La soledad de Rocha Moya en el ojo del huracán
. Mientras en las cortes de Nueva York se desclasifican folios que pesan como plomo, en un ejido de Navolato el sol cae igual sobre los surcos y el ganado. Ahí, Rubén Rocha Moya decidió plantar cara. No lo hizo desde la frialdad de un comunicado de prensa, sino en el terreno, rodeado de agricultores, intentando que el polvo del camino oculte, aunque sea por un momento, la polvareda judicial que viene del norte. El Gobernador ha dicho que no se va; que la licencia no está en su vocabulario y que su brújula sigue marcando el rumbo de Culiacán.
El Mandatario sinaloense recurre a una defensa que es, al mismo tiempo, académica y política. Al recordarnos su paso por las aulas de la UNAM y su formación como matemático y abogado, Rocha no solo busca validar su conocimiento de los procedimientos, sino enviar un mensaje de control: "conozco las reglas del juego". Calificar un expediente de treinta páginas de la Fiscalía estadounidense como simple "literatura" es una apuesta arriesgada. Es reducir la geopolítica judicial a un género de ficción.