27 jul 2026

El teatro de la ley: Cuando el Estado fabrica culpables y olvida el debido proceso

 El teatro de la ley: Cuando el Estado fabrica culpables y olvida el debido proceso

Por Fred Alvarez Palafox.

El abogado Fernando Gómez Mont, defensor del exgobernador Ernesto Ruffo, acaba de desnudar en cadena nacional lo que a todas luces parece una venganza disfrazada de justicia.

En entrevista con Ciro Gómez Leyva y Manuel Feregrino (radio Fórmula), lo dejó clarísimo: encerrar a una persona en un penal de máxima seguridad por un presunto delito de carácter patrimonial, no es buscar justicia; es un exceso brutal de fuerza institucional. Es usar todo el peso del Estado como una guillotina.

El abogado denuncia una lectura “frívola, torpe y morbosa” del expediente. Y aquí entra mi lectura: lanza un dardo directo a la fiscal Ernestina Godoy. Porque una cosa es el espectáculo mediático frente a los micrófonos, donde se presumen pruebas contundentes, y otra muy distinta, es asomarse a un expediente hueco, vacío de elementos directos que sostengan la acusación.

Gómez Mont sabe perfectamente de lo que habla. Él ya vivió esta película en el caso Colosio, cuando frenó en seco un embate sin sustento contra el Estado Mayor Presidencial. Hoy, su mensaje para quienes retuercen la ley es claro y advierte —sin decirlo con estas palabras, pero con esa misma crudeza—: "Los carniceros de hoy, serán las reses del mañana".

Al escuchar esto, la memoria me traicionó. Tuve un auténtico déjà vu de cómo se fabrica la culpa en este país.

Viajé de inmediato a aquella tarde de febrero de 2013. El entonces procurador, Jesús Murillo Karam, frente a las cámaras, armando el teatro mediático perfecto para anunciar la caída de Elba Esther Gordillo. Leyó su guion, pero no aceptó ni una sola pregunta de la prensa. ¿Por qué? Porque el expediente estaba prendido con alfileres y él lo sabía.

Fueron cinco años, cinco meses y once días de cárcel para la maestra. Todo para que al final, un juez probo, el magistrado Miguel Ángel Aguilar —con quien tuve el honor de charlar antes de que la pandemia nos lo arrebatara—, pusiera punto final a la farsa. Analizó las pruebas, no encontró elementos y aplicó la ley. Al final, el Estado solo tuvo la decencia de decir: "Usted disculpe, maestra". Y por supuesto, nunca pagó la reparación del daño.

Y no es el único. Recordemos a Noé Ramírez Mandujano, ex titular de la SIEDO, a quien le robaron cinco años de vida en prisión basándose en los dichos inventados de un testigo protegido. ¿Para qué? Para terminar con otro miserable "usted disculpe".

Pero la rueda del poder es cruel, y siempre, invariablemente, gira. Quien hoy castiga con todo el peso del Estado, eventualmente pierde ese fuero y prueba su propia medicina.

Fíjense en la brutal ironía de la historia: hoy, ese mismo Murillo Karam que armó el show contra Gordillo, sufre el peso desmedido del Estado. Apenas en estos días, un juez federal le canceló la prisión preventiva para mandarlo a resguardo domiciliario con un brazalete electrónico, argumentando que su proceso lleva más de dos años estancado por causas ajenas a él. Y siendo estrictamente objetivos, con la ley en la mano y sin apasionamientos, Murillo Karam ni siquiera tendría por qué estar sometido a esa medida cautelar hoy en día.

No nos confundamos. Ni Elba Esther era la Madre Teresa, ni Murillo Karam es un mártir intocable. De eso no se trata.

Se trata de entender que el debido proceso no es un lujo procesal, ni una concesión del gobernante en turno: es un pilar de nuestros derechos humanos.

Cuando las autoridades arman shows mediáticos en lugar de investigaciones sólidas, la justicia se convierte en un circo. Y quienes hoy retuercen la ley por venganza política, no olviden la advertencia: los criterios que hoy usan como arma destructiva, mañana, sin duda alguna, se volverán en su contra.

Para la historia inmediata!

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