con el anticomunismo.
Recuadro
Algunos opinan que...
ANTANAS MOCKUS. Ex candidato presidencial Creo que Pablo Escobar hizo el mayor daño porque él usó el terrorismo para modificar la Constitución Nacional, lesionar la voluntad de la sociedad, matar a los precandidatos como Galán y lograr que la extradición no fuera aprobada. Escobar le torció el pescuezo a la voluntad popular a punta de violencia.
ARMANDO BORRERO. Académico Ambos hicieron daño: Manuel Marulanda creó una guerra inútil, sangrienta y costosa que, en lugar de lograr objetivos políticos, causó dolor y perversidad. Pablo Escobar trajo la violencia terrorista a las ciudades y golpeó la conciencia de los centros de poder políticos. Sin embargo, hubo otra persona que también le hizo daño al país y ese fue Laureano Gómez, pues no calculó el alcance de sus palabras en una época en la que aún la gente les creía a sus dirigentes y con su discurso “llegaremos hasta la acción intrépida y al atentado personal”, inauguró una pedagogía de la violencia que enardeció a las masas y agudizó el sectarismo.
CÉSAR GAVIRIA. Ex presidente de la República Escobar y Marulanda han sido las dos personas que más daño le han hecho a Colombia. Escobar fue un capo que creó un imperio basado en el narcotráfico y cometió los peores actos de terrorismo. Sus acciones tuvieron más impacto que las de las Farc, pero era más vulnerable. Manuel Marulanda comandó una guerrilla que luego se convirtió en un cartel del narcotráfico y una organización terrorista; una estructura que derivó en actos de barbarie, a la que no le bastó el secuestro y la tortura. Al momento de morir, Marulanda ya había perdido todo sentido de humanidad.
GUSTAVO PETRO: Senador Pablo Escobar le hizo más daño al país, pues fue un criminal con poder político y con la capacidad de desestabilizar el Estado. Su accionar criminal generó una descomposición moral de la sociedad pobre de Medellín por su manejo del Estado y su dinero. Lo peor es que hoy no queda un Pablo Escobar, sino 100 con mayor capital económico y poder criminal representado en los narcos actuales.
RAFAEL PARDO. Precandidato Creo que no es una comparación que se pueda hacer, los dos fueron muy negativos tanto por ser generadores de violencia como por la influencia nefasta que tuvieron en la sociedad. Pablo Escobar distorsionó los valores de la juventud al mostrar la ilegalidad como mecanismo para alcanzar objetivos. ‘Tirofijo’ hizo alarde de una violencia que pretendía ser justa a través de argumentos políticos, pero al final de cuentas lo que vivió fue una vida larga y fracasada, pues sólo causó dolor. MARÍA VICTORIA URIBE. Académica Me parece incorrecto comparar a Escobar con Marulanda, pues el primero fue un criminal en todo el sentido de la palabra. Aunque no estoy de acuerdo con la terrible degradación de las prácticas de la guerrilla, la gente ha olvidado que es un grupo que empezó como un movimiento campesino en la década del 60. Pablo Escobar claramente perteneció al mundo del hampa y su peor legado fue la violencia de las bombas y los contravalores que dejó en los jóvenes. Pero la lista de personajes que causaron dolor es larga: ‘Sangrenegra’, ‘Efraín González’, los paramilitares, los capos del norte del Valle y la lista continúa hasta hoy.

Ministro de Defensa de Ecuador


Mario Mendoza entrevista a Javier Ponce, Ministro de Defensa de Ecuador.
El arcángel Juan
Tomado de la revista donjuan.com, No. 21, junio-julio
El Ministro de defensa de Ecuador habla de sus desacuerdos con el ministro de defensa de Colombia, confiesa que fumó marihuana en 68 y que las fuerzas armadas siempre le han parecido de una teatralidad impresionante, habla de por qué él, un poeta y novelista medianamente reconocido, es ahora el hombre fuerte de una nación que ha desplegado toda su fuerza de combate en la frontera, y para finalizar, cuando le hablan de los computadores de Raúl Reyes dice que Colombia se los robó.
javier ponce nos recibe en su estudio personal, en el tercer piso de una casa sobria y elegante. Los muebles de madera y el diseño colonial de la edificación dan la sensación por momentos de estar en una casa de campo. Ponce es un hombre de ademanes lentos, parsimoniosos, que habla en voz baja y que fuma su tabaco con deleite mientras sopesa cada una de sus respuestas. Los años dedicados a la literatura dejaron en él una marca imborrable: el exceso de introspección. Se nota que le cuesta trabajo atender esa realidad exterior que como ministro le es fundamental, pero que como escritor quizás le es indiferente e incluso deleznable.
Su biblioteca (Foucault, Deleuze, Celan) demuestra su gusto por los intelectuales franceses. Estudió en París en los años setenta y pertenece a esa generación de latinoamericanos que vivieron una época de contracultura ligada a la Revolución Cubana y a Mayo del 68. Cuando uno le pregunta por esa parte de su biografía, Ponce habla de los escritores del boom, del debate sobre los montoneros, de pequeñas dosis de marihuana que les llegaban en latas de Nescafé, de cómo se buscaban para hablar, para debatir, para compartir, de cómo iban descubriendo a América Latina estando en París.
Ponce ha escrito varios libros de poesía (A espaldas de otros lenguajes,
Afuera es la noche), novelas (Es tan difícil morir), ensayos sobre cultura y cientos de artículos sobre política, comunicación y educación.
Se nota en sus escritos la influencia de Saint-John Perse y de Pessoa. Cuando habla de literatura, Ponce alude a una figura clave para él: Paul Celan. Y de los latinoamericanos quizás la presencia más notoria en sus libros es la de Octavio Paz. El periodismo ha sido la forma de vincularse a un mundo exterior que la literatura le niega, porque la fuerte introspección artística lo ha dejado encerrado en sí mismo.
Lo curioso, la pregunta que surge entonces, es cómo un intelectual
de estas características acaba de ser nombrado como ministro de Defensa de Ecuador. Sobre el presidente Correa hay una amplia información en los medios, pero sobre este hombre reposado y cauto no se sabe nada todavía en nuestro país. Un hombre sobre el cual descansa la responsabilidad de las operaciones militares ecuatorianas, un hombre que fue nombrado en el cargo justo en la mitad de la crisis del bombardeo al campamento de Raúl Reyes, y un hombre sobre el que oiremos hablar permanentemente de aquí en adelante.
Cuando Ponce habla de los “tigres” (fuerzas especiales de la selva)
hace comparaciones teatrales y recuerda autos sacramentales y obras sobre la Revolución Francesa. Alguna vez, en medio de la jungla, Ponce fue recibido por uno de estos escuadrones especiales en un fuerte camuflado entre el follaje. Un guardia con la cara pintada y con un pañuelo en la cabeza recitó un texto sobre el sentido de la vida y de la muerte, sobre la necesidad del sacrificio por la patria. La puerta se abrió, un fuego se encendió, y, unos instantes después, Ponce caminó sobre las cenizas. Ya dentro del fuerte, vio un espectáculo sorprendente: soldados cruzando por pasarelas colgantes,otros practicando boxeo y ejercicios de gimnasia, otros lanzándose
al agua para hacer investigaciones subacuáticas. Y fue entonces cuando Ponce pronunció un discurso en el cual explicó que la base de la disciplina militar no consiste en el respeto a la jerarquía, sino en prepararse para la guerra sabiendo que lo importante es la paz. Es decir, que la base de la disciplina militar consiste en prepararse para un enfrentamiento que ojalá nunca se vaya a presentar.
Ése es el hombre que he venido a entrevistar, y, detrás de sus gestos imperceptibles y de su voz pausada y susurrante, está claro el dilema
que enfrenta: debe cambiar a las Fuerzas Armadas del Ecuador antes de que ellas lo cambien a él. Su colega en el Ministerio de Educación, el también escritor Raúl Vallejo, dice de él: “Javier ha sido una persona que ha escrito mucho sobre cuestiones militares, ha reflexionado sobre el tema, ha sido un crítico muy puntual. Yo creo que está muy capacitado para el cargo”. Sin embargo, esa proximidad con lo que criticó en el pasado es también su talón de Aquiles: puede terminar convertido en lo que tanto detestaba.
M. M. -Usted venía desempeñándose como secretario privado del presidente Correa, y todo el mundo esperaba un nombramiento en el Ministerio de Cultura. Sus antiguos compañeros de prensa recibieron la noticia con gran sorpresa e incluso el ex ministro José Gallardo afirmó que era un grave error.
J. P. La verdad es que yo fui el primer sorprendido. En ese momento
el Presidente necesitaba en ese cargo a alguien muy cercano a él para tener una comunicación más directa con las Fuerzas Armadas.
Y fue entonces cuando en el gobierno tomamos conciencia de dos cosas: de la importancia de la política internacional (porque por primera vez nos abríamos de esa manera al mundo), y de la importancia de la relación con nuestras Fuerzas Armadas. Y la actitud de los antiguos generales se explica por mis artículos críticos con respecto a las Fuerzas Armadas en el pasado.
M. M. -Después del bombardeo al campamento de Raúl Reyes vienen una serie de cambios en el interior de las Fuerzas Armadas Ecuatorianas. Se habla de una injerencia de la CIA en los organismos de inteligencia. Pero era de público conocimiento que periodistas, políticos y militares visitaban a la representante de la CIA (alias Madame Swat) aquí en Quito. ¿Por qué el presidente Correa espera el altercado con Colombia para hacer esas denuncias y esos cambios?
J. P. Desde hace varias décadas se habla de la presencia de la CIA en todos los estamentos ecuatorianos. Y durante este gobierno ese rumor ha continuado. Hasta que suceden los hechos de Angostura –la zona del bombardeo– y comenzamos a manejar la hipótesis que no hemos abandonado y que es la base de las últimas declaraciones que yo hice: la posible participación norteamericana en el ataque a Angostura. Ahora, hay cosas que son bastante evidentes: hay toda una unidad de investigación de la policía que está financiada por los Estados Unidos, por la CIA. Y toda la formación se da en torno a las estrategias y a las políticas norteamericanas. Los dos ejes de la doctrina de las amenazas son el narcotráfico y el terrorismo, que son los dos ejes norteamericanos. Se tiene una doctrina de seguridad heredada de la guerra fría. Los cambios fuertes en las Fuerzas Armadas todavía no se han dado. Tenemos que fortalecer nuestra capacidad operativa: necesitamos radares para saber qué pasa en la frontera. Los aparatos de inteligencia tienen que estar controlados por el poder político. No estamos en una carrera armamentista porque estamos muy lejos de competir con Colombia o con Perú en este aspecto, pero sí necesitamos mejorar nuestras estrategias de vigilancia de la soberanía.
M. M. -Se dijo que el coronel Mario Pazmiño Silva estaba involucrado
en un supuesto grupo de ultraderecha llamado la Legión Blanca, que amenazaba a periodistas, activistas de derechos humanos
y dirigentes sociales. Y se dijo también que el coronel Pazmiño
tenía nexos con los servicios de inteligencia de Colombia. ¿Esa investigación ya arrojó resultados concretos?
J. P. No, nosotros recién hemos integrado la comisión. El asunto de la Legión Blanca es un poco como el de la CIA: es un fantasma que flota. Quiénes son, quiénes no son. Es una especie de masonería. Lo que es evidente es que el coronel Pazmiño ocultó información, y fue un ocultamiento premeditado. La inteligencia militar ecuatoriana se apoyaba muchísimo en la colombiana. Y claro, por esa vía podía estarse sustentando la inteligencia norteamericana, que está actuando con mucha fuerza en el Plan Colombia. Algo que sí está muy claro es que el coronel Pazmiño se entera a las seis y media del ataque en la frontera y el presidente Correa hacia las ocho de la mañana. Es decir, Pazmiño está enterado mucho antes. Y esas primeras
informaciones son equívocas: se dice que ha habido un enfrentamiento
en Colombia y que están intentando introducir herido a Raúl Reyes al Ecuador. Además, a lo largo de todo ese primer día, la actitud del coronel Pazmiño coincide con la de los jefes militares colombianos, que nos dan sucesivas coordenadas equívocas.
M. M. -¿Los organismos de inteligencia ecuatorianos ya confirmaron
que en el bombardeo al campamento de Raúl Reyes hubo participación
efectiva del gobierno de Estados Unidos?

J. P. El tema es muy simple. Las muestras encontradas en Angostura
nos indican que las bombas utilizadas fueron bombas de tecnología
norteamericana, y que fueron bombas manejadas por GPS.
La forma regular de los cráteres así lo comprueba. Y ni los kafir ni los mirage de la Fuerza Aérea Colombiana pueden transportar bombas GPS. La única posibilidad es que las conduzcan los supertucanos, pero con una adaptación especial que dura alrededor de diez meses. Ahora, siempre es posible un robo de tecnología. Y le exigimos a Colombia dos cosas: una, que haga públicos los videos de los aviones que intervinieron en el ataque, y dos, que demuestre
fehacientemente que esos aviones fueron adaptados para ese tipo de bombas.
Porque la única respuesta que ha dado el ministro Santos es que yo estoy mal informado. Lo que tienen que hacer es darnos pruebas y punto.
(DONJUAN habló con el ministro de defensa Santos y, literalmente,
repitió que el señor ministro de Defensa del Ecuador estaba mal informado. “Colombia”, dijo, “no sólo cuenta con los aviones que él menciona, sino con otros con capacidad para transportar bombas GPS”).
M. M. -¿El caso Aisalla –el ciudadano ecuatoriano muerto en el ataque– no vino a confirmar que había una falta de comunicación entre el Gobierno del Ecuador y sus Fuerzas Militares, es decir, que el Presidente Correa no estaba bien informado a nivel de inteligencia militar?
J. P. Sí, sin duda. El caso Aisalla precisamente es el que de manera más clara demuestra el vacío y el ocultamiento de información. Lo que sucede es que Aisalla murió de un golpe en la cabeza y otros indicios nos conducen a la hipótesis de que pudo haber ajusticiamientos en el ataque a Angostura. Eso es lo que estamos estableciendo. Y este tipo de cosas son las que no podemos soportar.
M. M. -La marcha que hace poco se dio en Colombia y otros países es el clamor de un pueblo en contra de las Farc. ¿Por qué parecería que el presidente Correa se solidariza con los victimarios y no con las víctimas?
J. P. Lo que pasa es que Ecuador no maneja el concepto de terrorismo
desde la perspectiva norteamericana. Y entonces no llama terroristas a fuerzas que considera, de hecho, irregulares. Nosotros no podemos permitir la presencia en nuestro territorio ni de fuerzas regulares ni de fuerzas irregulares. El Ecuador tampoco ha hablado del reconocimiento de beligerancia para las Farc. Si uno revisa la historia de Colombia no puede ignorar el origen político de las Farc. Lo que pasa es que la masacre de la Unión Patriótica hace parte de la pérdida de las Farc de todo rumbo y de todo eje político. Y luego su vinculación al narcotráfico les complica las cosas aún más.
M. M. Chávez ha dicho que los Estados Unidos tiene intereses de crear una guerra en la zona. ¿Está el gobierno de Ecuador de acuerdo
con esas declaraciones?

J. P. No. El gobierno ecuatoriano es un gobierno que se identifica con tesis de izquierda y eso puede crear la imagen de una relación con las Farc, de la misma manera que hemos pasado un año con la historia de que somos un clon de Chávez. Nosotros somos independientes.
Por otro lado, el Ecuador ha procurado tener una relación amigable, pero franca y transparente con Estados Unidos. Nosotros hemos dicho desde el primer día que no vamos a prolongar la estadía norteamericana en la base de Manta. Eso no significa que la colaboración con Estados Unidos se detenga.
M. M. -¿Qué sigue ahora?
J. P. Nosotros exigimos que Colombia atienda su frontera sur. Yo acabo de recorrer la frontera y es realmente desolador ver el abandono en que Colombia tiene a la gente que vive en la frontera. Y finalmente, hay una cosa que para el presidente Correa resulta insólito e incomprensible, y es por qué, en el mejor momento de las relaciones entre los dos gobiernos, Uribe le ocultó un operativo preparado con anticipación. Eso resulta insoportable y es el origen del resentimiento del presidente Correa.
M. M. -¿Qué opina de los documentos que han encontrado en los computadores de Raúl Reyes?
J. P. Si sacan los documentos de la computadora de Raúl Reyes, nosotros podríamos acusarlos de habérselos robado, porque eso estaba en territorio ecuatoriano.

Las columnas políticas hoy, miércoles 16 de septiembre de 2026

¿Qe pasó ayer en Morena?…. El ajedrez político rumbo a 2027 ya no es una promesa; tiene rostros, nombres y un hilo conductor innegable: el p...