13 ago 2026

Ecos de la discordia en el Congreso

 Ecos de la discordia en el Congreso

Por: Fred Alvarez Palafox

Los pasillos del Congreso, diseñados originalmente para el debate de ideas y la construcción de acuerdos, se convirtieron ayer en el escenario de un choque frontal, lo vimos en vivo.. Esta vez, los protagonistas fueron los diputados Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla (PRI) y Arturo Ávila Anaya (Morena), quienes, entre reclamos, insultos y jaloneos, dejaron ver que la tensión política que atraviesa el país a veces desborda los límites de la tribuna y se vuelve dolorosamente física.

En un México donde las pasiones políticas suben rápidamente de temperatura, la escena resonó de inmediato. La política, en su esencia más humana, se nutre del desacuerdo, pero exige la palabra como única herramienta válida frente a las diferencias.

El puente del diálogo y sus grietas

Frente al altercado, las cabezas de las distintas fuerzas políticas intentaron devolverle la cordura al recinto. La presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán (PAN), asumió el rol de mediadora. Teléfono en mano, contactó a ambos legisladores con un recordatorio fundamental: el país no necesita estas escenas. Los ciudadanos esperan resultados y un debate de altura, no un espectáculo de confrontación extrema nacido de la polarización.

Del otro lado del espectro político, el diputado morenista Ricardo Monreal hizo eco de este llamado. Reconoció que las etapas que vivimos son complejas y que las pasiones suelen desbordarse entre pares, pero advirtió sobre el peligro de llevar la labor legislativa hacia la decadencia a través del caos, el odio y el pleito irracional.

La diplomacia parlamentaria pareció triunfar brevemente cuando López Rabadán anunció que ambos diputados aceptaron el exhorto con respeto, comprometiéndose a no repetir el bochornoso episodio. Sin embargo, en la narrativa del poder, las fricciones rara vez desaparecen con una simple llamada.

La memoria del conflicto

El aparente cierre del capítulo encontró rápidamente resistencia, demostrando lo vivas que están las rencillas personales y partidistas. El senador Noroña (Morena) alzó la voz para señalar lo que él consideró una injusticia en la mediación: igualar las culpas. Para él, tratar con el mismo rasero a quien consideró el agresor y al agredido resulta inaceptable, trayendo a la memoria que este tipo de hostilidades —como la trifulca en la que él mismo se vio envuelto en agosto de 2025— dejan cicatrices en la convivencia institucional que no se borran únicamente con buenos deseos y llamados a la civilidad.

La palabra como única trinchera

Al final de la jornada, lo que flota en el ambiente no son solo los empujones en el patio del Senado, sino una reflexión más profunda sobre el estado de la vida pública. En una nación que exige instituciones sólidas, el verdadero reto para quienes ocupan un curul no radica en rehuir al conflicto ideológico, sino en tener la templanza para canalizarlo sin perder la dignidad que su investidura, y los mexicanos, demandan.

"Es hablando y no matándonos —o golpeándonos— como debemos entendernos." M.Ocampo.

Valdría la pena que, frente a la cerrazón, nuestros legisladores desempolvaran esta lúcida máxima de Melchor Ocampo. Sustituir la fuerza de los argumentos por la fuerza física es una traición al principio básico de nuestra República. Hoy, más que nunca, el diálogo cívico sigue siendo el único camino válido para prestigiar la política y honrar el mandato ciudadano

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