2 sept 2026

Inzunza: el "mártir" y víctima de Sinaloa

ENRIQUE INZUNZA

Inzunza: el "mártir" y víctima de Sinaloa/ Fred Alvarez Palafox

Con la barbilla en alto, Enrique Inzunza Cázarez se declaró ante las cámaras como un ser constitucional y verídicamente inocente; y que los que los cargos que le imputan son patrañas. | Fred Álvarez.

La Silla Rota/, 2/9/2026 · 22:07 hs

Enrique Inzunza Cázarez no suelta el fuero, sólo lo hizo en mayo, y fue por horas, una farsa

Ciento veinticuatro días fue el tiempo exacto que le tomó al fantasma legislativo materializarse de nuevo en el Senado de la República. Enrique Inzunza Cázarez reapareció en la Cámara Alta, la tarde del pasado 31 de agosto, estrenando ahora la conveniente etiqueta de legislador "independiente" tras un divorcio exprés y calculado de la bancada de Morena. Y lo hizo, cómo no, para retar abiertamente nuestro sentido común.

Y convocó a una rueda de prensa donde se comportó de manera soberbia, incluso mofándose de reporteros de la fuentes  como Leticia Robles de la Rosa y el Gerardo Segura de TV Azteca.

Inzunza se plantó frente a los micrófonos no como un hombre arrinconado por la presión de los señalamientos que lo vinculan al crimen organizado, sino enfundado en el pulcro traje de un "soberanista" ofendido. Con la barbilla en alto, se declaró ante las cámaras como un ser "constitucional y verídicamente inocente". Órale.

https://www.youtube.com/watch?v=oSjZ1MadfIs&t=483s

Su excusa para justificar cuatro meses de ausencia física raya en la tomadura de pelo: presume, con una soberbia digna de mejor causa, que desde la comodidad de Culiacán realizó un home office intensivo preparando veintidós dictámenes. Un trabajo a distancia de auténtico lujo, sostenido puntualmente por el erario, mientras el país entero exige legisladores que den la cara en la tribuna y no desde la clandestinidad sinaloense.

El trasfondo de esta prolongada desaparición no fue una simple falta administrativa ni un descanso inoportuno, sino una sombra gravísima que cruza la frontera norte. Señalado directamente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado —según el indictment anunciado formalmente el 29 de abril por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, bajo la jurisdicción de la jueza Katherine Polk Failla—, Inzunza optó por el guion más desgastado de la política nacional: el papel de víctima.

En su regreso, se apresuró a gritar ante los micrófonos que no es un "narcosenador", ni narcotaquero ni narcomagistrado; que los cargos que le imputan son "patrañas" y que todo responde a una maquiavélica coincidencia. Juró que la justicia estadounidense se lanzó en su contra casual y milagrosamente justo después de que él alzó la voz para "defender la soberanía nacional", acusando a la gobernadora de Chihuahua de traición a la patria por la supuesta operación de agentes de la CIA en territorio nacional.

O sea, que para él, la Corte de Nueva York opera como brazo ejecutor de una grilla local y la justicia de Estados Unidos hace política en su contra. ¡Órale…!

En esa misma tesitura, cuando Gerardo Segura, de TV Azteca, lo cuestionó de frente y sugirió que había "huido" o permanecido escondido para evadir la justicia al amparo del fuero, Inzunza asumió una postura sumamente defensiva. Negó tajantemente las acusaciones, calificó los señalamientos de falsos y de formar parte de una embestida mediática y guerra judicial. Acto seguido, arremetió contra el reportero al espetarle: "Su señor jefe Ricardo Salinas Pliego…", con lo que denunció una presunta campaña en su contra desde la televisora, mientras amparaba su defensa en la narrativa del lawfare: o sea, el uso instrumental del sistema legal para inhabilitar al adversario.

Aclaró, una y otra vez, que su ausencia legislativa previa obedeció a decisiones parlamentarias y no a evasión.

Sin embargo, ese retórico discurso choca violentamente con una realidad financiera que no se borra con saliva ni con conferencias de prensa. Nos habla de una vida de esfuerzo y de una juarista "honrosa medianía", pero omite explicar el peso de un hecho demoledor: la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) le mantiene congeladas cinco cuentas bancarias donde —según su propia defensa— apenas reposa un millón de pesos producto de su labor legislativa y de su pensión como magistrado local en retiro. El quid es que, mientras se dice dispuesto a dar la cara, el senador sigue cobrando religiosamente su dieta mediante cheques físicos, porque el sistema financiero mexicano le ha cerrado el paso, aunque jure que ya tramitó la apelación.

Ahí radica el verdadero cinismo de su reaparición, acontecida a escasas horas de arrancar el periodo ordinario de sesiones. Se niega rotundamente a pedir licencia, argumentando que su honorabilidad es su mejor escudo; tanto así, que se dio el lujo de intentar regañar a Leticia Robles de la Rosa, una de las reporteras más versadas y acuciosas de la fuente legislativa, a quien le mando un abrazo solidario.

Ante las preguntas directas de Leti sobre las sombras que lo perseguían —específicamente los rumores sobre la carta de Ismael  Zambada y el asesinato de Melesio Cuén—, la compostura del senador se desmoronó. Optando por la vieja y confiable estrategia del ataque frontal, Inzunza elevó la voz y acusó a la reportera directamente de mentir. Con una mezcla de indignación y arrogancia, la mandó a "hacer la tarea" e investigar adecuadamente. Fue ahí donde lanzó su desafío definitivo, su propia pausa dramática: si la periodista podía demostrar que "El Mayo" lo mencionaba directamente en su misiva, él presentaría su renuncia al escaño en ese preciso instante.

Lejos de intimidarse por el reto en público, Robles de la Rosa devolvió el golpe con la frialdad aséptica de quien sabe muy bien de qué lado de la historia está parada. Le respondió con filo que ella, por supuesto, no contaba con el documento original en sus manos, por la simple y llana razón de que ella no se relaciona con narcotraficantes —aunque en rigor, el cuestionamiento de la reportera debía apuntar directamente al indictment y no a la carta—, pecado menor.

Cuando Leti le cuestionó sin rodeos si Morena ya no lo quería en su bancada y si el partido evaluaba su permanencia, Inzunza se sacudió la pregunta con desdén. Aseguró que su salida fue una decisión personal y por convicción, que nadie se la pidió (mintió), y remató diciendo que seguirá siendo el mismo. Y para cerrar con broche de oro, se mostró sobrado e instó —casi ordenó— a la FGR y a la fiscal general que dejen de investigarlo: "Más de cuatro meses ha sido un plazo más que suficiente para que se concluya y se deslinden responsabilidades", sentenció.

Inzunza es un tipo hábil, pero se le pasó la mano; le ganó la soberbia. Días antes era el hombre fuerte de Sinaloa; ahora es un apestado político, sostenido ya no por Morena en bloque, sino apenas por una fracción del partido contraria a la presidenta de la República, representada en el Senado por Adán Augusto López y Noroña, personajes que casualmente no fueron invitados al segundo informe de gobierno.

Ahora hay muchos senadores que no lo quieren, y no me refiero a los de la oposición, sino a los de casa.

El senador Luis Armando Melgar Bravo, del Partido Verde, criticó duramente el retorno de Inzunza tras meses de ausencia, calificando su regreso y el uso de su fuero constitucional como "una falta de ética política". Además, Melgar ha lanzado retos públicos para debatir de frente en la Cámara Alta y denunció abiertamente presuntos nexos criminales y de corrupción, acusando al sinaloense de sostener una postura que raya en el cinismo.

A través de un mensaje publicado en X, Melgar no se limitó a cuestionar las posiciones de Inzunza, sino que le anticipó que buscará un encuentro para discutirlas cara a cara:

La frase deja abierta una disputa política que promete nuevos episodios cuando ambos coincidan en las curules. O sea, el regreso de Inzunza no es precisamente un paseo por el campo.

Por cierto, nadie le pregunto a Inzunza por los delitos de acoso sexual, hostigamiento y violencia digital que tiene en su contra una jueza de Mazatlán…

Se va de Morena; es un decir...

Esa tarde del lunes 31 de agosto, Inzunza intentó transmutar hacia una supuesta "independencia" política con la fe puesta en la amnesia colectiva. Lo fascinante era la escenografía: se presentaba como el estoico legislador sin partido, jurando lealtad a sus principios de "Estado constitucional", mientras a sus espaldas lo escoltaba, inamovible, una gigantesca mampara de Morena.

Y me dije, con esto asistimos al nacimiento de una nueva especie: el independiente con derechos de lealtad acumulada, el que jura haberse quitado la camiseta pero cuyos nudillos palidecen de tanto apretarla. Un oportuno cortafuegos frente a la justicia que acecha desde Nueva York.

El problema de las malas obras de teatro es que ni los actores confían en el guion. En los escaños oficialistas abundaban las sonrisas tensas ante el lastre judicial de su protagonista. Pero la aritmética parlamentaria es una bestia voraz: el bloque oficialista está atrapado en su propio reloj y necesita ese escaño para amarrar la mayoría calificada.

Inzunza se asume como la bisagra del poder y pretende vender caro su amor a cambio de protección. La realidad tras bambalinas es más fría: exprimirán su utilidad en las votaciones clave, pero guardan la guillotina afilada para el momento del desafuero.

En este ajedrez de cinismo, las cúpulas saben que el verdadero voto útil reside en su suplente. Cuando proteger a Inzunza sea insostenible, el escaño pasará sin fricciones al relevo de lealtad rochista para sacar las reformas sin el tufo a extradición internacional. Inzunza finge independencia, el sistema finge creerle, y ambos callan la fecha de caducidad.

Estamos ante el divorcio más civilizado de la política mexicana. Bajo los reflectores hacen trizas el acta matrimonial, pero en la penumbra siguen compartiendo el lecho: una farsa finamente montada para la tribuna.

Para la historia inmediata.

PD…No se equivoquen: Inzunza nunca ha estado desprotegido; su "destierro" duró apenas unas horas a finales de mayo, cuando pidió una licencia exprés tan conveniente como falsa.

Aquel día subió al estrado dispuesto a inmolarse en el altar del teatro legislativo. Su sacrificio patrio consistió en un paso al costado calculado al milímetro para no manchar la tribuna. Desde la galería, cualquiera creería que abandonar el escaño con la justicia pisándole los talones exigía valor. Pero no había riesgo real: la Fiscalía, al parecer, tenía la instrucción precisa de no mover un solo dedo. Lástima.

Para adornar su ausencia en el periodo extraordinario de mayo de 2026, el senador se inventó una "licencia condigna" —un término inexistente en el reglamento— con el que intentó disfrazar su huida. En la cruda realidad, fue un simple salvoconducto para que la bancada oficialista no perdiera un voto clave.

Mientras Inzunza se esfumaba tácticamente, entró a escena el relevo salvador: Omar Alejandro López Campos, exsecretario de Bienestar estatal y ahijado del gobernador Rocha Moya. La coreografía fue impecable: el suplente calentó el asiento el tiempo exacto para apretar el botón a favor de la reforma sobre la nulidad de elecciones por intervención extranjera. Ochenta y cuatro votos. Misión cumplida.

"¡Con el pueblo todo; sin el pueblo nada!", había proclamado Inzunza al replegarse. A la luz de su farsa, la frase pedía una traducción más honesta: "Con el fuero, todo; sin el fuero... solo de jueves a viernes, no vaya a ser el diablo".

Y es que, efectivamente, durante esas horas fue un ciudadano común. Según el Artículo 112 constitucional, si la justicia hubiera querido detenerlo, no habría necesitado esperar. Pero el cálculo fue perfecto: apostó su libertad a la inercia burocrática, sabiendo que en cuanto Laura Itzel Castillo anunciara su reincorporación, el manto de la impunidad volvería a cubrirlo, como fue:

El clímax de la farsa ocurrió de madrugada, pasadas las tres de la mañana de aquel jueves 29 de mayo, cuando la presidenta de la Mesa Directiva legalizó el truco: "Recibimos comunicación del senador Enrique Inzunza sobre su reincorporación a partir del 29 de mayo. La Asamblea se da por enterada".

Las preguntas caen por su propio peso: ¿A qué hora exacta ingresó ese documento a la Oficialía de Partes? Resulta físicamente imposible que lo haya entregado él mismo, cuando las crónicas locales lo ubicaban a esa misma hora disfrutando de una fiesta a cientos de kilómetros, en Sinaloa. Un show redondo al que, lamentablemente, Laura Itzel Castillo, la hija del gran Heberto se prestó a ello. Lástima.

Fred Álvarez

@fredalvarez

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