Ábalos no es nombre de poeta/Jorge Bustos
El Mundo. Domingo, 18/Ago/2024
Al presidente no le gusta la poesía. Todos recordamos el día en que se refirió a Albert Camus como «aquel viejo poeta argelino». Lo cierto es que no dio ni una: Camus era de nacionalidad francesa, escribió novela, drama o ensayo y murió joven. En otra ocasión se plantó en Collioure y habló de la «cuna soriana» de Machado, cuya infancia -como sus lectores de verdad saben- son recuerdos de un patio de Sevilla.
De poesía no entiende, pero de los pliegues más prosaicos de la condición humana lo sabe todo. Conoce la venalidad y el sectarismo que infectan el mundillo cultural, esa nueva cofradía de la pirueta a la que somete fácilmente con pólvora del rey sin dejar de despreciarla. Él les echa las migajas del presupuesto, les da a oler un calcetín atribuido a la derecha e inaugura una cacería perfectamente sincronizada. ¡Ni los militantes de carné lloraron tanto como Almodóvar cuando los cinco días de reflexión! Por eso los poetas, los novelistas y los cineastas le interesan mucho más que la poesía, la narrativa o el cine. Un poeta puede ser colocado en el Instituto Cervantes, una novelista difunta puede renombrar una estación de tren y una gala de cine puede convertirse en un aquelarre ideológico; y a la hora del balance los tres casos habrán servido para que el presidente obtenga réditos políticos. El neroniano placer de humillar al otro agota toda su sensibilidad estética.