Diplomacia de estadio: El valor estratégico de un "momentito" en Nueva York
Por Fred Alvarez Palafox.. @fredalvarez
Todo comenzó la tarde del viernes. Al otro lado de la línea, Donald Trump lanzó la pregunta sin rodeos: "Claudia, ¿vas a venir?". Para la Presidenta de México, la idea no era del todo nueva; sobre su escritorio ya reposaba la invitación del líder de la FIFA. Sin embargo, hasta ese momento de la llamada, realizar el viaje simplemente no figuraba en sus planes.
Finalmente, decidió hacer las maletas y tomó un avión militar. Fue, a todas luces, una jugada de pragmatismo puro.
Lo que vimos ayer fue una auténtica "diplomacia de estadio". La mandataria compartió los pormenores de la gira con un semblante notablemente relajado, desbordando satisfacción. Y aunque los críticos puedan minimizar la falta de una cumbre formal, en geopolítica la forma es fondo; la política también se teje entre las gradas.
"Fueron momentitos en realidad", confesó Sheinbaum en la mañanera al describir sus encuentros.
Pero en la tensa relación bilateral, un "momentito" puede despresurizar semanas de fricción. Antes de que el balón rodara, el tiempo rindió frutos. La Presidenta aprovechó el terreno neutral para dialogar con los halcones del gabinete estadounidense: Howard Lutnick, Secretario de Comercio; Marco Rubio, Secretario de Estado; y Jamieson Greer, el representante comercial.
Los saldos de la visita:
El T-MEC como prioridad: El diálogo a tres bandas con Trump y el Primer Ministro canadiense, Mark Carney, fue fugaz pero directo. Puso sobre la mesa la revisión del tratado comercial, que justo esta semana arranca su segunda ronda de conversaciones.
El viaje también dejó espacio para intercambiar palabras con el Rey y el Presidente de España, un guiño necesario que sumó al buen sabor de boca de la gira.
Además, el terreno quedó preparado para recibir esta misma semana en la Ciudad de México —entre miércoles y jueves— al embajador Greer. Ya pasaron los saludos de estadio; ahora viene la exigencia de aterrizar acuerdos concretos.
A la Presidenta se le percibe feliz. No obstante, y a pesar de la enorme expectativa generada, todo indica que aquel encuentro a puerta cerrada que tanto imaginamos no llegó a suceder. Yo mismo llegué a pensar —y así lo dejé plasmado en mis textos— que lograría hablar en estricto privado con Trump, aunque fuera unos minutos.
Me equivoqué, esa encerrona no ocurrió. Sin embargo, desde una óptica crítica y de resultados, qué gran acierto fue haber tomado ese vuelo a Nueva York.
En la diplomacia, romper el hielo es la mitad de la batalla ganada, y la imagen distendida que hoy proyecta la Presidenta lo confirma.
¿Hizo el balón el milagro de suavizar la dinámica con Washington y abrir paso a la diplomacia? Ojalá., quiera Ala..
Para la historia inmediata…
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