Las sillas vacías en Palacio y el ausente en el discurso: ¿Política ficción?
Por Fred Alvarez Palafox.
En los pasillos del poder, a veces el silencio es un alarido. La crónica de este Segundo Informe de Gobierno no se escribió desde los micrófonos triunfalistas de Palacio Nacional, sino desde la frialdad de sus butacas desocupadas. La presidenta intentó atajar el ruido de las ausencias con una sentencia de hierro: “No se equivoquen, aquí no hay divisiones”. Sin embargo, en las entrañas de la Cuarta Transformación, el verdadero mapa de las lealtades y las tensiones quedó trazado precisamente por quienes decidieron —o fueron obligados a— no asistir.
El vacío más denso, el que se respiraba en el ambiente, fue el de Andrés Manuel López Obrador. Por primera vez, su nombre y su legado fueron extirpados de la retórica presidencial, un contraste brutal con los ecos de la lisonja del pasado reciente. Este silencio inédito fractura la costumbre del elogio perpetuo y dibuja, con trazo grueso, una innegable línea de sana distancia. En esa misma sintonía operó el exilio de Andy López Beltrán; lejos de la primera fila oficialista y acorralado por el revuelo diplomático de su visa estadounidense, el hijo del expresidente fue relegado a aplaudir por control remoto y mandar vítores desde la periferia.
La onda expansiva de las ausencias barrió también con la cúpula legislativa. Ni Adán Augusto López ni Gerardo Fernández Noroña pisaron el recinto, dejando flotar en el aire una duda venenosa: ¿desdén voluntario o un veto fulminante en la lista de invitados?
Desde la trinchera opositora, la gobernadora María Eugenia Campos convirtió su inasistencia en un golpe sobre la mesa, escalando la confrontación directa por la operación de agentes estadounidenses en Chihuahua.
A la mañana siguiente, el atril se volvió escudo y trinchera. Ante el eco ensordecedor de los ausentes, la mandataria se vio forzada a sacudirse públicamente la sombra de su antecesor. Tildó de “muy machista” la narrativa de que López Obrador le dicta la plana desde el retiro, jurando que ni una sola instrucción cruza la frontera de Palenque hacia la capital.
Pero el fantasma detrás de esta encendida defensa tiene nombre y territorio: Rubén Rocha. El errático y sorpresivo regreso al poder del gobernador sinaloense —ejecutado a espaldas de la Presidencia, calificado de imprudente y abortado apenas 34 horas después— encendió las alarmas de que los hilos aún se mueven desde fuera. Para la presidenta, ver en el sainete de Rocha una fractura interna es mera "política ficción" orquestada por sus adversarios.
No obstante, la atmósfera palaciega cuenta una historia radicalmente distinta. Al despuntar este segundo año de mandato, el golpe de autoridad más contundente no provino del discurso oficial, sino del frío cálculo de los espacios en blanco. El mensaje desde el atril exige creer que no hay rupturas, pero desde afuera, el espejismo se desvanece: la grieta no solo es visible, es el nuevo guion del sexenio.
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