23 oct 2010

El silencio de los animales

El silencio de los animales

GUSTAVO MARTÍN GARZO
El País, 23/10/2010
En una escena de Mi tío, la película de Jacques Tati, monsieur Hulot tropieza con un ladrillo al atravesar un solar olvidado. Le vemos detenerse, tomar el ladrillo y volver a colocarlo en su sitio, antes de alejarse. En las últimas páginas de El cuento de nunca acabar, Carmen Martín Gaite nos cuenta una tarde de paseo con su hija, que es aún una niña. Pasean cerca del agua y la niña ve un sapo sobre una piedra. Y se queda inusualmente silenciosa. Ya en casa, y cuando ambas están acostadas, la niña despierta a la madre para decirle: "Qué raro lo del sapito, ¿verdad? ¡Cómo nos miraba!"
Un ladrillo y un sapo, ¿qué tienen que ver con nosotros, los hombres? Hemos construido sobre el mundo natural un mundo de representaciones que nos permite intercambiar deseos, promesas y proyectos con los demás. Así define Savater la ética: "El reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone". Sin embargo, ni el personaje de Tati ni la niña del recuerdo de Martín Gaite dejan de ser humanos al ocuparse de un ladrillo o un sapo. La poesía, deudora del mundo del mito, habla de la relación con nuestros semejantes pero también con lo que es distinto a nosotros. Tiene que ver con ese saber tratar adecuadamente con lo otro al que los griegos llamaron piedad. "Cuando hablamos de piedad", escribe María Zambrano, "siempre nos referimos al trato con algo o alguien que no está en nuestro mismo plano vital; un dios, un animal, una planta, un ser humano enfermo o monstruoso, algo invisible o innominado, algo que es y no es. Es decir, una realidad perteneciente a otra región o plano del ser en que estamos los seres humanos, o una realidad que linda o está más allá de los linderos del ser". James Joyce llamó epifanías a estos instantes de comunicación profunda con lo real. Y tanto la escena del ladrillo como la del pequeño sapo nos aportan instantes así.
Claudio Eliano nació en el siglo II de nuestra era. Es famoso por su obra Sobre la naturaleza de los animales, una curiosa colección, en 17 libros, de breves y sorprendentes historias seleccionadas para proporcionar lecciones morales. Las más hermosas son las que narran los amores entre las muchachas y los animales. Eliano nos habla de una grajilla que en Soles de Sicilia cayó extenuada a los pies de una joven, tras volar sin descanso a su alrededor; de la citarista Glaucis, que fue amada, según las versiones, por un cordero, un perroo un ganso; o la de aquel elefante que en Alejandría llegó a competir con Aristófanes de Bigas por los favores de una mujer que era tejedora de guirnaldas. En un cuento de Isaac Bashevis Singer, un ciervo anuncia al llegar a una casa que su dueña concebirá un niño en esos días, y en otro un pequeño cerdo regresa después de muerto para consolar a su amiga. Y Cervantes nos conmueve cuando narra en El Quijote cómo el rucio de Sancho se acerca a Rocinante y apoya su hocico sobre su lomo para buscar su calor.
Uno de los deseos que de una forma más constante e íntima han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos es el deseo de comunicarse con los miembros de las otras especies. A él se debe que bestias y animales hablen en los cuentos de hadas y que sus protagonistas humanos comprendan mágicamente su lenguaje. Tolkien afirma que desde muy antiguo se tiene una viva conciencia de la ruptura de esa comunicación; pero también la convicción de que fue traumática. Los animales son como reinos con los que el hombre ha roto sus relaciones y que con los que, en el mejor de los casos, mantiene un difícil e inestable armisticio.
El mundo es un inmenso matadero. Miles de animales se amontonan en granjas y piscifactorías, en condiciones infames, solo esperando su muerte. Singer reprochaba a su dios que hubiera creado un mundo en que las criaturas necesitaran matarse unas a otras para vivir y Canetti, dolorido por esta misma evidencia, dijo que deberíamos comer llorando. En una obra de Tennesse Williams alguien reprocha a la protagonista, una de esas mujeres frágiles y maravillosamente disparatadas que pueblan el mundo del escritor sureño, que su corazón no sea recto. "Recta puede ser una línea o una calle -le contesta ella-. Pero el corazón del hombre nunca es recto".
En los cuentos hay ogros, y si están ahí no es solo para asustar a los niños, sino para hablar de lo que también inevitablemente somos, aunque no nos guste: de esa naturaleza devoradora que nos define. Los cuentos son el verdadero realismo, dijo Chesterton. En ellos no solo hay criaturas aladas y dulces, incapaces de hacer daño a nadie, sino también ogros y sacamantecas. La vida del hombre es esa deriva interminable, esa proliferación de identidades. Saber aceptar las contradicciones.
Y la caza y el toreo son pura contradicción, pues tanto el buen cazador como el buen torero no se acercan a los animales para hacerles daño, aunque finalmente se lo hagan, sino para entrar en contacto a través de ellos con las fuerzas libres del mundo. Pocos han escrito páginas más hermosas sobre los animales que Isak Dinesen y, en nuestro país, que Miguel Delibes; y sin embargo, ambos eran unos contumaces cazadores. Los toros mueren en las plazas, pero sería injusto olvidar que pocos los aman y respetan tanto como los toreros.
En un mundo en que los animales apenas cuentan para otra cosa que para animar nuestras excursiones dominicales o nuestras citas gastronómicas, las plazas de toros son de los pocos lugares donde no se les cosifica y se les respeta y ama por su belleza y su fuerza. Pero esto no quiere decir que debamos justificar cómo se les trata en ellas. Tras la belleza del toreo está el horror, y sería absurdo negar que tras una limpia verónica no hay un animal asustado que sufre y quiere escapar como sea del lugar infernal al que se le ha conducido. ¿Y qué arte puede ser ese que en vez de salvar destruye lo que ama?
Fernando Savater, en su artículo La barbarie compasiva, critica con razón a los que no distinguen entre los animales y los hombres. "Sin duda -escribe-, biológicamente somos animales, no vegetales. Pero desde luego ni simple ni gozosamente. Por culpa de ello existen las novelas... y la ética". Y es verdad, pero el problema reside justo en eso, en que somos noveleros. Es decir, que no podemos evitar ponernos en lugar de los otros y hacernos la ilusión de mirar por sus ojos. Mirar por los ojos de un niño, de un anciano, de una muchacha; pero también por los ojos de un toro, de un perro, de una hormiga. William Faulkner, en páginas inolvidables, nos narra la huida de un muchacho subnormal con una vaca; y el cuento más hermoso de Clarín, Adiós, Cordera, tiene por protagonista a una vaca a la que dos niños acuden a la estación a despedir porque sus padres, que son pobres, la envían al matadero.
La vaca del cuento de Clarín no protesta cuando la arrancan de sus prados, como tampoco lo hacen los toros bravos que llevan a las plazas. ¿Cómo podrían hacerlo si no pueden hablar? Pero que no puedan hablar no quiere decir que no seamos responsables de lo que les pasa. El silencio de los animales guarda historias que misteriosamente nos están destinadas. No escucharlas es un acto de impiedad hacia esa vida que compartimos con las otras criaturas del mundo.

19 oct 2010

Conapred

Conapred: del dicho al hecho hay mucha discriminación

Instituciones surgidas de la necesidad de procurar la igualdad y la no discriminación se vician y pervierten inmersas en un aparato burocrático tan políticamente correcto como inútil.

  • 2010-10-17 | Milenio semanal
Narrador y periodista, Daniel Herrera trabaja como profesor de una preparatoria en Torreón, Coahuila. Advirtió a sus alumnos que quien copiara algún texto de internet para entregar el trabajo final quedaría reprobado. Descubrió que uno de ellos así lo había hecho, y cumplió con su propia regla. El tramposo se encontraba entonces en la Ciudad de México, de donde es originario, al igual que sus padres, inscribiéndose al concurso para ser admitido en la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuando se enteró de su calificación acudió al Consejo Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Conapred) para denunciar al profe lagunero puesto que éste, en clase, se atrevió a contar varios chistes sobre chilangos.
A la preparatoria de Torreón llegó la notificación aseverando que la escuela entera discriminaba y llamando al profesor Herrera para que probara en sus oficinas la falsedad de la acusación. El director entendió que se trataba de un intento para fastidiar al maestro, por lo que le dio su apoyo. Pero tuvo que aceptar, vía telefónica, que el personal docente a su cargo recibiría un curso de sensibilización por parte de un instructor del Conapred, puesto que, según el criterio del noble órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, la palabra chilango es discriminatoria (no obstante que el diccionario de la Real Academia de Española lo define como el natural o perteneciente a la Ciudad de México o el Distrito Federal).
El curso se llevó a cabo, sirviendo para dos cosas: en modo alguno se consideraron las condiciones centralistas del país y la inequitativa relación que guardan los estados respecto a la capital como factores de incubación de chistes o expresiones de antipatía respecto al defeño, sino que fueron cuatro horas de pérdida de tiempo en un intercambio de valores entendidos: nosotros hacemos como que realmente nos convence este curso, nos arrepentimos de todo lo malo que hayamos dicho de los chilangos y prometemos no hacerlo más, y yo hago como que realmente los estoy convenciendo, puesto que así justifico mis honorarios y los gastos de transportación para que la institución ejerza su presupuesto y presente un informe mejor que el del año pasado. Si alguien aquí vuelve a contar chistes de chilangos, de castigo se les dará otro curso, pero que dure dos días. El director optó por solicitarle al profe Daniel que fuese más prudente o que, de plano, mejor no dijera más chistes de chilangos, y no tanto para que no ofendiese la dignidad de los capitalinos, sino para evitarse la tortura de otro curso como ese.
El efecto de la queja y la respuesta del Conapred, paradójicamente, han estado lejos de lo que supone o pretende lograr, puesto que los compañeros y las compañeras del alumno tramposo, lejos de simpatizar con él con motivo de su intento por eludir una responsabilidad con la que ellos sí cumplieron, trató de perjudicar al profesor, de tal modo que pudo haberse reforzado un prejuicio negativo entre ellos (chilangos vs laguneros, o provincianos) a partir de un hecho que les ha constado desde su propia experiencia.
Ricardo Bucio Mújica, presidente del Conapred.
Ricardo Bucio Mújica, presidente del Conapred. Foto: Héctor Téllez
A LA SALUD DE LOS DISCRIMINADOS
El Conapred fue creado con el decreto de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación publicado el 21 de julio de 2003. Su objeto es, según establece su artículo 17, contribuir al desarrollo cultural, social y democrático del país, llevar a cabo acciones conducentes para prevenir y eliminar la discriminación; formular y promover políticas públicas para la igualdad de oportunidades y coordinar las acciones de las dependencias y entidades del Poder Ejecutivo Federal en materia de prevención y eliminación de la discriminación. Su domicilio está en la colonia Anzures, de la delegación Miguel Hidalgo, y este año gastará 107.2 millones de pesos. Opera con tres direcciones generales, tres direcciones y una contraloría en un total de 68 puestos de mando.
La nobleza de su fin le confiere una legitimidad incuestionable, pero su eficacia y eficiencia no son tan plausibles. Es decir, sus resultados están por debajo de las demandas y expectativas con altos costos. Se trata de una institución a medio camino entre el complemento y la repetición de las funciones que tienen otras, como, por ejemplo, las comisiones de derechos humanos, los institutos de las mujeres y los dedicados a personas adultas mayores.
Similares al curso de sensibilización que recibió el profe Daniel, durante 2008 se impartieron 101 talleres a dos mil 95 personas, como resultado de “medidas administrativas, a dependencias e instituciones públicas y privadas, así como a particulares”. En ese mismo año que reporta el informe de actividades de Conapred publicado en 2010, se atendieron 874 denuncias, de las cuales 174 se presentaron en años anteriores. Algunas de ellas llevan títulos como de tabloide amarillista: “Vulgar ira homofóbica”, “Medidas incendiarias”, “Hospital enfermo”, “Seguros infectados”, entre otros. Sus actividades más importantes, su razón de ser, es precisamente la atención de las denuncias y quejas. Todo lo demás es algo que pueden hacer, y que de hecho hacen, organizaciones no gubernamentales.
Sin embargo, el ejercicio del presupuesto del Conapred no necesariamente contribuye de la mejor forma al cumplimiento de su objeto. Podría cuestionársele a partir de los contratos que ha firmado durante este año; por ejemplo, a los contribuyentes nos costará más de 209 mil pesos que le den “apoyo y seguimiento” al correo electrónico de su Dirección de Administración y Finanzas; 400 mil pesos por jardinería tan sólo de agosto a diciembre y 100 mil pesos más para comprar macetas y macetones; 479 mil para la empresa Estafeta, en vez de utilizar el económico y eficiente Servicio Postal Mexicano; 150 mil para “festividades indígenas” con motivo del Bicentenario y el Centenario. Además hay que pagar dos millones 200 mil pesos en “reservación y venta de boletos para transportación terrestre y aérea nacional e internacional” y “reservaciones de alojamiento en cualquier parte del territorio nacional o del extranjero” para sus agentes, más la duplicidad de servicios contratados como en lo que se refiere al monitoreo de medios. También hay gastos en coffee breaks, lunches y comidas tipo bufete “de cinco a siete platillos”: es una cruel ironía que para presentar un libro sobre la condición del refugiado y la discriminación en México se contrate un servicio de canapés para 100 personas.
Perla Patricia Bustamante Corona fue destituida como presidenta del Conapred por <i>la paralización ante varios de los programas sustantivos</i>.
Perla Patricia Bustamante Corona fue destituida como presidenta del Conapred por la paralización ante varios de los programas sustantivos. Foto: Isaac Esquivel/ Cuartoscuro
CONSEJO PARA LA REPRODUCCIÓN DE LA DESIGUALDAD
“Se había impuesto vigilancia excepcional a la mayoría del personal para saber qué hacía en las computadoras, entradas y salidas, tiempo y lugares para comer, y si lo hacían en grupos. La sede del órgano social que se creó para combatir la intolerancia se estaba tornando en una especie de reclusión para el personal. Las críticas a la incompetencia, que fomentaron un ambiente de persecución policiaca, entonces fueron más que severas”, afirma respecto al Conapred el periodista Rogelio Hernández López, quien es integrante de su Asamblea Consultiva. Se refiere al periodo en el que fue presidido por la ingeniera Perla Bustamante Corona, medallista paraolímpica, apenas el año pasado. Hernández define esa gestión como “falta de oficio y dolo” por hostigamiento y despido injustificado de sus propios trabajadores al citar las palabras del doctor Luis de la Barreda Solórzano en ese sentido: la Asamblea se encontró con “incoherencia general” y “la paralización ante varios de los programas sustantivos”, por lo que solicitó al presidente Felipe Calderón el nombramiento de otra persona como nuevo titular. (Anexo del Informe de la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación/2009).
Ricardo Antonio Bucio Mújica fue nombrado su presidente en diciembre del año pasado, con la satisfacción de las y los miembros del Consejo Consultivo. A la fecha no parece haber queja alguna sobre su gestión. Sin embargo, el Conapred sigue siendo un organismo público que pide a los privados lo que él no concede. Bucio, quien usualmente es presentado como licenciado aunque en la biblioteca de la Universidad Iberoamericana no hay registro de tesis a su nombre, escribe para El Universal, por ejemplo, que “desde el Legislativo y desde el Ejecutivo” se reconocen legalmente los derechos de las mujeres, se crean instituciones y generan políticas públicas para que las mujeres accedan al poder, pero que de facto lo impiden (ocho de marzo de 2010). Lo que no dice es que el Conapred se dirige de un modo poco equitativo desde la perspectiva de género, puesto que su Junta de Gobierno se compone por cinco representantes del Poder Ejecutivo Federal, y sólo hay una mujer entre ellos; entre los cinco representantes del Poder Legislativo Federal designados para la sesión ordinaria del nueve de septiembre de este año, sólo hubo una mujer. Y de los ocho invitados permanentes tres son mujeres, misma proporción que entre suplentes. Ni siquiera en su Asamblea Consultiva hay plena equidad, pues son nueve mujeres de un total de 20 integrantes. Además, su ley no incorpora la perspectiva de género, ni tampoco el reglamento de su asamblea consultiva.
Sobre la igualdad, el licenciado Bucio considera que cada contexto requiere resignificarla “para no seguir caminando como si sólo fuera horizonte abstracto que no tiene maneras de hacerse vida” (El Universal, 15 de junio de 2010). Y que “disminuir la brecha de desigualdad económica” es una de las “formas a través de la cuales se construye la igualdad” (El Universal, 17 de mayo de 2010). El caso es que la desigualdad en el ingreso entre el presidente del Conapred y el empleado con menor sueldo es mayor a 29 veces. Uno gana 146 mil pesos y tiene para el contribuyente un costo total anual de dos millones 685 mil 244 pesos por sus prestaciones, mientras el salario de los auxiliares administrativos es de cinco mil pesos. En lo que va de este año su administración ha otorgado 170 adjudicaciones directas en contratos bajo el objeto de “apoyo” por un total de 11 millones 264 mil 463.38 pesos, la mayoría de las cuales disimulan la contratación por honorarios de trabajadores de los que no se hacen responsables de sus derechos laborales. Cabe subrayar que ni siquiera este organismo dedicado a la promoción de la no discriminación logra evitar la contratación de outsourcing para limpieza, es decir, una manera de subarrendar trabajadores para no darles prestaciones a los de por sí mal pagados intendentes.
Mientras tanto, cuando nadie los ve, el profe Daniel y sus colegas continúan con sus chistes lejos de la presencia de alumnos o de chilangos.
Héctor Villarreal

18 oct 2010

Sucesión en Acción Nacional

Columna semanal TOLVANERA
 Croupier o líder/Roberto Zamarripa
Reforma, 18 octubre 2010.- "Sé mucho como para retirarme de la política", declaró Patricia Flores, la ex jefa de la Oficina de la Presidencia a la revista Gente, de editorial Televisa.
De la expulsión a la persecución. A Patricia Flores le siguen sus pasos muchos de los enemigos que acumuló durante su estancia en Los Pinos y que no necesariamente son los contrincantes partidistas sino los empresarios que sintieron afectación en varios de los negocios emprendidos. Pero en su fuga hacia adelante, Flores también sabe que juega con un factor adicional: la sucesión de César Nava, quien dejó de ser su aliado. De ahí que su dicho haya sonado a amago.
Patricia es el ejemplo de uno más de los factores de poder que ha crecido en un partido ayuno de liderazgos y que se apresta a renovar su dirigencia nacional.
El pasado miércoles 13, en un salón del Hotel Camino Real, aledaño al Aeropuerto Internacional "Benito Juárez" de la Ciudad de México, una veintena de consejeros nacionales del PAN, con Jorge Manzanera al frente -un chihuahuense que ha acompañado al grupo calderonista en las buenas y en las malas y que ahora reclama reconocimiento a sus méritos en campaña- se reunió para definir su estrategia rumbo a la sucesión interna de los panistas.
No asistió Patricia Flores pero aquello ocurrió como si ella estuviera ya que justamente es una lideresa del grupo. Los consejeros deliberaron en torno a la necesidad de reconocer el peso específico de las realidades locales ignoradas por el centralismo partidista y a garantizar una representatividad en el nuevo Comité Ejecutivo Nacional que surja tras la elección del nuevo presidente partidista el próximo 4 de diciembre.
El grupo Manzanera-Flores dice representar a 210 consejeros nacionales aunque cifras prudentes hablan de que representan a 150 o 160 consejeros. Si su piso es de 150, son suficientes como para entrampar o definir una elección interna que obliga a quien quiera ganar a obtener dos terceras partes de los votos (254) de los 381 consejeros para elegir nuevo presidente nacional en el Consejo del 4 de diciembre.
El hecho es que el PAN, inmerso en una crisis de identidad, fracturado en corrientes y capillas al estilo perredista, está de cara a una contienda de renovación de líder nacional donde acuden más por inercia que con ánimos.
Un Gustavo Madero opaco; un Francisco Ramírez Acuña desconfiable para los sectores ultras o una Cecilia Romero incapaz de asumir que su figura política fue sepultada con 72 cuerpos de migrantes, suponen una contienda para elegir al menos mediocre en busca una silla desvencijada.
De ahí que los factores de poder internos aspiren a tener a un dirigente nacional como rehén antes que como líder. La perspectiva de la sucesión presidencial del 2012 lo potencia. Los precandidatos no quieren dados cargados por lo que buscan un "tallador" con quien entenderse. Ernesto Cordero, Javier Lozano, Heriberto Félix, Josefina Vázquez, Alonso Lujambio y Santiago Creel hacen lo suyo para condicionar y atar al nuevo presidente partidista.
La inminente postulación de Roberto Gil Zuarth ha provocado el reacomodo de las preferencias panistas. Alumno de Felipe Calderón en el ITAM, ahijado político de Germán Martínez, ex colaborador de Alonso Lujambio en el IFE, mano derecha de Josefina Vázquez Mota en la Cámara de Diputados, bombero de Fernando Gómez Mont en Gobernación, Gil resultó el candidato idóneo, también, de sectores ultraconservadores que ven en Ramírez Acuña a un chivo en cristalería y a Cecilia Romero una candidata sin futuro.
Tras la muerte de Juan Camilo Mouriño, la operación y liderazgo del bloque calderonista ha quedado huérfano. Ni Germán Martínez, quien dimitió tras el fracaso electoral del 2009, ni César Nava pudieron rearticular al calderonismo para los fines de operación interna. Menos en función de una operación homogénea de gobierno.
A los 33 años de edad, Gil es, inequívocamente, un candidato del calderonismo. Pero eso no le asegura ni la victoria en la contienda interna ni la dirigencia unificadora. Que alguien de su perfil surja como opción refleja evidentemente la carencia de liderazgos experimentados y confiables dentro del panismo aunque, paradójicamente, les brinda una inusual oportunidad de renovación de imagen y de horizonte político.
El problema del PAN, empero, es su crisis de identidad. De ello deriva la anemia de liderazgos.
Las capillas y los precandidatos aspiran a un presidente partidista manipulable y domesticado. Un rehén y no un líder. Las capillas juegan sus vencidas para debilitarse y hacer crujir más la estructura de su partido.

Elecciones internas en el PAN

¿Habla de Gil Zuarth?¿Rebasados por la derecha?/Germán Martínez Cázares
Reforma, 18 octubre 2010;
Esta semana inicia la batalla por la presidencia del PAN. En ese altercado interno tenemos una idea-brújula que los panistas no debemos olvidar: la defensa de la libertad del individuo.
La contienda será buena ocasión para refrendar nuestra fe en esa libertad. Un PAN sin miedo a preservarla podrá ganar; pero, un PAN tímido, avergonzado de su credo liberal mirará a sus adversarios -parafraseando al presidente Calderón- rebasar por la derecha.
La doctrina libertaria debe retoñar en el futuro comité nacional. No podemos preconizar las remotas tesis de libertad predemocrática, como si no gobernara el PAN.
Benjamin Constant, el gran escritor liberal francés del siglo XIX, elaboró una famosa distinción entre libertad antigua y moderna. Observó que los antiguos -fue erudito en Grecia y Roma- defendían una vieja libertad, donde los ciudadanos sólo exigían "tener voz" en los procesos colectivos de toma de decisiones; mientras, los ciudadanos modernos, abrazan una libertad nueva, "esfera de no intervención o de independencia individual, protegida por la ley".
La idea añeja de libertad de Constant es la semilla panista sembrada en 1939 y promovida hasta el triunfo de Fox. Era sólo libertad política. Participación ciudadana plena, elecciones periódicas y creíbles. Esa libertad, lo advirtió Constant, no garantizaba ninguno de los derechos individuales o privados. Faltaba edificar otra libertad para hacer posible a los individuos definir y perseguir sus propios intereses.
La libertad antigua en México es conquista del PAN. ¿Pero, quién defiende ahora la libertad moderna? Esa libertad, garantía de la propiedad privada de los medios de producción. Esa libertad moderna de un Estado limitadísimo a proteger derechos individuales, a garantizar el cumplimento de la ley y los contratos, a suministrar ciertos bienes públicos y, a establecer una red mínima de seguridad social, sólo para personas víctimas de infortunio o incapaces de valerse por sí mismas.
Creo que el PAN pierde el voto joven porque no patrocina una libertad moderna. De la elección presidencial del 2006 a la de 2009, 10 por ciento de los votantes, del segmento de entre 18 y 25 años, migraron del PAN a la alianza PRI-PVEM.
Defender beneficiarios del Estado, estimular buscadores de beneficios del Estado, apapachar burócratas del beneficio estatal, crear organismos para validar a los beneficiarios del Estado, etcétera; son actitudes priistas antiliberales para crear vasallajes y, eludir competencia y mérito. El PAN no puede seguir en esa trampa social.
Un joven ve esos beneficios como privilegios. Aprecia, mejor, una educación de calidad. No confía en los políticos. Prefiere trabajar en una trasnacional a vivir del nacionalismo de un subsidio, por eso van a Estados Unidos. Admite la tolerancia religiosa. Sabe que los monopolios empresariales y sindicales le privan de empleo. ¿Estamos los panistas dando respuestas modernas a esa realidad?
Los jóvenes -más de ocho millones de nuevos electores en 2012- sienten, con Benjamin Constant, que la transferencia de libertad de unas manos a otras, para crear una "soberanía del Estado", no aumenta la libertad, sólo desplaza el peso de la esclavitud.
Acción Nacional tiene la oportunidad de construir un discurso liberal con rostro nuevo. El PRI con siluetas jóvenes -aunque palabras de siempre- recuperó Zacatecas, mantuvo Nuevo León, Quintana Roo, Veracruz y amaga a Los Pinos.
El capitán del barco panista debe ser moderno y hablar de libertad moderna. No es cierto que el PAN esté lejos de los ciudadanos. Es parcialmente cierta su inhabilidad para comunicar. Nuestro error -mío claro está- ha sido flaquear en la defensa de la libertad moderna.
Granma, el periódico cubano, escribió de Mario Vargas Llosa a propósito del Nobel, "lo que ha construido con la escritura lo ha ido destruyendo con su catadura moral, los desplantes neoliberales, la negación de sus orígenes y la obsecuencia ante los dictados del imperio...". Ja, ja, ja. Puro ardor.

17 oct 2010

In Mexico, Scenes From Life in a Drug War

In Mexico, Scenes From Life in a Drug War

By Pedro Ángel Palou, a novelist; Federico Campbell, the author of the short story collection Tijuana: Stories on the Border; Élmer Mendoza, a novelist and Ricardo Elizondo Elizondo, a novleist and historian

THE NEW YORK TIMES, 17/10/10;

Incidences of drug-related violence in Mexico and on the border continue to make news. We tend to hear about the crimes that touch American lives — like the reported killing of a man riding a Jet Ski on the Rio Grande. What we don’t hear as much about is how drugs and violence shape the everyday lives of Mexicans. So here are dispatches from four writers on how drug trafficking has changed their parts of the country. They were translated by Kristina Cordero from the Spanish.
1.- Ground Zero in Sinaloa.In the state where Mexico’s drug trade started, narcotics have seeped into the social D.N.A.
2.- Monterrey’s Habit.In Mexico, we have a drug problem — but it’s not the one you think.
3.- The walls of Puebla.The drug lords like this city for the same reason I do: it’s safe.
4.- Tijuana reclaimed.Drug-related violence has driven away the tourists, but now locals are reclaiming their city.


Ground Zero in Sinaloa


By Élmer Mendoza, a novelist
THE NEW YORK TIMES, 17/10/10;
Four years ago Mexico invented a civil war: the government decided to confront the seven major drug cartels. The army was sent into the streets, mountains and country paths. Even the navy was on alert.
Here in Sinaloa, the western state where the modern drug trade began, poorly armed and ill-outfitted federal and state police were the first to fall. Around 50 of them, killed by the cartels. Those who survived took to the streets in protest, demanding better weapons and bulletproof vests. In Culiacán, the state capital, students are always staging protest marches; it was strange to see the police do the same. You could smell the fear and uncertainty in the air.
At first people believed that it would soon blow over. But weeks went by and the gunfire continued to claim victims. Across Mexico in 2009, an average of 23 people died in drug-related violence every day, and on many of those days Sinaloa was the prime contributor to that statistic. Military patrols and federal policemen prowled the cities looking to uncover troves of weapons. They went door to door in Culiacán. It took them five minutes to inspect my house. “It’s full of books,” the sergeant remarked, a bewildered look on his face.
I don’t know if they did the same in the neighborhoods where the drug lords actually live. The soldiers didn’t look that tough, nor did the police. But still, it was unsettling to see them close up and with such troubled looks on their faces. Ever since the student uprisings of 1968 and the resulting repression of the 1970s, soldiers are seen as threats, even in Sinaloa, where they are trying to protect us.
The Mexican drug industry was established in the 1940s by a group of Sinaloans and Americans trafficking in heroin. It is part of our culture: we know all the legends, folk songs and movies about the drug world, including its patron saint, Jesús Malverde, a Robin Hood-like bandit who was hanged in 1909.
There are days when we feel deeply ashamed that the trade is at the heart of Sinaloa’s identity, and wish our history were different. Our ancestors were fearless and proud people, and it is their memory that gives us the will to try to control our own fear and the sobs of the widows and mothers who have lost loved ones.
It was reported that not long ago, a group of high-ranking government officials from Mexico City paid a visit to Ciudad Juárez, a city in Chihuahua State on the Texas border where people are too scared to go out at night. A troop of Niños Exploradores, akin to Boy Scouts, was trotted out to greet the dignitaries. Warm smiles abounded among the government representatives. The boys’ faces were dead serious.
When the boys were asked to perform their salute, their commander shouted, “How do the children play in Ciudad Juárez?” The boys hit the ground. When asked, “How do the children play in Tijuana?” again the scouts hit the ground. When asked about the children of the border city of Matamoros, yet again, they were on the ground. The visitors looked eager to disappear.
In Sinaloa, at least things haven’t gotten that bad. People live well and our children play other games. At night we go out for dinner, we go for evening strolls down our beaches and our roads as if to say: this is our land, we will not let go of it. But it doesn’t always work.
Sinaloa is a place with a strong work ethic: people tell me, for example, that I write like a farmer, from dawn. Our greatest worry is that, in our fear, we will lose our grip on the code of work and responsibility that guided our forefathers and helped them convert our unpromising salt flats and desert into agricultural bounty


Monterrey’s Habit


By Ricardo Elizondo Elizondo, a novelist and historian
THE NEW YORK TIMES, 17/10/10;
Invisible paths to the United States, it seems, have always passed through Monterrey. People and their merchandise come and go via paved roads and dusty lanes, but also through the famous little walkways, somewhere between manicured and overgrown, that are hidden among the thickets of underbrush.
Increasingly, Mexico has a hidden drug problem — but it’s not entirely the kind that you’d think. And the traffic won’t stop until it’s exposed.
As early as the 1940s, the local newspapers were reporting on captured smugglers. Those going north to the United States transported humans (generally seasonal farm workers) and substances for attaining those “artificial paradises” that so fascinated the French poètes maudits of the late 19th century. The other group, those going south, could bring almost anything they fancied into the country — you could bring a building into Mexico, people joked, as long as it fit under the bridge. And they knew, though they talked about it only in hushed tones, that quite a bit of money was being made.
I grew up thinking that “sardos,” the lowest-ranking members of the army, were the only Mexicans who smoked marijuana. But by the 1960s, the hippie generation had popularized pot, and during my university years several of my classmates smoked. As for harder drugs, few of us knew anything more than what we saw in the movies; only in the 1970s did we become aware of psychotropic pills that “drove you crazy.”
Around then, popular music, always a reliable witness, began to recount the stories of people transporting drugs beyond the Rio Grande. With each decade, the songs got more and more explicit. “Camelia la Tejana,” one of the most emblematic, is about a woman whose car tires were “filled with the evil weed.” It ends with a shooting death. But soon, lyricists stopped killing off their antiheroes. Drug trafficking became an adventure story, or a comedy: in one famous song, smugglers disguised as nuns traded “white powder” they swore was just powdered milk.
Still, we didn’t think of drugs as our problem. In Monterrey over the years we sang about them, sure, we even smoked them — but we kept insisting they were only passing through, north to the Americans. We saw the construction going on in Monterrey, the new fortunes, and we knew the phrase “money laundering,” but we looked the other way.
After 9/11, the drug industry became harder to ignore. From then, day in and day out, the news media reported on the border: on interceptions of huge marijuana and cocaine shipments, dozens of deaths caused by warring gangs and stories of coercion and corruption among government authorities and policemen.
And still the habit grew, among the young and not-so-young, though it was always denied, never admitted. In certain neighborhoods here, it was said, absolutely anything could be gotten.
We have come face to face with the violence associated with the business, we acknowledge it. But we don’t acknowledge our own drug problems. If those secret paths from south to north passed through some other country, some other state, perhaps Monterrey wouldn’t have the drug traffic it has today. But people here also buy and consume these paradise-inducing substances.
By ignoring this, we only put off learning the magnitude of our own addiction. There can be no solution until we come to terms with the truth. And after that, who knows?
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The Walls of Puebla


By Pedro Ángel, a novelist (THE NEW YORK TIMES, 17/10/10):
How has life in Mexico changed under the rising tide of drug violence? It’s difficult to say; it is what it is. It goes on. For long stretches of time, it is easy to forget about the violence. But then reality breaks through, and it becomes once again impossible to ignore.
All my life I have lived in Puebla, a city of more than one million inhabitants about 70 miles southeast of Mexico’s sprawling capital. Puebla has a reputation for being a moderately safe place to live (considering the general standard in the country today). Mexico City residents, called chilangos, have been moving here for years — particularly since so many were driven from the capital by the earthquake of 1985, which destroyed hundreds of buildings and killed thousands of people.
The famous have retreated here, too. At one time, Puebla was reported to be home to Mexico’s most-wanted man, the billionaire drug lord Joaquín Guzmán Loera, who has still not been apprehended. Other prominent traffickers have followed. Puebla is perceived as a place that is largely free from violence — which, surely, must be as attractive to a drug lord as it is to me — but it is known for being free from the authorities’ scrutiny as well.
There is lots of speculation about “agreements” between governors and certain cartels. The government turns a blind eye, and the cartel guarantees a level of peace. Many people believe these pacts to be the reason that states like Puebla are relatively “safe” while Mexico’s civil war rages around them.
Recently, though, the delicate balance has been threatened, as the authorities have started to crack down on traffickers. Last month, Sergio Villarreal Barragan, another important drug lord, was arrested in one of the city’s most posh residential neighborhoods. The government may have been emboldened by the results of the summer’s elections, which ended decades of rule in Puebla by the PRI (the Institutional Revolutionary Party).
But the sad thing is, nobody has much faith in the new coalition government. I met a taxi driver here whose children had moved to New York City: one of them works as a cook at a fancy restaurant in the Flatiron neighborhood and the other one cleans bathrooms near Penn Station. He hasn’t seen them in six years. We got to talking about the elections, and I asked him if he thought the new governor might change things.
“I don’t know,” he said. “I’ve always thought it was inevitable that politicians are thieves. But even so — they could still leave something behind, right? Do some good work just the same.”
It wasn’t an earthquake or drug violence that drove his children from home. Puebla expelled them because it couldn’t offer them any opportunities. Worst of all, they went to New York illegally. So now, they can never leave.
We too, in a sense, are trapped in Puebla. In my neighborhood, where the roads are still unpaved, we live behind high walls and electrified or barbed-wire fences. A friend of mine, an artist, lives in one of the city’s fanciest neighborhoods, behind an immense wall. Last weekend he was unable to enter or leave; the great drawback of the wall is that it has only one entrance. In this case, the opening had been blocked by the Naval Department for an operation of some sort. For the first time, my friend felt that he was living in a prison.
And no matter the lengths we go to preserve our tranquillity, violence infringes. Not long ago, robbers broke into the house across the street from mine. Luckily, my neighbor had a machete. He chased the intruders out, after hacking one of them in the arm.
That morning, his garage floor was still covered in blood. I asked him what they had taken.
“All sorts of things,” he said. “Tools, the television set, some things from the kitchen.”
“Do you think they’ll come back?”
“That’s the worst part of it. I can’t sleep in this house anymore, thinking that at any moment they might come back, with me and my daughters inside. Thank God nothing happened to us!”
I couldn’t help but think of something the chief of security said about the recent wave of arrests of drug traffickers in Puebla. “Puebla is a safe state to live in, and that is why they come here,” he said. We dream of happy endings, but sometimes I’m afraid that everything that could possibly happen in Puebla has already happened
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Tijuana Reclaimed



By Federico Campbell, the author of the short story collection Tijuana: Stories on the Border
THE NEW YORK TIMES, 17/10/10;
There are two Tijuanas: that of the locals, and that of the rest. The true Tijuana belongs only to the oldest families, the grandparents and great-grandparents of Tijuana. The view from outside, on the other hand, tends to come into focus through fantasy, stereotype and cliché.
But the outside world helped create Tijuana.
In the 19th century, Tijuana resembled the set of an old Western — a few houses, some wooden corrals, mud-caked roads and a customs hut to register the passage of caravans heading to the port at Ensenada.
The city came into its own only in the 1920s, thanks to Prohibition and laws outlawing gambling in the United States. Americans exported the vices they had banned at home to the new city emerging on this side of the border, which soon became a nerve center for the production of alcohol, from brandy to Mexicali beer.
Capital from the American underworld was largely responsible. American investors like Carl Withington opened saloons and broke ground for the construction of casinos like the Foreign Club, the Montecarlo and the Agua Caliente, which was built alongside the hot springs of the same name. And American tourists paid for the prostitutes, the boxing clubs and the opium.
Of course, the particular vices changed a bit during the 20th century, but the city kept on playing the same role for its northern neighbor. That is, until the 1990s, when everything began to change. This pressure started building from the south — drugs (and the violence and law of the jungle that come with them) were heading north and Tijuana was the last stop before the border. The Arellano brothers had moved here from Sinaloa in the ’80s, and other traffickers and assassins followed. It was like a tide shifting. Instead of an influx of visitors from the north, we had these smugglers from the south. And the tourists were scared away.
It had a devastating effect on Tijuana’s economy. The murders, kidnappings and decapitations reached a peak in 2008. Americans stopped coming, and those Tijuana families who could afford it moved to California, to San Diego or Bonita, to sleep in peace. Even local politicians and officials bought or rented houses elsewhere. Stores closed. Bars were boarded up.
But now Tijuana is recovering. The violence has begun to subside, thanks to the local police and the Mexican military, as well as the capture last January of Teodoro García Simental, an infamous drug lord known as El Teo. Avenida Revolución, dead for the past three years, is showing signs of life. On Friday and Saturday nights it is packed with young people. Caesar’s, a symbolic old restaurant and hotel (where the famous salad was invented), just reopened, and one block over, rock and blues bands play at the music hall.
No, the tourists haven’t returned. It’s the locals, the people of Tijuana — who kept to themselves during the worst of the violence — reclaiming their territory.
“We have to change our image,” said Jaime Cháidez, a local journalist. “We can’t rely on tourism anymore. The city still stands, as noble as ever. It is surviving, growing, picking itself up.”
And for perhaps the first time in more than a century, the Tijuanans are driving that growth. In a sense, then, it is the very violence that plagues Mexico that has returned Tijuana to the people who live here.
A few days ago, a statue of Rubén Vizcaíno Valencia, a writer, teacher and promoter of Mexican culture, was unveiled. He is the first Tijuana native to be honored in this way, and there he stands, presiding over one of the hallways of the Centro Cultural Tijuana.

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