El País, Miércoles, 05/Ago/2020;
La catástrofe que acaba de asolar el puerto de Beirut no es la consecuencia de un accidente sino el trágico fruto de una situación anunciada, desde meses, de la quiebra de Líbano. Provocando más de cien muertos, millares de heridos, la explosión de más de dos mil quinientas toneladas de nitrato de amonio abandonadas en el almacén central del puerto pone en evidencia negligencias criminales y, sobre todo, el disfuncionamiento estructural de la gestión de un país, casi paralizado con la crisis económica desde años. ¿Por qué este castigo de Job sobre un país que disfrutaba de la fama de ser, en los años cincuenta del siglo pasado, “la Suiza de Oriente Próximo”?



