Un error de la fiscalía y de un medio quererlo involucrar perversamente en un asunto de pederastia. No se vale.
José Alfredo López Guillén párroco del templo La Santísima Trinidad, de Janamuato, Michoacán fue secuestrado el lunes 19 de septiembre de la casa parroquial. Días después apareció muerto por arma de fuego, y al igual que los sacerdotes de Poza Rica también lo abandonaron a orillas de la carretera, pero en esos días hubo información que contaminó la investigación y dejó daños que a veces son irreparables.
Con esos decesos suman 15 los sacerdotes católicos asesinados en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto; treinta y uno si sumamos las cifras desde 2006; los estados más peligrosos para ejercer el oficio sacerdotal son Veracruz, Guerrero, Michoacán y Estado de México.
El clérigo michoacano fue secuestrado apenas un día después de los hechos lamentables de Poza Rica, Veracruz donde también asesinaron dos clérigos, los motivos son aparentemente los mismos, robo simple, en esta ocasión habría sido robado una camioneta marca Chevrolet, tipo Tornado, y un automóvil Volkswagen, tipo Jetta.
Dos días después, el miércoles 22 de septiembre la arquidiócesis de Morelia emitió un urgente comunicado firmado por el cardenal y arzobispo de Morelia, Alberto Cardenal Suárez Inda donde suplica “se respete la vida e integridad personal del sacerdote para que pueda cuanto antes reincorporarse a su labor pastoral”.
Además del comunicado el cardenal lanzó un video en Youtube, donde se une “en oración por sus familiares y feligreses que viven este momento de angustia”. Y pide “a Dios por la paz, por el respeto a la vida, por la conversión de quienes se dedican a hacer el mal”.


