10 mar 2008

Gracias al PRI

Columna Horizonte político/José A. Crespo
Excelsior, 10/03/2008;
El segundo hombre más poderoso
La gran mayoría de analistas y columnistas —de todos signos y posturas— coincidió en que el torpedo dirigido contra Juan Camilo Mouriño fue certero. Pero peor que el golpe en sí, fue la primera reacción que tuvo el secretario de Gobernación la noche misma en que se divulgaron los contratos por él firmados como apoderado legal de su empresa familiar (Camilo-car).Tanto el contenido como la forma de esa defensa fueron terribles (abajo el texto). No sólo no abordó el núcleo del problema (la autenticidad de los contratos y su firma) sino que divagó sobre su historia familiar y personal. En lugar del gran operador, el “José Córdoba Montoya” o el “Liébano Sáenz” del
gobierno calderonista, apareció un titubeante junior, explicando una cursi epopeya personal y balbuceando una retórica de impresionante heroísmo, materia de sarcasmos e ironías sin fin. Ahí se exhibió su escasa estatura política, su inexperiencia (y la de sus asesores, que lo subieron a la picota de la improvisación). Muchos lo dieron por desahuciado, pero eso no está nada claro.
Tras una semana de duro golpeteo, Mouriño salió finalmente a atajar la denuncia, en una entrevista perfectamente pulida, planeada a más no poder, con respuestas perfectamente confeccionadas para cada pregunta prefabricada, de modo que no hubiera ya espacio a la sorpresa, ningún silencio dubitativo, ninguna palabra fuera de lugar, ninguna idea ambigua. Es decir, el Mouriño espontáneo —el real— no tiene nada que ver con el Mouriño planificado —un mero holograma mediático—. El primero resultó lamentable, el segundo, en cambio, encuadra muy bien ante las cámaras. Lo más importante de esa entrevista fue que finalmente reconoció la autenticidad de los contratos, pero agregó, como no podía ser de otra forma, que todo es legal. Hacía falta decirlo, aunque, así como una confesión no es prueba de culpabilidad, tampoco lo es que un acusado se proclame inocente. También René Bejarano y Mario Marín negaron que hubiera algo indebido en sus respectivos escándalos. También, Mouriño recurrió a un sofisma ramplón: si el PRD ha mentido una vez tras otra, esta última acusación tiene que ser igualmente un embuste. No necesariamente. Si de 20 afirmaciones que me haces, 19 han sido falsas, la número 20 bien podría ser verdadera. Para ver si lo es o no, no vale contar el número de mentiras previas, sino verificar la última afirmación a partir de la evidencia disponible. No es una cuestión de estadística, sino de análisis empírico. Lo que haya dicho o dejado de decir antes el PRD sobre Mouriño no prueba ni desmiente nada. Sólo una instancia autónoma y confiable —si acaso hay tal— podría decir la última palabra sobre si hubo falta administrativa o penal (muchos expertos opinan que sí la hubo).
¿Sobrevivirá políticamente el “joven de los contratos”? Probablemente, pero menos por su propia aclaración televisiva que por otros factores, que también se movieron en los días previos, para rescatarlo. Sobre todo, la decisión del PRI de respaldar al secretario de Gobernación como interlocutor válido. El PRI vuelve a mostrarse como el factotum político de este sexenio. Sin el PRI, Felipe Calderón no hubiera podido tomar posesión. Sin el PRI, no habría ninguna de las reformas aprobadas ni las que podrían venir. Y ahora el PRI decide sacar de la barranca a Juan Camilo, para darle respiración artificial y rehabilitarlo. Sin ese respaldo, ni 20 entrevistas como la que Mouriño brindó a Joaquín López-Dóriga serían suficientes. Desde luego, el PRI no lo hace como el buen samaritano que siempre ha sido, sino por las facturas que de esa manera podrá cobrarle al gobierno panista.
La estrategia está probada. A cada resbalón o torpeza de los panistas —que son frecuentes—, el PRI primero amenaza cerrar filas con el PRD, lo que pone al gobierno contra la pared. Y con ello encarece su posterior respaldo que, llegado el momento, brinda con toda firmeza (con pingües ganancias políticas y económicas, así como nuevos certificados de impunidad). En el caso Mouriño, el tricolor aceptó primero la instauración de una comisión legislativa, para desinflarla después. Gracias al PRI, Mouriño quizá podrá permanecer en Bucareli al menos hasta que cometa otra pifia (ahora ya sabemos que no es el Maquiavelo que decían). Destituirlo por este escándalo implicaría reconocer que Juan Camilo no era tan honesto ni tan profesional como enfáticamente han insistido los panistas (su presidente el primero). Quedarían colgados de la brocha, aunque no sería la primera vez que los dejaran hablando solos.
Por su parte, Emilio Gamboa tuvo el cuidado de aclarar que la obstrucción de la comisión para el camilogate no respondía a la “existencia de una comparsa entre el PRI y el PAN” (6/III/07). ¿Y por qué habríamos de pensar eso? ¿Cuándo se ha dado tan insólita alianza? ¿De qué habla el diputado? Pese a la aclaración de Gamboa, para todo efecto práctico es el PRI, y no el PAN, el principal sostén político de este frágil gobierno. Por ejemplo, fue muy claro el viraje de Manlio Fabio Beltrones en este episodio: echó leña al fuego los primeros días —afirmando incluso que, de ser auténticos los contratos, Mouriño debería renunciar—, para después avalar plenamente la interlocución con el imberbe secretario, tras venderle este enorme favor. Dijo el “jefe máximo” del PRI que no se podía afectar así como así al “segundo hombre más poderoso” del gobierno (Juan Camilo). Pero en algo se equivoca el senador: el segundo hombre más poderoso de este gobierno no es Mouriño —salvo en el organigrama— sino… el propio Beltrones.
Poderoso no es quien pende de un hilo; poderoso es quien decide sostenerlo.
El texto completo:
VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DEL MENSAJE DEL SECRETARIO DE GOBERNACIÓN, JUAN CAMILO MOURIÑO TERRAZO.Los cabos, Baja California, a 28 de febrero de 2008 DiscursoMuy buenas tardes.En 1985, hace 23 años, mi padre decidió emprender un negocio relacionado con PEMEX.
Con el paso de los años y gracias al tesón, logró consolidar su empresa.Muchos años de esfuerzo y visión empresarial le permitieron lo que cualquier padre anhela para sus hijos: techo, educación, salud.
Debo decir que estoy profundamente agradecido con la vida y también lo estoy con mi padre.
El trabajo honrado no puede más que dignificar a la persona.Ya con mayoría de edad obtuve responsabilidades en el negocio familiar, acciones y funciones directivas.
El negocio tomó dimensiones relevantes.
En esos años de consolidación profesional no sólo me formé como administrador, sino tomé conciencia social respecto a la responsabilidad que deben tener las personas con su entorno y con sus semejantes.
En 1997, cuando el Grupo de Empresas había crecido y se había consolidado como uno de los más importantes en la región, decidí emprender mi propio camino y abrirme paso en la vida pública. Por eso me postulé y contendí en una elección.Fue así como gané una diputación de mayoría por el PAN en Campeche.
Concluido mi encargo en la Legislatura local, tomé posesión como diputado federal.Hacia finales del 2003, al asumir mi primera responsabilidad en la Administración Pública, tomé la decisión más importante de mi vida: dedicarme por completo al servicio público.
En ese año opté por cosechar lo más valioso que una persona puede obtener: la satisfacción del servicio al país y a los demás.
El precio que pagué no fue menor. Le he arrebatado tiempo a mi familia, renuncié a las acciones de las cerca de 80 empresas de uno de los grupos empresariales más importantes del sureste mexicano y también dejé muchas de las comodidades que tienen los que viven en el interior del país.
La información dada a conocer omite la existencia de una relación mercantil establecida hace 23 años, entre la empresa referida y PEMEX.
Por tanto, resulta inmoral y doloso afirmar que las operaciones de dicho negocio son producto de las responsabilidades públicas que yo he ocupado en el pasado reciente.
Cuando la empresa en cuestión estableció relación comercial con PEMEX yo tenía 14 años de edad.Aclaro, además, que esta línea del negocio prácticamente no ha crecido desde su inicio. La expansión del grupo empresarial se ha dado en la administración de franquicias y en negocios inmobiliarios desde mucho antes que yo ingresara al servicio público.Resulta mezquino que se me acuse de beneficiarme económicamente de la política, cuando fue justamente la política la que me motivó a renunciar a un patrimonio legítimo, producto del esfuerzo personal y familiar.
No perderé el tiempo debatiendo públicamente con mis detractores. Hoy tengo a mi cargo responsabilidades muy importantes para el país que no merecen distracción alguna.
Es por ello que pondré a disposición de las autoridades competentes, toda información que se me requiera para que sean éstas quienes emitan una opinión en el plano legal.
Yo soy el principal interesado en que se aclare esta acusación dolosa.Quiero ser contundente, jamás me he beneficiado ni he beneficiado indebidamente a nadie desde los cargos públicos que he ocupado.
Mis actos han sido legales, mi actuar ha sido siempre ético.
Muchas gracias (Juan Camilo Mouriño T.)

Las FARC y la seguridad nacional



Columna Razones/Jorge Fernández Menéndez
Excelsior, 10/08/2008;
Las FARC y la seguridad nacional
Independientemente de las labores diplomáticas que pudiera desempeñar México en el conflicto entre Colombia, Ecuador y Venezuela, un dato no puede ocultarse. Ese conflicto implica un desafío directo a la seguridad nacional del país, no sólo por la potencialidad del enfrentamiento militar entre esas naciones, sino también porque en el centro del mismo está el reconocimiento o no de las FARC como fuerza beligerante en Colombia, como lo ha planteado el presidente Hugo Chávez, al darle un estatus de ejército nacional, presumir de que controla una parte del Estado colombiano y aceptar que tiene identificación ideológica y política con sus principios. Lo mismo ha hecho el presidente de Ecuador, Rafael Correa.
En otras circunstancias, o para otros países, el debate sobre las FARC podría transitar por caminos relativamente teóricos, pero no es nuestro caso. Como se ha comprobado con los hechos del primero de marzo, las FARC no sólo son una organización profundamente involucrada en el narcotráfico y en el envío de drogas a México (no se trata de una hipótesis, la información está documentada, tanto que hay personas detenidas y cumpliendo condena por esos hechos), sino que también está entrenando a jóvenes mexicanos en relación con grupos armados de nuestro país. No nos engañemos: los jóvenes mexicanos que estaban en el principal campamento de las FARC, en la frontera entre Colombia y Ecuador, en el mismo campamento donde residía Raúl Reyes (el verdadero jefe operativo de la organización ante la enfermedad de su anciano líder, Manuel Marulanda) con su compañera, la hija de Marulanda (ambos murieron ese primero de marzo), no estaban en un camping ni eran distraídos muchachos que fueron a un “congreso bolivariano” y se encontraron repentinamente en medio de las estribaciones de la selva amazónica, donde es casi imposible llegar. Tienen, por supuesto, todo el derecho de decidir sobre su vida y su futuro y no es ni la primera ni será la última vez que jóvenes deciden participar en movimientos armados de otros países. Pero seamos serios y tratemos las cosas como son: quienes estaban allí, se esté de acuerdo o no con ellos, eran hombres y mujeres que tomaron una decisión consciente de cómo desarrollar sus convicciones políticas y cayeron o resultaron heridos en su ley, insistimos, se comparta o no sus posiciones. Por lo menos en el pasado, ello se asumía con claridad y convicciones. Ahora nos quieren contar una historia absurda, que recuerda a Hansel y Gretel.
El punto es que no sólo estaban combatiendo por la causa de las FARC sino todo indica que son parte de un programa de entrenamiento militar para jóvenes mexicanos que se van rotando en esos campamentos y son ligados a las FARC a través del discurso de los Círculos Bolivarianos que impulsa y financia el gobierno de Hugo Chávez y que, a su vez, están ligados al EPR y a sus distintos frentes políticos. Lo grave es que, no obstante estar documentada la participación de las FARC en el narcotráfico, que tanto para el gobierno de Estados Unidos como los de la Unión Europea es considerada una organización terrorista; que incluso sus lazos con grupos armados mexicanos parecen muy evidentes (cuando se produjeron los atentados a ductos de Pemex, en este mismo espacio explicamos que el tipo de operativo era similar al que usaba esa organización y que incluso el ataque a ductos se había convertido en una norma de actividad de las FARC durante años, algo que hasta ese momento nunca habían hecho el EPR o sus desprendimientos). A pesar de todo eso, las FARC, los Círculos Bolivarianos y sus grupos aliados, siguen operando con total libertad en muchas regiones del país.
Hasta 2002, o sea hasta que fueron declarados como una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, e incluso después de que se había comprobado la relación de uno de los principales frentes de las FARC con el cártel de los Arellano Félix, seguían abiertas, con estatus oficial, cuatro oficinas de las FARC en México, oficinas que hasta entonces eran financiadas por la Conferencia de Partidos Políticos de América Latina, la Coppal. Como se recordará, en los primeros años del foxismo se explicó que se mantenían abiertas esas oficinas porque México intentaba jugar un papel mediador en el fracasado proceso de paz que se abrió entre las FARC y el gobierno de Pastrana. No hubo paz y sí una escalada de violencia que consolidó a las FARC, más que como grupo político como una organización estrechamente ligada a la producción y el tráfico de drogas. El cierre formal de las oficinas de ese grupo en México se combinó con la apertura de una serie de oficinas informales, que han aparecido de la mano con los Círculos Bolivarianos en muchos sitios, desde la UNAM hasta el IPN, desde la UAM hasta la Universidad de Guerrero. Esas oficinas fueron impulsados por grupos ligados al EPR o a alas muy radicales del perredismo o por los rescoldos de lo que fue el CGH, luego de la huelga de 2000 en la UNAM.
Como país no podemos volver a equivocarnos. Hasta bien entrada la administración de Fox, se toleró la participación abierta de las FARC en México con la excusa de que podíamos ser un instrumento para la pacificación de Colombia. Era legítimo, aunque ello implicaba cerrar los ojos a las actividades ilegales de esa organización en territorio nacional. Ahora, varios años después, el escenario es más grave, porque no sólo no existe ningún proceso real de pacificación en Colombia que pueda justificar la tolerancia, sino que, además, ahora se ha comprobado que las FARC están entrenando militarmente a jóvenes mexicanos ligados a grupos armados. Ojalá México pueda jugar un papel diplomático importante en la resolución del conflicto, pero debe preservar, también y simultáneamente, los aspectos más delicados de nuestra amenazada seguridad nacional.

9 mar 2008

De la rabia a la razón

De la rabia a la razón; editorial
El Tiempo; 9/03/2008;
La cumbre presidencial de Santo Domingo puede ser el comienzo del fin de la crisis entre Colombia, Ecuador y Venezuela.
Colombia y el hemisferio, a través de las señales en directo de la televisión y la radio, pasaron el viernes por una jornada ante la que palidece el más tropical de los realities. Mientras en Bogotá el Ministro de Defensa confirmaba la muerte de un segundo miembro del secretariado de las Farc, 'Iván Ríos' -no por 'bombas inteligentes' del Gobierno sino a manos de su propio jefe de seguridad-, en Santo Domingo (República Dominicana), la cumbre de presidentes del Grupo de Río, que comenzó con duros cruces de acusaciones, culminó con abrazos entre los presidentes Uribe, Correa, Chávez y Ortega y el anuncio de que Nicaragua restablece sus relaciones diplomáticas con Colombia.
Ya habrá lugar para referirse a las profundas implicaciones estratégicas que tendría, al confirmarse plenamente, el hecho de que Manuel Jesús Muñoz ('Iván Ríos') fue asesinado por sus hombres, asediados desde el 17 de febrero por un operativo militar, que se habrían entregado con su cédula, pasaporte, computador personal y -tan macabro como elocuente- con una de sus manos. Las Farc ya no temerán solo al cielo, dominado por los aviones oficiales, sino a sus propios seguidores en tierra. El efecto desmoralizador y de quiebre -si no de desbandada-es demoledor.
Pero la sensación del día fue el insólito, inesperado y positivo desenlace de la cumbre presidencial del Grupo de Río en Santo Domingo. Mandatarios que se habían agredido y ofendido terminaron reconciliados y abrazados en una atmósfera inconfundiblemente tropical, pero indudablemente constructiva. Distensión que contrasta frontalmente con el clima de rupturas diplomáticas y agresiones verbales que precedió a la histórica reunión, conducida magistralmente por el presidente dominicano Leonel Fernández, que da una bocanada de oxígeno a estas cumbres acartonadas, aburridas y estériles.
* * * *
Habrá que ver qué sucede, cómo se decanta la euforia y se desarrollan las promesas y los compromisos. El ceño serio de Rafael Correa y sus palabras finales indicaron que las heridas siguen abiertas. Y habrá que ver cómo procede el siempre imprevisible Hugo Chávez -quien exhibió un tono sorprendentemente conciliador-. Pero uno fue el ambiente, que podía cortarse con un cuchillo, en la reunión de la OEA, en Washington, y otro al final del viernes en Santo Domingo. La Cumbre de Río superó de lejos a la OEA. Pueda ser que el clima de reconciliación sea ratificado en la reunión de cancilleres de la OEA, el 17 de marzo, y no se desinfle al primer cambio de estado de ánimo para regresar a la diplomacia del improperio público, que tanto daño ha hecho.
El acuerdo logrado ratificó puntos de la resolución de la OEA (propuesta del presidente de México, que empezó a distender el ambiente). En favor de Ecuador -como dijo Correa-, se rechazó la violación de su integridad territorial y se insistió en que por ningún motivo ese principio interamericano se puede violar. Se consignaron "plenas disculpas" del presidente Uribe y que ello no se repetirá en "ninguna circunstancia". En favor de Colombia quedó el compromiso de todos los Estados de combatir a las organizaciones irregulares y el narcotráfico. De destacar, la afirmación del presidente dominicano de "tomar la palabra" a Chávez, luego de su intervención, como un compromiso público de no hacer causa común con las Farc y de no intromisión en asuntos internos de Colombia. Y, en favor de la diplomacia, lo que satisfizo a Correa y a Chávez, fue el anuncio de Uribe de no llevar el tema a la Corte Penal Internacional y entregar los documentos comprometedores de los computadores de 'Raúl Reyes' a ambos presidentes para que se investiguen en sus países.
* * * *
Unas de cal y otras de arena, pero Colombia puede darse por bien servida. Se criticó su violación territorial, pero se tomó en cuenta el argumento de Uribe de que violar la soberanía no es solo incursionar en otro territorio, sino cuando desde allí se atenta contra un pueblo, como hacen las Farc desde países vecinos contra Colombia. Tras la jornada, quedó claro que Colombia tiene el legítimo derecho de defender su seguridad y su pueblo ha conferido al presidente Uribe un sólido mandato en ese sentido. Hubo propuestas de fuerza internacional de paz al lado colombiano de la frontera o de crear un grupo estilo Contadora para manejar el intercambio y la búsqueda de la paz, que Uribe rechazó.
No deja de ser una paradoja que una de las más graves crisis del sistema interamericano la haya producido el esfuerzo de un país por defender su sistema democrático y su derecho a la seguridad. Además de la violación del territorio ecuatoriano, que esta crisis resulte de la muerte del jefe de una guerrilla que trafica, mata y secuestra llevó a preguntarse qué era lo que estaba en juego y hasta dónde llega la vigencia del principio de soberanía territorial en un siglo XXI en el que no solo se han globalizado la economía y las comunicaciones sino el delito y la corrupción.
La Cumbre de Santo Domingo le bajó presión a una delicada confrontación hemisférica. Habrá que ver cómo evolucionan los problemas y recelos de fondo que, sin duda, persisten. Pero cabe esperar que toda la efusividad se traduzca en hechos y conductas que conduzcan a la plena normalización de las relaciones.

El diálogo oculto de Africa y América


CRÓNICA: CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA
El diálogo oculto de África y América
CARMEN BOULLOSA
Publicado en El País,-Cultura, 08/03/2008;
Hace unos días, regresé a los Cronistas de Indias por el camino de Madrid: una invitación de Casa de América a hablar sobre el tema. Una ruta riesgosa: soy mexicana, vivo en Nueva York y para llegar a la era de la Conquista debía pasar por la fuente de las Cibeles. Me dejé llevar por los libros de los cronistas, la variedad de personajes y voces: oficiales y espontáneos, indios, mestizos y europeos, soldados, advenedizos y buscadores de suerte; defensores de los indios y genocidas, ricos y pobres, muy educados y casi analfabetos.
Parecería que hay de todo, los abusivos y los generosos, los locos y los mesurados, los orientados y los perdidos. Pero la verdad es que no hay realmente de todo lo que hubo en la Conquista. Falta, entre otros, un cruce de miradas: las del africano con las del indio. ¿Dónde quedaron los conquistadores negros? Algunos escribieron peticiones al rey, pero no "crónicas" con las que podamos conocer su punto de vista. No conocemos por sus propias palabras un mundo imaginario y un ordenamiento racional cuya herencia entrevemos en otras artes (y en nuestras costumbres). Durante nuestra mesa en Casa de América sonaba música cubana en el salón vecino, como acotando lo que aquí digo.
Lo que no tenemos es la narración, la elaboración verbal que nos permita saber cómo percibió el mundo americano quien provenía de las grandes ciudades de Gao o Tembuctú. No sabemos cómo narrarían este encuentro los ciudadanos de aquellas que algún día fueron el centro del mundo, ciudades reinos que recién habían perdido el poder y su gloria. Otros ombligos del cielo, como lo fue Tenochtitlan.
El código racista no dio cabida a que un negro dejara constancia escrita en su Crónica de Indias del cruce de miradas Tembuctú-Tenochtitlan; Gao-Cuzco, África-las Indias, las ciudades reino africanas-Cholula.
Desde el primer momento, los africanos participaron en las expediciones, fueron navegantes, lucharon con Cortés en México, con Ponce de León en Puerto Rico, con Diego de Velázquez en Cuba. Juan Garrido sembró el primer grano de trigo en México, Francisco de Eguía transmitió la viruela. Sebastián Toral aprendió maya y ayudó a Montejo en Yucatán. Pedro Fulupo en Costa Rica, Juan Bardales en Panamá y Honduras. Cieza de León anota que un negro encontró agua fresca, que unos indios andinos intentaron quitarle lo negro a otro de sus hombres lavándolo, que un español enloquecido de enfermedad intentó asesinar a un negro, que en 1536, en el sitio de Manco Inca a Cuzco, los negros extinguieron el incendio del techo del palacio real. Francisco Pizarro conquistó el Perú con el apoyo de 40 hombres armados africanos, 19 de los cuales eran mujeres. Algunos de ellos fueron retribuidos con tierras e indios.
Africanos negros hubo en todos los rangos: esclavos, hombres de armas, pregoneros, porteros, verdugos, maestros de pesos y medidas, bufones, muleros, mineros, criados en servicio doméstico, sastres, zapateros, granjeros, campesinos. O piratas (como Diego Lucifer y el otro Diego, el mulato), o milicias pardas combatiendo a los piratas en Campeche. No faltaron los motines.
En esta pintura, Retrato de los Mulatos de Esmeraldas: don Francisco de la Robe y sus hijos Pedro y Domingo (1599), que está en el Museo de América de Madrid, estos personajes, con cuellos y puños europeos, en las cabezas joyas de oro local, elaboradas tal vez por artesanos también locales, llevan en la mano lanzas que no estamos seguros si son locales o, como la manera de llevar las joyas, coinciden con el estilo africano y americano. Visten togas que no se asemejan al vestido europeo de la época, aunque las telas de éstas parece raso del más fino, como sus capas. Llevan al pecho collares que pueden ser bicontinentales. Los estudiosos dicen que fueron esclavos huidos (cimarrones) y alzados, y que se les pintó para enviar constancia al poder español de que se habían rendido sin violencia. Parecen haber sido reyes de otras tierras que consiguieron volver a serlo en estas latitudes por un tiempo y que no están muy dispuestos a dejar de serlo.
Los lectores hemos ido conociendo a los Cronistas de Indias paulatinamente. De los best sellers de la época -como la primera carta de Colón que en semanas alcanzó varias ediciones y traducciones, a Guevara, con 600 reimpresiones de sus libros durante el XVI y el XVII 600 veces- hasta algunos aparecidos bien entrado el siglo XX. El monumental trabajo de Fray Bernardino de Sahagún quedó inédito hasta el México independiente, su Historia general de las cosas de la Nueva España se publicó hasta 1823, el mismo año en que Barrazas intentó reconquistar México para los españoles -y en el que el presidente Guerrero firmó la segunda expulsión de los españoles-.
Aún no hemos leído al cronista de Indias que compararía y pondría a dialogar al mundo horizontalmente. ¿Cómo lo habrían visto? En el estado en el que está hoy el fresco móvil de los Cronistas de Indias, el africano no se sienta a la mesa con sus pares, es paje de servicio.
¿Aparecerá algún día la crónica de Indias del africano que nació en Tembuctú, el hijo de noble, vendido como esclavo por un traidor, viajero de África, a Europa, al "Nuevo" mundo, proporcionándonos una Mirada comparativa? Me temo que no, por motivos que no vienen a cuento numerar. Pero hay que intentar imaginarlo. -
Arte y violencia
ARGENTINA La violencia agazapada de la cotidianidad y la vida misma es desenmascarada por cinco artistas en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Esta Autopsia de lo invisible, título de la muestra, corre por cuenta de los mexicanos Mario García Torres (un diálogo epistolar con el pintor italiano Alighiero e Boetti para mostrar las últimas guerras), Teresa Margolles (colección de materiales de las morgues y muertes de las calles), el colombiano Juan Manuel Echavarría (huesos humanos cuyo entrelazamiento de lejos parecen flores para recordar el llamado periodo de "la violencia" y ahora del secuestro en su país), la guatemalteca Regina José Galindo (homenaje a los muertos sin identificar del cementerio La Verbena) y el puertorriqueño Ignacio Lang (que utiliza recortes de la columna 'Extraño pero verdadero', del diario New York Post, sobre sucesos de diferentes rincones del mundo. Un arte que denuncia sobre la violencia que se hace rutina.
MÉXICO La revista el perro sólo publica literatura: cuentos, poemas, crónicas, ensayos y piezas dramáticas, cuyas características, además de la calidad de los textos, son la brevedad y que se trate de artículos inéditos. Ni tiene director ni se publican editoriales, ni entrevistas, ni artículos de opinión, ni reportajes. Tampoco ilustraciones, porque, literal y metafóricamente, es una publicación (revista.elperro@gmail.com) de puras letras desde la portada hasta la contraportada, y las únicas imágenes que ofrece, fuera del logo del perro, son las que componen las palabras y los párrafos. La revista se realiza en Pachuca Hidalgo, y es un espacio que se propone congregar a escritores hispanohablantes.

La novela, en el siglo XXI

ELPAIS, Babelia 8/03/2008;
La novela, en el siglo XXI, goza de buena salud
La literatura supera lo trivial al aportar conocimiento, emoción, placer y una nueva mirada al mundo. Los nuevos medios conviven con ella.
MANUEL RICO 08/03/2008
Vicente Verdú publicó el pasado 17 de noviembre en Babelia el artículo Reglas para la supervivencia de la novela, en el que afirmaba: "En la narración es torpe seguir como si no existiera publicidad, correo electrónico, chats, cine, YouTube, MySpace o la blogosfera". Estos dos artículos responden a su Decálogo
El artículo de Vicente Verdú Reglas para la supervivencia de la novela acerca de la virtualidad que, en este comienzo de siglo marcado por los nuevos horizontes que ofrecen las tecnologías de la información, tiene la novela como género literario sustentado en la ficción, en la "historia", suscita algunas reflexiones de largo alcance.
Nabokov: "La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neandertal gritando 'el lobo, el lobo', con un enorme lobo gris pisándole los talones; nació el día en que el chico llegó gritando 'el lobo, el lobo', sin que le persiguiera ningún lobo"
¿Estamos ante la decadencia de la novela y, más allá, del arte narrativo? ¿Ofrece la vida tantas posibilidades de experiencia al ciudadano medio que convierte en inútil la lectura de ficción? Las nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación escrita -internet, el correo electrónico, la telefonía móvil- ¿reducen el campo de la novela tal y como la hemos entendido históricamente? ¿Pierde todo sentido contar una "historia" mediante la novela cuando hay otros medios con capacidad para hacerlo con eficacia como el cine o la televisión? La "historia", el argumento, ¿han de ser transferidos al guión cinematográfico, o televisivo, abandonando el campo de la novela? A estas y otras preguntas, acaso no muy diferentes a las que se formularon no pocos escritores en los años veinte y treinta con la irrupción del cine y con la aparición de las vanguardias literarias, o a finales de los cincuenta con la crisis de la "historia" en la novela, el auge del experimentalismo que representó el nouveau roman y la generalización del medio televisivo, intenta dar respuesta Verdú con una conclusión, a mi juicio, cuanto menos discutible.
Podemos convenir que los últimos premios literarios (Verdú cita sólo el Herralde) han premiado a novelas de la periferia del sistema (Latinoamérica y otras zonas del mundo), donde todavía pervive la novela convencional. También que en el resto de los premios se han galardonado obras de autores españoles que responden al "molde tradicional". Según Verdú, estas últimas serían productos que ya no se cultivan con la debida dignidad por haber caducado mucho antes de iniciarse el siglo XXI. A partir de esa lógica, incurriría en torpeza o en falta de sentido histórico quien opta por seguir escribiendo novela como si "no existiera publicidad, correo electrónico, chats, cine, YouTube, MySpace o blogosfera". Se trataría, por tanto, de excluir historia y argumento del arte narrativo, de la literatura, y situarlos sólo en el ámbito del cine, del telefilme, de otros productos audiovisuales que buscan el entretenimiento a través del guión.
No parece, sin embargo, que ese diagnóstico sea acertado. Premios literarios a novelas escritas con poca dignidad se han dado a lo largo de toda la historia de los premios de novela (no hay más que repasar la nómina de obras galardonadas en algunos de los más sonados para darse cuenta de ello) y carece de rigor identificar "novela con historia" con mero cauce para el entretenimiento. Entre otras razones porque, siempre, todo arte literario, incluso el más alejado del argumento como la poesía, ha tenido una vertiente nada desdeñable en el entretenimiento, en la búsqueda del placer del lector, en la posibilidad de invitarlo a vivir otros mundos y a gozar de la experiencia lectora.
Cierto que las mesas de novedades de las librerías viven, desde hace algunos años, una invasión de títulos basados en intrigas vaticanas, en argumentos situados en tiempos remotos, de productos de encargo cuya única finalidad es entretener mediante trucos y apelaciones a misterios supuestamente no revelados. Pero tan cierto como eso es que la pujanza de otra narrativa, transmisora de conocimiento sobre la condición humana, impulsora de reflexión sobre la Historia y sobre los azares del presente, profundamente vinculada a la tradición literaria, también con historia y con argumento, cosecha altos niveles de aceptación entre los lectores de todas las clases y sensibilidades, desde el público joven y universitario, frecuentador del chat y de internet, hasta los públicos más exigentes y cultivados pasando por lo que entendemos convencionalmente como lector medio -seguramente, muy pocos de los "lectores melancólicos que transpiran alcanfor" a los que alude Verdú-. Paul Auster o Richard Ford, Julian Barnes o William Boyd, Sándor Márai o Imre Kertész, Irene Némirovski o Niall Williams, Jonathan Littell -su voluminosa novela Las benévolas es, formalmente, tan convencional como cualquiera de las de los autores hasta aquí citados- son, entre otros muchos autores que cultivan una narrativa que descansa en una historia, narradores con un público vasto que no buscan en sus obras entretenimiento (aunque su lectura lo conlleve), sino lo que siempre ha ofrecido la literatura: una forma de entender la relación del ser humano con el mundo, con los otros, con la propia existencia, con las incertidumbres que le acechan en su vida cotidiana.
Discrepo, por ello, con Verdú respecto a que la ficción literaria, en este comienzo del siglo XXI, debe considerarse superada. A lo largo del siglo XX no han sido pocos los peligros que han planeado sobre la virtualidad de la novela como recipiente de historias: el cine, la radio con sus seriales (seguidos en algunas etapas del siglo por colectivos amplísimos de oyentes), la televisión como impulsora de historias propias y como soporte del cine y del teatro, el cómic, el tebeo... Es decir, las bases técnicas que podían poner en crisis la capacidad de la novela como aparato de lenguaje con capacidad para albergar una historia ya estaban, hace casi medio siglo, dadas. Sin embargo, la novela (o, por ser más estrictos, la narrativa entendida en sentido amplio) siguió gozando de una enorme vitalidad: tanto en nuestro país como en aquellos países, más modernos y avanzados, con democracias consolidadas desde hacía muchos años, en los que se desarrolló como un género prestigiado por los nuevos colectivos de lectores engendrados por la burguesía primero y por la universalización de la educación después. Eso ha ocurrido porque nunca la novela (ni siquiera la buena novela negra), desde su aparición como género literario, ha sido solamente historia, relato de acontecimientos. Ha sido "historia" más lenguaje, literatura a fin de cuentas. Es decir: un artefacto distinto a cualquier otro, un híbrido en el que siempre (no sólo en el siglo XX) han confluido elementos de otros géneros: ensayo, poesía, periodismo, teatro, documento, filosofía, meditación.
En toda época -no sólo en la actual- ha habido malas novelas, textos reducidos a la redacción de una peripecia con crimen e intriga incorporados, del mismo modo que ha habido malas películas o cómics nefastos, poesía ripiosa y periodismo amarillo. Chandler, Hammett, Simenon construyeron casi todas sus novelas a partir de uno o varios crímenes y desarrollaron sus respectivas tramas con la tensión inherente al proceso de descubrimiento del asesino. Todos ellos escribieron alguna que otra obra maestra que, leída hoy, mantiene todo el vigor originario, toda la frescura del momento en que fue escrita. Porque, gracias a la combinación de estructura, argumento y lenguaje sus autores lograron construir un artefacto literario, una materia autónoma y viva sólo sustentada en el lenguaje y su poder irreemplazable.
Más de medio siglo después de su publicación, El guardián entre el centeno mantiene viva su capacidad de concitar la reflexión y el gozo literario en las nuevas generaciones de lectores. De un modo parecido podríamos referirnos a Santuario, de Faulkner; a Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez, y a un número incalculable de espléndidas obras narrativas escritas después del Quijote. De muchas de ellas ha habido versiones cinematográficas, series televisivas y radionovelas, versiones infantiles o para jóvenes, traslaciones a soportes como el cómic, el telefilme o los dibujos animados. Sin embargo, ninguna de esas versiones ha podido sustituir a las piezas narrativas originales. Esa realidad pone en precario la afirmación de Verdú en el sentido de que las "historias" las cuenta mucho mejor el vídeo, el telefilme, el cine. Novela y cine, incluso cuando aquélla cuenta una historia, son territorios radicalmente distintos. Nunca una novela podrá ser sustituida por una película salvo que quien lo decida quiera, al tiempo, amputar una parte importante de las posibilidades de gozo artístico, de meditación, de ejercicio de la memoria, de reflexión crítica que ofrece la historia contada mediante el lenguaje. Cada palabra es un universo de significados, un recipiente de experiencia individual y colectiva, de evocaciones, de sutilezas emocionales y psicológicas. ¿Puede una imagen sustituir la capacidad metafórica de las palabras, las múltiples lecturas que éstas ofrecen, las posibilidades de recreación íntima que en el lector generan?
Parece plausible pensar en un futuro en que la novela literaria (de calidad, para entendernos) conviva con internet y con los nuevos medios, también con el cine y la televisión. De hecho, lo está haciendo ya. Diría más: convivirán novelas en las que tenga un peso esencial la historia con aquellas otras que ensayen nuevos lenguajes, que carezcan de argumento y de estructura, que se nutran de técnicas importadas de otros géneros y de otras áreas de la comunicación. ¿Acaso no ocurría algo parecido cuando convivían Rayuela y Cien años de soledad, o La celosía, de Robbe-Grillet, y La peste, de Camus? ¿Cómo explicar, entonces, la simultaneidad, con parecidos niveles de calidad literaria, de Carver, el cuentista directo y escéptico, crítico de la era Reagan, y Pynchon, el narrador de la quiebra de la estructura narrativa que ya en los años sesenta calificó una de sus novelas, La subasta del lote 49, de "tecnoficción"? ¿Qué fueron El hombre sin atributos, de Musil, o Ulises, de Joyce, sino intentos de trasladar a la narrativa componentes propios de otras artes y disciplinas convirtiendo la novela en un espacio mestizo que convivía con obras directas, casi historias en esqueleto, como las de Hemingway?
Todas esas experiencias son arte, literatura. Como lo son hoy todas aquellas novelas que, tengan o no historia, se sustenten en una opción narrativa tradicional o lo hagan en un molde vanguardista, experimental, basado en la búsqueda de la belleza estética, descansan sobre un uso del lenguaje revelador, capaz de aportarnos conocimiento, incertidumbre, emoción, placer, empatía con otras vidas y otros mundos. El propio Verdú, seguramente sin pretenderlo, define lo que creo debe de ser la novela contemporánea intentando descalificar lo que llama novela tradicional. Afirma: "Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. Es decir, en su habilidad para hacerse indispensable como medio de conocimiento y comunicación peculiar". En efecto: así debe ser. Así ha sido históricamente. Y así será. Pero incluso en la era de internet, de la blogosfera y de la interactividad, la escritura, la narrativa como género literario, se sustentará en una "historia". El autor, al escribirla, incorporará todos los ingredientes que considere oportunos, sean novedosos o tradicionales. Y lo que dará una dimensión superadora de lo trivial a la obra no será la presencia o la ausencia del elemento "historia" (tampoco la persona desde la que hable el narrador) sino la originalidad, el acierto, la capacidad de dotar al lenguaje de nuevos significados, de transmitir conocimiento sobre la vida interior y exterior del lector, de aportar una nueva mirada sobre el mundo. Creo que todos los libros citados en el presente artículo cuentan con tales atributos. Y, curiosamente, en casi todos ellos se cuenta una historia. De un modo peculiar, irrepetible, y con unos efectos que el soporte audiovisual nunca nos ofrecerá. Es decir: la novela sigue vigente se base o no en una "historia". Entre otras razones, porque es un artificio construido con lenguaje que vive y cobra sentido en el territorio del lenguaje escrito y en ningún otro.
Nabokov, a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo, escribió: "La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neandertal gritando 'el lobo, el lobo', con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que el chico llegó gritando 'el lobo, el lobo', sin que le persiguiera ningún lobo". En esa frase se resume la magia, el poder seductor de la ficción literaria. Una frase que, hoy, casi al final de la primera década del siglo XXI, permanece vigente.
Manuel Rico (Madrid, 1952) es novelista y poeta. Sus últimos libros son Trenes en la niebla (Espasa) y Monólogo del entreacto (Hiperión).

¿Como va el tema Atotzinapa?

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