6 jun 2010

Mil voces

Mil voces
MIGUEL BAYÓN
Babelia, 5/06/2010;
La literatura africana refleja la diversidad y las tensiones entre la fe en el mañana y las oportunidades perdidas
El periodismo se parece a la vida en que generalizas para sortear problemas y, por generalizar, topas con más. Los medios hablan con toda impunidad de "África" o "África subsahariana", y resulta que hay mil Áfricas -Imaginar África. Los estereotipos occidentales sobre África y los africanos (Catarata), de Antoni Castel y José Carlos Sendín, editores-. No digamos en literatura. Para empezar, aún se trata de un continente donde la cultura oral tiene mucho que decir. Y si hablamos de escrituras, sólo académicamente es operativo clasificar África según la herencia idiomática (sean las lenguas coloniales o autóctonas) o incluso por Estados, ya que el Estado, y las fronteras, es sumamente artificial en un continente diverso y mestizo como ninguno -El pensamiento tradicional africano (Catarata), Ferran Iniesta-. En España, además, hay carencia de traductores literarios en suajili, kikongo o walof, por mencionar alguna lengua hablada por millones. Y la ignorancia es general sobre esas culturas: Casa África realiza una gran labor desde su sede en Las Palmas, pero casi desconocida fuera de ámbitos oficiales o universitarios. De alguna forma hay que orientarse, y pueden recomendarse ciertas sistematizaciones. Aunque hablemos de literatura, es clave conocer el contexto histórico de un África siempre silenciada o tergiversada: aún es válida la monumental Historia del África negra, del burkinés Joseph Ki-Zerbo (Alianza). El Cobre tiene una Historia de la literatura negroafricana. Una visión panorámica desde la francofonía, de la africanista belga Lilyan Kesteloot, que rechaza el acercamiento solo nacionalista. Y aunque su análisis se centra en lo francófono, aporta luz sobre nexos poco estudiados, como el existente entre el movimiento poético de la negritud y el surrealismo europeo. Muy útil es el Diccionario de literatura del África subsahariana, publicado por la asociación Translit. Las limitaciones de un artículo aconsejan una parcelación por temas.

Las enseñanzas de Spiderman

Las enseñanzas de Spiderman/Gustavo Martín Garzo, escritor
EL PAÍS, 29/05/10):
Todos somos responsables de que el mundo sea como es. La baronesa Blixen solía decir que escribía o pintaba porque debía a los demás una respuesta. Responder era formar parte de la gran cadena de las causas y de las criaturas. “Responderé de lo que diga o haga; responderé a la impresión que cause. Seré responsable”. Para los que vivimos bajo la dictadura franquista, la llegada de la democracia no tenía que ver con el deseo de riqueza sino de libertad; queríamos una democracia para vivir en un mundo más noble y generoso.
La crisis económica actual hunde sus raíces en una crisis más honda de carácter moral. Hace pocas semanas, uno de los altos cargos de Google declaró sin ningún empacho que “de lo que se trata es que todos ganemos mucho dinero”. Pero hay algo que evitó decir: que somos siete mil millones de habitantes en la Tierra y no es posible que todos seamos ricos, suponiendo que eso sea lo que queremos. Claudio Magris dice que nunca el mundo ha estado más necesitado de política que ahora, y la política debe reivindicar una cultura de la mesura y la solidaridad. El problema de la crisis que sufrimos no está solo en los banqueros, ni en los especuladores, sino en la sociedad en su conjunto. Los paraísos fiscales, los sueldos desmesurados, los contratos blindados, lejos de provocar rechazo suscitan más bien la envidia general, pues hemos interiorizado de tal forma los valores de los poderosos que no sabemos vivir sin mirar por sus ojos y sin anhelar sus lujos. Hemos sustituido el Dios severo de las antiguas religiones, por otro mucho más peligroso: el Dinero.

Espejos de Sudáfrica

Espejos de Sudáfrica
JOHN CARLIN
Babelia, El País, 05/06/2010
El Mundial de fútbol en Sudáfrica se realizará en un país con una literatura tan extraordinaria como combativa, que cuenta con dos premios Nobel, Coetzee y Gordimer. La cita deportiva es, además, una oportunidad para descubrir un continente de gran variedad literaria.
La culpa es buena materia prima para un novelista. Como también lo son la traición, la identidad, el perdón, el odio y el choque de civilizaciones, temas que florecen en el paisaje sudafricano y han dado fruto literario abundante y de calidad, dos premios Nobel incluidos.
Ambos, Nadine Gordimer y J. M. Coetzee, han surgido del 15% de la población que es de raza blanca (actualmente unos seis millones de personas), igual que otros dos que han logrado un impacto global, André Brink y Alan Paton. Los escritores negros se han destacado más en la poesía que en la novela, y su obra pocas veces ha llegado más allá de las fronteras de su país. La explicación -o una de ellas- es sencilla. El apartheid, el sistema de discriminación racial más burdo del siglo XX, tuvo como objetivo exterminar la dignidad y la capacidad de competir en el mercado laboral de la mayoría negra. A los negros se les dio una educación escolar deliberadamente inferior a la de los blancos. La supervivencia fue el reto de la mayor parte de los sudafricanos negros; los más brillantes se dedicaron no a la introspección literaria, sino a la liberación política.
Para la casi totalidad de los blancos, que hasta la caída del apartheid en 1994 gozaron de quizá la mejor calidad de vida de cualquier sociedad del mundo, este no era mayor tema de preocupación. No se detuvieron a reflexionar sobre la espectacular injusticia sin la que su paraíso africano dejaría de existir. Pero hubo un sector que sí se enfrentó al dilema moral y tuvo la valentía de hacer elecciones difíciles, de cuestionar la tradición de racismo fácil y feliz heredado de sus padres, transmitido de generación en generación desde la llegada de los primeros colonos europeos en 1652. De este grupo, algunos se exiliaron en Inglaterra o Estados Unidos o Australia; algunos se incorporaron a la lucha contra el apartheid, sufriendo en muchos casos las brutales secuelas del aparato represivo estatal; algunos optaron por el periodismo militante o por ser abogados defensores de los derechos humanos; y unos pocos a escribir novelas.
"Nada de lo que escribo en mis ensayos o mis artículos dirá la verdad de la manera que lo hace mi ficción", explicó una vez Gordimer, nacida en 1923, autora de 13 novelas y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1991. Dado que la ficción es un disfraz, "abarca todas aquellas cosas que uno no dice a otras personas..., siempre hay una especie de autocensura en la no ficción". Para Gordimer, el escritor es elegido por su tema, que es "la conciencia de la era en la que vive".
La era política en la que vivió Gordimer, y en la que hizo su mejor trabajo, se prestaba a la simpleza y claridad moral de una fábula. Una tiranía minoritaria que vivía en la abundancia oprimía a una mayoría negra que vivía en la miseria. El apartheid era el único sistema de gobierno del mundo sobre el que había consenso casi absoluto durante la guerra fría. Estados Unidos, la Unión Soviética, sus aliados y satélites concurrían con la declaración de Naciones Unidas que definía lo que estaba ocurriendo en Sudáfrica como "un crimen contra la humanidad". Las novelas de Gordimer (La hija de Burger, Un mundo de extraños, El conservador) contaban historias de amor y de familias conflictivas, pero el objetivo siempre era el mismo: la denuncia. La complejidad estaba en las historias humanas, pero en el tema de fondo no había claroscuros.
Lo mismo se puede decir de las obras de Alan Paton y André Brink. Cry the Beloved Country, de Paton, es seguramente la novela sudafricana más famosa. Cuando se publicó en 1948 se convirtió rápidamente en un best seller internacional. Cuatro años después se adaptó al cine, con el actor negro estadounidense Sidney Poitier interpretando el papel del protagonista, un cura negro que viaja del campo a Johanesburgo, sufre en carne propia, y al final perdona, las indignidades a las que le somete el hombre blanco.
André Brink fue el primer afrikáner (los afrikáneres eran la tribu dominante blanca durante el apartheid) cuyo trabajo, escrito en inglés no en afrikaans, fue proscrito por el Gobierno. Su mejor novela, A Dry White Season, se centra en la muerte de un activista negro tras su detención por la policía. Es una historia tremendamente impactante que despertó a muchos blancos sudafricanos de la dulce ignorancia. La película del libro que hizo Hollywood en 1989, con Marlon Brando y Donald Sutherland, fue prohibida en Sudáfrica.
Breyten Breytenbach -lírico, doloroso, a veces surreal- y Christopher Hope -que utilizó la comedia para satirizar a los gobernantes de su país- también forjaron sus reputaciones como novelistas sobre el yunque del apartheid. Ninguno de ellos logró mantener el mismo nivel, o tener el mismo impacto, una vez que el apartheid, con la llegada de Nelson Mandela a la presidencia en 1994, desapareció. El que sí ha sobrevivido al apartheid es el más grande de los escritores sudafricano, ganador del Premio Nobel en 2003, J. M. Coetzee.
La novela de Coetzee que más éxito internacional ha tenido es Desgracia, publicada en 1999, aunque la misma mirada fría, despiadadamente honesta, y la misma terrible economía en el uso de las palabras se ve en las novelas que escribió antes de la caída del apartheid. Obras maestras como Esperando a los bárbaros, Vida y época de Michael K. y La edad de hierro ya lo habían colocado, antes de la salida de Mandela de la cárcel en 1990, como uno de los cuatro o cinco grandes escritores en inglés contemporáneos. A diferencia de los otros escritores aquí mencionados, nunca se definió políticamente, nunca se presentó al público como un intelectual contra el racismo y nunca romantizó a ninguno de sus personajes, sean estos blancos o negros.
Coetzee opera en un frente donde se enfrentan la civilización y la barbarie. La prosa es tensa, pero el terreno es ambiguo y complejo. Examina la culpa y la identidad del individuo en un país fracturado, bañado de sangre, pero siempre quedan al final más preguntas que respuestas. No existe la ligereza en la obra de Coetzee. Uno no tiene oportunidad de sonreír, mucho menos reír, nunca. Su ficción se lee con los dientes apretados.
La mirada de Coetzee es implacablemente adusta. Desgracia ofrece una visión desesperanzada de la Sudáfrica pos-apartheid, en la que el conflicto racial no sólo sobrevive sino que se extiende, porque ahora los negros se desquitan, tras siglos de resentimiento. Algo de verdad hay en lo que percibe la angustiada sensibilidad de Coetzee, que en 2002 encontró la paz de las ovejas en su nuevo país de residencia, Australia; pero es la verdad del microscopio.
Sudáfrica es una sociedad dura, en la que perdura la desigualdad y ha brotado un fenómeno inimaginable hace apenas 20 años, el nuevo rico -craso, muchas veces corrupto- negro. Pero también posee una tremenda energía positiva, concepto ajeno a Coetzee que se empieza a vislumbrar en las novelas de dos de los más prometedores escritores actuales, Damon Galgut e Ivan Vladislavic. El gran éxito de ventas en Sudáfrica en este momento es Spud, una comedia hilarante del joven novelista John van de Ruit que contiene un mensaje impensable para Coetzee: que hoy el choque de razas y culturas en Sudáfrica provoca más risa que lágrimas; y que, pese a la lacerante historia reciente, Sudáfrica, en vísperas de la gran fiesta del Mundial de Fútbol, es un país en el que en el día a día los blancos y los negros se relacionan, en su abrumadora mayoría, con respeto y buen humor.

Balas en Tivoli Gardens

REPORTAJE: NARCOTRÁFICO EN EL CARIBE
Ducha de balas en Tivoli Gardens
La búsqueda del capo Dudus, jefe de la Shower Posse, descubre las relaciones entre la política y los narcotraficantes en Jamaica
ÁLVARO DE CÓZAR
El País, 06/06/2010
Todo el mundo tiene un mote en Kingston. Algunos son fácilmente reconocibles porque suelen intercalarse entre el nombre y el apellido con un ligero énfasis al pronunciarlos y porque nadie puede haber sido bautizado como Belleza, Jefe o Azúcar. En otros casos es más complicado, porque los sobrenombres se toman de personajes famosos o artistas. Lester Coke se hacía llamar Jim Brown por su devoción por la estrella del fútbol americano y actor en películas como 100 rifles. Lester no se parecía físicamente a Jim Brown, pero era un gánster y podía hacerse llamar como a él le diera la gana.
De eso va esta historia. De gánsteres y de motes, de poder y de violencia, y del gusto jamaicano por cambiar el nombre de las cosas.
Ni siquiera el de la capital responde a la lógica. Los jamaicanos llaman Kingston a la unión de 2 de las 13 demarcaciones territoriales o parroquias en las que está dividida la isla: la de Saint Andrew, al norte, y la que sí se llama oficialmente Kingston, al sureste del país. Esta última es un territorio más pequeño y humilde que el primero al que todo el mundo llama coloquialmente Downtown.
En el lado oeste del Downtown, en el gueto de Tivoli Gardens, fue donde la policía y la banda Shower Posse iniciaron la semana pasada una de sus periódicas guerras. La misión de los policías era detener a Christopher Dudus Coke, hijo adoptivo del mencionado Jim Brown, don de Tivoli Gardens y jefe de la organización, dedicada al narcotráfico y con tentáculos en ciudades de Canadá, Reino Unido y Estados Unidos. Fue este país el que en agosto de 2009 pidió su extradición. Tras casi un año negándose y de la noche a la mañana, el primer ministro jamaicano, Bruce Golding, cambió de opinión y envió a la policía. En los enfrentamientos murieron 73 personas. Tres de ellas eran agentes, la mayor parte del resto, civiles. Nadie sabe todavía con seguridad si alguno de los muertos pertenecía a la Shower Posse. Ni rastro de Dudus.
La búsqueda del don de Tivoli empezó el lunes y se prolongó hasta el miércoles. Las consecuencias de esos tres días son todavía muy visibles en el barrio. Es difícil encontrar una casa o un coche que no haya recibido un balazo; algunos edificios, como el mercado, están quemados y en las calles todavía quedan restos de trincheras improvisadas con sacos y neumáticos. Toda la zona está tomada por la policía y el Ejército de Jamaica, que deambula por el barrio con carros blindados. Aunque se permite la entrada de periodistas, es difícil recorrer sus calles sin que a cada paso un soldado o un agente pida la documentación o pregunte inútilmente por unos permisos que no proporciona ninguna oficina de Kingston.
Una veintena de personas hace cola a las puertas de una asociación cultural custodiada por el Ejército, a la espera de ser atendidas por los funcionarios del Gobierno para pedir que se les indemnice por lo ocurrido. "Tiraron una granada a mi casa. Lo he perdido todo. Mi nevera, mis muebles, un ordenador... Así que estoy aquí en la cola de las promesas para ver cuál es la que me hacen a mí", dice un joven rastafari.
Mientras la cola se mueve lentamente, los soldados toman refrescos en la oficina donde Dudus -llamémosle ya El Presidente, el nombre con el que se le rinde respeto- tenía una de sus empresas legales, Presidential Click, una compañía dedicada a la industria del entretenimiento. Uno de los militares asegura entender el cabreo de la población de Tivoli Gardens y explica que tuvieron que actuar con eficacia para repeler los ataques de la Shower Posse. "En realidad no fuimos muy agresivos. Dejamos que dispararan y sacamos a los que pudimos de las casas para evitar que fueran heridos. Podría haber sido peor".
Peor es un término demasiado inconsistente para describir la experiencia de Bryan. A unos 40 minutos en coche de Tivoli, en la parroquia de Portmore, el joven músico de 16 años cuenta que sobrevivió a los ataques gracias a una llamada telefónica. Prefiere ocultar tanto su nombre como su mote. Así que llamémosle Bryan. Lo que sigue es una reconstrucción de lo ocurrido en las primeras horas, según su relato:
"Poco después de las diez de la mañana del lunes sonaron los primeros disparos. Yo estaba con mis amigos en la calle. Vi un helicóptero que volaba muy bajo. Y luego recuerdo a un hombre que corría con la pierna sangrando. Nos tiramos al suelo, junto a una pared, y nos quedamos así un rato. Luego nos metimos en una casa donde había más gente. Los soldados y la policía rodearon la ciudad y empezaron a buscar en los pisos. Entraron donde estábamos y encontraron armas y chalecos antibalas. Los policías nos preguntaban: ¿dónde está Dudus?, ¿dónde está Dudus? Después de eso nos llevaron a una calle donde había varios muertos y nos dijeron que cogiéramos los cuerpos y los apilásemos. Pillaron a un rasta y le dieron gasolina para quemar los cadáveres y eso es lo que hizo. A las doce de la noche llegó un policía al que llaman Bigger Ford -un Ford más grande-. Sacó la pistola y nos puso a los que estábamos allí en tres filas. Empezó a preguntar por El Presidente y nadie le decía nada. A mí me preguntó y yo le dije que no sabía, que yo era músico y no un gánster. Me puse a cantar para demostrárselo. Luego cogió un fusil y nos dijo que corriéramos. Eso hicieron algunos. Bigger Ford y otros policías empezaron a disparar contra ellos. Yo me quedé quieto. La policía nos llevó a un campo y nos metió en una casa, a los cadáveres y a los que no salimos corriendo. Iban a quemarnos allí. Entonces sonó mi teléfono móvil. Era mi primo que me llamaba desde Londres. Bigger Ford lo cogió y le escuchó un rato. Luego colgó, me dio el teléfono y me dijo que me fuera. Creo que a los demás los quemaron porque me han dicho que la casa está incendiada".
Bryan habla en una habitación semioscura, iluminada solo por la pantalla de un ordenador y en cuyas paredes hay carteles de Bob Marley y Haile Selassie, último emperador de Etiopía, al que los rastas consideran una reencarnación de Cristo. Un amigo de Bryan abre unos archivos que muestran varias fotos de la matanza de Tivoli. El último archivo que abre guarda un vídeo grabado con un teléfono en el que se ven varios cadáveres con agujeros de bala en la cabeza. Se escuchan llantos y una mujer grita todo el tiempo: "¡Jesucristo, Jesucristo!".
La historia de Tivoli Gardens, la pasada y la presente, está ligada a la de la Shower Posse. El barrio no puede entenderse sin la banda y sin sus conexiones con los Gobiernos de Kingston y con los dos partidos principales: el Partido Nacional del Pueblo (PNP), socialdemócrata, y el Partido Laborista Jamaicano (JLP, en sus siglas en inglés), que a pesar de llamarse así, es de centroderecha.
Aunque las fechas no están claras, todo debió empezar a finales de 1970. El lema del JLP era shower (ducha), expresión que se contraponía al power (poder) en la frase "power for the people" (poder para la gente), acuñada por el PNP. En un discurso de la campaña para las elecciones de 1980, el líder del JLP, Edward Seaga, dijo: "Las bendiciones os ducharán desde el cielo y el dinero sonará en vuestros bolsillos". Las elecciones estuvieron marcadas por la violencia de las bandas, que condicionaban el voto para que saliera el candidato que más les favoreciera. La Shower Posse demostró pronto que las únicas duchas que daba eran de balazos.
La victoria de Seaga sirvió para que los dos jefes de la Shower Posse, Lester Jim Brown Coke y Vivian Blake Dave, hicieran negocio con la droga. "Jim Brown era hijo de un tipo que hacía llaves, pero durante su adolescencia había hecho más caso a los capos Claudius Massop y Carl Byah Mitchell", asegura John White, alias Callhim John (llamado John), un hombre de 64 años que trapichea con marihuana y que creció junto a Jim Brown. Por su parte, Vivian Blake había salido de la pobreza de Kingston Oeste, pero se le daban bien los estudios y obtuvo una beca para una escuela privada. Solo le sirvió para desear los coches de los padres de sus amigos. Había decidido que no quería ser un pobre toda la vida.
Tras la muerte de los jefes -Massop fue frito a tiros por la policía en 1979 y Mitchell murió de una hemorragia cerebral tras una sobredosis en 1978, según el Jamaica Observer-, los jóvenes Jim Brown y Vivian Blake tomaron el control en el oeste y se dedicaron al narcotráfico a gran escala, primero de marihuana y después de cocaína. Blake emigró a Estados Unidos y abrió allí sedes de su particular multinacional. Pronto se hizo fuerte en Nueva York, Chicago, Los Ángeles y Miami. Al mismo tiempo que las armas automáticas de la banda escupían balas en las calles de Estados Unidos contra las bandas rivales (las autoridades estadounidenses les atribuyeron mil asesinatos entre 1980 y 1990), los dos jefes de la Shower Posse mantenían una actitud de benefactores en Kingston Oeste. Prestaban dinero, compraban uniformes para los niños y construían escuelas.
Su violencia, sin embargo, llegó a sorprender a la policía de Miami en 1984. Miembros de la banda, dirigida en esa ciudad por el sanguinario Charles Little Nut (pequeña nuez) Miller, dispararon a bocajarro contra cinco personas que habitaban una casa donde se consumía crack. A los agentes les impactó la posición rígida del cadáver de una mujer embarazada; tenía las manos juntas como si estuviera implorando a su asesino que tuviera compasión por su vida.
El imperio de la Shower Band fue cayendo a medida que avanzaban los ochenta y se sucedían las detenciones de sus miembros. En 1993, Jim Brown moría abrasado en una celda de la Penitenciaría General de Kingston, mientras esperaba la orden de ser extraditado a Estados Unidos. Nunca se supo qué fue lo que pasó. Blake fue detenido y extraditado a Miami en 1999. Pasó allí nueve años en prisión y al volver mostró su arrepentimiento. Se puso a escribir guiones, regentó varios negocios y murió de problemas respiratorios a los 54 años. Había sido un gánster, había gozado de mucho dinero y de las amistades de famosos como Bob Marley, pero algunos de sus últimos escritos, publicados en un episodio de la serie American Gangster: The Shower Posse sólo proponían sabios consejos a la gente joven: "Me gustaría decirles que lo más importante en la vida es una sólida educación. Manténganse alejados de los narcotraficantes".
Si los dos hijos de Blake hicieron caso de las palabras de su padre, los de Jim Brown demostraron que habían nacido para continuar la estirpe. Tras la muerte de su padre y de su hermano mayor, Cristopher Dudus Coke copió paso a paso la vida de su padre. No sólo por enfrentarse a una extradición a Estados Unidos sino por su carácter, poco dado a la ostentación y sí a mezclarse con la gente de Tivoli. "A veces lo ves sin camiseta, reparando un coche o jugando con los niños", comenta un hombre de negocios que trabajó en el estudio de grabación de la Presidential Click, en la plaza principal del barrio.
El hombre de negocios, que tampoco quiere dar su nombre, explica así el funcionamiento de la Shower Posse en el gueto: "Los políticos tienen un papel muy importante. Dejan hacer lo que sea siempre que reciban los votos de los habitantes del gueto. En un día de elecciones, la Shower Posse paga 18 euros si votas al candidato del JLM. Dudus es el hombre más poderoso del Caribe, pero el primer ministro Golding le ha fallado. Nadie acabará con la Shower Posse. Pueden matar a Dudus, pero alguno de sus hermanos o Justin, de la Presidential Click, tomarán el relevo. Así es el juego".
¿Qué ha pasado para que el primer ministro, Bruce Goldwin, haya cambiado de opinión tras un año oponiéndose a la extradición e incluso pagando a abogados americanos para parar por todos los medios la salida de Dudus? "La presión de la clase alta jamaicana, muy conectada con Estados Unidos ha sido muy fuerte", relata la misma fuente. "Golding empezó a ver que para mantenerse en el poder tenía que dejar de lado a Dudus, y eso es lo que ha hecho", concluye.
Hasta ahora, Bruce Golding ha sabido maniobrar para mantenerse como un hombre importante en Jamaica. A mediados de los noventa lideró el JLP, después fundó un partido propio y regresó al JLP en 2002 para volver a capitanearlo en 2003. En 2007 fue elegido primer ministro, en gran parte con los votos de Kingston Oeste, circunscripción en la que obtuvo su escaño en el Parlamento. No parece que los habitantes de Tivoli Gardens vayan a volver a votarle. "Estamos hartos de él. Nos ha traicionado", asegura Star Smith, una joven de 18 años que se queja de que las escuelas estén cerradas desde los acontecimientos de la semana pasada. Bruce Golding no escapa a los motes jamaicanos. El suyo es un ingenioso juego de palabras. En lugar de prime minister (primer ministro) le llaman Crime Minister (ministro del crimen). A veces, a los jamaicanos les gusta llamar a las cosas por su nombre.

La genial impostura

MIGUEL MORA ENTREVISTA A Tommaso Debenedetti, autor de entrevistas falsas.
"Me gusta ser el campeón italiano de la mentira"
El País, 6/06/2010;
No solo eran premios Nobel de Literatura, escritores ilustres y autores de best sellers. También el Dalai Lama, Lech Walesa, Mijaíl Gorbachov, Elie Wiesel, Noam Chomsky y Joseph Ratzinger, poco antes de que empezara en 2005 el cónclave que le eligió Papa, fueron entrevistados por la imaginación de Tommaso Debenedetti.
La lista de falsas entrevistas del freelance italiano sigue creciendo. La oficina que hace el resumen de prensa del Parlamento ha colgado el archivo en la web, y ya va por 79 piezas, aunque no todas son entrevistas porque Debenedetti fue también durante unos meses vaticanista del desaparecido L'Independente.
En la lista se ve que una de sus últimas víctimas fue el dramaturgo Derek Walcott. Debenedetti lo presentó aterrorizado al otro lado del teléfono el día del terremoto de Haití. Poco después, Philip Roth descubría la gran impostura. La periodista de La Repubblica Paola Zanuttini le inquirió por su presunta pérdida de fe en Obama y Roth negó haber dicho eso, negó haber hablado con Libero y negó conocer a Debenedetti.
Ahora, el inventor de entrevistas ha decidido conceder una entrevista a este diario. Ya lo hizo antes con Malcom Pagani, reportero de Il Fatto Quotidiano. Entonces mantuvo la versión de que algunas entrevistas eran reales y que tenía incluso las cintas que lo probaban. Ahora, Debenedetti confiesa que todo era falso. O, más exactamente, un juego. "Mi idea era ser un periodista cultural serio y honrado, pero eso en Italia es imposible", explica. "La información en este país está basada en la falsificación. Todo cuela mientras sea favorable a la línea editorial, mientras el que habla sea uno de los nuestros. Yo, simplemente, me presté a ese juego para poder publicar y lo jugué hasta el final para denunciar ese estado de cosas".
Nacido en Roma en 1969, casado y padre de dos hijos, profesor de italiano y de historia en un instituto público de la capital, hijo y nieto de ilustres críticos literarios (Antonio y Giacomo), Debenedetti se declara "satisfecho" de la labor realizada. "Me gusta ser el campeón italiano de la mentira. Creo que he inventado un género nuevo y espero poder publicar nuevos falsos en mi web, y la colección en un libro. Por supuesto, con prólogo de Philip Roth".
Tras citarnos en la ruidosa plaza de Barberini, Debenedetti llega puntual (aunque su reloj marca una hora menos) junto a su bebé de tres meses. Muestra un aplomo cordial e inteligente, va tocado con un kipá y se parece un poco al actor Roberto Benigni. Durante una hora, el impostor narra su verdad. Sin rencor, y con tanto humor como presencia de ánimo.
Pregunta. ¿Es usted periodista o no?
Respuesta. Estudié literatura e historia italiana, y luego empecé a trabajar como periodista freelance. Tengo carné de publicista (colaborador de prensa) desde 1998. El de periodista no lo pude sacar porque en Italia necesitas tener dos años seguidos contratado en un periódico. En 1994 empecé a escribir críticas y entrevistas con escritores italianos.
P. ¿Reales?
R. Absolutamente. Las hacía por teléfono y también en persona. Le hice una a la escritora Dacia Maraini y a otros autores locales. Luego sucedió una cosa: de repente entendí que algo no olía bien en la prensa italiana.
P. ¿Es decir?
R. Yo quería trabajar honestamente como redactor cultural, pero no había espacio. Iba a las conferencias de prensa, pero nadie me daba entrevistas. Ofrecía críticas y reseñas de actos, pero siempre me decían "eso ya lo cubrimos con nuestros redactores". Así que cambié de método.
P. ¿Y empezó con los falsos?
R. La técnica consistía en dirigirse a los diarios pequeños de provincias. No pagaban mucho, pero compraban todo.
P. ¿Cuándo escribió el primero?
R. En el año 2000, creo que fue Gore Vidal. Era accesible, presentaba su libro Palimpsesto, habla italiano y vivía en Ravello, cerca de Nápoles... Me dije "la hago", la hice, y salió en La Nazione (de Florencia), Il Giorno (de Milán) e Il Resto del Carlino (varias provincias).
P. ¿Pero la hizo de verdad?
R. No, Gore Vidal no recibía a cualquiera. Pero la entrevista gustó, y el jefe de cultura de La Nazione me dijo: "Ahora no podemos bajar de nivel". Empecé a ofrecer a otros diarios. Il Mattino de Nápoles me compró varias. Me di cuenta de que lo que interesaba no era la cultura sino los grandes nombres, el espectáculo, las estrellas. No pagaban casi nada, pero yo quería escribir y no me importaba el dinero. Así que comencé a jugar. La verdad es que me divertí horrores durante esos diez años.
P. Viviendo esa vida de impostura...
R. Sí, era apasionante. Por la mañana era profesor, por la tarde hablaba con gente como Arthur Miller, Roth, Gorbachov o el Papa. Les hacía contar su vida entera y las piezas se publicaban, a veces ponían una llamada en primera página y eso satisfacía mi vanidad. Aunque me pagaran solo 30 euros o a veces nada, y jamás me dieran las gracias por mis exclusivas. Eso demuestra que era todo un juego. Todos sabían. Solo que actuaban como si no fueran invenciones: "Tenemos el scoop ?xclusiva? lo damos, y si nos descubren, no es culpa nuestra sino del freelance".
P. ¿Así que los periódicos sabían que eran falsos?
R. Claro, pero el mecanismo les convenía. Todo el mundo sabe que los autores dan entrevistas para promocionar sus libros. Mis entrevistas iban más allá, eran casi siempre políticas. Les daba un sesgo de derechas. Me divertía y sabía que esos diarios pedían eso. "Estaría bien que hable mal de Obama", "hazle hablar bien de Berlusconi". Yo obedecía.
P. Algunos blogueros italianos dicen que urdió un complot político para Berlusconi, haciendo parecer de derechas a gente de izquierda.
R. La derecha tiene un gran complejo de inferioridad cultural, y a la vez se deslumbra ante los grandes nombres. Yo estoy contento de extender ese mensaje. Italia es un país de risa, entre el absurdo de Ionesco y los sueños de Calderón.
P. ¿Y Derek Walcott aterrorizado el día del terremoto de Haití?
R. ¿Quién podía pensar que era verdad? Un freelance italiano le llama a Santa Lucía, cuenta que ha sentido el temblor y se ha tenido que meter debajo de la mesa. Hablo del Homero del Caribe clamando por Haití?Ese día me llamaron de La Nazione y me dijeron "gracias, doctor Debenedetti, es la noticia del día". Un periódico enano de provincias tiene esa exclusiva mundial?¿Y no les parece raro?
P. También engañó a diarios nacionales, como Libero?
R. Con La Repubblica, Il Corriere o La Stampa no probé porque sabía que no funcionaría. Ellos verifican, tienen la capacidad de hacerlo. Decidí probar con Libero por su fidelidad a Berlusconi. Llamé al jefe de Cultura para ofrecer a John Le Carré. El hombre hace sus llamadas ¿vete a saber a quién? y me dice que sí. Se lo mando, y sale. Luego les vendo a Roth. Le Carré escribe de la guerra fría, de espías y cosas así; Roth es un hombre de izquierdas. Eso es un dilema para Libero. Pedirle que hable bien de Berlusconi es demasiado?D ijeron: "Hazle decir algo fuerte contra los Nobel, pero que no diga nada contra la línea del diario".
P. Le hizo nueve entrevistas al escritor israelí Abraham Yeoshua y cinco a Roth. ¿Por qué eran sus favoritos?
R. Yeoshua porque Israel y Oriente Medio en Italia se vende muy bien. Y Roth porque me inventé su apoyo a Obama antes incluso de que se lo diera, cuando este aún no se había presentado a las primarias. Aquella la citó Il Messaggero. Así que pensé que no parecería raro que un tiempo después se mostrara desilusionado con Obama. De hecho, a nadie se lo pareció salvo a él mismo y a la periodista de La Repubblica que se lo preguntó.
P. Diez años de mitomanía son muchos. ¿Nadie se dio cuenta antes?
R. En 2006, antes de las elecciones, le hice decir a John Le Carré que habría votado a Berlusconi. La entrevista falsa fue citada por Il Corrierre, Le Carré se enfadó mucho y lo desmintió en The Guardian. La Repubblica se hizo eco pero nadie hizo caso. Fue un primer aviso, pero no pasó nada.
P. ¿No temía ser descubierto y demandado?
R. Yo me limitaba a seguir ese juego cómico y trágico a la vez. La falsificación y el sectarismo son los elementos básicos de la información italiana. Sobre todo en la prensa berlusconiana, pero no solo. Todo se construye sobre la base de Berlusconi. O eres amigo o enemigo. Las noticias, las entrevistas, las declaraciones y la censura se deciden con ese criterio. Es un sistema tendencioso que destaca por la ausencia de control. Si yo fuera un freelance español y llamara a esos diarios ofreciendo una entrevista con Almudena Grandes, la publicarían sin control.
. Por cierto, ¿quiénes han sido sus víctimas latinoamericanas y españolas?
R. Hace unos años entrevisté a Mario Vargas Llosa, tras verlo en una conferencia en Roma, a Laura Pérez Esquivel y a Vázquez Montalbán. Esta está citada en un sitio sobre Andrea Camilleri porque le hice hablar muy bien sobre él. Cuando todo se destapó estaba a punto de hacer una gran entrevista a García Márquez renegando de Obama.
. ¿Hizo todo esto por una especie de vendetta hacia su familia?
R. Usted habló de Freud en el artículo que escribió sobre mí. Puede que haya algo de eso, aunque creo que la relación con mi padre no ha influido. Él no me ayudó a convertirme en periodista (Antonio Debenedetti firma en Il Corriere della Sera), pero nuestra relación se rompió por motivos estrictamente familiares. Sé que está muy dolido y eso me disgusta porque le tengo afecto. Mi abuelo Giacomo siempre fue un modelo para mí, era mi gran referencia literaria. Me habría gustado ser como él. Quizá esto ha sido un modo freudiano de evitar la comparación. Pero también era la única forma de hacerlo siendo publicista. Era como hacerme un periódico yo solo, pero bajo los ojos de todos; hacía editoriales políticos con forma de entrevistas aunque muchas veces no reflejaban mis ideas; firmaba la crítica literaria que no me dejaban firmar?
P. ¿Cuáles fueron sus mejores golpes?
R. Me divirtió que una entrevista de 2003 con Naguib Mahfuz, autor egipcio, fuera republicada por France Soir y varios diarios egipcios sin que nadie se diera cuenta. Me divirtió atribuir a los gatos de Banana Yoshimoto los nombres de mis gatos, Dada y Kiko. Me divirtió muchísimo entrevistar a Ratzinger poco antes del cónclave acertando que era papable, y que L'Independente publicara otra vez la pieza dos días después como "la última entrevista antes de convertirse en Papa"?
P. ¿Qué técnica usaba para imitar el lenguaje? ¿Leía libros, copiaba de otras entrevistas?
R. Leía los libros y trataba de captar su forma de expresión y su mundo?A veces metía detalles de ambiente, Coelho, Follet, Yashimoto, Walcott?
P. ¿Le duele que algunos escritores hayan dicho que no se reconocían en sus entrevistas?
R. Eso es lo que más me ha molestado. Y que Roth dijera que mi carrera ha terminado; lo sé, pero tampoco hace falta que lo diga él que es un escritor de fama mundial. Mi carrera en los diarios quizá ha terminado, pero mi trabajo no. Quizá escriba nuevas entrevistas con seudónimo en algún periódico de gran tirada?Y crearé una página web donde colgaré nuevos falsos. Creo que es un género nuevo y me gustaría publicar la colección en un libro. Por supuesto, con un prólogo de Roth, ya veremos si falso o verdadero. También me gustaría ir a ver a Hertha Müller, hacerle tres o cuatro preguntas y ver cómo reacciona la verdadera autora.
P. Algunos lectores de The New Yorker le acusan de que atribuir a gente como Günter Grass o Roth opiniones contrarias a Obama es un acto de violencia.
R. Me disgusta que digan eso. A Grass le hice decir cosas a favor de los inmigrantes, contra Berlusconi. No creo haber creado violencia nunca.
P. John Grisham ha anunciado que se querellará contra usted.
R. No sé nada de momento. Pueden hacer lo que quieran. Yo he sido transparente y no he sacado ninguna ventaja de esto. No me he enriquecido, jamás me preocupé de cobrar las piezas. Una vez mi madre me llamó diciéndome que había llegado el pago de La Nazione: 40 euros por tres entrevistas. Sigo siendo anónimo, o casi. En Italia casi nadie habla de mi caso porque supondría profundizar en la farsa de la información.
P. ¿Quiere aprovechar para pedir perdón a sus entrevistados?
R. Me gustaría encontrarme con ellos. A veces he fallado al reflejar sus pensamientos, ya fuera por prisa o incapacidad. Pido disculpas. He visto que Roth ha dicho que no le extrañaría que en Italia me conviertan en héroe. Me gustaría decirle una cosa: "Querido Roth, usted no conoce Italia". Aquí solo se hace héroe a quien va con el viento, nunca al que critica el sistema o se divierte diciendo la verdad. Jamás seré un héroe, pero seguiré diciendo la verdad. Y sé bien que esto suena extraño viniendo de mí.

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