- Boston y después/Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington
La
Vanguardia | 18 de abril de 2013
Hace
unos quince años, las fuerzas de seguridad israelíes detuvieron a un grupo
palestino terrorista e interrogaron a sus miembros. Les preguntaron:
“¿Colocarían un explosivo en una sinagoga?”. Respondieron: “Sí, ¿por qué no?” A
continuación, se les preguntó: “¿Lo colocarían en el lugar de un acontecimiento
deportivo?”. “No, eso es distinto”, contestaron.
En
efecto, se produjeron los conocidos ataques en los Juegos Olímpicos de Munich y
un intento en Atlanta. Pero fueron excepciones. En los antiguos Juegos
Olímpicos se abría un armisticio durante su desarrollo, por encarnizadas que
fueran las hostilidades reinantes. A los mulás ortodoxos, tanto suníes como
chiíes, les molestan los deportes y sobre todo el fútbol, porque desvían a la
gente de sus obligaciones religiosas tales como la plegaria. Sin embargo, saben
también que el deporte es tan popular que su prohibición les pondría a malas
con la juventud.



