10 jun 2007

La lucha por el secularismo

La lucha por el secularismo, entonces y ahora/Raphaël Hadas-Lebel, Presidente de la Cámara Social del Consejo de Estado y profesor asociado en el Instituto de Estudios Políticos de París.
Resulta una extraña ironía que Francia se prepare para celebrar el centenario de la ley del 9 de diciembre de 1905, que separó la Iglesia del Estado, en el preciso momento en que unos disturbios han conmocionado sus ciudades, pero a lo largo de toda la historia de Francia las pasiones siempre han rodeado los papeles desempeñados por la Iglesia y el Estado, aun cuando no se pueda establecer una vinculación directa entre los disturbios recientes y el ejercicio de la laicidad francesa.
La lucha entre la Iglesia y el Estado por el dominio político se remonta a la Edad Media, cuando los juristas de Felipe el Hermoso impusieron el poder real sobre la Iglesia Católica Romana en Francia. Siglos después, la Revolución Francesa ofreció libertad de conciencia y de religión en toda Francia.
El feroz anticlericalismo del período revolucionario dio paso a unas relaciones Iglesia-Estado más equilibradas mediante el Concordato acordado en 1801 entre Napoleón y el Papa Pío VII, acuerdo que se sigue aplicando en la actualidad en Alsacia y en algunas partes de Lorena.
A lo largo de todo el siglo XIX, el papel público del catolicismo originó luchas crueles entre los partidarios del clero y sus oponentes, que reflejaban un conflicto más esencial entre los partidarios de la República y quienes abogaban por un regreso al orden antiguo. A partir de 1880, a medida que la República fue arraigando, surgió una ideología secular encaminada a emancipar las instituciones estatales –el sistema educativo, por encima de todo– de la influencia clerical.
La secularización de la escuela y después la lucha contra las congregaciones religiosas estuvieron marcadas por batallas apasionadas. Con el estallido del caso Dreyfus, la cuestión religiosa apareció con mayor claridad que nunca como una importante cuestión política.
De modo que la ley de 1905, considerada por muchos el texto fundacional del secularismo francés, fue la culminación de un largo proceso histórico. Aunque puede parecer una declaración de guerra a la religión, en muchos sentidos su objetivo principal era el apaciguamiento. Su primer artículo declara que la República reconoce la libertad de conciencia y "garantiza la libre práctica del culto con las únicas restricciones (…) impuestas (…) por la necesidad de mantener el orden público". Su artículo segundo específica que "la República no reconoce, sufraga ni subvenciona culto alguno".
Así, pues, el Estado garantiza la libertad de culto, pero no se inmiscuye en el funcionamiento de los diferentes organismos religiosos. El Tribunal Supremo de Francia, llamado Consejo de Estado, ha consagrado este principio fundamental: las restricciones a la fe para proteger el orden público son legítimas, pero no deben impedir a las personas practicar su culto. De modo que la ley de 1905, que estableció el proceso de mantenimiento de un estado secular denominado laicidad, refleja un equilibrio entre dos fines: el rechazo del control estatal de la religión y el rechazo de la ocupación del Estado por la religión.
Francia es el único país europeo que proclama su carácter secular en su constitución, mientras que la Ley Fundamental de Alemania hace referencia a Dios y la Constitución irlandesa a la Santísima Trinidad. Las relaciones Iglesia-Estado en toda Europa son extraordinariamente diversas. Algunos países tienen una Iglesia estatal (Reino Unido, Dinamarca, Finlandia, Grecia), otros, como Francia, afirman su secularismo y otros combinan la separación de Iglesia y Estado con un trato especial a ciertas confesiones (España, Italia, Irlanda, Suecia y Portugal) u ofrecen ese reconocimiento (Alemania, Bélgica, Austria, Luxemburgo), pero, en realidad, los países de la UE tienen más en común de lo que se puede inferir a partir de sus diferencias.
En los últimos años, se ha puesto cada vez más en tela de juicio la concepción francesa de un Estado secular por la influencia en aumento del Islam, que ahora es la segunda religión de Francia, al menos por el número de adeptos. Para ayudar al Islam a encontrar su lugar entre las religiones de Francia, el Estado alentó la creación de un organismo que representara a todos las comunidades musulmanas francesas. Durante el último decenio, el debate sobre la prohibición del velo a las estudiantes musulmanas provocó una nueva ronda de controversia sobre el significado de la laicidad. Una mayoría de los profesores franceses consideraba que la decisión de llevar velo formaba parte de un movimiento organizado y encaminado a poner en tela de juicio la neutralidad religiosa de las escuelas… e incluso impugnar, como hizo la Iglesia Católica Romana hace siglos, los principios mismos de la Ilustración. Esa aparente provocación fue lo que movió a los legisladores a actuar, pues temieron una división comunitaria dentro del sistema educativo. Después de dos años de experimentación, esa renovada declaración de la primacía de la laicidad en Francia parece un éxito indiscutible.
Más recientemente, se han renovado las peticiones de renovación de la ley de 1905 con el fin de resolver algunas dificultades concretas, como, por ejemplo, la de cómo financiar la construcción de mezquitas musulmanas. La proclividad de Francia hacia la política sumamente ideológica no ha hecho sino agravar un debate ya polarizado.
Así, pues, una vez más mucho está en juego en ese debate. La ley de 1905 señaló una transacción sobre una batalla divisoria que no se debe volver a reñir. Una nueva guerra religiosa está fuera de lugar en Francia. De hecho, si se lo compara con la situación existente en otros países democráticos, el secularismo oficial ya no parece ser simplemente otra excepción francesa. Al contrario, el secularismo –sea cual fuere su marco jurídico particular– y la democracia están entrelazados. Así deben seguir.

La frontera del crimen

REPORTAJE de Francesc Relea para el periódico El País, 10/06/2007
La frontera del crimen
El tráfico de drogas y armas confluye con la emigración ilegal en el explosivo Estado mexicano de Sonora. En un enfrentamiento entre 'narcos' murieron 16 sicarios, cinco agentes y tres civiles
FRANCESC RELEA - Cananea - 10/06/2007
"Tengo la sensación de que esto no ha terminado", sospecha María Cristina Berny de Castro, directora del Museo de Cananea, en el norte de México. El alcalde, Luis Carlos Cha, vaticina que pasará mucho tiempo hasta que la ciudadanía recupere la confianza: "Todo puede ocurrir a partir de ahora". Un policía municipal admite abiertamente: "No tengo miedo, pero sé que corro peligro". Los habitantes de este pueblo minero de 20.000 habitantes no olvidarán fácilmente la pesadilla de hace tres semanas, cuando un comando de sicarios del narcotráfico irrumpió de noche, se adueñó de las calles y sembró el terror durante varias horas. En su huida se llevaron secuestrados a cinco policías, que fueron asesinados, y algunos civiles. El convoy siniestro fue interceptado al día siguiente en la sierra de Sonora, donde se desencadenó una balacera interminable.
15 agentes locales de Cananea pidieron la baja tras el último golpe del crimen organizado
"Cuídate mucho porque parece que van por los periodistas", advirtieron a Ruiz
El enfrentamiento dejó 16 sicarios muertos y 17 capturados y cinco agentes y tres civiles ejecutados. Según el alcalde, "el ataque fue una respuesta al trabajo del presidente Felipe Calderón", que ha ordenado una ofensiva contra el narcotráfico en varios Estados de México. El edil ha solicitado al Gobierno el envío de policías federales y militares "porque la Policía Municipal no está preparada para atacar el problema". Una quincena de agentes locales de Cananea pidió la baja después del último zarpazo del crimen organizado.
Jesús Renato Serrano, padre de tres hijos, era el encargado del Grupo Operativo de la Policía Municipal de Cananea. Estaba en su casa la noche del ataque. Cuenta que llegaron unos 70 hombres, con uniformes militares de camuflaje y de color negro como los de la Agencia Federal de Investigación (AFI), armados hasta los dientes y a bordo de una veintena de camionetas, algunas de ellas blindadas.
En cuestión de minutos se convirtieron en los amos y señores de la ciudad. Cortaron las líneas telefónicas de la Policía Municipal y de la Federal, instalaron controles en las calles para revisar los vehículos, entraron en casas y secuestraron a varias personas. Entre las víctimas había dos vendedores de cocaína que solían recorrer la ciudad en un vehículo conocido popularmente como "el carrito feliz". Nunca más se supo de ellos.
Durante horas, nadie se interpuso en el camino del convoy, ni en la ciudad ni en las carreteras del Estado de Sonora. Ninguna autoridad ha sido capaz de dar una explicación convincente del porqué de la ausencia de fuerzas de seguridad para detener el avance del convoy criminal. ¿Dónde estaban los distintos cuerpos policiales? ¿Y el Ejército, que tiene desplegados puestos de control en diversas carreteras?
La columna de sicarios fue descubierta al día siguiente, 12 horas después de su irrupción en Cananea y a más de 100 kilómetros de distancia, cuando avanzaba por una quebrada de la sierra San Antonio. Los fugitivos se habían perdido en una zona conocida como Baimpa, y buscaban desesperadamente un escondite, aparentemente un rancho del narcotraficante más buscado de Sonora, Francisco Hernández García, alias El Dos Mil, que, según la policía, es "el jefe de la plaza".
Decenas de vehículos policiales rodearon la zona y comenzó el tiroteo. "Los cazaron como conejos", explica Cronopio Bernal Copillo, vecino de Arizpe. "Huían a pie monte arriba y dejaron abandonados carros preciosos, nuevecitos nomás". Últimos modelos de Jeep Grand Cherokee, Chevrolet Silverado, Ford Lobo, Jeep Commander, Lincoln Navigator... "Todos tenían muchos impactos de bala. Las puertas estaban hechas gelatina", comenta Copillo. En el interior de los vehículos y en un radio de varios kilómetros a la redonda quedó esparcido un arsenal de armas largas y cortas.
Un recorrido por las vaguadas del arroyo Baimpa permite descubrir diversas huellas del enfrentamiento. Manchas de sangre seca, trazos de cuerpos que fueron arrastrados y, oculta entre la maleza, una casaca de camuflaje fabricada en Honduras con los bolsillos repletos de casquillos de bala. Fuentes policiales aseguran que varios de los sicarios muertos eran antiguos miembros del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales del Ejército mexicano.
"A los muertos los cargaban como leña, y a los que capturaron les ponían suero porque estaban deshidratados", recuerda Copillo. Trescientos policías y soldados peinaron durante varios días las montañas en busca de los que consiguieron escapar. Algunas voces insinúan que siguen ocultos en pueblos y ranchos.
La pregunta está en boca de muchos lugareños: ¿Volverán por la revancha? Seis días después del enfrentamiento, el miedo se apoderó de nuevo de los habitantes de Cananea. Una llamada anónima advirtió de que se acercaba un convoy con sed de venganza, "van a matar a más policías". El alcalde dio el aviso por radio. Madres aterrorizadas se agolparon en las escuelas en busca de sus hijos, los comercios cerraron las puertas y en cuestión de minutos las calles quedaron desiertas. La alarma se extendió a las localidades fronterizas de Naco y Agua Prieta, y las autoridades decretaron el toque de queda. El periodista Juan Carlos Ruiz, del diario Nuevo Día de Agua Prieta, arrancó a toda velocidad rumbo a Cananea. Una compañera, recuerda, le llamó por el móvil y le dijo: "Cuídate mucho porque parece que van por los periodistas".
El tráfico de drogas y de personas discurre en el Estado de Sonora por caminos paralelos que a veces se entrecruzan. Localidades como Cananea, Agua Prieta y Naco son tierra de paso de miles de emigrantes ilegales hacia Estados Unidos y zonas en disputa de bandas de narcotraficantes. El cartel de Sinaloa, que dirige Joaquín El Chapo Guzmán, controlaba el negocio sin problemas hasta la irrupción en Sonora del cartel del Golfo, de Osiel Cárdenas (extraditado a EE UU).
El tráfico de drogas y la emigración ilegal hacia el vecino del norte se complementan con el contrabando de armas que ingresan ilegalmente a México procedentes de EE UU con destino a la delincuencia organizada. Así se cierra el círculo de un negocio tan rentable como criminal.

La Joya de los Martínez, Sinaloa

Comunicado de la CNDH; CGCP/083/07
México, D. F., a 8 de junio de 2007
Con motivo de la queja interpuesta ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por los hechos ocurridos en la comunidad de La Joya de los Martínez, en el municipio de Sinaloa de Leyva, estado de Sinaloa y como parte de sus investigaciones se informa que este organismo nacional solicitó a la Dirección General de Justicia Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), explicar la situación de los elementos militares involucrados, si se inició alguna averiguación previa en el fuero militar y, en tal caso, el delito o delitos que se investigan, así como información acerca de la identidad con nombres y cargos de los presuntos responsables, las diligencias realizadas hasta el momento y otros aspectos indispensables para esclarecer por completo lo ocurrido.
La CNDH, considera, asimismo, que todas las autoridades incluidas las militares deben informar con suficiencia a la ciudadanía acerca de los procedimientos utilizados en carreteras y caminos por el personal que efectúa revisiones, incluso sorpresivas, de vehículos y personas al amparo de la campaña permanente contra el narcotráfico y la aplicación de la ley federal de armas de fuego y explosivos. Estas medidas de información a la ciudadanía deben comprender la descripción de los avisos y cualquier otro tipo de señalización preventiva, los procedimientos habituales de una inspección y los que deben seguirse, eventualmente, para la remisión de personas y objetos, y puesta a disposición de la autoridad ministerial correspondiente.
Como parte del procedimiento para conocer y determinar las violaciones de derechos fundamentales en contra de las personas fallecidas y heridas en las inmediaciones de la comunidad de La Joya de los Martínez, el personal de la CNDH realizó también una inspección ocular en el lugar de los hechos, donde recabó diversas evidencias, entre éstas cinco cartuchos y 12 casquillos, así como una jeringa hipodérmica que serán sometidas a exámenes de laboratorio. Se requirió también a la Sedena la copia certificada de los resultados de los exámenes de laboratorio realizados a los elementos involucrados, relativos a alcoholemia cuantificada y panel de drogas en sangre y orina, ya que al personal actuante de la CNDH no le fue permitido realizar directamente dichos exámenes.
Se solicitó asimismo a la autoridad militar informar sobre los fundamentos y motivos, normatividad y/o directivas que facultaron a implementar, sin aviso alguno, en la noche y en condiciones de poca visibilidad un retén o puesto de revisión en el lugar de los hechos, y a remitir copia certificada de la orden de operaciones para tales efectos por parte del superior jerárquico del personal que intervino en los hechos, en las inmediaciones de la comunidad de La Joya de los Martínez, Sinaloa.
El personal de la CNDH ha elaborado actas circunstanciadas, cuenta con fotografías y videograbaciones de entrevistas con familiares y personas que colaboraron en el traslado de los cadáveres y en el rescate, auxilio y traslado de las personas lesionadas, que serán integradas al expediente.
De acuerdo con el testimonio del conductor de la camioneta, Adán Abel Esparza Parra, no era visible ningún tipo de retén, ni señalización alguna con la cual se indicara a él o a otros conductores que había que detenerse. Dijo que simplemente desde la oscuridad le gritaron “¡alto!”, al tiempo que recibía disparos de armas de fuego.
La prueba de rodizonato de sodio que practicó la Procuraduría General de la República en las manos de las personas fallecidas y heridas, resultó negativa. Dicha prueba no se pudo aplicar al señor Esparza Parra debido a las lesiones sufridas. En cuanto al resultado de la prueba de Walker en ropas de quienes perdieron la vida, también realizada por la PGR, se encontraron en dos casos ropas sin orificios y en otros dos se hallaron orificios negativos –-indicativos de que los disparos no fueron realizados a corta distancia— en blusa y pantalón.
Con base en los elementos con que se cuenta hasta este momento, esta Comisión Nacional establece que las personas fallecidas y lesionadas no dispararon armas de fuego de ningún tipo.
Esta Comisión Nacional también solicitó informes a la Procuraduría General de la República, Secretaría General de Gobierno del Estado de Sinaloa, Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa, Hospital General de Culiacán, Comisión Estatal de Derechos Humanos de Sinaloa y Cruz Roja Mexicana.
Tres visitadores adjuntos y un perito médico permanecen en Sinaloa y realizan diversas diligencias. Una vez integrado el expediente de queja y tras el análisis y valoración del conjunto de las evidencias, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitirá la resolución que conforme a derecho corresponda.
CNDH, ORGANISMO PUBLICO AUTONOMO www.cndh.org.mx
REPORTAJE DE PROCESO
Y los soldados no dejaban de disparar.../Rodrigo Vera
Revista Proceso, 1597, 10/06/2007
El viernes 1 de junio fue fatídico para Adán Esparza Parra y su familia. Cuando regresaban a su casa, por la noche, unos 20 soldados emergieron repentinamente de la oscuridad y, sin más, comenzaron a dispararle a la pick up en que viajaban por una brecha en la sierra de Sinaloa. Herido en un brazo, Adán bajó de la camioneta y pidió tregua. Fue inútil: las ráfagas continuaron...
CULIACÁN, SIN.- “¡No tiren!... ¡No disparen!... ¡Traigo mujeres y niños!”, gritaba angustiado Adán Esparza Parra a los soldados que, de pronto, en la oscuridad de la noche, salieron del bosque y empezaron a lanzar ráfagas contra su camioneta Ford pick up, en la que viajaban él y su familia.
Los militares no le hicieron caso. Seguían disparando sus potentes armas largas, al parecer fusiles M-16. Una bala destrozó el parabrisas y le pegó a Adán en el brazo derecho. El joven dejó el volante. Salió sangrando del vehículo al empinado camino de terracería. Se sostuvo en pie. Y en señal de paz levantó su brazo sano para que dejaran de dispararle.
Frente a él, a muy corta distancia, distinguía las borrosas siluetas de los soldados… y los chispazos de fuego que no cesaban.
–¡Ya no tiren! ¡Traigo niños conmigo! –insistía. Otro proyectil le destrozó su brazo izquierdo y lo tumbó al suelo.
El propio Adán –en el cuarto de hospital donde hoy convalece– continúa el relato con voz decaída y lenta:
“En esa parte del camino no había ningún retén militar. Los soldados salieron de repente. Detuve la camioneta porque vi moverse la luz de una lámpara de mano que ellos llevaban, como haciéndome señas. De inmediato comenzaron a disparar. Les grité que traía mujeres y niños.”
–¿Distinguió cuántos soldados eran?
–No. Era muy difícil saberlo. Lo que alcancé a ver fue dos vehículos Hummer, estacionados, con las luces apagadas. Me imagino que serían dos comandos de soldados. No lo sé.
Al caer herido al piso –cuenta–, vio que su pick up se deslizaba, con su familia a bordo, hacia un pequeño barranco situado al borde del camino.
“Me arrastré como pude intentando alcanzar la camioneta. Les grité a los soldados que me ayudaran a detenerla. Les pedía auxilio. Ellos no hacían nada. Sólo observaban. Y la pick up cayó al barranco.”
La baleada Ford de color rojo rodó a unos siete metros de profundidad. Quedó con las llantas hacia arriba, entre la seca hojarasca y los pinares del bosque. En ella viajaban la esposa de Adán, Griselda Galaviz Barraza, de 25 años, y los tres hijos del matrimonio: la niña Grisel, de cinco años; Edwin, de siete; y Juana, de apenas dos años.
Iba también la hermana de Adán, la joven profesora rural Alicia Esparza. Y un sobrino de siete años, Josué Carrillo. Los acompañaba otra profesora, Teresa Flores Sánchez.
Ocho ocupantes en total viajaban en la camioneta. Con excepción de Adán –un campesino de 29 años, quien iba al volante–, los demás eran mujeres y niños.
Pobladores todos ellos de las pequeñas rancherías serranas del municipio de Sinaloa de Leyva, situado en los linderos con Chihuahua. Puros caseríos de adobe dispersos en esas alturas de pinares y encinos.
Y de repente, los disparos
Era viernes 1 de junio. Por la mañana, la familia había salido de la comunidad de La Joya de los Martínez –donde reside Adán– rumbo a Ocuragui, pues ahí las dos jóvenes profesoras rurales fueron a presentar un informe a las oficinas de la Comisión Nacional de Fomento Educativo (Conafe). Aprovecharon para comprar mercancía y visitar a la parentela de allá.
De regreso a La Joya, ya oscuro, a eso de las nueve de la noche, fue cuando aparecieron repentinamente los militares en el camino y empezaron a dispararles, derrumbando a Adán, quien batido en polvo y sangre se arrastraba en el suelo, intentando accionar su radio para pedir auxilio a sus hermanos y vecinos.
“Yo traía mi radio y lo aplastaba con las piernas y con la boca. Finalmente pude comunicarme. Luego vi que llegaron a auxiliarme mis hermanos y mis vecinos”, cuenta.
Moisés y Eligio –hermanos de Adán– llegaron rápidamente al lugar, acompañados por un grupo de lugareños.
Relata Eligio:
“Lo primero que vimos fue a mi cuñada Griselda muerta, también a su hija Grisel. Acribilladas por los soldados. Éstos eran unos 20. Se movían de un lado a otro. Tenían dos Hummer estacionadas. ‘¿Por qué les dispararon?’, les preguntamos. Uno de ellos nos contestó: ‘Un niño que venía arriba en la camioneta fue el primero que nos abrió fuego’. Les dijimos que eso era una vil mentira, pues nadie llevaba armas y nosotros somos gente de paz.
“Empezamos a recoger a los seis heridos, entre ellos mi hermano Adán. Todos estaban desangrándose por las balas. Urgía llevarlos a un hospital. Los envolvimos en cobijas y los metimos a tres camionetas para llevarlos a algún hospital de Culiacán, que está a cinco horas de camino.”
–¿Los soldados les dieron auxilio?
–No. Sólo nos dijeron que iban a llamar a un helicóptero, que lo esperáramos en la comunidad de Los Alamillos. Ahí recogería a los heridos. Otra mentira más. En Los Alamillos había más soldados. Durante dos horas esperamos al helicóptero, que nunca llegó. Seguimos nuestro camino.
“Más adelante, en El Tigrito, nos para un convoy militar. Eran varios soldados que iban en tres Hummer y una Dodge Ram. ‘Déjennos pasar, llevamos gente herida’, les suplicamos. Pero no nos hicieron caso y nos sometieron a una revisión que duró casi una hora. A partir de ahí nos escoltó una Hummer repleta de soldados.
“En Surutato nos retuvo otro convoy. Luego otro más en Los Tepehuajes. Aquí ya era un camión de esos grandotes del Ejército. La cosa es que nos iban detiene y detiene. Mientras que los heridos iban desangrándose. Les poníamos trapos para detener las hemorragias.”
Fue en la comunidad llamada Sitio de Arriba –platica Eligio– cuando por fin aparecieron dos ambulancias, en las que subieron a los heridos.
“Ahí un médico los examinó. Y nos dijo que en el camino habían muerto mi hermana Alicia y mis sobrinos Edwin y Juana, los otros dos hijos de Adán. Yo en el camino ya sospechaba que mi sobrinita Juana estaba muerta, porque la sentía rígida y fría. Quizá no hubieran muerto si los hubieran atendido a tiempo”, se lamenta Eligio.
–¿Cuánto tiempo tardaron en llegar al hospital?
–Llegamos casi a las seis de la mañana del sábado. Tardamos como nueve horas en llegar. El Ejército nos estuvo bloqueando el paso.
Así, cinco fueron los muertos. Y al Hospital General de Culiacán sólo llegaron con vida Adán, su sobrino Josué Carrillo y la profesora Teresa Flores.
El director del nosocomio, David Rubio Payán, señala que “todos llegaron heridos de bala”. A Teresa –con el tórax derecho perforado– se le envió a terapia intensiva y se le puso un respirador artificial. El niño Josué “fue herido de proyectil en el glúteo derecho”. Mientras que Adán tiene destrozados los antebrazos y está en cirugía plástica y reconstructiva.
–¿Saldrán todos con vida?
–Sí. La evolución ha sido satisfactoria. Inclusive, les estamos dando apoyo psicológico.
Con los brazos vendados y una gasa cubriéndole el ojo derecho, Adán convalece en el área de traumatología. Deshecho psicológicamente porque, en un instante, el Ejército le acribilló a su esposa, a sus tres hijos y a su hermana. Ni siquiera pudo asistir al sepelio.
“Que se haga justicia. Que se repare todo el daño que se nos hizo. Qué otra cosa puedo pedir”, balbucea en su cama.
Dudas razonables
El lunes 4, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) informó que ya fueron consignados 19 soldados –tres oficiales y 16 elementos de tropa– como presuntos responsables de los crímenes. Estos militares pertenecen, dijo, al 24 Regimiento de Caballería Motorizado.
A través de un boletín, agregó que los soldados fueron internados en la prisión militar de Mazatlán, donde quedaron a disposición del Juzgado Militar adscrito a la Tercera Región Militar.
Señala el boletín:
“La Procuraduría General de Justicia Militar integró y determinó una averiguación previa, en estrecha coordinación con las autoridades civiles, acreditando la existencia de elementos que hacen probable la responsabilidad de dicho personal del delito de violencia contra las personas.”
La Sedena removió incluso al general Arturo Olguín Hernández, comandante de la Novena Zona Militar, circunscripción en la que ocurrieron los hechos. Fue sustituido por Rolando Eugenio Hidalgo Eddi.
Por su parte, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) está investigando el caso a través de tres visitadores adjuntos y un perito médico que permanecen en Sinaloa. El viernes 8, el organismo informó en un boletín que, de acuerdo con sus pesquisas, “las personas fallecidas y lesionadas no dispararon armas de fuego de ningún tipo”.
Así mismo, la CNDH pidió a la Sedena “información acerca de la identidad con nombres y cargos de los presuntos responsables”; también sobre las “diligencias realizadas hasta el momento” por la justicia militar, con el fin de “esclarecer por completo lo ocurrido”.
En el lugar de la masacre, la CNDH asegura que encontró “cinco cartuchos y 12 casquillos, así como una jeringa hipodérmica”. Por lo que le pide a la Sedena los resultados de los exámenes de laboratorio aplicados a los 19 soldados, “relativos a alcoholemia cuantificada y panel de drogas en sangre y orina, ya que al personal actuante de la CNDH no le fue permitido realizar directamente dichos exámenes”.
Víctimas de la militarización
Algunos luchadores sociales de Sinaloa, como Óscar Loza y Federico Sauceda, también suponen que los militares asesinos actuaron bajo el influjo de la droga o el alcohol:
“¡Caray!, esos soldados estaban al lado de un camino, por donde obviamente pasan vehículos. No es posible que hayan disparado en su sano juicio… Quizá el efecto de alguna droga o del alcohol los llevó a matar a la familia. No encuentro otra explicación razonable”, señala Sauceda, presidente de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa.
Óscar Loza –cuyo período al frente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos concluyó la semana pasada– señala que “las comunidades serranas ya se venían quejando porque los soldados, en estado de ebriedad, solían disparar sus armas. Los acusaron incluso de haber incendiado una de las lomas de por ahí”.
Al igual que la CNDH, Loza y Sauceda exigen que se den a conocer los nombres de los 19 soldados detenidos, pues de lo contrario no resultará confiable la investigación de la Procuraduría Militar. Es más, indican que es la justicia civil la que debe investigar el caso, ya que la militar se convierte en “juez y parte”.
¿La Procuraduría General de la República (PGR) abrió ya una averiguación previa? ¿Quién la está integrando? ¿La PGR llamará a declarar a los 19 soldados? No se sabe.
El delegado de la PGR en Sinaloa, Miguel Ángel Campos Ortiz, ha guardado el más completo hermetismo.
Ni siquiera recogió la camioneta Ford, placas TW 48927, que sigue tirada en el barranco. A varios días del crimen, en el escenario siguen todavía esparcidos los zapatitos ensangrentados de los niños, una caja de cartón que contiene frutas y papeles con material didáctico que pertenecía a las maestras.
Óscar Loza indica que el vehículo tiene siete impactos de bala en el parabrisas, y otros 17 en el costado derecho. Los medios locales especulan que los disparos fueron con rifles M-16.
Dice Sauceda:
“A la PGR le corresponde investigar, porque las víctimas fueron civiles. Pero si no recogió el vehículo para practicarle las diligencias de rigor, pues menos va a llamar a declarar a los militares. Está dejando que se contamine la escena del crimen, que desaparezcan huellas y objetos. ¡Algo tan fundamental en cualquier investigación!”
–¿Será por simple negligencia?
–Podría serlo. O bien, se intenta encubrir al Ejército. Ahí está el ejemplo reciente de la anciana muerta en Zongolica.
Lo cierto es que el asesinato de esta familia se dio en el marco de la fuerte militarización, impuesta por el presidente Felipe Calderón para combatir el narcotráfico a nivel nacional. Aquí, desde principios de año, se implantó la llamada Operación Triángulo Dorado, porque abarca a los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua.
Se dice que a la Novena Zona Militar, que contaba con 3 mil efectivos, se le enviaron 7 mil elementos de refuerzo para impedir el tráfico de droga, controlado en la región por el cártel de Sinaloa.
Mercedes Murillo, presidenta del Frente Cívico Sinaloense, señala:
“El único antecedente en Sinaloa de esta fuerte militarización fue la llamada Operación Cóndor, realizada en los años setenta. En aquel tiempo también se puso al Ejército a combatir al narcotráfico. Pero entonces era sólo en las zonas rurales, y ahora se está dando también en las urbanas.”
–¿Es efectiva la Operación Triángulo Dorado?
–No tiene ninguna efectividad. Es puro circo. Aquí en Culiacán, en pleno centro, ya es común ver desfilar a 10 o 20 tanquetas del Ejército. Nunca se vio algo semejante. Pero esto no sirve de nada, pues en nuestras calles no va aterrizar ningún avión cargado de droga.
“El gobierno federal piensa que todos los sinaloenses somos narcos. ¡Caray!, la mayoría somos gente honrada y trabajadora. Y cometió un error gravísimo al habernos mandado al Ejército, que no sirve para luchar contra los narcotraficantes.”
Mercedes Murillo se encoge de hombros y exclama:
“¡Mire! En lo que está parando todo; el Ejército asesinando a mujeres y niños inocentes. ¡Masacrando al pueblo!”

Fin de la gira del Presidente Calderón

Mensaje ofrecido por el Presidente Calderón Hinojosa en Copenhaguen, Dinamarca; 8 de Junio
Gracias muy buenas noches, amigas y amigos de los medios.
Quisiera simplemente compartir brevemente con ustedes mi percepción acerca del desarrollo de esta reunión del Grupo de los 8, Grupo de los 5 en Alemania y describir un poco a grandes rasgos lo que ahí ocurrió.
Por una parte nosotros reconocimos el valor, la importancia de que la actual reunión del Grupo de los 8, de alguna manera haya determinado el final del debate acerca del cambio climático; es decir, mi percepción es que a partir de esta reunión se dio por terminada la discusión de si existía o no cambio climático, de si existía o no un calentamiento global, y es muy valioso que la esencia de los documentos emitidos el día de hoy, tanto por el Grupo de los 8, como por el Grupo de los 5 y la declaración conjunta de ambos, de manera más o menos explícita, reconozcan ese fenómeno.
En segundo lugar, es valioso también el observar que por primera vez en mucho tiempo hay un esfuerzo conjunto de los países industrializados más importantes del mundo reunidos en el Grupo de los 8, por actuar en favor de una estrategia que prevenga y mitigue los efectos del cambio climático, concretamente el dato relevante es la incorporación de Estados Unidos a esta estrategia.
Por otra parte, desde mi muy particular punto de vista hubiera sido deseable que esta estrategia hubiese concretado como compromiso general entre los miembros del Grupo de los 8, objetivos y metas concretas sobre el calentamiento global, ya sea en porcentajes de reducción de emisiones de bióxido de carbono, ya sea en límites de largo plazo respecto de grados de calentamiento global, como lo proponía el esfuerzo conjunto de la Unión Europea, Canadá y Japón; no fue posible, sin embargo, espero que en el curso de los próximos meses en torno a las discusiones relativas al cambio climático pueda verdaderamente alcanzarse compromisos de esa naturaleza.
Debo decir también que en torno a la reunión del Grupo de los 5 sobre cambio climático, hubo expresiones de preocupación por parte de países como China, como India, como Brasil, en el sentido en que se estaba de alguna manera desvirtuando el principio que en torno al cambio climático había responsabilidades compartidas pero diferenciadas entre los países que suscribieron la convención respectiva en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, la Convención sobre Cambio Climático y que algunos de los puntos contenidos en la declaración del Grupo de los 8, relativos a la convocatoria sugerida de reunión entre los países mayores emisores, pues no estaba contenida o no reflejaba este principio de responsabilidades iguales pero diferenciadas que insistentemente alegaron países como China e India.
Básicamente, el argumento de estos países en desarrollo es que, por una parte, la responsabilidad acerca del calentamiento global recae fundamentalmente en países ya desarrollados que durante todo el siglo pasado estuvieron realizando grandes emisiones de bióxido de carbono a la atmósfera vinculadas a su proceso de desarrollo y que son en consecuencia, tanto por este dato como por su capacidad económica, los principales responsables de resolver el calentamiento global.
Contra la postura de varios miembros del Grupo de los 8 en el sentido de que el tema del calentamiento global abarca a todos los países, es una cuestión que implica a toda la humanidad.
La postura de México fue en el sentido de refrendar los principios de las Naciones Unidas en el sentido de la responsabilidad compartida pero diferenciada.
Pero también afirmar nuestra disposición para asumir compromisos concretos en materia de cambio climático y emisión de gases de efecto invernadero y de bióxido de carbono, siempre y cuando esos compromisos estuvieran primero establecidos acorde a la capacidad y al nivel de desarrollo de cada país y segundo, fueran suscritos por todos los interesados, porque de otra manera sería injusto que los compromisos y los sacrificios realizados por los menos desarrollados fueran los que primordialmente tuvieran que realizarse en beneficio de todos.
Y desde luego, el compromiso de México de seguir colaborando con todos los países sobre este tema global.
De manera tal, que argumentamos que independientemente de que la responsabilidad debe ser claramente establecida de manera diferenciada entre los países, la inacción de unos no puede ser pretexto para la inacción del resto de los países.
En otras palabras, que México está dispuesto a asumir compromisos mayores en el tema del calentamiento global, siempre que sea correspondido por una acción colectiva de los principales responsables del mundo y segundo, siempre y cuando esos compromisos correspondan al nivel de desarrollo y capacidad económica de todos los países.
Estoy satisfecho con la reunión del Grupo de los 8 y del Grupo de los 5 y satisfecho con la participación de México, yo debo decir que hubo un gran respaldo de todos los países participantes, de todos los países miembros del Grupo de los 8, la solidaridad del Grupo de los 5.
Estoy contento también porque el esfuerzo de acercamiento encabezado por México para reunir al Grupo de los 5, la víspera de esta importante reunión, se haya llevado con éxito, el poder convocar a China, a Sudáfrica, a Brasil, a India en este esfuerzo, fue muy gratificante para México.
Y por otra parte, también dispuestos a explorar esta experiencia de acciones en materia de energía y de biodiversidad en cada uno de los países a fin de poder fortalecer la estrategia de México en contra del cambio climático.
También debo decir, el respaldo de todos los países participantes en esta importante reunión a las acciones que México ha emprendido en contra del cambio climático, de hecho, compartimos nuestro propósito de contribuir verdaderamente como país, con una estrategia propia y voluntaria a mitigar los efectos del cambio climático, la apuesta a energías alternativas que hemos hecho, la apuesta también a políticas tendientes a fortalecer y a preservar la biodiversidad.
Finalmente, antes de dar paso a alguno de sus comentarios y preguntas, quisiera agradecer enormemente la presencia de los dirigentes de los principales partidos políticos en México: del Partido Revolucionario Institucional, del Partido Acción Nacional, del Partido Verde Ecologista de México, del Partido Nueva Alianza y del Partido Socialdemócrata por su presencia en esta gira tan importante para el país, por su disposición a que independientemente de nuestras diferencias, algunas de ellas profundas, podamos haber establecido coincidencias en función del interés nacional, una gratitud por su disposición a que por encima de las naturales contiendas partidistas, en el extranjero y tratándose de la posición de México, pudimos preservar una posición unificada en defensa de los intereses del país y desde luego hago votos porque México pueda avanzar en los temas que preocupan a la humanidad, específicamente el cambio climático y también el avance en la Ronda de Doha que fue abordado posteriormente en la comida, tanto con los países del Grupo de los 5 y Grupo de los 8, como países sudafricanos.
Ahí básicamente no abundaré más, simplemente se refrendó la voluntad de todos por avanzar en la Ronda de Doha, sin que desafortunadamente yo pueda comentarles avances más concretos respecto de los países involucrados.
-PREGUNTA: ¿Y la reforma migratoria?
- PRESIDENTE CALDERON: En ese punto seguiremos atentos a las discusiones de este tema, en el Congreso americano, no esta descartada la reforma migratoria, pero si evidentemente que debemos deplorar que las discusiones en el Senado americano no hayan podido seguir un curso rápido que prevea una aprobación pronta de este tema, y ciertamente es de lamentarse que una iniciativa que había alcanzado el consenso bipartidista y con la Casa Blanca, no haya prosperado en el proceso de discusión legislativa.
Aquí el Gobierno de México reitera su convicción de que sólo un enfoque integral, un enfoque corresponsable, un enfoque de largo aliento va a permitir encontrar soluciones reales, constructivas al fenómeno de los flujos migratorios.
También, refrendo mi convicción de que una reforma migratoria no es sólo ni principalmente en el interés de México, una reforma migratoria es en el mejor interés de los Estados Unidos, porque sin una regularización del flujo migratorio hacia ese país es impensable que la economía americana pueda recuperar los niveles de crecimiento sostenido que ha observado en otras épocas.
Dicho de otra manera, sólo una reforma migratoria puede abrir la puerta a la prosperidad de la región entera, en donde estamos Estados Unidos y México insertos.
Por otra parte, yo hago votos porque los consensos alcanzados hasta el momento puedan fructificar en las semanas y meses por venir, en una reforma que beneficie a los dos países y que garantice los derechos de los migrantes mexicanos en Estados Unidos y a la vez que nos permita pasar a otros temas mutuamente benéficos de la relación bilateral.
Por parte del Gobierno de México, seguiremos trabajando para generar condiciones de crecimiento con equidad en nuestro país, sabedores de que la única solución de largo plazo al tema migratorio, es la generación de oportunidades de trabajo y de bienestar para los mexicanos aquí en México, en eso seguimos empeñados.
Parte de esta gira por Europa, nos ha permitido presentar las muy prometedoras prospectivas que hay sobre el país, atraer inversión, despejar dudas de los inversionistas y lo mismo en Italia que en Bélgica, en Alemania o en Dinamarca, hemos podido mostrar la perspectiva nueva que se abre sobre el país.
Mi percepción es que se está generando en los inversionistas la certeza de que México es un lugar seguro para invertir, de que entre las economías emergentes, la nuestra no sólo de las más consolidadas, sino que abre uno de los mayores potenciales para el futuro; ha quedado claro que existe un compromiso real del Gobierno mexicano para proteger el Estado de Derecho y las legítimas facultades, atribuciones y derechos de quien invierte en México y eso ha sido bueno y seguirá siendo bueno para el país.
Reitero simplemente que en el primer trimestre de este año, logramos captar el doble de inversión extranjera directa que el año pasado, la cifra más alta de inversión en la historia de México, haciendo desde luego a un lado la compra de bancos o los periodos de compra de activos financieros de bancos mexicanos que, incluso, a pesar de la recesión o estancamiento de la economía americana en los primeros cuatro meses del año, hemos alcanzado ya una cifra récord de empleados nuevos registrados en el Seguro Social, que tan sólo en el mes de mayo pasado fueron dados de alta 80 mil nuevos empleos formales en el IMSS y que eso es un reflejo de la confianza que se está generando en México y que fue reforzada en esta gira realizada por Europa.
Es lo que yo tengo que comentar y pues muchas gracias por su atención.
Fuente: Presidencia de la República

5 jun 2007

Textos del profesor Kenneth. W. Stein

Publicados en español en La Vanguardia (www.lavanguardia.es)
Legado de la guerra de 1967/Kenneth W. Stein, profesor de Historia y Política de Oriente Medio en la Universidad Emory de Atlanta (Georgia).
Tomado de La Vanguardia (http://www.lavanguardia.es/), 5/06/2007;
Traducción: Juan Gabriel López Guix.
Han pasado cuarenta años desde la guerra árabe-israelí de junio de 1967. Los legados son numerosos. Israel ganó la guerra, pero no logró imponer la paz. Los estados árabes perdieron la guerra y se sintieron como si la hubieran ganado. Las Naciones Unidas se revelaron incapaces de impedir el conflicto y hacer prevalecer la paz. Ni la Unión Soviética ni Estados Unidos deseaban la guerra, y ambas potencias evitaron un enfrentamiento directo.
La contienda significó el principio del fin del panarabismo: dos generaciones árabes con miles de millones de petrodólares sufrieron la humillante incapacidad de sus dirigentes para acabar con Israel. Algunos estados árabes, en otro tiempo unidos en la oposición a un Estado judío en Oriente Medio, reconocen hoy su realidad. Por otra parte, la guerra dio a los israelíes y sus partidarios en todo el mundo una sensación de consolidación del Estado judío.
Guste o no, la guerra forzó a israelíes y palestinos a una estrecha convivencia. Sólo de modo reciente, tras años de violencia, han acabado los israelíes por concluir que no pueden imponerse a la población palestina bajo su control. Hoy se está dividiendo la zona occidental del río Jordán unificada por la guerra de junio. La retirada israelí de Gaza realizada en el 2005 sigue siendo el primer paso de ese posible desenlace diplomático.
Los palestinos, que antaño gozaron de un incondicional apoyo árabe para destruir a Israel, necesitan ahora que los estados árabes los ayuden para alejar de sí la debilitadora fragmentación y la violencia interna. ¿Serán capaces de encontrar un consenso para dirigir una estructura estatal? La guerra sigue sin cerrarse.
La guerra de 1967 no fue un conflicto esperado, planeado ni deseado. “Naser tendría que ser irracional para invadir” Israel, comentó en ese momento el secretario de Estado estadounidense Dean Rusk al ministro de Asuntos Exteriores israelí Abba Eban.
Los estados árabes no estaban preparados para luchar contra Israel, e Israel tampoco deseaba una guerra. Naser, el paladín del panarabismo, colocó el odio a Israel en el núcleo del impulso bélico. Alentó la entrada en el conflicto del rey Husein de Jordania y de Siria. Al final, Egipto, perdió el Sinaí y la franja de Gaza; Jordania, Cisjordania y Jerusalén; y Siria, los altos del Golán. Había que remontarse a la época de la Primera Guerra Mundial, cuando se establecieron las fronteras de la zona, para encontrar un trastocamiento territorial tan importante.
En esa partida militar de póquer, Egipto, Jordania y Siria apostaron y perdieron sus tierras. Prometieron destruir a Israel; fracasaron acerbamente. Acabaron humillados. Israel dejó de controlar una pequeña cuña de tierra a lo largo del Mediterráneo, una diminuta franja de apenas 15 kilómetros de ancho. En seis días, pasó de 20.000 a 100.000 kilómetros cuadrados. A lo largo de los siguientes cuarenta años, los estados árabes y los palestinos han recurrido a la diplomacia, la guerra, el terrorismo y la coerción internacional para lograr que Israel abandone esos territorios; Israel sólo los cederá por una promesa de paz y cierto grado de seguridad.
Ese cambio de la situación territorial hizo que Estados Unidos y la comunidad internacional diseñaran un marco de referencia para las negociaciones árabe-israelíes que fue sancionado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en noviembre de 1967. La resolución 242 se convirtió en punto de inicio, marco y base para las posibles negociaciones árabe-israelíes. Pedía la “retirada de las fuerzas armadas israelíes de los territorios ocupados durante el reciente conflicto, cese de todas las situaciones de beligerancia o alegaciones de su existencia, y respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los estados de la zona y su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas y libres de amenazas o actos de fuerza”. Dado el elevado grado de desconfianza y odio entre Israel y las partes árabes, pasó mucho tiempo antes de que se utilizara esa resolución. Tras la guerra apareció al fin la expresión proceso de paz.
El objetivo de las negociaciones: intercambiar tierras árabes por paz o seguridad para Israel. Estados Unidos se convirtió en el constructor de puentes, el coreógrafo, el ingeniero, el mediador y fedatario; a veces, los presidentes estadounidenses lo hicieron bien; otras, no. Egipto en 1979 y Jordania en 1994 reconocieron la existencia de Israel. Por muchas vueltas que le diera la OLP, aceptar la resolución 242 significaba aceptar a Israel; y el sueño de liberar toda Palestina no se había abandonado por completo. Algo que han puesto de manifiesto los cuarenta años de diplomacia posteriores a la guerra es que los estados árabes llegan a acuerdos con Israel para salvaguardar los intereses nacionales de sus regímenes.
La apabullante derrota de los ejércitos árabes en la guerra de los Seis Días sirvió de catalizador de la identidad nacional palestina. Sin embargo, a lo largo de los siguientes cuarenta años, los palestinos han aprendido que los dirigentes árabes tienen limitaciones en lo que respecta a la defensa de la causa palestina; ninguno de ellos ha estado dispuesto a morir por Palestina. “Hemos acabado con Palestina”, dijo el general egipcio Gemasy a su homólogo israelí unos días después del final de la guerra de octubre de 1973. En casi cuatro décadas de liderazgo dominado por Yasir Arafat, se hizo caso omiso de las oportunidades de llegar a acuerdos con Israel; a eso hay que sumar el legado de su dirección autocrática, la existencia de unos personajes sedientos de poder, la esquilmación de los fondos públicos y el fracaso a la hora de construir unas instituciones políticas.
La muerte de Arafat provocó una gran fragmentación en el paisaje político árabe palestino. Según cualquier parámetro objetivo, los palestinos están hoy más debilitados en términos económicos, más fragmentados en términos políticos y más divididos en términos sociológicos que hace cuarenta años. La política palestina se encuentra hoy entrelazada con una tendencia islamista extremista que hace que las hostilidades se dirijan contra los propios compatriotas en mayor medida que contra los israelíes o los regímenes vecinos.
¿Y qué ocurre con Israel y la guerra de los Seis Días? No cabe duda de la dirección política de Levi Eshkol, que intentó por todos los medios evitar la guerra de junio de 1967. El ministro de Defensa Moshe Dayan no quería abrir un frente con Jordania ni con Siria. Israel no pretendía el control de Cisjordania. Sin embargo, todo esto cambió ante la ilusión árabe de que sus ejércitos eran capaces de destruir Israel.
La ciudad de Jerusalén, dividida durante los 19 años anteriores, se reunificó. Los israelíes no supieron qué hacer con las nuevas adquisiciones territoriales; no pudieron explotar los sorprendentes éxitos militares porque los estados árabes no quisieron reconocer la legitimidad de Israel. Cuando los estados árabes se negaron a negociar, reconocer o firmar la paz, los israelíes tuvieron que tomar sus propias decisiones respecto a qué hacer con los territorios. En ausencia de negociaciones, ante los israelíes se abrió la vía de volver a colonizar la tierra de Israel; los asentamientos se iniciaron en un vacío político. De modo similar, los israelíes y sus dirigentes en el Gobierno no comprendieron que esas acciones en las tierras recién conquistadas de Cisjordania y Gaza - la construcción de asentamientos- tendrían unas consecuencias tan negativas, violentas incluso, sobre la población palestina local. Israel gastó más de 60.000 millones de dólares en los nuevos territorios, y con ello detrajo esas sumas astronómicas de las necesidades sociales y económicas existentes en lo que había sido el Israel anterior a 1967.
Por segunda vez en dos décadas, los estados árabes no habían derrotado a Israel. Israel logró crear una economía con un producto interior bruto que superaba los 100.000 millones de dólares y demostró su capacidad de resistencia; por desgracia, los palestinos no han logrado todavía un Estado propio, y ello es debido en gran parte a su propia dirección política y al desdén que los otros árabes muestran por ella. Cuarenta años después, hemos aprendido que Oriente Medio es algo mucho más complejo que el conflicto palestino-israelí; es una región erizada de sectarismos, sensibilidades étnicas exacerbadas, riquezas proporcionadas por el petróleo, renacientes identidades políticas islámicas, disputas regionales e internacionales motivadas por las fronteras, los recursos, el agua, la ideología y quién gobernará mañana. Hace cuarenta años, en vísperas de junio de 1967, los problemas eran mucho más sencillos, los adversarios se conocían y las ideologías estaban claras. Hoy no es así.
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Algunas lecciones de Iraq/Kenneth W. Stein,
Traducción: José María Puig de la Bellacasa
LA VANGUARDIA, 30/11/06):
Los comentaristas políticos coinciden en apreciar que Iraq se encuentra sumido en una guerra civil hecha y derecha; permanezca en el país la coalición liderada por Estados Unidos un plazo breve, medio o largo, o reconduzca la actual presencia militar dando entrada a la sociedad y a los políticos civiles, hay que hablar de consecuencias en cualquier caso inevitables. El antiguo secretario de Estado Henry Kissinger así lo ha reconocido al declarar a la BBC que la coalición y otras partes implicadas deben fijarse objetivos más realistas aunque ello conlleve la posible desmembración de Iraq.
Los objetivos de democracia, negociaciones, compromiso y pluralismo, simplemente, no pueden cumplirse en un marco de desgobierno y venganzas. La guerra civil en Iraq semeja un incendio incontrolado, atizado por la yesca propia y los vientos exteriores. Hasta que se consuma la yesca y amainen los vientos, la guerra civil no se extinguirá.
En el curso de una valoración del alcance de los problemas en Iraq, los directores de las agencias de inteligencia de Estados Unidos testificaron ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de EE. UU. a mediados de noviembre. El director de la CIA, general Michael V. Hayden, observó que “incluso si el Gobierno central iraquí consigue un apoyo más amplio de las comunidades de Iraq, será extremadamente difícil aplicar las reformas necesarias para mejorar la vida de la ciudadanía. La violencia endémica en Iraq desgasta la capacidad del Estado para gobernar… Además, las fuerzas de seguridad están contagiadas de sectarismo”. Yel director de los servicios de inteligencia del Departamento de Defensa, general Michael D. Maples, afirmó que “la violencia en Iraq continúa aumentando en alcance, complejidad y grado de letalidad”.
En tanto las fuerzas británica y estadounidenses se esfuerzan por controlar grupos sectarios, milicias privadas, bandas criminales, elementos incontrolada, antiguos baasistas airados, leales de Sadam Husein y elementos reclutados en el extranjero, no es de extrañar que estos soldados - carentes de instrucción para realizar tareas de seguridad- sean impotentes para detener las matanzas desatadas, los asesinatos, los robos y los secuestros de funcionarios en la propia sede de un ministerio.
Resulta, por consiguiente, un ejercicio vano e inútil seguir soñando que existe una solución militar o diplomática del caos iraquí. Si el fuego sigue ardiendo sin que cuente el número de bomberos disponibles en el lugar, la coalición debería retirarse y dejar que arda. Tampoco asoma en el horizonte ningún autócrata iraquí con los medios necesarios para sofocar la guerra civil. Y en líneas generales, con la excepción de un par de países que instruyen fuerzas de seguridad y militares iraquíes, los estados árabes vecinos de Iraq han sido espectadores de la situación. Contemplan la hoguera de Iraq mientras el país salta hecho trizas a causa de la violencia. Se quedan quietos (esperando tal vez que el fuego quede reducido a un ascua) rumiando cómo van a dividirse los recursos y el territorio de Iraq (cosa que podrían hacer ya sea directamente o bien a través de grupos o fuerzas interpuestas).
Los medios de comunicación árabes rebosan hostilidad contra la coalición que lucha denodadamente para salvar la integridad de Iraq pero tampoco explican ni mencionan cómo sus propias fuerzas podrían hacer cumplir la ley y el orden: ¿es que los países árabes no podían haber formado una fuerza expedicionaria de pacificación de 150.000 hombres destinada a Iraq?, ¿tal vez porque los líderes árabes piensan que librar a Iraq de su sectarismo es un intento ímprobo y aun desesperado?
Muchos más errores de los que aquí se comentan fueron cometidos por Estados Unidos antes del derrocamiento de Sadam: no comprender la cultura política sectaria que Sadam galvanizó mediante un poder autoritario brutal; no comprender el deficiente nivel de la infraestructura pública iraquí; jactarse de que los principios jeffersonianos o de la revolución francesa funcionarían en Iraq; confiar en una dudosa fiabilidad de los servicios de inteligencia que resultó en una búsqueda infructuosa de armas de destrucción masiva; y, evidentemente, sostener la existencia de un nexo entre Sadam Husein y los terroristas del 11 de septiembre. Más allá de los consabidos pasos equivocados, ¿qué lecciones podemos extraer de la experiencia estadounidense en Iraq?
“Si lo rompes, lo pagas”: Colin Powell dio en el clavo cuando lanzó esta advertencia en el 2002. Es una lección que desde hace tiempo resuena en Iraq, una lección que sin duda habrá de servir de advertencia a generaciones de electores y políticos estadounidenses ante la eventualidad de una invasión militar.
“Cuantos más aliados, mejor”. Veamos: antes de enzarzarse en un conflicto regional, un país debe estar seguro de la ayuda de los socios de coalición locales que puedan sumarse a los combates y ayudar a despejar los problemas y contratiempos que surgen inevitablemente cuando se trastoca el statu quo. En un plano internacional superior, los esfuerzos multilaterales han sido históricamente el enfoque preferible, como en el caso de Iraq en 1991 y el enfoque de la cuestión nuclear en los casos de Irán y Corea del Norte.
Un enemigo no convencional exige una estrategia militar no convencional. Las fuerzas insurgentes en Afganistán, Iraq, Somalia o incluso Líbano (Hizbulah) deben ser combatidas fortaleciendo el gobierno local de modo que sus organismos y fuerzas sean capaces de hacer cumplir la ley y la voluntad del Estado.
La superioridad militar no equivale a la victoria. En países inviables o fragmentados, donde prevalece el sectarismo, las masas privadas del derecho de voto ejercen su peso abrumador y el islam puede constituir un trampolín de movilización violenta, la fuerza militar es ineficaz. Estados Unidos debería haber aprendido esta lección de Israel.
Afrontar la existencia de movimientos insurgentes alzados en armas exige periodos más prolongados para tener visos de éxito. Las democracias industriales aún no han puesto sus relojes en hora para encarar eficazmente la insurgencia; a diferencia de la mayoría de las naciones estados, cuyos relojes se ajustan en términos de días, meses y años, los insurgentes marcan el tiempo a escala de decenios y generaciones. Los insurgentes presentes en varios conflictos han explotado esta diferencia con éxito.
El diálogo es una estrategia, no una concesión. En estas páginas el pasado verano abogué por que Estados Unidos entable un diálogo con Siria e Irán. Ahora, seis meses después, merece la pena que Estados Unidos lo tenga en cuenta.
Pero atención: es posible que cuando Siria e Irán entablen el diálogo y la negociación, éstos se conviertan en un fin en sí mismo y en una excusa para dilatar el logro de una conclusión…
Por último, téngase en cuenta que durante más de un cuarto de siglo Oriente Medio ha sido un cementerio de presidentes estadounidenses. La crisis de los rehenes en Irán propició la derrota de Jimmy Carter. George Bush padre no supo traducir una victoria en Iraq en una reelección en casa. En las recientes elecciones al Congreso, el partido republicano de George W. Bush perdió el control de la Cámara de Representantes y del Senado. Antes de las elecciones de noviembre de este año, me encontraba ante un supermercado en West Hartford, Connecticut. Aparte de sus preferencias para el Senado (ganó Joe Lieberman), la gente exteriorizaba intensos, apasionados e inquebrantables sentimientos a propósito de acerca de la presencia estadounidense en Iraq. Ninguna otra cuestión electoral generó tanta emoción. La lección archirrepetida de los electores estadounidenses era que Washington no debería rehuir el compromiso con los problemas y cuestiones relativas a Oriente Medio pero que, en el caso de volver a comprometerse en ello, es fundamental disponer del recurso de países locales en calidad de socios de coalición, la comprensión de la cultura política local y la ausencia de arrogancia ideológica.
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Negociaciones sin dilación/Kenneth W. Stein,
Traducción: Joan Parra.
LA VANGUARDIA, 22/07/06):
Es fácil empezar una guerra, pero difícil acabarla. Al cambiar el statu quo político, toda guerra crea inevitablemente nuevas oportunidades; en ese contexto, el reto para los estrategas políticos es ser lo bastante audaces para dar forma a realidades nuevas. Antes de que finalice el conflicto actual, la diplomacia, pública y secreta, debe aspirar a establecer contactos entre las partes implicadas, diseñar un objetivo provisional (un acuerdo israelo-libanés) y finalmente favorecer un objetivo más a largo plazo: la renovación de las negociaciones entre Siria e Israel.
Las circunstancias actuales y las lecciones extraídas de anteriores rondas justifican el optimismo sobre el resultado de una hipotética negociación. Sin embargo, es necesario actuar ya, pues en menos de tres semanas el statu quo empezará a consolidarse y la oportunidad habrá pasado.
Antes de examinar las circunstancias y lecciones que mencionábamos, hay que destacar un aspecto. La idea de que se pueden hacer progresos rápidos y la impaciencia que esa idea genera pueden llevar a error. Según se cuenta, en la sesión final de la cumbre del G-8, el primer ministro británico Tony Blair le comentó al presidente Bush que si la secretaria de Estado Rice “viaja , sin duda tendrá éxito”. Ese comentario, con todos los respetos, es completamente erróneo. Lo importante no es que ella o un enviado en su lugar “tengan éxito”: lo que tienen que hacer es escuchar. Durante los tres meses que siguieron a la guerra de 1973, visitaron Washington numerosos diplomáticos y líderes de Oriente Medio.
El secretario de Estado Henry Kissinger viajó en tres ocasiones distintas a Jerusalén, El Cairo y Damasco, sin otro asunto en la agenda que escuchar lo que tuvieran que decirle, y un único objetivo: dar forma a un acuerdo provisional. En 1991, el secretario de Estado James Baker hizo más de nueve viajes a Oriente Medio para abrir paso a la conferencia de paz de Madrid.
Con una actitud adecuada respecto al calendario de negociaciones, los estrategas políticos deben centrarse en los siguientes siete puntos, que conducirán a un resultado definitivo. En primer lugar, la diplomacia paso a paso, al estilo de Kissinger, es el método de eficacia probada que puede conducir el conflicto a un alto el fuego y más allá. Esto puede incluir misiones de ida y vuelta a cargo de diplomáticos que visitarían Washington o mediadores estadounidenses que se desplazarían a Oriente Medio; lo más ventajoso sería tener uno o dos enviados permanentes, como en el caso de la mediación de Kissinger en el acuerdo sirio-israelí de mayo de 1974, la entusiasta participación del presidente Carter en la cumbre de Camp David de 1978, o el limado de asperezas a cargo de una serie de enviados estadounidenses en Oriente Medio en las décadas de los 80 y los 90.
En segundo lugar, esas negociaciones pueden tener éxito ahora porque la situación es extrema: estamos en una fase de madurez.
Esa madurez permite a las partes centrar sus energías en alcanzar el resultado que ambas desean: tanto Israel como el Gobierno libanés quieren que Beirut controle todo su territorio, sin la presencia de milicias.
En tercer lugar, las negociaciones requieren unas directrices específicas y aceptadas por todos, que están definidas en la resolución 1559 (2004) del Consejo de Seguridad de la ONU y en el informe Roed-Larsen de las Naciones Unidas (2005). Básicamente, estos textos reclamaban la disolución y desarme de todos los grupos armados, la extensión del control gubernamental sobre todo el territorio libanés, el estricto respeto a la soberanía libanesa y la fijación de fronteras definitivas entre Líbano y Siria.
En cuarto lugar, es posible construir una resolución de alto el fuego de la ONU a partir de los siguientes elementos: una declaración sobre la soberanía e integridad territorial de todos los estados de la región; el establecimiento de zonas desmilitarizadas; el despliegue de una fuerza de paz multilateral o de las Naciones Unidas en colaboración con el ejército libanés; la retirada del ineficaz contigente de 2.000 cascos azules presente actualmente en el sur de Líbano; la resolución del problema de los rehenes; y la consulta constante con Israel, Líbano y otras partes implicadas (léase Siria). Desde el punto de vista de la mediación, el objetivo diplomático inmediato debe ser un acuerdo de cese de las hostilidades (no un tratado de paz) entre Líbano e Israel.
En quinto lugar, las negociaciones deben confirmar públicamente al pueblo libanés y a su Gobierno que la UE, el Cuarteto y los estados árabes apoyarán la reconstrucción de su país. Dada la importancia del componente chií en la sociedad y el Gobierno libaneses, se necesitarán aportaciones económicas destinadas a servicios sociales que puedan empezar a suplir el papel asistencial de Hezbollah y así recortar su apoyo popular, además de fondos para la reconstrucción de las infraestructuras libanesas. La mediación debe producirse aunque no se conozca el grado de deterioro sufrido por Hezbollah en el curso del conflicto.
En sexto lugar, es necesario implicar a Siria, no aislarla. Es sumamente importante que cualquier solución contemple los intereses nacionales sirios. A lo largo de la historia, Siria ha sabido aprovechar hábilmente los cambios en las relaciones de poder en la región para reposicionarse reforzando su régimen y sus intereses nacionales. Su historial demuestra que es capaz de saltarse las convenciones en lo que atañe a la política regional, así que no cabe descartar su participación en las negociaciones, aunque sea tácita. En lugar de regañar públicamente a Siria, lo que hay que hacer es tratar discretamente con el Gobierno de Asad. Limitarse a constatar que Siria no es importante equivale a esconder la cabeza debajo de la arena. También hay que evitar que Siria pueda vetar el resultado de una eventual negociación en la que no haya tomado parte. Lo que hay que hacer ahora es tomar la temperatura discretamente a Damasco, es decir, identificar y cuantificar los incentivos necesarios para que Siria dé su apoyo a un Líbano fortalecido. Los líderes sirios siempre han estado interesados en saber cómo las políticas y la diplomacia de hoy afectarán a su país en el futuro.
Durante la guerra de 1973, a pesar de que EE. UU. no tenía relaciones diplomáticas con Siria, Kissinger supo implicar a Damasco. Esta relación demostró su utilidad durante los meses de negociaciones que siguieron. Condoleeza Rice, Javier Solana, Terje Roed-Larsen o una combinación de todos ellos deben empezar a buscar, si no han empezado ya, la complicidad de los dirigentes sirios. El primer eslabón puede ser el ministro de Asuntos Exteriores sirio, Ualid Muallem.
Finalmente, ni el problema palestino ni la preocupación por un compromiso activo de Siria deben distraer de la necesidad de iniciar un esfuerzo diplomático. Ni el miedo al fracaso ni el calendario interior de EE. UU. justificarían la falta de implicación en la mediación. Por el momento es necesario ignorar a Irán y centrarse en fortalecer a Líbano y en cimentar un entendimiento formal entre Líbano e Israel. El éxito de la mediación en este conflicto requiere el apoyo activo de los estados árabes de la zona y la acción de un mediador audaz y persistente. La diplomacia del laissez-faire sólo le pondría las cosas más fáciles a Hezbollah en el futuro.
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Deficiencias de la política árab/Kenneth W. Stein
Traducción: José María Puig de la Bellacasa
LA VANGUARDIA, 12/06/06):
Los especialistas nos advierten que la situación por la que atraviesan los asuntos árabes es poco prometedora. Y más si cabe desde los atentados contra Estados Unidos en septiembre del 2001, han demostrado -abierta y convincentemente- los defectos y fallos de sus sistemas políticos. Los dirigentes políticos occidentales no prestaron atención o no comprendieron lo que ya habían advertido los especialistas y repetido en sus columnas los comentaristas.
Una unánime perspectiva de talante autocrítico razona que la mayoría de la población árabe de Oriente Medio no cree ni confía en el Estado y se halla permanentemente instalada en el temor de que los autócratas la sojuzguen; desconfía de los gobiernos históricamente ineptos, administrativamente ineficaces, enormemente entrometidos en la vida del ciudadano. Sin un sentido de la ciudadanía dotada de derechos y deberes claramente establecidos, el sentimiento de vinculación a una realidad estatal es, sencillamente, desconocido. Por el contrario, el individuo deposita tradicionalmente su confianza en los lazos de parentesco (secta, etnia, credo religioso, familia, clan o tribu) de los que resultan sus esperanzas y aspiraciones en materia de seguridad, trabajo y protección.
En el 2003, Hisham Sharabi, reputado historiador palestino de Oriente Medio, observó que “no es fácil superar los regímenes patriarcales o neopatriarcales que se han enseñoreado de la vida política árabe a lo largo de los últimos 50 años”. Por su parte, Bassam Tibi, prolífico historiador alemán de origen sirio, ha señalado que “los árabes en sentido étnico no comparten una identidad común dado su compromiso a nivel subétnico, de secta y lazos tribales. Las sociedades árabes siguen siendo sociedades tradicionales divididas por disputas étnicas y diversas identidades tribales”. Y según Fuad Ajami, conocido analista y especialista estadounidense en temas de Oriente Medio, “el Estado árabe sigue siendo una realidad distante y hostil (…), disociada de su ciudadanía. El Estado reina, pero no gobierna. Los árabes no deben lealtad al Estado, sino a sus familias y clanes”. Hace un año, el rey Abdallah de Jordania denunció que la wasta -favoritismo o nepotismo- “ha quebrantado los derechos de los ciudadanos, despilfarrando el dinero público y privando a los ciudadanos de sus legítimas oportunidades”.
¿Por qué confiar en el Gobierno cuando la familia o el lazo parental aportan protección y apoyo? ¿Qué sucedió cuando Saddam Hussein y Yasser Arafat dejaron de ocupar el poder? Sus sociedades respectivas se desmoronaron en medio de disputas y riñas familiares, sectarias o facciosas. En tanto que autócratas, han sido la argamasa que mantuvo aglutinadas sus sociedades respectivas, repartieron favores e infundieron temor. Además del miedo, las herramientas en manos de prósperos autócratas han incluido el amiguismo, el nepotismo y la concesión de monopolios a parientes y conocidos. En determinadas fases de la historia, la defensa de una causa común ha contribuido a cuajar sociedades durante concretos periodos de tiempo. Entre estos ingredientes cabe contar aquí el antiimperialismo, el panarabismo y el naserismo. Pero se han disipado como humo en el aire. Incluso la prosecución palestina de su autodeterminación ha perdido su antiguo fervor.
Y - de nuevo a juicio de Sharabi- el islam como sistema de creencias no ha sido capaz de quebrar las afinidades tribales y locales. Por el contrario, han ido de la mano durante más de 1.400 años… La lealtad y obediencia a un código de conducta civil, de hecho, no ha prendido. Uraib Rintawi decía en el periódico jordano Al Dustur el pasado mes de abril: “Los gobiernos y regímenes árabes no han logrado consolidar la idea de la ciudadanía y el respeto por los principios del pluralismo y los derechos humanos”.
Por su parte, Ali Ibrahim señaló en el periódico árabe londinense Al Sharq Al Awsat: “Es una cuestión que va más allá de las meras fidelidades y lealtades: tiene que ver con la erosión del papel del Estado en beneficio de los líderes de sectas, grupos y milicias dependientes de instituciones o líderes religiosos, incluso en ocasiones de líderes de clanes y tribus. Todos los datos parecen indicar que la idea y noción de Estado, lejos de prosperar, ha fracasado y la región como tal corre el peligro de regresar a las épocas de las tribus, los clanes y los grupos y movimientos sectarios”.
Al ser preguntado en marzo del 2005 sobre lo que opinaba de la situación por la que atraviesan los asuntos árabes, el veterano comentarista político egipcio Mohamed Heikal declaró a la cadena de televisión Al Jezira: “Asistimos a un vacío, a una ausencia de proyectos e iniciativas, de ideas y perspectivas dinámicas. El resultado de todo ello es que otros actúan según mejor les parece… Apenas podemos hacer otra cosa salvo tener un papel de apoyo según las circunstancias del momento o simplemente quedarnos a contemplar la evolución de los acontecimientos…”. En septiembre del 2005, Ra´uf Shakur se preguntaba en el periódico libanés Al Anwar: “¿Seguirán adoptando los países árabes una postura pasiva, contemplando el panorama? En tanto un importante Estado árabe como Iraq podría verse borrado del mapa, ¿es que no van a adoptar iniciativa alguna para intentar apagar el fuego antes de que se propague a sus propias tierras?”.
En la cumbre árabe de Jartum en marzo del 2006, a la que asistieron menos de la mitad de los jefes de Estado árabes, no se adoptó iniciativa alguna relativa al auténtico torrente de cuestiones pendientes tanto de la política interior como exterior. En abril de este año, un comentario del semanario egipcio Al Ahram observó que “la auténtica tragedia del mundo árabe no radica tanto en su actual debilidad cuanto en su incapacidad para crear mecanismos susceptibles de detener su permanente y veloz degradación. Ello entraña que podemos prácticamente dar por sentado que las cosas irán de mal en peor en los puntos calientes de la región, sobre todo en Palestina, Iraq, Sudán, Líbano y Siria. E implica, asimismo, que en un futuro no muy lejano será difícil incluso convocar una cumbre árabe ordinaria”. A los gobiernos árabes les preocupa, principalmente, mantenerse en el poder. Y no hacen nada para detener o poner fin a los asesinatos, matanzas y secuestros en países distintos de los suyos.
El veterano columnista Rami Kuri, adalid del cambio estructural del mundo árabe desde hace años, escribió en el libanés Daily Star en marzo y abril de este año que “no es de extrañar que una mayoría de jóvenes en el mundo árabe (…) que han de vivir en un mundo tal (…) quieran emigrar a países extranjeros y busquen refugio en la religión en lugar de comprometerse plenamente en la defensa de la ciudadanía, se unan a grupos políticos extremistas o células terroristas, vayan por la senda de la corrupción y el nepotismo, experimenten con drogas y abracen estilos de vida propios de la cultura ajena a ellos de la diversión y el ocio o engrosen las filas de milicias y grupos armados. ¿Cómo controlamos a las fuerzas armadas y de seguridad dimanantes del poder estatal? ¿Cómo ponemos coto a las riendas de familias y clanes sobre países enteros? El poder efectivo, sin embargo, se mantiene férreamente en manos de elites gobernantes insensibles al impacto de tales tendencias liberalizadoras. Hemos variado las formas políticas, pero no la esencia de la forma de ejercer el poder”.
Ningún tipo de iniciativa progresista impuesta desde fuera, ninguna ayuda económica procedente del exterior cambiarán las rígidas estructuras políticas que hemos comentado. No se vislumbra forma alguna de que arquitectos o ingenieros políticos estudiosos y seguidores de Voltaire o Jefferson puedan reparar las estructuras del autocrático Oriente Medio. Mientras Oriente Medio posea líderes que son instituciones o instancias tradicionales con escaso liderazgo y dimensión -valga la redundancia- institucional, mientras gobiernen varios núcleos o centros de poder simultáneamente pero no una auténtica separación de poderes, la región no se transformará políticamente ni podrá competir económicamente en el marco de un mundo global.
Existe, sin embargo, una solución: la aparición de un Ataturk árabe dotado de visión estratégica y habilidad táctica lo suficientemente valiente como para liquidar el tejido de la política basada en lazos de familia, clan y tribu. Sólo en tal caso tendrán oportunidad de cuajar democracias al estilo árabe.
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Adelante, Olmert/Kenneth W. Stein
LA VANGUARDIA, 27/02/06):
Cómo es posible, sumido su líder fundador Ariel Sharon en coma en un hospital de Jerusalén, que se dé prácticamente por cierto que un partido político inexistente hace cien días vaya a ganar un tercio de los escaños parlamentarios en las elecciones israelíes del próximo 28 de marzo? Desde principios de diciembre del 2005, las proyecciones de los sondeos de opinión indican que el partido Kadima, fundado por Sharon, conseguirá entre 37 y 43 escaños en la Knesset israelí, que cuenta con 120 diputados. A lo largo de la historia de Israel ningún partido político ha obtenido más de una docena de escaños al concurrir por primera vez a las urnas tras su creación. El líder del citado partido -el protegido de Sharon, Ehud Olmert, actual primer ministro- será muy probablemente el duodécimo primer ministro de Israel y formará el próximo gobierno israelí.
La popularidad de Kadima (en hebreo, adelante o progreso) y de otras formaciones políticas de centro da cuenta efectivamente de un acuerdo nacional de los israelíes tendente a recuperar y gobernar su propio destino. Según los sondeos, dos tercios del electorado israelí ya no están dispuestos a soportar por más tiempo la falta de resolución y las vacilaciones de los demás para proteger la suerte de la mayoría de la población judía israelí.
La popularidad de Kadima se fundamenta ampliamente en una noción más comprensiva que viene a ser encarnada por el sionismo y se expresa en el pasaje del himno nacional israelí lehiyot am hofshi beartzaynu (ser un pueblo libre en nuestra tierra) en el que libre significa liberado de las cadenas del pasado para, en lugar de aguardar indefinidamente en un escenario político estancado, adoptar decisiones convenientes para el interés nacional. Da cuenta, asimismo, de una actitud aprobatoria de la retirada unilateral de la franja de Gaza por parte de Sharon y es coherente con fases anteriores de la historia sionista en las que los judíos emplearon el poder y la fuerza para autoprotegerse: la inmigración ilegal a Palestina huyendo de la persecución nazi en los años cuarenta, los ataques preventivos contra Egipto y Siria tras sus reiteradas amenazas de destruir Israel en mayo y junio de 1947, y la destrucción del reactor nuclear iraquí en junio de 1981. Y es coherente, asimismo, con la predisposición israelí a retirarse nuevamente de manera unilateral de sectores de Cisjordania, trazar sus propias fronteras futuras y, si es menester, empeñarse a fondo en un futuro proceso diplomático susceptible de garantizar la seguridad del Estado.
El éxito de Hamas en las elecciones palestinas favorece a los partidarios y seguidores de Kadima. Dado que Hamas reafirma nítida e inequívocamente su objetivo de destruir Israel, la decisión de Olmert de suspender los fondos destinados a la ANP ilustra claramente la opción de adoptar unilateralmente decisiones en aras del interés nacional. Las fluctuaciones y la deriva de la política palestina favorecen y aceleran el respaldo a Kadima. Israel comprueba efectivamente que Hamas se ve cortejado por solícitos pretendientes tales como Irán, Arabia Saudí, Turquía y otras voces procedentes de la UE, con maneras que recuerdan a los años de veneración por Arafat.
Israel no esperará a comprobar si el apaciguamiento económico ante Hamas por parte de estos países modifica el punto de vista de un Hamas resuelto a destruir Israel. No aguardará a que el crecimiento demográfico palestino desborde a la mayoría judía en Israel. Está decidido, por el contrario, a actuar frente a las amenazas del presidente iraní Ahmadineyad de borrar a Israel del mapa, a afrontar los peligros demográficos y los nacidos de la demagogia.
Los puntos de vista de Kadima han atraído ciertamente la inteligencia y colaboración de valiosas figuras de la política israelí desde diversos ángulos del espectro político, quienes han dirigido sus miradas más allá del carisma de Sharon y su trayectoria plagada de polémicas, escándalos de corrupción, métodos políticos arrolladores y un pasado militar salpicado de momentos tan incómodos y delicados como espectaculares. Los candidatos de Kadima al Parlamento y al Gobierno son tecnócratas de gran formación, procedentes de la izquierda y la derecha política, así como de ámbitos exteriores a la política que quieren aportar aires de un cambio positivo a la sociedad israelí. Y a la cabeza se halla Ehud Olmert, ex viceprimer ministro y mano derecha de Sharon durante los últimos cuatro años.
Olmert, que tiene tres hermanos y es gran aficionado al fútbol, posee formación jurídica. Entró en el Parlamento israelí, junto con Sharon, en el escenario resultante de la guerra de octubre de 1973 y, al igual que Sharon, ha evolucionado desde puntos de vista de la extrema derecha a un centro pragmático. El veterano Olmert se ha curtido en la formación de alianzas y coaliciones políticas a escala nacional y local, lo que, traducido en términos de política israelí, significa estar prácticamente blindado ante sus numerosos avatares. Muy inteligente, Olmert es dueño de un verbo afilado y es político que sabe vender perfectamente sus políticas. Se beneficia, por otra parte, del hecho de que los políticos destacados que en el seno del espectro político israelí estarían murmurando de él, a estas alturas han abandonado la política o han sido apeados en las primarias de sus propios partidos.
La experiencia de gobierno de Olmert incluye asimismo la gestión de cuestiones relativas a los medios de comunicación, la defensa, la educación, el medio ambiente, la política exterior, las minorías, el sistema judicial, el comercio y la industria, la sanidad y más recientemente el cargo de ministro de Economía. A finales de los setenta fue ministro en los gobiernos de Begin, Shamir y Sharon. Al igual que los otros dos aspirantes a primer ministro (Amir Peretz, del Partido Laborista, y Bibi Netanyahu, del partido Likud), Olmert carece de experiencia militar, pero de los once anteriores primeros ministros sólo tres (Sharon, Barak y Rabin) han accedido al cargo siendo poseedores de trayectoria e historial militar.
Es de destacar, asimismo, que los candidatos de los tres partidos principales representan una forma distinta de abordar la cuestión palestina: Netanyahu, poniendo el acento en una fuerza mayor; Peretz, a través de la negociación y un compromiso de importante calado, y Olmert, mediante el unilateralismo.
Por lo que se refiere a sus rivales para el cargo de primer ministro, Peretz nunca ha sido ministro. A Netanyahu (1996-1999) se le recuerda como deficiente gobernante que propició la radicalización de la sociedad israelí.
A lo largo de casi un decenio, Olmert fue alcalde de Jerusalén y tuvo ocasión de encarar todas las cuestiones delicadas propias de las sensibilidades religiosas y árabes. Desde el año 2001, Ehud Olmert se convirtió en uno de los más estrechos colaboradores de Sharon en cuestiones de política exterior y desempeñó un papel esencial a la hora de vender la retirada de Gaza a la Administración norteamericana, sobre todo a los sectores estadounidenses cristianos y judíos partidarios de Israel.
A un mes de las elecciones, sólo una serie de torpes errores o giros inesperados impedirán que Olmert se convierta en primer ministro de Israel.
La acritud y las injurias caracterizan habitualmente las campañas electorales en Israel y cabe incluso esperar que se incrementen. Se examinarán con lupa las decisiones de Olmert - o la falta de ellas- en cargos anteriores, así como sus rasgos personales. Un ataque terrorista -con una consiguiente reacción equivocada- perjudicaría el respaldo a Kadima.
Hasta ahora, Olmert ha avanzado sin sobresaltos hacia el sillón de Sharon sin, por otra parte, precipitarse a ocuparlo. Olmert no es Sharon. Es persona - como ha observado recientemente un comentarista israelí- "dotada de aplomo y confianza en sí misma, pero no arrogante; circunspecta, sin ser ampulosa". Lo cierto es que muchos israelíes comparten este mismo punto de vista.
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Hamas, entre retórica y realidad/Kenneth W. Stein.
Traducción: Robert Falcó Miramontes
LA VANGUARDIA, 06/02/2006;
En la historia moderna de Oriente Próximo, la victoria de Hamas en las elecciones legislativas palestinas celebradas en enero tiene un gran potencial para conmocionar el sistema político de la región. Los dirigentes políticos sabían que Hamas era una fuerza con posibilidades de éxito en la política palestina. Sin embargo, la derrota avasalladora que ha infligido al partido político que ocupaba el poder, en unas elecciones justas, posee unas implicaciones inesperadas tan importantes como el derrocamiento de la monarquía egipcia por parte de Nasser en 1952, el derrocamiento del sha y la subida al poder de Jomeiny a finales de la década de 1970 o la caída de Saddam Hussein en el 2003. Este hecho ha supuesto un terremoto electoral; un golpe de Estado democrático. No ha finalizado con una guerra civil o la destitución violenta de un gobernante autocrático. Como ha tenido lugar de abajo arriba, sus implicaciones han avivado los temores entre los autócratas de toda la región sobre el cambio que se va a producir mediante la política electoral. Con unas raíces ideológicas que se remontan a los Hermanos Musulmanes de Egipto de finales de 1920, Hamas fue engendrado por una serie de factores: el fervor ideológico de la revolución islámica de Irán, que derrocó a un régimen secular en oposición al tratado de paz de 1979 de Egipto con Israel, y la necesidad apremiante de la población palestina de unos servicios sociales básicos. Creado en 1987, Hamas rechazó el laicismo occidental, hizo hincapié en la destrucción de Israel y se planteó como objetivo el retorno gradual a los valores islámicos. Hamas se opuso con firmeza a los acuerdos de 1993 de Oslo, en los que la Organización por la Liberación de Palestina (OLP) e Israel alcanzaron un acuerdo sobre un reconocimiento mutuo. Hamas ve a Israel como un Estado ilegítimo; ve a los judíos como ocupantes de territorio musulmán. El enfrentamiento armado es un arma legítima para liberar esa tierra. El objetivo de Hamas es la creación de un Estado palestino no secular en toda Palestina, no sólo en los territorios que Israel conquistó en la guerra de junio de 1967. Para Hamas, el término territorio ocupado no hace referencia únicamente a Cisjordania, la franja de Gaza y Jerusalén, sino a todo Israel. Por lo tanto, cualquier dirigente político -ya sea occidental, árabe o musulmán- que negocie, mantenga conversaciones o alcance algún acuerdo con Israel es el enemigo. Para Hamas, la solución de los dos estados es un punto a medio camino hacia el control de todo el territorio que queda al oeste del río Jordán. Desde sus inicios, los activistas de Hamas han participado en decenas de atentados contra civiles israelíes, con lo que se han convertido en una importante Némesis para los israelíes y sus gobernantes.
Durante la intifada que estalló en septiembre del 2000, Hamas financió y organizó acciones que causaron la muerte de más de 350 hombres, mujeres y niños israelíes, y provocaron muchos más heridos. Del 2000 al 2004, Israel respondió con la construcción de una valla alrededor de Gaza, Cisjordania y con represalias contra los responsables de los atentados suicidas. En 1997, uno de los cofundadores de Hamas, Abdel Azziz Al Rantisi, dijo a un periodista de un diario de Beirut que el islam no permite el apoyo al proceso negociador de Oslo (y eso incluiría la hoja de ruta) porque “se reduce a ceder Palestina” a los judíos. Una tregua con la OLP o Israel no es más que una táctica; tan sólo es un descanso temporal para que Hamas recupere el aliento, reagrupe fuerzas y se prepare para reanudar sus atentados contra Israel. El dirigente de Hamas Mahmud Zahar declaró en marzo del 2005 que “Hamas está listo para aceptar una larga tregua, mantener abierto el conflicto… si nuestra generación no puede actuar, no debe hacer concesiones…; podemos crear un Estado en cualquier centímetro de territorio sin ceder ni un centímetro de más”. Después de que Israel asesinara a sus máximos dirigentes, Hamas se reorganizó bajo un órgano de gobierno colectivo y disciplinado. Tras la muerte de Arafat en el 2004, Hamas vio una buena posibilidad para controlar el movimiento nacional palestino. En el 2005, se presentó y ganó varias elecciones municipales en Gaza y Cisjordania, y empezó a compartir el poder local con el partido de Arafat y su sucesor, Mahmud Abbas, que gobernaba en ese momento. Se dice que en los lugares en los que Hamas se hizo con el control de la política local, logró racionalizar los presupuestos y poner fin al amiguismo. Cuando fue necesario, incluso, los políticos llevaron a cabo contactos con funcionarios israelíes en lo referente a necesidades primarias como la electricidad y otros servicios, que dependen del suministro israelí. En las elecciones de enero del 2006 al consejo legislativo palestino, Hamas obtuvo 76 de los 132 escaños, por lo que se convirtió en la fuerza política dominante entre los palestinos. Al Fatah obtuvo 43 escaños. Hamas no participó en las elecciones legislativas que se celebraron hace diez años porque era un movimiento mucho más débil, era imposible vencer a Arafat y porque las elecciones se basaban en los despreciados acuerdos de Oslo. De acuerdo con la legislación palestina, Hamas ha obtenido el derecho a nombrar a su primer ministro y gabinete y a dirigir los asuntos diarios de la ANP. La presidencia, sin embargo, permanecerá en manos de Mahmud Abbas, máximo dirigente de Al Fatah. Siete de cada diez votantes palestinos de Cisjordania, la franja de Gaza y el este de Jerusalén acudieron a votar, un porcentaje muy alto en comparación con otros comicios democráticos. La victoria aplastante de Hamas se ha atribuido al desencanto provocado por el amiguismo, la corrupción y la mala administración del partido gobernante Fatah. Asimismo, el triunfo electoral de Hamas también se ha visto estimulado por la fragmentación de Al Fatah, dividido entre la vieja guardia que había rodeado a Arafat y Abbas, y los fieles más jóvenes del partido. Esta vez Hamas ha adoptado una política electoral disciplinada porque tenía la oportunidad de controlar la política y la administración de la franja de Gaza evacuada por Israel en el 2005. Ahora que ya no está Arafat, que Gaza se presentaba como un premio para el Gobierno, y teniendo en cuenta toda la ayuda económica internacional que estaba esperando a ser depositada en las manos de la ANP, Hamas tenía todos los incentivos posibles para participar en las elecciones. Con su triunfo inesperado, Hamas se enfrenta a la tarea de reconciliar retórica con realidad. Su retórica aún pide la eliminación de Israel. Pero si desea ser realista, su objetivo debe ser gobernar y, como mínimo, controlar la educación, el bienestar social, la asistencia sanitaria y los asuntos religiosos. Para recibir los fondos del exterior que la mayoría de los palestinos necesitan desesperadamente, Hamas tendrá que hallar una fórmula que no le haga renunciar a sus objetivos políticos, pero que se caracterice por un tono y unas acciones lo bastante moderadas para abrir el caudal del dinero. Si Hamas presenta un gobierno viable que refleje las diversas tendencias de la política palestina y obtiene resultados positivos en la reducción del paro y el aumento del nivel de vida, entonces habrá respondido a las demandas clave de los votantes. Si Hamas impone reglas religiosas restrictivas al pueblo palestino, tendrá que hacer frente a una inevitable fuga de cerebros y a la emigración de palestinos musulmanes y cristianos. Los dirigentes de Estados Unidos y la Unión Europea han declarado que cortarán todas las ayudas al Gobierno de Hamas a menos que renuncie al terrorismo. Tampoco es probable que la diplomacia internacional catalice un proceso de negociación renovado con Israel. Sólo Hamas es capaz de alcanzar acuerdos ideológicos clave con Israel sobre la anulación de la reivindicación del derecho de retorno o sobre la partición de Jerusalén. Tal vez los dirigentes de Hamas hagan alguna declaración pública sobre su predisposición a convivir con los judíos, pero es probable que sean menos explícitos en lo que se refiere al reconocimiento de un Estado judío separado, independiente y soberano. Hamas quiere evitar a toda costa una guerra civil palestina. Aun así, la tensión entre los miles de activistas de Al Fatah que permanecen en la gran plantilla del cuerpo de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina, y que ahora parecen destinados a perder sus trabajos y sueldos, son unos candidatos insurgentes ideales para sublevarse contra las reformas promovidas por Hamas. Cuando Israel haya celebrado sus elecciones en marzo del 2006, es probable que continúe con su política unilateralista, en busca de acciones que protejan a Israel y los israelíes sin el consentimiento de los palestinos. En un contexto histórico más amplio, Hamas se ha involucrado en la construcción de un Estado al oeste del río Jordán, a lo largo de Israel, el mismo Estado al que intenta eliminar. Pero tal como indicó Zahar, compartir una frontera en una solución de dos estados no implica ceder un centímetro de lo que podría conseguir la próxima generación. Para consternación de los gobernantes árabes vecinos, el proceso electoral que se ha desarrollado con toda limpieza ha echado del poder a los autócratas fosilizados y a los partidos políticos que siguen haciendo caso omiso de las necesidades primarias de su población. Lo que está claro es que la autodeterminación palestina causará un impacto en la región durante décadas, lo que no se sabe es hasta dónde alcanzará ese impacto.

Me veo en la necesidad de rectificar

 Me veo en la necesidad de rectificar  Por Fred Alvarez Palafox @fredalvarez Había señalado que la inauguración de la Academia Internacional...