El desmoronamiento del “megadecomiso” en San José Iturbide trasciende el mero error de cálculo táctico; es la radiografía exacta de un aparato de justicia asfixiado por la urgencia del aplauso mediático. En su prisa por ofrendar un trofeo de alto impacto durante la gira presidencial, la maquinaria institucional construyó un espejismo de 59 millones de litros de huachicol que se evaporó al primer roce con el rigor jurídico. Lo que quedó al descubierto es un sistema que, trágicamente, prioriza la tinta del boletín sobre la solidez del expediente.
El cese fulminante de Juan Francisco Vera como delegado de la FGR en Guanajuato —como detalla hoy Reforma— ilustra la implacable y fría anatomía del poder: cuando el teatro colapsa, el hilo siempre se rompe por lo más delgado.
Entregar su cabeza opera como el sacrificio ineludible, el cortafuegos diseñado para blindar a la fiscal Ernestina Godoy y contener la onda expansiva hacia el gabinete de seguridad. Sin embargo, este despido es apenas un fusible provisional. Resuelve la incomodidad de la mañana, pero no logra explicar cómo una revisión administrativa rutinaria a las instalaciones de SIMSA mutó, desde la comodidad de un escritorio, en el “mayor golpe al crimen organizado del sexenio”, uno que curiosamente no dejó un solo detenido ni un triste sello de clausura en las válvulas.
En esta trama de simulaciones, el ruido más ensordecedor proviene del vacío de las áreas de inteligencia del Estado. Desplazar semejante océano de hidrocarburo exige una logística monumental —miles de pipas en tránsito constante, redes aduaneras corrompidas, un rastro bancario inocultable— que resulta imposible de invisibilizar.
Que este castillo de naipes haya nacido del hallazgo fortuito de una sola pipa en San Luis de la Paz, y que el secretario Omar García Harfuch haya tenido que tragar saliva en la mañanera en Irapuato para justificar un predio fantasma bajo la frágil promesa de que las capturas "vendrán después", expone a un Estado estrictamente reactivo, rehén de sus propias contradicciones.
El arrebato del expediente por parte de la FEMDO no es otra cosa que la confesión tácita del fracaso local; un intento desesperado por aplicarle respiración artificial a un caso que nació muerto. Al final, el exceso de entusiasmo y la urgencia por fabricar una victoria exprés arrastraron a la presidenta Sheinbaum a una posición de profunda vulnerabilidad.
Al asegurarle la fiscal Godoy que existían "investigaciones muy avanzadas" para sostener el espectáculo en Guanajuato, la cúpula de procuración de justicia cruzó una línea sumamente peligrosa: la frontera entre el optimismo burocrático y el engaño directo a Palacio Nacional.
El saldo de este episodio deja una primera fractura en la credibilidad del nuevo mandato. Si la estrategia para desmantelar el multimillonario negocio del huachicol fiscal va a sostenerse sobre expedientes armados al vapor y escenografías desechables, la impunidad tiene asegurada la victoria en los tribunales. Un desenlace que, a la luz de la justicia y del sentido común, resulta simplemente patético.
Reacción de CSP
.En su habitual mañanera, la presidenta Sheinbaum puso freno a las especulaciones sobre los 59 millones de litros de combustible asegurados en Guanajuato. Tras contactar directamente a la fiscal Ernestina Godoy, reveló que el estatus del cargamento aún es incierto.
"Me dijo que siguen revisando los permisos y que ellos van a informar en su momento", relató.
Ante la insistencia de si se trata de huachicol, la mandataria optó por la cautela y dejó el veredicto final estrictamente en manos de las investigaciones de la Fiscalía.
Mmm.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario