4 feb 2009

Precisiones de la SEDENA

Llevó a emitir dos comunicados
Por el deceso del Gral. "retirado" Mauro Enrique Tello Quiñones.
Era lo menos que podían hacer; ya que se trata del Gral. de mayor rango asesinado por la delincuencia organizada.
Seguramente fue por instrucciones del General Secretario.
Comunicado de prensa N0 22, "AMPLIACIÓN DEL COMUNICADO No. 21.
"Lomas de Sotelo, D.F., a 3 de Febrero de 2009, La Secretaría de la Defensa Nacional informa que el día 4 del actual el General de División Diplomado de Estado Mayor JORGE JUÁREZ LOERA, Inspector y Contralor General del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, en representación del C. General Secretario de la Defensa Nacional presidirá los honores fúnebres con los cuales los miembros del Ejército Mexicano despiden al extinto General de Brigada Diplomado de Estado Mayor Retirado MAURO ENRIQUE TELLO QUIÑONEZ, los cuales se llevarán a cabo en el Campo Mil No. 34-B, Cancún, Q.R.
El ameritado General Tello Quiñonez, nació el 21 de noviembre de 1945 en Ciudad Guzmán, Jal., causando alta en el Heroico Colegio Militar el 1/o. de marzo de 1962; iniciando con ello una fructífera carrera militar, ocupando diversos puestos y comisiones, los cuales desempeñó de manera sobresaliente como son: Comandante de dos Batallones de Infantería, Comandante de una Fuerza de Tarea, Comandante de la Zona Militar de Morelia, Mich., y su última comisión dentro del Ejército fue la de Director General de Infantería.
Como egresado de la Escuela Superior de Guerra, adquirió la categoría de Diplomado de Estado Mayor, ejerciendo en forma notoria, funciones como Jefe de Estado Mayor de diferentes Zonas y Regiones Militares y en el propio Estado Mayor de la Defensa Nacional.
Sus actividades docentes se pusieron de manifiesto en el Heroico Colegio Militar, forjando las nuevas generaciones de Jefes y Oficiales que hoy cubren los cuadros de las Unidades del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos.
Durante su larga carrera militar obtuvo las condecoraciones del Mérito Docente, de Perseverancia de 1/a., 2/a., 3/a., 4/a. y 5/a. Clase, la Institucional, la Extraordinaria y la Especial por haber alcanzado más de 46 años de servicio en el Instituto Armado.Representó a nuestro país en forma destacada como agregado Militar y Aéreo a la Embajada de México en España.
En solemne ceremonia, efectuada en el Campo Militar No. 1, pasó a situación de retiro por haber alcanzado la edad límite.
Por los valores de lealtad y patriotismo demostrados durante su carrera militar, fue llamado para desempeñarse como asesor del Alcalde del municipio de Benito Juárez, Q.R.Por todo ello, el personal de Generales, Jefes, Oficiales y tropa del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, expresamos nuestras condolencias por la pérdida irreparable de tan connotado militar y a las que se une nuestro Comandante Supremo, Licenciado FELIPE CALDERÓN HINOJOSA, Presidente de la República.
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Comunicado número 21 de la SDN
"SE CONFIRMA EL FALLECIMIENTO DE UN GENERAL RETIRADO.
"Lomas de Sotelo, D.F., a 3 de Febrero de 2009, La Secretaría de la Defensa Nacional confirma la muerte del General de Brigada Diplomado de Estado Mayor Retirado MAURO ENRIQUE TELLO QUIÑONES.El General Tello Quiñones pasó a situación de retiro con fecha 1 de enero de 2009 y se encontraba realizando funciones de asesor del Alcalde del municipio de Benito Juárez, Q. R.Las autoridades correspondientes se encuentran realizando las investigaciones del caso.
Dirección General de Comunicación Social. Tels. 5557-1370 y 5580-5146 comunicacion@mail.sedena.gob.mx http://www.sedena.gob.mx/.

General Tello Quiñones

Columna Razones/Jorge Fernández Menéndez
Publicado en Excélsior, 4 de febrero de 2009;
Un general asesinado
En la portada de mi libro El otro poder (Aguilar, Nuevo Siglo, septiembre 2001) aparezco entrevistando, en un enorme campo de cultivo de amapola, a un militar. Se trataba del general Mauro Enrique Tello Quiñones, entonces uno de los responsables de la lucha antinarcóticos del Ejército Mexicano, quien me acompañó a observar y realizar un amplio reportaje sobre un operativo de erradicación de drogas en el Filo Mayor de Guerrero. El general llevaba años, si mal no recuerdo, entonces eran 17, trabajando en los temas relacionados con la seguridad y el narcotráfico pero, ese mismo día, cuando regresábamos de aquel largo recorrido, recibió una llamada: era del general Enrique Salgado, quien acababa de ser informado de que sería el nuevo jefe de la policía capitalina y le pedía a Tello Quiñones que lo acompañara como jefe de Agrupamientos Especiales de la Secretaría de Seguridad Pública del DF. El general aceptó (el nombramiento ya tenía el respaldo de la Secretaría de la Defensa) y abandonó rápidamente las instalaciones de la Zona Militar en Acapulco, donde estábamos en ese momento.
No lo volví a ver hasta que se informó que estaba acusado de haber comandado, en septiembre de 1997, un operativo en donde murieron seis jóvenes de la colonia Buenos Aires. Un crimen del que jamás se comprobó su responsabilidad, pero sirvió para que el entonces jefe de la Asamblea Legislativa del DF, Martí Batres (en unas semanas más asumiría el cargo de jefe de Gobierno capitalino Cuauhtémoc Cárdenas) hiciera escarnio del general Salgado y se instrumentara la detención de varios mandos policiales, entre ellos Tello Quiñones. Fueron reemplazados por el equipo de Alejandro Gertz Manero.
El general fue exonerado y tiempo después regresó al servicio activo. El 20 de noviembre de 2005, Tello Quiñones recibió el grado de general de brigada por el presidente Vicente Fox y, en enero de 2007, fue designado comandante de la 21 Zona Militar, con sede en Morelia. A la ceremonia asistieron, en lo que era más que un acto protocolario, el gobernador Lázaro Cárdenas Batel y todos los mandos de seguridad del estado. Cuando terminó la administración de Lázaro Cárdenas, Tello Quiñones fue enviado con otro gobernante emanado del PRD, Greg Sánchez, entonces nuevo alcalde de Cancún. No hubo, que se supiera, ninguna información oficial al respecto, pero en los hechos quedó como el responsable de todo el esquema de seguridad en esa ciudad y en buena parte de Quintana Roo.
Tello Quiñones se había especializado, a lo largo de todos esos años, en temas de seguridad y narcotráfico y, particularmente, en tareas de inteligencia relacionadas con el mismo. Y por la información que teníamos, cumplía muy eficientemente con esas labores, en el pasado y en la actualidad. No sé cómo se desempeñaba el general en Cancún. Sé que lo hizo bien en Michoacán en medio de la más violenta de las confrontaciones con el narcotráfico del Estado mexicano y de la lucha de los cárteles entre sí.
El martes pasado el general, junto con dos funcionarios del área de seguridad, el jefe de custodias de Greg Sánchez y un mando de la Policía Federal, fueron asesinados en Cancún. Es un crimen que apunta muy alto: se trataba de un general de brigada en activo, un hombre que era especialista en esos temas y, además, había pagado una cuota real de sacrificio, consecuencia de intrigas políticas, por haber sido leal a sus mandos y su institución. Tello, a pesar de que estuvo algunos años preso por un delito que no había cometido, jamás hizo una sola declaración sobre el tema y simplemente continuó con su tarea en las Fuerzas Armadas. Es uno de esos crímenes que tendrán, casi necesariamente, que tener una respuesta, que no puede quedar impune.
La carta de Herrán
Casi al mismo tiempo en que Tello Quiñones dejaba el área de lucha contra el narcotráfico del Ejército Mexicano para venir a la policía capitalina, uno de los principales personajes de esa batalla era Mariano Herrán Salvatti, quien acababa de sacarse la rifa del tigre: había sido designado zar antidrogas, en reemplazo del ex general Jesús Gutiérrez Rebollo, quien desde esa misma posición había trabajado para el cártel de Amado Carrillo. Durante los tres años que estuvo al frente de la Siedo, Herrán tuvo un buen desempeño e incluso se pensó, que al inicio de la administración de Fox, se quedaría en esa posición. Sin embargo, cuando asumió Pablo Salazar Mendiguchía la gubernatura de Chiapas, fue designado primero procurador y luego fiscal para garantizar la seguridad en un estado donde la misma era una exigencia urgente. Fue la mano derecha de Salazar y operó con miras al triunfo electoral de Juan Sabines, su sucesor. Pero el nuevo gobernador y el fiscal se distanciaron cada vez más. Primero Herrán fue designado secretario de Comercio y la semana antepasada detenido, acusado de varios delitos. Hoy está preso. No sé si esos delitos son reales: se han encontrado armas en algunos de sus domicilios y se le acusa, entre otras cosas, de malversar fondos. Eso lo tendrá que definir la justicia y me imagino que el gobierno estatal no se hubiera lanzado a esa aventura sin tener pruebas sólidas en su haber.
Lo que resulta poco creíble son algunas versiones que se utilizan para fortalecer esa percepción: la más increíble de ellas es que Herrán haya escrito una carta desde la prisión, entregada a su hermano, para que pidiera ayuda a los miembros del crimen organizado con el fin de que lo apoyaran para quedar en libertad. Que pidiera que se recurriera a políticos, funcionarios, jueces y periodistas es creíble y lógico, pero que por escrito diera esa instrucción, suena descabellado, más aún en alguien que conoce perfectamente ese mundo. Mariano Herrán deberá ser juzgado por los delitos que se le imputan y, si es culpable, castigado, pero le resta legitimidad a la acusación que se recurra a historias tan trasnochadas para fortalecerla.

Reacciones ante ataque a sinagoga



Entre banderas de Venezuela e Israel, y pancartas que rezaban "el antisemitismo no es sentimiento de venezolanos", y el "odio solo siembra odio", asi se manifestaron cerca de un centenar de personas de la Comunidad Judia frente a un edificio de la ONU en Caracas, Venezuela para rechazar lo que consideraron un "acto cobarde" contra la mayor sinagoga capitalina, ocurrido el pasado fin de semana.
Durante la concentración los manifestantes vocearon consignas tales como "somos venezolanos" y "libertad, libertad", y cantaron el himno nacional de Venezuela mientras levantaban sus cédulas de identidad, mostrando su repudio su repudio al ataque en la sinagoga, que está ubicada en la cercanías de la céntrica Plaza Venezuela.
Un grupo de al menos 15 hombres armados (la primera información es que no lo estaban) penetró el viernes en la noche la sinagoga, durante varias horas se dedicaron a destruir objetos sagrados y pintar consignas en las paredes hasta la madrugada del día siguiente cuando escaparon. Uno de los mensajes decían: "No los queremos asesinos" y "muerte a todos".
"No vamos a soportar ni a mantenernos con la cara baja como sucedió hace 65 años atrás... así empezó la Alemania nazi, poco a poco hasta que nos quisieron poner la bota en la nuca", refirió Barruch Alhbay, un arquitecto venezolano-israelita de 56 años, mientras levantaba con sus manos una bandera de Israel: "nuestro indignación es muy grande", dijo:
El presidente Hugo Chávez reiteró el lunes, durante una entrevista con la cadena CNN en Español, su condena al ataque a la sinagoga y denunció que "aquí hay un laboratorio que fabrica... hechos de violencia". Subrayó que las autoridades están realizando las investigaciones para determinar los responsables.
El ataque a la sinagoga ocurrió en medio del reciente enfrentamiento diplomático entre Venezuela e Israel ante la ofensiva de este último contra la Franja de Gaza que dejó más de un millar de muertos, en su mayoría civiles palestinos.
La comunidad judía de Venezuela tie una presencia de 100 años, actualmente son unos 20,000 integrantes.
Fuente: Con información de Fabiola Sánchez de la agencia The Associated Press, publicad en el portal de El Nuevo Herald

Mitos históricos

Mitos históricos/ Felipe Fernández-Armesto, catedrático de Historia en la Universidad de Tufts, Boston, EEUU
Publicado en EL MUNDO, 03/02/2009;
En la cámara de los lores del Parlamento británico hay una sala, suntuosamente pintada, de retratos de monarcas ingleses del siglo XVI. Encima de los cuadros hay unos espacios que están destinados a albergar escenas del que fue el mayor triunfo militar inglés de aquel entonces: el fracaso de la Armada Invencible, lanzada por España contra Inglaterra en 1588.
Sin embargo, la ausencia de las imágenes oculta una historia curiosa. Cuando la amenaza de la
Invencible dejó de inquietar, la Corona inglesa encargó una serie de tapices conmemorativos. Se colgaron en la misma aula de debates de los lores para que la nobleza inglesa recordara para siempre las hazañas de sus antepasados. El rey Carlos I, a quien fastidiaba ese triunfalismo, ordenó quitarlos. No mucho después, los parlamentarios le cortaron a él la cabeza, y los tapices volvieron a colocarse en la sala. Se convirtieron en un símbolo no sólo de los sucesos de 1588, sino también de la tradición parlamentaria inglesa. Hasta 1834, fecha en la que un incendio los destruyó.
Resultó imposible hacerlos de nuevo. El presupuesto no daba entonces para tanto. Además, los tapiceros buenos escaseaban por lo que sólo se pudieron realizar algunas copias imperfectas de la mayoría de los tapices. Hace algunos años, se puso en marcha la restauración de las glorias icónicas de la Cámara de los lores, pero tampoco resultó factible restaurar los tapices. Entonces, el comité responsable decidió sustituirlos por unos cuadros inspirados en los antiguos tapices, sin intentar reproducirlos con fidelidad absoluta.
La tarea fue encomendada a un artista estupendo, Anthony Oakeshott, que se encontró envuelto en toda clase de controversias. ¿Se trataba de un proyecto de recuperar el espíritu del esquema decorativo decimonónico, o un intento de reconstruir imágenes del siglo XVI? ¿Había que mantener el propósito propagandístico del artista original, o respetar la realidad histórica? El comité de los lores responsable del proyecto pidió consejo a varios estudiosos. Por supuesto, los expertos no coincidimos.
No soy de esos historiadores que viven pegados a las fechas. No veo la necesidad de recordar que tal o cual batalla se libró en el mismo año en el que nació Fulano de no se qué. Por tanto, no suelo entusiasmarme por las conmemoraciones de sucesos históricos. A veces procuro aprovechar para aprender una novedad surgida de las investigaciones de mis colegas o, si cabe, vender algun libro mío. Pero casi siempre salgo desengañado. De las conmemoraciones en España del inicio de la Guerra de Independencia, por ejemplo, no ha salido ningun dato nuevo ni se ha cambiado el rumbo de la política nacional. En lugar de ver la importancia de actuar juntos y colaborar por el bien de todos, los micronacionalismos siguen con sus escaramuzas. En 1992, con la conmemoración del quinto centenario del primer viaje transatlántico de Colón, terminamos distraídos por debates frustrantes sobre los vicios y méritos del imperialismo, el relativismo moral de las distintas culturas y los matices semánticos de la palabra descubrimiento (que, según los políticamente correctos, sólo se podía emplear de los primeros pobladores humanos del hemisferio americano).
EN 1997, con el quinto centenario del gran viaje de Vasco da Gama ocurrió algo parecido. Me hallaba en Freemantle (Australia), donde asistía a una ceremonia en la explanada del puerto, donde ese día inauguraban un busto de Vasco. En su discurso, el alcalde alabó a los portugueses como «descubridores de nuestra costa» -lo que, por supuesto, no es cierto-. En un momento dado, un miembro del público le preguntó: «En ese caso, señor alcalde, ¿cómo explica usted el hecho de que toda nuestra costa esté llena de los restos de naufragios holandeses, mientras que no constan datos de ningun navío portugués?». «Eso -contestó el alcalde- demuestra que los portugueses navegaban mucho mejor».
A continuación hubo un cóctel. Le pregunté por qué había dicho tal cosa. «Lo que no entiendes, Felipe -me dijo-, es que en Australia del Oeste no tenemos a ningún votante de procedencia holandesa, mientras que hay unos 7.000 portugueses». Salí convencido de que las conmemoraciones no sirven para promocionar la Historia, sino la política.
Pero he aquí una excepción. En el cuarto centenario del viaje de la Invencible, los ingleses celebraron uno de los grandes logros de su epopeya nacional. Según la versión ortodoxa, la historia de Inglaterra consiste en una gran marcha hacia el constitucionalismo y la democracia -aunque sabemos que no hay marchas triunfales en la Historia, sino celadas y tanteos-. La Reforma, cuentan, aumentó la importancia de las instituciones parlamentarias, pero la verdad de la Reforma inglesa es que se ejecutó con violencia e intolerancia. Para los propios ingleses, el reinado de Isabel I es percibido como su máximo momento de gloria, en el que brillaban dramaturgos, pintores y músicos, y los arquitectos echaron los cimientos del Imperio británico. Pero la realidad es bien distinta. Al lado de las obras maestras de los artistas españoles e italianos, en aquella época Inglaterra parecía un reino salvaje y atrasado, ligeramente dorado de toques de distinción artística. Esos exploradores eran más bien piratas y sus logros parecen poca cosa cuando se piensa en la eficacia del imperialismo español o portugués de la misma época, o en el de los holandeses poco después.
Por estos motivos, hasta 1988 los ingleses seguían felicitándose por el destino de la Invencible como si hubiese sido un milagro divino. Incluso se reciclaba a veces la retórica bíblica de los propagandistas del siglo XVI: Inglaterra era David venciendo al gigante Felipe II, o un nuevo pueblo de Israel, liberándose del yugo egipcio de la casa de Austria. Pero los auténticos daviditos éramos los historiadores que en 1988 nos dedicamos a socavar el mito y convencer a los británicos de que casi todo lo que habían aprendido de la Armada en sus colegios era falso. Queríamos explicarles que antes de tropezarse con un huracán en el viaje de vuelta, los españoles sufrieron pocas bajas; que, por haber realizado un triunfo logísitico, manteniendo una armada inmensa lejos de casa, mostraron cierta proeza; y que en la opinión de casi todos, incluso los líderes ingleses, Inglaterra hubiera sido vulnerable a una invasión si el viento hubiese favorecido a los invasores. En casi todos los demás encuentros por mar entre ingleses y españoles, antes de que se terminase la guerra en 1604, ganaron los últimos. Aún lanzaron más armadas contra Inglaterra, aunque los vientos contrarios frustraron a todas.
Al cabo del debate de aquel año de 1988, por el peso de las pruebas históricas, las versiones míticas quedaron casi descartadas en ambos países. En España, para los liberales decimonónicos la Invencible se veía como la prueba de que las guerras y los imperios nos han llevado a desastres. Los nacionales la citaban como ejemplo de que España cumple con su destino sacrificándose y derramando sangre por ideales religiosos. Hoy en día, ya no hay quien crea tal cosa. En cambio, tenemos que reconocer que el rumbo de la historia del país se cambió con el fracaso de la Invencible. En el naufragio de la galeaza Girona, que se quebró con gran pérdida de vidas en las rocas del noroeste de Irlanda en octubre de 1588, perecieron los individuos más nobles y cumplidos de la juventud dorada de España -la caballería que hubiera sido capaz, tal vez, de realizar los sueños de un Quijote-. Sin esa generación prometedora, el siglo XVII resultó trabajoso y decadente.
Así que Anthony Oakeshott puede disponer de plena libertad artística. No hace falta que se distraiga intentando desmitificar la propaganda del XVI, ni el afán patriota del los lores del siglo XIX. Gracias a las investigaciones y debates que rodeaban los actos conmemorativos en 1988, todos somos conscientes de que las falsedades respetables eran parte de la contextura vital de aquellos tiempos, pero que no reflejan ni la realidad histórica ni las percepciones actuales que tenemos, españoles e ingleses, unos de otros. Cuando Oakeshott acabe su trabajo, y sus cuadros se cuelguen en presencia de la reina y del embajador español, no se desvelará el triunfo de Inglaterra sobre España, sino el de la historia sobre el mito, y el de la amistad actual de ambos pueblos sobre su pasado conflictivo.

La Socialdemocracia

¿La socialdemocracia como fin de la historia?/Domènec Ruiz Devesa, economista y ex consultor del Banco Mundial
Publicado en EL PAÍS (www.elpais.com), 03/02/04;
Hace casi 20 años Francis Fukuyama escribió, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín, un ensayo sobre el fin de la historia en la revista estadounidense The National Interest, artículo que posteriormente se convertiría en libro. El argumento básico era el siguiente: con el proceso de reforma lanzado por Mijail Gorbachov en la Unión Soviética, conocido como perestroika, el gran rival del mundo atlántico desaparecía y, por tanto, cesaba la lucha ideológica con la victoria incondicional del capitalismo y la democracia liberal. Fukuyama, además, examinaba el potencial de otras ideologías como el fundamentalismo religioso o el nacionalismo, concluyendo que nunca podrían convertirse en auténticas alternativas a la democracia liberal capitalista, si bien no iban a desaparecer.
La idea de Fukuyama era sugerente y, desde luego, fue oportuna en aquel momento histórico. La propuesta también generó fuertes críticas, algunas infundadas por malinterpretar el mensaje original. La más típica es la que consideraba la tesis del fin de la historia como la ausencia de eventos históricos de importancia, algo que Fukuyama rechazó expresamente en su ensayo.
Otra crítica, algo más elaborada, proveniente del recientemente desaparecido Samuel Huntington, consideraba que la lucha ideológica secular pasaría a ser religiosa o étnica, con la famosa tesis del choque de civilizaciones. Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 confirmaron para muchos la validez de esta tesis. Con todo, y a pesar de que el fundamentalismo islámico supone una amenaza importante, Fukuyama ya dijo en su escrito de 1989 que esta ideología no es una opción atractiva, a diferencia del comunismo durante la guerra fría, más allá de los Estados de mayoría musulmana (o entre colectividades musulmanas en países no musulmanes), donde además sólo una minoría comparte sus postulados. En este sentido, esta ideología no es realmente una alternativa viable a la democracia liberal, ni se puede argumentar que es un estado superior en la evolución ideológica, de las ideas, más bien al contrario, supondría una regresión.
No obstante, la tesis original de Fukuyama sí que debe ser corregida al menos en un aspecto fundamental, si se quiere que mantenga un cierto poder explicativo de la realidad, sobre todo a la luz de los acontecimientos derivados de la crisis financiera mundial iniciada en julio de 2007 en Estados Unidos, y aun antes, por el fracaso de las políticas neoliberales en América Latina y África.
Fukuyama consideró que la victoria de la democracia liberal sobre el comunismo soviético resolvía los problemas socioeconómicos dentro de las sociedades occidentales y en los países en vías de desarrollo. Declaró, además, expresamente, que ya no había contradicción entre capital y trabajo, y obvió en todo caso las importantes diferencias entre el capitalismo estadounidense y el europeo continental, y las diferentes culturas políticas que subyacen a las decisiones de política económica a uno y otro lado del Atlántico.
Es cierto que la democracia liberal es el elemento común y definitorio de los países occidentales. Sin embargo, al obviar la importancia de las democracias sociales de Europa occidental, que completan el paradigma del Estado liberal, tal y como nos enseñaban Norberto Bobbio y Gregorio Peces-Barba, entre otros, se acaba poniendo al capitalismo a la americana como el paradigma de ese proclamado fin de la historia. Más aún, no se tiene en cuenta la tensión permanente entre Estado y mercado que existe en el seno de las democracias liberales, y las opciones políticas que la animan, y que debemos reconocer como neoliberalismo y socialdemocracia. Palabra esta última que está conociendo un renovado vigor a la luz del desconcierto generado por la crisis financiera.
En pocas palabras, podemos decir que la socialdemocracia es la ideología que, a diferencia del liberalismo clásico, persigue la igualdad real sobre la formal y que opera de acuerdo con el principio de la prevalencia de la política democrática sobre la economía, tal y como señala Sheri Berman. En el paradigma socialdemócrata, el sistema de mercado existe (a diferencia de lo que sucedía en la Unión Soviética), pero opera dentro de las reglas que fija el poder político, lo que incluye al Estado de bienestar, hasta hace unos años tan denostado por insostenible por los publicistas neoliberales.
En este sentido, cabe considerar al neoliberalismo, que inicia su auge como paradigma político cultural dominante en la década de los setenta, como una desviación temporal en esa evolución ideológica de impronta hegeliana que proponía Fukuyama, ya que pretende volver a un estado anterior de la humanidad, el del laissez-faire, donde la economía prevalece sobre la política, y donde no hay posibilidad de pacto entre el capital y el trabajo, ya que el primero debe prevalecer, sin ambages, sobre el segundo.
Esto no significa que el neoliberalismo no haya aportado nada bueno a la historia de las ideas, pues ciertamente las políticas keynesianas tradicionales necesitaban algunos ajustes y correcciones, en particular en lo relativo al uso excesivo de políticas monetarias procíclicas para alcanzar el pleno empleo, especialmente durante la década de los sesenta en los Estados Unidos y en el Reino Unido, donde por cierto, la tradición socialdemócrata ha sido históricamente más débil. Este error, en particular, generó una espiral inflacionaria, la quiebra de la política de rentas y del pacto entre el capital y el trabajo y, finalmente, el ascenso de la ideología neoliberal. Con todo, el neoliberalismo no se contentó con devolver cierta racionalidad a la política monetaria. Su agenda, como hemos visto, iba mucho más lejos. Animada por un individualismo descarnado buscó, y en parte logró, bajo los Gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, la privatización de sectores económicos estratégicos y de determinados servicios públicos. Pero, sobre todo, se desregularon los mercados de trabajo nacionales y los flujos financieros internacionales, con las consecuencias que hoy conocemos: mayores desigualdades, menor crecimiento económico y hasta colapso financiero. Peor aún, el paradigma neoliberal alcanzó en el discurso público lo que Antonio Gramsci denominaba “hegemonía cultural”, llevando a que incluso la izquierda adoptara el lenguaje del adversario. De este modo, el debate político de las últimas décadas se ha ceñido a determinados parámetros y términos fundamentales de la agenda neoliberal, dentro de los cuales conceptos como flexibilidad laboral, competitividad o reformas estructurales funcionaban como polos en torno a los que giraban las discusiones de las políticas públicas.
El reto para la socialdemocracia, en un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, consiste en alcanzar grados de integración y cooperación política entre los países que permitan la recuperación del equilibrio entre Estado y mercado. El momento histórico es propicio. Aunque el carácter asimétrico de la globalización, escorada hacia lo económico (y sobre todo hacia lo financiero, con la libertad de movimiento de capitales), no sugiere que la socialdemocracia sea el fin de la historia, resulta difícil afirmar que los últimos 30 años de neoliberalismo constituyen el ideal al que aspirará la mayoría de la humanidad.
La crisis financiera mundial quizás ponga de relieve lo que ya era, en realidad, evidente: el fracaso de la ideología neoliberal tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo, y la urgente necesidad de recuperar el paradigma socialdemócrata en el discurso público.

¿Como va el tema Atotzinapa?

 De acuerdo con la información publicada por la reportera Liliana Estevez en Milenio, a 12 años de la desaparición de los 43 normalistas de ...