El mundo unido por un balón: ¿habrá milagro en los palcos?
Por Fred Alvarez Palafox
El fútbol es una religión global cuyo altar es, invariablemente, la televisión. Hoy, domingo 19 de julio, el tiempo se detiene para oficiar la última misa de este Mundial 2026 y cerrar una festividad que, como decía el papa Francisco, puede ser una auténtica "fiesta de solidaridad entre los pueblos".
Desde aquel jueves 11 de junio, cuando México y Sudáfrica abrieron el telón en el mítico Estadio Azteca, nos sumergimos en la vorágine de este campeonato. Vi a amigos ganar y perder dinero, acumular algunos kilos extra comiendo y bebiendo "como el ritual exige", y confirmar que, sin la pantalla y sus comentaristas —esos profetas de la narrativa contemporánea— la experiencia simplemente se desinfla, por más que las redes sociales intenten suplirlos con su inagotable ingenio popular.
Lo fascinante de este circo romano moderno es que, ante el balón, las distinciones se disuelven. Liberales, comunistas, capitalistas, católicos o ateos; por un mes, todos profesamos la misma fe.
Como bien apunta Manuel Mandianes, el fútbol escenifica la dimensión agónica de nuestra existencia; es la nueva fuerza orgánica de cohesión social que antes pertenecía exclusivamente a la política.
Pero es un cóctel peligroso. No olvidemos la advertencia de Jorge Valdano: el aficionado es sectario por naturaleza. El fanatismo estrecha nuestro recinto mental, dejándonos ciegos ante todo lo que no sea la victoria, la única redención posible en este credo. Aunque, para ser honestos, hoy podemos respirar tranquilos: la Selección Mexicana no está en la cancha, lo que nos regala el raro privilegio de disfrutar esta final sin la angustia del patriotismo ciego..
Hoy termina la fiesta.
A las 11:30 horas, tiempo del centro, el Estadio Nueva York Nueva Jersey encenderá sus luces con Post Malone y Laura Pausini, justo antes del silbatazo que enfrentará a España y Argentina por la gloria definitiva. Los pronósticos se inclinan por la Roja, pero mi lealtad está con la Albiceleste. Lo aclaro con una salvedad indispensable: mi devoción es por la camiseta, porque Javier Milei no me simpatiza en absoluto.
Afortunadamente, el balón no le rinde pleitesía a los dueños del poder. Es aquí donde resuenan las palabras de Enrique Krauze: en efecto, a pesar de sus delirios populistas, Argentina ha sido una potencia, frente a una España cuya "selección es una orquesta sinfónica dirigida por un lector de Séneca, el estoico cordobés". Agrega Enrique que para EU este Mundial era su consagración, pero su presidente imperial la echó a perder; olvidando que en el futbol, como demuestra la historia, el verdadero gol es el de la libertad.
La otra cara de la moneda, el juego de poder más tenso, se disputará en los palcos.
La presidenta Sheinbaum, canceló abruptamente su gira por Quintana Roo para no perderse esta cumbre diplomática disfrazada de final deportiva. Seguramente, al recibir la invitación personalizada de Trump, aceptó bajo la premisa de robarle, aunque sea, unos minutos en privado para afinar las asperezas de la relación bilateral. Aterrizó a la medianoche en un vuelo militar, cobijada por el calor y los vítores de un colectivo de migrantes.
La ironía se cuenta sola: la misma mandataria que declinó ir al Azteca pretextando la austeridad de los boletos para quedarse "con el pueblo" —un pretexto que hoy parece cosa del pasado—, compartirá el Olimpo del estadio con Donald Trump, el premier canadiense Mark Carney, Javier Milei y la Familia Real de España.
Sin embargo, más allá de las contradicciones internas, hoy toca cerrar filas por el país. En esa tribuna, frente a las presiones del trumpismo, no se sienta solo una administración temporal, sino el peso y la representación diplomática de una nación entera que exige respeto.
El éxito de esos minutos robados en el palco será el éxito de nuestro país ante una agenda compartida que no admite tibiezas.
¿Hará el balón el milagro de suavizar la dinámica con Washington y abrir paso a la diplomacia?
Ojalá, quiera Alá… pero, sobre todo, que prevalezca la dignidad de México ante cualquier marcador.
Para la historia inmediata
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